sábado, 26 de octubre de 2019

HISTORIA DE LEVAS Y RECLUTAMIENTOS - Por Juan Carlos Pirali

     En la mayoría de las ocasiones que se hace referencia al pasado de los habitantes de la campaña argentina, sobre sus hábitos y sus costumbres, se lo describe como un hombre libre, sin sujeciones que lo aten a las leyes, pero de los hechos surge la inobjetable evidencia que esa libertad asignada al campesino no se ajusta a una estricta realidad.
     Una de las primeras medidas adoptadas por los integrantes de la Primera Junta de 1810, fue la de organizar las fuerzas militares, y para tal fin se estableció por medio de una rigurosa leva que comprendía a todos los "vagos sin ocupación conocida, desde la edad de 18 a 40 años" .
     La denominación de "vago sin ocupación" involucraba al gaucho libre de la campaña que ante los alcances de la medida dejaba de serlo, para pasar a contraer un compromiso no siempre reconocido. Durante la leva levantada por la Primera Junta, varias tropas de carretas quedaron paradas por haberles quitado los peones, y la cosecha de trigo que prometía ser abundante no pudo levantarse en forma total.

ERAN VAGOS LOS SOLDADOS DE LA INDEPENDENCIA

     El 30 de agosto de 1815, el gobernador Manuel Luis Oliden en un bando de 11 artículos establecía que: "Todos los pobladores de la campaña sin propiedad legítima, deben ser considerados de la clase de sirvientes... deben estar munidos de una papeleta, firmada por el estanciero para quien se trabaja y por el Juez de Paz, debiéndola renovar cada seis meses"... "quien transite con la papeleta vencida será reputado de vago y condenado a servir en el ejército".
De acuerdo con lo expuesto se abre un interrogante ¿eran vagos los soldados que lucharon para darnos la independencia? y, ¿servir a la patria era una condena?.
Además existía el privilegio para los propietarios de tierras, quienes eran eximidos de integrar las fuerzas armadas.

EL PODER DE LOS JUECES DE PAZ

     Generalmente, la única prueba admitida para considerar como vago a un poblador y destinarlo al servicio militar durante varios años, era el testimonio verbal de los jueces de paz.
Al poder de los alcaldes y de los jueces de paz se refería "El tribuno" de Buenos Aires el 18 de noviembre de 1826 : "Son innumerables los atentados que con motivo de las levas se han cometido por los agentes del poder, ya entrando en estancias, echando a mano a conductores de ganado, a los carreteros, etc..

EL MONTE DEL TORDILLO REFUGIO DE "ALZADOS"

     En el año 1819, las normas judiciales que reglamentaban el ingreso de los peones al ejército, contribuyeron a que éstos se "alzaran" y se refugiaran en lugares apartados de pueblos y de estancias. Uno de los lugares preferidos por los peones que se rebelaban contra el sistema de levas, era el espeso Monte del tordillo, en el partido de Dolores. Allí podían resguardarse del seguimiento de las autoridades.
El gobernador Manuel Dorrego prohibió las levas en 1827, ante la necesidad de brazos para levantar la cosecha, pero al año siguiente volvió a implantar el sistema que había criticado, para obtener tripulantes para la flota del almirante Guillermo Brown.

LAS LEVAS EN LA ÉPOCA DE ROSAS

      Juan Manuel de Rosas continuó con la práctica de las levas, y al respecto, hizo referencia con motivo de la inauguración de la Legislatura el 27 de diciembre de 1831: "Se ha practicado un crecido enganche de voluntarios y destinándose al servicio militar a los vagos y mal entretenidos".
William Mac Kann, que recorrió Buena parte de la campaña bonaerense en la década de 1840, también aporta datos sobre este tema: "Cuantas veces el gobierno necesita de auxilios de esa naturaleza, sus oficiales visitan a quien se le antoje para incorporarlo al ejército".
Los que gozaban de prerrogativas durante el gobierno de Rosas, y que ocupaban un lugar privilegiado ante las levas, eran los ciudadanos ingleses, condición que no alcanzaba a los españoles.

VAGOS DE DOLORES Y LAS FLORES

     En 1860 el oficial Ignacio Rivas comunicaba al entonces coronel Bartolomé Mitre, que había enviado varias comisiones a los partidos de Dolores y de Las Flores "a tomar desertores y algunos vagos y no enrolados con el fin de poner al 3º con 500 hombres".

