sábado, 16 de enero de 2016

Una triste historia. Por Luis Bunbury.

I

Y de la nada la vi llegar.
Por la angosta puerta del hospital psiquiátrico, supuse que venía a visitar a alguien, ya que ninguno de mis compañeros llegaron por voluntad propia, ni con tan buen aspecto.
Llegó directamente con Oscar, el recepcionista, a preguntar por un paciente, y esperó sentada allí, leyendo un extraño libro verde.
Poco después, Oscar regresó con sus pertenencias y le entregó un CD con una carátula de rosales, parecida a la que pinté poco antes de entrar aquí, y en letras grandes "Cabaret".
¡Ya recuerdo!, eran las pertenencias del paciente 204, murió hace una semana, y ella fue a recoger sus cosas.
Espero que la próxima vez no llegue tan tarde, ya que el 204 era yo.
Ahora la veo frecuentemente por aquí escuchando aquel melancólico Cabaret, mientras yo intento recordar su nombre y todos esos preciados momentos junto a ella.

II

Hoy la vi llegar desde muy temprano, quizás, fuera porqué se refugiaba de la lluvia de afuera.
Otra razón pudiera ser la fiesta en la otra calle, ese tipo de eventos no le agradaban.
Parecía que ella sabía que yo estaba ahí, y quería que me quedara con un recuerdo de ella, y en gran parte era música.
Ya que a través de ella nos podíamos comunicar.
Música en la que me podía decir lo que no pudo decir antes.
-Quisiera que vivieras y escucharas conmigo estas melodías.
No había oído nunca tanta tristeza en una persona.
Sólo espero que me sepa perdonar.

III

Hoy la he vuelto a ver.
No sé exactamente por qué sigo aquí si me puedo ir cuando quiera, tal vez, la razón aún sea recordar quien era ella.
La veía caminar por los pasillos por los que yo antes solía hacerlo.
Así, hasta que una lágrima salió y recorrió toda su cara.
-¿Porqué te has ido así tan de repente? No sabes lo que siento ahora.
Para entonces no sabía que yo podía llorar, y al parecer me escuchó y escribió una nota antes de quedarse dormida.
"Si pudieras regresar. ¿Lo harías por mí?"
Y aún dormida yo te escribí también.

"Por ti haría todo lo que tu me pidieras, pero aún no puedo, aunque de verdad lo quiera"

Concurso Literario de la EP Nª 13 “Llegó la hora de escribir un cuento” Mención: “Una personalidad me esconde” por Emilia Netcoff

   Realmente yo creía que ellas eran superiores a mí .Se trataba de unas chicas extrañas que no se si existían, eran muy particulares, bastante presumidas, a mi gustó eran  chicas muy bonitas, que se lucían demasiado. En la escuela se sentía una sensación de desprecio o exclusión. ¿Son mejores? Me pregunté. Empecé a lucir como vestían hablar como lo hacían y finalmente así, podría sentirme diferente, ESPECIAL…
    Las cosas parecían ir muy bien, empecé a comunicarme con otras personas ; desde aquel punto de vista sentía más atención,  más protagonismo .Además se sentía bastante bien, no sé si era lo que yo mas deseaba pero seguro podía estar mucho tiempo así.-¡Guau! era algo grande aquello que me ocurría -.
   Una noche de esos largos e intensos días, me puse a pensar en mi cuarto, cómo era mi vida anteriormente, si me dolía haber dejado parte de mi vida y si deseaba recuperarla.
  Al día siguiente en la escuela, me sentí algo incómoda, porque una de las chicas con las que comencé a reunirme, hablaba de temas y personas que yo ni por casualidad conocía. Me fui a in banco sola e hice mi tarea. La maestra se preocupó y en el recreo se sentó a mi lado y me preguntó -¿Estás bien?-                -Sí- le respondí con toda mi energía para que no se dé cuenta de nada. Se quedó un rato a mi lado y no me pude resistir le dije todo lo que me estaba pasando, que había decidido cambiar mi personalidad, que empecé a amigarme con las chicas más populares y sobre el final le hice una simple pregunta…-¿Señorita usted podría ayudarme?-.Me miró con cara de preocupada y se retiró.
-Creo que algo falló- Me dije. Deseaba conocer, entender y remendar mi error. Pero no me conformé al saber que en la vida no se vuelve el tiempo atrás.
  No dormí en toda la noche tratando de encontrar una solución .Mientras pensaba en los buenos momentos con mis “anteriores” amigas se me ocurrió una fácil y brillante idea; lo que debía hacer era pensar detenidamente en cómo era yo, mi estilo, mi forma de ser, y demás, y después de realizar todo ese pensamiento; recuperar mis amistades también era parte del plan.
 Una de mis mejores amigas era Catalina que se sentaba a la derecha del banco de atrás .En el recreo aproveché y me senté junto a ella, hablamos nos reímos y disfruté como nunca ese momento.
 Cuando quise cumplir por partes mi plan, era como cargar una piedra menos. Comprendí que debía ser yo misma, de aquella manera iba a triunfar, de verdad.
  Al día siguiente la maestra se acercó a mí y emprendió su “proyecto” “ayudar a esta alumna”. Creí que ya no era necesario así que le dije  Gracias seño pero ya resolví el asunto, igual si usted quiere puedo aceptar un consejo -. Ella contestó firme  Está bien comprendo-. Culminó diciéndome que me esfuerce buscando mi gran felicidad, y así fue, todo volvió a la normalidad, salvo que yo esta vez aprendí una gran lección, yo soy como soy y así debo ser siempre, sin defectos que me decepcionen…

