sábado, 17 de agosto de 2019

MAQUINISTA Por Juan Carlos Pirali

Al sonar el silbato de partida
la señal de vía libre le da paso.
Maquinista de horarios extendidos.
Ferroviario sin mengua en el destajo.

Es el ángel guardián de los viajeros
a través de los pueblos y los campos.
Conductor de veloz locomotora
que dispara con ritmo endemoniado.

En su mente se mezclan las memorias
del transporte de hacienda, piedra y granos.
Añoranzas de andenes y galpones,
Despedida, llegada, adiós y abrazos.

Mutaciones de modas y sistemas.
El progreso trazó su rumbo claro.
El fogón productor de la energía
Es tan sólo un recuerdo del pasado.

Fundamento de vida entre dos rieles.
Tolerante de inviernos y veranos.
Un regreso que a veces se dilata
y un hogar que lo aguarda en el retardo.

Como en juego lo tocan “panaderos”.
Desprendidos mensajes de los cardos.
Siempre atento cual firme centinela
obediente en el rumbo que ha marcado.

Apegado a su oficio, bebió leguas,
en continuo rodar, sierras y llanos.
Al final de los viajes ha reunido
un montón de  almanaques deshojados.

CANILLITA Por Juan Carlos Pirali

Un estilo de vida desde niño
pregonero  “alboral”, lucha sin tregua,
compromiso adquirido con sí mismo
por un trozo de pan para su mesa.
Bautizado por Sánchez, Canillita,
proletario incansable en su tarea,
en urbanas esquinas, día y noche,
estaciones de tren, cine, barrera.
El vocero de “Crítica”, “La fronda”,
“Rico Tipo”, “Nación”, “El Tony”, “Prensa”,
mensajero de notas agradables
y causantes de angustias y tristezas.
Cotidiano quehacer  en el destajo
sin reloj para almuerzos y meriendas,
un mezquino jornal por tanto esfuerzo,
es el pago que da la recompensa.
Un lenguaje especial ronda en su mundo;
diccionario inicial de pobres letras.
Una infancia sin tiempo para juegos
y un dejar la niñez sin darse cuenta.
La inclemencia del clima no es escollo
ante el sol agobiante no se arredra,
y en invierno con fuerza de gigante
hace frente a la escarcha mañanera.
Una vida templada en el trabajo
¡Canillita! su nombre qué bien suena,
por su digna labor y su modestia
se ha ganado la gloria de un poema.

La imagen Por Rafael Serrano Ruiz

En la esquina de mi calle
una farola ilumina el lugar.
Luz amarilla, espectral.

El sereno, con su chuzo
marcando las horas va
¡Las doce en punto y sereno!
todo en calma en el lugar.

Una pareja se arrulla
en lo oscuro de un portal
Si, te quiero,
¡como lo puedes dudar!
Vamos …que se hace tarde…
lo tenemos que dejar.
Y entre besos y jadeos
abandonan el lugar.

Una farola en la esquina
Iluminada por gas…
imagen de un mundo antiguo
Que siempre perdurará…

El Jubilado Por Héctor Gagliardi

Le dijeron: «Se jubila»,
después lo felicitaron;
y más tarde organizaron
en la infaltable cantina,
el adiós de una comida
con pergamino floreado,
que a peso por invitado
firmaron con tinta china.

Fueron llegando empleados,
ordenanzas y peones
que colmaban de atenciones
al flamante jubilado...
Todos muy bien afeitados,
luciendo esos trajes nuevos
que se llevan al empleo
cuando ya están más usados...

Hizo su entrada triunfal,
como siempre, el de la foto;
saca a unos pone a otros,
autoritario y teatral,
para lograr al final
después de cinco fracasos
sacudir de un fogonazo
el techo del restaurant.

Después, a lucir las flores,
que estaban sobre las mesas
y al repetir mayonesa,
lo mismo que los ravioles,
se aflojaron cinturones
y entre solapas con talco
el pollo pasó de alto;
por postre: café y licores.

Le pidieron de que hablara
al que estaba designado,
discurso que fue cortado
por el ruido a cucharas,
que los mozos levantaban,
alegando indiferentes,
que venían de suplentes
y a las once terminaban.

El orador, como siempre,
derrochaba generoso
esos "seréis" y "vosotros"
que se escuchan tantas veces,
donde se ahogan las eses
por el peso del menú,
y terminan con "salú"...
«¡Qué la disfrute con suerte!»

