domingo, 9 de diciembre de 2018

Contate un Cuento XI” - Ganadora de la Categoría B (jóvenes de 13 y 14 años): Gritando en silencio - Por Pilar Orsatti, alumna de 3er. Año de la E.E.S. Nº 3 “Carmelo Sánchez”

          Toca el timbre, todos comienzan a guardar sus cosas en las mochilas, todos se quieren ir a casa. Todos menos yo. Como siempre, intento quedarme lo máximo posible en el aula, hasta que la portera me pide por favor que me vaya porque tiene que limpiar.
Son las  seis y media de la tarde y camino lento hacia casa, ya oscureció y sé todas las cosas que podrían pasarme estando sola por la calle, pero  no me asusta. Lo que me aterra es llegar.
 Veinte minutos después, al fin arribo a mi destino. Abro la puerta y lo primero que noto es ese clima tenso. Camino hacia la cocina y encuentro a mi mamá planchado la ropa.
- Hola, mi amor -me mira con una sonrisa triste ¿Cómo te fue en el cole?
Ni bien la veo, me doy cuenta de que tiene un nuevo moretón alrededor del ojo izquierdo, se nota que intentó maquillárselo pero de todos modos no funcionó.
- ¿Qué te pasó en la cara? pregunto seriamente.
- Nada, hija  dice ella  ¿Querés que te haga una chocolatada?
- Ma, te pegó otra vez papá, ¿no? -  no me responde, de todas formas no necesito que lo haga. Mamá, no es normal que cada vez que se enoja se ponga tan loco y te levante la mano. ¡Es violencia, mamá!
- Lu, por favor no grites mira preocupada hacia la puerta de la cocina está durmiendo y no quiero que nos escuche. Asiento y me voy a mi cuarto a hacer deberes.
Esa es la razón por la cual no me gusta estar en casa, me da terror llegar un día y encontrar a mi mamá sin vida luego de discutir con mi padre. Él me asusta mucho,  ya lo veo como a un extraño. Solo compartimos algunas comidas, generalmente la cena. Hay veces que no lo vemos por días, se va sin decir nada y vuelve borracho. Cuando está en casa siempre tiene mal humor y se desquita con mamá o conmigo. A mí me ha llegado a pegar en algunas ocasiones, pero prefiere maltratarla a ella.
Una vez, cansada de esta situación, decidí pedir ayuda y recurrí a la comisaria del pueblo. Mala idea.
- Hola, buen día dije al entrar. Necesito su ayuda.
Nadie me contestó.
- ¿Qué pasó, nena? ¿Te robaron la bici?   me dijo un policía que estaba sentado detrás de un escritorio.
- Quiero denunciar una situación de violencia  dije con cara de pocos amigos.
- A ver, decime... -claramente no me estaba tomando en serio.
- Lo que pasa es que... mi papá a veces se enoja mucho y termina pegándole a mi mamá.
- Uh, lo siento mucho. Pero sin evidencia no podemos hacer nada.
-  ¡¿Cómo que sin evidencia?!  -Ese señor me estaba sacando de quicio. ¿Por qué no van a mi casa y ven como está mi mamá?
- ¿Y por qué no viene tu mami, entonces?
- Ella está muy asustada y yo no sé qué más hacer.
El policía no contestó, se limitó a bajar la vista y seguir ordenando sus papeles.
- ¡Estoy harta!  Exploté  ¡Estoy harta de que esta sociedad nos pase por arriba! ¡No puede ser que mi mamá se esté desangrando en mi casa y que ni la policía nos preste atención!
Me miró fijo por casi un minuto y luego dijo riendo:
 - ¿Y qué puede saber una piba de quince años como vos sobre la sociedad? Me das risa. Anda a jugar a las muñecas y decile a tu mami que vaya a laburar.
Lo fulminé con la mirada y comprendí que no valía la pena seguir gastando energía en ese machito. Salí de la comisaría y me fui hacia mi casa. Cuando llegué, me encerré en mi cuarto y lloré hasta quedarme dormida. Lloré porque me sentía sola, lloré por mi madre y por todas las otras mujeres que podrían estar pasando por lo mismo, lloré porque estaba cansada de tener que adaptarme al humor de mi padre y que él nos tratara como trapos, lloré porque nadie escuchaba nuestra voz. Ese día pensé en que solo debía limitarme a sobrevivir hasta ser mayor de edad y poder irme bien lejos. Pero hoy es un día diferente, por fin me di cuenta de lo que tengo que hacer. Necesito contar mi historia, ser la voz de mi madre y así encontrar una solución. Para esto voy a escribir un blog.
Prendo la computadora y comienzo a escribir, vuelco absolutamente todo lo que pasa por mi cabeza. No es difícil hablar de lo único que conozco. Descubro que es como un círculo : él se enoja, se pone muy violento y nos echa la culpa de todo, pasa un tiempo sin hablarnos, luego vuelve llorando a pedir perdón, jura no volver a reaccionar más así y comienza todo de nuevo. Al final pongo mi número de teléfono por si aparece un ser milagroso que pueda ayudarnos, y bajo a cenar.
