Cuando cae la noche de la pampa
sobre las crines de los pajonales
y tejen las vigüelas la vidala,
el silencio es tu barba, José Hernández.
Cuando crece a lo lejos la tormenta
y se estremece el trébol con el aire,
galopa el trueno su malón redondo
y la luz es tu verbo, José Hernández.
No hay rumbo del silencio que no cubra
tu Martín Fierro, entre nuestro gauchaje;
donde se desenfunda una guitarra
la fecundan tus versos, José Hernández.
No hay ranchito en que no arda tu poesía
cuando se yapa el vino con la sangre
y hay que aventar la pena respirando
tu corazón de pueblo, José Hernández.
Y en la boca de cada peón de campo,
con gusto a corazón insobornable,
el grito vivirá con tus palabras
porque eres Martín Fierro, José Hernández.
Porque siempre templaste el instrumento
para expresar el alma del gauchaje
y ponerle palabras al silencio de tu pueblo,
en él vives José Hernández.
Y cuando la violencia o la injusticia
metan sus sanguijuelas insaciables,
alzará con tu voz el horizonte
un malón de guitarras populares,
y será cada criollo un Martín Fierro
y nuestra rebeldía, José Hernández.
¡Bienvenidos! Este blog de literatura está abierto a todo tipo de lectores. Quienes lo hacemos no tenemos otra motivación que el de compartir la lectura de las obras de escritores de todos los tiempos, así como también las de aquellos que se inician y también merecen difusión.
sábado, 28 de junio de 2014
OJITOS DE PENA - Por Max Jara
Ojitos de pena,
carita de luna,
lloraba la niña
sin causa ninguna.
La madre cantaba,
meciendo la cuna:
-"No llore sin pena,
carita de luna".
Ojitos de pena,
carita de luna,
la niña lloraba
amor sin fortuna.
-"¡Qué llanto de niña,
sin causa ninguna!"
-pensaba la madre,
como ante la cuna:
-"¡Qué sabe de pena,
carita de luna!"
Ojitos de pena,
carita de luna,
ya es madre la niña
que amó sin fortuna;
y al hijo consuela
meciendo la cuna:
"No llore, mi niño,
sin causa ninguna;
¿no ve que me apena,
carita de luna?"
Ojitos de pena,
carita de luna,
abuela es la niña
que lloró en la cuna.
Muriéndose, llora
su muerte importuna.
-"¿Por qué llora, abuela,
sin cansa ninguna?"
Llorando las propias,
¿quién vio las ajenas?
Mas todas son penas,
carita de luna.
carita de luna,
lloraba la niña
sin causa ninguna.
La madre cantaba,
meciendo la cuna:
-"No llore sin pena,
carita de luna".
Ojitos de pena,
carita de luna,
la niña lloraba
amor sin fortuna.
-"¡Qué llanto de niña,
sin causa ninguna!"
-pensaba la madre,
como ante la cuna:
-"¡Qué sabe de pena,
carita de luna!"
Ojitos de pena,
carita de luna,
ya es madre la niña
que amó sin fortuna;
y al hijo consuela
meciendo la cuna:
"No llore, mi niño,
sin causa ninguna;
¿no ve que me apena,
carita de luna?"
Ojitos de pena,
carita de luna,
abuela es la niña
que lloró en la cuna.
Muriéndose, llora
su muerte importuna.
-"¿Por qué llora, abuela,
sin cansa ninguna?"
Llorando las propias,
¿quién vio las ajenas?
Mas todas son penas,
carita de luna.
ELLA - Por Enrique Heine
Se amaban con amor profundo y tierno:
eran ambos ladrones, gente impía;
él forjaba ganzúas, y ella, en tanto,
tendida sobre el lecho, se reía.
Pasaba el día alegre y por las noches
en sus brazos gozaba. Mas un día
se lo llevaron preso, y ella, ella,
asomada al postigo, se reía.
"¡Oh, ven conmino, ven, no me abandones!",
él en su desventura le decía;
"vivir sin ti no puedo", mas la ingrata
meneaba la cabeza y se reía.
A las ocho lo ahorcaron; a las nueve
bajaba al fondo de la tumba fría;
a las diez..., a las diez, su idolatrada
apuraba champagne y se reía.
eran ambos ladrones, gente impía;
él forjaba ganzúas, y ella, en tanto,
tendida sobre el lecho, se reía.
Pasaba el día alegre y por las noches
en sus brazos gozaba. Mas un día
se lo llevaron preso, y ella, ella,
asomada al postigo, se reía.
