Había una vez un pirata que se llamaba Gonzalo y era muy peleador y un ogro al que llamaban Cuco, porque era tan pero tan feo y con tanto olor a pata, que la gente que se le acercaba salía corriendo.
Ellos eran muy amigos, les gustaba pelear con espadas y masas con puntas , vivían en una cueva que quedaba en el medio del bosque.
Un día mientras se divertían cazando osos, al pirata Gonzalo lo mordió una serpiente y lo convirtió en caballo.
El ogro Cuco comenzó a buscar al pirata Gonzalo, pero no lo reconoció, porque ahora era un caballo.
El caballo buscó a un mago para que con su varita mágica lo volviera a convertir en pirata.
El mago estaba en la escuela dando una charla de magia a la princesa Florencia y al hada Adina.
El caball o entró rápido al comedor de la escuela y le explicó al mago lo que le pasaba. El mago buscó en su libro de magia el hechizo para volverlo a convertir en pirata.
Con su varita tocó la cabeza del caballo y dijo el hechizo:
-ABRA CADABRA
-COLA DE CABALLO
-PARA DE PALO
-CARA DE MALO
¡PACATEPUSH!
Gonzalo volvió a ser un pirata, le agradeció al mago y le prometió que ahora sería un pirata bueno que ayudaría a la gente a ser feliz.
¡Bienvenidos! Este blog de literatura está abierto a todo tipo de lectores. Quienes lo hacemos no tenemos otra motivación que el de compartir la lectura de las obras de escritores de todos los tiempos, así como también las de aquellos que se inician y también merecen difusión.
sábado, 25 de febrero de 2017
Los pies desnudos Por Alberto Edel
No tengo nada.
Sólo el amor de una muchacha
y mis párpados abiertos.
Así puedo correr sobre la hierba
húmeda y punzante.
Sabiendo que a esa certeza
llamarán locura.
sábado, 18 de febrero de 2017
Mención de Honor de Categoría C - El olvidado Por Braian Hoyos, alumno de 5º año de la E.S. y T Nº 1 “Lucas Kraglievich”
Querido hijo, hoy es un día muy especial, como todos los años te espero sentado en el sillón que está cerca de la puerta, con muchas ansias y una sonrisa grande para que me vengas a buscar, para que me saques de este lugar tan apagado y feo. Cumplo un año más y vos muy bien sabes que cumplir años no me gusta, me vuelvo más viejo y me cuesta hacer cosas por mis propios medios, ya no soy el mismo de antes.
Hace tres años que no vienes a verme y sé que hoy tampoco vendrás te has olvidado de mí, pero por ello decidí escribirte esta carta. No sabes cómo estoy pero yo sí sé lo bien que te está yendo con tu carrera profesional, eres muy bueno jugando al fútbol, tienes un gran talento, los medios hablan muy bien de vos, recorres el mundo entero y disfrutas mucho tus tiempos libres, pero ya no tienes tiempo para ver a este anciano aburrido.
¿Te acordás lo que te dije cuando te volviste mayor de edad? Te mencioné este día, en el que me ibas a ver viejo y ya no sería el mismo de antes. Te pedí que me intentes comprender cuando no pueda cambiarme, ni bañarme y me ensucie. Te pedí que no te desesperes, cuando me enferme y me caiga y no te asustes, sino que hagas el esfuerzo de darme tu cariño hasta el último de mis días, que no me dejes sólo, que no me abandones, que hagas lo mismo que hice por ti.
Sin embargo, tu vida ha cambiado ya no eres ese jovencito que comprendía las cosas. El lujo, el dinero, la fama te lavó la cabeza y sin pensarlo me trajiste a este lugar donde la humedad invade mi habitación, donde los días se tiñen de gris, donde por las ventanas no entra la luz del sol, donde los olores son insoportables, la comida es fría y nos descompone y las camas son incómodas, donde no hay diversión ni buenos momentos, sólo vivimos en soledad esperando las visitas de nuestras familias y otros esperan el día de su partida.
Cuando murió tu madre tuve que aprender muchas cosas para que estés bien y no te haga falta nada: te cambié los pañales, te ayudé a comer, a andar en bicicleta, a trabajar, a estudiar, a triunfar en la vida, te acompañé en tus momentos de tristeza, cuando se te murió tu perrito, cuando recordabas a tu mamá, cuando las cosas no te salían bien yo trababa de sacarte una sonrisa, te enseñé valores, te eduqué, nunca te maltraté. Sos una persona brillante, di lo mejor de mí para que triunfes en la vida, siempre estuve muy orgulloso de vos, siempre te decía que te quería, que eras lo más importante para mí en este mundo.
