sábado, 8 de marzo de 2014

Insomnio - Por Silvia Rodríguez.- La Plata

En la oscuridad, el silencio hueco, inmóvil, calla. Espera el próximo estruendo. Cada gota que cae suena como el estampido de un cañón. Una canilla pierde. Percibo en cada pausa cómo la partícula de agua se forma en el extremo del pico. Luego se desprende y golpea estrepitosamente contra el fondo del lavabo.
 Los ruidos, en la noche, son más fuertes. Despabilan los sentidos.
 Las gotas retumban en mi cerebro, lo recorren, se instalan en él, no dejan espacio para otros sonidos que quisiera oír: el de la llave de la puerta, el de sus pasos rápidos por la escalera, el de su respiración acompasada. Tendría que haberle dicho que la canilla pierde, quizás, antes de irse, la hubiera arreglado.
 La mente sabia me apresa, me encierra, me obliga a escuchar la explosión que desarticula cada una de las gotas. Me impide escapar, buscar su rostro, su voz o una imagen placentera en la cual descansar. No ha dejado una luz que me indique la salida, ha cerrado las puertas.
 Ya no huiré, es mejor así. Dejaré que el agua me penetre gota a gota, que anegue muy despacio la memoria de los miedos, que ahogue el dolor de la ausencia.
 Es mejor así. Cuando el recipiente esté colmado, cuando las paredes del cráneo no puedan contenerla, tal vez se derrame y yo fluya con el líquido tibio y flote mi cuerpo liviano acunado en un oleaje suave, hasta ver parir la claridad del día.
 Es mejor así. Que la canilla siga goteando, que se inunden, noche a noche, mis desvelos.

Una payada de Gabino Ezeiza...

Cuentan que una vez Ezeiza se encontraba en un bar del pueblo bonaerense de Tres Arroyos cantando a la Patria, al Paso de los Andes, a la victoria de Ituzaingó, cuando no habiendo ningún rival a la vista pidió a los parroquianos que propusieran temas y así cantó versos dedicados a la bandera, a la Revolución del Parque y a la ciencia.
En aquel bar se encontraba el periodista José María Cao, quien guardaba silencio y cuya presencia no había pasado inadvertida por Ezeiza, quien le dijo a Cao: "¿Y usted, señor, no dice nada?". El periodista quedó en silencio, y fue entonces cuando nuestro payador le dio una cartulina pidiéndole que apunte el tema que quiera; entonces Cao escribió: "Cante usted a los logaritmos".
Dicen que Gabino sorbió un refresco y dejó el bar diciendo que volvería enseguida, y a los 15 minutos, después de visitar a un profesor que vivía enfrente, tomó su guitarra e incursionó durante media hora por la matemática, cantando:

Señores, voy a explicar
la ciencia del logaritmo 
si acierto a cantar al ritmo
de mi modesto payar. 
Pongamos, para empezar, 
dos progresiones enfrente
por diferencia y cociente
correspondiendo entre sí, 
y ¡ahijuna! saldrá de aquí
un sistema sorprendente...

(La anécdota aparece publicada en el diario La Prensa del 24 de junio de 1918 en un artículo de Rodolfo Senet titulado Cómo improvisaba Gabino)

MARÍA NEDER - Poesía y Narrativa

María Neder ha publicado los libros de cuentos Contra corazón (Torres Agüero Editor, 1993), Entre los huecos (Ediciones del Dock, 1994). En poesía: Cuando octubre (Ediciones del Dock, 1997), Fisura de boca (Alción Editora, Nov. 2003), libro que obtuvo excelentes críticas al igual que su novela Reading Edge lectora a domicilio (Alción Editora, 2006), presentada en México y en la Feria del Libro de La Habana (Cuba, 2007). Su último libro Heridas de póker (2012) integra la Colección Pez náufrago dirigida por Santiago Sylvester de Ediciones del Dock.
Es autora de los Ensayos El misterio es abanico, sobre la obra de Felisberto Hernández (Ediciones El Arca, 1996) y Una orquestación de palabras sobre la obra de Daniel Moyano (1999). Obras en las que desarrolla la ligazón música y literatura. 
Becaria del Fondo Nacional de las Artes en 2011. Actualmente, como Investigadora de la Biblioteca Nacional realiza estudios sobre música y literatura. Continúa con la difusión literaria y musical en radio iniciada en 1990. Su producción radial más relevante, Puerto Almendro (1997 hasta el presente), ha merecido premios nacionales y regionales y participa anualmente en los Encuentros Radiofónicos en Español organizados por la Universidad de Güelph, Ontario, Canadá. Ver último enlace telefónico en 
http://alternativalatinoamericana.blogspot.ca/2014/02/juan-gelman-mas-que-un-escritor-fue-un.html
Como Agente Cultural organizó concursos, maratones de lectura, conciertos, ferias del libro, recitales de poesía. Es Directora Artística de la Sede Merlo-San Luis del Festival Guitarras del Mundo, creado por el Mtro Juan Falú. Dirigió la revista en papel La idea fija. Colabora para distintos medios periodísticos. Parte de su obra fue traducida al inglés, italiano, alemán, croata, francés, publicada en antologías, revistas extranjeras y dossiers de literatura argentina. Mayor información: www.marianeder.com.ar