"¡Oh, ven conmino, ven, no me abandones!",
él en su desventura le decía;
"vivir sin ti no puedo", mas la ingrata
meneaba la cabeza y se reía.
A las ocho lo ahorcaron; a las nueve
bajaba al fondo de la tumba fría;
a las diez..., a las diez, su idolatrada
apuraba champagne y se reía.
Temor del sábado - Por Jaime Dávalos
El patrón tiene miedo que se machen
con vino los mineros.
El sabe que les entra como un chorro
de gritos en el cuerpo.
Que enroscado en las cuevas de la sangre
les hallará el silencio,
el oscuro silencio de la piedra
que come sombra socavón adentro.
Que volverá, morado,
con bagualas del fondo de los huesos
su voz, golpeando dura como un puño
en el tambor del pecho.
Con pupilas abiertas como tajos
le pedirán aumento,
mientras quiebren, girando entre las manos,
el ala del sombrero,
y los ojos, de polvo y pena tristes,
les caigan como manchas sobre el suelo.
Hay que esconder el vino entre cerrojos,
el vino pendenciero.
Hay que esconder el vino como un crimen,
el vino pedigüeño.
Que ni una gota más caiga en la boca
desierta del minero,
donde el grito se tapa con la coca,
y con alcohol la sed de amor y besos.
Hay que esconder la primavera en sangre
del vino que descubre los secretos.
El patrón ha mandado que lo guarden
y se ha vuelto vinagre en el encierro,
de noche tiene vómitos y duendes
de luna que se bañan en su cuerpo.
Los ojos del patrón lo custodiaban
por arriba del sueño,
los ojos del patrón tienen dos ángeles
desvelados de miedo.
con vino los mineros.
El sabe que les entra como un chorro
de gritos en el cuerpo.
Que enroscado en las cuevas de la sangre
les hallará el silencio,
el oscuro silencio de la piedra
que come sombra socavón adentro.
Que volverá, morado,
con bagualas del fondo de los huesos
su voz, golpeando dura como un puño
en el tambor del pecho.
Con pupilas abiertas como tajos
le pedirán aumento,
mientras quiebren, girando entre las manos,
el ala del sombrero,
y los ojos, de polvo y pena tristes,
les caigan como manchas sobre el suelo.
Hay que esconder el vino entre cerrojos,
el vino pendenciero.
Hay que esconder el vino como un crimen,
el vino pedigüeño.
Que ni una gota más caiga en la boca
desierta del minero,
donde el grito se tapa con la coca,
y con alcohol la sed de amor y besos.
Hay que esconder la primavera en sangre
del vino que descubre los secretos.
El patrón ha mandado que lo guarden
y se ha vuelto vinagre en el encierro,
de noche tiene vómitos y duendes
de luna que se bañan en su cuerpo.
Los ojos del patrón lo custodiaban
por arriba del sueño,
los ojos del patrón tienen dos ángeles
desvelados de miedo.
SELECCIÓN DE POESÍAS DE JORGE BOCCANERA PUBLICADAS EN LOS LIBROS “SORDOMUDA” Y “MÚSICA DE FAGOT Y PIERNAS DE VICTORIA”,EDICIONES DEL DOCK
Arte poética
He tratado de dibujar un niño en la corteza de
los árboles,
y de ocultar las ramas entre las páginas de un
sueño.
Y he mezclado los cielos a la sombra de un hijo,
a la sombra de un árbol,
a la sombra de un libro.
He tratado de barajar los pocos cielos míos.
De plantar una lengua en la tierra del sueño y
escribir con la mano del deseo, ese libro
que mañana hablará como un hijo.
Sin dejar de girar con un vino en el aire.
Por el hijo de oro, por el libro de espadas, por el
árbol de sangre.
Aleluya
Creíste en ese aviso de ayer en el periódico
"mujer joven desea conocer a hombre
emprendedor,
trabajador y culto, con deseos de formar un
hogar" y te largaste al mundo,
¡aleluya!
Tu corazón de luz creció bajo la lluvia con la
inmensa alegría del que encontró el amor.
El primer tramo claro que fue duro,
kilómetros de amarga carretera en tu
destartalada motocicleta, bajo el sol
amarillo pero siempre
¡aleluya!
Después en un caballo bordeaste la montaña
y hubo un alud de pájaros, una que otra caída,
por fin el sacrificio de tu cabalgadura,
todo por el amor, es decir
¡aleluya!
