domingo, 27 de enero de 2019

Hoy - Por Rafael Serrano Ruiz


Hoy,
en un nuevo amanecer
que los dioses me han donado,
ni quiero ni puedo olvidar…
Imágenes,
donde tú, reinando en ellas,
mis pensamientos inundas.

Grabada a fuego te llevo
en el fondo de mis ojos.
Embriagado por tu aroma.
Por tu sabor hechizado
y calmado el corazón…
en ti, mi dulce, mi amada.

Suspiros, susurros
Cómplices miradas que todo lo dicen..
Manos inquietas
que rozan, que aprietan.
Vano empeño en retener
 lo que no pueden guardar.

Hoy
En un nuevo amanecer
No quiero, ni puedo olvidar…
Tu amor , mi felicidad.

sábado, 26 de enero de 2019

UN EX JUEZ DE PAZ DE BALCARCE SE BATIÓ A DUELO EN 1882 - Por Juan Carlos Pirali

      En la segunda parte del siglo XIX era común  dilucidar ofensas producidas en la mayoría de las veces, en el llamado "campo del honor", y   los motivos que prevalecían se originaban  en injurias publicadas en los periódicos.
      Uno de esos hechos, que tuvo que tuvo lugar en Dolores, fue protagonizado por Demetrio Rodríguez, un abogado y periodista que había nacido en Buenos Aires  en 1846 y que había residido en Balcarce, donde había desempeñado el cargo de Juez de Paz. Posteriormente se radicó en Dolores,  donde ejerció el periodismo y la función pública. Allí fundó "El Popular" y "La Tarde" y dirigió "La Justicia". En esa última función se encontraba cuando debido a una nota injuriosa publicada en  este último, "recibió los padrinos" de parte del escribano Alfredo Fernández,  quien se había sentido agraviado por la publicación hecha por Rodríguez , a raíz de lo cual, lo había retado a un duelo. Ambos acordaron que el lance se realizaría con pistola, pero no se dio a conocer el lugar en forma pública, porque su realización estaba prohibida. Según el diario "Correo Español" de Buenos Aires  de esa época, el duelo se llevó a cabo en 1882 y los contendientes se intercambiaron cinco tiros de pistola cada uno, pero según el informe tuvieron muy mala puntería, ya que ambos salieron ilesos.
     Demetrio Rodríguez fue combatiente en la "Guerra del Paraguay", y en Dolores fue presidente del Consejo Escolar, miembro del cuerpo municipal (1889/90) y en el año 1891 fue intendente municipal del partido.
     En 1918 integró el grupo de profesionales que fundó el Colegio de Abogados de Dolores.
     Falleció 9 de octubre de 1924, y sus restos fueron sepultados en el  panteón de los Guerreros del Paraguay en el cementerio de la Recoleta en Buenos Aires.

INTRODUCCIÓN DEL CABALLO EN EL RÍO DE LA PLATA - Por Juan Carlos Pirali - De su libro “La Provincia Ganadera”. Ed. Dunken 2002.

