Podemos haber acabado nosotros con el pasado, pero el pasado no ha acabado con nosotros. Ideas de la Edad de Piedra existen junto al último pensamiento científico...
Hombres aparentemente sanos confían su fortuna a astrólogos y su salud a brujos doctores...
Aviones gigantescos zumban a través de la estratosfera, pero la mitad de sus pasajeros llevan amuletos mágicos y están protegidos del mal por sortilegios "vuduistas"...
Los hoteles se envanecen de poseer ascensores expresos y un teléfono en cada cuarto, pero omiten el trece en los números de pisos y cuartos, por temor a que sus huéspedes se sientan intranquilos...
Los descubrimientos del telescopio, el espectroscopio y el interferómetro, son noticias corrientes, pero el periódico que las publica probablemente cuenta entre su personal con un astrólogo, y antes omitiría los grandes titulares que el horóscopo...
En nada se manifiesta más frecuentemente la clarividencia de los perros que en su habilidad para leer el carácter, en particular para advertir la escondida villanía. Una dueña de casa de Chicago escribió, con triunfante indignación, a la oficina de recuperación de materiales de la Oficina de Producción Bélica, para decir que el gruñido de su perro le había advertido que su recolector era deshonesto. Ella había pasado por alto la advertencia de la fiel criatura, sin embargo, para encontrarse, después que el recolector se alejó, con que le había defraudado cuatro centavos en el cambio. La Oficina de Producción Bélica prometió cubrir la diferencia.
Los perros son capaces de descubrir hasta los cambios temporarios de carácter. Albert Payson Terhune nos dice que un perro predilecto suyo, "se incorpora tranquilamente después de mi segunda o tercera copa y abandona la habitación." La devota bestia, añade Terhune, ''parece notar y desaprobar un sutil cambio en mí".
Tan establecido, en realidad, se encuentra este místico poder analítico de los perros, que nunca se ha explicado por qué los bancos disipan dinero en costosos sistemas de alarma, cuando un perro apostado a la puerta podría dar cuenta en seguida de la presencia, no sólo de ladrones, sino de falsificadores, defraudadores, agentes de valores dudosos... e inspectores disimulados. Quizás los presidentes de banco no deseen que sus empleados sepan cuándo han bebido ellos una copa de más en el almuerzo.
Igualmente al pie de la letra se toma la afirmación de que los cerdos son asquerosos, glotones, aunque los perros tengan hábitos más desagradables, las gallinas sean más voraces y los caballos y vacas más insaciables. Puede arrojarse maíz en un campo en que se engorden cerdos, y los cerdos comerán de él lo que necesiten y cuando lo necesiten. Pero vacas y caballos morirán de indigestión si se les permite acceso a ilimitadas cantidades de ciertos alimentos.
El cerdo debe probablemente su mala reputación al ruido que hace mientras come, y al hecho de que, como su primo el hipopótamo, le gusta chapalear en el fango. Que en muchas granjas pueda encontrar solamente estiércol maloliente para revolcarse, no es culpa suya, y aparte de su afición a los baños de barro, que comparte con muchas mujeres pudientes, se conserva bastante limpio. Porque el absoluto descuido de aquello que los anuncios llamarían "higiene personal", es a menudo superado por la oveja que, irónicamente, se ha convertido en símbolo de pureza.
Los cuentos sobre monos se han deteriorado, evidentemente. Los errores corrientes más comunes concernientes a los primates, son los de que se quitan las pulgas entre sí y el de que el gorila es la más feroz de las criaturas.
Aunque los monos parezcan quitarse las pulgas entre sí, en realidad se dedican a "acicalarse", función mucho más curiosa que la simple limpieza. Si durante este extraño proceso de peinarse y rascarse recíprocamente, dan con un insecto, bien pueden matarlo y hasta comérselo; pero esto no ocurre a menudo. Es una idea humillante, pero es más probable que los monos del zoo adquieran pulgas de los visitantes, que los visitantes de los monos.
Corolario de la hormiga, y arrastrado tras ella desde Esopo hasta Disney, es la cigarra, cuya impresión sirve de amortiguador para la industria, el ahorro y la previsión de la hormiga. En realidad, sin embargo, la situación es inversa. En momento alguno la cigarra implora de la hormiga, dice Fabre; es la picara la que roba a la industriosa cigarra. En tiempo caluroso, la cigarra se afana agotadoramente con su pico en busca de savia, mientras las codiciosas hormigas se arrastran entre sus patas y roban los frutos de su labor. "La hormiga, concluye, es el pordiosero empedernido; el trabajador industrioso es la cigarra".
Una interesante nota de la zoología popular es suministrada por la historia de niños criados por animales, historia que ha sido repetida por todos los pueblos de todos los períodos. Y no carece de significado que este mito haya reaparecido en nuestro tiempo y se le haya concedido mayor crédito, bajo auspicio más digno aún que antes, en su larga historia.
Un adoptado más reciente fue Lukas, el niño-mandril de Sudáfrica, presentado en el American Journal of Psychology (Enero 1940), por el Dr. Foley, y en el American Weekly (18 de mayo de 1941), por el profesor R. M. Singg, de la Universidad de Denver, cuya generosa devoción hacia su protegido amenazó, por algún tiempo, con arrancar a Lord Lomboddo el honor de ser "el generoso amigo del mandril", diferencia de la niña-pez, Lukas podía hablar holandés, o por lo menos dialecto boer, y con los guturales acentos de ese áspero idioma suministró a los impacientes sabios un relato detallado de su simiesca existencia.
Lo que es más, si la atención parecía flaquear, mostraba la cicatriz donde un avestruz lo había golpeado, o se comía un cactus. Podía ingerir una tremenda cantidad de éstos - ochenta y nueve de una vez -, decían los excitados sabios, facultad que era considerada como absoluta corroboración de su relato. En 1937, su supremacía y su provecho en dinero fue disputado por Ndola, niño-mandril rival que fue desenmascarado, en el American Journal of Psychology, como un simple "caso de parálisis descuidada que provocó la postura cuadrúpeda", y entonces Lukas volvió a acaparar las publicaciones eruditas.