POEMA DEL PRINCIPIO

Tu casa huele a poleo
a flor de aromo en el invierno
a menta de las alturas
y este cuerpo llega de smog
con textura arenosa / resto de pasado
o acaso este presente de risco dolido
y un amargor de saliva triste
de pestaña perdida
en un cuadro rojo casi sangre
casi grasa de plástico ciudadano
tristeza maloliente de deseo absurdo

entonces soy piedra que se busca
o sonido deambulante sin eco sin eco
con los dedos cortados
aquí llego.

Del libro “Cuando octubre”



EXILIO

No estaré en la puerta
ni en el aeropuerto
ni en la esquina
ni colgada de la flor del palo borracho de mi vereda
ni en las calles
ni en el bar de Monserrat
ni en la letra escrita en una esquela
ni en la cucharita libre del café que espera.


Del libro “Cuando octubre”


PARTIDA DE NACIMIENTO

Sonaron las mujeres como ruego
(no sé si sus voces se oyeron o fue el eco).
Vengo ciega 
¿es que no se oye mi bastón a los tumbos?,
vengo intermitente 
soy trazo en el oscuro de un nombre secreto 
igual a la costura del tiempo en el ombligo.
Ahora es un redondel intacto, 
es la mirada recorriendo bordados de una casa 
que desconozco, 
no sé dónde el centro 
¿tanto engaño para mostrar un agujero?
implacable sello este apellido.


Del libro “Fisura de Boca”



EL FINAL DE LAS LÁGRIMAS

La depresión más honda de su vida fue una tragedia para todos nosotros, un drama que se produjo con secuencias diarias y sin intermitencias. Sus continuas frustraciones, que se venían sucediendo desde hacía nueve meses, explotaron como la eclosión inesperada, casi absurda (porque a decir verdad, confiábamos plenamente en su fortaleza de espíritu y su equilibrio mental).

Comenzó una mañana en que no se levantó como de costumbre. Por la noche al llegar a casa, comprobamos que aún seguía encerrada en su cuarto. Todo estaba tal como lo habíamos dejado y cuando golpeé a su puerta respondió con el ruego lógico en días de actividad: déjenme descansar, por favor. Al día siguiente tampoco la vimos por la mañana. Decidí regresar al mediodía y la encontré en camisón, llorando desesperada y dando vueltas por la casa como si quisiera salir. No supe qué hacer, procuré que no me viera y la observé un largo rato detrás de la mesita del hall de entrada; se dejaba arrastrar como si el peso de su cuerpo se hubiera duplicado y la cantidad de angustia le tironeara los miembros hacia abajo. Caminó suplicante y cansada desde la cocina al baño y luego a su cuarto, se acostó en la cama y lloró aún más. Me fui sin hacer ruido. Esa noche demoré pero el estado de las cosas al volver era exactamente el mismo. De noche podíamos oír su lamento continuo, pero solía serenarse y nos parecía que lograba un sueño profundo y pesado. Yo temía que no quisiese despertar, y ella despertaba, aunque para llorar y arrastrarse cada vez con más tristeza. Pasaba todo el tiempo en camisón, encerrada, escondiéndose del mundo. Los primeros diez días lloró continuamente hasta agotar las lágrimas. 

Mi primo el terapeuta dijo que esas lágrimas eran como la fiebre en otra enfermedad, entonces yo rogaba para que salieran de una vez, aunque la agotaran al punto de no tener fuerzas para caminar, pero que acabaran de salir para iniciar la recuperación.

