Himilcón, habiendo alcanzado en Sicilia grandes victorias, perdió en ellas mucha gente por enfermedades que sobrevinieron al ejército. Entró en Cartago, no triunfante, sino vestido de luto y con una esclavina suelta, hábito de esclavo. Al llegar a su casa, sin hablar a nadie, se dio la muerte.
(Texto extraído de ¨Idea de un príncipe político cristiano en cien empresas¨, del escritor español Saavedra Fajardo, de 1640).
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