     Cada vez que se hace referencia al origen del ganado equino en el Río de la Plata, surge la espontánea aseveración que fue don Pedro de Mendoza el responsable de su introducción en el año 1536, además se identifica al actual caballo de la raza criolla como descendiente de esos animales, pero a la luz del aporte de documentaciones históricas, ese convencimiento generalizado abre un espacio como para dudar de esa afirmación.
      El veneciano Sebastián Caboto, que remontó el río Paraná y fundó el fuerte Santi Spíritu en la confluencia del Carcarañá con éste, a su regreso a España aseguraba haber visto caballos en la ribera del Paraná. (1)
      Esa afirmación de Caboto queda ratificada por el historiador chileno José Toribio Medina en su obra “El veneciano Caboto”, que reproduce en dicho trabajo una carta geográfica levantada por el citado navegante a pedido del rey de España en 1533, es decir, tres años antes que llegara Mendoza al Río de la Plata, y en la misma, puede observarse el actual territorio argentino hasta el paralelo 40 latitud sur, con figuran que denuncian la presencia de animales autóctonos, como el loro y el puma, pero también aparece un caballo, por lo tanto, no puede descartarse la posibilidad de una introducción por medio de otras corrientes colonizadoras.
      Con referencia a lo informado por distintos historiadores, que relacionan a Mendoza como el introductor de los primeros “72 caballos y yeguas” al Río de la Plata, resulta un poco aventurado afirmar que de los mismos descienden los actuales caballos de la raza criolla, ya que hay varios motivos que podrían contradecir ese asentimiento. En primer lugar, hay que tener en cuenta que en el año 1541, cuando Irala resolvió levantar el incipiente poblado de Buenos Aires y trasladar a sus habitantes y pertenencias a Asunción, quedaron abandonados, ante la imposibilidad de llevar en precarias naves, “cinco yeguas y cinco caballos”. (2)
      Es difícil que esos pocos animales hayan podido reproducirse en forma tan explosiva, como para que Juan de Garay afirmara  al recorrer la costa bonaerense en 1580, que parecían “montes a la distancia”, además, hubiera resultado casi imposible soportar el acecho de fieras carnicera y de los aborígenes, que formaban parte de la población viviente en esa época.
      Sin desconocer lo afirmado por Garay, en lo referente a la cantidad de animales, hay que tener en cuenta que con anterioridad a la llegada de éste al Río de la Plata, hubo sucesivos ingresos de caballos, y aunque no siempre esas penetraciones se realizaban directamente en el actual territorio bonaerense, no puede descartarse el hecho de una progresiva expansión en la llanura pampeana.
En el año 1542, Alvar Núñez Cabeza de Vaca llegó a Asunción procedente de la costa brasileña con 26 yeguarizos (3).
      Ese mismo año, Diego de Rojas trajo caballos desde Perú. En 1545 Francisco de Mendoza llegó con caballos hasta la confluencia del Carcarañá y el Paraná. Posteriormente, con la corriente colonizadora del oeste, procedente de Chile, entraron yeguarizos a la región de Cuyo en 1561 y 1562. Por lo tanto, los equinos hallados por Garay en 1580, en lo que es hoy territorio bonaerense, podrían tener ascendencia en animales llegados con posteridad a los abandonados por Mendoza.

(1)R. Parodi Bustos. Revista Limen Nº 15, Pág.106
(2)Rubén Mayer.”El país que se busca a sí mismo”. Pág. 209.
(3)Ernesto Palacio. “Historia de la Argentina” Ed. Peña lillo.1974

domingo, 20 de enero de 2019

“Contate un Cuento XI” - Mención de Honor categoría D: “Si tu te mueres” Por Nancy Gómez de Balcarce


Como nos aterra escuchar  o saber que de una u  otra manera la muerte es algo incontrolable,   es algo que nos acompaña desde que nacemos  sin saber cuándo se hará presente.
 Un día cuando tenía 8 años  le pregunté  muy serio a mi mamá: qué será  de mi si tú mueres A mi madre sus  ojos se le  llenaron de lágrimas , su corazón se oprimió en su pecho  y un suspiro lleno el cuarto. Respiró  profundamente para dar aire a sus pulmones y comenzó  diciendo:
 ”Cuando yo no esté en este mundo físicamente,  estaré en tu momentos  de alegría, tristezas, risas, logros, decepciones, y triunfos… Seré como un día de lluvia, tu estarás sentado frente a la ventana mirando profundamente en silencio, y encontraras paz en tu alma….porque ahí  estaré, en cada gota que cae y golpea el cristal  Al mirar ese paisaje que te dará satisfacción y admiración de ver algo tan bello y natural…yo seré la luz de los colores del campo. En la brisa suave de un día de calor de verano, sentirás la suave sensación de un beso  que te regalaré…Cuando camines descalzo sobre el verde césped, sentirás que caminamos juntos. Y aun cuando seas adulto, seguiré junto a ti como el sol que brilla, la lluvia que calma la sed, el viento que golpea tu cuerpo y murmura:   Sigue, sigue, no te detengas , estoy aquí … Sé que ahora te es difícil entender  estas palabras, pero cuando pasen los años recuérdame  porque quiero que sepas que tanto la vida como la muerte son parte de un todo ….Por eso hijo vive cada día ,sé feliz, aprende ,agradece ,sé solidario, sé tú un ser de luz y de amor ... Cierra tus ojos y veras que nunca me he ido , que soy parte de ti y tu mi mitad ,de lo que te deje  en tu camino llamado vida…. Abrázame y toma  mi mano ,es hora de vivir,  amor mío,  caminemos juntos, que la muerte aún no ha llegado…..
Hoy al pasar de los años  he crecido, madurado espiritualmente, aprendí  con cada día nuevo que hay esperanza de un mañana …. Soy padre y miro a mis hijos jugando tan inocentemente, respiro profundo y sonrió. Madre quería contarte que aun después de tu partida ,siendo un joven casi maduro de tan solo 20 años, siempre  al acostarme o al sentirme agobiado ….sentí tu aliento cerca de mi rostro  y al soplar un viento cálido escuchaba un  susurro a mi oído  que me decía: sigue ,sigue….Si me sentía solo, triste, desesperado, me sacaba los zapatos y calcetines…caminaba sobre el césped verde  y tú a mi lado , como siempre , juntos
  La vida continua  y he dejado a mis hijos un lema  “la vida y la muerte….están unidas, lo más valioso es vivir a pleno sin perder el sentido de ser feliz”