Escuela Secundaria Nº 3 “Carmelo Sánchez” - Concurso literario “Contate un Cuento VIII” Mención de Honor de la Categoría B: Marina Barrio alumna de 3º año de la E.S.Nº 3 “Carmelo Sánchez”

El secreto mejor guardado

       Sí, era yo. Esa nena tímida que no hablaba con nadie, no reía y apenas levantaba la mano en clase. Esa nena a la que los compañeros la miraban con cara de burla como diciendo: “jajaja que chica rara”. Y sí…lo decían porque yo los escuchaba en los pasillos del colegio como hablaban de mí , pero ellos no sabían la razón de mis actitudes.
Yo sólo era una inocente adolescente a la que le costaba mucho socializar y hacer amigos. No practicaba ningún deporte y tenía muy buenas notas en el colegio,  sólo porque me la pasaba todo el día encerrada estudiando. Tampoco tenía alguna amiga con quien compartir cosas; sólo mi perro chispita. Él era el único que me entendía y me acompañaba cuando me sentía mal.
En mi infancia la  pase muy mal y a eso quería llegar porque acá es donde comienza la historia.
Cuando era chica me encantaba escribir y era la única manera de liberarme de todos aquellos horrores que me sucedían día tras día y que no sabía cómo sacarme de encima. Mi vida era un calvario.
 Tenía una familia pequeña formada por mi mamá, mi abuelo y mi incondicional perro: Chispita. De mi papá nunca supe nada, sólo  que nos abandonó a mi mamá y a mí cuando  tenía dos años. Por eso, mi madre tuvo que ocupar el rol de padre y madre y las cosas empezaron a empeorar porque ella tenía que trabajar doble turno para alimentarnos a los tres.
Con un padre ausente y con una mamá trabajando todo el día, prácticamente me crió  mi abuelo .La mayor parte del día la pasaba con él. Me despertaba, me daba de comer y me llevaba al jardín. Luego me pasaba a buscar, íbamos a la plaza un rato y de ahí derecho a casa. Poco a poco mi abuelo comenzó a envejecer y yo a volverme cada vez más señorita y decidí no ir más a la plaza por eso directamente nos íbamos para casa.
Una tarde, luego del colegio  estaba jugando con Chispi cuando mi abuelo comenzó a acariciarme de una manera que nunca lo había hecho antes.   Comencé a sentir actitudes raras de parte de él hasta que en un momento me lanzó contra la pared y me obligó a sacarme la ropa. Era una nena inocente y sin fuerzas y no supe cómo defenderme por eso tuve que ceder ante su pedido. Fue en ese momento cuando sufrí la primera violación.
No sabía qué hacer ni con quién hablar. Lo único que hice fue escribirlo en mi libreta. Cuando mi madre volvía de trabajar todo seguía normal hasta que llegaba el momento de cenar. Tal era mi trauma que decidía no comer y a mi mamá le parecía raro este cambio de actitud. Sentía vergüenza y miedo y no pude decirle nada.
Todos día pasaba por la misma historia hasta que se hizo costumbre. Día tras día sufría cosas que no tenía por qué vivir y fui creciendo con esta horrible situación que me acompañó gran parte de mi adolescencia. Un trauma que no podía sacarme de encima, que repercutía mucho en mí, un trauma que no sabía con quién charlarlo ni cómo hacer para parar esta pesadilla. Lo único que hacía para sentirme un poco mejor era volcar en mi libreta lo que me pasaba todos los días y llorar la mayor parte de las noches junto a mi gran compañero Chispi.  Él era al único que le contaba todo. Aunque los perros no hablen ni nada, él me entendía y me acompañaba cuando más lo necesitaba.
