sábado, 3 de febrero de 2018

LA PROVINCIA GANADERA (Historia de la pecuaria bonaerense) - El presente trabajo es un fragmento del libro “La Provincia Ganadera” de Juan Carlos Pirali . Editado por Dunken de Buenos Aires en 2002

         Resulta indudable que el potencial económico de la provincia de Buenos Aires estuvo afirmado desde sus orígenes, en los sólidos pilares de la riqueza ganadera, con un marcado predominio de cría bovina, que desde su introducción en este territorio despertó un considerable interés por su explotación entre los hacendados, favorecidos en esa actividad rural por  la excelencia de los pastos y buenas aguadas en campos que se extendían cerca de Buenos Aires.-
Las extensas llanuras que hoy pertenecen al territorio bonaerense, fueron como un polo de atracción para los primeros colonizadores y conquistadores españoles que llegaron al Río de la Plata, quienes quedaron admirados por la extraordinaria riqueza vegetal que ofrecía esta inmensa pampa, con condiciones sumamente aptas para la cría de ganado y la explotación agrícola.
La primera introducción de ganado en estas tierras se debe a la acción del adelantado don Pedro de Mendoza, quien en ocasión de fundar la ciudad de Buenos Aires en 1535, trajo en sus naves desde España 72 equinos de cría española con cruza de sangre berberisca, y aunque al abandonar la población quedaron en el lugar sólo 12 de esos animales entre machos y hembras, de acuerdo con documentaciones aportadas por investigadores del tema, serían los que dieron origen al caballo criollo.
Corresponde a don Juan de Garay el mérito de haber introducido en tierras bonaerenses el primer rodeo de vacunos en el año 1580, en ocasión de volver a fundar éste la ciudad de Buenos Aires. Garay con su expedición fundadora trajo 500 vacunos de raza andaluza  y 1.000 caballos. Esa hacienda procedía de Asunción, donde había sido procreada y su descendencia sería de dos corrientes introductoras; una tendría su origen andaluz como lo afirma Félix de Azara (1)
“El capitán Juan de Salazar llevó de Andalucía 7 vacas y un toro a la costa del Brasil, y luego las condujo por tierra al río Paraná. Allí las embarcó en una balsa y bajó dicho río hasta su unión con el Paraguay y subiendo por éste llegó a la Asunción en el año 1556”. Hay quien ubica esa entrada en el año 1555,  pero eso no varía la importancia histórica del acontecimiento. Sobre ese hecho se había ocupado Ruy Díaz de Guzmán (2), quien al referirse a este tema decía que “Scipión y Vicente Goes, hijos de un caballero español llamado Luis Goes, fueron los primeros que trajeron vacas a esta provincia, haciéndolas caminar muchas leguas por tierra, desde San Vicente (hoy Santos) en la costa del Brasil y después por el río en balsas, eran siete vacas y un toro a cargo de un fulano Gaete, que llegó con ellas a la Asunción con grande trabajo y dificultad sólo por el interés de una vaca que se le señaló por salario”.
De acuerdo con la misma fuente citada esos vacunos eran de pelaje castaño oscuro. La otra procedencia se originaría en los vacunos que Felipe Cáceres llevó a la Asunción desde Lima por orden del adelantado Juan Ortiz de Zárate en 1569. Ese ganado pertenecía al igual que el anterior a la raza andaluza, cuyas características más salientes eran la gran corpulencia, buena alzada, cabeza voluminosa y grandes cuernos. El pelaje variaba desde el colorado claro al muy oscuro. (3) En esas dos corrientes estaría el origen del ganado criollo, que predominó por muchos años en los campos de la pampa húmeda, y que representa el resultado de la selección natural de ese ganado introducido por los españoles en estas tierras, donde se asienta el territorio de la provincia de Buenos Aires, pero su cría ha ido reemplazándose a través del tiempo por medio de cruzamientos y la absorción por parte de otras razas con mayor rendimiento, tanto en la producción de carne como de leche. No obstante, el ganado criollo mantiene su vigencia en el área bonaerense, aunque su difusión, prevalece en regiones del norte y del centro del país.