 





“Contate un Cuento XI” - Mención de Honor categoría D: “Nueva felicidad” Por María Elena Bauer de Balcarce


Los viernes iba a Mar del Plata, en El Rápido, a la tarde, porque a la mañana siguiente comenzaba la cursada de Locución, a las ocho. Dormía en un hotel barato muy cercano. A las catorce terminaban mis clases y regresaba a mi casa en Balcarce, sobre las cuatro de la tarde.  No me acompañaba nadie, ya que estaban todos ocupados.
Luego de un mes preparándome para viajar, oí el timbre. Abrí, saludé y al pasar me dijo: “¿Querés que te acompañe?”
-Ni loca. ¡Te vas a aburrir!
-No, tengo ganas de oír tus clases. Vamos en mi auto, y a un hotel mejor, no a esa pocilga donde descansas.
-¿Te parece?
-Sí, salimos a las seis de la tarde, vamos a otro hotel, cenamos, dormimos tranquilos y, a la mañana del sábado, desayunamos y te acerco al instituto.
- Bueno, me gusta el programa. Pero te advierto, son varias horas: voy a prueba de micrófono, a informativos, lectura de propagandas, a idiomas y, por último, prueba de voz y cuerpo. El profesor viene del Teatro Colón. Y ¿sabés? ¡Está re bien!
-¿A qué vas? ¿Por el profe?
-No, es un chiste.
Arrancamos en punto. Fuimos al hotel que eligió. Luego de cenar, sobre las diez de la noche, ya estábamos en cama porque había que madrugar. Pero antes, en el camino, le comenté que, una vez terminadas las clases, almorzaríamos, dormiríamos una siesta corta y, si el día pintaba lindo, quería ver vidrieras y hacer algunas compras.
-¡Hecho! Lo que quieras. ¡Si sabés que te hago todos los gustos!
El sábado amaneció brillante.
-Vamos que no quiero llegar tarde. Yo entro, me acredito y vos estacionas.
-¡Bueno! Pero voy a ir para ver lo que hacés.
-¡Bien!
Se inició el ritmo de cada tema. Me seguía a cada sala de clase. Se sentaba a un costado y, si aprobaban mi actuación, me guiñaba un ojo y levantaba el pulgar. Así hasta el final.
-¿Te gustó? ¡Ahora cumplí con lo pactado ayer!
Almorzamos, dormimos una siesta y a las cinco dijo:
-Vamos, ¿querés pasear por la peatonal?
-Dale. ¡Sabés que me gusta ver vidrieras!
Caminamos sin prisa. Y de golpe, viendo lo que me gustaba, paramos.
-¡Acá quiero entrar!
-Listo, comprá lo que te guste. Mientras me de la tarjeta…
Ya adentro, dos señoritas nos atendieron.
-¡Muéstrele a la señora lo que desee!
-Quiero probarme los dos trajes de vidriera y la blusa salmón.
-Pase al probador – dijo la empleada- y le alcanzó las prendas.
Me pruebo un traje con la blusa, salgo y digo:
-¿Te gusta?
Estaba sentado en un mullido sillón tomando café, ofrecido por la gerente, y yo paseaba por la pasarela.
-¡Sí! ¡Te queda bien! ¡Probate el otro también!
-¿Te parece?
-Sí, si te gustaron los dos.
Vuelvo al probador. Salgo con el otro traje y digo:
-¿Y?
-¡Fantástico! Comprá los dos y la blusa. Elegí algo más que te guste…
Vuelvo al probador y la empleada, con cara pícara, dice:
-¡Señora, aproveche! ¡No siempre se tiene un amante tan generoso!
Sonreí, salí al salón con mi ropa y vi las miradas cómplices mientras colocaban todo en elegantes bolsas y él pagaba. Dio las gracias y, al tomarme del brazo, dijo:
-¿Te vas contenta?
-¡Por supuesto! Yo no pedí tanto. ¡Hasta luego y gracias!
Ya en la acera, lo dejo un instante en la puerta, vuelvo a entrar y le digo a las empleadas:
-¿Vieron que flor de amante es mi querido padre?
Primero rieron, luego se sonrojaron.
En la puerta, ambos no parábamos de reír por lo chusma que habían sido. Pero esta escena sirvió de mucho porque ¡no olvido ese feliz día que sirvió para reencontrarnos como padre e hija, luego de la partida de mi mamá!