Tuve que aprender a vivir en este calvario hasta que un día fueron al colegio un grupo de psicólogas a dar una charla sobre violencia de género, abusos sexuales y adicciones. Eso fue una revelación: ahí la cabeza me dio un giro completo y pude por fin abrirme y contar lo que me pasaba .Cuando la charla terminó le pedí el número de teléfono a una de las psicólogas y por la tarde, cuando mi mamá no estaba y mi abuelo había salido a hacer unas compras, decidí llamarla para que me ayudasen a denunciarlo. Esa misma tarde, cuando estaba en medio de la conversación telefónica llegó él, el abusivo y degenerado, mi abuelo y me oyó contarlo todo. Automáticamente perdí el control de mi cuerpo y lo único que recuerdo es que me desmayé. Cuando me desperté estaba tirada en el piso atada de manos y pies. Lo primero que hice fue gritar y de repente apareció mi abuelo con una cuchilla en la mano amenazándome. Decía que iba a matarme si abría la boca. Yo ya estaba acostumbrada a los abusos por eso actué con mucha calma y lo único que hice fue rogarle que no me hiciera más daño. Permanecí un largo rato atada escuchando sus amenazas e insultos hasta que no sé si por compasión o por qué motivo decidió soltarme. En ese momento fue cuando di mi golpe de venganza. Con la misma cuchilla con la que él pretendía matarme le di tres puñaladas en el estómago hasta dejarlo sin vida.
La verdad es que no sé de dónde saqué el coraje para hacer semejante barbaridad, sin embargo creo  que después de tantos años viviendo lo mismo ya era hora de que todo terminara. Claro que no fue la mejor decisión, pero era elegir entre mi vida o la suya. Muy nerviosa y con los ojos llenos de lágrimas, limpié la cuchilla y la enterré en un lugar donde nunca nadie la podría encontrar.
De repente escuché ruidos afuera y la puerta se abrió bruscamente…era la policía. Habían venido a mi casa porque una vecina escuchó mis gritos y los llamó inmediatamente. Los policías me hicieron un interrogatorio de lo que había pasado: mentí. Les dije que habían entrado unos ladrones con capuchas a los que no les pude ver la cara, que nos pidieron dinero y no teníamos que darles por eso habían matado a mi abuelo y que cuando escucharon los portazos salieron por el paredón del fondo sin dejar rastros de su accionar.
Mi historia resultó creíble. Aunque trataron de buscar huellas no encontraron nada y poco a poco el asesinato fue quedando en un recuerdo que sólo aparecía en las hojas de mi tan preciada libreta.
Cuando cumplí mis quince pude hacer una fiesta soñada con amigos verdaderos y el recuerdo de mi compañero chispita, a quien actualmente no olvido. Luego de mi cumpleaños le pedí a mi mamá que nos mudásemos a un departamento. Yo no toleraba los horribles momentos vividos ahí y a ella le resultaba doloroso vivir en “la escena del crimen”.  Estábamos mejor económicamente ya que había conseguido un muy buen trabajo.
Y ahora sí, ya estoy totalmente renovada con mi grupo de amigas y hasta mi novio, se podría decir que una buena vida me espera, por ello decidí por fin volcar mi historia en hojas grandes y dejar mi libreta de lado, mi historia se mantenía en secreto. Era hora de liberarme totalmente de semejante pesar. Ya me había liberado de mi abuelo y sólo faltaba esto para sentirme libre. Además ya estoy en mi último año de Secundaria y voy a estudiar Psicología. Es más, ya armé un grupo de autoayuda para todas aquellas chicas que sufren o sufrieron lo que en algún momento me tocó vivir a mí, lo cual es algo que verdaderamente y con una mano en el corazón no se lo deseo a nadie. Lo único que deseo es que cada una se libere de todo aquello que tanto le pesa. Es la única manera de seguir adelante. Por el momento, la verdad de la muerte de mi abuelo no la puedo (ni tampoco la quiero) confesar. Quizás algún día me sienta preparada, pero no ahora.