Contate un cuento X” Mención de Honor Categoría B: Mundo ideal o mundo real- Por Iara Roxana Videla, alumna de 3° año de la E.S.N° 3 “Carmelo Sánchez”

Esta es la historia de una chica llamada Roxana. Su nombre no le gustaba mucho,  así que se puso ella misma el apodo Roxy. Iba a una escuela secundaria de su ciudad pero no tenía muchos amigos, era discreta y callada, no participaba mucho.
     Para ella no era un mundo ideal, un día decidió averiguar qué le gustaba realmente y notó que lo que más le gustaba eran los animes y los mangas, así que  decidió averiguar todo sobre ellos y descubrió que había unas personas que se hacían llamar Otakus. A ellos les gustaban muchos este tema, incluso tenían sus propias fiestas, reglas, eventos y muchas cosas más.
     Un día, mientras estaba en su casa mirando animes, se durmió y despertó en un mundo diferente. Todo era hermoso: las personas, los paisajes, incluso las casas. Todo era tan tranquilo, era como estar dentro de un anime. 
     Empezó a caminar hacia lo que parecía una escuela y pensó que toda  la otra vida no había sido ni más ni menos que un sueño. Entones decidió inscribirse en la escuela y luego se marchó a casa, aunque en este mundo no tenía familiares,  vivía sola.
     Al día siguiente caminó a la escuela,  con su uniforme nuevo, tropezó con un apuesto muchacho e  inmediatamente le pidió perdón y salió corriendo. Al llegar al colegio fue a los tableros de clase, leyó su nombre en una de las listas y fue lo más rápido que pudo a su salón a conocer a sus nuevos compañeros. Se paró delante de la puerta y escuchó decir a la profesora que hoy empezaba una nueva estudiante. Recordó que así era en los animes y cuando le dijeron que pasara entró y se presentó ante todos, ahí fue cuando la profesora le dijo que se sentara junto a Kaito. Ella miró el lugar que la profesora señalaba y vio al chico de antes. Sorprendida decidió ir a su asiento y el chico cuando la vio le dijo: ¿habrá sido coincidencia el choque de hoy?, ella avergonzada no contestó.
Después de clases Kaito le dijo que fuera con él y la llevó a la terraza de la escuela
- Creo que hoy no tuvimos la oportunidad de presentarnos,  me llamo Kaito ¿y tú?
- Yo soy Roxy, bueno quiero decir Roxana, pero no me gusta mucho, así que puedes llamarme Roxy.
- Bien Roxy, eres nueva en la ciudad ¿no? Salgamos y te llevaré a conocer la ciudad ¿quieres?
- Pues me encantaría pero… ¿dónde nos juntamos?
- Te pasaré a buscar, solo dame tu dirección. Bueno hasta luego Roxy
Más tarde Roxy estaba arreglada, parada delante de su casa esperando a Kaito cuando unas chicas aparecieron y le dijeron:
- Te vimos, estuviste con Kaito, ¿qué relación tienes con él?
- Ninguna,  soy nueva en la ciudad y Kaito quiso enseñármela.
- No te creemos, tú solo quieres quitarnos a Kaito.
En eso cuando la estaban haciendo retroceder sintió que una mano la empujaba hacia atrás y que le tapaban la boca. Y cuando las chicas se fueron miró y vio que era Kaito quien estaba allí.
- Kaito ¿Qué haces aquí en los arbustos? ¿Quiénes eran esas chicas? Y… ¿Por qué me acosaban?
- Perdona, esas chicas son fanáticas mías, cuando las vi aparecer me escondí y cuando vi lo que hacían, decidí ayudarte.
- Dime… ¿es una cargada o  es que eres tan famoso?
-  Si, me consideran uno de los chicos más guapos de la escuela y ahora que caigo,  tú no te quedas atrás.
- ¡Eh! Pero si yo de linda no tengo nada.
