Es como el agua en gracias generosas
por el frescor humilde de la arena:
un albo deshojar de húmedas rosas,
líquido florecer que de amor suena.
Sencillamente fluyes, te derramas
en amorosa ofrenda por mi orilla.
De agua encendida o de fluyentes llamas
tocada dejas esta humana arcilla.
Como en la húmeda tierra tengo huellas:
sobre mí de tu paso transparente,
y brillantes guijarros, como estrellas,
iluminados bajo tu corriente.
Mira el agua. Contémplate. En el fondo
de mi alma, amor, lo mismo fluyes.
Miro el agua. Te miro. Y en el fondo
del tiempo, acaso, como el agua huyes.
¡Bienvenidos! Este blog de literatura está abierto a todo tipo de lectores. Quienes lo hacemos no tenemos otra motivación que el de compartir la lectura de las obras de escritores de todos los tiempos, así como también las de aquellos que se inician y también merecen difusión.
sábado, 2 de septiembre de 2017
La oveja cien Por Ezequiel Feito
I
Hay una silla que nadie ocupa, un lugar pequeño,
un vacío de luz que nada vale.
Es el de la oveja cien, la sin nombre,
la que hoy es nunca y mañana nadie.
¿Por qué se ha ido? ¿No te importa?
Guarda eres de tu hermano, ¿no lo sabes?
II
¿Quiénes son las 99 satisfechas,
engordando con la ausencia de ese aire?
Sus vientres se llenan mientras tanto el mundo
va vaciándose.
III
Tú eres esa oveja, búscala.
Su corazón y su muerte son tu parte.
Si, búscala como a tu vida;
sólo en ella te hallarás buscándote.
Hay una silla que nadie ocupa, un lugar pequeño,
un vacío de luz que nada vale.
Es el de la oveja cien, la sin nombre,
la que hoy es nunca y mañana nadie.
¿Por qué se ha ido? ¿No te importa?
Guarda eres de tu hermano, ¿no lo sabes?
II
¿Quiénes son las 99 satisfechas,
engordando con la ausencia de ese aire?
Sus vientres se llenan mientras tanto el mundo
va vaciándose.
III
Tú eres esa oveja, búscala.
Su corazón y su muerte son tu parte.
Si, búscala como a tu vida;
sólo en ella te hallarás buscándote.
Pensamientos de Pascal (selección)
213
Entre nosotros, y el infierno o el cielo, sólo está la vida, que es la cosa más frágil del mundo.
426
Puesto que la verdadera naturaleza está perdida, todo se torna su naturaleza; del mismo modo, puesto que el verdadero bien está perdido, todo se torna su verdadero bien.
438
¿Si el hombre no está hecho para Dios, por qué sólo es feliz en Dios? ¿Si el hombre está hecho para Dios, porqué es tan contrario a Dios?
439
Naturaleza corrompida. - El hombre no obra por razón, la cual constituye su ser .
442
La verdadera naturaleza del hombre, su verdadero bien, y la verdadera virtud y la verdadera religión, son cosas cuyo conocimiento es inseparable.
456
¡Qué desarreglo del juicio, por el cual no hay nadie que no se sitúe por encima de todos los demás, y que no prefiera su propio bien a y la duración de su dicha y de su vida, a la
de todos los demás!
209
¿Eres menos esclavo, por más que tu dueño te ame y te halague? Tu suerte es grande, esclavo. Tu dueño te halaga; pronto te castigará.
462
La mayor parte de los hombres sitúa el bien en la fortuna y en los bienes de afuera, o por lo menos en la diversión. Los filósofos han mostrado la
vanidad de todo eso, y lo han colocado donde han podido.
469
Siento que puedo no haber sido, pues el yo consiste en mi pensamiento; por lo tanto, yo que pienso no habría sido si mi madre hubiera sido muerta antes que yo hubiese sido
animado; por lo tanto, yo no soy un ser necesario. Tampoco soy eterno ni infinito; pero me doy perfecta cuenta de que hay en la naturaleza un ser necesario, eterno e infinito.
472
La voluntad propia a nunca estará satisfecha, aun cuando tuviere poder de todo lo que quiere; pero estamos satisfechos desde el momento en que a ella renunciamos. Sin ella, no podemos estar descontentos; por ella, no podemos estar contentos.