Cuando llego al comedor, veo a mi padre sentado en la cabecera de la mesa. Es la primera vez que lo veo en todo el día. Lo saludo por lo bajo.
- ¿Qué vamos a comer?  le dice a mi madre.
- Tarta de verdura responde ella.
- ¿Esta porquería cocinaste? Yo no estuve trabajando todo el día mientras vos te rascabas para llegar y tener que comer esto.
- Amor, es lo único que pude hacer. -Intenta calmarlo. No había otra cosa con la que cocinar y sabes que tampoco nos sobra la plata.
- ¡¿Ves que no servís para nada?!  Ya está gritando, comenzó la pesadilla ¡Nada bien podes hacer, no entiendo porqué me casé con vos!. Yo trabajo, mantengo todo esto y ¿así es como me pagas?
-Amor, tranquilo. Comamos en paz  dice mi madre intentando ocultar las lágrimas que corren por sus mejillas Te pido perdón, esto no va a volver a pasar.
- ¡Yo no como esto ni loco! - Se para, agarra la tarta y la tira contra la pared. Vas a aprender a tratar a un hombre se dirige hasta la entrada, agarra un abrigo del perchero y sale por la puerta.
- ¡Espera, Juan!
Mi madre corre detrás de él
- Por favor decime a dónde vas 
Él ni siquiera se da vuelta y sigue caminando hasta desaparecer en la oscuridad de la noche.
Me despierto, es sábado. Son las ocho de la mañana y todavía todos duermen, cuando digo todos me refiero a mi mamá porque no creo que mi papá haya regresado. Me duele la cabeza y tengo los ojos hinchados del llanto de anoche. Me hago un  café con leche y prendo la computadora. Reviso mi blog, al cual le puse de título “gritando en silencio” haciendo referencia a mi postura en esta situación.  Descubro que la publicación de ayer tuvo 30 vistas, eso me da esperanza. Prendo mi celular y veo que tengo una llamada perdida y un mensaje de voz de un número desconocido. Escucho el mensaje:
- Hola Luisana, estuve leyendo tu blog la voz es de mujer, debe tener la edad de mi madre. La verdad, es muy triste la realidad que viven vos y tu mamá. Te quería decir que yo también pasé por una situación así hace unos años y no fue nada fácil salir de eso. Mi nombre es Alegra, vivo en el pueblo vecino al tuyo… bueno este es mi número, no dudes en llamar para lo que necesites. Te mando muchas fuerzas y un a brazo enorme.
Escuchar esto me dio una alegría inmensa, al fin había alguien que nos apoyaba. Quería ir corriendo y decírselo a mi madre, pero no podía. No le he dicho nada del blog porque sé que me diría que lo borre, porque si mi papá se enteraba iba a ser para problema. Yo era consciente del conflicto que esto desataría pero no me importa, lo único que quiero es que todo termine.
Escucho que alguien golpea fuertemente la puerta hasta tirarla abajo. Es mi padre, y está muy alterado.
- Así te quería encontrar a vos me dice con cara de loco ¿Pensabas que no me iba a enterar si subías cosas sobre mí a internet?!
- Yo...Yo no-no sé de qué estás ha-hablando me tiembla la voz
- Dejá de hacerte la tonta, los dos sabemos lo que hiciste. Se acerca hasta donde estoy. Y ahora vas a ver, pendeja mal educada.
Ni bien termina de decir eso, levanta la mano y me pega una cachetada.
El dolor se expande por toda mi cara y comienzan a caer lágrimas por mis mejillas. Intento decirle que pare pero sigue pegándome cada vez más fuerte. Enseguida mi madre aparece en la escena:
- ¡Juan basta! -Grita. Él no le hace caso. ¡Por favor, te pido que pares!  Rompe en llanto mientras suplica. Se me empieza a nublar la vista.
- ¡Fui yo!  Escucho que grita de repente Juan, en serio deja a la nena. Yo tuve la idea de todo eso, fue todo culpa mía mi padre me deja tirada en el piso y se dirige hacia mi madre
- Así que fuiste vos, puta. Sos una puta y ahora me las vas a pagar por haberme escrachado en ese blog de mierda.
La agarra de la remera y la empuja contra la pared
- Sos mía ¿Cuándo lo vas a entender? 
Ríe mientras ve como sangra la nariz de mi mamá luego de sus trompadas.
Mientras estoy tirada en el piso algo vibra en el bolsillo de mi pantalón y se me ocurre la mejor idea que podría haber tenido en ese momento. Saco mi celular sin que mi padre lo vea. Tengo la vista borrosa y me cuesta muchísimo encontrar la llamada perdida de Alegra. Luego de lo que parece una eternidad logro marcar el número.
Despierto en lo que parece ser la habitación de un hospital. Noto que en la cama de al lado hay un persona durmiendo, es mi mamá. Todo ha terminado.

