sábado, 4 de abril de 2015

EL ALACRÁN DE FRAY GÓMEZ - Por RICARDO PALMA

I

         Éste era un lego contemporáneo de don Juan de la Pipirindica, el de la valiente pica, y de San Francisco Solano, el cual lego desempeñaba en Lima, en el convento de los padres seráficos, las funciones de refitolero en la enfermería u hospital de los devotos frailes. El pueblo lo llamaba fray Gómez, y fray Gómez lo llaman las crónicas conventuales, y la tradición lo conoce por fray Gómez. Creo que hasta en el expediente que para su beatificación y canonización existe en Roma, no se le da otro nombre.
Fray Gómez hizo en mi tierra milagros a mantas, sin darse cuenta de ellos y como quien no quiere la cosa. Era de suyo milagrero, como aquel que hablaba en prosa sin sospecharlo.
Sucedió que un día iba el lego por el puente, cuando un caballo desbocado arrojó sobre las losas al jinete. El infeliz quedó patitieso, con la cabeza hecha una criba y arrojando sangre por boca y narices. Antología del cuento extraño
  - ¡Se descalabró! ¡Se descalabró! -gritaba la gente- ¡Qué vayan a San Lorenzo por el santo óleo!
        Y todo era bullicio y alharaca. Fray Gómez acercóse pausadamente al que yacía en tierra, púsole sobre la boca el cordón de su hábito, echóle tres bendiciones, y sin más médico ni más botica el descalabrado se levantó tan fresco, como si el golpe no hubiera recibido.
        -¡Milagro, milagro! ¡Viva fray Gómez! - exclamaron los infinitos espectadores.
        Y en su entusiasmo intentaron llevar en triunfo al lego. Éste, para sustraerse a la popular ovación, echó a correr cansino de su convento y se encerró en su celda.
        La crónica franciscana cuenta esto último de manera distinta. Dice que fray Gómez, para escapar de sus aplaudidores, se elevó en los aires y voló desde el puente hasta la torre de su convento. Yo ni lo niego ni lo afirmo Puede que sí y puede que no. Tratándose de maravillas, no gasto tinta en defenderlas ni en refutarlas. Aquel día estaba fray Gómez en vena de hacer milagros, pues cuando salió de su celda se encaminó a la enfermería, donde encontró a San Francisco Solano acostado sobre una tarima, víctima de una furiosa jaqueca. Pulsólo el lego y le dijo:
       -Su paternidad está muy débil, y haría bien en tomar algún alimento.
      -Hermano -contestó el santo-, no tengo apetito.
      -Haga un esfuerzo, reverendo padre, y pase siquiera un bocado.
       Y tanto insistió el refitolero, que el enfermo, por librarse de exigencias que picaban ya en majadería, ideó pedirle lo que hasta para el virrey habría sido imposible conseguir, por no ser la estación propicia para satisfacer el antojo.
         -Pues mire, hermanito, sólo comería con gusto un par de pejerreyes.
Fray Gómez metió la mano dentro o de la manga un par de pejerreyes tan fresquitos que parecían acabados de salir del mar.
        - Aquí los tiene su paternidad, y que en salud se le conviertan. Voy a guisarlos.
Y ello es que con los benditos pejerreyes quedó San Francisco curado como por ensalmo.
        Me parece que estos dos milagritos de que incidentalmente me he ocupado no son paja picada. Dejo en mi tintero otros puchos de nuestro lego; porque no me he propuesto relatar su vida y milagros. Sin embargo, apuntaré, para satisfacer curiosidades exigentes, que sobre la puerta de la primera celda del pequeño claustro, que hasta hoy sirve de enfermería, hay un lienzo pintado al óleo representando estos dos milagros, con la siguiente inscripción:
       "El Venerable Fray Gómez. -Nació en Extremadura en 1560. Vistió el Hábito en Chuquisaca en 1580. Vino a Luna en 1587. -Enfermero fue cuarenta años, ejercitando todas las virtudes, dotado de favores y dones celestiales. Fué su vida un continuado milagro. Falleció el 2 de mayo de 1631, con fama de santidad. En el año siguiente se colocó el cadáver en la capilla de Aranzazú, y en 13 de octubre de 1810 se pasó debajo del altar mayor, a la bóveda donde son sepultados los padres del convento. Presenció la traslación de los restos el señor doctor Don Bartolomé María de las Heras. Se restauró este venerable retrato en 30 de noviembre de 1882, por M. Zamudio."