Más tarde, al tomar de más,
sacando el jugo al cubierto,
el sucesor de su puesto
fue figura central...
Una miguita de pan
y después... un pan entero...
y al rato, sección "Interno"
se peleaba con "Central"...

Y entre vítores y aplausos
el jubilado aturdido,
salió con el pergamino
apretado bajo el brazo.
La calle tenía raso
y la luna era de harina
y la Recova escribía
las "emes" sobre el asfalto.

Sin saber lo que sentía
abandonado a si mismo,
rodaba por los abismos
que hacía tiempo presentía...
El Domingo... pasaría
ese día no contaba
pero el Lunes debutaba
como actor de la Rutina.

Sería ese jubilado
que hasta en su casa molesta,
tendría que hacer la siesta
aguantar a los de al lado,
ir a misa y al mercado
ayudar a su mujer,
pintar, podar y barrer...
y no fumar demasiado.

Conformarse con dolor
en ser otro "Don" del barrio,
y pasarse con el diario
leyendo en el corredor.
Y ser, para el vendedor
de colchas o de tomates,
el anónimo marchante
del nueve cincuenta y dos.

Pasó de activo a pasivo
en el mayor de la vida
al jubilarse se archivan
los desengaños sufridos....
Cruel desquite del Destino,
que al darle su independencia
se cobra en indiferencia
un descanso merecido.

Y apretado al pergamino
allá sigue el jubilado,
como un "ex" que ha diplomado
la ironía del Destino.
Un alerta de suspiros
trae el aire centinela
y parece una diamela
la luna mirando al río.

sábado, 10 de agosto de 2019

MOLA (Cuento de la nacionalidad yugu) De “EL PÁJARO MARAVILLOSO” - CUENTOS POPULARES CHINOS EDICIONES EN LENGUAS EXTRANJERAS BEIJING - Traducido del chino por Laura A. Rovetta