domingo, 2 de diciembre de 2018

Los dueños de la Ley Antiterrorista – Por Fernando Adrián Zapata

Los que ayer te reprimieron,
los que ayer te persiguieron...,
...son los mismos que hoy te acusan
y reclaman dictadura.

Los que ayer beneficiaron
a oligarcas y tiranos...,
son los mismos que hoy te agreden
por ser pobre y ser rebelde.

Los que ayer colaboraron
con los que te torturaron...,
son los mismos que hoy te culpan
y te tratan de "basura".

Los que ayer se enriquecieron
explotando a los obreros...,
...son los mismos que hoy te atacan
con sus leyes y sus mafias.

Los que ayer beneficiaron
a oligarcas y tiranos...,
...son los mismos que hoy te agreden
por ser pobre y ser rebelde.

Los que siguen gobernando
por los dueños del mercado...,
...¡son los mismos que hoy te aplican
leyes antiterroristas!

Los que aún te oprimen tanto
y enriquecen dominando...,
...¡son los mismos que hoy te aplican
leyes antiterroristas!!!

Los crímenes políticos - Por Fernando Adrián Zapata


El puño y el garrote se entrecruzan
en calles de memoria ensangrentada,
los pobres que reclaman en las urnas
también van por las rutas y puebladas.
Mercado, Estado, bancas, dinerales,
trazaron una línea divisoria
a quienes ya no pueden aportarles
solvencia en la ecuación trabajadora.
Algunos han pagado con sus vidas
la reivindicación de otros hermanos.
Y hay otros, que engordaron cada día
con lujo, a costa de los castigados...

Las leyes, con sus lados y reversas,
son, varias,...frías y sin corazón.
Persiste, aún así, la fuerza obrera;
no todo está perdido si hay unión...

Las crisis nos templaron, desde antaño,
a fuerza de brutal necesidad.
Los cambios que, de algunos, esperamos,
¡nosotros los debemos cultivar!!!

