miércoles, 20 de noviembre de 2013

MISSALIS SOLEMNIS - Por Ezequiel Feito

      1-Introito: Kyrie Eleison

Señor, ten piedad de nosotros
de nuestra incertidumbre de carne
y nuestra sed de viento.
Ten piedad de nosotros, que de barro estamos hechos;
de nuestra sed de eternidad nunca satisfecha
que nos lleva cada vez más lejos tuyo   
y de tu Espíritu nos lleva cada vez mas lejos.
Ten piedad porque somos navegantes sin bandera,
viajeros estáticos sin puerto,
cuyas naves no van mas allá de nuestros ojos.
De nuestros ojos, en su ceguera muertos.

Ten piedad, aquella, la que ama
haciéndonos levantar del polvo abyecto
llevándonos al trono de bondadosas manos.
¡Ten piedad, Señor, aún sin merecerlo!

2-Credum in unum

Creo en un solo Dios, Todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra.
Creador de lo visible y lo invisible,
que está por encima de todo entendimiento.
Firmemente creo
en un Dios personal, que a su semejanza
me hizo y vio mi nacimiento.
Un Dios al que ni mis pecados
le fueron encubiertos.
Un Dios que está  mas allá de todo dogma
que para hacerse carne, y hacerse sangre
se hizo nuestro.

Creo en un Señor, Dios Todopoderoso
capaz de redimir lo creado por su aliento.
Infinito, que en el corazón hace su morada
- en el ennegrecido y enfermo corazón de nuestro cuerpo -
haciendo de él, el mejor de los santuarios
para juntos cenar los principios de su reino.

Creo en un Señor, Dios Todopoderoso,
Creador de la tierra y de los cielos
que es mi Dios, es mi Padre y es mi Amigo,
Pastor y Compañero.

3-Agnus Dei

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios que has compartido tu pan y tu vino
símbolo de tu sacrificio y tu gloria,
ten piedad de nosotros.
Piedad por haber dejado caer el pan de nuestras manos.
Piedad por haber derramado el vino alegremente
en nuestra frenética danza ante un mundo
que de continuo nos lleva hacia la muerte.
Danos, Señor, paz a nuestros corazones
por tu Santo sacrificio, en amor perfecto.
Alívianos el cansancio de la vida,
esta carga de dolor que a la muerte lleva.
Y apiádate y dulcifica nuestros pasos
para que en tu monte y en tu mesa para siempre estemos.

4-Sequentz, Dies triunfatis

Con la espada en mano, el blanco jinete
avanzando va, triunfador eterno.
Vencedor final de la gran batalla
contra el mismo infierno.

Radiante se eleva tras la gran muralla,
la de doce puertas y cimientos nuevos.
El que es todo fuego y sus ojos llama,
el que fue‚ inmolado, el que abrió los sellos.
El viviente eterno de celestial figura,
Todopoderoso, el que llama quedo.
Vencedor no sólo del conflicto grande
sino de aquellos breves que en el corazón se han hecho.
Vencedor también del espacio, de los siglos
y la interior dureza que siempre le hemos puesto

Su mayor victoria trasciende lo creado
y en el mar de vidrio, de viviente fuego,
su mayor victoria, ¡Dios triunfante, invicto!
¡Presentar sin mancha al hombre
ante el universo!

5-Sanctus

Santo, Santo, Santo
es el Señor, Dios del universo.
Llenos están los cielos y la tierra
de la obra de sus manos.
Amante Dios que mora en las alturas.
Excelsa Majestad que se encarnó en lo humano.
Santísimo Señor que curó las llagas.
Elevado Dios, que en el cenáculo
lavó, humilde, los pies de sus discípulos
y cerró en su carne el abismo amplio.
Santo Señor que todo puede,
Dios invicto que su sangre en pago
ofrendó en el altar del cielo
para redimirnos del mortal pecado.


Santo eres Tú. Tu Santidad trasciende
lo creado.
Todo el pasado, el presente y el futuro
que con tu majestad de amor has aferrado
a nuestras grises almas de pobres peregrinos
para darnos el manto del telar sagrado
y hacernos compartir tu Santidad eterna, 
aquella, la perfecta, que al cielo has elevado.

6-Gloria in excelsis Deo. 
"A El sea la gloria, por los siglos de los siglos"

¡Gloria!
¡Anunciadla vosotros, querubines cubridores,
los que contempláis su rostro con amante reverencia!
¡Que suenen dulces pífanos y recios atabales
que a la batalla llaman bajo su presencia!
¡Que resuene en el pecho de su pueblo remanente
bajo un cielo infinito que el estandarte cobra!
¡Proclamad vosotros la belleza de su gloria
que mas allá se eleva del tiempo y de la historia!