“Contate un Cuento XI” - Mención de Honor categoría D: “El diccionario” Por Mariela Rendino , Balcarce


Me encanta leer, siempre estoy buscando algo nuevo para conocer por medio de los libros. Soy muy curiosa y trato de dar una explicación a todo lo que sucede a mí alrededor. Por eso, siempre cuando tengo una duda o no entiendo algo recurro al “mataburros”, como lo llama mi profe de Literatura.
              Hace unos días, leyendo una novela para el colegio encontré una palabra. No sabía su significado; por lo que decidí averiguarlo en el diccionario. Me sorprendí cuando no lo vi en la repisa de mi cuarto, junto a la enciclopedia de ciencias naturales que me había regalado mi abuela al cumplir 10 años. ¡Qué raro!, pensé; si la última vez que lo usé lo dejé allí. Bajé las escaleras corriendo hasta el escritorio de mi padre pero todo fue en vano. Lo esperé a que volviese del trabajo para preguntarle. Al  llegar a casa, le consulté dónde estaba.
-En el lugar de siempre-, me respondió cansado.
-No lo he hallado-, contesté insistente, pero me fui porque se me hacía tarde para ir al colegio. Incluso salí sin almorzar.  Entré directo a la biblioteca para buscar  esa palabra. Cuando llegué y me acerqué al estante, me di cuenta  que el diccionario no estaba. La bibliotecaria tampoco sabía qué había pasado con él. Ingresé a clase junto con mis compañeros y le comenté lo sucedido a mi mejor amiga.
-¿Por qué estás tan alterada?, ¡Tanta historia por un diccionario!!- comentó Agustina.
-Es que hace tiempo que lo busco y no lo puedo encontrar, me está preocupando demasiado- le aclaré bastante enojada.
-No pasa nada, ¡Ahora con internet lo tienes todo, lo googleas y listo!- me dijo con tono irónico.
              No me conformé con su comentario. Me retiré del colegio y regresé a casa un poco enfadada. La radio estaba encendida. A los pocos minutos, una noticia me llamó la atención: “La tecnología avanza cada vez más y los libros están desapareciendo”. Qué curioso. Cené y me fui a mi cuarto muy pensativa. Al otro día, desayuné un yogurt con cereales y me propuse salir a la calle a investigar lo que sucedía.
               Caminé hacia la plaza de mi barrio y a la gente que cruzaba le preguntaba: ¿Dónde  viste por última vez tu diccionario?, ¿Siempre lo usas?, ¿Es indispensable para vos?. Y me respondían: Ni me acordaba que tenía uno. Hace mucho que no lo uso. No sé si queda alguno en mi casa.
             Me agoté, la gente no me ayudaba y no sé si me servía de algo. Estaba cansada, caí desmayada en mi cama. Me dormí quince minutos y un ruido procedente del conducto de la ventilación de la calefacción me sobresaltó. Quizás tenía algo que ver con la desaparición de mi “mataburros”. Sonaba tonto pero, ¿quién sabe?. Me colé en el conducto y vi una tenue luz. Avancé hacia ella. Después de un buen rato, arrastrándome y llenándome de porquería, observé algo asombroso. Había un montón de conductos que llevaban a un mismo sitio. Lo más curioso fue ver unos extraños duendecillos con largas barbas, un poco raros. Eran muy graciosos. Estos seres arrastraban unos carritos llenos de libros. Los persiguí con mucho cuidado para no  ser descubierta.  De pronto, tropecé y caí a un pozo que parecía no tener fin. Pensé que moriré allí mismo, cayendo sin parar o, finalmente, aplastada, pero aterricé en una inmensa jungla,  cuya vegetación era palabras y el suelo hojas de libros. Vi letras, más palabras, páginas. Seguí  caminando y me di cuenta que todo estaba hecho con caligramas. Los árboles eran contornos de letras que formaban la palabra árbol, como así también las piedras, las nubes. En el interior de las figuras había adjetivos que calificaban a cada una de ellas.