La casa – Por Emilia Torini


Había una vez una casa muy blanca, muy redondeada, muy grande...tenía dos dormitorios, una cocina particularmente pequeña...un parque muy grande con un nogal, sí, ese árbol hermoso que da nueces, que muchas veces supo sostener una hamaca, que muchas veces supo ser el sostén de una casita en las alturas. Esa casa también tenía un laurel, enorme árbol.. que supo ser uno de los lugares preferidos a la hora de esconderse hasta escuchar contar hasta diez...esa casa tenía muchas escaleras, que subían y bajaban...que te trasportaban a un castillito... los dos dormitorios eran muy grandes, uno en especial…un lugar lleno de los juguetes más hermosos…ese cuarto que escuchó risas, llantos…vio niños jugando, vio adolescentes llorar o reírse hasta no parar…
Esa casa vio a un joven irse para emprender su aventura.. y después vio una joven irse a emprender también su aventura…pero la casa seguía  ahí…siempre se podía volver.. volver a recorrer ese parque, esas escaleritas que te trasportaban…
Esa casa vio alegrías enormes, tristezas …pero estaba ahí…
Vio padres, abuelas,  hijos, nietos, novios, novias, amigos, esposos, esposas, cuñadas, sobrinos…
Esa casa sintió aromas de comidas exquisitas…escuchó hermosas canciones, durmió siestas, festejó cumpleaños,  vivió  veranos, otoños, inviernos y  primaveras…llenas de flores, flores muy bien cuidadas…
Se puede decir que esa casa no son más que paredes de ladrillos con cemento…pero es mi casa, la casa que me vio nacer, crecer e  irme…
Hoy mis papás dejan esa casa para emprender ellos su nueva aventura…pero en ella quedarán todos esos recuerdos bien impregnados en sus paredes…para siempre… y aunque le esté hablando a un par de ladrillos con cemento, te digo, casita: aunque se vienen hermosos proyectos, te voy a extrañar…porque vas a ser mi casa hermosa para siempre…la casa blanca, redondeada, muy grande y con una cocina particularmente pequeña. Ya no voy a poder entrar… pero cuando pase por ahí, siempre, siempre voy a decir, esa es  MI CASA!

sábado, 1 de diciembre de 2018

PARA ROMANCEAR Y ROGAR - POESÍA MAPUCHE (Del libro “Cuentan los Mapuches” de Cèsar A. Fernández. Ed. EDICOL.

ROMANCEADA PARA LEVANTARSE
Narrado por José Cayunao, Aucapán, 1985.

Levántese,
levántese,  hermano.
Que no lo venga a pisar
el poncho amarillo.
Viene alumbrando el lucero.
Ya cantan los pajaritos.
Ya viene la madrugada
y lo va a encontrar durmiendo.
Que está curao,
pero que se levante,
hermano.

El romanceador interpretaba -según versión dada al recopilador- que traía mala suerte que el sol ("el poncho amarillo") lo alumbrara directamente al despertarse, luego de haber dormido borracho ("curao") a la intemperie.


ÜLKANTUM DE LA SEÑORITA
Recopilado por Miguel A. Bartolomé, 1969.

Señorita
de muy lejos supe que era muy bonita
y todo el camino vine pensando en usted.
Pensaba si realmente sería tan hermosa
y cuanto más lo pensaba
más verde me parecía
el bosque de la cordillera.
Así fue que llegué hasta aquí
y ahora quiero hablar con usted
para decirle que la quiero.
Mi caballo está atado al palenque
para llevarla cuando usted me lo pida.
Piense bien  señorita
y ojalá me diga que sí.

“Contate un Cuento XI” - Ganadora de la Categoría A (jóvenes de 12 y 13 años): LA CURIOSIDAD MATA por Lourdes Quiñones, alumna del Instituto Bg. Martín Rodríguez de Tandil