          Hace muchísimo pero muchísimo tiempo, el pueblo de la nacionalidad yugu atravesó el desierto de Gobi, junto con sus camellos, vacas y ovejas y pasando cenagosos pantanos, a través de la estepa, caminando caminando llegó desde el lejano Xinjiang hasta el pie de las montañas Qilian, en Gansu.
          Al pie de dichas montañas se daban buenas condiciones para el pastoreo del ganado. Los animales eran gordos y fornidos y los pastores estaban satisfechos. Sin embargo, bajo la montaña había una cueva de hielo donde habitaba un genio de la nieve. Este genio salía frecuentemente a hacer diabluras, trayéndole muchas catástrofes a los habitantes de la pradera.
         Cada vez que la gente veía levantarse una neblina blanca  de la cueva  de hielo, ya se sabía que el genio estaba enfadado. En menos de dos horas se levantará una tormenta de viento y nieve, que no parará en por lo menos diez o quince días. ¡Una gruesa capa de nieve cubría la pradera, los hombres no tenían leña para quemar, las bestias no encontraban qué comer y los terneros y los corderos se morían congelados al no poder soportar el frío!
         ¡Cuántas veces la gente le había prendido incienso al genio y se había golpeado la frente contra el suelo sin que éste se inmutara! Había un Mola que hervía de furia viendo las atrocidades que efectuaba el genio de la nieve. Una vez, Mola le preguntó a su abuelo:
- ¿Por qué no se elimina de una vez a este genio tan feroz?
El abuelo negó con la cabeza.
- Hijo, los recursos de este genio son muy amplios, ¡nadie se atreve a tocarlo!
- ¿Acaso no hay nadie en el mundo capaz de someterlo?
- Sólo el dios del sol. Pero éste vive en el mar Donghai. Hay que atravesar altas montañas y hacer un largo camino para llegar hasta él. ¿Quién podría aprender sus artes y tomar sus tesoros?
Mola escuchó las palabras de su abuelo, irguió el pecho y dijo con firmeza:
- Si de esa forma se consigue doblegar al genio de la nieve, aunque las montañas sean altas y el camino largo, yo quiero ir a pedirle al dios del sol que me enseñe sus artes y me dé sus tesoros.
Cuando la gente de la pradera se enteró de que Mola quería ir a buscar al dios del sol, fueron todos a despedirlo. Un viejo pastor de la orilla este le regaló un precioso caballo capaz de correr diez mil li al día. Una abuelita de la orilla oeste le obsequió una preciosa ropa impermeable. Un cazador de la montaña del sur le ofreció un carcaj con flechas milagrosas e infalibles. Una joven pastora de la montaña del norte puso en sus manos un látigo. Entre las ovaciones de la multitud el pequeño héroe se vistió con la ropa preciosa, se colgó el carcaj, montó el caballo y utilizó el látigo para dirigirlo. Así partió hacia el este, lugar de donde sale el sol, como un rayo en su montura.
El caballo corrió con su jinete por mil li de pradera y cruzó diez mil montañas nevadas. Cabalgando y cabalgando, de pronto se presentó un escabroso precipicio que les obstaculizaba el camino. El precipicio se denominaba “Filo de cuchillo” ya que llegaba a penetrar en las nubes. El precioso caballo sudaba a chorros tratando de rodear el precipicio. Pasarlo volando sería más difícil que subir al cielo. Mola estaba desesperado cuando de pronto, un pájaro cantó en su cabeza:
Hermano Mola, hermano Mola,
El caballo precioso puede atravesar el cielo
¿Por qué no utilizas tu látigo?
Mola tomó el que le había dado la muchacha y lanzó a aire un fuerte latigazo. Entonces se oyó como una explosión, al tiempo que el extremo del látigo se alargaba y llegaba hasta las nubes, llevando consigo al joven y al caballo, que de esta forma pasaron el precipicio.
Mola siguió hacia el este y quién sabe cuántos miles de li había cabalgado cuando apareció una selva, llamada “Selva del tigre negro”, porque allí vivía el espíritu de un tigre de ese color.
Cuando el tigre vio que en sus dominios entraba un desconocido lanzó un gran rugido y se tiró sobre el niño. El caballo se pegó el gran julepe y disparó en dirección contraria. El espíritu les pisaba los talones y ya los iba a alcanzar cuando se oyó de nuevo el canto del pájaro:
Hermano Mola, hermano Mola,
El espíritu del tigre no puede lastimar a un héroe
¿Por qué no usas tus flechas?
Mola sacó entonces el arco, colocó la flecha, se dio vuelta y apuntó al enemigo. Sólo se escuchó el tintín de la cuerda del arco y el último rugido del espíritu, que cayó muerto.
Mola volvió a dirigir a su caballo hacia el este y continuó cabalgando. No se sabe cuántos otros miles de li corrieron hasta llegar a las orillas del mar Donghai. A lo lejos se divisaba el palacio del dios del sol reflejado por los rayos rojos. Por el mar inmenso, las olas muy altas, el caballo relinchaba y relinchaba sin atreverse a pasarlo. En ese momento en que Mola estaba muy preocupado volvió a escuchar el canto de aquel pájaro.
Hermano Mola, hermano Mola,
Cuando los héroes encuentran peligros no temen
¿Por qué no usas tu ropa impermeable?
Dicho y hecho, Mola se vistió con la ropa impermeable y dirigió a su caballo hacia el mar. En eso vio que el agua se abrió en dos formando un camino y las olas se retiraron. El caballo pisó por allí y llegó cabalgando hasta el palacio del dios sol. Allí estaba sentada un hada de guardia, una discípula del dios. Muy joven, vestía de verde y rojo, y era muy hermosa. Cuando la muchacha observó que un desconocido se dirigía en su caballo hacia el palacio gritó: “¡Ah! ¡Con que entrando a la fuerza! ¡Mire mis armas mágicas!” Y echó al aire un águila que voló con intención de atrapar a Mola. Pero éste sacó el arco y las flechas y dio en el blanco. Así, el caballo siguió avanzando. La muchacha, asustada, se apresuró a entrar y ¡plaf! cerró la gran puerta. Mola se bajó del caballo y golpeó con el puño la puerta fundida en oro con incrustaciones de plata, al tiempo que gritaba:
Abre por favor, dios del sol
El pueblo de la pradera sufre catástrofes
Y quiero aprender tus artes y obtener tu tesoro
para doblegar al genio de la nieve.
Así estuvo gritando y golpeando la puerta durante tres días y tres noches, sin parar un segundo, hasta que se le hincharon las manos y le comenzaron a sangrar y, con la garganta destrozada, ya casi no podía hablar. Al fin, el dios del sol se conmovió y ordenó a la muchacha que lo dejara entrar. Esta abrió la puerta y llevó a Mola a ver al dios. El poderoso vestía un traje rojo, llevaba un sombrero de oro y se abanicaba el cuerpo con un abanico de ese mismo metal, de forma que los reflejos dorados salían de todas las partes del cuerpo, encandilando de manera tal que no se podían abrir los ojos.
- ¡Valiente niño! – exclamó sonriendo al tiempo que se mesaba su barba roja de tres chi de largo –. Ya sé cuál es la razón que te trae hasta aquí. Te voy a prestar una calabaza de fuego mágico y te enseñaré cómo manejarla. Cuando sometas al genio de la nieve, me devolverás la calabaza y yo te recibiré como aprendiz. – Y diciendo esto sacó de su cintura una calabaza radiante y se la entregó a Mola. Luego ordenó a la guardiana que le enseñara al niño las palabras mágicas para manejarla.
Mola agradeció al dios del sol y siguió a la joven hasta la puerta. Entonces notó que el pelo de su caballo se había vuelto blanco. Con un gran susto preguntó a qué se debía eso y la muchacha le contestó:
- Un día aquí equivale a un año en el mundo de los humanos. Hace cuatro días que llegaste, por eso tu caballo también ha envejecido.
Mola quedó muy inquieto y le pidió a la muchacha que le enseñara cuanto antes las palabras mágicas. Aunque no eran muchas, sí eran difíciles de recordar y las tuvo que repetir ochenta veces hasta que se le grabaron. Pero todavía le faltaba aprender las palabras mágicas para recuperar la calabaza después de usarla. Mola estaba muy intranquilo al pensar que había abandonado su casa por tantos años y de no saber qué nuevos desastres habría vuelto a ocasionar el genio de la nieve en todo ese tiempo. ¡Cómo deseaba partir ya mismo y terminar con ese maligno ser! Por eso, la memorización de las otras palabras le resultó aún más difícil. A duras penas, y después de repetirlas unas cuarenta veces, pudo recordarlas. Entonces se despidió apresuradamente de la muchacha y emprendió el camino de regreso.
Desde que el niño había partido, los habitantes de la pradera anhelaban día y noche que volviera pronto para que terminara con el genio malvado. Pero los años iban pasando uno tras otro y él no volvía. “¡Ay! Pobre Mola, tal vez ya no regrese nunca” – exclamaban todos.
Y Mola llegó apenas en el invierno del octavo año, lleno de tierra y caminando dificultosamente. Y es que el caballo con el que había partido ya estaba muy viejo y se había muerto de fatiga en la mitad del camino. El valiente rapaz no había temido a las altas montañas y al largo camino, siguiendo su marcha a pie.
Al segundo día de su llegada al pueblo natal, el genio de la nieve comenzó nuevamente a lanzar una niebla blanca, provocando una terrible tormenta de nieve. Mola se dispuso a poner en práctica las artes que había aprendido para someterlo. Con la calabaza mágica en la palma de la mano, se dirigió, desafiando al viento y a la nieve, al pie de las montañas Qilian. Los aldeanos lo seguían desde lejos con tambores, para animarlo. Mola caminó a grandes pasos hasta el pie de la montaña, dijo las palabras mágicas y la calabaza salió volando de sus manos. Entonces se vio un destello rojo y la calabaza, como una bola de fuego, voló precisamente hacia la cueva de hielo del genio. Al instante la cueva comenzó a arder. De esta forma, el cruel genio que durante tantos años había hostigado a la gente, murió en su cueva en medio de las llamas.
Cuando el genio expiró, las llamas todavía seguían vivas. Mola pensó en las palabras mágicas para recuperar la calabaza, pero se había olvidado completamente de ellas. El fuego seguía y seguía y ya habían pasado tres días con sus noches, pero todavía no se extinguía. Mola estaba requetepreocupado, ya que temía que las llamas se extendieran hasta los bosques y la pradera, ocasionando otra desgracia a los habitantes. Entonces tomó la decisión de arrojarse a las llamas para rescatar él mismo la calabaza. Así, se arrojó sobre la calabaza, hizo presión sobre la boca por donde salía el fuego y éste poco a poco se fue reduciendo. Pero el valiente Mola fue fundido por el fuego transformándose en una montaña de piedras rojas, que quedó levantada al lado de la pradera. Esa montaña de piedra siempre está muy caliente. Allí no crecen árboles ni ningún tipo de vegetación y las nieves de varios li a la redonda se derritieron por su temperatura. Al derretirse, hicieron crecer el caudal del río Baiyang y la hierba de la pradera comenzó a crecer más frondosa. Las vacas y las ovejas devinieron fuertes y gordas, la prosperidad reinaba entre los hombres. La nacionalidad yugo vivió entonces tranquilamente. Cada vez que un cazador va de excursión a la montaña o un pastor se dirige allí a cuidar del ganado, cuando ven a lo lejos la montaña de piedras rojas erguida hacia el cielo le ofrecen sus respetos muy conmovidos a Mola, el héroe hijo de la pradera que sometió al genio de la nieve.