               Todo era maravilloso, no podía dejar de asombrarme; cuando de repente me choqué contra algo. Los duendecillos se habían parado. Uno me lanzaba una mirada, como si me saludase. Estaba delante de un enorme libro - edificio. No sé, imagino que un edificio con forma de libro. La portada se abrió y el interior era una inmensa sala decorada con miles de palabras, y los duendecillos entraban e iban colocando los libros de los carros en estantes, identificados por sus nombres. Uno se llama Atlas, otros Mapas, Diccionarios. Qué alegría me dio cuando visualicé a los diccionarios. Los duendes guardaban allí todos los diccionarios del mundo. Observé también que otros llenaban las estanterías con libros de cuentos populares que ya no se contaban.
               Alguien me llamó, un hombre, con una voz suave y de tono honesto.
             – ¿Quién eres? ¿Qué haces aquí? – me preguntó
-Soy Alicia- respondí. Estoy aquí porque han desaparecido todos los diccionarios del planeta, aunque vi que están desapareciendo más cosas.
– Entonces, ¿tú querías recuperar los diccionarios?- me dijo el duende.
-Supongo- respondí con timidez. Esto es muy impactante.
-Bien, entonces te explicaré el porqué de todo esto. El hombre, un señor mayor, muy parecido a los duendecillos pero más alto que yo, me contó que la gente antes usaba mucho los libros, leía, exploraba los mapas, diccionarios. Pero ahora, con las nuevas tecnologías, todo eso se había perdido. No hacían falta mapas ni atlas, al ser reemplazados por el Google Maps. La gente estaba muy ocupada para leerles a sus hijos, y los jóvenes preferían salir y  escuchar música antes que abrir un libro y algunos pocos optaban por el wattpad. Por eso, se llevaban todo, fundando su propio mundo, al que solo se podría entrar si él lo autorizaba.
– ¡Pero a mí me gusta leer! Y busco en el diccionario, quiero seguir leyendo y explorar libros–, dije suplicante.
 –De acuerdo. Pondré una clave para entrar, y solo lo podrá hacer el que sepa descubrir la magia de los libros y únicamente en este espacio podrás apreciarlos de verdad-, aclaró el duendecillo.
     De repente hubo un destello. Esa luz que vi antes, ahora con más fuerza, hacía que cerrara los ojos. Cuando los volví a abrir permanecía en mi habitación, acostada en la cama. Me levanté corriendo para comprobar si estaban todos los libros. ¡Mi diccionario!, ¡Bien!. Ya puedo buscar esa palabra: “Transportar”. Eso es lo que yo hago, me transporto. Cada vez que leo un libro vuelvo al mundo de las palabras, donde todo cambia según lo que se lea, y me meto en otro lugar diferente, donde pasan días que apenas son segundos, donde nadie ni nada puede molestarme. Y, por suerte, tengo a mi “mataburros” al que  consulto en caso de necesidad.

