sábado, 1 de junio de 2019

ALZAMIENTO ARMADO DE LEÑATEROS EN DOLORES EN 1864 Por Juan Carlos Pirali

        El diario El Nacional de Dolores, en su ediciones de los días 21, 22 y 23 de marzo de 1930 recogía una amplia nota de “El Régimen” de Mar del Plata, relacionada con una rebelión de leñateros vascongados del Monte del Tordillo ocurrida en 1864. El expediente judicial de ese hecho estuvo en el archivo del Departamento de Dolores, pero lamentablemente ha desaparecido. Sólo existe un pequeño legajo de ese hecho en el Archivo Histórico Municipal de Dolores, perteneciente al legado del historiador Rolando Dorcas Berro, con algunos fragmentos del expediente original.
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El Monte del Tordillo fue una especie de yacimiento de combustible vegetal a lo largo de todo el siglo XIX y principios del XX, por la abundante producción de carbón y leña de talas y coronillos. Atraídos por la posibilidad de progreso que abría la industria del carbón, la leña y la madera, llegaron numerosos inmigrantes vascos, que constituyeron un compacto grupo social en ese lugar, dedicado al desmonte e industrialización del producto, el que trasladaban en carretas propias hasta el pueblo de Dolores. Allí, los vascos debían pagar un “peaje” en el municipio, además un tributo que aumentaba continuamente.
Ante esa difícil situación, los vascos resolvieron llevar sus reclamos a la corporación municipal, y para coordinar la petición se reunieron en la “Fonda de Zabala”, en las afueras del pueblo y posteriormente concurrieron al despacho del jefe comunal con el petitorio, pero esa petición fue rechazada. Esa decisión provocó la reacción de algunos leñateros que se dirigieron en términos agraviantes a las autoridades, por lo cual fueron a parar al calabozo. Ese hecho generó la ira de los demás, quienes por la fuerza intentaron liberar a los detenidos y chocaron con el personal policial, provocándose en el enfrentamiento un saldo de varios heridos.
Esa agitación, conocida como la “rebelión de los vascongados”, iba creciendo en su efervescencia y en el Tordillo los leñateros se organizaron y marcharon con sus carretas, para protestar contra lo que consideraban una extorsión tributaria y acamparon en la zona sur del pueblo, a cinco cuadras de la plaza principal.
El grave cariz que presagiaba la acción de los vascos, dio lugar a que las autoridades informaran al gobierno de la provincia sobre la situación. Al respecto, el Juez de Paz del Partido, Cipriano Muñoz, en fecha 16 de agosto de 1864 se dirigía al ministro de Gobierno de la provincia, Pablo Cardanes, por medio de una nota que decía:
“El abajo firmado, por el órgano de V.S. tiene el honor de poner en conocimiento de V.E. el señor Gobernador, que a las ocho de la mañana del día de hoy, tuvo aviso que a cinco cuadras de la plaza de este pueblo, un número de 40 a 50 vascos habían hecho una trinchera de carretas en la calle, y que estaban dispuestos a dar un asalto a la comisaría”.  [1]
El juez envió al municipal Honorio Guilbeant -por su carácter de vascongado- con instrucciones para hacer cesar  la actitud que habían asumido aquellos y que comparecieran ante el Juzgado a presentar lo que creyesen justo. El comisionado regresó con dos de los amotinados y para entrar al despacho del juez cada uno dejó el arma que portaba en la entrada. Éstos explicaron que el motivo era el cobro de 10 pesos que el municipio cobraba por cada carretada de leña que introducían al pueblo, que estaban
“dispuestos a no pagar un solo real, y que si el juez ponía a uno de ellos presos, se reunirían 500 y echando la puerta abajo lo sacarían, aunque se opusiese todo el pueblo”.  [2]
El juez les pidió que se retirasen a sus casas y peticionaran ante el cuerpo municipal, solicitándole que los exima de dicho impuesto. Los dos delegados de los vascos se retiraron, pero a la media hora volvieron para decir que no se retirarían hasta tanto no se suprimiera el pago del impuesto. A las 11, el grupo había aumentado en número y se produjo un movimiento de carretas hacia las afueras del pueblo. Sólo habían quedado unos 40 vascos en la casa del vasco Juan Irigoyen, quien fue instado por el juez de paz para que hiciera salir esa gente, acatándose la orden pero enarbolando banderas rojas y gritando: “ ¡Muera el Gobierno! ¡Muera el Juez de Paz! ¡Muera la Municipalidad ladrona! ¡Viva la libertad!...
En abierta desobediencia a la orden municipal, los vascos comenzaron a descargar la leña sin pagar el impuesto, ante lo cual el juez pidió auxilio al comandante militar, quien mandó al capitán de la Guardia Nacional, Floriano Delgado con soldados armados al lugar donde estaban los rebeldes, dándole la orden de retirarse, y al negarse aquellos, Delgado dio la orden de “preparen”, pero por impericia de los soldados dispararon varios tiros, que dejaron como resultado un muerto y un herido. En su descargo, Delgado argumentó que los leñateros habían tirado primero, y aunque esa circunstancia no fue probada, se dio crédito a su palabra, sin levantar un sumario inmediatamente. Esa causa pasó posteriormente al Superior Gobierno y cuando el juez del Crimen procedió a formar sumario, se trató de obstaculizar su marcha.   Comenzaron las acusaciones y recusaciones, con intervención de policías, fiscales, jueces y testigos. El gobierno central recomendó a sus togados una exacta distribución de responsabilidades. Intervino como mediador en el conflicto un funcionario diplomático de Francia.
El agente fiscal refiriéndose a la conducta que observó el capitán Delgado en el desempeño de su función, estimó que hubo abuso de fuerza por el carácter violento, pues pudo haber actuado sin el uso de las armas, y solicitó la condena de Delgado “a quedar inhábil para el desempeño de empleos públicos por el término de 5 años, en cuyo tiempo, con edad más madura podrá ser útil tal vez, desempeñando las comisiones que se le lleguen a confiar con prudencia y lealtad”. [3]
Finalmente los vascos tuvieron que continuar con los tributos que exigía el municipio para poder comercializar sus productos.


