lunes, 18 de abril de 2016

PREMIO NACIONAL "MARÍA ISABEL PLORUTTI"- Cuentos y relatos para niños





En el marco del Mes de las Letras 2016, la Editorial "L.V." llama a participar del Premio Nacional de Cuentos y Relatos para Niños que lleva el nombre de la profesora  "María Isabel Plorutti", personalidad destacada de la cultura chascomunense según las siguientes bases.

1- Podrán participar en forma libre y gratuita autores de todo el país. (Argentina)
2- Los trabajos deberán ser inéditos y la extensión no más de tres página A4.
3- Serán seleccionados los diez mejores trabajos que serán publicados en un libro conjunto.
4- Cada autor seleccionado recibirá Diploma y un ejemplar del libro, lo mismo la Biblioteca Popular que cada uno designe.
5- Se consignará la edad del destinatario y la autorización para publicar en libro y en blog.
6- Los datos personales completos, incluyendo el número de CUIL o CUIT deberán adjuntarse al
 cuento o relato y enviarse al mail: lucero.ortega@gmail.com
7- La fecha de cierre de recepción será el 30 de octubre de 2016.
8- El anuncio de los resultados será el 8 de diciembre de 2016 en la clausura del Mes de las Letras
9- El acto de premiación y entrega del libro editado será en la primera semana de abril de 2017 en la ciudad de Chascomús, provincia de Bs. As, salvo impedimentos de fuerza mayor.
 Eva Lucero de Ortega
Coordinadora Mes de las letras 2003-2016

sábado, 16 de abril de 2016

SONETO Por José Cadalso

Todo lo muda el tiempo, Filis mía;
Todo cede al rigor de sus guadañas:
Ya transforma los valles en montañas,
Ya pone campo donde mar había.

El muda en noche opaca al claro día,
En fábulas pueriles las hazañas,
Alcázares soberbios en cabañas,
Y el juvenil ardor en vejez fría.

Doma el tiempo al caballo desbocado,
Detiene el mar y viento enfurecido,
Postra al león y rinde al bravo toro.

Sola una cosa al tiempo denodado
Ni cederá, ni cede, ni ha cedido,
Y es el constante amor con que te adoro.

SONETO Por José Cadalso

Ya veis cuál viene, amantes, mi pastora,
De bulliciosos céfiros cercada,
La rubia trenza suelta, y adornada
Por sacras manos de la misma Plora.

Ya veis su blanco rostro, que enamora;
Su vista alegre y sonreír que agrada;
Su hermoso pecho, celestial morada
Del corazón á quien el mío adora.

Oís su voz y el halagüeño acento,
Y al ver y oír que sólo á mí me quiere
Con envidia miráis la suerte mía.

Mas si vierais el mísero tormento
Con que mil veces su rigor me hiere,
La envidia en compasión se trocaría.

GEÓRGICA Por Ramón del Valle Inclán

Húmeda de la aurora, despierta la campana
En el azul cristal de la paz aldeana,
Y por las viejas sendas van a las sementeras
Los viejos labradores, camino de las eras,
En tanto que su vuelo alza la cotovía
A la luna, espectral en el alba del día.

Molinos picarescos, telares campesinos,
Cantan el viejo salmo del pan y de los linos,
Y el agua que en la presa platea sus cristales
Murmura una oración entre los maizales,
Y  las  ruedas  temblonas, como  abuelas cansadas,
Loan del tiempo antiguo virtudes olvidadas:
Dice la lanzadera el olor del ropero,
Donde  se  guarda  el  lino,   el  buen  lino casero;
Y el molino, que esconde bajo la vid su entrada,
Dice el áureo   recuerdo   de   una   historia sagrada:
Bajo la parra canta el esponsal divino
De la sangre y la carne, de la hostia y el vino.
El aire se embalsama con aromas de heno,
Y los surcos abiertos esperan el centeno,
Y en el húmedo fondo de los verdes herbales
Pacen vacas bermejas entre niños zagales,
Cuando en la santidad azul de la mañana,
Canta húmeda de aurora la campana aldeana.

