En el día Internacional de la mujer me encuentro escribiendo estas palabras.
Tal vez, jamás pueda aproximarme al vasto universo que guardan sus encantos. Lo cierto es que lo bello no tiene explicación. El hombre usó el magnetismo para inventar la luz eléctrica, sin preguntarse demasiado cómo diablos se producía aquel fenómeno misterioso. Algo parecido ocurre con ellas.
Creo que el mundo aun no se ha desmembrado por completo gracias a las manos laboriosas de las mujeres. Son millones las que tejen día a día una malla invisible destinada a sostener los lazos que nos unen a la vida.
Mientras los hombres inventamos las guerras y nos lanzamos a la conquista, ellas nos esperan pacientemente para curarnos las heridas.
Las mujeres comprenden al mundo, y por eso se ríen y se apiadan de él. Los hombres, en cambio, procuramos entenderlo, por lo tanto es el mundo quien se ríe y se apiada de nosotros.
Creo que la vida es un cuento de hadas que una y otra vez ellas nos lo cuentan. Creo también que el mundo existe porque existe una mujer caminado por la calle. Sus pasos suceden en la tierra, pero la estela que va dejando se continúa en el cielo.
Todas las cosas tienen sentido si una mujer aparece de la nada y nos deslumbra. Es allí cuando comprobamos el encanto sobrenatural que las posee. Nada queda en pie cuando un aluvión salvaje despatarra la realidad. Recién ahí nos damos cuenta que todo lo palpable y tangible existe gracias a la benevolencia de sus pensamientos.
Hay algo indómito cuando una mujer se ríe, hay algo que no termina de desplegarse nunca. Es un juego que llama al juego. Un atisbo de lo que sienten las alas viajeras del viento.
Tres miradas guardaré para siempre en mi memoria.
La mirada pícara y chispeante de mi madre, cuando le conté una tarde que me habían elegido en la escuela como “el mejor compañero”.
La mirada de mi mujer: plena, radiante y en paz, luego de dar a luz a dos hermosos niños.
Y la mirada de mi hija de diez años, resumiendo todas las otras miradas, cuando una vez se posó sobre el brillo de un colibrí que no paraba nuca de danzar sobre el aire.
Esas tres miradas son, en definitiva, una mirada total acerca de la vida. El orgullo, la plenitud y la alegría, forman un círculo que solo se completa cuando los atrapa y los refleja la mirada de una mujer.
Para poder nacer, viajamos por tu cuerpo. Para poder vivir, viajamos por tus sueños.
¡Bienvenidos! Este blog de literatura está abierto a todo tipo de lectores. Quienes lo hacemos no tenemos otra motivación que el de compartir la lectura de las obras de escritores de todos los tiempos, así como también las de aquellos que se inician y también merecen difusión.
sábado, 23 de marzo de 2019
sábado, 16 de marzo de 2019
Comentario sobre "Esta noche me emborracho", tango de Enrique S. Discépolo - Por María Elena Walsh
Sola, fané, descangayada, la vi esta madrugada
salir de un cabaret;
flaca, dos cuartas de cogote,
y una percha en el escote
bajo la nuez.
Chueca, vestida de pebeta, teñida y coqueteando
su desnudez...
Parecía un gallo desplumao
mostrando al compadrear el cuero picoteao...
Yo que sé cuando no aguanto más,
al verla así, rajé,
pa no llorar.
"Sola, fané, descangayada / la vi esta madrugada / salir del cabaret." Síntesis de misoginia tanguera que hemos repetido, admirado y festejado como una banda de chiquilines reiteran una palabrota, un estribillo soez sin indagar el significado ni la consecuencia. A casi medio siglo de su creación y apoteosis, de su incorporación a un repertorio íntimo que debería de avergonzarnos y sin embargo nos regocija, aún no es tarde para preguntar, resumiendo en ese tango toda una seudofilosofía: ¿por qué tanto odio? No se trata sólo de resentimiento cornudo, sino de odio a secas. ¿Por qué tantos varones y mujeres lo hemos celebrado con patotera complicidad, con enfermiza chabacanería y una inseguridad sexual digna de siglosde diván?