¡Anunciadla vosotros, la creación entera toda
bajo un cielo sin pecado, servidle y proclamadla
hasta que a una se congregue lo que vino a la existencia
y sus rodillas doblen ante quien fue a rescatarla!

¡Anunciemos todos los que aún en esta tierra
padecemos del pecado la esclavitud más amplia,
el magnífico son de las cadenas
deshaciéndose a la luz de la crucifixión sagrada!

¡Gloria de la Cruz, Majestad de su carácter,
Misericordia y bondad, el trono de tu gracia!
¡Anunciemos todos, creación ya redimida
la gloria sempiterna de Dios, la inmaculada!

     Año 1996


El fotógrafo de Plaza Italia - Por Ezequiel Feito

Hacía un buen rato que mi amigo y yo estábamos escuchando a un tipo que desesperadamente pedía que  lo metiéramos preso…

- … la fotografía, señor juez, la conservaré como prueba. Sé que es muy difícil creerlo pero le juro que todo lo que conté es verdad. No me importa lo que piense el país entero, ni siquiera los de mi familia. Sólo me bastará que usted crea lo que le digo, porque de otro modo no tendré siquiera la esperanza de una redención. Por favor, déjeme explicárselo por última vez. Yo sé que finalmente va a entenderme.

“Esto comenzó hace casi un año. Íbamos con mi esposa caminando por Plaza Italia. Era otoño, y el día tenía una luminosidad tan intensa que aún a pesar del temprano frío, la gente salía a la calle a disfrutar del tibio sol de la mañana. Al llegar a la plaza, quisimos recordar ese agradable paseo sacándonos una foto. Nos dirigíamos a uno de esos fotógrafos “de cajón”, cuando de repente alguien tocó mi hombro.
¿Una foto, Don? Se la hago por menos de la mitad de lo que cobran esos tipos.
No me pareció el fotógrafo ni peor ni mejor que los que estaban ahí, pero la cuestión del dinero terminó por convencerme. Cualquiera en mi lugar hubiera hecho lo mismo, así que nos pusimos abrazados con una estatua de fondo y junto al cantero que usted ve en la foto... ¡Ojalá nunca lo hubiéramos hecho!
Al rato me entregó la foto. La miré: tenía una calidad y una nitidez realmente fuera de serie. Nunca había visto tan buenos colores ni tan brillantes. Tome, mírela. Tiene una definición realmente extraordinaria. Yo puedo apreciar con una lupa cualquier detalle como si estuviera viéndolo en la misma plaza.
La pusimos sobre la cómoda, dentro de un portarretratos modesto. En principio, no pasó a ser más que una simpática decoración hasta aquel día en que, quizás por aburrimiento o con la intención de recordar mejores épocas, comencé a mirarla con detalle.
Muchas veces disfruté viendo con qué claridad nos había retratado. Observaba cómo estábamos vestidos y la sonrisa de cada uno. ¡Nuestras sonrisas! En fin, todo lo que comúnmente se mira en una foto, hasta que de repente, mis ojos se detuvieron en una mancha confusa que no parecía formar parte del paisaje. A simple vista no la pude distinguir bien, pero mirándola más detenidamente parecía una reunión de personas. Por curiosidad tomé una lupa y pude entrever algo que me inquietó. No sé por qué, señor juez, eso me dio miedo desde el  primer momento, así que la dejé donde estaba, pero me había quedado cierta aprehensión  por la escena. Al cabo de unos días, la mancha seguía dándome vueltas en la cabeza. Pedí una lupa más potente a mi vecino, fui a la foto y pude ver con bastante nitidez que una de las personas que estaba en esa ya no tan confusa mancha, era yo. Delante de mí iba un ataúd. Pude leer el nombre del que había muerto: Era el de mi esposa.
Por supuesto, miré esa escena tantas veces como pude sin comentarle nada a ella. Cuanto más la miraba, más clara estaba en mi cabeza, hasta que un día, cuando la pude ver a simple vista, la llamé y le dije: “-¿No te parece que hay algo raro en esta foto?”  - le pregunté-. 
“No” me dijo-. “Mirala bien”. “No veo nada” “¿Estás segura?”  “Si…pero, ¿qué te pasa?”  terminó por decirme y se fue .  Me quedé inmóvil con la foto en la mano.
El fenómeno duró exactamente dos semanas. Al domingo siguiente ya era nuevamente una mancha borrosa. Desde ese día comencé a mirar más seguidamente la foto, hasta que al domingo siguiente, señor juez, pude distinguir en ella otra escena distinta de la anterior pero más horrible:  Estaba asesinando a mi esposa en nuestra habitación. Con un cuchillo, ¿sabe? A la manera romántica nomás. Una puñalada justo en el corazón. No necesito volverle a decir que ese proceso de nitidez y borrado también duró dos semanas.
No quiero cansarlo más con esto. La siguiente escena fue una discusión; la anterior, una infidelidad; la otra, una cita en un café de Medrano y Córdoba a las cinco de la tarde, y así hasta la semana en la que, señor juez, yo estoy ahora en este instante del futuro, hablando aquí con usted.