- Vamos, aprovechemos y hagamos el recorrido en su parte más hermosa de  noche
     Y así partieron hacia la enorme ciudad que los esperaba. Esa noche cuando regresaron a la casa se había largado a llover, Roxy  le ofreció que se quedara hasta que pasara la tormenta y Kaito aceptó. Ella preparó un poco de té calentito y se pusieron a charlar.
- Roxy  ¿tienes novio?
- Pues no, de donde yo vengo, no tenía ni un amigo.
- ¿De verdad? Con lo simpática que eres, me extraña.
- Sí, soy un poco tímida pero me encanta la lectura y con eso pasaba el tiempo.
- Bueno mañana no hay cole más que a la mañana, ¿qué te parece si salimos?
- Salir ¿cómo en una cita?
- Si,  hay un lugar que pocas personas llegan a conocer y me encantaría mostrártelo.
- Está bien, iré y de paso conoceré un poco mejor la ciudad.  ¿Qué tal si además hacemos un picnic?
- Bien, entonces mañana en la fuente central a las dos.
Cuando dejó de llover, Kaito se despidió y se fue. Al día siguiente como había prometido, estaba con una canasta esperando en la fuente. Kaito no tardó en llegar  y se marcharon. Treparon una montaña que había en el bosque y al llegar  a la cima Roxy se resbaló cayéndose por el acantilado. Cuando despertó Kaito estaba a su lado en una parte del bosque que ninguno conocía y empezaron a andar para encontrar el camino a casa. Después de varias horas no consiguieron llegar a ningún lado, decidieron parar, comer algo mientras charlaban.
- Viste Roxy, esto terminó siendo una aventura. Pero…hay algo que quiero contarte: La verdad yo no soy de aquí, vengo de otro mundo que es totalmente diferente pero no sé cómo volver y por el momento no quiero regresar.
- Yo tampoco. Cuando llegué solo pensaba en que quería un mundo donde  pudiera tener amigos. Luego me dormí y aparecí aquí.
- Entonces los dos llegamos aquí del mismo modo pero... ¿cómo saldremos?
- La verdad es que no lo sé, pero ya encontraremos una pista. Cuando salgamos te buscaré y viviremos aventuras en aquel mundo igual que en este.
     En ese momento, apareció una mujer con apariencia de Diosa que les dijo:
-Yo soy Solaria. Creé este mundo para aquellas personas que necesitan ayuda fuera del otro mundo. Ustedes descubrieron el secreto de este lugar  y ahora son libres de entrar y salir cuando quieran.
- Muchas gracias, pero… si salimos ¿cómo volveremos a entrar? y ¿cómo me encontraré con Kaito?
- Yo los guiaré. Para entrar solo digan “al mundo de los sueños voy” y podrán llegar de nuevo y para salir solo digan “del mundo de los sueños me voy”.
- Muchas gracias Solaria  y los dos dijeron “del mundo de los sueños me voy”
     Todo se tornó brillante y lo que veían empezaba a desaparecer incluso ellos mismos. Pero antes de que todo se desvaneciera, él la miró a los ojos diciéndole nos veremos en el otro lado. En ese preciso momento Roxy despertó en una habitación del hospital. Miró a su alrededor y vio a su madre dormida en un sillón, quién al despertar, con sus ojos llenos de lágrimas  le dio un fuerte abrazo y le contó que estuvo dormida un mes, que se había asustado mucho cuando la encontró así en su habitación. Cuando le dieron el alta, volvió a la escuela pero ella no dejaba de pensar en Kaito. Un día  el profesor anunció la llegada de un nuevo estudiante y entró por esas pequeñas puertas un chico con apariencia familiar que se sentó al lado de Roxy y le dijo al oído: por fin te encontré y no en un mundo de sueños.