El autor no encuentra bastantes invectivas a mano para rebajar a su retratada, ya que la muy cómoda de objeto no le basta, desciende hasta la de cosa, cascajo, cachivache. O, para expresarse más modernamente, bagayo, delicado sustantivo reservado para adjetivar exclusivamente a criaturas de sexo femenino indignas de la apostura mesiánica del contemplador de turno.
"Sola..." Una palabra le sirve para ambientar y de paso agredir: castigada, no merecedora de compañía. Sin embargo, esta soledad involucra que la mujer no concurría al cabaret en plan de diversión plan que habitualmente requiere compañía sino de trabajo: bailarina, cantante, alternadora, camarera... Quizás no eran actividades demasiado honorables. Pero hace 50 años ¿tenía una mujer muchas opciones más? Naturalmente: costurera, maestra, obrera... ¡Cuántas!
"Y una percha en el escote / bajo la nuez..." ¿Qué nuez? La nuez de Adán, el cartílago tiroideo, prominente en el varón y prácticamente invisible en la mujer. Es destacable la buena vista del autor que, a distancia, aparentemente sin prismáticos, y en la confusa luz de la madrugada, haya podido divisar una nuez femenina. Cabe preguntarse si no se trataría de un travestí. Porque luego la compara a un gallo desplumao. Y el gallo, por desplumao que ande, es macho, por lo tanto no merece la degradación de ser comparable a este cascajo con faldas,
"Coqueteando su desnudez." ¿Qué mal hay en coquetear? ¿No le han dicho a la mujer hasta el cansancio que sea coqueta, que es rasgo de exquisita femineidad? No en este caso, porque la contempla, desde lo alto de su cátedra, el Moralista, el cuervo censor, el detective de pecado ajeno, el inquisidor de centímetros de tela y piel. ¿Acaso la pobre tenía que salir del cabaret envuelta en chador o con toca de vicentina? Si en lugar de su desnudez hubiera lucido un visón, peor tango hubiera merecido.
"Al verla así, rajé..." ¡Valiente el mozo! Rajó, porque según el código narcisista más vulgar, importan más los sentimientos propios que la supuesta miseria ajena. Rajó pa' no llorar. ¿Y quién se lo impedía? ¿El célebre principio de que los hombres no lloran, o la presencia de un segundo espectador capaz de poner en duda su virilidad? En vez de rajar pudo haber mostrado un gesto generoso, un saludo, una palabra, una invitación, un poco de calor humano, un rasgo de "hombría de bien". Era mucho pedir para una época tan petrificada en aberrantes prejuicios de casta, raza, sexo, barrio, etc. Sería útil saber qué clase de omnipotencia adorna a una mujer por astuta o pérfida que sea para despertar tanta vileza en un virtuoso varón. Lo transforma en ruin, pechador, mal hijo, traidor, mendigo, mal amigo. Habitualmente éstos son rasgos latentes que una "dulce metedura" o cualquier otro detonante no hacen sino sacar a flote.
La historia nos enseña que los hombres, en general, han sido tercamente impermeables a la influencia femenina. Y lo siguen siendo.
Huye, entonces, para emborracharse. Ya que era tan virtuoso casi un cura al menos para detectar la coqueta desnudez también pudo ir a hacer ejercicios espirituales o leer a Pascal, pero no. Es admirable la cantidad de ocio de que han disfrutado nuestros varones fangueros, admirable su capacidad de absorción de licores y su actividad parlante en los cafés. A las mujeres no les era permitido disfrutar de tan creativas distracciones entre congéneres, ocupadas como estaban y están en lavar ropa, fregar pisos, zurcir, planchar, y hacer, como hoy, malabarismos con el flaco presupuesto familiar. Qué digo familiar, si en el tango no hay familia. Digamos el presupuesto personal, ganado con la costura, el taller, el empleíto... o la actuación en cabarets y otros dudosos establecimientos concurridos por los censores.