sábado, 3 de agosto de 2019

POESÍAS DE HÉCTOR GAGLIARDI (1909 - 1984)


TARDE DE DOMINGO

La tarde que está aburrida 
quiere irse con el Sol, 
que a paso de caracol 
va iniciando la caída. 
La iglesia ve sorprendida 
su campanario en el suelo, 
y secándose en el Cielo 
hay una nube tendida.

El Sol, se aleja dorando 
la quietud de una azotea, 
donde una blusa flamea 
con las dos mangas colgando; 
el agua sigue goteando, 
mientras su sombra coqueta, 
forma una "eme" incompleta 
que el viento la está hamacando.

La noche, llega apurada.. 
viene siguiendo la huella 
que va dejando una estrella 
que saliera de avanzada, 
y levanta a la pasada 
las sombras que están caídas, 
y triunfan las Tres Marías 
en el Cielo dibujadas.

La calle, empieza a vivir; 
se iluminan las vidrieras, 
y las muñecas de cera 
nos vuelven a sonreír; 
aumenta el ir y venir 
de la gente que se apura, 
y una mendiga murmura: 
"ya no es hora de pedir".

En las puertas, las vecinas 
empiezan a conversar... 
no les urge cocinar 
porque hoy. al mediodía, 
los tallarines que había 
han sobrado casi todos, 
y se van haciendo solos 
puestos al "baño María".

Hay dos chiquillos que juegan 
vigilados por la madre, 
que está pensando que es tarde, 
y que el esposo no llega; 
pero, lo cruel de la espera, 
es que esta tarde, el marido 
le dijo que fue "al partido" 
gustándole las carreras.

Parejas de enamorados 
comienzan a desfilar... 
y oyen atrás murmurar 
a los que están asomados, 
por eso cruzan, callados 
esa "barrera aduanera" 
que de vereda a vereda 
comenta lo inspeccionado.

Ya se formó la reunión 
de muchachos en la esquina;
y de lejos se adivina,
que allí hace falta un crespón; 
es débil conversación 
lo que anoche fueron gritos, 
porque perdió el favorito 
a un paso de ser campeón.

El fracaso inesperado 
dejó un nudo en las gargantas, 
y un dolor que se agiganta... 
la vergüenza que han pasado. 
Han llegado despeinados, 
con su carga de tristeza, 
junto al dolor de cabeza 
por los goles aumentado.

La peineta de la luna 
se va clavando en el cielo... 
|Qué le importa "el tres a cero" 
que á los muchachos abruma! 
Va sorteando una por una 
las nubes en su camino.., 
si dar plata es su destino, 
ya nos deja su fortuna!. 

Brilla más el empedrado: 
quedó desierta la esquina
y el vigilante camina 
con su andar acompasado... 
observa todo callado, 
toca las puertas cerradas, 
y regresa a la "parada" 
con la sombra a su costado.


LA MAESTRA

Tan buena como mi vieja
y como ella nerviosa,
de las que agrandan las cosas
y que por nada se quejan;
Tenia entre ceja y ceja
esa cuestión del aseo
y en lo mejor del recreo
revisaba las orejas.

Decía que un pajarito
al oído le nombraba
los niños que conversaban
cuando salía un ratito;
Y si un grandote de quinto
armaba la tremolina,
parecía una gallina
cuando tiene los pollitos.

Nos tomaba la lección
siguiendo el orden de lista
y obligaba con la vista
a seguir con atención;
Yo era medio remolón
porque andaba por la “G”
y cien veces me chasquié
al preguntar de a traición.

Se pasaba todo el día
prometiendo malas notas
y que en vez de la pelota
estudiaran geometría
Era mujer...¡que sabia
de un golazo de boleo...!
por eso es que en el recreo
los muchachos se reían....