[1] Motín del 16 de agosto de 1864. Legajo Nº 2 Año 1871. Archivo Histórico Municipal de Dolores

[2] Motín del 16 de agosto de 1864. Legajo Nº 2 Año 1871. Archivo Histórico Municipal de Dolores

[3] Motín del 16 de agosto de 1864. Legajo Nº 2 Año 1871. Archivo Histórico Municipal de Dolores

EL DORADO Por Carlos Fletcher Lummis

      La historia científica moderna ha demostrado plenamente cuan disparatada y errónea es la idea de que los españoles tan sólo buscaban oro, y nos enseña de qué manera tan varonil  satisfacían las necesidades  del  cuerpo y del  espíritu.  Pero el oro era para ellos, como sería hoy mismo para otros hombres, el principal motivo.  La gran diferencia está únicamente en que el oro no les hacía olvidar su religión. Fue un dedo de oro el que guió a Colón hacia América; a Cortés hacia México; a Pizarro hacia el Perú.   Pero lo más curioso es que el oro que se encontró no representó  en   la  exploración  y   civilización   del   Nuevo   Mundo un papel tan importante como el que se buscaba en vano. El  maravilloso  mito  que  representa  el  vellocino  de  oro americano influyó de un modo más eficaz en la geografía y  la  historia  que  las  verdaderas  e  incalculables  riquezas del Perú.
      De este mito fascinador tiene la gente escaso conocimiento,  aun  cuando una  corruptela  de su  nombre anda en  boca  de todo  el  mundo.   Hablando  de  una  región  muy rica solemos decir que es otro "Eldorado" o bien "un Eldorado", error indigno de personas cultas. El verdadero nombre  es   "Dorado", y "El Dorado" es una contracción   en español de "el hombre dorado", mito que ha dado origen a una serie de proezas, al lado de las cuales son insignificantes las de Jasón y sus compañeros semidioses. Como todos estos mitos, éste tuvo en realidad su fundamento ... Se puede ahora relatar esa historia de un modo inteligible.
       Hace algunos años se halló en una laguna de Siecha, en Nueva Granada, un curioso y pequeño grupo de estatuas: era un trabajo tosco y antiguo de los indios, y aun más precioso por su interés etnológico que por el metal de que estaba hecho, que era de oro puro. Este raro ejemplar, que puede verse ahora en un museo de Berlín, es una balsa de oro, sobre la cual están agrupadas diez figuritas de hombres del mismo metal.  Representa una extraña costumbre que en tiempos prehistóricos era peculiar de los indios de Guatavita, en los montañas de Nueva Granada.
       Esa costumbre era como sigue: en cierto día uno de los jefes de la aldea untaba su cuerpo desnudo con una goma, y después se espolvoreaba de la cabeza a los pies con oro fino molido. Ése era "el hombre dorado" Entonces lo llevaban sus compañeros en una balsa hasta el centro del lago, que estaba cerca de la aldea, y saltando de la balsa, el hombre dorado se lavaba de su preciosa y extraña envoltura y la dejaba hundirse hasta el fondo del lago. Esa práctica era un sacrificio en provecho de la aldea.