Imaginemos que la pobre descangayada se recompone tardíamente y reacciona, por espíritu de justicia y no de venganza, y cambia el sexo de la destinataria de este tango. Qué agresivo suena ¿verdad? ¡Qué pena nos da ese frágil muchachito insultado por la venenosa influida por el Movimiento de Liberación!
No pretende competir con el gran autor, no es mujer de letras, apenas aprendió a descifrarlas. No se hizo una cultura en el café ni una filosofía en los estaños ni un doctorado en la universidad de la calle. Además, creyó hasta hace poco tiempo que merecía tanto agravio y se sintió culpable de casi todos los fracasos propios y ajenos. Hasta que miró a su alrededor con nuevos ojos y se vio rodeada de una pequeña manifestación de congéneres que llevaban una pancarta: "Somos todas solas, fanés y descangayadas". Y empezó a sospechar que su destino de sombra y aguante no se lo había decretado Dios sino un oscuro ministril vampirizado.
Repara en que el autor confiesa que el tema no le fue inspirado por un antiguo amor sino "por la congoja que le produjo la agonía de un amigo tuberculoso en las sierras de Córdoba" (¿?). En el momento de la inspiración no agrede a la tuberculosis ni a la agonía ni al maldito amigo que lo acongojó ni a la municipalidad de Córdoba, se las toma con un hipotético personaje que, naturalmente, es mujer, porque así puede recibir todas las bofetadas y, de paso, resulta buen pretexto para desahogar el milenario fardo de odios y frustraciones que es peligroso dirigir hacia otros frentes.
Ella, rediviva en cualquier pobre mina, pasa una tarde frente a SADA1C y ve al autor, redivivo en cualquier otro autor de tangos. Lo primero que le llama la atención es el peluquín, el patético intento varonil de disimular la "venganza del tiempo". Y recuerda que, entre los agravios, figuraba aquel de "teñida y coqueteando"...
Vuelve a preguntarse: ¿Por qué tanto odio? No sabe responder, pero la sola indagación que se formula por vez primera le permite entrar en el infinito territorio de la lucidez.
Inédito S/f.
sábado, 9 de marzo de 2019
“Llegó la hora de escribir un cuento” Segunda Mención especial del jurado: "Watsa Basu" por : Damián Aranda- Juan Barreiro- Matías Garmendia- Yanina Godoy- Francisconi- Juan Martín Leguizamón
Había una vez un príncipe que se llamaba franco y una princesa llamada violeta. ambos vivían en un castillo en el medio del bosque. los príncipes estaban tristes porque la malvada madrastra quería matar a la princesa.
La malvada madrastra, obsesionada con matar a la princesa, decidió que quería ser bruja y empezó a estudiar en una escuela para hechiceros, un curso de magia. el primer hechizo que hizo, puso en una botella un polvito mágico, lo juntó con chizitos y leche, lo batió y dijo unas palabras mágicas "watsa basú watsa basú que cuando la princesa tome este juguito se desmaye y se convierta en un gato de color verde"
Un día el pirata Aníbal, amigo del príncipe, va al castillo a visitarlo y encuentra a la princesa llorando, la princesa le cuenta lo que estaba sufriendo porque la malvada madrastra no la quería. el pirata se enojó y fue a la cabaña de la madrastra para hablar con ella y convencerla de que la princesa era una buena persona, que quería mucho al príncipe... como la malvada madrastra no lo quería aceptar, comenzaron a discutir, cada vez discutían más fuerte hasta que el pirata se enojó y sacó una espada y la malvada madrastra sacó un cuchillo. comenzaron a luchar con espadas y cuchillos.
De repente, entró el príncipe a la cabaña, al ver que estaban luchando, puso un espejo mágico atrás de la madrastra para que se detuviera y se fue a la cárcel.