Todo pasó un 10 de Septiembre de 2017.
       Una persona se había suicidado en una peluquería, la cual le pertenecía a los padres de mi mejor amiga. Nunca le pregunté si sabía quién era la persona que se suicidó o si tenía alguna idea  del motivo por el cual lo había hecho, no porque no se me pasara por la cabeza, sino porque me resultaba difícil hablar sobre ello. Hoy tres semanas después del incidente, mi amiga me invitó a su casa, queda al lado de donde ocurrió la desgracia. Se rumorea que siempre a la noche, a la hora que se suicidó, se escuchan ruidos muy extraños.
       Mi intención es saber quién fue y por qué; es la oportunidad perfecta para saberlo, solo tengo que convencerla para que me deje dormir en su casa, aunque eso no debería ser un obstáculo, ya que siempre me invita, igual me aseguré de ello, la llamé y efectivamente me dijo que sí.
       Es hora de ir para allá, decidí agarrar una grabadora y una linterna, por  las duda; como dice el dicho: “Más vale prevenir que lamentar”. Al llegar percibí un ambiente tenso en el barrio; lo que me llamó la atención  es que el local estaba cerrado, porque los viernes siempre estaba abierto; pero como no había ido en tres semanas no le di mucha importancia. Antes de entrar encendí la grabadora y la metí en el bolsillo de mi pantalón. Cuando entré el ambiente estaba todavía más tenso. Me daba miedo sacar el tema, por como irían a reaccionar, esperé la cena y lo mencioné. Cuando empecé a hablar sobre ello, todos dejaron de comer y se me quedaron viendo en silencio durante algunos segundos, hasta que el padre dijo: “No es de tu incumbencia y no preguntes ni hables sobre eso, sólo lo que vas a saber es que era una persona muy importante para mí.”
        Me quedé muda por el tono en que me lo dijo. Al terminar las últimas palabras, vi como la madre lo miraba con cara de odio e ira. Después de eso, la cena prosiguió como si nada hubiera pasado, obviamente con un ambiente aún más tenso y en un  silencio sepulcral.
         Una vez en el cuarto alistándonos para dormir, luego de esa cena eterna, intenté una conversación para aliviar el ambiente, lo cual funcionó. Después de un par de minutos, le pregunté por qué sus padres habían reaccionado así y me dijo: “Raramente hablamos de eso, antes de que ocurriera esto estábamos todo bien, era la misma rutina de siempre, mi madre trabajando en el local, yo con el celu después de la escuela y mi padre volviendo super tarde del trabajo o al menos eso nos decía, cuando esto pasó, mis padres se distanciaron.” Tenía una idea de lo que podía haber pasar, igual no quería seguir indagando ya que mi amiga parecía algo conmocionada. Nos acostamos a dormir, después de dos horas, me acordé que tenía que ir a escuchar los ruidos extraños; me fijé la hora, al parecer la suerte estaba de mi lado, faltaba una hora, así que me dirigí a las escaleras pero algo me detuvo, era una luz que provenía del cuarto de los padres. Me acerqué para escuchar, al parecer el padre le estaba intentando explicar algo; decidí dejar la grabadora al lado del marco de la puerta, así luego lo escucharía y seguí mi camino. Bajé rápidamente las escaleras porque me di cuenta que perdí treinta minutos escuchando la conversación; al buscar las llaves no fue difícil encontrarlas porque siempre las ponían debajo de la alfombra de la entrada y me fui directo al local. Al intentar abrir, las llaves no funcionaban, lo cual complicó las cosas porque solo faltaban catorce minutos para las once; tenía que buscar una ruta alterna. Pero antes de hacerlo fui a la caja de fusibles para desactivar la energía por si había alguna alarma que yo no supiera. Una vez hecho esto busqué una ventana o puerta trasera por la cual entrar.  Y sí, había una puerta trasera que yo no conocía y lo más extraño era que estaba abierta, tal vez alguien había salido o entrado y no la cerró. Entré con muchísimo cuidado, no parecía que hubiera alguien, prendí la linterna, solo faltaba un minuto para las once, ya eran las once. No parecía escucharse ningún ruido, lo cual debo confesar que me decepcionó, investigué la zona por si había algo interesante aunque lo dudaba porque los policías habían registrado el lugar. Al dirigirme a la salida me choqué con un mueble que parecía estar escondido intencionalmente, estaba un poco gastado pero no demasiado, tenía cuatro patas y un cajón que abrí. Quería ver si había algo interesante pero solo contenía polvo. De repente un reflejo que al parecer venía de una ventana iluminó la parte de abajo del mueble, me fijé y había una carta pegada con cinta para que no se cayera. No la tuve que abrir porque ya lo estaba, empecé a leerla y decía:
   “Lo que hice tal vez los sorprendió pero no puedo seguir así con esta mentira, esta farza, te amo pero no puedo sabiendo que no le has dicho a tu esposa sobre nuestra relación.  Nunca pensé y quise que se enteraran así, pero tarde o temprano iban a saber que sos gay. Mi deseo era vivir los dos solos sin preocupaciones y sin mentiras pero nunca iba a pasar menos cuando me andaba buscando la policía por haber comprado y vendido droga, seguramente no lo sepas porque fue antes de conocerte. Lo que quiero que sepas es que eres el amor de mi vida y que esto no es tu culpa, es una decisión que yo tomé, le quiero pedir perdón a tu esposa, sé que está enojada pero no tiene derecho a estarlo porque también te fue infiel y yo no dije nada.”
          Me quedé en shock  y  ahora que me pongo a pensar  nunca supe el sexo de la persona que se había suicidado hasta ahora. De repente, sentí unas manos que me agarran por la espalda y me dan un golpe dejándome inconsciente. Luego de un rato, no sé si mucho tiempo, me desperté. Un poco aturdida por la forma en que me golpeó. No podía distinguir a la persona por la pésima iluminación pero cuando empezó a hablar la reconocí. Era ella, por el tono en que hablaba parecía estar enojada y sorprendida, tal vez porque no me esperaba encontrar aquí leyendo esa carta. Le pregunté por qué había hecho eso y sí era verdad lo que decía la carta, me contestó diciendo: “No en su mayoría.  Cuando me enteré de esa relación me quería vengar a pesar que estuviéramos por divorciarnos. Te preguntarás si lo de mi infidelidad es cierto y sí,  lo hice. No me importó que mi esposo lo leyera porque nos vamos a divorciar de todos modos. Ahora que lo sabes todo no te puedo dejar vivir.”
           Agarró un envase pequeño. Al principio no reconocí el contenido hasta que ví la etiqueta. Eran unas píldoras letales, mejor conocidas como las pastillas para suicidarse. Agarró una y la colocó en mi boca. Obviamente le costó porque yo no quería, pero al final lo consiguió.
           Nunca pensé que iba a morir así, por culpa de mi curiosidad. Lo que más me impresionó es quien lo hizo. No teníamos mucha confianza, pero igual la conocía desde los ocho años por ser la madre de mi mejor amiga. Ahora me pongo a pensar y digo: “¿Qué también conocemos a las personas que tenemos a nuestro alrededor? ¿Realmente son cómo pensamos?”