198
La sensibilidad del hombre por las pequeñas cosas y la insensibilidad por las grandes cosas: señal de una extraña inversión
249
El supersticioso pone su esperanza en las formalidades,
pero el soberbio no quiere someterse a ellas.
253
Dos excesos: excluir la razón, no admitir más que la razón.
253
Dos excesos: excluir la razón, no admitir más que la razón.
257
Sólo hay tres clases de personas: los que sirven a Dios, habiéndolo encontrado; los que se afanan buscándolo, porque no lo han encontrado; los que viven sin buscarlo ni haberlo encontrado. Los primeros son razonables y felices, los últimos son locos y desdichados, los del medio son desdichados y razonables.
261
Quienes no aman la verdad toman el pretexto de la disputa, de la multitud de los que la niegan. Y por ello su error sólo proviene del hecho de que no aman la verdad o la caridad; y por ello no se han excusado de esto.
267
El último paso de la razón es reconocer que hay una infinidad de cosas que la superan; ella no es más que debilidad, si no alcanza a conocer esto..
265
La fe dice en verdad lo que los sentidos no dicen, pero no lo contrario de lo que ellos ven. Ella está por encima, y no en contra.
269
Sumisión y uso de la razón; en esto consiste el verdadero cristianismo.
273
Si todo se somete a la razón, nuestra religión no tendrá nada de misterioso o de sobrenatural. Si se conculcan los principios de la razón, nuestra religión será absurda y ridícula.
Entre nosotros, y el infierno o el cielo, sólo está la vida, que es la cosa más frágil del mundo.
426
Puesto que la verdadera naturaleza está perdida, todo se torna su naturaleza; del mismo modo, puesto que el verdadero bien está perdido, todo se torna su verdadero bien.
438
¿Si el hombre no está hecho para Dios, por qué sólo es feliz en Dios? ¿Si el hombre está hecho para Dios, porqué es tan contrario a Dios?
439
Naturaleza corrompida. - El hombre no obra por razón, la cual constituye su ser .
442
La verdadera naturaleza del hombre, su verdadero bien, y la verdadera virtud y la verdadera religión, son cosas cuyo conocimiento es inseparable.
456
¡Qué desarreglo del juicio, por el cual no hay nadie que no se sitúe por encima de todos los demás, y que no prefiera su propio bien a y la duración de su dicha y de su vida, a la
de todos los demás!
209
¿Eres menos esclavo, por más que tu dueño te ame y te halague? Tu suerte es grande, esclavo. Tu dueño te halaga; pronto te castigará.
462
La mayor parte de los hombres sitúa el bien en la fortuna y en los bienes de afuera, o por lo menos en la diversión. Los filósofos han mostrado la
vanidad de todo eso, y lo han colocado donde han podido.
469
Siento que puedo no haber sido, pues el yo consiste en mi pensamiento; por lo tanto, yo que pienso no habría sido si mi madre hubiera sido muerta antes que yo hubiese sido
animado; por lo tanto, yo no soy un ser necesario. Tampoco soy eterno ni infinito; pero me doy perfecta cuenta de que hay en la naturaleza un ser necesario, eterno e infinito.
472
La voluntad propia a nunca estará satisfecha, aun cuando tuviere poder de todo lo que quiere; pero estamos satisfechos desde el momento en que a ella renunciamos. Sin ella, no podemos estar descontentos; por ella, no podemos estar contentos.
198
La sensibilidad del hombre por las pequeñas cosas y la insensibilidad por las grandes cosas: señal de una extraña inversión
249
El supersticioso pone su esperanza en las formalidades,
pero el soberbio no quiere someterse a ellas.
253
Dos excesos: excluir la razón, no admitir más que la razón.
253
Dos excesos: excluir la razón, no admitir más que la razón.
257
Sólo hay tres clases de personas: los que sirven a Dios, habiéndolo encontrado; los que se afanan buscándolo, porque no lo han encontrado; los que viven sin buscarlo ni haberlo encontrado. Los primeros son razonables y felices, los últimos son locos y desdichados, los del medio son desdichados y razonables.