Cuando llegó a la cárcel habló con el guardia para meter presa a la malvada madrastra. El guardia fue hasta la cabaña a buscarla para encerrarla, y lo logró, la malvada madrastra fue a la cárcel.
La malvada madrastra, obsesionada con matar a la princesa, decidió que quería ser bruja y empezó a estudiar en una escuela para hechiceros, un curso de magia. el primer hechizo que hizo, puso en una botella un polvito mágico, lo juntó con chizitos y leche, lo batió y dijo unas palabras mágicas "watsa basú watsa basú que cuando la princesa tome este juguito se desmaye y se convierta en un gato de color verde"
Un día el pirata Aníbal, amigo del príncipe, va al castillo a visitarlo y encuentra a la princesa llorando, la princesa le cuenta lo que estaba sufriendo porque la malvada madrastra no la quería. el pirata se enojó y fue a la cabaña de la madrastra para hablar con ella y convencerla de que la princesa era una buena persona, que quería mucho al príncipe... como la malvada madrastra no lo quería aceptar, comenzaron a discutir, cada vez discutían más fuerte hasta que el pirata se enojó y sacó una espada y la malvada madrastra sacó un cuchillo. comenzaron a luchar con espadas y cuchillos.
De repente, entró el príncipe a la cabaña, al ver que estaban luchando, puso un espejo mágico atrás de la madrastra para que se detuviera y se fue a la cárcel.
Cuando llegó a la cárcel habló con el guardia para meter presa a la malvada madrastra. El guardia fue hasta la cabaña a buscarla para encerrarla, y lo logró, la malvada madrastra fue a la cárcel.
sábado, 23 de febrero de 2019
EL SOLDADO MUDO Por Robert L. Stevenson
Cuando estaba el heno recién cosechado
andaba yo un día solo por el prado,
y allí un agujero en el suelo hallé
y en él un soldado de plomo enterré.
Brotaron mil flores en la primavera
y aquel escondite lo cubrió la yerba;
era un mar la yerba verde sin orillas
que a mí me llegaba hasta las rodillas.
Y bajo la yerba yacía el soldado
de casaca roja, con fusil armado,
Mirando con ojos de plomo a lo alto,
por el día al sol, de noche a los astros.
Cuando esté la yerba con el trigo en caña
y tras afilarlas pasen la guadaña,
cuando vuelva el prado a estar bien segado,
mi escondite entonces se habrá destapado.
Volveré a encontrar aquel agujero,
y encontraré en él a mi granadero;
pero en cualquier caso, también, no lo dudo,
sé que encontraré un solado mudo.
Él habrá vivido, aunque a su manera,
en bosques de yerba en la primavera,
y habrá hecho, según su modo de ser,
lo que a mí me habría encantado hacer.
Ha podido ver horas estrelladas
y cómo brotaban flores enjoyadas;
y las maravillas que ha visto y recuerda
en las verdes selvas que forma la hierba.
Ha podido oír como un eremita
hablar a la abeja con la mariquita,
y ha visto volar a la mariposa
sobre ese agujero en el que aún reposa.
Ya sé que no piensa decir ni palabra,
es harto difícil que la boca abra.
Tendré que aceptarlo a él con su mutismo
y habré de inventarme su historia yo mismo.
andaba yo un día solo por el prado,
y allí un agujero en el suelo hallé
y en él un soldado de plomo enterré.
Brotaron mil flores en la primavera
y aquel escondite lo cubrió la yerba;
era un mar la yerba verde sin orillas
que a mí me llegaba hasta las rodillas.
Y bajo la yerba yacía el soldado
de casaca roja, con fusil armado,
Mirando con ojos de plomo a lo alto,
por el día al sol, de noche a los astros.
Cuando esté la yerba con el trigo en caña
y tras afilarlas pasen la guadaña,
cuando vuelva el prado a estar bien segado,
mi escondite entonces se habrá destapado.
Volveré a encontrar aquel agujero,
y encontraré en él a mi granadero;
pero en cualquier caso, también, no lo dudo,
sé que encontraré un solado mudo.