LEY DE RECLUTAMIENTO

     La Ley de Reclutamiento de 1872 en su artículo 20º decía: " los contingentes serán compuestos de guardias nacionales, solteros de 18 a 45 años de edad designados por medio de sorteos".
José Hernández en su inmortal "Martín Fierro" describe con acertados versos, el regreso de los soldados que sirvieron a la patria:

"Y luego si a alguna estancia
a pedir carne se arrima,
al punto la cain encima
con la ley de la vagancia".

sábado, 19 de octubre de 2019

El viejo Por Julian Centeya (seudónimo de Amleto Vergiati)

Quisiera amasijarme en la infinita
ternura de mi barrio de purrete,
con un cielo cachuzo de bolita
y el milagro coleao del barrilete.
Verlo a mi viejo, un tano
laburante que la cinchó parejo, limpio y claro;
y minga como yo, un atorrante
que la va de sover y se hace el raro.
Mi viejo, falegname, era grandote,
y un cuore chiquitín, siempre en la vía.
Su vida no fue más que un despelote
y un poco, claro está, por culpa mía.
Vino en el "Conté Rosso". Fue un espiro.
Tres hijos, la mujer, a más un perro.
Como un tungo tenaz la fue de tiro.
Todo se la aguantó: hasta el destierro.
Y aquí palmó.. . aquí está adormecido
mi viejo, el pobre tano laburante.
Se la tomó una cheno de descuido
y me dejó un recuerdo lacerante.
Qué mundo habrá encontrao en su apoliyo
sí es que hay un mundo pa los que se plantan.
Sin duda el cuore suyo se hizo grillo
y su mano cordial es una planta.

La marrana peripuesta Por Rafael Pombo

Viénle a un mono la chusca idea
de ornar con flores a una marrana,
y ella, al mirarse ya tan galana,
envanecida se contonea,
y a cuantos mira grúñeles: “¡Ea!
¡Paso a la Venus! ¡Todos atrás!
-¡Ah!, dijo el zorro: siempre eres fea;
pero adornada: ¡mil veces más!

MAULA - Por Javier de Viana (En “La Biblia gaucha”, 1925.)

1.  Contaba ño Luz:
Una güelta, la perrada estaba banquetiando con las achuras del novillo recién carniao, cuando se presentó un perro blanco, lanudo, feo, con las patas llenas de cascarrias de barro que sonaban al andar como los cascabeles de la víbora de ese nombre.

2.  Los perros  suspendieron la merienda y se abalanzaron sobre el intruso,  revoleándolo y mordiéndolo,  hasta que Calfucurá, jefe de aquella tribu perruna, se interpuso, imponiendo respeto:

- ¿Qué andas haciendo?  interrogó airadamente Calfucurá.
- Tengo  hambre-respondió con  humildad  el  forastero.
- ¿Y no tenes amos?
- Tuve; pero me echaron porque una noche dentraron ladrones en casa y se alzaron con varias cosas.
- ¿Y no ladrastes?
- No.
- ¿Por qué?
- Tuve miedo; soy maula.
- ¿Sos joven?
- Sí.
- ¿Tenes buenos dientes?
- Sí... ¡ Hace cinco días que ando cruzando campos sin comer!. . . De tuitos lados m'espantan y tuitos los perros me corren. . .

3- ¡ Hacen bien!  sentenció Calfucurá . El trabajo del perro, como el del polecía, es de ser guapo; siendo flojo, no vale la carne que come, porque sin trabajar naides tiene derecho a comer. . . Ahí tenes esas tripas amargas: enllená las tuyas y seguí viaje. . .

LOS BESOS- Por Vicente Aleixandre

No te olvides, temprana, de los besos un día.
De los besos alados que a tu boca llegaron.
Un instante pusieron su plumaje encendido
sobre el puro dibujo que se rinde entreabierto.

Te rozaron los dientes. Tú sentiste su bulto.
En tu boca latiendo su celeste plumaje.
Ah, redondo tu labio palpitaba de dicha.
¿Quién no besa pájaros cuando llegan, escapan?

Entreabierta tu boca vi tus dientes blanquísimos.
Ah, los picos delgados entre labios se hunden.
Ah, picaron celestes, mientras dulce sentiste
que tu cuerpo ligero, muy ligero, se erguía.

¡Cuan graciosa, cuan fina, cuan esbelta reinabas!
Luz o pájaros llegan, besos puros, plumajes.
Y oscurecen tu rostro con sus alas calientes,
que te rozan, revuelan, mientras ciega tú brillas.