Sé que soy un estorbo, que ya no sirvo para nada, que en estos tiempos sólo te traje disgustos. Soy como un bebé, como ese bebé que vos fuiste cuando naciste, como ese niño que necesitó mi ayuda cada vez que no lograbas lo que querías, soy como ese adolescente que le costaba estudiar, que sufría por amores, al que el trabajo le resultaba muy duro pero yo siempre estuve para ayudarlo y darle mi apoyo, soy como ese hombre que tuvo un hijo y no sabía qué hacer y yo le di consejos y lo ayudé a que sea un buen padre como yo lo fui con él.
Hijo mío … ¿por qué me dejaste en este lugar sin tu cariño, sin tu ayuda, sin ver a mis nietos? Me dejaste de lado, me olvidaste, te dedique la vida entera y sé que no me merezco esto, no es malo estar en un asilo, pero lo que es malo es dejar de lado a la persona que más te ama, que dio todo por tu felicidad, yo no te culpo por tu forma de pensar, pues soy humano y no soy quien para juzgar, eres mi hijo y siempre te voy a querer. Yo te perdono por haberme dejado en este lugar como te perdono haberme olvidado pero está en ti en que te perdones lo poco que hiciste por mí y no haber valorado el cariño que te tengo.
Hoy me despido con lágrimas en los ojos que se derraman sobre esta carta para que te tomes un momento y entiendas lo mucho que me dolió que me hayas olvidado, pero me despido con la imagen de ese niño al que vi nacer, crecer y triunfar. Sos mi mayor orgullo, te deseo lo mejor, todavía te queda un gran futuro por delante, sólo repara tus errores y haz las cosas bien como te enseño este anciano, te amo hijo.
“El abandono de los ancianos es un pecado mortal. ¡Es feo ver a los ancianos descartados, es una cosa fea, es pecado! El anciano somos, nosotros dentro de poco, dentro de mucho.”
Papa Francisco. Flaco
Hace tres años que no vienes a verme y sé que hoy tampoco vendrás te has olvidado de mí, pero por ello decidí escribirte esta carta. No sabes cómo estoy pero yo sí sé lo bien que te está yendo con tu carrera profesional, eres muy bueno jugando al fútbol, tienes un gran talento, los medios hablan muy bien de vos, recorres el mundo entero y disfrutas mucho tus tiempos libres, pero ya no tienes tiempo para ver a este anciano aburrido.
¿Te acordás lo que te dije cuando te volviste mayor de edad? Te mencioné este día, en el que me ibas a ver viejo y ya no sería el mismo de antes. Te pedí que me intentes comprender cuando no pueda cambiarme, ni bañarme y me ensucie. Te pedí que no te desesperes, cuando me enferme y me caiga y no te asustes, sino que hagas el esfuerzo de darme tu cariño hasta el último de mis días, que no me dejes sólo, que no me abandones, que hagas lo mismo que hice por ti.
Sin embargo, tu vida ha cambiado ya no eres ese jovencito que comprendía las cosas. El lujo, el dinero, la fama te lavó la cabeza y sin pensarlo me trajiste a este lugar donde la humedad invade mi habitación, donde los días se tiñen de gris, donde por las ventanas no entra la luz del sol, donde los olores son insoportables, la comida es fría y nos descompone y las camas son incómodas, donde no hay diversión ni buenos momentos, sólo vivimos en soledad esperando las visitas de nuestras familias y otros esperan el día de su partida.
Cuando murió tu madre tuve que aprender muchas cosas para que estés bien y no te haga falta nada: te cambié los pañales, te ayudé a comer, a andar en bicicleta, a trabajar, a estudiar, a triunfar en la vida, te acompañé en tus momentos de tristeza, cuando se te murió tu perrito, cuando recordabas a tu mamá, cuando las cosas no te salían bien yo trababa de sacarte una sonrisa, te enseñé valores, te eduqué, nunca te maltraté. Sos una persona brillante, di lo mejor de mí para que triunfes en la vida, siempre estuve muy orgulloso de vos, siempre te decía que te quería, que eras lo más importante para mí en este mundo.
Sé que soy un estorbo, que ya no sirvo para nada, que en estos tiempos sólo te traje disgustos. Soy como un bebé, como ese bebé que vos fuiste cuando naciste, como ese niño que necesitó mi ayuda cada vez que no lograbas lo que querías, soy como ese adolescente que le costaba estudiar, que sufría por amores, al que el trabajo le resultaba muy duro pero yo siempre estuve para ayudarlo y darle mi apoyo, soy como ese hombre que tuvo un hijo y no sabía qué hacer y yo le di consejos y lo ayudé a que sea un buen padre como yo lo fui con él.
