sábado, 9 de enero de 2021

RELATO DE UN MAYORAL Y HUEYA PA’ DOLORES Por Juan Carlos Pirali

 

Un tema para dos obras de diferentes autores


    Hay una canción del folklore sureño que presenta como autores a los señores Andino Álvarez y Alberto Merlo, titulada “Hueya pa’ Dolores”, en la misma se hace referencia a “Laguna de las yeguas en Miraflores” y “Barracas al Salado son treinta leguas”.

    Ese tema tiene similitud en los topónimos que nombran y la idea en general de los versos, con las décimas “Relato de un mayoral”, de Justo P. Sáenz (h), éste publicado en “La Prensa” el 10 de octubre de 1945. Al respecto, en Correo de lectores del diario porteño La Nación, del 31 de diciembre de 1969, el Sr. Juan José Márquez Urquiza, cita la siguiente décima de “Relato de un mayoral”:

 

“Las leguas que m’he tragau

con la galera de Vargas,

como que van treinta largas

de Barracas al Salau.

Y diez más desde el venau

que n’oes paso de los piores,

a la Posta ‘e Miraflores

en la laguna ‘e las yeguas,

total; cuarenta y seis leguas

hasta el pueblo de Dolores”.

 

    Márquez Urquiza intrigado por la similitud, recurrió a Sáenz para saber si los lugares citados  tenían existencia real o estaba en la imaginación del escritor. Ante lo cual recibió como respuesta que “esos topónimos figuran en antiguos mapas del siglo XIX del partido de Maipú y aún existen” y, habían sido tomados para su relato, Laguna de las Yeguas, que quedaba en el campo de D. Francisco Barrionuevo y  Miraflores, de la estancia que Francisco Ramos Mejía había recibido en merced del Gobierno por decreto del 9 de marzo de 1819. Ambos lugares en el partido de Maipú, y no figuraban en el itinerario que describía Sáenz en sus versos, además, el camino a recorrer por la galera comenzaba en Barracas (Hoy Avellaneda) con destino final en Dolores y, esos lugares estaban situados a 100 kilómetros aproximadamente al sudeste de esta ciudad, pero los usó por tratarse de consonantes para poder rimar los versos.

La  huella de Alvarez y Merlo dice en una parte:

“Laguna de las yeguas en Miraflores,

allá va la galera rumbo a Dolores”.

Esos términos fueron utilizados anteriormente por Sáenz, con lo cual, queda claro que el primero que trató ese tema fue el escritor y poeta Justo P. Sáenz (h).



                                          Justo P. Sáenz

PAISAJES DE MI PROVINCIA Por Juan Carlos Pirali

 

Productiva extensión amanecida

con albores de surcos y manceras,

prodigiosa provincia ¡Buenos Aires!

paraíso sublime de la tierra.

Dilatada llanura donde emergen

las turgencias grisáceas de la piedra,

y dorados trigales que presagian

el destino final sobre las mesas.

Las atlánticas sales acarician

el origen natal de las riberas,

y en maduros frutales ronda altiva

una oferta de miel en cada entrega.

En sus fértiles campos de labranzas

hay un sueño metido en cada melga,

y en alarde triunfante canta Ceres

por el premio ganado en las cosechas.

Mirasoles, flamencos, garzas, cisnes,

en espejos azules se reflejan,

donde cruza el venado cual pampero

con jactancia de libre en pampa abierta.

Un paisaje de ombúes y de talas;

eclosión forestal, verde presea.

Territorio preciado por su clima

dibujado con mágica acuarela.

Conjunción de pecuaria, sol y agro,

vaticina futuros de grandeza,

y  sus playas, sus ríos y lagunas

alimentan las musas de poetas.

martes, 8 de diciembre de 2020

Caos – Por Rafael Serrano Ruiz

               El destino obliga a dar el primer paso. Es posible rebelarse o dejar hacer. Es un momento decisivo que tendrá consecuencias, pude hacer daño a unos y feliz a otros ¿Por qué? ¿Debemos dejarnos llevar?  ¿Permanecer impasibles? ¿No es eso renunciar a la vida? …

Encantadora, delgada, rubia, bien formada, ojos grises y nariz ligeramente tachada de pecas. Parece un ratoncito pidiendo amor: tierna y alegre al mismo tiempo, pero excesivamente delgada en comparación con el tamaño de su pecho. ¿Veinte años? Pudiera ser...

Hacía tiempo que había conocido a Alicia. Eran parte de una pandilla de jóvenes como muchas otras que se forman en la vida. Se atraían, siempre se estaban buscando dentro del grupo, pero no había más entre ellos. Poco a poco fue creciendo su camaradería hasta que un día, visitando unos amigos comunes en un pueblo cercano, después de la hora de la comida, se dirigen todos juntos a buscar el frescor junto al rio que pasa serpenteando cerca de la casa. Una vez allí, unos juegan cartas, otros vaguean bajo la sombra de los árboles o pasean por la orilla entre los juncos. Juan decide dar un paseo con Alicia. Llegan a un remanso un poco separado del resto de los amigos, y allí se sientan en la hierba y se ponen a charlar de todo y de nada: La dependencia sensitiva de las condiciones iniciales (el entorno) es consecuencia inevitable de cómo las vidas individuales se entrelazan con la general: En un momento dado sus miradas se cruzan, sus manos se juntan y caen en un abrazo mientras se besan con pasión. En pleno ardor, Juan con delicadeza se aparta un poco de ella. Alicia con la mirada brillante arranca unos juncos y entrelaza una pequeña corona que pone sobre su cabeza a modo de los santos. No hay palabras, ninguno de los dos dice nada y después de unos momentos, se levantan para reunirse con el resto de la pandilla mientras Alicia le mira con sus dulces ojos, mostrándole toda su ternura