domingo, 18 de noviembre de 2018

Canción Por María Elena Walsh

Alma sin el amor, ave dejada
en los terrenos de la maravilla:
cuando no haya más hojas
y se acaben los días
yo seguiré buscando
tu luz recién nacida
- alma sobre rebaños levantada -
para hacer las mañanas de mi vida.

El enlutado mundo que habitaba
ahora es cielo que mi frente pisa.
(Si se apagaron todas
las uvas de la viña
o se muriera el pan
en las espigas,
este incendio frutal de mi esperanza
en otra tierra se levantaría.)

Tu mano era mi mano desde siempre,
tu voz, mi voz, y yo no lo sabía.
Anduve con tu sombra
al lado de la mía
por mortales caminos y celestes orillas.
Eras un sueño en busca de mi frente
para nacer, y yo no lo sabía.

Ya mis ojos usaron la belleza
y fueron en sedienta cacería
-con su lastimadura
de límites y aristas -
al pámpano desnudo
y a la rosa vestida,
buscándote desde los miradores
con el Amor-Que-Todo-Lo-Imagina.

Cuando tú fuiste la increíble imagen
yo era la sed y el vaso y la bebida.
Las puertas y los frascos,
cubiertos de ceniza,
guardaban el perfume
de la melancolía,
mientras los palomares te esperaban
con el Amor-Que-Nada-Se-Imagina.

Aunque tu providencia me negara
el alimento para la alegría,
aunque me entristecieras
la intemperie divina
con pájaros callados
y sombras pensativas,
aunque olvidaras, aunque no existieras,
mi corazón igual te cantaría.