Tuvo que permitirse otras manifestaciones de la angustia. Los diez días subsiguientes, sin reponerse aún, lloró y siguió llorando, ahora por el clítoris. Día y noche. Y las lágrimas estampaban el recorrido de su andar. El piso ganaba pequeños círculos brillosos y salados que aumentaban cada día, cada noche, cada hora. De su cuarto al baño, del baño hacia el living o hacia la cocina, apenas unas vueltas difíciles de reconstruir, que se superponían con el regreso a su cuarto, según parecía, apoyándose o sosteniéndose en la pared. Fue así como agotó la producción líquida de su cuerpo que sólo expresaba el estado de sufrimiento mudo, permanente y real. Los veinte días subsiguientes necesitó más lágrimas para tanto desconsuelo y comenzó a transpirar, a través de todos sus poros, lágrimas de pesar irreparable que humedecían las sábanas y quemaban la piel.

Ya no se levantaba, ya no cerraba su puerta.

Una noche me asomé para verla, aún dormida su cuerpo lloraba con temblores de sudor, su aspecto mostraba el agotamiento del alma quebrada y sus puños tensos habían borrado la figura de sus manos.

Al final, agotado ya el cuerpo de tanto llorar, la tía Zulema quedó quieta y seca sobre su cama. Quedé tieso cuando entré a su cuarto (esa tarde regresé temprano) y vi algo parecido a un montón de papeles arrugados. No sé qué extraño zumbido me sacudió por un momento, mi detención fue breve pero la sensación de parálisis creo que fue por el aire quieto y frío de esa cámara transparente en la que ingresé; algo, sí, aleteo, casi una vibración, me recordó que allí debía estar ella. Debe ser por eso que al acercarme distinguí una parte del esqueleto cubierto (persistente pudor aún en la consumación) con una traslúcida película de piel (o gasa, ya no recuerdo). 

La tía Zulema nos dejó su imagen de fruta humana seca para estupor del resto de sus sobrinos que no creían mis relatos.



Del libro “Contra corazón”


sábado, 1 de marzo de 2014

La pérdida del lenguaje - Por Jaim Etcheverry

Aunque creemos vivir en la era de la información, estamos poco informados. La escuela no es la única causa. Sucede que cada día se desprestigia más el debate público.
 Se trata de convencernos de que la información lo hace innecesario, que discutimos cuando carecemos de datos. Cuando éstos aparecen, se nos dice, acaba todo debate.
En realidad, la situación parece ser la opuesta: sólo cuando nuestras preferencias y proyectos atraviesan la prueba del debate, llegamos a entender lo que sabemos y lo que todavía nos falta saber. Hasta que no formulamos las preguntas correctas, no advertimos en realidad qué cosas necesitamos saber. Y no podemos llegar a identificar las preguntas correctas si no confrontamos con los demás nuestras ideas sobre el mundo. Hasta que no defendemos nuestras opiniones, éstas son impresiones a medio formar, presunciones sin examinar.
Sólo llegamos a conocer nuestra propia mente cuando intentamos explicarnos a los demás. Esta decadencia de la discusión pública contribuye a que la gente esté cada vez menos informada, aunque viva sumergida en información.
Esta es en realidad un cúmulo de datos no vividos: sólo cuando nos comprometemos en una discusión que absorbe por completo nuestra atención, salimos ávidos a buscar la información que nos convenza y que ayude a persuadir a los demás. Pero para debatir necesitamos usar una herramienta que cada día manejamos peor: el lenguaje.
Resulta alarmante comprobar que quedan ya pocas personas, jóvenes y no tanto, capaces de articular frases simples con comienzo, desarrollo y final.
Este retorno a estadios primitivos constituye una seria amenaza para el futuro de nuestra civilización. Es que a través de la palabra el hombre intenta comprender el mundo, provisto de la palabra se lanza a la aventura de pensarlo y con la palabra expresa la concepción que se forma sobre los otros y sobre las cosas.
El lenguaje es un fenómeno cultural, un producto social.
Cada vez con menor frecuencia y destreza utilizamos esta herramienta imprescindible de la comunicación. Casi no nos reunimos a hablar, a debatir. No sólo se desalienta la discusión, sino que se crean activamente las condiciones para que, al encontrarse, las personas no puedan hablarse. En nuestras reuniones -desde las discotecas a las bodas-, el ruido atronador ahoga hasta los más empecinados intentos de practicar el acto intrínsecamente humano de dialogar, de intercambiar palabras. Las conexiones que se establecen escuchando el pensamiento vivo en desarrollo son mucho más estrechas que las logradas a través de la mirada. Con el habla y el oído se participa, mirando se es un espectador.
El lenguaje es la huella del espíritu. El hombre habla hasta consigo mismo, almacena su memoria en lenguaje y cifra en palabras el proyecto de lo que quiere ser.
Por eso es tan grave nuestro fracaso en preservar ese atributo humano por excelencia. Lo advertimos ante la cantidad creciente de jóvenes incapaces de sostener una discusión y que balbucean monosílabos deshilvanados, espejo fiel de un pavoroso vacío interior.
Debemos darnos cuenta de que les estamos robando la capacidad de pensar el mundo y de pensarse, de ser en verdad humanos.