Hijo mío … ¿por qué me dejaste en este lugar sin tu cariño, sin tu ayuda, sin ver a mis nietos? Me dejaste de lado, me olvidaste, te dedique la vida entera y sé que no me merezco esto, no es malo estar en un asilo, pero lo que es malo es dejar de lado a la persona que más te ama, que dio todo por tu felicidad, yo no te culpo por tu forma de pensar, pues soy humano y no soy quien para juzgar, eres mi hijo y siempre te voy a querer. Yo te perdono por haberme dejado en este lugar como te perdono haberme olvidado pero está en ti en que te perdones lo poco que hiciste por mí y no haber valorado el cariño que te tengo.
Hoy me despido con lágrimas en los ojos que se derraman sobre esta carta para que te tomes un momento y entiendas lo mucho que me dolió que me hayas olvidado, pero me despido con la imagen de ese niño al que vi nacer, crecer y triunfar. Sos mi mayor orgullo, te deseo lo mejor, todavía te queda un gran futuro por delante, sólo repara tus errores y haz las cosas bien como te enseño este anciano, te amo hijo.
“El abandono de los ancianos es un pecado mortal. ¡Es feo ver a los ancianos descartados, es una cosa fea, es pecado! El anciano somos, nosotros dentro de poco, dentro de mucho.”
Papa Francisco. Flaco
CONTATE UN CUENTO IX - Mención de Honor de Categoría “A” SECRETOS DE INVIERNO Por Máximo Oddo alumno de 1º año de E.S. Nº 3”Carmelo Sánchez”
Era un día muy frío y la peluquería estaba desolada. Estuve esperando unas horas hasta la llegada del sr. Alderman. Él era un sexagenario robusto con aires de felicidad que venía cada semana a saludarme y a pedirme que le cortase el cabello. Sin embargo, ese día se veía un poco desanimado. Envuelto en su gran bufanda color café cruzó la puerta. Estaba muy extraño a mi parecer. No quería hablar. Le pregunté por qué estaba desanimado Él me pidió un vaso de agua y comenzamos a hablar. El pobre hombre, deprimido, me contó que sólo le quedaban unas pocas semanas de vida. Yo sentí una corazonada. No iba a dejar que este humilde señor muriera solo y triste, así que me ofrecí a cuidarlo. Él levantó una tenue sonrisa.
Repentinamente, escuché un extraño sonido desde la cocina. Lo noté al ver el comportamiento alterado de Atenea, mi dóberman, que estaba paseando alrededor de mí. Fui en puntitas de pie para no alarmar.
Pasaron quince minutos y el sr. Alderman se empezó a impacientar. Se levantó de su silla y escuchó pasos hacia allí. Se oyó a alguien que decía… “-¡Levanten las manos o los elimino de la faz de la tierra!-”
El Sr. Alderman reaccionó a la orden sin dudar. Un hombre rubio, alto, de nariz aguileña salía de la oscuridad tomándome por el cuello con un cuchillo. Luego, en un impulso de miedo, el anciano sacó un revólver de su bolsillo derecho y disparó tres balazos en la zona del tórax de ese desgraciado. Le pregunté, liberándome del agresor gracias al sorpresivo ataque de dónde había sacado ese arma. Alderman me explicó que, desde que hubo un ataque de ladrones en una fracción del barrio en el que se hospedaba, él tuvo un momento de inseguridad ajena y pensó que sería una buena idea comprar un arma, así se defendería si le ocurría el mismo y trágico destino que las víctimas de aquel robo.
Luego de un largo silencio, en el que sólo se cruzaban nuestras angustiantes miradas y de haber movido entre los dos, el cuerpo sin vida del malhechor hacia el terreno lindante, él se sentó en una silla indicándome que le cortara el cabello. Me dijo que su vida no era fácil, que tenía que cargar con la desdicha de la muerte de su esposa y el secuestro de su primogénito. Se sentía muy solo porque su hija menor tenía que mantener a sus nietos y que por eso no podía estar junto a él; ella se había mudado a Francia desde hacía casi una década. Según sus propios dichos: “Elisa, mi hija, es una madre responsable que cuida a sus hijos con su vida, después de todo, ella ha estado muy ocupada estos días. En Toulouse, ella tiene que ganarse la vida.” Su mirada se opacó aún más cuando mencionó: “Mi hijo era un niño bajo de estatura, rubio y alegre, me impresiona que haya desaparecido a tres cuadras de aquí, eran épocas de dictadura, así que su desaparición no era algo extraño. En tiempos de silencio obligatorio nadie escuchó mis reclamos.”
Al escuchar esto empecé a dudar, ¡qué coincidencia, su hijo tuvo la misma desgracia que yo! Según mi madre adoptiva, un desconocido me abandonó en su puerta cuando apenas tenía cinco años…Sin dejar de pensar en ello, le ofrecí llevarlo a su casa en mi viejo Ford Falcón. Asintió con la cabeza y se puso en camino al cacharro de auto que tengo mientras yo bajaba la persiana metálica del local.