261
Quienes no aman la verdad toman el pretexto de la disputa, de la multitud de los que la niegan. Y por ello su error sólo proviene del hecho de que no aman la verdad o la caridad; y por ello no se han excusado de esto.
267
El último paso de la razón es reconocer que hay una infinidad de cosas que la superan; ella no es más que debilidad, si no alcanza a conocer esto..
265
La fe dice en verdad lo que los sentidos no dicen, pero no lo contrario de lo que ellos ven. Ella está por encima, y no en contra.
269
Sumisión y uso de la razón; en esto consiste el verdadero cristianismo.
273
Si todo se somete a la razón, nuestra religión no tendrá nada de misterioso o de sobrenatural. Si se conculcan los principios de la razón, nuestra religión será absurda y ridícula.
sábado, 26 de agosto de 2017
TENEMOS QUE UNIRNOS Siglo 20, problemático y febril Por Juan Parrotti (Extraído de la revista “Hortensia” de marzo de 1985
Buena la intención esa de que todos los argentinos nos unamos, abandonando rencores, enconos y toda clase de diferencias. Los estadistas más lúcidos han tratado siempre de unir a los habitantes del país que gobernaban. Oigo estadistas y estoy diciendo hombres de Estado, no digo políticos porque, generalmente, devienen en deplorables punteros de seccional. El infierno ha sido empedrado por los bien intencionados: suele contarse de aquel señor que, con la mejor buena intención transformó la empresa en cooperativa. Al día siguiente, nadie fue a trabajar porque todos eran patrones.
Trato de dispensarme y vuelvo a la intención de unirnos. Entonces me pregunto con quién debo iniciar la unidad. Con los vecinos que son buenas personas, viven de su trabajo y tienen grandes y hermosos planes para sus hijos. Hasta ahí estoy absolutamente de acuerdo. Trabajar con esa gente hasta puede llegar a mejorarme y quizá podamos hacer muchas cosas importantes, hombro a hombro.
¿O debo intentar la unidad con el dueño del supermercado que, dado que los clientes se atienden solos, ocupa sus empleados en la remarcación de precios, acaso para que no estén ociosos?
¿Con el pequeño ahorrista que intentando cubrirse de la inflación, la devaluación o las corridas de precios, pone sus pocos pesos en el circuito financiero? De acuerdo, unirse con un hombre con sentido de la previsión puede llegar a contagiarme y transformarme en un tipo más o menos sensato en el manejo del dinero.
Sin embargo, cuando nos conminan a unirnos y la conminación aclara que debe ser con todos los argentinos, caigo en un profundo pozo de dudas.
Y hay argentinos muy traviesos que consiguen un estupendo crédito para reactivar su empresa, invierten doce pesos argentinos en ella y el resto lo ponen en la patria. . . financiera. Con esos también debo unirme, en el caso, poco probable de que me acepten?
Cuarenta años atrás, Eduardo Mallea había descubierto que existían dos Argentinas: la visible y la invisible. La visible es la que tiene el poder. Digo poder y no digo gobierno, que es otra cosa.
Y la invisible la que forman las legiones de trabajadores que, acaso no sepan definir lo que es Patria, pero que la están construyendo todos los días de su vida.
Me parece que hacer una mezcla de esas dos Argentinas es algo peligroso, algo muy erizado de riesgos: focalizada la Situación desde una óptica optimista, podríamos pensar en la posibilidad de que la Argentina invisible contagiara a la Argentina visible, pero acontece que las posibilidades son parejas, y como anclamos de malas, quizás el contagio sea el no deseado.
Una mezcla parecida fue rechazada por Bernard Shaw. La hermosa vedette le había ofrecido unirse para engendrar un hijo que poseyera su belleza y el talento del dramaturgo.
El hombre lo pensó y en la medida en que lo iba pensando crecía su espanto. Finalmente le respondió: existe la posibilidad siniestra de que nuestro hijo herede mi belleza y su talento. Murió soltero, solitario.
Solitario, como andan muchos hombres que pertenecen a la Argentina invisible porque temen a las siniestras posibilidades. Todo esto para decir que eso de la unidad nacional es algo que debe especificarse con mucha claridad, como para que puedan entenderla los tipos como yo. De todos modos, insisto, la intención es buena, un poco ingenua, si usted quiere, pero nadie ha dicho que los ingenuos sean malos.