Lo que siguió fue más emocionante,
un general apareció de pronto
arriba de un trineo tirado por bufones feroces
y revisó tus libros,
habló de aquellos jóvenes que dejaron los ojos
y las manos prendidas al alambre de púa,
y se llevó los mapas y aún sin rumbo
¡aleluya!
Entonces hubo alguien, un perro vagabundo
que te llevó a destino, después murió de hambre,
de frío, de tristeza,
y otra vez la esperanza pasto para los cuervos,
entonces
¡aleluya!
Finalmente arribaste
a pesar de los problemas fronterizos, la ropa
hecha girones, la lengua hinchada por la sed,
los simulacros de fusilamiento, y gritaste cien veces
¡aleluya!
Aunque nunca encontraste la dirección aquella,
y no hay un trago de cerveza,
un cigarrillo, un cuarto en un hotel de mala muerte
¡aleluya!
Y lo que es peor, no tienes siquiera una coartada para el caso
de la mujer que anoche apareció bañada en
sangre en la avenida principal.
Y nunca nadie nunca va a ayudarte para que
puedas
regresar a tu casa deshabitada para siempre.
Dos estampillas de colores en un sobre blanco
Si encontrase un follaje como tu pelo al viento,
dos pechos vagabundos así como tus pechos,
un silencio de tigres del color de tus ojos,
una calle de pueblo como tu corazón,
no estaría escribiendo esta carta, urgente, así,
urgente, ahora.
Sylvia Plath lava una taza, seca una taza, rompe una taza
Qué cabeza la mía,
dejé una frase suelta y una rosa en el horno.
Cotidianos trajines, calores, taquicardia,
y un almohadón de plumas
con un lápiz labial justo en el centro.
Qué cabeza la mía.
Yo buscaba algún parque y encontré en un mal sueño
una torta partida por un rayo.
La sala está revuelta. El miedo de un venado no cabe en este horno,
por eso huele así toda la casa.
Pero a quién se le ocurre
dibujar una piedra y tropezar dos veces,
llenar un cenicero con los puntos y comas
de alguna carta antigua.
¿Hubo un Adán violento? ¿Hubo un amor-halcón
"de una vez para siempre"?
Qué cabeza la mía, guardar los zapatones en un charco
y aceptar ese baile sabiendo que me espera
una puerta cerrada tras la puerta.
El peluquero
Asentaba navajas en un listón de cuero,
porque era su trabajo arrancarle a los rostros sus
animales muertos.
Hacía barba y bigote para el espejo atestado de
gente,
Su navaja pulía aquella superficie,
rasuraba los rostros del espejo y haciendo su
trabajo
¿afeitaba al espejo?
Era más chico que un tarro de gomina Brancato
mi abuelo,
pero una cabeza más alto que la muerte.
Invitaba al cliente sacudiendo una toalla
y el cliente ocupaba aquel sillón Dossetti de
madera
y entraba en el espejo.
El estilista hablaba solamente con su tijera
y cuando ella por fin tenía la lengua afuera,
él decía, «servido».
Mi abuelo maquillaba al espejo con estrellas de
talco y usaba un pulcro saco blanco.
La muerte que también es prolija le envidiaba
su colección de peines.
Un día la muerte, que hojeaba una revista
deportiva, dijo: «me toca a mí».
Y ocupó aquel sillón, despatarrada y con un
remolino en la cabeza.
«Tiene un pelo difícil», dijo sin voz mi abuelo.
Después, la muerte asentó su navaja y haciendo
su trabajo, ¿rasuraba al espejo?
El peluquero se marchó bajo un cielo cualquiera
con estrellas de talco.
El espejo se pasó la mano por la cara afeitada,
suave, como un recién nacido.
Historieta
La niña abre el baúl y una mano le echa tierra
en los ojos.
Ella dice: qué hermoso paisaje Ahora mezcla
pinturas, revuelve los vestidos de tías adornadas
con juegos
de palabras. Se amorata, se luce
angelical, gira mangosta,
novia de esparadrapo,
se mira en los espejos que trabajan sin que nadie
los mire.
En este último cuadro la niña se pinta y se
despinta, aparece y se borra.
Yo cierro el libro de cuentos infantiles pensando
que mi lengua es esa niña Sordomuda,
probándose vestidos a la hora en que los demás
duermen.
Casi otra balada
Vuelvo tarde a la casa
y no te traigo flores,
solamente estas manos después de la rutina
astillas de mis ojos
y una voz oxidada por gritos y tabaco.