Pero no por mucho tiempo. Siete meses después del descrédito de Ndola, el propio Lukas cayó. Resultó que no había vivido con mandriles en realidad sino que cumplía condena en la cárcel de Burghersdorp en el momento en que se afirmó había sido descubierto entre sus simiescos cofrades.
Lo malo fue que su presunto descubridor era un policía, y por ello, sujeto a castigo por perjurio. Después del interrogatorio policial la historia resultó ser una invención. Toda la lamentable corte de profesores empezó a volver sobre sus pasos, y a acusarse unos a otros aunque no, por supuesto, sin académica dignidad.
En la excitación general consiguiente al descubrimiento de la impostura, el profesor Zingg no pudo informar a todos sus corresponsales, porque, casi un año después de su majestuosa retractación, la historia fue publicada de nuevo, bajo su autoridad, en el American Weekly. Y en 1944, aunque para entonces lo bastante bien establecido para no necesitar padrino, Lukas correteaba de nuevo por las páginas de esa publicación.
El verdadero Lukas, de paso, pero sólo él, ingresó en una institución para retardados.
Tanta importancia atribuíase antiguamente a los antojos de la mujer grávida, que en muchas partes de Inglaterra, antojo es sinónimo de embarazada. Creíase, como se ha dicho, que si estos deseos eran contrariados, el niño sería imperfecto.
En muchos sitios, como cuestión de política pública, a las mujeres embarazadas se les permitían ciertas libertades, a fin de que no cargasen a la sociedad con hijos deformes, tales como hurtar ciertos alimentos, y entre las nuevas leyes promulgadas por la Revolución Francesa (luego derogada por Napoleón), había una acordando especial consideración a las "mecheras" embarazadas.
Que algunos infantes han llorado en el vientre materno es una fantasía imponente, digna de Poe, pero a pesar de los muchos casos "auténticos", publicados en los periódicos, es una imposibilidad física, salvo cuando el niño está en camino de ser alumbrado.
Los fetos hipan, y se han observado hasta en el quinto mes, movimientos de pecho, similares a los que se emplean para respirar. Pero como los sonidos vocales son producidos por el pasaje de aire a través de la laringe, y como el niño está encerrado e inmerso en líquido amniótico, de ahí que no pueda conseguir aire y sus movimientos, cualquiera sea su significado, no puedan producir un grito.
¡Bienvenidos! Este blog de literatura está abierto a todo tipo de lectores. Quienes lo hacemos no tenemos otra motivación que el de compartir la lectura de las obras de escritores de todos los tiempos, así como también las de aquellos que se inician y también merecen difusión.
sábado, 3 de octubre de 2015
RETRATO DE UN VAGABUNDO ("El Loco Cejas") Por el Dr. Héctor Ulises Napolitano De su libro “Remembranzas Dolorenses
Retrato en este pasaje,
que con afecto le brindo,
a quien por ser loco lindo"
era todo un personaje.
Se lo apodó "El Loco Cejas”
Siendo, sin otro detalle,
un vagabundo en la calle
barbado y con ropas viejas.
Que haciendo gala y derroche
de un errático ambular,
en cualquier sitio o lugar
lo sorprendía la noche.
Y aunque parecía un lobo,
solo era un loco travieso
que a veces supo estar preso
por alguno que otro robo.
Que él mismo supo decir
que lo hacía por tener
en la cárcel, qué comer
y un techo para dormir.
Pues aunque era sospechoso,
y algunas veces culpable,
más bien era inimputable
y al mismo tiempo, gracioso.
Como cuando al verlo adusto
y serio en el pedestal,
en el Tiro Federal
robó de Richieri el busto.
O cuando se daba el gusto
de desafiar al misterio
durmiendo en el cementerio,
pegando a más de uno, un susto.
Y aunque estos líos y embrollos
lo supo poner en brete.
Dicen que fue un gran jinete
según comentan los criollos.
Pues tuvo también valores,
como sanos sentimientos.
Dejando, además de cuentos,
un buen recuerdo en Dolores.
que con afecto le brindo,
a quien por ser loco lindo"
era todo un personaje.
Se lo apodó "El Loco Cejas”
Siendo, sin otro detalle,
un vagabundo en la calle
barbado y con ropas viejas.
Que haciendo gala y derroche
de un errático ambular,
en cualquier sitio o lugar
lo sorprendía la noche.
Y aunque parecía un lobo,
solo era un loco travieso
que a veces supo estar preso
por alguno que otro robo.
Que él mismo supo decir
que lo hacía por tener
en la cárcel, qué comer
y un techo para dormir.
Pues aunque era sospechoso,
y algunas veces culpable,
más bien era inimputable
y al mismo tiempo, gracioso.
Como cuando al verlo adusto
y serio en el pedestal,
en el Tiro Federal
robó de Richieri el busto.
O cuando se daba el gusto
de desafiar al misterio
durmiendo en el cementerio,
pegando a más de uno, un susto.
Y aunque estos líos y embrollos
lo supo poner en brete.
Dicen que fue un gran jinete
según comentan los criollos.
Pues tuvo también valores,
como sanos sentimientos.
Dejando, además de cuentos,
un buen recuerdo en Dolores.
RETRATO DE UNA CURANDERA (Ana María Dominga Menzza, alias "Anita Dimare") Por el Dr. Héctor Ulises Napolitano De su libro “Remembranzas Dolorenses”
Cuando fui niño era usual
que mi madre concurriera
a una vieja curandera
para curarme algún mal.
Que ahuyentaba el mal agüero
con planta de ruda macho;
y en el caso del empacho
curaba, tirando el cuero
Usando, al tirarlo, talco,
y como ungüento habitual
acelga y untosinsal,
alcohol o vinagre blanco
.