sábado, 27 de enero de 2018

Hacia allá, hacia acá Por Héctor Fuentes

         Me dispongo a salir a la calle con el único fin de comprar el diario. Hoy es domingo y tengo todo el tiempo del mundo. No saco el auto del garage. Decido ir caminando y recorrer lentamente las cuatro cuadras que me separan del quiosco.
Apoyo mi mano en el picaporte, y del otro lado el mundo se me viene encima.
La dicha del domingo envuelve lentamente mis pasos. Camino respirando el aire de una mañana espléndida de otoño. Las hojas amarillas y los árboles esqueléticos, son testigos de una pausa en la marcha del hombre. Porque en verdad, la caminata hacia el diario, es uno de los pocos momentos donde todo se observa desde la lejanía y la pereza. 
Cuando llego a la esquina, una mujer me franquea el paso. Sus ojos de preocupación bajan por sus manos, y con bruscos movimientos, me señalan un coche detenido en plena calle. Un anciano y su perro piden ayuda. Los brazos petrificados contra el volante, nos explican la situación. El desperfecto mecánico obró en favor del caos, y ahora un enorme automóvil se encuentra suspendido sobre el asfalto. Apuro el paso y entre los dos empujamos. Desde adentro el hombre y el perro parecen viajeros de otro tiempo; seguros en su nave hacia ninguna parte. La inercia cede y de a poco logramos encauzarlo. El hombre mueve apenas el volante hasta colocarlo sobre el borde de la acera. Está fuera de peligro y la calle vuelve a su ritmo habitual. Circula el tránsito normalmente.
Antes de llegar al boulevard, los ojos de una niña  se precipitan hacia afuera con la expresión de un pájaro enjaulado. Una alta ventana le permite aguijonear la vereda con la mirada magnífica de las hadas y los astros. Esos ojos guardan una historia que todavía se está tejiendo. Esos ojos son la niñez petrificada por los árboles añejos.
Tropiezo con esa mueca y la marcha se modifica. Los ojos del viejo, luego los de la niña. Las dos caras del tiempo urdidas por unos pasos. Los pasos que doy hacia el diario. Lo diario que sucede a cada paso.
Llego al boulevard con un pálpito distinto. Estoy abierto por ríos insondables, cruzado por mares infinitos. Sobre la calle entreabierta pateo un tornillo oxidado. Rueda en los adoquines una danza de tango y lunfardo. 
En la esquina la gente se arremolina. El delantal del Vasco reluce tras la vidriera. Pesa los tallarines en la balanza mientras calcula el precio en voz baja. Entran y salen los clientes atraídos por un conjuro, sublevados como por arte de magia. Entonces pienso en el rito de las pastas, y vuelvo hacia atrás la mirada. Mi casa invadida por el vapor de las ollas; la cocina picando lágrimas de cebolla; el círculo mágico de la cuchara alrededor de las cacerolas.

Sigo avanzando y me detengo en los pórticos. Un perro se ovilla en el umbral de una casa abandonada. A través de los vidrios asoman los yuyales; el verde imparable renace de la humedad y el olvido. Una cadena se cierra en torno a las hojas, y desde arriba dos caras de piedra observan con mirada severa al viajero. Me pregunto por el destino de los propietarios mientras el perro se despereza rascándose las costillas. Luego bosteza y vuelve a su posición de Cancerbero. 
Unos pasos más y ya estoy en la otra esquina. Un pedazo de papel remonta vuelo. Arena y piedra aguardan sobre una obra en construcción. Desde la puerta abierta de un zaguán, se escucha música. Más allá un hombre manguerea el techo de un auto y repasa la superficie escurriendo un trapo mugriento.
En una pocas cuadras la vida se abre como un abanico infinito. Miro al cielo y descubro las estrellas dormidas, apenas iluminadas sobre el inmenso lienzo. La luna se deshace como borroneada con tiza sobre un pizarrón celeste. Entonces pienso que venimos del universo y ahora estamos caminando en distintas ciudades del planeta con idéntico trazado. Millones de personas haciendo el mismo tranco. Ensayando al unísono una figura similar que se repite como un paso de baile. Una cinta del mismo asfalto recorre millones de kilómetros entretejiendo la caminata incesante del hombre moderno. Estas calles resuenan en otra ciudad. Otra ciudad resuena en estas calles. Voy hacia allá, vengo hacia acá.