II

       Estaba una mañana fray Gómez en su celda entregado a la meditación, cuando dieron a la puerta unos discretos golpecitos, y una voz de quejumbroso timbre dijo:
        -Deo gratias... ¡Alabado sea el Señor!
       -Por siempre jamás, amén. Entre, hermanito - contestó fray Gómez
        Y penetró en la humildísima celda un individuo algo desarrapado, vera efigies del hombre a quien acongojan pobrezas, pero en cuyo rostro se dejaba adivinar la proverbial honradez del castellano viejo. Todo el mobiliario de la celda se componía de cuatro sillones de vaqueta, una mesa mugrienta, y una tarima sin colchón, sin sábanas ni abrigo, y con una piedra por cabezal o almohada.
        -Tome asiento, hermano, y dígame sin rodeos lo que por acá le atrae -dijo fray Gómez.
        -Es el caso, padre, que yo soy hombre de bien a carta cabal...
        -Se le conoce y que persevere deseo, que así merecerá en esta vida terrena la paz de conciencia, y en la otra la bienaventuranza.
        -Y es el caso que soy buhonero, que vivo cargado de familia y que mi comercio no cunde por falta de medios, que no por holgazanería y escasez de industria en mí.
        -Me alegro, hermano, que a quien honradamente trabaja, Dios le acude.
        -Pero es el caso; padre, que hasta ahora Dios se me hace el sordo, y en acorrerme tarda...
        -No desespere, hermano, no desespere.
        -Pues es el caso, que a muchas puertas he llegado en demanda de habilitación por quinientos duros, y todas las he encontrado con cerrojo y cerrojillo. Y es el caso que anoche, en mis cavilaciones, yo mismo me dije a sí mismo: "¡Ea!, Jeromo, buen ánimo y vete a pedirle el dinero a fray Gómez, que si él lo quiere, mendicante y pobre como es, medio encontrará para sacarte del apuro". Y es el caso que aquí estoy porque he venido, y a su paternidad le pido y ruego que me preste esa puchuela por seis meses, seguro que no será por mí por quien se diga:

En él mundo hay devotos 
de ciertos santos:
la gratitud les dura
lo que el milagro;
que un beneficio
da siempre vida a ingratos
desconocidos.

      -¿Cómo ha podido imaginarse, hijo, que en esta triste celda encontraría ese caudal?
      -Es el caso, padre, que no acertaría a responderle; pero tengo fe en que no me dejará ir desconsolado.
       -La fe lo salvará, hermano. Espere un momento.
Y paseando los ojos por las desnudas y blanqueadas paredes de la celda, vio un alacrán que caminaba tranquilamente sobre el marco de la ventana. Fray Gómez arrancó una página de un libro viejo, dirigióse a la ventana, cogió con delicadeza a la sabandija, la envolvió en el papel y tornándose hacia el castellano viejo le dijo:
       -Tome, buen hombre, y empeñe esta alhajita; no olvide, sí, devolvérmela dentro de seis meses.
        El buhonero se deshizo en frases de agradecimiento, se despidió de fray Gómez y más que de prisa se encaminó a la tienda de un usurero. La joya era espléndida, verdadera alhaja de reina morisca, por decir lo menos. Era un prendedor figurando un alacrán. El cuerpo lo formaba una magnífica esmeralda engarzada sobre oro, y la cabeza un grueso brillante con dos rubíes por ojos. El usurero, que era un hombre conocedor, vio la alhaja con codicia, y ofreció al necesitado adelantarle dos mil duros por ella; pero nuestro español se empeñó en no aceptar otro préstamo que el de quinientos duros por seis meses, y con un interés judaico se entiende.
        Extendiéronse y firmáronse los documentos o papeletas de estilo, acariciando el agiotista la esperanza de que a la postre el dueño de la prenda acudiría por más dinero que con el recargo de intereses lo convertiría en propietario de joya tan valiosa por mérito intrínseco y artístico. Y con este capitalito fuéle tan prósperamente en su comercio, que a la terminación del plazo pudo desempeñar la prenda, y, envuelta en el mismo papel que la recibiera, se la devolvió a fray Gómez. Éste tomó el alacrán, lo puso sobre el alféizar de la ventana, le echó una bendición y dijo:
        -Animalito de Dios, sigue tu camino.
       El alacrán echó a andar libremente por las paredes de la celda.