Atenea se subió al auto con sus patas embarradas. El auto empezó a hacer ruidos molestos hasta que arrancó; estuvimos discutiendo sobre múltiples maneras de arreglar los problemas del auto hasta que llegamos a su vivienda.Él me ofreció una porción de tarta de frambuesa mientras le tiraba un hueso con unos vestigios restantes de carne a mi can. Me quedé impresionado al escucharlo, yo le dije que era mi tarta favorita. Él dijo que carecía de palabras para explicar que también era su sabor de preferencia. Lo acompañé hasta su habitación, se despidió de mí y me fui raudamente hacia mi casa a dormir.
Dos semanas después...
Al despertar refunfuñé debido al estridente ruido del despertador, me levanté, me cambié, tomé una taza de café para ir al hospital a acompañar al Sr Alderman, quien estaba internado desde hacía un par de días. Me estaba sacando la campera que usaba debido al frío polar y, de repente, me empecé a sentir encolerizado al recordar que me había deshecho del cadáver de ese desdichado ladrón unas semanas antes para no dejar rastros del asesinato.
El señor estaba débil, miraba hacia el techo mientras. Lo saludé, agarré un banco pequeño de una esquina y me senté a su lado. Él me saludó tartamudeando, con desgano, aunque en sus ojos se veía que estaba feliz sabiendo que yo había llegado a acompañarlo. Se puso a respirar lentamente mientras decía: “ Después de todos estos años juntos, nuestra felicidad, nuestros sentimientos, debo revelarte mi secreto más grande a ti antes de que sea demasiado tarde para mí. Aunque no lo sepas, y me sienta herido en el corazón por no haberlo dicho antes pero…”
Lo abracé mientras decía sus palabras finales utilizando su último aliento… “ Aunque no esté para ti, quiero decirte, Vinicius Thomas Alderman, siempre estaré contigo...”
Después de todo, ante los sucesos ocurridos, y en un mundo de desdichas, que me produjeron más preguntas que respuestas, acabo de llegar a la conclusión de que el señor Alderman era mi padre y que Elisa era mi hermana. De repente, y después de tantos años de soledad, tenía ante mí, una familia de sangre.
Nunca olvidaré a una persona a quien yo quería con el corazón y con quien anhelaba haber podido pasar más tiempo, y a quien yo solía llamar: Señor Alderman…
Repentinamente, escuché un extraño sonido desde la cocina. Lo noté al ver el comportamiento alterado de Atenea, mi dóberman, que estaba paseando alrededor de mí. Fui en puntitas de pie para no alarmar.
Pasaron quince minutos y el sr. Alderman se empezó a impacientar. Se levantó de su silla y escuchó pasos hacia allí. Se oyó a alguien que decía… “-¡Levanten las manos o los elimino de la faz de la tierra!-”
El Sr. Alderman reaccionó a la orden sin dudar. Un hombre rubio, alto, de nariz aguileña salía de la oscuridad tomándome por el cuello con un cuchillo. Luego, en un impulso de miedo, el anciano sacó un revólver de su bolsillo derecho y disparó tres balazos en la zona del tórax de ese desgraciado. Le pregunté, liberándome del agresor gracias al sorpresivo ataque de dónde había sacado ese arma. Alderman me explicó que, desde que hubo un ataque de ladrones en una fracción del barrio en el que se hospedaba, él tuvo un momento de inseguridad ajena y pensó que sería una buena idea comprar un arma, así se defendería si le ocurría el mismo y trágico destino que las víctimas de aquel robo.
Luego de un largo silencio, en el que sólo se cruzaban nuestras angustiantes miradas y de haber movido entre los dos, el cuerpo sin vida del malhechor hacia el terreno lindante, él se sentó en una silla indicándome que le cortara el cabello. Me dijo que su vida no era fácil, que tenía que cargar con la desdicha de la muerte de su esposa y el secuestro de su primogénito. Se sentía muy solo porque su hija menor tenía que mantener a sus nietos y que por eso no podía estar junto a él; ella se había mudado a Francia desde hacía casi una década. Según sus propios dichos: “Elisa, mi hija, es una madre responsable que cuida a sus hijos con su vida, después de todo, ella ha estado muy ocupada estos días. En Toulouse, ella tiene que ganarse la vida.” Su mirada se opacó aún más cuando mencionó: “Mi hijo era un niño bajo de estatura, rubio y alegre, me impresiona que haya desaparecido a tres cuadras de aquí, eran épocas de dictadura, así que su desaparición no era algo extraño. En tiempos de silencio obligatorio nadie escuchó mis reclamos.”