Trato de dispensarme y vuelvo a la intención de unirnos. Entonces me pregunto con quién debo iniciar la unidad. Con los vecinos que son buenas personas, viven de su trabajo y tienen grandes y hermosos planes para sus hijos. Hasta ahí estoy absolutamente de acuerdo. Trabajar con esa gente hasta puede llegar a mejorarme y quizá podamos hacer muchas cosas importantes, hombro a hombro.
¿O debo intentar la unidad con el dueño del supermercado que, dado que los clientes se atienden solos, ocupa sus empleados en la remarcación de precios, acaso para que no estén ociosos?
¿Con el pequeño ahorrista que intentando cubrirse de la inflación, la devaluación o las corridas de precios, pone sus pocos pesos en el circuito financiero? De acuerdo, unirse con un hombre con sentido de la previsión puede llegar a contagiarme y transformarme en un tipo más o menos sensato en el manejo del dinero.
Sin embargo, cuando nos conminan a unirnos y la conminación aclara que debe ser con todos los argentinos, caigo en un profundo pozo de dudas.
Y hay argentinos muy traviesos que consiguen un estupendo crédito para reactivar su empresa, invierten doce pesos argentinos en ella y el resto lo ponen en la patria. . . financiera. Con esos también debo unirme, en el caso, poco probable de que me acepten?
Cuarenta años atrás, Eduardo Mallea había descubierto que existían dos Argentinas: la visible y la invisible. La visible es la que tiene el poder. Digo poder y no digo gobierno, que es otra cosa.
Y la invisible la que forman las legiones de trabajadores que, acaso no sepan definir lo que es Patria, pero que la están construyendo todos los días de su vida.
Me parece que hacer una mezcla de esas dos Argentinas es algo peligroso, algo muy erizado de riesgos: focalizada la Situación desde una óptica optimista, podríamos pensar en la posibilidad de que la Argentina invisible contagiara a la Argentina visible, pero acontece que las posibilidades son parejas, y como anclamos de malas, quizás el contagio sea el no deseado.
Una mezcla parecida fue rechazada por Bernard Shaw. La hermosa vedette le había ofrecido unirse para engendrar un hijo que poseyera su belleza y el talento del dramaturgo.
El hombre lo pensó y en la medida en que lo iba pensando crecía su espanto. Finalmente le respondió: existe la posibilidad siniestra de que nuestro hijo herede mi belleza y su talento. Murió soltero, solitario.
Solitario, como andan muchos hombres que pertenecen a la Argentina invisible porque temen a las siniestras posibilidades. Todo esto para decir que eso de la unidad nacional es algo que debe especificarse con mucha claridad, como para que puedan entenderla los tipos como yo. De todos modos, insisto, la intención es buena, un poco ingenua, si usted quiere, pero nadie ha dicho que los ingenuos sean malos.
LA AUTOPSIA DE CRESO Por Leopoldo Marechal - Última Entrega
52.- Pero el marxismo trae a la vez un “sistema económico” de justicia en la distribución. Y es lo único de la doctrina que le duele a Creso, aunque para combatir a Marx, el Hombrecito Económico suele decir hipócritamente qué lo hace en defensa de la civilización occidental y “cristiana”, de la misma que traicionó él en sus esencias, vale decir en los principios del Evangelio. Ahora bien, la doctrina marxista, desde su aparición, se ha concretado en realizaciones “mínimas” y en realizaciones “máximas”: las primeras merced a una legislación socialista o socializante, pretenden “frenar” a Creso en sus desbordes, bien que sin eliminarlo de la función económica; las realizaciones “máximas”, aplicando el dogma en todo su rigor, “suprimen” totalmente a Creso del organismo social. Unas y otras producen un “avance del Estado” sobre la organización humana o un estatismo económico al que la prensa de Creso y sus redactores anatematizan como “dictatorial”. Velazco amigo, yo, que nunca me asusté de las palabras, no veo mal ninguno en que un Estado, celoso de la justicia distributiva, ejerza, por necesidad, funciones “supletorias” de las que se negó a cumplir el Hombrecito Económico en su apostasía social.