El juez se levantó y le dijo que fuera a su casa y no volviera más. Apenado, tomó la foto y casi estaba por cruzar la puerta cuando el juez habló en voz alta para todos y también para sí mismo:
Conozco a ese fotógrafo. A mí también una vez me hizo una foto como ésa, pero apenas la vi, la rompí en pedazos.


martes, 19 de noviembre de 2013

“CONTATE UN CUENTO VI” - MENCIÓN DE HONOR CATEGORÍA A

Por siempre árboles
Por Mercedes Iribarren - Alumna de 1º año de E.S. Nº 3 “Carmelo Sánchez”

Año 2060. Tenía 70 años y nunca había pensado ver que los árboles ya no existían. El aire se tenía que comprar. Cada vez, había menos fauna en la ciudad, y todo lo que la gente usaba era artificial, nada era natural. Mientras pensaba escuchó que su nieto le hablaba.
- Abuela... ¿Te acordás que me dijiste que me ibas a contar una historia?
-Sí sí, ¿querés que te la cuente?
-Sí sí, ¡por favor!
- Era el año 2013.Estaba en mi habitación, mi mamá estaba en el comedor mirando TV, eran las 3 de la tarde y mi amiga Cata me invitó a la plaza, bajé al comedor y le avisé a mi mamá…”Mama, voy a la plaza con Cata, cualquier cosa te llamo, si no llámame”, le dije. Y ahí salí caminando hacia la plaza, pasé a buscar a Cata por su casa, y al llegar nos sorprendimos,   había sacado los árboles.
-¿Árboles? ¿Qué es eso? - preguntó alteradísima mi nieto.
- Árbol, bueno, es una planta, de tallo leñoso, que se ramifica a cierta altura del suelo. Ellos mediante la
fotosíntesis, nos daban aire.
-¿Cómo que nos daban aire? Si eso se compra.
-Antes, lo que ahora hay que pagar era gratis.
-Pero si el dueño de la fábrica de aire nos contó como lo obtienen y todo.
-Antes se obtenía de diferente manera.
-Aah, ¡quiero saber! Seguí contando la historia.
- Con Cata fuimos alteradísimas a preguntar, porqué sacaban todos los árboles, y más preocupada estaba mi amiga, ya que ella estaba en contra de todo lo que tuviera que ver con hacerle daño a la naturaleza. Les gritábamos a los albañiles, y ellos seguían en su trabajo y no nos contestaban. Nos dirigimos a mi casa corriendo llegamos agotadas, ya que estábamos enojadas, exaltadas por lo sucedido. Le contamos a mi madre, quien propuso que le enviemos una carta  al intendente. En pocos minutos la carta, ya estaba guardada en el sobre, preparada para enviarla. Mi amiga se quedó a dormir en casa, luego de contarle todo lo sucedido a su madre le preguntó si podía quedarse. El lunes por la mañana, nos levantamos, desayunamos, y fuimos directo al correo a enviarla   Pasaron 2 semanas y no recibimos respuestas  ni del intendente, ni de ningún funcionario de la municipalidad. Para ese día, ya habían hecho muros alrededor de la ciudad, para que nadie saliera, porque según las autoridades adentro de la ciudad estaba todo lo que necesitábamos. Dos meses después, todavía sin respuesta de la carta, se inauguró la fábrica de aire. Todos se preguntaron “¿Una fábrica de aire?”, pero, ¿por qué no hay árboles?, empezaron a vender el aire. Algunos se negaron, otros aceptaron. Al final, todos tuvieron que aceptarlo, si no, nos metían a la cárcel y no podíamos ir a ningún lado. Ni una semilla de ningún tipo había quedado. Solo había edificios, casas, negocios, mercados, museos, todo menos árboles. Todas las hojas de los árboles y su tronco los usaron para hacer un material “multiuso” , que para el intendente se usaba para todas las cosas que te imagines. Cata quería hacer una manifestación, pero sabía que la iban a meter a la cárcel, y nadie quería eso para ella.
-Abue, ¿hay alguna manera de plantar algún árbol?
-Sí. Afuera de la ciudad, vive un hombre, que era el que cultivaba los árboles y se encargaba de cuidarlos en la plaza, puedes pedirle a él, cuenta la leyenda que él se quedó con la última semilla.
-¿Cómo salgo de la ciudad?
-Hay un muro que tiene un botón rojo, a dos metros de altura del piso, aprietas ese botón y sale una escalera, subes esa escalera y te chocas con una puerta. Entras y  hallaras un camino que conduce a la salida. Ten cuidado, la caída es fea, y hay muchas cámaras. Se sigiloso. …

