Mostrando entradas con la etiqueta Poesía en lunfardo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Poesía en lunfardo. Mostrar todas las entradas

sábado, 19 de octubre de 2019

El viejo Por Julian Centeya (seudónimo de Amleto Vergiati)

Quisiera amasijarme en la infinita
ternura de mi barrio de purrete,
con un cielo cachuzo de bolita
y el milagro coleao del barrilete.
Verlo a mi viejo, un tano
laburante que la cinchó parejo, limpio y claro;
y minga como yo, un atorrante
que la va de sover y se hace el raro.
Mi viejo, falegname, era grandote,
y un cuore chiquitín, siempre en la vía.
Su vida no fue más que un despelote
y un poco, claro está, por culpa mía.
Vino en el "Conté Rosso". Fue un espiro.
Tres hijos, la mujer, a más un perro.
Como un tungo tenaz la fue de tiro.
Todo se la aguantó: hasta el destierro.
Y aquí palmó.. . aquí está adormecido
mi viejo, el pobre tano laburante.
Se la tomó una cheno de descuido
y me dejó un recuerdo lacerante.
Qué mundo habrá encontrao en su apoliyo
sí es que hay un mundo pa los que se plantan.
Sin duda el cuore suyo se hizo grillo
y su mano cordial es una planta.

domingo, 30 de junio de 2013

Mi viejo - de Julián Centeya

Quisiera amasijarme en la infinita
ternura de mi barrio de purrete,
con un cielo cachuzo de bolita
y el milagro coleao del barrilete.
Verlo a mi viejo, un tano laburante
que la cinchó parejo, limpio y claro;
y minga como yo: un atorrante
que la va de sover y se hace el raro.
Mi viejo carpintero era grandote,
y un cuore chiquilín, siempre en la vía.
Su vida no fue más que un despelote
y un poco, claro está, por culpa mía.
Vino en el “Conte Rosso”. Fue un espiro.
Tres hijo, la mujer, amás un perro.
Como un tungo tenaz la fue de un tiro.
Todo se la aguantó: hasta el destierro.
Y aquí palmó… aquí está adormecido
mi viejo, el pobre tano laburante.
Se la tomo una cheno de descuido
y me dejó un recuerdo lacerante.
Que mundo habrá encontrao en su apoliyo
si es que hay mundo pa los que se piantan.
Sin duda el cuore suyo se hizo grillo
y su mano cordial es una planta.

 Seudónimo de Amleto Vergiati. Nacido en Parma, Italia en 1910. De “La musa del barrio” 

sábado, 22 de junio de 2013

Amablemente Por Iván Diez

La encontró en el bulín y en otros brazos,
sin embargo, canchero y sin cabrearse,
le dijo al tiburón: “Puede rajarse;
el choma no es culpable en estos casos!”

Al quedarse bien solo con la mina,
buscó las alpargatas y, ya listo,
murmuró, cual si nada hubiera visto:
“Cebame un par de mates, Catalina”.

La grela, jaboneada, le hizo caso.
El tipo, saboreándose un buen faso,
la mateó, chamuyando de pavadas...

Y luego, besuqueándole la frente,
con toda educación, amablemente,
¡le fajó treinta y cuatro puñaladas!

SE LLAMABA SERAFIN Por Carlos De La Púa

Lo llamaban Serafín
en el barrio de las latas.
funyi, lengue y alpargatas
y una mirada sin fin.
Tenia fama de piolín
cuando entre extraños estaba
y si alguno se pasaba...
que se broncaba era fijo,
y ahí nomás... un barbijo
al más pintao le bordaba.

Pero un día un cartonazo
de un barrio desconocido
le corto hasta el apellido

A punta, tajo y hachazo,
lo dejo con medio naso,
oreja como sandia,
un ojo pa'l'otra via,
de fiambre de dio un tortazo,
y de postre...el esquinazo
con la mina que tenia!!!

Después de este "festival",
se dedico al beberaje.
Melenudo, sucio el traje,
Nue visto miseria igual.
Nunca más el arrabal
lo vio con la luz de día
ni taurear como el sabía
y... cuentan en el estaño,
que murió justo a fin de año
....brindando con leche fría!!!

Cine de Barrio Por Héctor Gagliardi

Entrada de corralón.
Catedral del cine mudo,
como un timbre tartamudo
pregonando la función.
En el frente un cartelón
anunciando en episodios:
Pronto “La casa del Odio”
(cinta llena de emoción).

A la derecha un letrero
cantaba: Boletería.
Tras la reja se veía
la mitad del boletero.
Cortinao de terciopelo
donde el arte de “colar”
era poderse esquivar
el zurdazo del portero.

Platea de raya al medio
contra el suelo atornillada;
una alfombra colorada
a la par iba corriendo
y allá en un rincón, durmiendo,
una manguera aburrida
tras un vidrio que decía
romperlo en caso de incendio.

La pianista se mandaba
“El sueño de Amor” de Liszt.
¡Alzando hasta la nariz
las manos, se entusiasmaba!
De vez en cuando espiaba
si estaba cerca del final,
con aquel beso fatal
que las viejas no miraban.

Cine de barrio fulero
que el progreso se llevó:
¡Oh, cuántos igual que yo
gambetearon al portero!
¿Quién olvidó el parejero
en que corría Tom Mix?
¿Y el grito: “menta y anís”
que pegaba el confitero?

Por eso la muchachada
que entonaba pedigueña:
-¿No me da la contraseña,
que no tengo pa la entrada?
Me mandó que las “coladas”
te las pagara esta vez,
porque “Bio”, ya lo ves:
¡nos hemos quedao sin nada!

Bien machos Por Eliseo Chaves ( de LUNFARDO AL GRILL )

Dos matones que vivían en mi barrio,
el uno gavilán, el otro cuervo,
conversaban de noche en las esquinas
acechando el paso de las minas.

Decían las viejas que eran del choreo
del vicio de la carne en los burdeles,
del vino y de la blanca, si se daba,
y del puñal en tiempos de entrevero.

Yo los miraba hacer y me gustaba,
en mis catorce años pajareros,
imitar su lenguaje de furqueros,
y  pensar en ser canfle o canfinflero.

Imitaba sus gestos, sus modales,
sus formas de mirar e imaginaba,
que de esa manera yo alcanzaba
a ser un macho que asienta sus cabales.

¡Qué de mujeres no habré yo soñado!,
de esas que los taitas describían,
pensando que al tocarlas derretían
entre mis manos, su impudor cansado.

Porque de mujeres sí que conocían,
y de eso se daban tanto dique
que cualquiera se sentía un alfeñique
por no espumar la olla en que cocían.

Los imaginaba firme en los zaguanes
aguerridos en yuyos tempraneros
donjuanes en las camas, con esmero
para cumplir con todos los afanes.

Y siendo que de lejos los veía,
un día me acerqué más de la cuenta
y oí, para colmo de mi afrenta,
lo que el cuervo al otro le decía:

“Andá, Dionisio, enfilá para la pieza
y  planchame el vestido de mi tía
que esta noche en el baile del Pototo
me tiro al Chucho o al José María”.