Como el ajenjo o semilla
de zapallo, en los parásitos;
y entre otros remedios clásicos
la tinta en la culebrilla.
Sacando solo con rezos
las verrugas o el antojo,
como también el mal de ojo
que extraía con bostezos.
Siendo justo que repare,
entre otros, en destacar
que, aquí, la más popular
fue doña Anita Dimare.
Que con rezos curó males;
a más de ser naturista
que apeló a una larga lista
de remedios vegetales.
Teniendo una santería,
y un altar, como despacho,
que adornó con ruda macho
contra alguna brujería.
Llegando hasta octogenaria
esta inmigrante italiana
que de origen siciliana
fue en Dolores legendaria.
Junto a otros, que en este ramo,
en Dolores fueron grandes:
como Leopoldo Fernández
y el viejo Felipe Bravo.
NOTA: Además de los ya nombrados, fueron populares en esta actividad en Dolores: Julia Fernández de Beretta. Liberata Vidal, Sixto Gómez, Plácido Gómez, Petrona Pages, Arturo Rugiera, etc.. etc. Se exceptúa a la célebre "Madre Angelita", ya que no se trató de una curandera sino de una sanadora de la le, al igual que doña Joaquina Fontana, que supo tener un culto religioso en la calle Ramón Melgar entre las de Belgrano y A. del Valle.
que mi madre concurriera
a una vieja curandera
para curarme algún mal.
Que ahuyentaba el mal agüero
con planta de ruda macho;
y en el caso del empacho
curaba, tirando el cuero
Usando, al tirarlo, talco,
y como ungüento habitual
acelga y untosinsal,
alcohol o vinagre blanco
.
Como el ajenjo o semilla
de zapallo, en los parásitos;
y entre otros remedios clásicos
la tinta en la culebrilla.
Sacando solo con rezos
las verrugas o el antojo,
como también el mal de ojo
que extraía con bostezos.
Siendo justo que repare,
entre otros, en destacar
que, aquí, la más popular
fue doña Anita Dimare.
Que con rezos curó males;
a más de ser naturista
que apeló a una larga lista
de remedios vegetales.
Teniendo una santería,
y un altar, como despacho,
que adornó con ruda macho
contra alguna brujería.
Llegando hasta octogenaria
esta inmigrante italiana
que de origen siciliana
fue en Dolores legendaria.
Junto a otros, que en este ramo,
en Dolores fueron grandes:
como Leopoldo Fernández
y el viejo Felipe Bravo.
NOTA: Además de los ya nombrados, fueron populares en esta actividad en Dolores: Julia Fernández de Beretta. Liberata Vidal, Sixto Gómez, Plácido Gómez, Petrona Pages, Arturo Rugiera, etc.. etc. Se exceptúa a la célebre "Madre Angelita", ya que no se trató de una curandera sino de una sanadora de la le, al igual que doña Joaquina Fontana, que supo tener un culto religioso en la calle Ramón Melgar entre las de Belgrano y A. del Valle.
sábado, 26 de septiembre de 2015
Es peligroso educar para el trabajo y no para la vida - Por Beatriz Sarlo
La intención oficial de orientar la educación hacia el "mundo del trabajo", en desmedro de los contenidos humanísticos y la formación intelectual, refuerza las desigualdades sociales de origen
Una enseñanza modernizada técnicamente, que prepare para el trabajo y que, además, resulte interesante a los alumnos. No simplifico al resumir de este modo la ideología que transmite el discurso de las autoridades educativas cuando hablan directamente a la sociedad. La frase parece inocua. Revela un lugar común al que se recurre para encarar muchos años de deriva educativa en la Argentina. Sin duda, en el Ministerio de Educación hay técnicos que piensan fuera de este sentido común, pero la repetición de una banalidad indica que es necesario tomarla en serio.
Quisiera recordar algo que escribió Antonio Gramsci hace setenta años. Analizando la escuela italiana, llamaba la atención sobre los peligros de una enseñanza demasiado comprometida con la transmisión de habilidades especificas, dependientes de los requisitos planteados por el mundo del trabajo y no de conocimientos generales y humanísticos (el calificativo es de Gramsci).
Señalaba el peligro que la escuela reforzara las desigualdades sociales y culturales. Una escuela que, centralmente, se proponga preparar a los estudiantes para el mundo del trabajo tiende a especializarse en función de las categorías laborales del mercado. Produce futuros oficinistas, empleados del sector terciario u obreros, con la desventaja suplementaria de que nadie sabe muy bien cómo será el trabajo en la Argentina dentro de quince años.
De ese modo, los chicos de los sectores populares o medios bajos encontrarían en la escuela una anticipación de los canales por donde correrán sus vidas. La escuela en lugar de ofrecer la ocasión del cambio de alternativas, refuerza el destino social de origen. A esta escuela Gramsci le oponía otra educación, que él llamaba humanística, donde la igualdad de oportunidades culturales compensa las desigualdes sociales.
Saberes que envejecen pronto
Además, ¿qué quiere decir “preparar para el mundo del trabajo”? Cuando empezó el furor de la informática, crecieron como hongos los institutos privados donde, en nombre del futuro, se les enseñaba a los chicos lenguaje de programación. Eso no sucedió hace medio siglo, sino hace diez años. Hoy todo el mundo sabe que el software vuelve superflua cualquier competencia con lenguaje de programación. Así, las hipótesis que parecen navegar en la cresta de una ola modernizante pueden revelarse penosamente arcaicas poco tiempo después. Este arcaísmo no afecta del mismo modo a la educación que Gramsci llamaba humanística: la formación intelectual de ciudadanos no es más arcaica hoy que hace diez años, y como derecho, es más fuerte que el del acceso a la informática.