El nieto, partió a buscar el gran tesoro de la humanidad, la última semilla que quedaba de un árbol. Encontró los lugares que le dijo su abuela. Él fue vestido de negro. Buscó el botón rojo. El lugar era horrible, había muchísimas telarañas, hormigas, insectos, parecía una película de terror. Chocó contra una gran puerta. Leyó que decía “No se aceptan visitas, no te dejaré entrar, así que no golpees la puerta ni toques el timbre” A él, no le importó lo que decía el cartel y tocó igual el timbre. Sonó un fuerte sonido proveniente de allí, que casi aturdió los odios del joven De repente se escuchó una voz gruesa, y fea que decía:
- ¡¡¿¿QUIÉN ES??!! ¡¡¿¿QUÉ QUIERES??!!
-Quiero saber si me puedes dar la semilla- dijo el joven
-¿La semilla? ¡Qué raro! Nadie antes se interesó por eso, ni pensé que alguien lo iba a hacer. Si quieres te la puedo dar mañana, porque ya es tarde y tengo que dormir. Ven mañana que te la entregaré
-Muchas gracias. Mañana vendré.
   Y el niño volvió rumbo a la ciudad, entró exactamente por donde salió. Pero en el muro donde estaba el botón con el que podía entrar había 2 hombres altos De entre las piernas, salió un hombre pequeño, pero pequeño de altura, era el intendente de la ciudad.
-¿En qué andas, nene? - dijo con un tono serio.
-¿Y...yo? En nada, ¿por qué pregunta, señor? – respondió tartamudeando, ya que tenía miedo de los “matones” que estaban con el intendente
-Ten cuidado, sabemos muy bien que saliste de la ciudad, … ¿para qué querés salir? En la ciudad esta todo. Acordate que hay cámaras en TODAS partes –dijo remarcando todas las palabras.
   El niño se fue pensando en lo que le dijo el intendente Llegó a su casa y allí estaba su abuela esperándolo:
- Tienes que volver mañana, pero ten  más cuidado, porque si se enteraba tu madre, se enojará, y ¡mucho!
   Al otro día, se levantó muy emocionado, ya que era el día en que le daría la semilla. Se vistió y le dijo a su madre, que iría a comprar unas cosas para su abuela. Ella le creyó y él salio rápido para allí.
   Al llegar al muro, se encontró con una sorpresa, no muy agradable, el muro y el botón estaban sellados. Pensó, pensó, pensó y pensó, hasta que vio el edificio de enfrente, que podía subir y saltar el muro. Lo saltó y pasó al otro lado. Corrió lo más rápido que pudo, hasta llegar a la casa del hombre. Él lo esperaba con la semilla, porque sabía que iría. Se la dio y el niño volvió a la ciudad.
   Al saltar y estar en la calle de allí, escuchó un auto que lo perseguía, se dio vuelta y era el intendente con sus dos hombres. Aceleró la velocidad y llegó a su casa. Entró rápidamente y subió a su habitación, a ellos los había perdido de vista, así que ahorró tiempo. Pudo enterrar la semilla, y cuando estaba apunto de regarla, se escuchó sonar el timbre. Su madre salió a abrir y charló con los hombres y el intendente.
-¿Podríamos subir a ver la habitación de su hijo? – preguntó el intendente.
-Si, claro. - contestó la madre muy asustada
   El niño escuchó eso y corrió a su habitación, el intendente llegó al mismo tiempo que él. Pero ¡la semilla no estaba! El chico miró por la ventana y vio a su abuela en su moto con la semilla, quería ir al centro de la ciudad así todos veían el árbol. Llegó, estacionó y subió a la estatua del alcalde, que era un punto alto del centro, desde allí podrían ver todo y gritó:
-Niños y niñas, hombres y mujeres, abuelos y abuelas, ¿alguien de ustedes recuerda los árboles?
    Se escucharon algunos murmullos, pero de entre toda la población se escucharon algunos “¡YO!”
-¿Recuerdan la fotosíntesis? ¿O la sombra que ellos nos daban? Yo si la recuerdo y me gustaba, me encantaba. Pero yo digo ¿Por qué pagar algo que los árboles nos dan gratis?
-Porque los árboles tiran sus hojas en el piso, son feos y a nadie le gustan - dijo el alcalde, enojadísimo por lo sucedido.
-¡¡NO SON FEOS, SON HERMOSOS, A MI SI ME GUSTAN, CUANDO ERA JOVEN TUVE UNO, PERO DESAPARECIERON TODOS!! - dijo la dueña de la tienda de mascotas.
   Y en ese momento, empezaron a aplaudir a la valiente abuela  y  a su nieto. Y abuchearon al alcalde y lo echaron de la ciudad.
-Pero chicos, acuérdense que los árboles son esenciales en la vida, son seres vivos, sienten como nosotros, déjenlos vivir.
-SIIIIII - dijo toda la población junta.
   Desde ese día, la ciudad “SinArboleda” se comenzó a llamar “PorSiempreArboles”. El alcalde fue a prisión por pagar cosas que eran gratis, y  todos son felices respirando el aire puro que poco a poco fue brindando cada árbol que iban recuperando