Escuela Secundaria Nº 3 “Carmelo Sánchez” - Concurso literario “Contate un Cuento VIII” Mención de Honor de la Categoría A: Juan Bautista Galello alumno 1º año de Colegio Santa Rosa de Lima

EL NIÑO QUE SOÑABA SER DIFERENTE


  Pedro era un niño muy humilde. Era el menor de siete hermanos nacidos en una familia con muy poca educación y ningún interés de progresar. Su padre junto a sus seis hermanos hacían changas cuando se les daba la oportunidad y cuando no, salían a robar para subsistir. Él, con tan solo seis años veía muy mal lo que hacían y más de una vez les cuestionaba por qué no trataban de conseguir un trabajos dignos. Lamentablemente, como respuesta recibía golpes y burlas. Llegó un día en el que no soportó más los malos tratos recibidos y se dirigió a pedir ayuda a una comisaría. Su mamá, en lugar de defenderlo, como tenía mucho  miedo, callaba y no hacía nada para ayudarlo. Cuando fue a la comisaría se encontró con que se negaron a tomarle la denuncia, más tarde entendería por qué, y hasta se reían de él. Pedro lloró en forma desconsolada. No sabía qué hacer. Al llegar a su casa vio que el policía que lo había atendido salía de allí riéndose con su padre y el mundo se le derrumbó; pensó: "ahora me van a castigar", y así fue, su padre lo estaba esperando enojadísimo y una vez más lo golpeó. Ya desilusionado de todo decidió no hablar más y no volver a confiar en nadie. Se volvió un niño callado y muy triste.   
 Un día, jugando en la plaza, conoció a un nene de su edad llamado Simón. Este niño provenía de una familia de clase media, sus papás trabajaban mucho para vivir y estaba creciendo en un ámbito de muchísimo amor y cariño. Por supuesto que Pedro no le contó nada sobre su vida ya que no confiaba en nadie. Solo jugaban, se reían y se divertían juntos. Para él era una hermosa compañía y casi todos los días se encontraban en la plaza del barrio. 
 Una tarde, Pedro se cayó del tobogán y se golpeó fuertemente la espalda. María, la mamá de Simón que estaba en la plaza lo ayudó a levantarse y quiso verle el golpe en la espalda, pero Pedro se negó y salió corriendo para su casa llorando ,no quería que le preguntase por los moretones que tenía. Esta actitud le resultó muy sospechosa a la mamá de Simón, quien se quedó muy preocupada pero no sabía ni dónde vivía Pedro y  por lo tanto no podía ir a hablar con la mamá y averiguar cómo estaba. Durante varias tardes Pedro no fue a la plaza y la mamá de Simón cada día estaba más preocupada y Simón, que extrañaba mucho a su amigo le pedía por favor que averiguara dónde vivía para ir a buscarlo. Esto era imposible ya que Pedro siempre estaba solito y no tenía a quien preguntarle
.Una tarde cálida de primavera, para la alegría de Simón y su mamá, Pedro volvió a la placita. Allí María comenzó a charlar con él y con mucho amor y cariño logró que por fin este confiara en ella. Por primera vez, luego de mucho tiempo, Pedro se animó a contarle su historia. Lloraron juntos, también Simón se entristeció mucho y prometieron ayudarlo. No fue fácil probar en la justicia que la familia de Pedro no era la indicada para educar a un niño, fueron necesarios muchos trámites y pruebas de los golpes que había recibido el niño y de la mala vida que llevaban, hasta que lograron que un Juez ordenara que Pedro fuera a un instituto de menores para proteger su buena salud física y mental. Igualmente Pedro seguía triste, él quería una familia de verdad que le diera cariño, amor y lo ayudara a ser una persona de bien. .María y  Simón lo visitaban siempre y notaron que Pedro aún tenía la tristeza marcada a fuego en su rostro. Decidieron hablar con Matías, el papá de Simón, para poder adoptar al niño y llevarlo a vivir con ellos. Matías, que tenía un gran corazón, estuvo de acuerdo y comenzaron los trámites de adopción. Todo salió bien y Pedro comenzó a formar parte de esa hermosa familia. Ahora sí era un niño feliz y sonreía todo el día. Empezó el colegio, era muy estudioso e inteligente. Los años pasaron y Pedro se convirtió en un hombre, terminó sus estudios universitarios  logrando el título de "Médico". 
El sueño de tener una verdadera familia y convertirse en un hombre de bien se hizo realidad. El siempre lo deseó de corazón y si bien en un momento de su vida había estado a punto de bajar los brazos, gracias a esta hermosa familia volvió a confiar y logró sus objetivos. Ya siendo médico salvó la vida de varios niños que iban a su consulta y él descubría que estaban recibiendo malos tratos de parte de sus propias familias. Ese fue el objetivo primordial que tuvo cuando eligió la carrera de medicina: "salvar niños de los malos tratos de su propia familia". Quién mejor que él para lograr que los niños hablaran  y contaran sus verdaderas historias. Él lo había vivido en carne propia y se daba cuenta rápidamente cuando estaba ante un niño golpeado. 