Gramsci también analizaba la consigna de que la escuela debe enseñar a aprender en nombre de que así evitaría la transmisión pasiva de conocimientos. Los alumnos aprenderían a pensar recibiendo contenidos mínimos de pensamiento.
La realización completa de este principio es indeseable. La escuela no debe proporcionar sólo una máquina formal, sino también la sustancia que esa máquina procesa. Afirmar que esa sustancia viene con los chicos que la extraen de la televisión, de la experiencia o de sus propios descubrimientos, implica sostener una especie de autoabastecimiento infantil que es, frente al mundo contemporáneo, del todo improbable. Y, por supuesto, refuerza las desigualdades socioculturales de origen.
Sin duda, ya hace tiempo que la pedagogía ha demostrado que los niños no son tablas rasas sobre las que se escribe una educación. Sin duda, los chicos saben muchas cosas. Pero ese saber de la vida, que es una inscripción fuerte, tiene un límite estrecho.
Toda la cultura que conocemos (desde las costumbres en la mesa o en el baño hasta los aviones y los conciertos) es una construcción realizada en contra de la espontaneidad. Frente a nuestros impulsos, la cultura es siempre un corte, un desvío o una supresión. La escuela es uno de los aparatos donde ese corte debe establecerse del modo menos autoritario.
El criterio de lo que "interesa a los chicos” es sólo un punto de partida, no un instrumento de chantaje que convierta a la transmisión cultural en un simulacro pálido y demagógico de la cultura adolescente.
Por otra parte, frente a la crisis de las instituciones, la escuela no permanece indemne. Considerada desde los años sesenta como un aparato de reproducción de las relaciones sociales, las tendencias más progresistas de la educación han llegado a una encrucijada donde, una vez criticado el autoritarismo de la escuela autoritaria, no se logró construir en su reemplazo un lugar autorizado pero no autoritario, donde las diferencias entre maestros y alumnos no originaran un disciplinamiento feroz, pero al mismo tiempo se mantuvieran como motor de la actividad docente.
En la escuela operan las resistencias y los conflictos de una cultura. Pasar por alto este dato evoca una consigna hippie patéticamente inadecuada para la vida, donde el reconocimiento de los límites es el impulso de la transformación y la ruptura.
Artículo extraído del diario “Clarín”, 27/5/1998
Una enseñanza modernizada técnicamente, que prepare para el trabajo y que, además, resulte interesante a los alumnos. No simplifico al resumir de este modo la ideología que transmite el discurso de las autoridades educativas cuando hablan directamente a la sociedad. La frase parece inocua. Revela un lugar común al que se recurre para encarar muchos años de deriva educativa en la Argentina. Sin duda, en el Ministerio de Educación hay técnicos que piensan fuera de este sentido común, pero la repetición de una banalidad indica que es necesario tomarla en serio.
Quisiera recordar algo que escribió Antonio Gramsci hace setenta años. Analizando la escuela italiana, llamaba la atención sobre los peligros de una enseñanza demasiado comprometida con la transmisión de habilidades especificas, dependientes de los requisitos planteados por el mundo del trabajo y no de conocimientos generales y humanísticos (el calificativo es de Gramsci).
Señalaba el peligro que la escuela reforzara las desigualdades sociales y culturales. Una escuela que, centralmente, se proponga preparar a los estudiantes para el mundo del trabajo tiende a especializarse en función de las categorías laborales del mercado. Produce futuros oficinistas, empleados del sector terciario u obreros, con la desventaja suplementaria de que nadie sabe muy bien cómo será el trabajo en la Argentina dentro de quince años.
De ese modo, los chicos de los sectores populares o medios bajos encontrarían en la escuela una anticipación de los canales por donde correrán sus vidas. La escuela en lugar de ofrecer la ocasión del cambio de alternativas, refuerza el destino social de origen. A esta escuela Gramsci le oponía otra educación, que él llamaba humanística, donde la igualdad de oportunidades culturales compensa las desigualdes sociales.
Saberes que envejecen pronto
Además, ¿qué quiere decir “preparar para el mundo del trabajo”? Cuando empezó el furor de la informática, crecieron como hongos los institutos privados donde, en nombre del futuro, se les enseñaba a los chicos lenguaje de programación. Eso no sucedió hace medio siglo, sino hace diez años. Hoy todo el mundo sabe que el software vuelve superflua cualquier competencia con lenguaje de programación. Así, las hipótesis que parecen navegar en la cresta de una ola modernizante pueden revelarse penosamente arcaicas poco tiempo después. Este arcaísmo no afecta del mismo modo a la educación que Gramsci llamaba humanística: la formación intelectual de ciudadanos no es más arcaica hoy que hace diez años, y como derecho, es más fuerte que el del acceso a la informática.
Gramsci también analizaba la consigna de que la escuela debe enseñar a aprender en nombre de que así evitaría la transmisión pasiva de conocimientos. Los alumnos aprenderían a pensar recibiendo contenidos mínimos de pensamiento.
La realización completa de este principio es indeseable. La escuela no debe proporcionar sólo una máquina formal, sino también la sustancia que esa máquina procesa. Afirmar que esa sustancia viene con los chicos que la extraen de la televisión, de la experiencia o de sus propios descubrimientos, implica sostener una especie de autoabastecimiento infantil que es, frente al mundo contemporáneo, del todo improbable. Y, por supuesto, refuerza las desigualdades socioculturales de origen.
Sin duda, ya hace tiempo que la pedagogía ha demostrado que los niños no son tablas rasas sobre las que se escribe una educación. Sin duda, los chicos saben muchas cosas. Pero ese saber de la vida, que es una inscripción fuerte, tiene un límite estrecho.
Toda la cultura que conocemos (desde las costumbres en la mesa o en el baño hasta los aviones y los conciertos) es una construcción realizada en contra de la espontaneidad. Frente a nuestros impulsos, la cultura es siempre un corte, un desvío o una supresión. La escuela es uno de los aparatos donde ese corte debe establecerse del modo menos autoritario.