“CONTATE UN CUENTO VI” - MENCIÓN DE HONOR CATEGORÍA A

Siempre te acompañaré
Agustina Leguizamón - Alumna de 1º año de la E.S. Nº 3 “Carmelo Sánchez”

   Olivia vivía con su familia pero su familia la ignoraba, no les importaba lo que Oliv decía. Su hermana siempre estaba escuchando música, nada ni nadie podía separarla de su equipito. Su madre, como todas madres, hacía la comida, limpiaba, lavaba y cuidaba que todo estuviera en orden y la pobre no tenía tiempo para nada más. Su abuelo y su padre ¿Qué podrían estar haciendo? Nada más ni nada menos que escuchando fútbol  o hablando de ello, y si llegabas a interrumpir te decían: “¿No tienes otra cosa qué hacer?, Estamos escuchando…Goooooooool.” Su abuela siempre concentradísima en las dos agujas de tejer, y aunque todos le decían que pare que ya tenían muchos, muchísimos abrigos,  ella siempre decía: “hay que abrigarse más”.
   Cerca de su casa vivía Octavio con su padre. Su familia era española pero habían ido a México en busca  de trabajo, su padre trabajaba en un bar y allí fue donde Octavio conoció a Oliv. Todas las mañanas ella pasaba por ese bar camino a la plaza principal, cuando estaba triste o enojada  porque su familia no la escuchaba agarraba su antigua cámara de fotos, recuerdo de su tatarabuela y sacaba fotos a todo aquello que le llamara la atención. Pero un día tanto fue su distracción que  chocó con un joven militar llamado Octavio, esto lo supo por el nombre grabado en su uniforme. Desde el momento en  que se vieron supieron que sus vidas estaban destinadas a estar juntas y deseaban lo mismo “formar una familia”.
   Hacia ya dos años que estaban juntos. una mañana Olivia recibió una llamada de su novio  y le dijo que la iba a ir a buscar a la casa, con un solo propósito elegir qué casa se iban a comprar con los ahorros que venía juntando hacía años, al fin había conseguido el dinero suficiente para adquirirla. Olivia se había quedado sin palabras se largó a llorar de la emoción, estaba muy contenta ya que su sueño se estaba cumpliendo. Iba a formar la familia que ella deseaba.  Se preparó lo mas rápido que pudo y agarró la poca plata que tenía por si a su novio  le hacía falta un poco más de dinero. No tuvo tiempo para hacer otra cosa porque en un  abrir y cerrar de ojos Octavio estaba tocando su puerta.
  Ese día vieron varias casas en venta, pero no fueron a todas porque había una en especial que parecía mágica, era una de las primeras, era hermosa y esa fue la que compraron.
   Octavio y Olivia  vivieron muy felices en su casa, pero el 18 de julio de 1.995 una mala noticia los despertó, todos los jóvenes españoles debían presentarse en las filas de combate del ejército español a  luchar por su patria. La guerra se había desatado entre España y Estados Unidos, se disputaban el territorio de la isla “Belmonte del Ruy”. Olivia se quedó en su casa. Estaba muy preocupada por la vida de su esposo pero intentaba tener esperanzas. Todo había salido como lo había soñado y ahora esperaba  que todo saliera bien.