sábado, 28 de marzo de 2015

CRUZADAS- por Jorge A. Dágata

Hierve el agua con sal sobre la hornalla, dos pasos los separan, palos y escudos ante el mismo choque.
Un hueso se sumerge desnudo, un casco amarillo rueda a los pies del uniforme.
Papas limpias de sudor, botas sucias de patear, cubiertos afilados.
Ahora es tiempo de zapallo y de cebolla, la radio ha dicho que no, los choclos se han negado riendo a diente apretado desde los estantes, los gases han silbado lágrimas, dos pasos los acercan, la receta por todos conocida.
Hierve el agua y revuelve sobre la hornalla un caldo lento que promete, corridas y pañuelos, un poco de sangre sin cocinar, una propuesta a golpes, candados que no ceden, otro jornal que no fue.
Esa espuma que sube y se retira, se despliega el mantel, caen banderas, unas manos que cubren unos ojos, el vapor que no deja respirar.
Dos sillas.
Se sientan a comer y lo comen tan otra vez así, enfrentados

EN EL CAMINO DE BRIGHTON - Por Richard Middleton

Lentamente había trepado el sol por las colinas blancas y duras hasta alumbrar, sin el misterioso ritual del amanecer, un centelleante mundo de nieve. Una fuerte helada había caído por la noche, y los pájaros que saltaban ateridos de un lado a otro no dejaban huellas de su paso en los plateados caminos. En algunos lugares, las abrigadas cavernas de los setos mitigaban la monotonía de blancura que había descendido sobre la coloreada tierra, y allá arriba se fundían los torsos del cielo, del anaranjado al azul profundo, y del azul profundo a un celeste tan pálido que más que espacio ilimitado sugería una tenue pantalla de papel. Un viento frío y silencioso soplaba de los campos, arrancando a los árboles un fino polvillo de nieve, pero sin alcanzar a mover los pesados setos. Una vez superado el horizonte, el sol pareció ascender con mas rapidez, y a medida que se elevaba, su calor luchaba con la gelidez del viento.
Quizá haya sido esta extraña alternativa de calor y frío lo que arrancó al vagabundo de su sumo; lo cierto es que forcejeó un instante con la nieve que lo cubría, como un hombre que se revuelve incómodo entre las sábanas, y después se sentó con ojos abiertos e interrogantes.
-¡Cielos! Pensé que estaba en cama -dijo para sus adentros, observando el desnudo paisaje-, y en realidad no me he movido de aquí.
Se desperezó, y levantándose cuidadosamente se sacudió la nieve que le cubría el cuerpo. El viento lo hizo tiritar, y comprendió entonces que su lecho había sido tibio.
"Vamos, me siento bastante bien -pensó-. Supongo que es una suerte haber despertado. O una desgracia... no es demasiado agradable volver al mundo." Alzó la vista y vio las colinas que resplandecían contra lo azul como los Alpes de una tarjeta postal. "Esto significa, si no me equivoco - prosiguió lúgubremente- que aún debo marchar unas cuarenta millas. Sabe Dios lo que anduve a ver. Caminé hasta sentirme exhausto, y ahora no me habré alejado más de doce millas de Brighton. ¡Maldita sea la nieve, maldito Brighton, maldito todo el mundo!"
El sol subía cada vez más, y él echo a andar pacientemente a lo largo del camino, dando la espalda a las colinas.
"¿Me causa pena o alegría saber que fue sólo el sumo quien se apoderó de mí, pena o alegría, pena o alegría" Sus pensamientos parecían ordenarse en un acompañamiento métrico al ritmo constante de sus pasos, y no se esforzó por hallar una respuesta a su pregunta. Le bastaba con marchar a compás de ella. Había dejado atrás tres piedras miliares cuando alcanzó a un muchacho que se agachaba para encender un cigarrillo. Iba sin sobretodo y en aquel contorno de nieve parecía indeciblemente frágil.
-¿Va por este camino, señor? preguntó hoscamente el muchacho.
-Sí -respondió el vagabundo.
-Ah, entonces lo acompañaré un trecho, si no va usted demasiado rápido. Uno se siente solo a esta hora del día.
El caminante asintió y el muchacho comenzó a andar, cojeando, a su lado.
-Tengo dieciocho años -dijo, como al azar-. Seguramente usted me habrá creído más joven.
-Pensé que no tendrías más de quince.
-Se equivocaba. Cumplí los dieciocho años en agosto, hace seis que camino. Cinco veces huí de casa cuando era pequeño, y otras tantas me prendió la policía y me llevó de vuelta. La policía ha sido muy buena conmigo. Ahora no tengo casa de donde huir.