Al escuchar esto empecé a dudar, ¡qué coincidencia, su hijo tuvo la misma desgracia que yo! Según mi madre adoptiva, un desconocido me abandonó en su puerta cuando apenas tenía cinco años…Sin dejar de pensar en ello, le ofrecí llevarlo a su casa en mi viejo Ford Falcón. Asintió con la cabeza y se puso en camino al cacharro de auto que tengo mientras yo bajaba la persiana metálica del local.
Atenea se subió al auto con sus patas embarradas. El auto empezó a hacer ruidos molestos hasta que arrancó; estuvimos discutiendo sobre múltiples maneras de arreglar los problemas del auto hasta que llegamos a su vivienda.Él me ofreció una porción de tarta de frambuesa mientras le tiraba un hueso con unos vestigios restantes de carne a mi can. Me quedé impresionado al escucharlo, yo le dije que era mi tarta favorita. Él dijo que carecía de palabras para explicar que también era su sabor de preferencia. Lo acompañé hasta su habitación, se despidió de mí y me fui raudamente hacia mi casa a dormir.
Dos semanas después...
Al despertar refunfuñé debido al estridente ruido del despertador, me levanté, me cambié, tomé una taza de café para ir al hospital a acompañar al Sr Alderman, quien estaba internado desde hacía un par de días. Me estaba sacando la campera que usaba debido al frío polar y, de repente, me empecé a sentir encolerizado al recordar que me había deshecho del cadáver de ese desdichado ladrón unas semanas antes para no dejar rastros del asesinato.
El señor estaba débil, miraba hacia el techo mientras. Lo saludé, agarré un banco pequeño de una esquina y me senté a su lado. Él me saludó tartamudeando, con desgano, aunque en sus ojos se veía que estaba feliz sabiendo que yo había llegado a acompañarlo. Se puso a respirar lentamente mientras decía: “ Después de todos estos años juntos, nuestra felicidad, nuestros sentimientos, debo revelarte mi secreto más grande a ti antes de que sea demasiado tarde para mí. Aunque no lo sepas, y me sienta herido en el corazón por no haberlo dicho antes pero…”
Lo abracé mientras decía sus palabras finales utilizando su último aliento… “ Aunque no esté para ti, quiero decirte, Vinicius Thomas Alderman, siempre estaré contigo...”
Después de todo, ante los sucesos ocurridos, y en un mundo de desdichas, que me produjeron más preguntas que respuestas, acabo de llegar a la conclusión de que el señor Alderman era mi padre y que Elisa era mi hermana. De repente, y después de tantos años de soledad, tenía ante mí, una familia de sangre.
Nunca olvidaré a una persona a quien yo quería con el corazón y con quien anhelaba haber podido pasar más tiempo, y a quien yo solía llamar: Señor Alderman…
sábado, 11 de febrero de 2017
“Llegó la hora de escribir un cuento” Edición 2016 - La princesa de la habitación chiquita - Por Erika Saravia, alumna de la Ep Nº 13
La princesa Pía vivía en un castillo muy pero muy chiquito, casi como una habitación. Tenía una cocina, un baño, la mesa y una cama.
Ella era muy feliz en ese palacio. Cuando se juntaba con sus amigas le preguntaban cómo podía vivir en tan pequeño espacio, y ella respondía que ese castillo era suficiente grande para ella.
La princesa Pía fue a visitar a la princesa Jorgelina , ella vivía sola en el castillo más grande del mundo, que tenia cinco habitaciones, un trono, una gigante cocina, las paredes de color dorado brilloso, ventanales, un enorme patio con un rosedal, un laberinto y una cascada.
Jorgelina le contó que siempre estaba aburrida, porque el castillo era tan grande que se cansaba de caminar…y además cuando venían sus amigos se perdían adentro.
Jorgelina estaba sorprendida de como Pía podía vivir en tan pequeño lugar. Entonces decidió ir a visitarla y así poder conocer ese castillo.
Al llegar se sorprendió de lo lindo que era ese castillito porque se podía conversar y mirarse a los ojos, observar hacia afuera el paisaje sentir lindas cosas, le gustó tanto que…cuando volvió a su castillo pidió al arquitecto del palacio que lo remodelara y que hiciera varios castillitos chiquitos y de esa manera podía por fin estar con sus amigos.
Con ese cambio, ella pudo compartir el castillo e invito a muchos de sus amigos a vivir con ella…de esa manera a partir de ese momento siempre estuvo acompañada y nunca más se sintió sola y siempre pensaba que lo importante no es tener cosas grandes, sino aprender a compartir cosas pequeñas.
Ella era muy feliz en ese palacio. Cuando se juntaba con sus amigas le preguntaban cómo podía vivir en tan pequeño espacio, y ella respondía que ese castillo era suficiente grande para ella.