53.- Según lo he demostrado, el marxismo, que se anunció como un “amanecer”, perfecciona y cierra la noche de Creso, aunque proponga un sistema distributivo de la riqueza que tampoco es original, ya que las primeras organizaciones cristianas “poseían en común todas las cosas” (Hechos de los Apóstoles, II, 44). Nos faltaría, pues , amigo Velazco, pronosticar la evolución futura de los problemas que suscitó y agudizó Creso durante su tiranía. Para lo cual nos basaremos en los tres datos que siguen: 1º) se da en las masas (y en el orden mundial) una “conciencia” de sus derechos a la vida, cada vez más clara y más perentoria. 2º) se une a esa conciencia una identificación muy precisa de los “factores responsables” que actúan con signo negativo en la organización social; y 3º) las estadísticas aseguran que a fin de siglo la población mundial se habrá duplicado vale decir que 3.000 millones más de hombres reclamarán su derecho a la existencia (o su “deber”, que será más drástico).
54.- Claro está que la magnitud de los problemas exigirá entonces la organización de Estados realistas cuya naturaleza implique: a) o la participación de un Creso “regenerado”, vale decir concientemente restituido a su virtud original, pero con riendas estatales que lo controlen; porque, librado a sí mismo, Creso puede volver a sus antiguas iniquidades, b) o la constitución mundial de Estados marxistas parecidos a los que ya tenemos, lo que significaría el triunfo universal del dogma, hipótesis nada segura, dado el carácter endeble y “mutilante del hombre” que presenta la doctrina c) o la adopción de la doctrina en su mero sistema productivo y distributivo de la riqueza, el cual, sobre la base de cualquier tradición religiosa o metafísica, bien puede florecer en comunismo cristianos, musulmanes, hindúes y chinos. Abona esta última posibilidad el hecho de que las cuatro clases sociales, al responder a cuatro funciones necesarias y a cuatro naturalezas de individuos, no dejan de manifestarse ni aun en los Estados comunistas de hoy. Sabemos que Tiresias, el hombre sacerdotal, existe y obra en ellos, aunque, merced al ateismo de la doctrina, lo haga en el “subsuelo” donde lo espiritual se refugia (ya lo dije) cuando el clima exterior se le hace adverso. Ayax al soldado integra los ejércitos rojos, en defensa y `expansión de la doctrina. También Creso aparece, muy bien disfrazado, en los directores oficiales de empresas comunistas y en sus Jefes de producción. En cuanto a Gutiérrez, está, como de costumbre, al servicio de todos, y como ayer, sin comerla ni beberla: su “dictadura” (la del proletariado) no salió de una mera enunciación “abstracta”, ya que, según era previsible, otras clases ejercen su “tutoría” y gobiernan por él.
55.- Para reconstruir el orden bastaría con que las tres clases primeras, corrigiendo sus “vicios” y recobrando sus “virtudes” actuaran otra vez en armonía y jerarquía. Parece fácil ¿no es verdad?, sobre todo cuando nos decimos que para ello bastaría con eliminar del orbe y en cada uno de nosotros la “mentalidad de Creso”, esa triste ponzoña degradante o ese pequeño demonio sin gracia que se deslizó en el mundo y que lo estrangula. ¿No es verdad que parece fácil? Un movimiento de reacción a “retropropulsión” (están de actualidad) a operarse no en el espacio físico, sino en el tiempo histórico, nos llevaría de nuevo al equilibrio, y por consiguiente al orden. Amigo Velazco, usted es un “vate”, como yo: ¿Nos atreveríamos a “vaticinar”? No lo hagamos. Porque las reacciones y “enderezamientos” de la historia vienen ordenados, más que por el hombre, por el adorable y a veces incomprensible Autor de la historia. Colaboremos, a tientas con el Autor. Y digamos en las buenas y en las malas: “Ut in omnibus glorificetur Deus”. Así concluye mi Autopsia de Creso: perdóneme usted el abuso de comillas y bastardillas que habrá notado y que responden a mi jamás tranquilo celo didáctico.”