Artículo extraído de “La Nación Revista”

ARTISTAS, EN VEZ DE POLÍTICOS - Por Oski

"Si uno roba a un autor es un plagiario;
si roba a muchos es un erudito".
Belisario

Para mi manera espesial de ver las cosas yo creo que todos los gobiernos del mundo tendrían questar formados por artistas, ya sean pintores, escultores, teatrales, poetas, escritores. . . ¡Cualquier clase de artistaS, y no por esos séniores galerudos que sienpre están serios y almidonados y con las caras largas hasta las rodillas, por no mensionar otras anatomías! Y esto no lo digo por bocA de gansO, sino porque a través del tienpo y la distansia casi todos los países se hisieron famosos mas por los artistaS que por los políticos. Fíjese que dése hase siglos todo el mundo habla del famoso cuadro titulado "La jiocondA", que pintó leonardO. . . ¿Pero me quiere desir quién era ministro deconomía de italiA cuando leonardO pintó su cuadro? ¡Nadie lo sabe! Y lo que le digo del cuadro "la jiocondA" se lo digo del libro "El quijotE de la manchA". . . Si usté le pregunta a cualquiera quién fue el quescribió el quijotE, es una fija quel tipo le contesta a quemarropa: "El quijotE de la manchA lo escribió el servanteS! " ¿Pero se puede saber quién era ministro de agricultura cuando servantE escribió el quijotE, o quién era secretario de obraS públicaS o quién era el intendente munisipal de españA? ¿Y alguien sabe quién era ministro de bienestaR sosiaL de madriD cuando el poeta quevedO hiso sus famosos versitos? ¿Y quién era secretario de hasiendA de romA cuando el pintor migueL angeL pintó la capillA sestinA con techo y todo? Y si dejamos el tiempo viejo y nos asercamos a los contenporaneos de nosotros, el asunto es bastante paresido: ¿por si acaso alguien sabe quien era ministro de relasiones esteriores de larjentinA cuando gardeL cantaba en paríS y hasía capote con todo? ¡Nadie se acuerda, y grasias a gardeL muchos estranjeros conosieron larjentinA! Y sinenbargo a gardeL nunca le ofresieron una enbajada ni mucho menos. . Y la misma conparasión la hago con otras figuras populares, como ser el artista Roberto Casó, o el César Rati o el famoso nadador Tirabosqui ¿me quiere desir quién era ministro deducasión cuando Tirabosqui ganaba campeonatos de natasión como si fuera un pescado? ¿Y se puede saber quien era ministro de guerrA cuando Luis Ángel Firpo se largó por el mundO a repartir tronpadas argentinaS? ¡Vamos, por favor! ¡Si el boseador Firpo ganó más conbates que todos los generales juntos!
Ya sé que alguien que está mirando estas líneas me saldrá disiendo: "Los artistas y deportistas no pueden gobernar porque no saben nada de política". . . Está bien, pero en canbio, fíjese las calamidades que padésemos por culpa de los que disen que saben mucho!