La princesa Pía fue a visitar a la princesa Jorgelina , ella vivía sola en el castillo más grande del mundo, que tenia cinco habitaciones, un trono, una gigante cocina, las paredes de color dorado brilloso, ventanales, un enorme patio con un rosedal, un laberinto y una cascada.
Jorgelina le contó que siempre estaba aburrida, porque el castillo era tan grande que se cansaba de caminar…y además cuando venían sus amigos se perdían adentro.
Jorgelina estaba sorprendida de como Pía podía vivir en tan pequeño lugar. Entonces decidió ir a visitarla y así poder conocer ese castillo.
Al llegar se sorprendió de lo lindo que era ese castillito porque se podía conversar y mirarse a los ojos, observar hacia afuera el paisaje sentir lindas cosas, le gustó tanto que…cuando volvió a su castillo pidió al arquitecto del palacio que lo remodelara y que hiciera varios castillitos chiquitos y de esa manera podía por fin estar con sus amigos.
Con ese cambio, ella pudo compartir el castillo e invito a muchos de sus amigos a vivir con ella…de esa manera a partir de ese momento siempre estuvo acompañada y nunca más se sintió sola y siempre pensaba que lo importante no es tener cosas grandes, sino aprender a compartir cosas pequeñas.
“Llegó la hora de escribir un cuento” Edición 2016 - La máquina de escribir mágica - Por Lucía Verlotta, alumna de la EP Nº 13
Amalia era una niña de once años a la cual le gustaba estar rodeada de amigos/as, los padres eran grandes científicos y decían qué la magia no existía. Un día la niña salió a explorar con amigos y encontró una “máquina de escribir mágica” y decía:“si encuentras esta máquina todo lo que escribas se cumplirá, solo si no eres egoísta”. La niña decidió contarles a sus amigas y amigos. Ellos la felicitaron y todos le pidieron tres deseos, los cuales ella con gusto cumplió.
Pero al llegar a su casa les conto todo a sus padres, ellos no le creyeron, ella les dijo:-tengo testigos-. La pequeña, llamó a su mejor amiga Francisca pero le decían “Pancha”. Llego enseguida, y les conto a los padres de Amalia todo lo que sucedió esa misma tarde, pero tampoco creyeron lo que dijo la niña. Los medios se enteraron de la historia y fueron hasta la casa de la pequeña, salieron los padres y dijeron que la historia era una total mentira y que los niños pueden ser muy fantasiosos.
Luego de unos días la ciudad entera se había enterado de la historia y nadie creyó que la niña estuviese mintiendo, muchos intentaron robarla pero los padres la guardaron en una caja fuerte. Con el pasar de los años todos se habían olvidado de la historia hasta la mismísima Amalia. Ella ya había cumplido quince. Cuando estaba en “Candy Landia”, recordó la máquina y les contó la historia a sus amigas y ellas se asombraron. Le dijeron:-todo lo que queras lo podrás alcanzar, y todos tus sueños se harán realidad-.En “Swettland” todos creían en la “magia” y decían que era lo más bello del mundo, lo más lindo que te podías imaginar.
En la noche que fueron al “Diverland”, soñó que cumplía tres sueños de cada amiga. En la mañana les preguntó a sus compañeras que les gustaría pedir si tuvieran tres deseos, todas dijeron dinero, fama, propiedades, belleza. Una de ellas no pidió eso sino que pidió salud para toda su familia y que nunca les faltara nada. Amalia se emocionó al ver a Francisca tan solidaria y bondadosa. A la semana llegaron de su viaje, la joven les preguntó a sus padres, si sabían dónde estaba su máquina ellos se sorprendieron al ver que Amalia se acordaba.
Los padres dijeron:-¡Amalia ya estas grande para creer en la magia!-.La miraron y la abrazaron, le dijeron:-te vamos a dar la máquina pero no te desilusiones cuando no funcione -. Ella cumplió los deseos de sus amigas y para Pancha escribió: Francisca es millonaria, tiene un campo de golosinas, salud y belleza para toda su familia.
La muy buena amiga llamo a Amalia y le agradeció por todo, luego los padres dijeron:-Te creemos estamos orgullosos de vos, nunca te vamos a defraudar, ahora escribe tu propia historia utilizando la maquina-.
Ella dijo:-no quiero usar la máquina, quiero ver lo que el destino tiene preparado para mí. Solo quiero que el amor verdadero llegue a mi vida y todo fluya sin ningún hechizo, quiero utilizar la máquina solo para ayudar a los más necesitados porque de eso se trata la vida de ayudar a los demás sin pedir nada a cambio-.