Vuelvo tarde a la casa
y no te traigo flores
solamente este aliento y una mala memoria
que ha olvidado los nombres de las calles
la edad de tu cintura
pagar el alquiler.
Vuelvo tarde a la casa
y no te traigo flores
sólo un gato nocturno con pasos de borracho
lo que queda de un hombre
que hasta tu cuerpo llega por un poco de amor
por una cucharada de silencio.
sábado, 21 de junio de 2014
Luis Domingo Berho: de los nuestros, de los mejores - por Jorge A. Dágata
Al pie de la sierra La Barrosa hay unos versos que arrullan el descanso de uno de nuestros más destacados poetas de la segunda mitad del siglo pasado: Luis Domingo Berho.
Dice el homenaje:
En las sureñas regiones
escribió su canto eterno,
con la chacra por cuaderno
y los surcos por renglones.
En la décima de José Curbelo se condensa el significado de la obra de este hombre, nacido muchas veces allá donde lo decidió su voluntad de andador. El lugar que él mismo eligió para su descanso final fue al pie de esta sierra balcarceña, donde todos los 26 de setiembre sus amigos se han dado cita para recordarlo.
Nacido a una legua de Lobería el 4 de agosto de 1925, fue el último de una docena de hijos del matrimonio de María Rochford (de ascendencia irlandesa) y Juan Berho (de ascendencia vasca). Se asomó al mundo por primera vez sobre el arroyo de Los Huesos. Poco después, al fallecer su padre, la familia se trasladó al paraje Cerro La Guitarra, en la vecindad de San Manuel, donde vivió hasta la adolescencia.
Tendría unos 16 años cuando decidió hacer un atado con sus pocas cosas y largarse a la huella. En Monte, después en Mar del Plata, a un regimiento en Bariloche para cumplir sus obligaciones ciudadanas, y otra vez a la ciudad atlántica, donde en el vínculo con poetas y músicos fue dando a conocer sus primeras obras. “Cortando campo” (1954) y “14 Sonetos y medio” (en los 70) son sus pequeños aportes, con formato más que de libro, de folletín, que da a la valoración del medio gauchesco y folclórico marplatense. Lo integran entre otros Roberto Cambaré, Víctor Abel Giménez y Andrés Gromaz. En 1968, Víctor Velázquez graba para el sello Odeón un disco en el que le interpreta el tema “Las dos aves”.
Pero no había disco ni libro que alcanzaran a contenerlo. Las décimas de “El Maceta” eran memorizadas por los paisanos, que ignoraban que tenían un autor, y andaba cerca. Don Domingo sabía decir que eran sus versos más queridos. Prendían, porque Berho era un escritor “de primera mano”, que cantaba a lo que vivía y veía, en el lenguaje auténtico del protagonista. Dice la leyenda que una vez pasó por Faro, un pueblo que nació a la vera de la vía, cercano a Monte Hermoso. De esa visión, posiblemente muy fugaz, nacieron las décimas de “Estación de vía muerta”, que con la música de Francisco Chamorro inmortalizó la vida pasada del lugar y su gente.
Su poesía es andariega, como él, con un tono elegíaco por lo que el tiempo deja atrás. Un mundo de pequeñas cosas que revelan un universo de sueños y afanes, y dejan entrever en sus huecos los rostros y las huellas del trabajo humano, el más sencillo y primordial, el que las grandes historias pocas veces destacan. Le canta a la arpillera: “¿Qué fue lo que no se puso/en una bolsa cualquiera?”, convirtiéndola en símbolo de lo que su propia poesía es, en su capacidad de contener lo que sin darnos cuenta se hace parte de nuestras vidas. Retrata la cocina de chacra: “…lugar donde fuera el teatro/de la reunión campesina…/Aquí se afiló el cuchillo/por acá pasó el amargo/aquí estaba el banco largo/bien lavao con el cepillo…/Aquí se sintió calor/la noche más invernal”. Un sulki viejo lo aleja con rumbo al pasado, “tirado atrás del galpón”. El molino roto, la guitarra perdida, atrapan con un gesto sencillo y elocuente a la vez, la riqueza más valorada por el poeta, la que se oculta en esas pobres cosas cotidianas.
Ya en la década del 70 su nombre comienza a sonar fuerte en fogones y escenarios, cuando sus versos se hacen voz en los cantores: Argentino Luna grabó “Tambo” y “La primer visita”, Alberto Merlo hizo lo propio con “La chata de Lobería”, “Estación de vía muerta” y otros.