-Yo tampoco -dijo tranquilamente el vagabundo.
-Oh, ya sé lo que es usted -exclamó el muchacho, jadeante-. Un caballero venido a menos. Para usted es más difícil que para mí.
El vagabundo miró de soslayo la magra figura del joven que renqueaba a su lado, y aminoró el paso.
-No he caminado tanto como tú -admitió.
-No, se le adivina en el paso. Aún no se ha fatigado. ¿Quizá espera llegar a alguna parte?
El caminante reflexionó.
-No sé -dijo amargamente-. Uno siempre espera algo.
-Ya perderá la costumbre -comentó el muchacho-. En Londres hace más calor, pero es más difícil hallar de comer. En realidad, rara vez se encuentra algo.
-Pero siempre existe la posibilidad de encontrar a alguien que comprenda...
-La gente del campo es mejor -comentó el muchacho-. Anoche arrendé por nada un granero y dormí con las vacas, y esta mañana el granjero me sacó de allí, pero me dio té y tocino porque me vio pequeño. Por supuesto, ésa es una ventaja; pero en Londres, sopa de noche en el Embankment, y después policías que lo echan a uno de todas partes.
-Yo me caí anoche a la vera del camino y me quedé dormido. Es un milagro que no me haya muerto.
El muchacho le lanzó una mirada perspicaz.
-¿Cómo sabe que no se ha muerto? -dijo.
-No me parece- respondió el caminante después de una pausa.
-Pues yo le digo -exclamó el muchacho- que gente como nosotros no podemos escapar de esto aunque queramos. Siempre hambrientos, sedientos, cansados como perros, caminando. Y sin embargo, si alguien me ofrece trabajo y un hogar tranquilo, mi estómago se enferma. ¿Acaso parezco fuerte? Se que soy pequeño para mí edad, pero he ambulado seis años, ¿y cree usted que no estoy muerto? Me ahogué mientras me bañaba en Margate, y un gitano me mató con una lanza; me atravesó la cabeza, y dos veces me helé como usted anoche, y en este mismo camino me destrozó un automóvil; y sin embargo, aquí me ve, caminando, caminando en dirección a Londres, para irme de Londres caminando, porque no puedo evitarlo. ¡Muerto! Le digo que no podemos escapar aunque queramos.
El niño se interrumpió en un acceso de tos, y el caminante se detuvo a esperar que se recobrara.
- Será mejor que te preste mi abrigo, Tommy -dijo-: Tienes una tos muy fea.
-¡Váyase al diablo! -le gritó fieramente, chupando su cigarrillo-. Estoy perfectamente. Le estaba hablando del camino. Usted aún no lo sabe, pero lo descubrirá. Estamos todos muertos, todos los que vamos por el camino, y estamos todos cansados, pero no podemos dejarlo. En verano está el aire perfumado, el polvo y el heno y el viento le golpean a uno en la cara en los días calientes; y es hermoso despertarse en la hierba húmeda en una límpida mañana. No sé, no sé...
Súbitamente cayó hacia adelante, y el vagabundo lo tomó entre sus brazos.
-Estoy enfermo -susurró el muchacho-, estoy enfermo. . .
El vagabundo miró a un lado y a otro, pero no vio casas ni señales de vida. Sin embargo, cuando aún sostenía vacilante al muchacho en mitad del camino, un automóvil apareció de pronto a la distancia y se acercó suavemente sobre la nieve.
-¿Qué ocurre? -dijo quedadamente el conductor, deteniendo el automóvil-. Yo soy medico.
Miró atentamente al muchacho y oyó su pesada respiración.
-Pulmonía -comentó-. Lo llevaré al hospital, y a usted también, si quiere.
El vagabundo pensó en la casa de corrección y meneó la cabeza.
-Prefiero ir a pie -dijo.
El muchacho le hizo un guiño apenas perceptible mientras lo subían al automóvil.
-Nos encontraremos más allá de Reigate - murmuró-. Ya verá.
Y el automóvil se desvaneció por la blanca carretera.
Toda la mañana anduvo el peregrino chapoteando sobre la nieve fundida, pero al mediodía pidió un mendrugo en una choza y entró en un solitario granero para comerlo. Allí hacía calor, y después de comer se quedó dormido entre el heno. Estaba todo oscuro cuando despertó y echo a andar una vez más por los anegados caminos. Dos millas más allá de Reigate, una figura, una frágil figura, salió de la oscuridad a su encuentro.
-¿Va por este camino, señor? -dijo una voz ronca-. Entonces lo acompañaré un trecho, si no anda usted demasiado rápido. Uno se siente solo caminando a esta hora.
-¡Pero, la pulmonía...! -exclamó el vagabundo, aterrado.
-Morí en Crawley esta mañana -dijo el muchacho.