Pero al llegar a su casa les conto todo a sus padres, ellos no le creyeron, ella les dijo:-tengo testigos-. La pequeña, llamó a su mejor amiga Francisca pero le decían “Pancha”. Llego enseguida, y les conto a los padres de Amalia todo lo que sucedió esa misma tarde, pero tampoco creyeron lo que dijo la niña. Los medios se enteraron de la historia y fueron hasta la casa de la pequeña, salieron los padres y dijeron que la historia era una total mentira y que los niños pueden ser muy fantasiosos.
Luego de unos días la ciudad entera se había enterado de la historia y nadie creyó que la niña estuviese mintiendo, muchos intentaron robarla pero los padres la guardaron en una caja fuerte. Con el pasar de los años todos se habían olvidado de la historia hasta la mismísima Amalia. Ella ya había cumplido quince. Cuando estaba en “Candy Landia”, recordó la máquina y les contó la historia a sus amigas y ellas se asombraron. Le dijeron:-todo lo que queras lo podrás alcanzar, y todos tus sueños se harán realidad-.En “Swettland” todos creían en la “magia” y decían que era lo más bello del mundo, lo más lindo que te podías imaginar.
En la noche que fueron al “Diverland”, soñó que cumplía tres sueños de cada amiga. En la mañana les preguntó a sus compañeras que les gustaría pedir si tuvieran tres deseos, todas dijeron dinero, fama, propiedades, belleza. Una de ellas no pidió eso sino que pidió salud para toda su familia y que nunca les faltara nada. Amalia se emocionó al ver a Francisca tan solidaria y bondadosa. A la semana llegaron de su viaje, la joven les preguntó a sus padres, si sabían dónde estaba su máquina ellos se sorprendieron al ver que Amalia se acordaba.
Los padres dijeron:-¡Amalia ya estas grande para creer en la magia!-.La miraron y la abrazaron, le dijeron:-te vamos a dar la máquina pero no te desilusiones cuando no funcione -. Ella cumplió los deseos de sus amigas y para Pancha escribió: Francisca es millonaria, tiene un campo de golosinas, salud y belleza para toda su familia.
La muy buena amiga llamo a Amalia y le agradeció por todo, luego los padres dijeron:-Te creemos estamos orgullosos de vos, nunca te vamos a defraudar, ahora escribe tu propia historia utilizando la maquina-.
Ella dijo:-no quiero usar la máquina, quiero ver lo que el destino tiene preparado para mí. Solo quiero que el amor verdadero llegue a mi vida y todo fluya sin ningún hechizo, quiero utilizar la máquina solo para ayudar a los más necesitados porque de eso se trata la vida de ayudar a los demás sin pedir nada a cambio-.
“Llegó la hora de escribir un cuento” Edición 2016 - Mi ángel protector - Por Ayelén Natalia Servidio, alumna de la EP. Nº24
Había una vez una niña llamada Isabel. Un día estaba jugando en el jardín de su casa cuando de repente vio unos ojos muy hermosos que la miraban de detrás de un arbusto. Pensó que era su padre, entonces le dijo:
-Papá ¿qué haces allí detrás de los arbustos? Se acercó divertida y vio que allí no estaba su padre sino que era un animalito de ojos muy grandes y dulces, parecido a un conejo. Su pelaje se veía suave y parecía sonreír cuando la miraba. Isabel se asombró tanto de lo que había visto que fue corriendo a contarle a su padre que en ese momento estaba en la cocina lavando los platos del mediodía.
-¿Estás segura que viste un animalito así, Isabel?-le preguntó su padre.
-Claro papá ¡Y es muy lindo! ¡Vamos a verlo!
El padre dejó lo que estaba haciendo y fue con su hija al jardín, pero cuando llegaron al arbusto, no había nada.
La niña miró al padre con ojos llorosos y él le hizo una sonrisa y volvió a la cocina. Isabel quedó triste mirando el arbusto. ¿Dónde estaría el animalito? ¿Lo habría imaginado?
Con una mezcla de tristeza y enojo, fue a su cuarto, se tiró en la cama y se durmió pensando en esos ojos tan grandes y dulces.
A la noche, cuando la madre ya había vuelto del trabajo, habló con el padre que le contó lo ocurrido con Isabel en el jardín. Ella se preocupó porque pensó que Isabel estaba tan sola porque que vivían muy alejados de algún vecino, y que por eso comenzaba a inventar amigos imaginarios.
Todos los días, Isabel corría al jardín y pasaba las tardes jugando junto al arbusto y luego les contaba a sus padres los juegos con el animalito. Entonces ellos, preocupados, pensaron que por un tiempo Isabel debía alejarse del jardín de su casa, pasar más tiempo adentro, leyendo, mirando tele, haciendo cosas que la alejaran del arbusto y del animal imaginario.