El Loco (Anónimo)

Un loco que acababa de escaparse del manicomio se detuvo ante la verja de un jardín en el que un hombre trabajaba.
El recinto estaba bien cuidado; flores y ramaje le daban aspecto agradable y coquetón.
- Buenas tardes - exclamó el loco, dirigiéndose al hombre  que trabajaba.  Vaya un bonito jardín que tiene usted.
- No es feo.
- ¿Hace mucho tiempo que vive usted aquí? Cerca de diez años.
- ¿Se necesita mucho para tener un jardín así? Mucho; empleé aquí "todas mis horas de descanso". Cuando vine esto estaba lleno de basura y de inmundicias.
- Supongo que lo compraría por muy poco dinero. No es mía la casa.
 - ¿No? ¿Por qué, pues, trabaja usted tanto?
- ¿Por qué?... Naturalmente, la casa es mía hasta cierto punto; mientras pague el alquiler.
- ¡Ah! Entonces ni la casa ni el jardín son de usted.
- No; pertenecen al señor Bagley, el banquero. Vive en la esquina; en la casa de los grandes jardines.
- ¡Ah! Sí; la conozco. Pero empleará una barbaridad de tiempo el señor Bagley en cultivar sus jardines.
- ¿Cultivar él sus jardines? Ni por pienso. Para eso paga tres o cuatro jardineros.
- Entonces, siendo este jardín propiedad suya, le pagará él por su trabajo.
- No lo crea; yo le pago por vivir aquí.
- Pero le cobrará menos que a los inquilinos que descuidan el jardín.
- ¡Ja, ja, ja! Está usted de broma. Lo que sucede es que me hace pagar más la casa a causa de las "mejoras que ha experimentado la propiedad".
- ¿Pero la casa y el jardín serán algún día de usted?
- Ni pensarlo. Todo lo más que puedo hacer es seguir pagando el alquiler...
El loco abrió la reja, y dirigiéndose de puntillas y con gran cautela hacia donde estaba el hombre, le preguntó intrigado:
- Dime, ¿cómo te las arreglaste para escapar del manicomio?

EL POETA - Por Juan Parrotti (Extraído de la desaparecida revista “Hortensia”)

          Un niño -en un conocido aforismo de Fernández Moreno- ve un charco y piensa que está frente a un gran caudal de rocío acumulado. Ese niño, que ve lo que quiere ver, es también un poeta. Ser un poco raro y un mucho triste.
Siempre existió y tal vez, siempre fue igual. En las épocas primitivas, sin dudas que no escribía lo que pensaba, mejor dicho, lo que soñaba. Pero sin embargo, ya los había.
Cómo imaginar que aquel individuo -solitario y miserable- que había sido desterrado de su tribu (por negligente o por rebelde), obligado a vagar por los bosques eternamente, no sintió vibrar su alma, cuando un hombre o una mujer le tendieron una mano amiga o amorosa.
Cómo imaginar que ese pobre diablo no tuvo ganas de cantar su felicidad, de alabar esa suerte de bendiciones, que después, muchos milenios después, sus descendientes denominarían amistad o amor.
Cómo imaginar que ese hombre no salió un día de la cueva, gritando de alegría porque su hijito había sanado. Cómo dejar de imaginarlo, desconcertado e impotente, al no encontrar las palabras adecuadas para expresar su singular estado de ánimo.
“Yo sé lo que me pasa, se debe haber dicho a sí mismo. Sólo que no lo puedo expresar”. Después se debe haber tirado a dormir, a reponerse de las largas y angustiadas noches en vela.
A la mañana siguiente, cuando salió en busca de alimentos, para su mujer y su hijito, todo debe haberle parecido más bello que antes. Como Conrado Nalé Roxlo miles de años después, se debe haber preguntado si ese cielo azul era en realidad, de porcelana o si en su nueva condición de grillo veía todo a lo grillo esa mañana.
Si hasta es posible imaginar que motorizado por esa inmensa felicidad olvidó agravios y penurias y hasta intentó arrimarse a su antiguo clan, con la intención de reintegrarse a su familia, definitivamente. También es posible que lo hayan reintegrado y que su hermano, que tanto lo admiraba, haya cantado la verdadera historia del hermano que regresaba, esta vez para siempre.
Es que su hermano, reconcentrado y dado a pensar en cosas importantes, estaba construido con la madera de los poetas. Por eso le resultaba tan fácil cantar todas las dificultades y acechanzas sufridas por su hermano. También sus alegrías, como la de aquella mañana, en que se sanó el hijito. Todos habrán admirado al hermano menor.
Después, hasta es posible que lo hayan dejado sin comer o que lo hayan metido preso, como siempre se ha hecho con los poetas.