Berho fue el primero en advertir: “Mire que yo no soy un poeta gauchesco…”. Era el poeta de la chacra, gaucho pero de su tiempo, sin tropas, reseros, piales o palenques, porque a eso ya habían cantado los trovadores de antaño. La suya era la visión de un campo que había cambiado, que era entonces chacra, con sus labores típicas, sus herramientas y personajes. No hay libro, película ni documento que registre con mayor veracidad el ambiente particular del sur bonaerense de esa época. Como afirma el periodista Rubén Benítez, de “La Nueva Provincia” de Bahía Blanca, “…inventó una literatura marginal, que no era gauchesca ni clásica”.
Fue autodidacta, gran lector de todo tipo de obras literarias, clásicas y contemporáneas. Logró con su esfuerzo y su talento una formación amplia y heterogénea, para volcarla luego en sus creaciones. Un corrector obsesivo de su propia obra, que buscaba sin descanso el mejor sonido y el contenido más claro y preciso. Merecen integrar las mejores antologías “Peón de fierro”, “Malacate”, “Mis trebejos”, “Tranquera de alambre” o “Historia de un relincho”, entre muchas otras, además de las ya nombradas.
Pedro Patzer ha señalado con acierto: “La poesía de Luis Domingo Berho no sólo nos permite recuperar un antiguo paisaje espiritual del campo, y el retrato fiel de sus hombres, sino que la genialidad de su obra consiste en la mirada filosófica con que consigue pintar el mundo familiar. Donde decenas de gauchos sólo veían una mera tranquera, don Berho contemplaba la gran metáfora del transcurrir de la vida: Por vos los enamorados/con esperanza pasaron,/por vos en el sulki entraron/los novios recién casados./A mercachifles cargados/les diste entrada y salida/y en la última partida/con un perro de cortejo/por vos salió el vasco viejo/cuando se jue de la vida”.
Tras su deceso, el 26 de setiembre de 1992, en una clínica de San Justo, la familia radicada en Balcarce, con su sobrina Dora Berho de Faberi a la cabeza, cumplió su último deseo de que sus restos descansaran al pie de La Barrosa. Y además, el de publicar un libro que compendiara gran parte de su obra. “De mi galpón” fue editado en 1999, en La Plata. En las 150 páginas de este libro se han compilado más de 80 composiciones, de acuerdo con un trabajo de selección que el poeta se encontraba realizando al momento de ser internado.
La Asociación Argentina de Escritores Tradicionalistas posee una vitrina en exhibición permanente con los últimos objetos que dejó al morir, en su habitación de la casa de Nelfi Trimarchi, una de sus “familias adoptivas”, que los donó con la aprobación de sus sobrinas.
Tuvo en vida numerosos reconocimientos. Pero el mayor de todos es la memoria de sus versos, que siguen dando aliento a un pasado del que somos deudores y del que Luis Domingo Berho fue el gran trovador. De los nuestros, de los mejores.
Dice el homenaje:
En las sureñas regiones
escribió su canto eterno,
con la chacra por cuaderno
y los surcos por renglones.
En la décima de José Curbelo se condensa el significado de la obra de este hombre, nacido muchas veces allá donde lo decidió su voluntad de andador. El lugar que él mismo eligió para su descanso final fue al pie de esta sierra balcarceña, donde todos los 26 de setiembre sus amigos se han dado cita para recordarlo.
Nacido a una legua de Lobería el 4 de agosto de 1925, fue el último de una docena de hijos del matrimonio de María Rochford (de ascendencia irlandesa) y Juan Berho (de ascendencia vasca). Se asomó al mundo por primera vez sobre el arroyo de Los Huesos. Poco después, al fallecer su padre, la familia se trasladó al paraje Cerro La Guitarra, en la vecindad de San Manuel, donde vivió hasta la adolescencia.
Tendría unos 16 años cuando decidió hacer un atado con sus pocas cosas y largarse a la huella. En Monte, después en Mar del Plata, a un regimiento en Bariloche para cumplir sus obligaciones ciudadanas, y otra vez a la ciudad atlántica, donde en el vínculo con poetas y músicos fue dando a conocer sus primeras obras. “Cortando campo” (1954) y “14 Sonetos y medio” (en los 70) son sus pequeños aportes, con formato más que de libro, de folletín, que da a la valoración del medio gauchesco y folclórico marplatense. Lo integran entre otros Roberto Cambaré, Víctor Abel Giménez y Andrés Gromaz. En 1968, Víctor Velázquez graba para el sello Odeón un disco en el que le interpreta el tema “Las dos aves”.