Llego al kiosco y compro el diario. Lo doblo y me lo pongo bajo el brazo. Llevo un manojo de hojas impresas con la esperanza de leer alguna revelación, una línea fuera de lugar que se abra hacia lo imposible. Que me hable secretamente de una disparatada aventura. Llevo esa esperanza bien apretada contra el costado, y así avanzo   decididamente sobre los adoquines apiñados. Emprendo la vuelta y todo se resignifica.
Ulises vuelve a Ítaca.
El tiempo cruza las orillas y el pasado se entrampa contra el futuro. Soy el recuerdo y la añoranza, la música y el silencio, el movimiento y la nada. Un enjambre de pensamientos enraizados en un fondo de magma líquido. 
Al recorrer el camino inverso, decido cruzar la calle. Regreso extrañado por este breve lapsus. Unas pocas cuadras abrieron una brecha que se extiende más allá del espacio, entrechocando coordenadas y meridianos, desplazando el inalterable trazado.
Es otro el que vuelve. Es otro el que persigue la punta del ovillo. La calle transforma al viajero con su oleaje incesante.
Unas ruedas pequeñas silban la canción eterna: el andador y la mujer se deslizan aferradas a los años, desafiando a los tropezones un mar de baldosas rotas. 
Sobre los cables de alta tensión los gorriones se sacuden el plumaje. Avanzo y me detengo sobre una hilera de hongos amarillentos. Se abren hacia la calle como soldados alistados con sus cascos de combate.
En un frente derruido se lee: Vende-Vendido. El dibujo multicolor de un graffitti corta el gris de la pared superponiendo letras y mensajes cifrados.
En los muros de las ciudades se escribe la poesía de los insomnes.
Agudizo la vista y veo lo que siempre pasa inadvertido. Una banderita argentina sostenida con  alambres, la mano de bronce tallada sobre una puerta; el rollo del diario atrapado entre los barrotes; la tapa abierta de un medidor de gas; una mancha de aceite sobre el asfalto.
La curiosidad me gana la pulseada, y leo cosas al azar. Cuando fijo la vista en un titular, tropiezo y pierdo el equilibrio. Me desmorono hacia la boca de un pozo. Caigo; caaigoo; caaaigooo. Un agujero negro comienza a triturarme y el espacio-tiempo se altera. La cola del gusano me devuelve nueve mil años atrás y la Comunidad de las Cuevas anuncia mi llegada. Ese día cada hombre y cada mujer dejará estampada su mano sobre la piedra. Alguien me ensucia las palmas con un líquido rojo y me anima a seguir el ritual. Entonces fijo mis dedos chorreantes y veo como nace la huella estrellada; el precioso árbol donde las ramas se entrelazan en un sinfín de colores. 

Un señor detiene su caminata dominical y se agacha para recoger un diario caído en la boca de un pozo. Cuando llega a su casa y lo abre al azar; se deja ganar por el suplemento de Viajes y Turismo. El titular es el siguiente: La Cueva de las Manos fue declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO. 

“Llegó la hora de escribir un cuento” Mención: La búsqueda de las palabras - Por Amparo Latorre

Yuliana era una chica muy curiosa, con ojos marrones, pelo largo y negro, le gustaba cantar, leer (aunque solo un poco), vivía con su mamá, pero a veces se iba con su papá a quedarse a dormir, su papá era pizzero, se llamaba Pedro y tenía los ojos marrones, el pelo corto, marrón, vivía en la ciudad, cerca de la plaza de Zoxayelas, en una casa muy grande. Detrás de esa vivienda, en el patio trasero había un árbol de olivo, de más de cien años de antigüedad, al que Yuliana se subía constantemente.
Un día, Yuliana, encontró un libro en la copa del árbol enredado en un nido abandonado de pajaritos, no decía de quién era, ni tenía título, cuando, al día siguiente llegó a su casa se encerró en su habitación con una de sus tres gatas, Mini, le había puesto ese nombre porque era muy pequeña de tamaño, ni bien abrió el libro, notó algo muy extraño: al libro le faltaban palabras, Yuliana empezó a escribir las palabras que le faltaban, ni bien había hecho dos o tres páginas, Mini, que miraba entretenida a su dueña, miró el libro y le dijo a Yuliana: - creo que Roy no debería decir “hola”, sino ir directo al punto.
Y así fue la gata ayudando a Yuliana a escribir el libro, cuando terminaron la niña lo leyó en voz alta para que Mini también lo escuchara.
Al día siguiente Yuliana fue nuevamente a la casa de su padre y subió al viejo árbol, donde encontró un libro más gordo en cuanto a páginas, al otro día volvió a su casa e hijo lo mismo que dos días antes, con la ayuda de Mini terminó también ese libro.
Esta secuencia se repetía una y otra vez hasta que un día un libro llegó completamente en blanco, Yuliana y Mini lograron escribir el libro entero, unos años después habían escrito muchos libros y, cuando Yuliana creció, se hizo escritora y desarrolló mucho gusto por la lectura…Leer es una pasión.
Un día, cuando Yuliana tenía veinticinco años, estaba buscando ideas para libros, cuando encontró una nota escrita en un papelito amarillento y arrugado que tenía una hoja de olivo pegada y que decía:
“Querida Yuliana, yo siempre te vi potencial para la escritura y la lectura, por eso fui la que dejé los libros en la copa de ese árbol, te quiero mucho…”