“Contate un Cuento XI” - Mención de Honor categoría C: “El sueño de tener mi propia banda” Por Estefanía Montes Rosa alumna de EEPA 701


Camila era una niña en silla de ruedas a la que le encantaba la música. Desde pequeña,  escuchaba un montón de bandas de música, rock, jazz, pop, etc.A Camila le gustaba tanto la música que siempre decía:
-Algún día tendré mi propia banda de rock.
En la escuela, las niñas preferían hacer otras cosas, como saltar la cuerda. Las amigas le pedían que jugara con ellas, pero era muy difícil, porque no podía saltar. Así que siempre se quedaba en un rincón, escuchando música.
Había algunas niñas que se metían con ellas y le decías cosas muy feas.Camila se ponía muy triste cuando aquellas niñas se reían de su discapacidad motriz, pero siempre se ponía música, y eso la alegraba tanto que olvidaba las cosas feas que le decían.
Un día, Camila tuvo una idea y se la comentó a sus mejores amigos:
-¡Quiero tener mi propia banda de rock! ¿Quieren formarla conmigo?- les preguntó.
-Pero Camila, nosotros no sabemos tocar ningún instrumento- le contestaron.
Camila sabía que tenía un don especial y les prometió que conseguiría enseñarles a tocar instrumentos y a hacer las mejores canciones del mundo. Sus amigos la vieron tan entusiasmada que decidieron confiar en ella. Además, como para ella era tan complicado jugar a cualquier juego (y no jugaba nunca) esta era una buena manera de hacer cosas juntos.
La niña y sus amigas estaban super contentas con su banda de rock. De a poco, fueron ensayando y aprendiendo a tocar canciones divertidísimas. Pero un día, aquellas niñas malas se enteraron de lo que Camila y sus amigos estaban planeando.
-¡Ja,ja,ja! ¿Vas a tocar en una banda de rock? ¡Eso es imposible! ¡Camila es inválida! - se burlaban.
Pero Camila no les hizo caso y siguió peleando por su sueño. Hasta que un día, después de muchos ensayos con sus amigos, decidieron hacer un concierto en el patio de la escuela. Camila estaba muy nerviosa, pero allí estaban su familia, y también sus amigas dándole todo el apoyo.
-¡Vamos, Camila! ¡Demostrá lo que sabes hacer! - la animaban.
Camila y sus amigos comenzaron a tocar y todos comenzaron a bailar. ¡Lo pasaron genial! Fue un concierto divertido. Al fin todos aplaudieron un montón. Incluso las niñas malas, quienes se dieron cuenta de que Camila, a pesar de tener una discapacidad, tenía un don mágico para la música.
Camila dio así una lección a todo el mundo, y les enseñó que, a pesar de las limitaciones, es posible hacer grandes cosas si se pone el empeño necesario.
Después de unos días le llegó una carta invitándola a hacer un concierto en la plaza más grande de la ciudad. Había más de mil personas. Subió al escenario y, de repente, un cantante le cortó los cables para que no pudiera cantar, y le tiró un tarro con pintura encima. Todo por celos, maldad. Camila se sintió tan mal que pidió que la sacaran rápido de ahí. Entonces dejó su sueño. Y por cinco meses no cantó más. Hasta que apareció su mejor amiga y le dijo: ”No bajes los brazos. ¡Vos podés! Siempre voy a estar con vos. Date una oportunidad. ¡No arruines tu sueño! Entonces Camila llamó a su tío Miguel, que era su representante, y empezaron a hacer conciertos en todos los eventos y ciudades. Un día quiso cantar en el teatro Luna Park. Vendió un montón de entradas. Llenó el Luna Park, y hasta quedó gente afuera.Con el tiempo grabó muchos discos. Hasta la contrataron para tocar en el Madison.
                                                          Así Camila siguió viviendo su sueño.