Pero un vez se enfermo
y mandaron la suplente
que enseñaba diferente
y hasta un día de “usted” nos trató;
Y nosotros ...¡que se yo!...
seria mejor maestra
pero fieles a la nuestra
declaramos el boy-cott.

Y cuando vino al grado
después de la enfermedad
nos pusimos a gritar
que casi la desmayamos
y cuando vio tantas manos
que la querían tocar
de floja se echo a llorar
y nosotros la imitamos.

Ah! Pobre maestra mía!
¡como estarás de vieja!...
revisame las orejas
soy un chico todavía.
No sabes con que alegría
quisiera volverte a ver:
no me vas a conocer
pero entonces te diría:

Yo ocupaba el tercer banco
al lado de la ventana
el que abría las persianas
cuando el sol no daba tanto
El que se ahogaba de llanto
el día que te dejo
y que nunca te olvido
y es por eso que te canto

Vos sos la dulce canción
de la edad que ya se fue
hoy he venido otra vez
para darte la lección:
Preguntame de a traición
maestra del cuarto grado
que cuanto me has enseñado
lo llevo en el corazón....


ABUELITA

Tiene la vista cansada, 
como cansado el andar,  
y ya se empieza a encorvar 
por los años agobiada: 
su cabecita plateada, 
que termina en un rodete, 
la peina tirante y fuerte, 
apenitas levantada. 

Se quiere meter en todo,
a pesar de que el doctor,
veinte veces le prohibió,
que trabaje de ese modo.
Pero encontró el acomodo,
de amasar para las hijas,
y los sábados se en fija
tiene harina hasta en los codos.

Visita que hace a la nuera, 
es visita de inventario; 
abre roperos y armarios 
y en todos lados husmea 
y la nuera que la espera 
esconde lo que compró 
porque peso que gasto 
origina una pelea 

A los yernos los defiende 
de las quejas de las hijas: 
que nunca han sido prolijas 
que al marido no lo atienden 
y el otro, que no la entiende 
se queda lo mas contento 
y no sabe que por dentro 
la abuela lo compra y vende 

Esta lista a cualquier hora 
a defender a sus nietos, 
que siempre salen absueltos 
con tan buena defensora, 
“porque los hijos ahora, 
se olvidan de lo que fueron” 
y al contar lo que le hicieron 
pasa a ser acusadora. 

Después, saca unas monedas 
que tiemblan entre sus dedos 
pero, al oír “caramelos” 
vuelve a cerrar la cartera, 
y mientras todos esperan, 
a los padres les pregunta. 
¡como a sido la conducta 
de una semana entera! 

Entonces, viene el revuelo, 
y al que dijo “la palabra” 
se le dibuja en la cara 
la “ve corta”de un puchero 
y llora con desconsuelo, 
pero entonces, la abuelita 
le suena la naricita 
con la punta del pañuelo 

Y se queda a almorzar 
quieren estar a su lado, 
y hay que comer apretados 
por no oírla rezongar 
y para desautorizar 
lo que la madre contó 
todo el mundo termino 
la sopa sin protestar. 

¡Abuelita cachacienta, 
que por riguroso turno 
vas visitando ese mundo 
que comprende tu existencia: 
tu disculpable impaciencia 
la justifica tu edad: 
es la vida que se va 
con su carga de experiencia 

Cuando veo tu figura 
siempre vestida a la antigua, 
que al bostezar te santiguas 
con tu creyente ternura 
me siento mas criatura 
y sin saber,¡abuelita! 
me dejas la monedita 
de tu infinita ternura.

sábado, 27 de julio de 2019

LA REGIÓN DEL LLANO (Poesía Mapuche) Narrado por Hernán Deibe, 1944

Esto es hermanos, nuestra tierra pampa
donde nada se detiene, donde nada pasa.
Es el viento arriero y los cerros andan.

Esta es hermanos, nuestra tierra pampa
donde hay muchas yeguas, donde hay muchas vacas,
y muchos guanacos, venados y gamas.

Esta es hermanos, nuestra tierra pampa,
donde hay buenos pastos y buenas aguadas.
Caldén y algarrobo tienen buenas ramas.

Esta es hermanos, nuestra tierra pampa.
Vivimos en toldos. Cuando el tiempo cambia,
cambiamos los toldos. Así es nuestra casa.

Esta es hermanos, nuestra tierra pampa.
No es la tierra estrecha. La tierra es bien ancha.
Por mucha que quieran a todos les alcanza.