El criterio de lo que "interesa a los chicos” es sólo un punto de partida, no un instrumento de chantaje que convierta a la transmisión cultural en un simulacro pálido y demagógico de la cultura adolescente.
Por otra parte, frente a la crisis de las instituciones, la escuela no permanece indemne. Considerada desde los años sesenta como un aparato de reproducción de las relaciones sociales, las tendencias más progresistas de la educación han llegado a una encrucijada donde, una vez criticado el autoritarismo de la escuela autoritaria, no se logró construir en su reemplazo un lugar autorizado pero no autoritario, donde las diferencias entre maestros y alumnos no originaran un disciplinamiento feroz, pero al mismo tiempo se mantuvieran como motor de la actividad docente.
En la escuela operan las resistencias y los conflictos de una cultura. Pasar por alto este dato evoca una consigna hippie patéticamente inadecuada para la vida, donde el reconocimiento de los límites es el impulso de la transformación y la ruptura.
Artículo extraído del diario “Clarín”, 27/5/1998
POESIAS DE LEOPOLDO MARECHAL (1900 - 1970)
IV. DEL ADMIRABLE PESCADOR
Perdido manantial, llanto sonoro
dilapidado ayer en la ribera
de la tribulación, ¡quién me dijera
que pesarías en balanza de oro!
Rumbo de hiel que todavía lloro,
crucero sin honor y sin bandera,
¡quién me diría que a la primavera
del cielo caminaba tu decoro!
Y cuando recelosa y desvelada,
puesta en su mismo llanto la mirada,
mi soledad entre dos noches iba,
¡quién le dijera, para su consuelo,
que abajo estaba el pez en el anzuelo
y el admirable Pescador arriba!
De “Sonetos a Sophía y otros poemas” 1940
XI. DEL CORAZÓN ABROQUELADO
¿Cómo sabrá el amor llevarte un día
por su ancha miel y su camino estrecho,
si, abroquelada soledad, tu pecho
le niega el aire y la caballería?
¿Y cómo depondrá su altanería
de antiguo cazador bajo tu techo,
si al ojo fiel y al dilatado acecho
respondes con el alma en rebeldía?
¡Destierra ya postigos y canceles!
Mira que nunca logra sus laureles
el corazón que tanto se recata.
Yo doy mis aguerridos sentimientos
a la codicia pura de los vientos,
y a navíos de amor olas de plata.
De “Sonetos a Sophía y otros poemas” 1940
CORTEJO
Vestida y adornada como para sus bodas
la Muerta va: dos niños
la conducen, llorando.
Y es en el mismo carro de llevar las espigas
maduras en diciembre.
El cuerpo va tendido sobre lanas brillantes,
ejes y ruedas cantan
su antigua servidumbre,
clavado en la pradera como una lanza de oro
fulgura el mediodía.
(Mi hermano va en un potro del color de la noche,
yo en una yegua blanca
sin herrar todavía).
La Muerta va en el carro de los trigos maduros:
su cara vuelta al sol
tiene un brillo de níquel.
Se adivina la forma del silencio en sus labios,
una forma de llave.
Ha cerrado los ojos a la calma visible
del día y a su juego
de números cantores;
y se aferran sus manos a la Cruz en un gesto
de invisible naufragio.
Y mientras el cortejo se adelanta entre flores
y linos que cecean
el idioma del viento,
la cabeza yacente, sacudida en el viaje,
traza el signo de ¡no!
Dos niños la conducen: en sus frentes nubladas
el enigma despunta.
¿Por qué la Muerta va con su traje de bodas?
¿Por qué en el mismo carro
de llevar las espigas?
(Mi hermano va en un potro del color de la noche,
yo en una yegua blanca
sin herrar todavía).
De “Poemas australes” 1937
X. DE LA PATRIA JOVEN
"Melancólica imagen de la patria" J. Chassaing
Graciosa bajo el humo que despiden sus hombres
quemados junto al Río
y predilecta ya, como las hijas,
en el ancho fervor de sus mujeres,
la Patria es un dolor que nuestros ojos
no aprenden a llorar.
Un pie arraigado en la niñez y el otro
ya tendido a los bailes de la tierra,
su corazón ofrece a las mañanas
que remontan el Río.
Y quisiera grabar en el día su sombra,
y decir las palabras
que castigan al tiempo
como a un noble caballo.
Pero vacila su talón ardido:
"¡No es hora!" canta el año junto al Río.
Yo no calcé su pie ni vestí su costado:
no la cubrí de plata festiva para el gozo,
ni la calcé de hierro
para la grave danza de la muerte.
No restañé la herida salobre de su párpado,
ni dije su alabanza
con la voz de las armas.
¡Yo soy un fuego más entre los hombres
quemados junto al Río!
La infancia de la Patria se prolonga
más allá de tus fuegos, hombre, y de mi ceniza.
La Patria es un dolor
que aún no tiene bautismo:
sobre tu carne pesa lo que un recién nacido.
De “Sonetos a Sophía y otros poemas” 1940
XII. DEL AMOR NAVEGANTE
Porque no está el Amado en el Amante,
ni el Amante reposa en el Amado,
tiende Amor su velamen castigado
y afronta el ceño de la mar tenante.
Llora el Amor en su navío errante
y a la tormenta libra su cuidado,
porque son dos: Amante desterrado
y Amado con perfil de navegante.
Si fuesen uno, Amor, no existiría
ni llanto, ni bajel, ni lejanía,
sino la beatitud de la azucena.
¡Oh, amor sin remo en la unidad gozosa!
¡Oh, círculo apretado de la rosa!
Con el número Dos nace la pena.
De “Sonetos a Sophía y otros poemas” 1940
19
Deja la soledad para el uso exclusivo
de los poetas devastados
y los filósofos en ruinas.
"¡Estoy solo y medito!", se gallardea el búho,
muy arropado en su lujosa noche.