53.- Según lo he demostrado, el marxismo, que se anunció como un “amanecer”, perfecciona y cierra la noche de Creso, aunque proponga un sistema distributivo de la riqueza que tampoco es original, ya que las primeras organizaciones cristianas “poseían en común todas las cosas” (Hechos de los Apóstoles, II, 44). Nos faltaría, pues , amigo Velazco, pronosticar la evolución futura de los problemas que suscitó y agudizó Creso durante su tiranía. Para lo cual nos basaremos en los tres datos que siguen: 1º) se da en las masas (y en el orden mundial) una “conciencia” de sus derechos a la vida, cada vez más clara y más perentoria. 2º) se une a esa conciencia una identificación muy precisa de los “factores responsables” que actúan con signo negativo en la organización social; y 3º) las estadísticas aseguran que a fin de siglo la población mundial se habrá duplicado vale decir que 3.000 millones más de hombres reclamarán su derecho a la existencia (o su “deber”, que será más drástico).
54.- Claro está que la magnitud de los problemas exigirá entonces la organización de Estados realistas cuya naturaleza implique: a) o la participación de un Creso “regenerado”, vale decir concientemente restituido a su virtud original, pero con riendas estatales que lo controlen; porque, librado a sí mismo, Creso puede volver a sus antiguas iniquidades, b) o la constitución mundial de Estados marxistas parecidos a los que ya tenemos, lo que significaría el triunfo universal del dogma, hipótesis nada segura, dado el carácter endeble y “mutilante del hombre” que presenta la doctrina c) o la adopción de la doctrina en su mero sistema productivo y distributivo de la riqueza, el cual, sobre la base de cualquier tradición religiosa o metafísica, bien puede florecer en comunismo cristianos, musulmanes, hindúes y chinos. Abona esta última posibilidad el hecho de que las cuatro clases sociales, al responder a cuatro funciones necesarias y a cuatro naturalezas de individuos, no dejan de manifestarse ni aun en los Estados comunistas de hoy. Sabemos que Tiresias, el hombre sacerdotal, existe y obra en ellos, aunque, merced al ateismo de la doctrina, lo haga en el “subsuelo” donde lo espiritual se refugia (ya lo dije) cuando el clima exterior se le hace adverso. Ayax al soldado integra los ejércitos rojos, en defensa y `expansión de la doctrina. También Creso aparece, muy bien disfrazado, en los directores oficiales de empresas comunistas y en sus Jefes de producción. En cuanto a Gutiérrez, está, como de costumbre, al servicio de todos, y como ayer, sin comerla ni beberla: su “dictadura” (la del proletariado) no salió de una mera enunciación “abstracta”, ya que, según era previsible, otras clases ejercen su “tutoría” y gobiernan por él.
55.- Para reconstruir el orden bastaría con que las tres clases primeras, corrigiendo sus “vicios” y recobrando sus “virtudes” actuaran otra vez en armonía y jerarquía. Parece fácil ¿no es verdad?, sobre todo cuando nos decimos que para ello bastaría con eliminar del orbe y en cada uno de nosotros la “mentalidad de Creso”, esa triste ponzoña degradante o ese pequeño demonio sin gracia que se deslizó en el mundo y que lo estrangula. ¿No es verdad que parece fácil? Un movimiento de reacción a “retropropulsión” (están de actualidad) a operarse no en el espacio físico, sino en el tiempo histórico, nos llevaría de nuevo al equilibrio, y por consiguiente al orden. Amigo Velazco, usted es un “vate”, como yo: ¿Nos atreveríamos a “vaticinar”? No lo hagamos. Porque las reacciones y “enderezamientos” de la historia vienen ordenados, más que por el hombre, por el adorable y a veces incomprensible Autor de la historia. Colaboremos, a tientas con el Autor. Y digamos en las buenas y en las malas: “Ut in omnibus glorificetur Deus”. Así concluye mi Autopsia de Creso: perdóneme usted el abuso de comillas y bastardillas que habrá notado y que responden a mi jamás tranquilo celo didáctico.”
Fin de “La Autopsia de Creso”
sábado, 19 de agosto de 2017
PRIMAVERA Por Leopoldo de Luis
Volver, siempre volver a los caminos
que ya corrimos antes.
Vivir es caminar con diferentes
pasos por sendas siempre iguales.
¿Dónde los días que se fueron? Pasan
los días sobre rostros y lugares
y el dolor va marcando solamente
las distintas edades.
Ahora te tengo, hijo, frente al claro
milagro del paisaje.