Un día, cuando estaba de guardia, llegó al hospital uno de sus hermanos de sangre, mal herido por una bala en una pierna. Ni bien lo vio le pasó por su mente esa parte triste y dolorosa de su infancia y le dijo: “Por qué en lugar de pegarme cuando les dije que trabajaran no me escucharon. Vos elegiste este destino tan miserable, gracias a Dios yo elegí otra vida y mirá qué diferencia que hay entre vos y yo”. Su hermano lloró, le pidió perdón y le rogó que lo curara.  “Por supuesto que te voy a curar, para eso estudié, lo único que te pido es que cambies tu vida antes de llegar con una bala en el corazón, porque ahí sí que no voy a poder hacer nada por vos”, le respondió y luego de esto decidió perdonar a su familia de sangre y se dirigió a su casa de la niñez a verlos y decirles que cuenten con él si lo necesitan, pero siempre y cuando decidan tener esa vida digna que él les pedía cuando era un niño .Si lo hubieran escuchado a tiempo.

sábado, 9 de enero de 2016

Concurso literario “Contate un Cuento VIII” - Mención de Honor de la Categoría C: Ana Carolina Massa alumna de EPA Nº701

Peralta, un policía de barrio

     Mire oficial Peralta, ya no puedo más con todo esto, me está asfixiando, voy a declarar, estoy decidido.
    Todo comenzó una tardecita de verano cuando el sol lentamente dejaba caer sus rayos que apenas atravesaban la persiana de la ventana del salón; y ahí fue cuando la vi por primera vez, ¡qué atractiva e interesante me pareció esa compañera nueva!  Como usted imaginará: al poco tiempo nos enamoramos perdidamente uno del otro;  y fueron pasando los años hasta que llegó el gran día: el de nuestra boda, pero la verdad oficial es que nunca pensé que todo terminaría en esta tragedia.
    Ese día tuve un mal presentimiento pero no le di importancia. Mi novia, Sofía, se encontraba ya con su vestido blanco, largo, muy delicado, bordado con lentejuelas, ¡qué hermosa se veía!, le repito, nunca creí que todo desencadenaría tan trágicamente…
-    ¿Puede ir directamente a los acontecimientos más relevantes,por favor, Gorosito?  dijo el oficial Peralta.
-    Claro, claro, perdóneme estoy muy consternado, sigo relatando…
-     Salí de mi casa con mi traje nuevo directo al auto y al cerrar la puerta alguien puso su brazo sobre mi cuello, y gritó: - ¡no mires y arrancá rápido, apurate, no te des vuelta!. Usted no sabe Peralta, el miedo se apoderó de mi, empecé a conducir sin saber a dónde iba, él me indicaba las calles por donde tenía que ir. De repente, llegamos a una casa que tenía un gran portón negro que se abrió ni bien nos acercamos, en el interior había cuatro hombres armados, abrieron la puerta y con gritos y amenazas de golpes me hicieron  bajar, y me llevaron para adentro de una casa que se encontraba a unos metros, cuando giré vi que había paredones muy altos todo en derredor, y muchas plantas con hombres armados por todos lados. Le aseguro Peralta, que pensé que ese era el fin de mi vida, y que de ahí no iba a salir más.
-    Escuche Gorosito: Me quiere explicar ¿por qué lo secuestraron a Usted y resulta que en la morgue está el cadáver de la pobrecita de su novia?
-    Lo último que recuerdo de ese momento es que estaba parado y de pronto alguien debió golpearme la cabeza y eso me hizo desmayar, porque cuando desperté tenía las manos y los pies atados, estaba muy mareado, me tenían en un cuarto donde había una pequeña abertura por donde penetraba una leve luz. Se escuchaban voces pero no podía reconocerlas, todo era muy confuso. Y así pasaron días, exactamente no sé cuántos, hasta que una noche entró alguien, al principio no pude ver su rostro asique no sabía de quién se trataba, pero cuando empezó a hablarme me llevé una gran sorpresa…¡era mi novia! ¡Sofía!¡ no lo podía creer! ¿Cómo había llegado hasta ahí?.