SALOMÓN Y EL LABRADOR Por FEDERICO RUCKERT

En mitad de la llanura,
Del rey Salomón se advierte
En un trono que luz vierte,
La grave y digna figura.

Echar con afán prolijo
Notó el monarca sapiente
Por doquier su simiente
A un labrador, y le dijo:

-¿Qué haces tú?  Siembras en vano.
Tu trabajo ¿a qué conduce?
Renuncia a él: no produce
Esa tierra un solo grano.

Paróse el buen labrador,
Su frente a la vez bajando;
Reflexionó, y retornando
A su siembra con ardor,

-Sólo este campo poseo,
Responde al rey: lo cultivo
Cuanto afanoso y activo
Veis le es dado a mi deseo.

A trabajar me limito
Mis tierras como un deber.
¿Y qué más puedo yo hacer?
Las siembro, y Dios sea bendito.

EL DESPECHO DE ELISA Por Pablo de Jérica

Orillas del Abendaño
Quejábase el otro día
De su zagal inconstante
La bella zagala Elisa.
Suelto el hermoso cabello,
De triste luto vestida,
Entre suspiros ardientes,
Así llorosa decía:
“Después de tantas promesas,
Tan repetidas caricias,
¿Romper, ingrato, pudiste
El lazo que nos unía?
¿Adonde está la firmeza
Jurada, fiero homicida?
¿El amor, la fe, el cariño?
¡Pérfido! ¿cómo mentías?
Libre ya de aquella llama
En que por mi amor ardías,
¿Pudiste, cruel, dejarme
Burlada y escarnecida?
La que en los hombres se fía!
Mas de tan funesto engaño
Sabré vengarme en mí misma.
Y pues la muerte es tan dulce
Para quien odia la vida,
Las aguas del Abendaño
Ahogarán las penas mías.”
En esto a precipitarse
Presurosa se encamina;
Mas la idea de la muerte
La contiene, la horroriza.
“Por cierto que soy muy loca,
-Dijo dejando la orilla-.
¡Hay tantos zagales! ¡tantos!
Y sólo tengo una vida.”

UNA MIRADA QUE CONFORTÓ A UN AMIGO EN DESGRACIA


He aquí el relato de una obra sencillísima de amor, que consoló a un mísero prisionero, dándole fuerzas para resistir a la desesperación durante los largos y penosos años que debía pasar en la soledad de la prisión.
Hace algún tiempo, un joven de esmerada educación vio caer el oprobio sobre su limpio nombre, a causa de cuantiosas deudas que había contraído.
Condenado a un largo encarcelamiento, pasó aún por la amargura de saber que todos sus antiguos compañeros habían formado el propósito de no volver a hablarle, cuando cumplida la condena fuese puesto en libertad.
Al cabo de unos meses, se le llamó ante el Tribunal, para responder a las preguntas del juez referentes a sus deudas. Un antiguo amigo se enteró por los periódicos de la mañana, que al día siguiente había de verse aquella causa ante la Audiencia de lo criminal.
La historia entera de su antigua amistad se le representó ahora conmoviéndole profundamente; la imagen de su amigo en desgracia le hizo olvidar los prejuicios que hasta entonces le habían retenido. Así, pues, acudió al Palacio de Justicia y se detuvo en el corredor que conducía a la Sala en que había de celebrarse la vista.
Escoltado por dos alguaciles, el infeliz prisionero avanzó por el pasillo, bajo los ojos por la vergüenza de ser visto, y al pasar junto al amigo de sus días dichosos, éste se descubrió con respeto. El desventurado prisionero vio aquel noble gesto y jamás lo echó en olvido Aquel porvenir suyo, que tan desesperado le pareciera, desde entonces se aclaró para él con un rayo de luz. Aun le quedaba un amigo, que en la desgracia no se avergonzaba de él.