Tu gata Mini

sábado, 20 de enero de 2018

TRES CASOS DE RAPTOS DE MENORES EN BALCARCE Por Juan Carlos Pirali. - Dolores

RAPTO EN 1878

El 29 de junio de 1878 ante el Comisario de  San José  de Balcarce, Paulino Amaranto, declaró Juan José Coronel (a) “Gaucho Pobre”, cuyo verdadero nombre es Juan Ortiz, había sido reclamado por ratero y ladrón y acusado de raptar a la esposa de Victorino Gerez y sus dos hijas Robustiana de 8 años y Juana de 6 años. Coronel era Vecino del Tuyú y accidentalmente en Balcarce.
Estaba preso en ese cuartel por vago y ratero  y por haber robado armas y una tropilla de caballos de propiedad de Rosario Orellana.
Victoriano Gerez declaró que el 27 de julio de 1876  le llevaron de su casa su mujer Zenona Meneses  con sus dos hijas Robustiana y Juana, que por los informes que tuco supo que el raptor era un individuo que paraba en la misma casa de nombre Juan cuyo apellido ignoraba, que le había llevado la ropa blanca de su uso, un chaquetón de paño y 2 caballos de su propiedad.
El Juez de Paz consideró que esa causa correspondía a la competencia del Departamento Judicial de Dolores, y ordenó remitir al preso al Juez del Crimen de dicho Departamento.
Coronel fue condenado a 2 años al servicio de las armas por el rapto, pero logró fugar cuando era remitido a su destino. Fue capturado en el partido de Tuyú
El agente fiscal informaba al Juez que no encontraba mérito para que el procesado continuara en prisión, por lo que el Juez decretó su libertad.
Tuvo en cuenta la declaración de Coronel, al decir que hacía muchos años que tenía trato con Zenona, y que una vez le dijo que la acompañase  hasta la Villa de Luján, porque no quería vivir más con su marido, y él había accedido.


RAPTO EN 1883

Un caso de rapto de una menor se produjo en Balcarce en enero de 1883 en el que imputado como culpable Marcos Belén, natural de San Vicente de 33 años de edad, jornalero, y Pedro Montemerlo,  italiano, vecino del partido de Balcarce, soltero, jornalero de 22 años de edad.
En su declaración ante el Juez de Paz Montemerlo dijo que fue detenido por el sargento Juan Cruz Picabea, y que la causa debe ser por llevarse una muchacha llamada Casilda Pérez, el miércoles por la noche de la cocina de Juan Cruz, que combino con la nombrada y la llevó a su casa para casarse con ella en el puesto del campo del finado Pérez.
El testigo Pedro Ortega dijo que la llevó de la casa Marcos Belén engañada, diciéndole diciendo que iba a vivir con él y que estaría bien y agregó que  Casilda fue contra su voluntad.
El 23 de enero de 1883 el caso pasó al Juez del Crimen de Dolores Dr. Juan Amaral.
El parte de remisión decía: Al Juez del Crimen Dr. Juan Amaral “Remito a Ud. 8 fojas sobre rapto  de la menor Casilda Pérez, del que resultaron reos Marcos Belén y Pedro Montemerlo, a quienes en esta fecha remito a la cárcel pública.
Firma Emiliano Valdez,  Juez de Paz de San José de Balcarce
El 22 de febrero de 1883 el Juez del Crimen Ruiz de los Llanos, consideró que no habiendo deducido acción alguna por las que tienen derecho de hacerlo, y no pudiendo seguirse de oficio este juicio, corresponde el sobreseimiento de los imputados.