-    Y entonces, ¿qué le dijo ella? - preguntó el policía.
-    Que hiciera todo lo que me dijeran esos hombres, porque si no me matarían, pero yo quería saber qué hacía ella ahí, y sabe Peralta, la respuesta fue lo peor de toda esta situación, me dijo que ella era parte de esa banda, que enamorarme y ser mi novia era parte del plan. Yo no entendía nada, cada minuto que pasaba, más me confundía, sólo atiné a preguntarle si sentía algo por mí, pero ella muy distante y fría, me repitió que todo era un plan ¡Qué ingenuo había sido! Jamás me había sentido tan estúpido y usado, creo que nunca lo voy a superar.
-    Qué situación, no sé qué decir, lo siento, pero y después: ¿qué sucedió?, ¿cómo pudo escapar?
-    Al otro día, dos hombres entraron al cuarto, uno de ellos era el padre de Sofía, o mejor dicho  alguien de esa banda, el esposo de Sofía era el que lo acompañaba, me dieron ganas de romperle la cara, pero él enseguida me apuntó con un arma y me amenazó con que me mataría sino les entregaba de inmediato un millón de dólares. A mí nadie me quitaba de la cabeza que aunque les diera el dinero, igual me iban a matar, habían pasado muchas cosas entre Sofía y yo durante estos años de noviazgo, asique me negué rotundamente, y luego sólo recibí golpes, insultos y mal trato hasta quedar tendido en el suelo. Cuando recobré la lucidez, me sentía con más ganas de  matarlos, ya no me importaba nada, pero se me ocurrió una idea, entonces llamé al guardia y le dije que trajera a sus jefes, al llegar les hice creer que colaboraría, les daría lo que me pidieran, me hicieron duchar, cambiar de ropa, y me metieron a una camioneta con los ojos tapados, cuando se detuvo la marcha, me quitaron la venda de los ojos y estábamos entrando a mi casa, les tuve que ordenar a mis empleados que nos dejaran solos, que todo estaba bien, que estos hombres me habían ayudado a escapar de unos asaltantes. Claro, Sofía seguía actuando, me acariciaba y me ayudaba a caminar tomándome del brazo, yo ni siquiera podía mirarla, era indignante.
     Cuando llegamos a mi escritorio, Sofía me hizo una seña para que apagara las cámaras, ella sabía todo de mi y de mi casa, entonces desde la computadora apagué sólo esa cámara, lo que ella no sabía era que mi asistente personal, Ramón, tenía un dispositivo y también desde ahí podía controlar las cámaras.
    Ellos me apuraban y me apuntaban con un arma, yo me tomaba todo el tiempo posible, porque sabía que en cualquier momento, Ramón entraría y así fue, habrían pasado unos diez minutos, cuando Ramón y tres hombres más entraron derribando la puerta y les ordenaron que me dejaran libre, pero la desgraciada de Sofía que estaba totalmente sacada, me seguía apuntando en la cabeza, yo le hice una seña a Ramón dándole a entender que la tomaría del brazo y que él se encargaría del resto, así fue, forcejeé con ella y le pude quitar el arma, al mismo tiempo que Ramón y los otros dispararon , ellos cayeron heridos pero no murieron; cuando Sofía vio que su marido cayó manchado con sangre, enloqueció y rápidamente tomó un arma del suelo para asesinarme, y ahí fue cuando Ramón le disparó directo a la frente.
      Sabe una cosa Peralta, a pesar de todo lo que me había hecho esa mujer, tengo que decirle que yo la amaba profundamente, y me pregunto: ¿a pesar del engaño, la traición, la mentira, puede un hombre borrar de su corazón y de su mente ese sentimiento tan fuerte, así como así?... ¿cuál de los dos: el odio o el amor, es más poderoso?...

Concurso Literario EP N° 13 “Llegó la hora de escribir un cuento”- Mención: “Te encontré…” - Por Josefina Giménez Román