   Dos meses después México se unió a Estados Unidos en la guerra contra España. Olivia se afligió mucho más al enterarse de esto. Pasaban las horas, los días, los meses. En la radio, el diario y  en la televisión los titular sólo  decían “La guerra continúa “,  “Hay cientos de muertos”  “Nos enfrentamos por fin a España”
   Y ella se decía una y otra vez con lágrimas en sus ojos y un profundo dolor en su corazón “¡Oh, no, Octavio está en la guerra! ¡no, no, no! Si algo le llega pasar a Octavio… ¿Qué será de mi vida, qué haré?”
   Una mañana antes de que escuchara alguna noticia  sintió que le tocaban la puerta,  pero no estaba segura porque había muchos ruidos de bombardeo,  fue y preguntó quién era.
_ “Soy  policía, déjeme pasar”.-  Olivia le abrió la puerta
_ “¿Qué quiere?” – preguntó asustada
_ “¡Señora comenzaron los bombardeos todos deben abandonar sus hogares! ¡Salga de aquí de inmediato porque ya mucha gente murió, entre ellos su marido español que luchó contra nosotros! ¡Hágame caso de inmediato, es una orden, vamos!”
   El policía intentó en vano convencerla y se marchó furioso después de recibir un llamado telefónico que le hizo olvidar el motivo por el cual se había acercado hasta allí
   Olivia se quedó sin palabras, por un momento, luego se puso a llorar desconsoladamente. De ahí no se iba a mover porque la casa era lo único que tenía, a su  esposo ya lo había perdido.  Cerró la puerta con fuerza y  subió la escalera que llevaba a  su habitación. Buscó el vestido que había usado el día de su casamiento. Era un lindo vestido blanco, como los de princesas y hadas. Inmediatamente se lo puso y se acercó al espejo para mirarse. De pronto se escuchó una música hermosa que sólo ella podía sentir y empezó a danzar. Sus pies se movían sin que fuera consciente de ello. No podía dejar de llorar, era tanta su tristeza que las lágrimas caían como en una catarata. Ya no le quedaba nada solo su hogar.
     Finalmente estalló una bomba en su casa y ella cayó al piso sin vida. Flores blancas giraban sobre su cuerpo. Un velo también blanco la cubrió y  volando rodó el collar que tenía en su cuello y  que  llevaba escrito: “Octavio y Olivia”.
   Pudo distinguirse que desde el espejo salía la silueta de un hombre que la tomó entre sus brazos y se la llevó con él. De pronto algo mágico sucedió, donde antes se hallaba Olivia mariposas de todos  colores ocuparon su lugar. En su collar ya no se leían sus nombres sino otra leyenda que decía:

                                                                                     “Siempre te acompañaré”.


“CONTATE UN CUENTO VI” - MENCIÓN DE HONOR CATEGORÍA A

La historia de una pareja feliz
Por Valentina Martínez Martorello - Alumna de 1º año de la E.S. Nº 3 “Carmelo Sánchez”