RAPTO EN 1887

El 12 de febrero de 1887 el comisario de San José de Balcarce, Manuel Amaya, se dirigía al Juez de Paz del partido, Julio Dors, informándole que "se encuentra preso en esta comisaría el individuo Timoteo Arenas, acusado de haber cometido en fecha 17 de enero, el delito de rapto y violación conla menor Fortunata Cisneros. Después del hecho, Arenas se fue del partido dejando abandonada a Fortunata en la casa de Marcos Berales".
Ante lo expuesto, el Juez de Paz hizo comparecer al acusado ante su despacho, quien dijo llamarse Timoteo Arenas, oriental de 36 años de edad, de profesión resero, domiciliado en el partido de Magdalena. Preguntado si era cierto que la llevó dijo que sí y que la había dejado en la casa de Marcos Berales, y que después se había ido a Magdalena, de donde lo habían trasladado a Balcarce. Preguntado si la muchacha habría tenido otras relaciones anteriores, dijo que sí y que andaba  sola por todas partes.
Arenas fue remitido a la cárcel de Dolores el 4 de marzo de 1887, por haber cometido el supuesto delito de rapto por seducción, según expresaba el sumario, en la menor Fortunata Cisneros,  y el 14 del mismo mes  Arenas se dirigía al Juez del Crimen de Dolores, comunicándole que se le había designado al defensor de pobres Dr. David Fernández para su defensa.
El 23 de marzo de 1887 el Juez de Dolores, considerando que de las actuaciones e informaciones recibidas del Juez de Paz de Balcarce, la denuncia de la madre de la víctima Jacinta Casco, que había presentado la denuncia el 23 de febrero y el hecho había ocurrido el 2 de febrero, irregularidades del comisario por proceder por sí sin mediar la acusación de la madre, y negligencias del Juez de Paz en el proceso, resolvió poner en libertad al procesado Timoteo Arenas.

                                               
                 Fuente: Archivo Histórico Judicial del Departamento Judicial de Dolores


sábado, 13 de enero de 2018

“Contate un cuento X” Mención de Honor Categoría A “Del odio a la pasión hay un solo paso… enfrentarlo” Por Sofía Altamirano, alumna de 1° año de la E.S.Nº 1 de Napaleofú

         Mi mamá era profesora de patín. Un día fue a competir, hizo un truco y se fracturó. Esto produjo que mamá no vuelva a patinar. Recordarlo para mí es lo peor. Desde ese momento a ella le dio terror que yo me suba a los patines y por eso no volví a usarlos.
Nuestra relación es muy cariñosa desde que papá se murió en el accidente. Después de tantas tristezas, mi mamá y yo nos mudamos a un pueblo con pocos habitantes. Y justo allí la moda es andar en patines, lo que a mi mamá le produjo terror. Mis nuevas amigas todos los días me decían si quería ir a patinar con ellas, yo les decía que no y solamente iba a verlas.
Cuando llegó la primavera, los chicos del pueblo comenzaron a preparase para la competencia de patinaje artístico para clasificar a la siguiente  ronda en Buenos Aires. Solo llegarían a la próxima instancia los cinco mejores clasificados del pueblo.
El patín era un deporte que se práctica además en la escuela. Se aprovechaba la pista que se encontraba en el campo de deportes municipal. En la primera clase de Educación Física  yo  no quería subirme a los patines. Pero la profe me cambió la vida, porque  por fin alguien me hizo pensar que hay que enfrentar tus miedos porque si los escondés, te harán ruido toda la vida. Por fin, pude sentir lo lindo que era patinar.
No falté nunca a la pista. La profe me enseñaba día a día la postura: cabeza siempre arriba, pies flexionados y así podía trasladarme más rápido. También me  enseñó lo básico: la paloma, el carrito y zig zag hacia atrás.
Así fueron pasando el resto de los meses. Yo me propuse presentarme en la competencia. Para participar tenía que hacer una presentación  única con un truco que sobresaliera. Y yo me dije que para demostrarle a mamá que se pueden enfrentar los miedos, intentaría ese truco que a ella la alejó de los patines.
Practiqué día y noche.  Trabajé en el equilibrio, en la concentración, en todo lo que le provocó la fractura a mamá. El día antes, ella me preparó el vestido que había usado aquella vez. Era hermoso, color azul eléctrico con piedras que brillaban. Cuando mamá lo arreglaba, se le notaba la sonrisa que aquella vez le había provocado ponérselo.
El día de la competencia, mamá estaba en la primera fila alentándome. Yo tenía miedo de que el salto triple giro no me saliera. Mis compañeras me contaban que a nadie le salía hacer ese truco por la dificultad que tenía. A mí no me importaba quedar entre los cinco mejores, solo quería probar mi valentía.
Escuché mi nombre por el micrófono, ya era mi turno. Empecé en el suelo, luego arriba hice un giro y salí haciendo el zig zag hacia atrás. De allí hice una paloma, luego el carrito y  ahora sí era el turno del salto triple  giro. Tome  envión con la postura correcta y el equilibrio perfecto. Salté y giré tres veces en el mismo salto. Caí realizando una paloma. El aplauso del público  era potente. Todos me felicitaban por el salto increíble.
Ahora había que esperar los resultados. Pasaron varios participantes después de mí.  Yo esperé los resultados de los  jurados y en un sobre estaba mi nombre. No podía creer que había pasado a la siguiente etapa!!!
A quienes estén leyendo mi historia les digo que no se queden con miedo. Enfréntenlos porque si no se van a quedar con temor toda la vida y también les quiero decir que del odio a la pasión hay un solo paso: enfrentarlo!!