Mira: la Primavera, dulcemente
se cierne, como un ave
por el delgado cielo, sobre el ancho
corazón de los campos, alegrándoles
con el amor azul de su tibieza.
La flor es niña y es la tierra madre.
¡Cuántas veces anduve este camino
hacia un Abril radiante!
Cuántos hombres lejanos, olvidados,
cuyo dolor de sombra se hace lastre
sobre los hombros míos,
antes de ser yo tierra viva por él pasaron.
¿Sabes
tú, hijo, qué es la Primavera?
Tú eres la Primavera de mi sangre.
Por las sendas de Abril adolescente
como ahora abrazándote
-abril de mi alegría- iré en tus pasos
hecho recuerdo en caminar constante...
Hoy es la primavera, hijo.
El sol, rosa de sangre,
sobre el inmóvil río del ocaso
dobla la dulce rama de la tarde.
que ya corrimos antes.
Vivir es caminar con diferentes
pasos por sendas siempre iguales.
¿Dónde los días que se fueron? Pasan
los días sobre rostros y lugares
y el dolor va marcando solamente
las distintas edades.
Ahora te tengo, hijo, frente al claro
milagro del paisaje.
Mira: la Primavera, dulcemente
se cierne, como un ave
por el delgado cielo, sobre el ancho
corazón de los campos, alegrándoles
con el amor azul de su tibieza.
La flor es niña y es la tierra madre.
¡Cuántas veces anduve este camino
hacia un Abril radiante!
Cuántos hombres lejanos, olvidados,
cuyo dolor de sombra se hace lastre
sobre los hombros míos,
antes de ser yo tierra viva por él pasaron.
¿Sabes
tú, hijo, qué es la Primavera?
Tú eres la Primavera de mi sangre.
Por las sendas de Abril adolescente
como ahora abrazándote
-abril de mi alegría- iré en tus pasos
hecho recuerdo en caminar constante...
Hoy es la primavera, hijo.
El sol, rosa de sangre,
sobre el inmóvil río del ocaso
dobla la dulce rama de la tarde.
CANSANCIO Por Leopoldo de Luis
De la tierra me sube este cansancio,
esta fatiga de caminos.
La tierra es vieja, el hombre es viejo y lleva
caminando ya muchos siglos.
La vida es sólo una angustiosa marcha,
la tierra no tiene cobijo.
El hombre pasa y pasa. Por los campos
se suceden el hielo y el lirio.
El hombre pasa. El sol de agosto encierra
su oro en las torres de los trigos.
El hombre pasa. Oro y ceniza. Otoño
el corazón vuelve sombrío.
El hombre pasa. Gélidos rebaños
pastan en prados decembrinos.
El hombre pasa siempre. El tiempo pesa
sobre el paisaje mudo y frío.
Esta fatiga sube de la tierra,
este cansancio de caminos.
Sobre mi espalda pasan los senderos
que se recorren desde siglos.
Mis pies arrastran otros densos cuerpos
Que lastran este cuerpo mío.
Vivir es caminar siempre de sombras
cargado hacia un fatal destino.
Este cansancio que ahora siento, acaso
sea un cansancio muy antiguo.
En el principio de la vida era
un hombre al borde de un camino
esta fatiga de caminos.
La tierra es vieja, el hombre es viejo y lleva
caminando ya muchos siglos.
La vida es sólo una angustiosa marcha,
la tierra no tiene cobijo.
El hombre pasa y pasa. Por los campos
se suceden el hielo y el lirio.
El hombre pasa. El sol de agosto encierra
su oro en las torres de los trigos.
El hombre pasa. Oro y ceniza. Otoño
el corazón vuelve sombrío.
El hombre pasa. Gélidos rebaños
pastan en prados decembrinos.
El hombre pasa siempre. El tiempo pesa
sobre el paisaje mudo y frío.
Esta fatiga sube de la tierra,
este cansancio de caminos.
Sobre mi espalda pasan los senderos
que se recorren desde siglos.
Mis pies arrastran otros densos cuerpos
Que lastran este cuerpo mío.
Vivir es caminar siempre de sombras
cargado hacia un fatal destino.
Este cansancio que ahora siento, acaso
sea un cansancio muy antiguo.
En el principio de la vida era
un hombre al borde de un camino
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