Pero el cóndor sereno de los Andes,
erguido en su montaña y al sol de mediodía,
reflexiona en silencio: "La soledad no existe".
Y es verdad, Elbiamor, que ninguno está solo.
De “Heptamerón - Didáctica de la alegría” 1960
33
Un "suceder poético" es el canto,
dije oportunamente: se realiza en un tiempo
que todo buen poeta sabe "calificar"
El pintor que trabaja en un espacio
lo llena totalmente de cualidades plásticas:
de igual modo, el poeta debe colmar su tiempo
de poesía en acto,
sin dejar en el área temporal de su música
ningún vacío de la cualidad.
Calificar hermosamente un tiempo
sólo cuantitativo y en potencia:
no es otra la función de aquel monstruo laudable
que se llama El Poeta en este mundo.
De “Heptamerón - “Arte Poética” - 1960
Perdido manantial, llanto sonoro
dilapidado ayer en la ribera
de la tribulación, ¡quién me dijera
que pesarías en balanza de oro!
Rumbo de hiel que todavía lloro,
crucero sin honor y sin bandera,
¡quién me diría que a la primavera
del cielo caminaba tu decoro!
Y cuando recelosa y desvelada,
puesta en su mismo llanto la mirada,
mi soledad entre dos noches iba,
¡quién le dijera, para su consuelo,
que abajo estaba el pez en el anzuelo
y el admirable Pescador arriba!
De “Sonetos a Sophía y otros poemas” 1940
XI. DEL CORAZÓN ABROQUELADO
¿Cómo sabrá el amor llevarte un día
por su ancha miel y su camino estrecho,
si, abroquelada soledad, tu pecho
le niega el aire y la caballería?
¿Y cómo depondrá su altanería
de antiguo cazador bajo tu techo,
si al ojo fiel y al dilatado acecho
respondes con el alma en rebeldía?
¡Destierra ya postigos y canceles!
Mira que nunca logra sus laureles
el corazón que tanto se recata.
Yo doy mis aguerridos sentimientos
a la codicia pura de los vientos,
y a navíos de amor olas de plata.
De “Sonetos a Sophía y otros poemas” 1940
CORTEJO
Vestida y adornada como para sus bodas
la Muerta va: dos niños
la conducen, llorando.
Y es en el mismo carro de llevar las espigas
maduras en diciembre.
El cuerpo va tendido sobre lanas brillantes,
ejes y ruedas cantan
su antigua servidumbre,
clavado en la pradera como una lanza de oro
fulgura el mediodía.
(Mi hermano va en un potro del color de la noche,
yo en una yegua blanca
sin herrar todavía).
La Muerta va en el carro de los trigos maduros:
su cara vuelta al sol
tiene un brillo de níquel.
Se adivina la forma del silencio en sus labios,
una forma de llave.
Ha cerrado los ojos a la calma visible
del día y a su juego
de números cantores;
y se aferran sus manos a la Cruz en un gesto
de invisible naufragio.
Y mientras el cortejo se adelanta entre flores
y linos que cecean
el idioma del viento,
la cabeza yacente, sacudida en el viaje,
traza el signo de ¡no!
Dos niños la conducen: en sus frentes nubladas
el enigma despunta.
¿Por qué la Muerta va con su traje de bodas?
¿Por qué en el mismo carro
de llevar las espigas?
(Mi hermano va en un potro del color de la noche,
yo en una yegua blanca
sin herrar todavía).
De “Poemas australes” 1937
X. DE LA PATRIA JOVEN
"Melancólica imagen de la patria" J. Chassaing
Graciosa bajo el humo que despiden sus hombres
quemados junto al Río
y predilecta ya, como las hijas,
en el ancho fervor de sus mujeres,
la Patria es un dolor que nuestros ojos
no aprenden a llorar.
Un pie arraigado en la niñez y el otro
ya tendido a los bailes de la tierra,
su corazón ofrece a las mañanas
que remontan el Río.
Y quisiera grabar en el día su sombra,
y decir las palabras
que castigan al tiempo
como a un noble caballo.
Pero vacila su talón ardido:
"¡No es hora!" canta el año junto al Río.
Yo no calcé su pie ni vestí su costado:
no la cubrí de plata festiva para el gozo,
ni la calcé de hierro
para la grave danza de la muerte.
No restañé la herida salobre de su párpado,
ni dije su alabanza
con la voz de las armas.
¡Yo soy un fuego más entre los hombres
quemados junto al Río!
La infancia de la Patria se prolonga
más allá de tus fuegos, hombre, y de mi ceniza.
La Patria es un dolor
que aún no tiene bautismo:
sobre tu carne pesa lo que un recién nacido.
De “Sonetos a Sophía y otros poemas” 1940
XII. DEL AMOR NAVEGANTE
Porque no está el Amado en el Amante,
ni el Amante reposa en el Amado,
tiende Amor su velamen castigado
y afronta el ceño de la mar tenante.
Llora el Amor en su navío errante
y a la tormenta libra su cuidado,
porque son dos: Amante desterrado
y Amado con perfil de navegante.
Si fuesen uno, Amor, no existiría
ni llanto, ni bajel, ni lejanía,
sino la beatitud de la azucena.
¡Oh, amor sin remo en la unidad gozosa!
¡Oh, círculo apretado de la rosa!
Con el número Dos nace la pena.
De “Sonetos a Sophía y otros poemas” 1940
19
Deja la soledad para el uso exclusivo
de los poetas devastados
y los filósofos en ruinas.
"¡Estoy solo y medito!", se gallardea el búho,
muy arropado en su lujosa noche.
Pero el cóndor sereno de los Andes,
erguido en su montaña y al sol de mediodía,
reflexiona en silencio: "La soledad no existe".
Y es verdad, Elbiamor, que ninguno está solo.