      La  tal  costumbre  ha  quedado  históricamente comprobada;  pero se  había  abandonado  más  de treinta años antes  que  se  enterasen  de  ella  los  europeos,  esto  es,  los españoles de Venezuela en 1527. La historia de "el hombre dorado", que por contracción se decía "eldorado", era demasiado  sorprendente para  no causar impresión.  Llegó a ser una palabra familiar, y desde entonces un señuelo para cuantos se acercaban a la costa del norte de la América del Sur

De: “Los exploradores españoles del siglo XVI en América”, 1" edición.

martes, 28 de mayo de 2019

SADE SECCIONAL DOLORES CERTAMEN DE POESÍAS DE TEMAS GAUCHESCOS 2019


BASES


1)      El “Certamen de poesías de temas gauchescos 2019” es abierto para poetas argentinos y de países limítrofes, con obras escritas en castellano y para participar no abonarán arancel.

2)      El género será gauchesco, sugiriéndose  los siguientes temas: El gaucho,  el caballo, el recado, el lazo, la yerra, la doma, las cuadreras, la taba, el rancho, el resero, la pulpería, el mate y toda manifestación que esté relacionada con la vida, las costumbres, las tareas y el paisaje del gaucho.

3)      Cada autor podrá participar con una o dos poesías (Con mismo seudónimo) que no hayan tenido premio ni mención en otro certamen. Sólo uno de los temas podrá ser premiado.

4)      La construcción estrófica será libre (Décimas, Octava, Sextilla, Cuarteta, etc.), con medida octosilábica y rima consonante o asonante, con una extensión mínima de 30 versos y máxima de 60.

5)      Los trabajos pueden enviarse vía Mail o Correo postal. En el primer caso a sadeseccionaldolores@yahoo.com.ar en dos archivos Word adjuntos: uno con la obra y seudónimo y otro con los datos del autor: Nombre y apellido , título y seudónimo de la obra, domicilio, teléfono y correo electrónico. El plazo de admisión vencerá el 11 de septiembre de 2019.

6)      Los que envíen por correo postal deben hacerlo a SADE Dolores, Pellegrini 1648. C.P. 7100 DOLORES, Prov. Bs. Aires Argentina. Los trabajos serán firmados con seudónimo, escritos a máquina o computadora sobre una faz del papel y presentados por triplicados. En un sobre cerrado, en cuyo frente figure el o los títulos y el seudónimo, se incluirá en su interior nombre y apellido del autor, título de la obra, seudónimo, domicilio, teléfono y correo electrónico si tuviese.

7)      Se otorgarán tres premios consistentes en medallas y diplomas y, de acuerdo con el criterio del jurado, se otorgarán hasta dos premios más y las menciones que el mismo considere. El jurado tendrá en cuenta para dictaminar la originalidad del tema, uso del lenguaje, figuras literarias, respeto por la construcción en cada forma literaria (décima, cuarteta, octava, sextilla, etc.)  y la ortografía,  y se expedirá en un plazo no mayor de 40 días después del cierre de admisión de las obras. Los premios se entregarán en noviembre de 2018 en Dolores.