“Llegó la hora de escribir un cuento” Mención: Cinco Soles Hotel - Por Francisco Florez

             En el año 1960 se inauguró en la localidad balnearia de Mar del Sur, en la Provincia de Buenos Aires, el Gran Hotel Mar del Sur, perteneciente a una familia adinerada de Capital Federal, la familia Paz Uriburu, un apellido aristocrático.
    Desde Diciembre a mediados del mes de marzo el clan familiar compuesto por el matrimonio y sus cincos hijos varones se instalaban allí a disfrutar de este balneario teñido por atardeceres de ensueño y tranquilidad sepulcral.
Otros huéspedes de este gran complejo llegaban durante la temporada desde distintas partes del país, generalmente los unía un lazo de amistad con los propietarios.
Es muy lindo observar a la madre reírse y disfrutar con sus hijos en las orillas del mar mientras el padre fumaba tabaco junto a otros señores de la época en los jardines del hotel.
Un atardecer del 8 de febrero una tormenta eléctrica llego con gran ímpetu y agresividad a esas costas y un rayo impacto a la mujer que justo retiraba del agua a sus hijos junto a una criada, nada se pudo hacer, muro al instante, un médico que se hospedaba en el hotel hizo todos los intentos posibles pero fue en vano.
Corría el año 1964, la dama fue enterrada en los jardines del hotel.
El desconsuelo y la tristeza se apoderaron del señor Paz Uriburu y de sus cinco hijos, decidiendo cerrar el hotel que tan poco tiempo atrás había inaugurado. Paso un largo tiempo y los cinco herederos decidieron reabrir el hotel, ye eran jóvenes de entre 16 y 23 años con una impronta especial y con el gran objetivo de rendirle homenaje a su amada madre que los había abandonado de esa forma tan cruel.
Se instalaron en el lujoso hotel, totalmente renovado y hasta con nuevo nombre “Cinco Soles Hotel”, el padre también los acompaño en este proyecto como asesor y ya no como administrador.
Cuentan los lugareños y turistas de la época que durante todo el lapso que el hotel permaneció cerrado, en las tardecitas de verano un llanto desgarrador se sentía desde los fondos del lugar, era semejante al de una madre que se encontraba lejos de sus hijos. El funcionamiento del hotel era un éxito, estaba repleto de gente.
La gran sorpresa llego el 8 de febrero  que fue un día de mucho calor y al atardecer se desato una tormenta feroz sobre la costa, una tromba marina se vivió en el lugar sin causar daños materiales  ni humanos y al mismo tiempo desde los jardines del hotel se comenzó a sentir un dulce canto de sirena que todos los atardeceres se repetiría mientras los cinco hijos permanecían en el lugar.