Pero no había disco ni libro que alcanzaran a contenerlo. Las décimas de “El Maceta” eran memorizadas por los paisanos, que ignoraban que tenían un autor, y andaba cerca. Don Domingo sabía decir que eran sus versos más queridos. Prendían, porque Berho era un escritor “de primera mano”, que cantaba a lo que vivía y veía, en el lenguaje auténtico del protagonista. Dice la leyenda que una vez pasó por Faro, un pueblo que nació a la vera de la vía, cercano a Monte Hermoso. De esa visión, posiblemente muy fugaz, nacieron las décimas de “Estación de vía muerta”, que con la música de Francisco Chamorro inmortalizó la vida pasada del lugar y su gente.
Su poesía es andariega, como él, con un tono elegíaco por lo que el tiempo deja atrás. Un mundo de pequeñas cosas que revelan un universo de sueños y afanes, y dejan entrever en sus huecos los rostros y las huellas del trabajo humano, el más sencillo y primordial, el que las grandes historias pocas veces destacan. Le canta a la arpillera: “¿Qué fue lo que no se puso/en una bolsa cualquiera?”, convirtiéndola en símbolo de lo que su propia poesía es, en su capacidad de contener lo que sin darnos cuenta se hace parte de nuestras vidas. Retrata la cocina de chacra: “…lugar donde fuera el teatro/de la reunión campesina…/Aquí se afiló el cuchillo/por acá pasó el amargo/aquí estaba el banco largo/bien lavao con el cepillo…/Aquí se sintió calor/la noche más invernal”. Un sulki viejo lo aleja con rumbo al pasado, “tirado atrás del galpón”. El molino roto, la guitarra perdida, atrapan con un gesto sencillo y elocuente a la vez, la riqueza más valorada por el poeta, la que se oculta en esas pobres cosas cotidianas.
Ya en la década del 70 su nombre comienza a sonar fuerte en fogones y escenarios, cuando sus versos se hacen voz en los cantores: Argentino Luna grabó “Tambo” y “La primer visita”, Alberto Merlo hizo lo propio con “La chata de Lobería”, “Estación de vía muerta” y otros.
Berho fue el primero en advertir: “Mire que yo no soy un poeta gauchesco…”. Era el poeta de la chacra, gaucho pero de su tiempo, sin tropas, reseros, piales o palenques, porque a eso ya habían cantado los trovadores de antaño. La suya era la visión de un campo que había cambiado, que era entonces chacra, con sus labores típicas, sus herramientas y personajes. No hay libro, película ni documento que registre con mayor veracidad el ambiente particular del sur bonaerense de esa época. Como afirma el periodista Rubén Benítez, de “La Nueva Provincia” de Bahía Blanca, “…inventó una literatura marginal, que no era gauchesca ni clásica”.
Fue autodidacta, gran lector de todo tipo de obras literarias, clásicas y contemporáneas. Logró con su esfuerzo y su talento una formación amplia y heterogénea, para volcarla luego en sus creaciones. Un corrector obsesivo de su propia obra, que buscaba sin descanso el mejor sonido y el contenido más claro y preciso. Merecen integrar las mejores antologías “Peón de fierro”, “Malacate”, “Mis trebejos”, “Tranquera de alambre” o “Historia de un relincho”, entre muchas otras, además de las ya nombradas.
Pedro Patzer ha señalado con acierto: “La poesía de Luis Domingo Berho no sólo nos permite recuperar un antiguo paisaje espiritual del campo, y el retrato fiel de sus hombres, sino que la genialidad de su obra consiste en la mirada filosófica con que consigue pintar el mundo familiar. Donde decenas de gauchos sólo veían una mera tranquera, don Berho contemplaba la gran metáfora del transcurrir de la vida: Por vos los enamorados/con esperanza pasaron,/por vos en el sulki entraron/los novios recién casados./A mercachifles cargados/les diste entrada y salida/y en la última partida/con un perro de cortejo/por vos salió el vasco viejo/cuando se jue de la vida”.
Tras su deceso, el 26 de setiembre de 1992, en una clínica de San Justo, la familia radicada en Balcarce, con su sobrina Dora Berho de Faberi a la cabeza, cumplió su último deseo de que sus restos descansaran al pie de La Barrosa. Y además, el de publicar un libro que compendiara gran parte de su obra. “De mi galpón” fue editado en 1999, en La Plata. En las 150 páginas de este libro se han compilado más de 80 composiciones, de acuerdo con un trabajo de selección que el poeta se encontraba realizando al momento de ser internado.