8)      El hecho de participar, implica aceptar las condiciones de estas Bases y todo asunto no previsto en las mismas, será resuelto por la institución organizadora  de acuerdo con el jurado. Se sugiere leer las bases completas.

9)      Ante cualquier duda sobre el contenido de estas bases, se puede requerir información al Mail: sadeseccionaldolores@yahoo.com.ar


sábado, 25 de mayo de 2019

Poemas de Wislawa Szymborska (1923 -2012) Poeta, ensayista y traductora polaca. Ganó el Premio Nobel de Literatura en 1996

Despedida de un paisaje

No le reprocho a la primavera
que llegue de nuevo.
No me quejo de que cumpla
como todos los años
con sus obligaciones.

Comprendo que mi tristeza
no frenará la hierba.
Si los tallos vacilan
será sólo por el viento.

No me causa dolor
que los sotos de alisos
recuperen su murmullo.

Me doy por enterada
de que, como si vivieras,
la orilla de cierto lago
es tan bella como era.

No le guardo rencor
a la vista por la vista
de una bahía deslumbrante.

Puedo incluso imaginarme
que otros, no nosotros,
estén sentados ahora mismo
sobre el abedul derribado.

Respeto su derecho
a reír, a susurrar
y a quedarse felices en silencio.

Supongo incluso
que los une el amor
y que él la abraza a ella
con brazos llenos de vida.

Algo nuevo, como un trino,
comienza a gorgotear entre los juncos.
Sinceramente les deseo
que lo escuchen.

No exijo ningún cambio
de las olas a la orilla,
ligeras o perezosas,
pero nunca obedientes.
Nada le pido
a las aguas junto al bosque,
a veces esmeralda,
a veces zafiro,
a veces negras.

Una cosa no acepto.
Volver a ese lugar.
Renuncio al privilegio
de la presencia.

Te he sobrevivido suficiente
como para recordar desde lejos.


Estoy demasiado cerca

Estoy demasiado cerca para que él sueñe conmigo.
No vuelo sobre él, de él no huyo
Entre las raíces arbóreas. Estoy demasiado cerca.
No es mi voz el canto del pez en la red.
Ni de mi dedo rueda el anillo.
Estoy demasiado cerca. La gran casa arde
Sin mí gritando socorro. Demasiado cerca
para que taña la campana en mi cabello.
Estoy demasiado cerca para que pueda entrar como un huésped
que abriera las paredes a su paso.
Ya jamás volveré a morir tan levemente,
tan fuera del cuerpo, tan inconsciente,
como antaño en su sueño. Estoy demasiado cerca,
demasiado cerca. Oigo el silbido
y veo la escama reluciente de esta palabra,
petrificada en abrazo. Él duerme,
en este momento, más al alcance de la cajera de un circo
ambulante con un solo león, vista una vez en la vida,
que de mí que estoy a su lado.
Ahora, para ella crece en él el valle
de hojas rojas cerrado por una montaña nevada
en el aire azul. Estoy demasiado cerca,
para caer del cielo. Mi grito
sólo podría despertarle. Pobre,
limitada a mi propia figura,
mas he sido abedul, he sido lagarto,
y salía de tiempos y damascos
mudando los colores de mi piel. Y tenía
el don de desaparecer de sus ojos asombrados,
lo cual es la riqueza de las riquezas. Estoy demasiado cerca,
demasiado cerca para que él sueñe conmigo.
Saco mi brazo que está debajo de su cabeza dormida,
Mi brazo dormido, lleno de agujas imaginarias.
En la punta de cada una de ellas, para su recuento,
Se han sentado ángeles caídos.


La cuatro de la madrugada

Hora de la noche al día.
Hora de un costado al otro.
Hora para treintañeros.

Hora acicalada para el canto del gallo.
Hora en que la tierra niega nuestros nombres.
Hora en que el viento sopla desde los astros extintos.
Hora y-si-tras-de-nosotros-no-quedara-nada.

Hora vacía.
Sorda, estéril.
Fondo de todas las horas.