No lo olvides. Felices, mira, van, ahora escapan.
Mira: vuelan, Ascienden, el azul los adopta.
Suben altos, dorados. Van calientes, ardiendo,
Gímen, cantan, esplenden. En el cielo deliran.

HAY QUE SABER SONREÍR - Por Juan Antiga, año 1927.

1.  Los chinos tienen un proverbio que contiene en su esencia  y  cortos   límites   un   tratado   de   vasta   sabiduría. Este pueblo,  tan  antiguo como  discreto,  dice:   "Quien   no sabe sonreír debe cerrar su tienda".

2.  Dirija usted una mirada al círculo de sus relaciones, y como una sencilla observación, tan sólo por entretenimiento,   haga   la   siguiente   prueba:   tome  una   hoja   de papel y ráyela en el centro. La derecha de la línea rotúlela, "Personas que sonríen" y la izquierda,  "Personas que no sonríen".   Anote en cada departamento los nombres de los que poseen o no esas cualidades, y quedará en realidad sorprendido del resultado: encontrará que invariablemente todas aquellas personas anotadas en la columna de la derecha disfrutan de buena salud, su negocio se desenvuelve próspero, son cordiales, y su perenne sonrisa el mejor anuncio de un estado de ánimo conforme y feliz...

3.  Sonría  siempre,  como  sonríen  los japoneses  desde niños, aun cuando tengan que presenciar terribles espectáculos  o  sufrir  profundos  dolores  morales  o  intensas  penas . físicas. Sonría, aunque tenga necesidad de realizar ejercicios  calisténicos de los  músculos faciales  ante el  espejo cada   mañana,   para   enseñarles   a   contraerse   automáticamente.  Aprenda no tan sólo a sonreír en todas las ocasiones, buenas o malas, sino procure también reunirse con aquellos que hagan de la sonrisa una religión. Busque la sociedad de gentes agradables y alegres. Los libros humorísticos, los chistes por disparatados y absurdos y cuanto tienda a modificar sus pensamientos pesimistas, transformándolos en optimistas. Y más qué nada cultive el hábito de encontrar i o todo bien, tolerar, perdonar o disculpar, buscando lo divertido, lo ridículo, lo realmente digno de considerar sensible y merecedor de crítica bondadosa en cada situación.

4.  No pretendo con esto llevar a nadie al camino de la burla   o   del   sarcasmo,   del   cinismo   o  de   un   escepticismo morboso o, como sucede en ocasiones, y de ellos dan prueba   los   maldicientes  o   los  envidiosos,   hacer   desagradable nuestra relación amistosa o cerrar el cupo de los afectos; pero la vida demasiado corta y rica de tristezas y contrariedades  bien  vale la  pena  de saberla  hacer  grata  a  los que nos quieren o a los que nos aceptan, y más que nada a nosotros mismos, que luchamos con las propias pasiones y tenemos que vencer al horrible monstruo del aburrimiento y del egoísmo en todas sus múltiples manifestaciones. ..

5.   Siembre  una  sonrisa y cosechará muchas de ellas, pues la condición humana consiste en devolver en armonía, lo que recibe. Dé al mundo los beneficios de su alegría, no de sus penas.

Cuéntale al mundo  tus  dichas 
y no le cuentes tus penas; 
que vale más que te envidien 
que no que te compadezcan.

Así dice un cantar popular que un poeta anónimo de Norte América expone en un pensamiento análogo. . . : "Es muy fácil estar contento cuando la vida se desliza, como canción; pero el hombre merecedor de ser tal es el hombre que sonríe cuando todo va mal.

ROMANCE DE LA NIÑA DE SANTIAGO Por Luis Cané (De Bailes y coplerías, 1941)

No por negocios de cobre
ni para mercar salitre
a través de las montañas
desde mis llanuras vine.

Vine desde mis llanuras
a rodar tierras de Chile,
y me he quedado en Santiago,
mirando tus ojos tristes.

Ay, la niña de Santiago,
la de Santiago de Chile,
que se va a pie al San Cristóbal
para rezarle a la virgen...

Altiva, pero con gracia,
dulce, pero sin melindre;
te enseña el cielo a ser clara,
tus montañas a ser firme.

Hablando en diminutivos
todo a tu encanto se rinde,
y el caudal de tu ternura
el corazón no resiste.

Ay, la niña de Santiago,
la de Santiago de Chile,
desde el Cerro San Cristóbal
te guarde siempre  la  Virgen:
transparente como el cielo
como tus montañas firme.