martes, 24 de marzo de 2015

VI CERTAMEN INTERNACIONAL DE SONETOS DOLORES 2015

SOCIEDAD ARGENTINA DE ESCRITORES SADE
Seccional DOLORES (Provincia Buenos Aires)
VI CERTAMEN INTERNACIONAL DE SONETOS DOLORES 2015

BASES

1)      Este certamen está organizado por la Seccional Dolores de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE), y está abierto para autores sin limitaciones de edad, ni de  nacionalidades, con obras escritas en castellano que no hayan obtenido premio o mención en otro concurso. No podrán participar los miembros directivos de SADE Dolores.

2)      El tema será MIS AFECTOS,  tomándose como ejemplo: Familiares, amigos, objetos o mascotas.
         Se podrá participar con uno o dos sonetos, pero sólo uno podrá ser   premiado.   
                
3)   La forma literaria será la de SONETO  , el que deberá ser con rima grave consonante y medida endecasílaba. El jurado tendrá en cuenta esos datos, la acentuación rítmica, ortografía, creatividad, cumplimiento del tema propuesto y uso de recursos literarios.

4)      Los trabajos deben presentarse en triplicado, escritos a máquina o computadora en hoja tipo A 4, de un lado del papel, firmados con seudónimo. En caso de participar con dos sonetos deberán estar en hojas diferentes y usar el mismo seudónimo.

5)      Las obras deben entregarse o remitirse a Concurso SADE Dolores. Calle Sarmiento Nº 87, Cód. 7100 DOLORES (Prov. Buenos Aires) Argentina.

6)     Las obras se presentarán en un sobre que contenga en su interior otro más pequeño cerrado, en cuyo frente estará el seudónimo, incluyéndose en el interior de éste todos los datos del autor: nombre, dirección, teléfono, correo electrónico si tuviera, seudónimo y título de la obra.
Puede optarse por envío a través del correo electrónico a sadeseccionaldolores@yahoo.com.ar  poniéndose en asunto Certamen Sonetos. En un archivo irá el o los poemas con seudónimo y en otro, los datos personales (Autor, título de la obra, dirección postal, teléfono y mail)

7)      El plazo de admisión expirará el 20 de junio de 2015. El resultado será dado a conocer a los galardonados en un plazo no mayor de 40 días del cierre. Más informes: sadeseccionaldolores@yahoo.com.ar

8)      Premios: Se otorgarán tres premios y,  en caso que el jurado considere, se agregarán dos y habrá menciones.
La entrega se hará en Dolores en lugar y fecha a confirmar a los galardonados con suficiente anticipación.

9)      En este certamen no se cobra arancel para participar.


sábado, 21 de marzo de 2015

Anécdotas talmúdicas y de Rabinos famosos (Selección) - Por Rabino Dr. Simón Moguilevsky

EL PRINCIPAL ENFOQUE

Cuando falleció Rabí Moshé de Kobrin, se les preguntó a sus discípulos:
“¿Cuál era el enfoque principal de su maestro?” Ellos respondieron:“Cualquier hecho de bondad en el que estaba ocupado, era su enfoque principal, con todo su ser”.


VISITA A LOS ANCIANOS

Rabí Israel de Gur acostumbraba a visitar asiduamente a los ancianos; inclusive a aquellos que no eran muy ilustrados u observantes. Cuando le preguntaron el motivo dijo:
-Casi han perdido el cuerpo y sus deseos físicos hace mucho que desaparecieron. Lo único que les queda es el alma.


DUDAS AL REZAR

Rabí Mij el de Zlotchov relataba que cuando estaba por empezar a
orar, lo embargaba un terrible sentido de vergüenza; ¿cómo podría acercarse al Eterno, cuando su vida estaba llena de pecados? Unos segundos después, pensaba que era el instinto malo que le estaba hablando para disuadirlo de rezar ¿Cómo se daba cuenta de que era él? Porque nunca le pasaba lo mismo cuando estaba por comer.