Nadie se siente bien a las cuatro de la madrugada.
Si las hormigas se sienten bien a las cuatro de la madrugada,
habrá que felicitarlas. Y que lleguen las cinco,
si es que tenemos que seguir viviendo.


Las cartas de los difuntos

Leemos las cartas de los difuntos como impotentes dioses,
pero dioses a fin de cuentas porque conocemos las fechas
posteriores.
Sabemos qué dinero no ha sido devuelto.
Con quién se casaron rápidamente las viudas.
Pobres difuntos, inocentes difuntos,
engañados, falibles, ineptamente precavidos.
Vemos los gestos y las señas que hacen a sus espaldas.
Cazamos con el oído el rumor de los testamentos rotos.
Están sentados frente a nosotros, ridículos, como en panecillos
con mantequilla,
o se echan a correr tras los sombreros que vuelan de sus cabezas.
Su mal gusto, Napoleón, el vapor y la electricidad,
sus mortales curas para enfermedades curables,
el insensato Apocalipsis según San Juan,
el falso paraíso en la tierra según Juan Jacobo…
Observamos en silencio sus peones en el tablero,
sólo que tres casillas más allá.
Todo lo previsto por ellos salió de una manera totalmente
diferente,
o un poco diferente, es decir, también totalmente diferente.
Los más diligentes nos miran ingenuamente a los ojos,
porque hacían cuenta de que encontrarían en ellos la perfección.



Primera fotografía de Hitler

¿Y quién es este niño con su camisita?
Pero ¡si es Adolfito, el hijo de los Hitler!
¿Tal vez llegue a ser un doctor en leyes?
¿O quizá tenor en la ópera de Viena?
¿De quién es esta manita, de quién la orejita, el ojito, la naricita?
¿De quién la barriguita llena de leche? ¿No se sabe todavía?
¿De un impresor, de un médico, de un comerciante, de un cura?
¿A dónde irán estos graciosos piecitos, a dónde?
¿A la huerta, a la escuela, a la oficina, a la boda
tal vez con la hija del alcalde?

Cielito, angelito, corazoncito, amorcito,
cuando hace un año vino al mundo,
no faltaron señales en cielo y en la tierra:
un sol de primavera, geranios en las ventanas,
música de organillo en el patio,
u presagio favorable envuelto en un fino papel de color rosa.
Antes del parto, su madre tuvo un sueño profético:
ver una paloma en sueños, será una buena noticia;
capturarla, llegará un visitante largamente esperado.
Toc, toc, quién es, así late el corazón de Adolfito.

Chupete, pañal , babero, sonaja,
el niño, gracias a Dios, está sano, toquemos madera,
se parece a los padres, al gatito en el cesto,
a los niños de todos los demás álbumes de familia.
Ah, no nos pondremos a llorar ahora, ¿verdad?,
mira, mira, el pajarito, ahora mismo lo suelta el fotógrafo.

Atelier Klinger, Grabenstrasse, Braunen,
y Braunen no es una muy grande, pero es una digna ciudad,
sólidas empresas, amistosos vecinos,
olor a pastel de levadura y a jabón de lavar.

No se oye el aullido de los perros, ni los pasos del destino.
El maestro de la historia se afloja el cuello
y bosteza encima de los cuadernos.