Él habrá vivido, aunque a su manera,
en bosques de yerba en la primavera,
y habrá hecho, según su modo de ser,
lo que a mí me habría encantado hacer.
Ha podido ver horas estrelladas
y cómo brotaban flores enjoyadas;
y las maravillas que ha visto y recuerda
en las verdes selvas que forma la hierba.
Ha podido oír como un eremita
hablar a la abeja con la mariquita,
y ha visto volar a la mariposa
sobre ese agujero en el que aún reposa.
Ya sé que no piensa decir ni palabra,
es harto difícil que la boca abra.
Tendré que aceptarlo a él con su mutismo
y habré de inventarme su historia yo mismo.
Miradas Por Gerardo Barbieri
Son tus ojos, no lo dudes,
que titilan y esperan un signo de embeleso.
Es tu mirada que busca, entre espacios y letras,
encender desde un tablado el rechinar de la vida
-testigo el fuego de tu estirpe-.
—¿Por qué la indiferencia? —preguntaste.
Y sin aguardar respuesta evadiste una impostura tras otra
con la claridad de una memoria
que vuelve desde las cenizas
para negar el confín que nos rodea.
que titilan y esperan un signo de embeleso.
Es tu mirada que busca, entre espacios y letras,
encender desde un tablado el rechinar de la vida
-testigo el fuego de tu estirpe-.
—¿Por qué la indiferencia? —preguntaste.
Y sin aguardar respuesta evadiste una impostura tras otra
con la claridad de una memoria
que vuelve desde las cenizas
para negar el confín que nos rodea.
El gigante Por Ezequiel Feito
Acaricia, oh gigante, las altas nubes.
Lame sus inocentes vientres con tu seca lengua
y hazles cosquillas en su purísima blancura
hasta que escondan su risa
tras las estrellas.
Junta, oh gigante, toda la plata,
y llenos tu ojos con ella
ve hacia la que más te ama.
Tus huellas
desaparecerán de todos los caminos
de la tierra.
Tus pies de barro nada valen
y nada es más débil que tus piernas
que, convertidas en dos arroyos,
unen el cielo y la tierra.
Las aves amanecen junto a tus ojos
bendiciendo dulcemente tu cuerpo
mientras la aurora da un largo silbido
con tu frágil lengua.
Gigante dormido, cuando despiertes
la tierra cantará para ti un himno
que comprenderán todas las lenguas
mientras tu acaricias las altas nubes
y tu cuerpo se funde con las estrellas.
Lame sus inocentes vientres con tu seca lengua
y hazles cosquillas en su purísima blancura
hasta que escondan su risa
tras las estrellas.
Junta, oh gigante, toda la plata,
y llenos tu ojos con ella
ve hacia la que más te ama.
Tus huellas
desaparecerán de todos los caminos
de la tierra.
Tus pies de barro nada valen
y nada es más débil que tus piernas
que, convertidas en dos arroyos,
unen el cielo y la tierra.
Las aves amanecen junto a tus ojos
bendiciendo dulcemente tu cuerpo
mientras la aurora da un largo silbido
con tu frágil lengua.
Gigante dormido, cuando despiertes
la tierra cantará para ti un himno
que comprenderán todas las lenguas
mientras tu acaricias las altas nubes
y tu cuerpo se funde con las estrellas.
Te amaré a corazón abierto Por Esther Martinez Carne-España
Te amaré a corazón abierto,
en los silencios del alma
y en rincones sin sombras.
Mis labios acunarán tu nombre,
besando suavemente atardeceres,
serás mi fortaleza inquebrantable,
lazo sagrado en el crepúsculo
de mi vida donde cobijar sueños.
en los silencios del alma
y en rincones sin sombras.
Mis labios acunarán tu nombre,
besando suavemente atardeceres,
serás mi fortaleza inquebrantable,
lazo sagrado en el crepúsculo
de mi vida donde cobijar sueños.
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