TRES AMIGOS

     Un hombre tenía tres amigos. Uno lo quería mucho y pasaba mucho tiempo con él; con el segundo no intimaba mucho, pero mantenían una relación cercana y el tercero era solamente un conocido.
     Un día fue llamado para presentarse ante el rey para ser juzgado por hechos abominables. Aterrado, le pidió a su mejor amigo que lo acompañara y para su sorpresa, éste se negó.
     Temiendo presentarse solo ante el rey, le pidió a su segundo amigo que lo acompañara. Éste le dijo que lo acompañaría hasta el palacio, pero sin entrar. Entonces se dirigió a su conocido y para su sorpresa, el mismo le dijo:
     -Entiendo tu aprieto y estoy listo para acompañarte y ayudarte. No te preocupes, vayamos juntos y cuando lleguemos allí, voy a defender tu caso.
     Los tres amigos son iguales a los tres amigos que tiene el hombre en la vida: su dinero, su familia y sus buenas acciones. El dinero constituye muchas veces una prioridad en su vida y parece ser su constante preocupación, es su mejor amigo. Y cuando va a tener que presentarse al Juicio Final, las riquezas no lo van a ayudar. Su familia, infortunadamente, es colocada muchas veces en segundo lugar en sus inquietudes. Sin embargo, lo aman y quisieran ayudarlo de cualquier manera. Pero lo pueden acompañar únicamente hasta el cementerio. Solo el tercer amigo o sea su caridad y buenas acciones, con las cuales mantiene una relación distante lo acompañarán al Gran Juicio y van a testificar en su beneficio.


COMODIDAD

     Un famoso y rico abogado realizó una visita a su compañero de infancia, Rabí Eljanan Waserman y quedó consternado por la pobreza en que vivía, diciéndole:
     -Eljanan, tu eres más inteligente que yo; si te hubieras recibido de abogado, serías hoy un hombre muy rico.
     Rabí Eljanan no reaccionó ante ese comentario. Pasaron varias horas juntos y luego el Rabino lo acompañó a la estación para tomar el tren. Allí esperaban dos trenes, uno moderno y confortable que iba para el este y otro antiguo y casi destartalado. El abogado se acercó para tomar el antiguo y el Rabino le preguntó:
     -¿Por qué viajas en ese tren tan incómodo? toma mejor el más nuevo.
     El amigo lo miró con curiosidad y le dijo:
     -Pero yo voy en otra dirección.
     Rabí Eljanan ignoró la respuesta.
     -Sin embargo -dijo- ¿no es más confortable viajar en un tren moderno y con asientos afelpados?
El abogado, ya nervioso le espetó:
     -Eljanan, lo que dices no tiene sentido! ¿De qué me sirve un tren cómodo si no me lleva adonde tengo que ir?
     Rabí Eljanan le respondió tranquilamente:
     -Escúchate a ti mismo. Tienes razón. Cuando quieres llegar a algún destino, el nivel de comodidad no interesa. Lo principal es llegar donde tienes que estar ¿Recuerdas que hoy me preguntaste por qué no me recibí de abogado? Por supuesto que esa carrera sería más
lucrativa, pero no es mi meta en la vida ¿Para que me sirve la comodidad, si no llego donde tengo que estar?

Darás vuelta la página Por Ezequiel Feito

Cuando el viento agite la invisible hoja
donde has escrito y tachado tanto
errores y aciertos,
alguna palabra solitaria
dirá que ha llegado la hora de volver la página
y enterrar los muertos.

Se plegará dócilmente como sanándote el alma,
y habrá otro blanco río y un nuevo cielo.

Volverás la página y comprenderás la vida
como en un destello:
La hoja que has vuelto nunca será blanca,
nunca será pura.

Y seguirás escribiendo
por los ríos y valles que invisibles trazaste
mientras pasó el tiempo.
La darás vuelta y nacerá gastada,
pues no existe el hombre que escriba
sobre un papel nuevo.

Ruleta de la suerte Por Héctor Fuentes

Los caminos verdaderos
están hechos de serpientes:
si caminas decidido no te tocan,
si dudas te muerden.

En el fondo de las cosas
se agazapa lo imposible,          
vuelo de pájaros amarillos
silencio resplandeciente.

Cada instante
es la ruleta
donde gira
y cae la suerte.
La tropilla de la vida
se abre paso como puede.

Si bebes de esta copa
conocerás la fugacidad
de un beso inmortal.

La poesía está despierta
en los labios
que se muerden.

En la piel de los amantes
juegan siempre
los gorriones.