sábado, 18 de mayo de 2019

La Feria del Libro o La Casada Infiel - Por María Elena Walsh

       La Feria era una fiesta, pero ya no es la misma margarita. La aventura de autores y editores fue gradualmente copada hasta transformarse en un pomposo aparato oficial, triunfante de marchas militares y mustias conmemoraciones.
En fin, que cuando la llevamos al río creímos que era mozuela pero
marido. La Feria se casó con el gobierno tras una serie de pases s que por lo menos merecen el homenaje de la perplejidad.
       Los escritores, fantasmales o proscriptos para los gobernantes de tlttia época, se convierten durante dos semanas en protagonistas de Un evento que sirve, como el Carnaval, para disimular la miseria cotidiana: la atrofia de nuestra cultura, que apesta a cucaracha parroquial, a catecismo soviético, a cartilla de boy scouts.
Asumir la fantasmalidad y profundizar la ausencia pueden ser Halladas maneras de manifestar disenso.
       Sería útil intentar un balance de los bienes que los contrayentes Han intercambiado en la boda ferial, y ante la falta de información nos Hallaremos a lanzar preguntas al viento, a imitar a tantos poetas que IV pasaron la vida interrogando al divinísimo botón:
"...Cuando el amor se olvida ¿sabes tú adonde va?" ¿Adonde van a parar las sumas recaudadas en entradas? "¿Tantos millones de hombres hablaremos inglés?" ¿Por qué es tan caro el alquiler de stands? "¿Dónde están las nieves de antaño?" ¿Por qué se invita antes al Presidente que a Olga Orozco? "Los Infantes de Aragón, ¿qué se fizieron?" ¿Cuántas bibliotecas escolares podrían equiparse con los 130 millones destinados a una carabela de cartón? "A sus habitantes, Señor, ¿qué les pasa?" ¿Por qué el público es obsequiado con tantas incomodidades?
       Resulta difícil entender por qué la Feria es "de interés nacional" y no la industria que la sustenta, para la que por otra parte sería temerario solicitar una protección condicionada.
Este "interés" se contradice el año entero a través de la política cultural y educativa reinante, que es sólo comparable al naufragio del Cap Arcona. Ignoramos si el Ministro de Educación concurrirá para cerrar algún libro que hubiere quedado abierto, o en su carácter de personaje de novela de ciencia ficción.
       La Feria ofrece al contrayente un éxito económico y un prestigio intelectual muy útiles para mejorar la sacrosanta "imagen del país en el exterior" que nadie mejor que nosotros mismos deteriora a fuerza de papelones. Vende también la ilusión de que no hay autores disidentes o que no hemos sido sancionados.
       ¿En qué medida corresponde e! Estado a estos beneficios? ¿Qué significan para él los autores durante el resto del año? Omito el tema de los premios literarios, por pudor. Pero la pensión derivada de los máximos galardones asciende, como se sabe, a $ 80.000 mensuales. No digo que esté mal, sólo me atrevería a pedir reciprocidad: que los escribas estipulemos las jubilaciones de los máximos funcionarios del Estado. Quiero creer que seríamos un poco más generosos, sobre todo teniendo en cuenta que se trata de dineros públicos.
       En asuntos monetarios el argumento no varía: el Estado jamás tiene fondos para la cultura. Repliquemos con una frase de Ezra Pound, perito en finanzas como todos los poetas (si no lo fueran, pocos habrían sobrevivido): "Decir que el Estado no puede hacer algo por falta de dinero es tan ridículo como decir que no puede construir carreteras por falta de kilómetros".
       Sería impertinente suponer que mendigamos prebendas, pero sólo algunos actos de justicia retributiva, siempre que no recorten la libertad del destinatario, suelen testimoniar la preocupación de un gobierno por sus intelectuales.
       No es el momento de reclamar premios, dádivas, cargos diplomáticos ni reapertura del Fondo Nacional de las Artes. Se trataría más bien de recordar otra famosa frase: "No quiero que me den una mano, quiero que me saquen las manos de encima".
Por ejemplo, esa mano de nieve que instaló una computadora en la Feria "para mejor atención del público" y que al parecer cumple otro cometido: el de someter previamente a los servicios de inteligencia las listas de autores y libros réprobos o elegidos. Agradeceríamos que esto no fuera verdad.