Ya no la dejaban salir a jugar y poco a poco Isabel fue entristeciéndose, dejó de tener apetito, hasta que un día cayó enferma, con mucha fiebre. Cuando la acostaron en la cama y llamaron al médico, la niña repetía sin cesar:
-Por favor…déjenme jugar con mi animalito…Él es mi único amigo…
Su salud empeoraba día a día y la fiebre no bajaba. Pero los padres seguían pensando que la niña estaba obsesionada entonces cerraron las ventanas de su cuarto y pusieron cortinas gruesas y pesadas. El médico les dijo que si continuaba así deberían internarla.
Una mañana de mucho sol, la mamá decidió correr las cortinas y abrir las ventanas de la habitación de Isabel. Al otro día, la niña estaba mucho mejor y la fiebre había bajado mucho. Pasó otro día y ya Isabel se levantaba de la cama y la fiebre había desaparecido.
Ese fin de semana, Isabel estuvo muy bien y se alegró cuando el médico le dijo que ya podía volver a la escuela.
Aprovechando que Isabel estaba en la escuela, la madre comenzó a limpiar su habitación. Cuando se acercó a la ventana, le pareció ver unas pequeñas huellas, como de animalito, que se dirigían a la cama de su hija…
El llanto de la mamá, mezclado con asombro y temor, fueron escuchados por el papá que se encontraba en la sala. Cuando él llega a la habitación, vio a la mamá arrodillada a los pies de la cama y, junto a ella entre las sábanas corridas, dos grandes y dulces ojos que los miraban y parecían sonreír…
-Papá ¿qué haces allí detrás de los arbustos? Se acercó divertida y vio que allí no estaba su padre sino que era un animalito de ojos muy grandes y dulces, parecido a un conejo. Su pelaje se veía suave y parecía sonreír cuando la miraba. Isabel se asombró tanto de lo que había visto que fue corriendo a contarle a su padre que en ese momento estaba en la cocina lavando los platos del mediodía.
-¿Estás segura que viste un animalito así, Isabel?-le preguntó su padre.
-Claro papá ¡Y es muy lindo! ¡Vamos a verlo!
El padre dejó lo que estaba haciendo y fue con su hija al jardín, pero cuando llegaron al arbusto, no había nada.
La niña miró al padre con ojos llorosos y él le hizo una sonrisa y volvió a la cocina. Isabel quedó triste mirando el arbusto. ¿Dónde estaría el animalito? ¿Lo habría imaginado?
Con una mezcla de tristeza y enojo, fue a su cuarto, se tiró en la cama y se durmió pensando en esos ojos tan grandes y dulces.
A la noche, cuando la madre ya había vuelto del trabajo, habló con el padre que le contó lo ocurrido con Isabel en el jardín. Ella se preocupó porque pensó que Isabel estaba tan sola porque que vivían muy alejados de algún vecino, y que por eso comenzaba a inventar amigos imaginarios.
Todos los días, Isabel corría al jardín y pasaba las tardes jugando junto al arbusto y luego les contaba a sus padres los juegos con el animalito. Entonces ellos, preocupados, pensaron que por un tiempo Isabel debía alejarse del jardín de su casa, pasar más tiempo adentro, leyendo, mirando tele, haciendo cosas que la alejaran del arbusto y del animal imaginario.
Ya no la dejaban salir a jugar y poco a poco Isabel fue entristeciéndose, dejó de tener apetito, hasta que un día cayó enferma, con mucha fiebre. Cuando la acostaron en la cama y llamaron al médico, la niña repetía sin cesar:
-Por favor…déjenme jugar con mi animalito…Él es mi único amigo…
Su salud empeoraba día a día y la fiebre no bajaba. Pero los padres seguían pensando que la niña estaba obsesionada entonces cerraron las ventanas de su cuarto y pusieron cortinas gruesas y pesadas. El médico les dijo que si continuaba así deberían internarla.
Una mañana de mucho sol, la mamá decidió correr las cortinas y abrir las ventanas de la habitación de Isabel. Al otro día, la niña estaba mucho mejor y la fiebre había bajado mucho. Pasó otro día y ya Isabel se levantaba de la cama y la fiebre había desaparecido.
Ese fin de semana, Isabel estuvo muy bien y se alegró cuando el médico le dijo que ya podía volver a la escuela.
Aprovechando que Isabel estaba en la escuela, la madre comenzó a limpiar su habitación. Cuando se acercó a la ventana, le pareció ver unas pequeñas huellas, como de animalito, que se dirigían a la cama de su hija…
El llanto de la mamá, mezclado con asombro y temor, fueron escuchados por el papá que se encontraba en la sala. Cuando él llega a la habitación, vio a la mamá arrodillada a los pies de la cama y, junto a ella entre las sábanas corridas, dos grandes y dulces ojos que los miraban y parecían sonreír…
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