 
    Era el comienzo del año 1806, en la ciudad de Buenos Aires. Los niños jugaban a la pelota, las damas cocinaban pastelitos, iban a buscar agua al río y pasaban toda la tarde apostando a la payana.
   Joaquín, era un adolescente de la baja sociedad, vivía solo con su madre. El padre había muerto en manos de soldados ingleses. Todo el tiempo, durante esos años, recordaba los bellos momentos en los que el padre lo cargaba sobre los hombros y reía sin parar. La mamá trabajaba vendiendo pasteles, pero los reales obtenidos no conseguían pagar las cuentas pendientes.
   Un día, caminando por el pueblo, alcanzó a observar dos soldados convocando a más voluntarios para combatir contra los ingleses. Sin pensarlo, Joaquín fue corriendo con ellos a anotarse, honrando el honor de su padre.
  Como realizaba muy bien el entrenamiento, el jefe, que era un hombre de honor, lo invitó a su casa a tomar el té. Él tenía una hija llamada Anna, era muy hermosa. De piel blanca como la nieve, los ojos como bolitas de vidrio y manos como la porcelana más delicada. Al instante, el joven se enamoró de la jovencita. Sentía que era la única que podía acelerar su corazón con un simple: “hola”.La muchacha también se enamoró de Joaquín y cada paso que daba hacia él, sentía que el corazón le explotaba. Pero el amor era imposible. Debía seguir con los planes de la familia. No podía dejar entrar en su vida a un simple joven que apenas podía pagar un pan;- decía su madre.
   Un día, Joaquín intentó mandarle flores a la jovencita, pero al llegar a la puerta el padre prevenido tomó un palo y lo persiguió por todo el jardín, repitiéndole varias veces que se ocupara de matar ingleses y no de conquistar a su hija.
    Los meses pasaron y cada día que estaban separados, mucho más se amaban. Ambos, decidieron encontrarse a escondidas, hasta que en la tercera salida el joven besó a Anna, dejándola sin aire. Ya no podían seguir encontrándose porque el día del combate se acercaba y Joaquín necesitaba concentrarse.
   Al día siguiente, era una mañana gris y fría. Los niños no se animaban a salir de las casas, los adultos cerraban puertas y ventanas, sabían que algo malo estaba por llegar.
   Esa mañana, el joven recluta tuvo un mal presentimiento. El silencio de las calles lo aturdía mientras caminaba a paso ligero. Se dio vuelta hacia atrás un segundo, y terribles cañonazos empezaron a caer del cielo. Ingleses con armas de alta calidad, soldados muertos por todos lados.
   Joaquín fue sorprendido por un enemigo desde atrás, tirándolo al piso y apuñalándolo con un pedazo de vidrio. El dolor era muy intenso. Lo llevaron a donde atendían a los heridos, intentaron lograr que la lesión dejara de sangrar.
   Anna, enterada de la noticia corrió escabulléndose hacia el lugar donde se encontraba, se arrodilló en el piso, tomó su mano y le dijo que él era el hombre más fuerte y luchador que había conocido. Que no la dejara sola, porque ella lo necesitaba  Escuchando las dulces palabras de Anna, Joaquín se levantó,  la abrazó y tomó confianza para salir a defender a su país.
   Una semana después, los jóvenes estaban a salvo y enamorados, pero no contaron nada sobre su relación.
   El padre de la señorita estaba seguro que ambos ocultaban algo, entonces decidió seguirlos. Ellos se dirigieron a una plaza y se escondieron detrás de un viejo ombú. Cuando el hombre, vio que se iban a dar un beso agarró un cuchillo, dispuesto a matar a Joaquín, pero Anna, empujó a su padre, obligando a Joaquín a correr. El jefe no tuvo más remedio que encerrar a la hija en el cuarto, sin salir ni para ir a comer a la mesa. El enamorado la espiaba desde la ventana, no quería que el padre se enterara y tomara medidas peores.
   Los días pasaban y Joaquín tomó la decisión de enfrentarlo. Tocó la puerta y le expresó al progenitor que tenía algo para decirle. Se sentaron y el sargento con mal carácter le pidió que le contara. Joaquín, muy seguro de sí, le explicó que amaba a Anna tal como era y si se necesitaba tener mucho dinero para poder estar con ella, trabajaría en cinco lugares diferentes, tan sólo para verla a la mañana despertar y sonreír. El jefe se levantó y le pidió que lo acompañara. La condujo hacia unas escaleras estrechas. El joven estaba asustado, abrió la puerta y allí se encontraba la dama, tan hermosa como siempre. Los enamorados muy felices, se abrazaron y corrieron a darle las gracias.
    Se dice que desde entonces, nunca más, nada ni nadie, intentó  impedir su amor.