De “Heptamerón - Didáctica de la alegría” 1960
33
Un "suceder poético" es el canto,
dije oportunamente: se realiza en un tiempo
que todo buen poeta sabe "calificar"
El pintor que trabaja en un espacio
lo llena totalmente de cualidades plásticas:
de igual modo, el poeta debe colmar su tiempo
de poesía en acto,
sin dejar en el área temporal de su música
ningún vacío de la cualidad.
Calificar hermosamente un tiempo
sólo cuantitativo y en potencia:
no es otra la función de aquel monstruo laudable
que se llama El Poeta en este mundo.
De “Heptamerón - “Arte Poética” - 1960
sábado, 19 de septiembre de 2015
Cerrando brechas - Por Guillermo Jaim Etcheverry
Se ha desatado un debate que convendría seguir más de cerca antes de considerar que la tecnología es la solución mágica para nuestros males sociales
Pero no hay que confundirse, porque como afirmó el directivo de una gran corporación informática, "no se trata sólo de filantropía. Las compañías necesitan preocuparse por identificar cuáles serán sus mercados dentro de 5 o 10 años". Por eso, en la reunión lo que se discutía, en realidad, eran alternativas para generar ganancias en el mundo digital, "identificar estímulos de mercado que permitan brindar los beneficios de la conectividad y la participación en la nueva economía a los seis mil millones de habitantes del planeta".
En estas disquisiciones estaban tan importantes ejecutivos cuando llegó el invitado a pronunciar la conferencia final. Inesperadamente dijo: "¿Se imaginan un pueblo africano en el que se recibe una computadora? Acercándose a ella, las madres le dirían: Mis hijos se mueren, ¿qué puede hacer? No piensen que se sentarán y comenzarán a explorar los sitios con las mejores ofertas. Lo que quieren es que sus hijos sobrevivan. ¿Es necesario instalar computadoras para entender eso? ¿Se dan cuenta lo que significa vivir con un dólar por día o menos? No hay electricidad, ni siquiera se puede pagar energía solar. Sólo se puede comprar comida, tratar de mantenerse vivo".
Aunque hubieran querido hacerlo, los organizadores del encuentro no recurrieron a la fuerza pública para callar al provocador. Después de todo, quien eso decía era el santo patrono del futuro conectado, el evangelista de la informática, el hombre más rico del mundo. Nada menos que William H. Gates, que prosiguió: "La industria de la computación propone enviar computadoras a todo el mundo, pensando que así se resolverán los problemas que lo afectan. Impresiona lo que hoy puede hacer la informática, pero eso debe ser analizado con la perspectiva de los valores humanos".
Poco tiempo atrás, un magnate de las comunicaciones señaló, en términos similares, que la mitad de los habitantes del mundo no tiene electricidad. "Olvídense de la brecha digital y pensemos en otras brechas mucho más importantes", dijo Ted Turner. Se refería a la salud, la educación, la alimentación, los derechos humanos.
¿Por qué esos personajes están tomando posiciones tan extremas" Bill Gates confiesa que su visión ingenua del mundo cambió cuando, hace seis años, resolvió dedicarse a la filantropía que, más allá de dar dinero, consiste en aprender para qué servirá y dónde puede ser más útil aplicada a la realidad. Advirtió que los seres humanos no son mercados potenciales, sino que hay prioridades por respetar. Sin dejar de creer en el potencial de las nuevas tecnologías, Gates advirtió que "los dos mil millones de pobres necesitan salud, no computadoras'' y reorientó su ayuda hacia la inmunización en África y el desarrollo de vacunas para enfermedades, hoy desatendidas, que afectan a mucha gente.
En el apasionante debate que se generó luego de su presentación, con un auditorio que no disimulaba su enojo, comentó que el 95 por ciento del gasto en investigación médica se dedica a problemas que afectan a los mil millones de habitantes más ricos del planeta. Impresiona saber que hay en el mundo 870 millones de analfabetos, que mil millones de personas viven con menos de un dólar diario y que más de la mitad de la humanidad nunca hizo ni recibió una llamada telefónica.
Lógicamente, estas opiniones, que encierran parte de verdad, han desatado un debate que convendría seguir más de cerca, antes de considerar que la tecnología es la solución mágica para nuestros propios males sociales.
Alguien le hizo notar a Gates que pensar en la tecnología como panacea resulta tan ridículo en África como en su propio país, Estados Unidos, donde existen diferencias igualmente agudas. Es más, en esa sociedad tecnológicamente avanzada, lejos de reducirse, la brecha entre ricos y pobres se profundiza. Como editorializó The New York Times: "El hombre que creó la fundación más rica del planeta (con un capital de 21 mil millones de dólares) parece haber aprendido más acerca del mundo real dispersando su fortuna que generándola".
Artículo publicado en la revista “La Nación”
DEMOCRACIA Y MODESTIA - Por Albert Camus
El parlamento reinicia sus sesiones. Van a recomenzar los arreglos; los regateos, las triquiñuelas. Los mismos problemas que nos abruman desde hace dos años van a ser llevados a los mismos callejones sin salida. Y cada vez que una voz libre intente decir, sin pretensiones, lo que piensa de ellos, un ejército de perros guardianes, de todo pelo y color, ladrará furiosamente para tapar su eco.
Nada de todo esto es divertido, por supuesto. Felizmente, cuando uno sólo mantiene esperanzas razonables, no se sienten desfallecer. Los franceses que vivieron plenamente los diez últimos años aprendieron al menos a no temer por ellos mismos, sino solamente por los demás. Ya han pasado lo peor. De ahora en más están tranquilos y firmes. Repitamos, pues, tranquila y firmemente, con esa inalterable ingenuidad que se tiene a bien reconocernos, los principios elementales que nos parecen los únicos apropiados para hacer aceptable la vida política.