La Asociación Argentina de Escritores Tradicionalistas posee una vitrina en exhibición permanente con los últimos objetos que dejó al morir, en su habitación de la casa de Nelfi Trimarchi, una de sus “familias adoptivas”, que los donó con la aprobación de sus sobrinas.
Tuvo en vida numerosos reconocimientos. Pero el mayor de todos es la memoria de sus versos, que siguen dando aliento a un pasado del que somos deudores y del que Luis Domingo Berho fue el gran trovador. De los nuestros, de los mejores.
Tres autores balcarceños presentarán sus obras en nuestra Feria del Libro
A partir del jueves, y hasta el domingo, se desarrollarán en Balcarce las actividades de una nueva edición de la Feria del Libro, que como en los últimos años tendrán por ámbito las instalaciones del supermercado Carrefour. La presencia de los escritores locales, igual que en las anteriores, se dará en un stand destinado a ellos, en el cual se podrán apreciar y adquirir sus producciones, y establecer un contacto directo del público con nuestros creadores. Héctor Fuentes, Ezequiel Feito y Jorge Dágata, además, presentarán sus nuevos libros en el auditorio que desde el año pasado lleva el nombre del caracterizado docente balcarceño Roberto Pardo.
La organización de estas jornadas está a cargo dela Subsecretaría de Cultura y Educación de la Municipalidad y convoca año a año a libreros e instituciones, autores y conferencistas, en un amplio espacio, en torno a ese gran protagonista de la cultura que es el libro. Será ésta la número trece, y dará continuidad a una iniciativa que originalmente se desarrolló en la sede de la subsecretaría, en la avenida Favaloro, actualmente en refacción.
ARCHIVO GENERAL
Héctor Fuentes, platense radicado en Balcarce desde el 2000, dará al público su primera obra de teatro, “Archivo general”. Según sus propias palabras, indaga el misterio inaudito de nacer y está estructurada en planos que se entrecruzan mientras avanza la acción.
Sus trabajos anteriores son “Viento del alma”, poemas (1996), “Viaje más allá del epílogo”, cuentos fantásticos (1998) y “Los dados de Dios”, novela (2012).
Fuentes también es el editor responsable de las revistas” La Brava” y “La Bravita” y ha volcado sus inquietudes musicales en la banda de rock “Los Eternautas”,con tres discos editados.
CUENTOS CON PERROS Y RIMAS PEQUEÑAS
Ezequiel Feito lleva más de quince años radicado en nuestra ciudad, donde a su actividad docente en escuelas medias ha incorporado un constante y esforzado trabajo en las entregas semanales de Rescatados del Fuego. Publicó dos libros de poesía: “La Hamadríade” y “El exilio de la rosa”, y uno de cuentos: ”El guapo que nunca fue”. En esta oportunidad presentará un libro con dos partes: “Cuentos con perros y Rimas pequeñas”.
Cuentos con Perros: no para ser leídos, sino contados. “Yo les pediría que los tomen, los refuercen, los rehagan… pero no los cuenten así como están”. Desde las páginas, a la voz que les dé la gracia del verdadero cuento, para devolvernos la condición humana que por momentos parece que hemos perdido. Una creación que no es para un estante de la biblioteca, sino para la calidez de una relación que sería bueno recuperar: contar, contarnos, reencontrarnos.
Rimas pequeñas: No tan pequeñas, si se atiende al contenido más que al tamaño.
Estas rimas son claras, como lo es la poesía auténtica. Iluminan un breve espacio musical hecho con palabras, de esa lengua de todos los días, la que habla el pueblo. Cada una suena, como uno de los títulos, a “Canción para no dormirse”.
Ezequiel nos ofrece, una vez más, una miniatura de construcción muy cuidada, donde el escritor-orfebre ciñe su arte en un espacio que se ampliará en quienes se animen a hojearlo y compartirlo.
LOS REDONDOS Y LAS LETRAS DEL INDIO SOLARI
Jorge Dágata es el autor que los balcarceños conocen desde hace décadas, desde sus primeras novelas (“Los viajeros misteriosos”, “Sucedió en el valle”) hasta los libros más recientes (“Relatos y leyendas”, “Proyecto Somnus”, “Esa noche tierra”). Colabora también en las entregas de Rescatados del Fuego.