Hace mucho tiempo, en una ciudad muy lejana, vivía una niña llamada Agustina. Ella no tenía amigos, era muy solitaria y triste, sus compañeros de la escuela la dejaban sola y ella se sentía muy mal. Todos los días se sentaba en el último banco, sola, sin nadie con quien charlar ni contarle sus secretos.
   Un día, la niña fue a caminar así se relajaba un poco y veía…muchos niños con sus amigos divirtiéndose, y se preguntaba:
¿Por qué no tengo amigos? ¿ Qué ven en mí de diferente?, sentía vergüenza de contar lo que le pasaba y cuando le preguntaban ella decía:
No me pasa nada, estoy bien, sola; pero nadie sabía cómo estaba de triste su corazón…
   Al día siguiente, en la escuela, ingresó una alumna nueva, se llamaba Camila, también era tímida, pero tenía un gran corazón, ayudaba a todos, compartía, y muchas cosas más…Cuando era el turno de entrar al aula, Camila no sabía dónde sentarse, tampoco conocía a nadie, ella se acercó hasta Agustina y le preguntó:
Camila: - Hola. ¿Cómo te llamas?
Después de unos minutos Agustina con asombro le respondió:
Agustina: - Me llamo Agustina… ¿y vos?
Camila: - Me llamo Camila, ¿me puedo sentar con vos?
Agustina: - ¿En serio? ¿Estás segura?
Camila: - ¿Por qué no?
Agustina: - No… por nada, vení…
   Mientras tenían un rato libre empezaron a charlar de sus vidas…
Camila: - ¿Tenés mascotas?
Agustina: - No, ¿vos?
Camila: - No, antes tenía un gato pero se escapó, se llamaba Monatito.
Agustina: - ¡Uhhh!; ¡Qué lástima!
Camila: - ¿Cómo se llaman tus amigos?
Agustina: - Yo no tengo amigos, siempre me dejan sola.
   A Camila le dio mucha lástima y le dijo:
Camila: - Yo soy tu amiga, y nunca te voy a dejar sola.
Agustina: - Gracias por ponerte en mi lugar, sos muy especial.
Camila:- ¡Vos también sos especial! , te quiero mucho.
Agustina: - Yo también.
   A medida que fue pasando el tiempo se conocieron mucho más, y a las dos juntas nadie ni nada las podía detener, por supuesto también hicieron más amigos como Alfonsina, Rodrigo, Morena, Matías, Valentina, Elena y muchos más. TODOS JUNTOS EN UN SOLO MUNDO.
   Y así fue como se formó una gran amistad. Por eso, nunca hay que darse por vencido, siempre puede aparecer alguien que te ayude a cambiar…

Reflexiones de un vago - Por Olegario Reinoso (Artículo extraído de la revista “Caras y caretas” circa 1935)

      Señor director de "Caras y Caretas":
   