        Si lo es, no critico tan higiénica precaución, sólo que allí también sería deseable la reciprocidad. Que los autores decidiéramos, por computadora o a dedo, qué funcionarios merecen seguir en circulación y cuál debería ser el tenor de sus discursos. Ojo por ojo y lista por lista. Aunque, civilizadamente, prefiramos y esperemos diálogo por diálogo.
       Al parecer el trámite es innecesario: editores y distribuidores gozan de tan bien aceitada autocensura que se cuidan como de la enuresis de distribuir libros que pudieran ser considerados (¿por quién?) non sanctos.
       La Feria, boda mediante, es un chato festival de los mismos best-sellers que saturan librerías y comentarios durante todo el año y que ni siquiera ofrecen al comprador la ventaja de un apreciable descuento. Al ser oficializada, de ella está ausente toda osadía técnica o espiritual, se mantiene ajena a discusiones y proyectos. Las conmemoraciones no son nocivas sino en la medida que obstruyen la noción de realidad y de futuro. Todo trasunta una compulsión a hacer buena letra según las normas difundidas hasta el lavado de cerebro por los medios de difusión, que procuran retrotraernos al limbo, o a Murcia en 1940. El público, que ha convertido a un simple mercado en un acontecimiento social inédito en el mundo, merece ser avisado del fraude y del atraso en los que se pretende encapsularlo, aislándolo de la cultura contemporánea.
       Procuro ser monolíticamente solidaria con el gremio plumífero y lamentaría mucho que se supusiera que me erijo en dómine (¡como si nos escasearan!) y cuestiono su adhesión a la Feria. Ganaron y merecen ese oasis de confraternidad y no es mi propósito resultar aguafiestas (¡como si nos faltaran!) sino compartir dudas acerca de uno de los pocos asuntos públicos que nos concierne entrañablemente pero cuyos avatares se deciden a nuestras espaldas. Podría afirmar que prácticamente ningún escritor apreciable tiene injerencia en la organización ni en las características de una Feria de la que al fin y al cabo es dueño.
       Resumiendo: ¡voto por la privatización de la Feria del Libro!
Sólo sobre la base de una total libertad de expresión y circulación de obras, ideas y autores, puede aceptarse un pacto "de interés nacional". El apoyo popular hace innecesaria la búsqueda de protección económica que, por otra parte y hasta que se demuestre lo contrario, el gobierno no ofrece. De modo que la Feria, como la costurerita, dio el paso sin necesidad. La mutua conveniencia será digna sólo cuando la actual "apertura" se transforme en lo que debe ser: no una paulatina extensión de permisos sino el respeto a la autonomía intelectual, sin pretextos ni condicionamientos.
       No es que piense que la Feria debió mantenerse intransigentemente soltera. Pudo casarse con el Regimiento de Granaderos, porque esos soldados acarrearon los cajones de libros y no precisamente de autores conformistas que acompañaron a San Martín en todos sus viajes y campañas.
Libros que inspiraron nuestra emancipación y cuyos equivalentes actuales serían hoy vetados. El fundador del Regimiento, y de la Patria, no se entretuvo en cerrar universidades sino en abrir bibliotecas... costeándolas con su propio sueldo.
       Digamos que la frase pronunciada por el oportuno colega Fernando de Elizalde, años antes de este Proceso, "Los escritores somos un clavel en el ojal del gobierno", resultaría apropiado lema para esta 6- Feria. No es en sí reprobable, sólo que algunos preferiremos, hasta que aclare, pernoctar discretamente en un florero.
Digamos que el día de mañana mis nietos puedan preguntarme: "Pero cómo, ¿no te enteraste entonces de que la Feria se había casado con el gobierno?", y yo deba responder: "Ay no, fíjate que estaba tan ocupada firmando libros que no me enteré, creí que seguía siendo mozuela".
       Estos despistes se suelen pagar muy caros, y el día menos pensado uno somatiza mortalmente en esa parte de su ser llamada de conciencia.
"¿Callaremos ahora para llorar después?"                             ,
       Por ejemplo a la hora del Juicio Final, cuando Tata Dios mi pregunte: "¿Dónde están tus hermanos Haroldo y Rodolfo, que ni los he visto por la Feria?", yo no sabré qué contestarle. Y por ese pecado de ignorancia me mandará, derechita y humana, a! mismísimo infierno.