No hay, tal vez, ningún régimen político bueno, pero la democracia es, con toda seguridad, el menos malo. La democracia no puede separarse de la noción de partido, pero la noción de partido puede muy existir sin la democracia. Esto ocurre cuando un partido o un grupo de hombres creen poseer la verdad absoluta. Es por ello que el Parlamento y los diputados necesitan hoy una cura de modestia.
El mundo de hoy hace evidente todas las razones de esta modestia.
¿Cómo olvidar que ni el parlamento ni ningún gobierno tienen los medios para resolver los problemas que nos acosan? La prueba está en que ninguno de esos problemas fue abordado por los diputados sin que se pusiera en evidencia la querella internacional.
¿Nos falta carbón? Es porque los ingleses nos niegan el del Ruhr y los rusos el del Sarre. ¿Falta pan? El señor Blum y el señor Thorez se echan en cara las toneladas y los quintales de trigo que nos hubiera debido proveer Moscú y Washington. Imposible mejor prueba de que el Parlamento y el gobierno no pueden por el momento desempeñar más que un papel puramente administrativo y que Francia, en fin, es un país dependiente.
Lo único que se puede hacer es reconocerlo, extraer de ellos las consecuencias que convienen y tratar, por ejemplo, de definir en común el orden internacional sin el cual ningún problema interno se arreglará jamás en ningún país. Dicho de otro modo, sería necesario que nos olvidáramos un poco de nosotros mismos. Esto daría a los diputados y a los partidos un poco de esa modestia que caracteriza a las buenas y verdaderas democracias.
Demócrata, en definitiva, es aquel que admite que el adversario puede tener razón, que le permite, por consiguiente, expresarse y acepta reflexionar sobre sus argumentos.
Cuando los partidos o los hombres están demasiados persuadidos de sus razones como para cerrar la boca de sus oponentes por la violencia, entonces la democracia no existe más.
Cualquiera que sea la ocasión para que se manifiesta la modestia, ésta es saludable para la repúblicas.
Hoy Francia no tiene ya los medios para ser poderosa. Dejemos a otros el cuidado de decir si esto es bueno o malo. Pero es una coyuntura. A la espera de recuperar ese poderío o de renunciar a él, le queda aún a nuestro país la posibilidad de ser un ejemplo.
Pero sólo podrá serlo a los ojos del mundo proclamando las verdades que puede descubrir en el interior de sus fronteras, es decir afirmando, por el ejercicio de su gobierno, que la democracia interna será aproximativa en tanto no se realice un orden democrático internacional y planteando en principio, finalmente, que ese orden, para ser democrático, debe renunciar a los desgarramientos de la violencia. Son éstas -ya se habrá comprendido- consideraciones voluntariamente inactuales.
Nada de todo esto es divertido, por supuesto. Felizmente, cuando uno sólo mantiene esperanzas razonables, no se sienten desfallecer. Los franceses que vivieron plenamente los diez últimos años aprendieron al menos a no temer por ellos mismos, sino solamente por los demás. Ya han pasado lo peor. De ahora en más están tranquilos y firmes. Repitamos, pues, tranquila y firmemente, con esa inalterable ingenuidad que se tiene a bien reconocernos, los principios elementales que nos parecen los únicos apropiados para hacer aceptable la vida política.
No hay, tal vez, ningún régimen político bueno, pero la democracia es, con toda seguridad, el menos malo. La democracia no puede separarse de la noción de partido, pero la noción de partido puede muy existir sin la democracia. Esto ocurre cuando un partido o un grupo de hombres creen poseer la verdad absoluta. Es por ello que el Parlamento y los diputados necesitan hoy una cura de modestia.
El mundo de hoy hace evidente todas las razones de esta modestia.
¿Cómo olvidar que ni el parlamento ni ningún gobierno tienen los medios para resolver los problemas que nos acosan? La prueba está en que ninguno de esos problemas fue abordado por los diputados sin que se pusiera en evidencia la querella internacional.
¿Nos falta carbón? Es porque los ingleses nos niegan el del Ruhr y los rusos el del Sarre. ¿Falta pan? El señor Blum y el señor Thorez se echan en cara las toneladas y los quintales de trigo que nos hubiera debido proveer Moscú y Washington. Imposible mejor prueba de que el Parlamento y el gobierno no pueden por el momento desempeñar más que un papel puramente administrativo y que Francia, en fin, es un país dependiente.
Lo único que se puede hacer es reconocerlo, extraer de ellos las consecuencias que convienen y tratar, por ejemplo, de definir en común el orden internacional sin el cual ningún problema interno se arreglará jamás en ningún país. Dicho de otro modo, sería necesario que nos olvidáramos un poco de nosotros mismos. Esto daría a los diputados y a los partidos un poco de esa modestia que caracteriza a las buenas y verdaderas democracias.
Demócrata, en definitiva, es aquel que admite que el adversario puede tener razón, que le permite, por consiguiente, expresarse y acepta reflexionar sobre sus argumentos.
Cuando los partidos o los hombres están demasiados persuadidos de sus razones como para cerrar la boca de sus oponentes por la violencia, entonces la democracia no existe más.
Cualquiera que sea la ocasión para que se manifiesta la modestia, ésta es saludable para la repúblicas.
Hoy Francia no tiene ya los medios para ser poderosa. Dejemos a otros el cuidado de decir si esto es bueno o malo. Pero es una coyuntura. A la espera de recuperar ese poderío o de renunciar a él, le queda aún a nuestro país la posibilidad de ser un ejemplo.
Pero sólo podrá serlo a los ojos del mundo proclamando las verdades que puede descubrir en el interior de sus fronteras, es decir afirmando, por el ejercicio de su gobierno, que la democracia interna será aproximativa en tanto no se realice un orden democrático internacional y planteando en principio, finalmente, que ese orden, para ser democrático, debe renunciar a los desgarramientos de la violencia. Son éstas -ya se habrá comprendido- consideraciones voluntariamente inactuales.
(Combat, febrero de 1947).
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