Se hará presente esta vez con un trabajo de investigación: “Los Redondos y las letras del Indio Solari”, con la intención de indagar en ese fenómeno de la música popular generado por el grupo de rock y el cantante solista.
Este nuevo libro trata de tender un puente entre las expresiones clásicas de la cultura y las de inserción masiva, para acercarnos a una comprensión más fundada que las que aportan las noticias de los medios, en cada “misa ricotera”. No se trata de una biografía del Indio Solari ni un recuento pormenorizado del recorrido artístico de los Redondos, sino que está enfocada en el fenómeno, relacionándolo con los acontecimientos de la sociedad en las últimas décadas.
Contiene además criterios de interpretación para las letras y una charla con el cantante.
La organización de estas jornadas está a cargo dela Subsecretaría de Cultura y Educación de la Municipalidad y convoca año a año a libreros e instituciones, autores y conferencistas, en un amplio espacio, en torno a ese gran protagonista de la cultura que es el libro. Será ésta la número trece, y dará continuidad a una iniciativa que originalmente se desarrolló en la sede de la subsecretaría, en la avenida Favaloro, actualmente en refacción.
ARCHIVO GENERAL
Héctor Fuentes, platense radicado en Balcarce desde el 2000, dará al público su primera obra de teatro, “Archivo general”. Según sus propias palabras, indaga el misterio inaudito de nacer y está estructurada en planos que se entrecruzan mientras avanza la acción.
Sus trabajos anteriores son “Viento del alma”, poemas (1996), “Viaje más allá del epílogo”, cuentos fantásticos (1998) y “Los dados de Dios”, novela (2012).
Fuentes también es el editor responsable de las revistas” La Brava” y “La Bravita” y ha volcado sus inquietudes musicales en la banda de rock “Los Eternautas”,con tres discos editados.
CUENTOS CON PERROS Y RIMAS PEQUEÑAS
Ezequiel Feito lleva más de quince años radicado en nuestra ciudad, donde a su actividad docente en escuelas medias ha incorporado un constante y esforzado trabajo en las entregas semanales de Rescatados del Fuego. Publicó dos libros de poesía: “La Hamadríade” y “El exilio de la rosa”, y uno de cuentos: ”El guapo que nunca fue”. En esta oportunidad presentará un libro con dos partes: “Cuentos con perros y Rimas pequeñas”.
Cuentos con Perros: no para ser leídos, sino contados. “Yo les pediría que los tomen, los refuercen, los rehagan… pero no los cuenten así como están”. Desde las páginas, a la voz que les dé la gracia del verdadero cuento, para devolvernos la condición humana que por momentos parece que hemos perdido. Una creación que no es para un estante de la biblioteca, sino para la calidez de una relación que sería bueno recuperar: contar, contarnos, reencontrarnos.
Rimas pequeñas: No tan pequeñas, si se atiende al contenido más que al tamaño.
Estas rimas son claras, como lo es la poesía auténtica. Iluminan un breve espacio musical hecho con palabras, de esa lengua de todos los días, la que habla el pueblo. Cada una suena, como uno de los títulos, a “Canción para no dormirse”.
Ezequiel nos ofrece, una vez más, una miniatura de construcción muy cuidada, donde el escritor-orfebre ciñe su arte en un espacio que se ampliará en quienes se animen a hojearlo y compartirlo.
LOS REDONDOS Y LAS LETRAS DEL INDIO SOLARI
Jorge Dágata es el autor que los balcarceños conocen desde hace décadas, desde sus primeras novelas (“Los viajeros misteriosos”, “Sucedió en el valle”) hasta los libros más recientes (“Relatos y leyendas”, “Proyecto Somnus”, “Esa noche tierra”). Colabora también en las entregas de Rescatados del Fuego.
Se hará presente esta vez con un trabajo de investigación: “Los Redondos y las letras del Indio Solari”, con la intención de indagar en ese fenómeno de la música popular generado por el grupo de rock y el cantante solista.
Este nuevo libro trata de tender un puente entre las expresiones clásicas de la cultura y las de inserción masiva, para acercarnos a una comprensión más fundada que las que aportan las noticias de los medios, en cada “misa ricotera”. No se trata de una biografía del Indio Solari ni un recuento pormenorizado del recorrido artístico de los Redondos, sino que está enfocada en el fenómeno, relacionándolo con los acontecimientos de la sociedad en las últimas décadas.
Contiene además criterios de interpretación para las letras y una charla con el cantante.
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