Ante todo, discúlpeme que le escriba con lápiz y en papel de estraza. Le pido disculpas porque, si le escribo en papel de estraza y con lápiz, no es por capricho sino por necesidad. Y aquí me va a permitir que haga la primera reflexión, pese a que aun no he llenado la prosaica formalidad de presentarme.
    A mi modo de ver, del género humano se han hecho todas las definiciones posibles, menos una. ¿Cuál? La de que el género humano es un género... de fantasía.
    Esta definición no es completa, pero refleja uno de los aspectos más característicos
del hombre:  su  estimación  por lo superfluo, quizá como una reacción debida a que en la mayoría de los casos carece hasta de lo indispensable.
    Así vemos, por ejemplo, que la gente disculpa y hasta admira cuando es manía o capricho lo mismo que critica y hasta no perdona cuando es necesidad u obligación.
    Vaya usted incorrectamente vestido a una fiesta, siendo un pelagatos, y cometerá una grosería imperdonable; pero vaya incorrectamente vestido a esa misma fiesta, siendo un millonario con fama de elegante, y lo más probable es que inaugure una nueva moda.
    Es debido a eso que le pido disculpas por escribirle con lápiz en papel de estraza, señor director: porque lo hago por imperiosa necesidad. En cambio, si lo hiciera teniendo papel timbrado y una hermosa estilográfica, es casi seguro que pasaría por un "hobby".
    Pero, ¿cómo quiere usted que tenga estilográfica y papel timbrado si soy un vagabundo? Un vago auténtico, legítimo, químicamente puro, de esos que andan vestidos de andrajos y llevando una bolsita en la punta de un palo. De esos que no trabajan ni por broma, así les ofrezcan una buena remuneración.
    Y acá aprovecho la coyuntura para establecer de una vez por todas que el de la desocupación, contrariamente a lo que sostienen algunos, no es un problema psicológico, sino económico. Hay mucha gente, en efecto, que parece empeñada en difundir la especie de que los desocupados son unos vagos. ¡No trabajan porque no quieren, dicen! ¡Mentira, señor director!... ¡Vil calumnia! Así como los desocupados muestran interés en probar que no tienen nada que ver con nosotros, nosotros también estamos interesados en que no nos confundan con ellos.
    ¡No van a trabajar porque no quieren! No trabajan porque no pueden. Quizá, a fuerza de permanecer inactivos, terminen haciéndose vagos; pero, por ahora, los únicos que no trabajamos por una razón sólida y respetable como son los principios, no por un débil motivo ocasional como es la falta de trabajo, somos nosotros, los vagabundos, los atorrantes.
    Créame que ya es hora de terminar con esa absurda leyenda.
    Esto no quiere decir, por supuesto, -que hagamos diferencias de clase. ¡Qué esperanza! Le juro a usted que estamos lejos de despreciar al desocupado en razón de que es un trabajador en potencia, es decir, un desocupado "malgré lui".
    Hombre: sería ridículo qué fuésemos los vagabundos, justamente, quienes nos opusiéramos a que cada cual haga lo que le da la gana. Lo que ocurre es que en este caso está en juego la verdad. Y la verdad es que hay gente empeñada en hacer pasar a los desocupados por haraganes, con el inocente propósito de echarles la culpa de la crisis... Usted pensará, por lo dicho, que yo no he terminado en atorrante por razones económicas, sino exclusivamente psicológicas. Así es, puesto que da la casualidad de que me hice atorrante en una época de gran florecimiento económico.     De lo cual no se debe inferir que haya sido millonario. Digo esto porque también hay mucha gente convencida de que entre los vagabundos hay algunos millonarios excéntricos y aburridos que abandonaron todo, fortuna y posición, con el objeto de poder andar libremente en pos del olvido para la amargura de un amor imposible... Esta es otra leyenda que es necesario destruir, señor director.
Hombre: de haber decidido llevar la misma vida que llevo ahora, pero teniendo millones, nadie me llamaría vagabundo. Me llamarían turista, "globe-trotter" o algo por el estilo...
    Pero no hablemos de mi pasado, sino de mi presente. Señor director: he decidido escribirle todas las semanas, haciéndole llegar mis impresiones, observaciones y reflexiones sobre temas del momento, sobre detalles de la ciudad, sobre aspectos de la vida, sobre todas las cosas graves o pintorescas, tristes o alegres, dramáticas o risueñas que vemos y analizamos en todo instante los vagabundos y que, sin embargo, a pesar de ser elocuentes y apasionantes, pasan inadvertidas para la inmensa mayoría de los hombres.
    Es que la inmensa mayoría de los hombres vive ocupada de su trabajo, Y el hombre que trabaja, sobre todo en esta época en que es tan intensa y despiadada la lucha por la vida, no ve ni oye ni entiende nada que no se relacione con su interés. Permanece horas y horas en su negocio o en su oficina, con la vista clavada en las mercaderías, en la balanza, en los libros o en la caja registradora. Y cuando sale a la calle va con la mirada perdida y los minutos contados, abstraído en la preparación del próximo negocio, mientras corre para llegar al banco antes de que cierren la puerta.
    ¿Qué puede observar ese hombre de las cosas de la calle, de la ciudad, de la vida misma? ¿Cómo puede entender la profunda y verdadera significación de las cosas y de los acontecimientos, si no tiene tiempo para reflexionar? Nosotros, en cambio, los vagabundos, vivimos con los ojos abiertos a las cosas. Somos como un espejo que se hiciera pasar lentamente por todos los rincones de la tierra. Caminamos despacio. Nadie conoce la ciudad como nosotros. Y cuando nos cansamos de recorrer las calles observando los colores, las formas., los gestos y los rostros, nos detenemos en algún umbral a pensar sobre lo que hemos visto o a reflexionar sobre la noticia que hemos leído en el diario que servía de envoltura al último pan que nos  ofrecieron. A pensar lentamente,  sin ningún apuro, como sólo puede hacerlo el que no tiene nada que hacer. Nada pequeño e insignificante  que hacer, mejor dicho, puesto que, cuando se trabaja, siempre se hace algo prosaico y sin importancia: vender géneros, pesar mercaderías, apuntar cifras. .. No olvide usted que, como bien señaló un escritor cuyo nombre lamento no recordar, las grandes ideas se tienen cuando no se hace nada.
    Piense bien, señor director. Piense que la humanidad ha progresado en sus ratos de ocio y en que yo soy el ocio personificado, y bríndeme la ocasión de hacer llegar a los lectores de "Caras y Caretas" algunas de mis reflexiones sobre aspectos de la ciudad y temas del momento. Le aseguro que no se va a arrepentir. Hombre: ¡sería el colmo que en toda una semana no hiciera una sola observación" de interés, no teniendo que hacer otra cosa! Ahora, en cuanto a la forma de expresarla, espero que también quedará satisfecho, porque, sin que me crea un estilista, estimo que hay cierta elegancia en mi estilo. Es lo único que tengo elegante...