Rechazada su publicación en febrero de 1980

domingo, 12 de mayo de 2019

Pink Floyd: “Otro ladrillo en la pared” Por Héctor Fuentes

“Si el mundo fuera obvio, el arte no existiría”.
La piedra fundamental de las sociedades modernas está cimentada en el pragmatismo. Comprar es ser alguien. Comprar y vender es la única comunicación fértil que se establece entre las personas. El que apuesta al dólar pierde. El que puso dólares recibirá dólares, el que depositó pesos recibirá pesos. El que puso ganas y buena fe, que se joda. Bienvenidos al Cuento de la Buena Pipa. Este es el reinado absoluto y absolutista del “Gran Bonete”.
Las personas dejan de tener caras y sueños, y pasan a llamarse agentes, clientes o proveedores. Pagar en efectivo tiene sus ventajas.
Si deseas algo puedes abonarlo con tarjeta de crédito o débito, con chequeras de estrépito y vómito, con cólicos, con pálpitos, con púlpitos, con cheques, con choques, con choclos, con bonos, con bolos, con balas, con permutas, con minutas, con minutos, con sangre, con llanto, con horas extras, con pucheros, con préstamos, con próstatas, con empréstitos.
Si  no tienes dinero puedes pagarlo con cadenitas de oro, con cadenotas de esclavos, con cadenas de oración, con enojos, con hinojos, con dólares, con dolores, condominios, con euros, con pleuras, compotas, con el aguinaldo, con el aguilucho, con helechos, con el adelanto, con el de adelante, con plata prestada, con plata de argentum, con platos  voladores, complotando, compitiendo, compadeciendo, con herencias, con urgencias, con paciencia.
Las sociedades de consumo necesitan monedas que mantengan en funcionamiento la máquina. Vestir a la moda es estar en consonancia con las tendencias mundiales. Mirar el mismo programa de televisión que elige la mayoría, significa pertenecer al bando de los ganadores. Hablar sobre los mismos temas que habla la mayoría, nos ampara del silencio aberrante de permanecer callados.
La estupidez insiste siempre. Ser diferente es ser culpable. Ser artista es estar loco. Ser desalineado es no conservar las buenas costumbres. Y elegir libremente lo que se nos plazca es atentar contra el sentido común.
Por lo tanto el muro es la solución. Edificarnos una coraza es sentirnos seguros. Bajar la imputabilidad de los menores, es la solución. Construir cárceles es la solución. Exterminar a los delincuentes es la solución. Dar respuestas concretas sobre temas puntuales demuestra velocidad de gestión. Atacar al problema de raíz comprueba nuestra eficiencia.
El miedo no puede aterrarnos porque fuimos capaces de conquistar el misterio. El confort. La comodidad. La alarma del auto. La televisión. Todo está bajo control. Todo gira en nuestras manos como gira la tierra alrededor del sol. Pero el sol está eclipsado por la luna.
El superhombre de hoy no necesita del lento beneficio de la cultura. Las horas sólo marcan cambios de horarios. Son horas-hombre que han cedido el espacio-tiempo al rígido cartel de un horario de oficina.
Todo es mensurable: ocho horas para trabajar, ocho horas para dormir, ocho horas para disfrutar. Pero... ¿cuánto tiempo dura un beso? ¿cuánto tarda un pájaro en pulverizarse contra el celeste del cielo? ¿Cuánto tiempo transcurre en el instante que cerramos los ojos y pensamos en lo extraordinario? ¿Cuánto tiempo real dura una sonata de Mozart? ¿Cuánto tiempo transcurre entre la primera y la última palabra del libro Rayuela? ¿Se puede medir ese tiempo?
Pink Floyd “The Wall” nos pone en estado de alerta. Martillos que marchan como nazis. Profesores sarcásticos con cabezas de martillos. Cintas de metal que arrojan estudiantes hacia la picadora de carne. Guerras mentirosas que se libran por intereses mezquinos y se pagan con vidas inocentes.
Otro ladrillo en la pared significa que el muro gigantesco sigue creciendo. Es hora de librar nuestra batalla. Es hora de hacer estallar las paredes insensatas que separan a los hombres.

Del “Diccionario del Disidente” Por Chulak

Lenguaje: Desentendimiento organizado.

Llorar: Poner las penas o la dicha en remojo.

Mentira: Virtud que reemplaza con mucha mayor elegancia a la verdad, dada la maldita manía que tiene esta última de esconderse, quizás por pudor, ya que hay tantos insensatos sueltos que la buscan desnuda.