Cierto pedante charlatán, creía
Que sus gritos, no más, huecas. palabras,
Eran sin duda la infalible prueba
De su claro talento y prendas altas.
Igualarse a un Demóstenes no menos,
Se le puso (en Atenas habitaba),
Y en su orgullo soñó ser aplaudido
Cual orador insigne por la fama.
Con tal afán y cor. la bolsa llena,
De Isócrates llegóse a la morada,
A reclamar de sus discretos labios
Para sus fines las lecciones sabias.
—Feliz si me parezco a vos un día.
¿En qué precio fijáis vuestra enseñanza?
—Si te instruyo en hablar, treinta talentos;
Y si en callar, trescientos: cual te plazca.
¡Bienvenidos! Este blog de literatura está abierto a todo tipo de lectores. Quienes lo hacemos no tenemos otra motivación que el de compartir la lectura de las obras de escritores de todos los tiempos, así como también las de aquellos que se inician y también merecen difusión.
domingo, 22 de mayo de 2016
EL JURAMENTO Por Gabriel de la Concepción Valdés
A la sombra de un árbol empinado
Que está de un ancho valle a la salida,
Hay un pequeño arroyo que convida,
A beber de su líquido argentado.
Allí fui yo por mi deber llamado
Y haciendo altar de tierra endurecida
Ante el sagrado código de vida
Extendidas mis manos he jurado:
Ser enemigo eterno del tirano,
Manchar si me es posible mis vestidos
En su execrable sangre, por mi mano,
Derramarla con golpes repetidos,
Y morir a las manos de un verdugo,
Si es necesario por romper el yugo.
Que está de un ancho valle a la salida,
Hay un pequeño arroyo que convida,
A beber de su líquido argentado.
Allí fui yo por mi deber llamado
Y haciendo altar de tierra endurecida
Ante el sagrado código de vida
Extendidas mis manos he jurado:
Ser enemigo eterno del tirano,
Manchar si me es posible mis vestidos
En su execrable sangre, por mi mano,
Derramarla con golpes repetidos,
Y morir a las manos de un verdugo,
Si es necesario por romper el yugo.
Nocturno Por Ezequiel Feito
Soy un barco que en la noche
por las estrellas navega.
Cargado voy de infinito
porque infinita es mi pena.
Aunque errante sea mi rumbo
y en la oscuridad me pierda,
mi barco sabe guiarse
en la negrura mas densa.
Pero cuando me enamore
algún día de una estrella
quemaré toda mi nave
para estar junto con ella.
por las estrellas navega.
Cargado voy de infinito
porque infinita es mi pena.
Aunque errante sea mi rumbo
y en la oscuridad me pierda,
mi barco sabe guiarse
en la negrura mas densa.
Pero cuando me enamore
algún día de una estrella
quemaré toda mi nave
para estar junto con ella.
Si me amas (anónimo)
Regada de mis lágrimas
crece una linda flor,
y mis suspiros débiles
imita el ruiseñor.
Si me amas, niña cándida,
tuya será la flor,
y en tu balcón recóndita
oirás al ruiseñor.
crece una linda flor,
y mis suspiros débiles
imita el ruiseñor.
Si me amas, niña cándida,
tuya será la flor,
y en tu balcón recóndita
oirás al ruiseñor.
LA PIEDRA Por Lermontoff (1814-1841)
I
Implorando limosna llegó un mendigo
Al palacio de un noble, grande y soberbio;
El magnate no quiso darle socorro
Y le dijo al humilde:—¡Márchate presto!...
Mas el pobre, obstinado, no se marchaba,
Y entonces el magnate, de orgullo ciego,
Agarrando una piedra pesada y dura,
La lanzó a la cabeza del pedigüeño.
El astroso mendigo cogió la piedra.
La estrechó rencoroso contra su pecho
Y murmuró:—La guardo, pero no dudes
De que al correr los años te la devuelvo.
II
Y pasaron los años, como las nubes
Pasan por los caminos del ancho cielo;
Y pasaron los años, y el poderoso
Acusado de un crimen se miró preso.
El magnate amainado yendo a la cárcel
Hallóse frente a frente del pordiosero,
Y este sacó la piedra, mas al lanzarla,
Reflexionando un poco, la arrojó al suelo.
Y dijo:—Rencoroso guardé esta piedra;
Mas fue inútil guardarla por tanto tiempo:
Siendo feliz y rico, mucho te odiaba,
Hoy, pobre y perseguido... ¡te compadezco!
Para un egoísta Por Ezequiel Feito
Para Héctor Fuentes
Tu estás solo. La madrugada nunca es tuya,
ni tus pies balancean un vacío sin mañana,
ni tus ojos van brotando desde el fuego
de una simple claridad que despierta hacia a la nada.
Tus sombras no son tuyas. Son apenas
el recuerdo de tu infancia
donde unos brazos vigorosos te envolvían como nubes
y el corazón latía con cálidas palabras.
¿Recuerdas? Eran flor de carne tus mejillas
cuando el cielo en tus ojos colocaba
un sencillo asombro, que incipiente
como luz de inteligencia se mostraba.
Tuyas, si, son esas manos que se aferran
al alto panteón donde descansa
tu gloria casi muerta.
Aún la tierra
no ha regado un sólo surco con tus lágrimas.
No es tu corazón quien salta en tu pecho
ni es tu alma la que atrapa
su canción de amor sobre la tierra.
Tu estás solo. Has dejado para nadie
ese instante amable
capaz de redimir toda tu miseria.
en una sola madrugada.
LA ROSA DE LOS ALPES POR FEODOR LOEWE
Sobre escarpado monte brota ornada
De pardo musgo, hielo y blanda nieve
La rosa de los Alpes ignorada,
De la ancha soledad imagen breve.
El dulce aliento de la blanda brisa
Jamás besó a su regalada boca;
Risueña está cual celestial sonrisa
En el austero rostro de la roca.
Sobre peñascos, entre hielo eterno,
Do la avalancha colma de desdicha
Al morador del valle, en sueño tierno
Germina muda como oculta dicha.
Feliz mil veces quien oculta guarda
Recóndita en su pecho y escondida
Entre nieves y hielo, flor gallarda,
Con que aliviar los duelos de la vida.
De pardo musgo, hielo y blanda nieve
La rosa de los Alpes ignorada,
De la ancha soledad imagen breve.
El dulce aliento de la blanda brisa
Jamás besó a su regalada boca;
Risueña está cual celestial sonrisa
En el austero rostro de la roca.
Sobre peñascos, entre hielo eterno,
Do la avalancha colma de desdicha
Al morador del valle, en sueño tierno
Germina muda como oculta dicha.
Feliz mil veces quien oculta guarda
Recóndita en su pecho y escondida
Entre nieves y hielo, flor gallarda,
Con que aliviar los duelos de la vida.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)