“CONTATE UN CUENTO VI” - CATEGORÍA A JÓVENES DE 12 Y 13 AÑOS - Mención de honor

Ser Feliz
Por Lucia Gauto - Alumna de 1º año de E.S. Nº 3 de San Manuel


La lluvia caía sobre la ventana y Luz recordaba su infancia en la que todos los días con su papá salían a las 7 A.m. y arrancaban un largo día. En primer lugar ella entraba a la escuela. Al finalizar su jornada escolar pasaba la tarde paseando y conociendo distintos lugares de la ciudad. Vivía en Buenos Aires. A Luz le encantaba sacar fotos y retractar con su cámara hermosos momentos. Su sueño era convertirse en una fotógrafa reconocida en todo el país, pero su padre no podía comprarle una cámara profesional, él tenía una común y veía que Luz sacaba increíbles fotos con ella.
Andrés, el papá, deseaba poder darle a su hija lo que tanto añoraba, pero su trabajo no le permitía ganar mucho y lo que ganaba debía gastarlo en lo fundamental para sobrevivir. Sin embargo lo poquito que le quedaba lo guardaba en una cajita. Deseaba profundamente llegar al precio de la cámara que deseaba su hija.
    Un día la niña vio en un diario un anuncio que invitaba a todos los niños de 8 a 12 años que se interesen en la fotografía a participar en un concurso, el premio consistía en dos pasajes a Maui, una de las islas más paradisíacas de Hawai, para sacar sus mejores fotos. Luz decidió anotarse pero no tenía una gran cámara por eso le pidió a su papá que se la comprara. Él no tenía la plata, a pesar de esto le dijo que si. Ese día, Andrés no pasó la noche en su casa sino que estuvo toda la noche trabajando para conseguir el dinero. A la mañana siguiente fue hasta el negocio, compró la cámara y se la llevó a su hija. La felicidad que sintió esa niña al ver que su padre le traía lo que tanto añoraba era inexplicable en palabras. Esa tarde padre e hija emprendieron una excursión hacia el obelisco, la idea era sacarle una gran foto, pero la estrella de la imagen no fue la que piensas, sino que en el camino Luz y Andrés se sacaron una fotografía en una plaza y la niña decidió enviarla al concurso con un epígrafe en el cuál escribió: "Tal vez no sea la mejor foto, tal vez no gane, pero esta persona me enseñó a valorar todo lo que tengo, porque es la persona más importante".
  Los días pasaron y la fecha de premiación llegó. Luz se sorprendió al recibir una nota del concurso que le comunicaba que  había sido elegida como la ganadora. Se dirigió a la dirección indicada y al recibirla le dijeron  que su premio no seria un viaje sino una cámara. Luz no aceptó y prefirió quedarse con la suya. Comprendió que lo  que más vale es el cariño y lo que le demostró su papá al esforzarse tanto para conseguir esa cámara. Desde ese día su padre fue la estrella, fue el protagonista de sus mejores fotos.
Hoy que ya no tiene la compañía de su papá, al recordarlo en sus imágenes, en ella se refleja una sonrisa. En esos segundos recuerda que la felicidad está hecha de pequeños momentos y no de algo material. Ser feliz consiste en valorar lo que tienes pero no los bienes materiales, sino valorar a tus seres queridos, pasar tiempo con ellos y retratarlos para que duren en el tiempo. Todos dicen ser felices y si  lo eres disfrútalo, valora a esas personas, cuídalas y demuéstrale tu cariño, porque cuando no las tengas te arrepentirás.

“CONTATE UN CUENTO VI” - CATEGORÍA A JÓVENES DE 12 Y 13 AÑOS Mención de Honor

El Furia Negra
Por  Juan Martín Trejo - Alumno de 1º año de la E.S. Nº 3 de San Manuel

El Furia Negra era un caballo de carreras de pura sangre. El dueño del caballo, un hombre de 59 años,  se llamaba Ricardo Bonaventura  y vivía en Tandil.
Este señor de buen status económico era dueño de cinco mil hectáreas de ganado, novecientos caballos y el Furia Negra era uno de sus  ejemplares sobresaliente. En cualquier conversación hacia alarde de él. 
La mejor yegua del stud, la madre de Furia Negra, tuvo al caballo pero no lo pudo disfrutar ya que falleció en ese preciso momento.
El caballo fue uno de los tantos en la historia que ganó cientos  de copas en los hipódromos de todo el mundo. Siempre tuvo la posibilidad de ser vendido a los Estados Unidos con el objetivo de  representar a los norteamericanos en los hipódromos mundiales más importantes. Llevaba como apodo “El más veloz”. Pero su dueño se negó, no lo vendió
En el último gran premio había empezado último. Comenzó a pasar a los primeros y se colocó en primer lugar. Coronarse campeón en cada carrera se había hecho cotidiano.  El dueño se sentía feliz. Estaba haciéndose millonario gracias al caballo,  pero después de algunos años, decidió que el tiempo de retirarlo de las carreras había llegado. Quería soltarlo al campo y que gozara de la libertad absoluta. Y así fue. De a poco Furia Negra se encontró mezclado con la naturaleza, crines al viento con aire de libertad. Se hizo un caballo de paseo y desde entonces fue inseparable con  el dueño y su hija.
Abandonar los intereses económicos  en busca de valores y afectos es la decisión más importante que podemos tomar en la vida.