 Cae la noche y toman el tren de vuelta a casa. Están solos en el departamento del vagón de aquel viejo y destartalado tren de cercanías. En el exterior, al mirar por la ventanilla, sólo se ve la oscuridad, tachonada por una sucesión esporádica de luces que pasan más o menos rápidas en función de la distancia y la velocidad del tren,  indicando que  allí hay unas casas donde se está desarrollando una sucesión de acontecimientos, los cuales pueden influir en el futuro de ellos mismos, puesto que no hay efecto que no sea producido por una causa, y nunca tendremos la certeza de cuándo un hecho es aislado realmente en sí mismo, o si está produciendo un encadenamiento de sucesos,  de los cuales, alguno de ellos, llegará a formar parte más o menos importante de nuestra existencia. Las pequeñas modificaciones que se producen en la capacidad humana, causan cambios a gran escala, pero si pudiéramos modificar el tiempo, se ignoraría cuales hubieran sido esas modificaciones y por tanto el comportamiento. Ello cambiaría el hecho de la persona, pero nunca se sabría si para bien o para mal. Alicia se pone de rodillas sobre el asiento mirando a través de la ventanilla, él posa su mano sobre la parte posterior de la pierna de ella y empieza a acariciarla, muy despacio, suavemente. Mientras lo hace, va aumentando su audacia, alargando el recorrido de su mano, escalando con la punta de los dedos en la suavidad de su piel. Ninguno de los dos dice absolutamente nada, solo se escucha el golpeteo de las ruedas del tren con las uniones de las vías y unos corazones acelerados, la rodilla..., el calor de los muslos, el contacto con la tela de la braguita...  Ella continúa mirando por la ventanilla o dice alguna frase nerviosa, con un cierto sentimiento de rubor referente al rápido pasar de las luces y sombras, dando, en cierta forma, una aceptación al hecho que se está produciendo. Los dedos de Juan pasan más allá de la tela, siente la suavidad del vello y guiado por una cierta humedad, se introduce entre los labios, acariciando lentamente... Juan nota su temblor, es un estremecimiento que casi le asusta. Pasa un tiempo que no pueden precisar, pero nadie habla.  ¿Por qué? ¿Por qué ninguno de los dos dice nada?  Un ¡Te deseo! ¡Te quiero! Ella, continúa con la mirada fija en el exterior, como si estuviera ajena a lo que está sucediendo. Después de un tiempo se da media vuelta, lo mira con ternura y continúa callada. Nuestra realidad es una mezcla de hechos que se producen en nuestro rededor, independiente de nosotros mismos. Somos actores que actuamos sin un papel definido, la casualidad o la causalidad

 

 Juan descuelga el teléfono. Es Alicia, se encuentra mal. Aparta los libros a un lado. Observa por la ventana. La noche es fría. El cielo está despejado. A pesar de la luz tenue que proyecta la ciudad sobre el firmamento, puede divisarse un cielo estrellado típico de un invierno seco. Se emboza todo lo que puede dentro de su abrigo y sale en su busca. Mientras está en camino, le vuelve la idea de la fragilidad de Alicia y en el ambiente tan triste que la rodea. Es verdaderamente sorprendente, como, viviendo en ese ambiente, Alicia puede tener un carácter tan abierto y alegre. Ella le está esperando en la puerta de su escuela, se siente mal, pero prefiere pasear un poco para ver si, con el frío de la noche, se le pasa la desagradable sensación que siente. Pasean un buen rato.  Ella sufre un ligero desvanecimiento, la toma en brazos, sintiendo sobre ambos la mirada llena de curiosidad de los transeúntes que se les cruzan en los pocos metros que quedan para llegar al portal de su vivienda y termina, no sin gran esfuerzo, introduciéndola en el interior de la casa. Esta situación no le ha gustado nada, se ha sentido un poco ridículo llevándola en brazos por la calle como a una desvalida, y el hecho, ha acentuado en su interior las dudas que siente sobre su relación. Hay algo que no marcha, no sabe lo que es, pero poco a poco se va abriendo una fosa más profunda entre los dos.

 Hay una convergencia en el modo como ocurren las cosas y pequeñas influencias arbitrarias se hinchan hasta tener grandes efectos demoledores.  Ese algo, se va definiendo, en una palabra, temor, miedo a su fragilidad, miedo al ambiente que encuentra en su entorno y miedo al saber que todo ese bagaje, tendrá que incorporarlo a su vida. No sólo une su vida a la de Alicia sino también, aunque no lo quiera, a su entorno, Es posible que estos argumentos sean demasiado irracionales; de todas formas, independientemente de los argumentos, hay algo que no encaja. Tenía que tomar una decisión antes de que fuera demasiado tarde, una decisión que le es muy dolorosa.

¿Por qué decidió ir precisamente de vacaciones con su familia aquel año cuando nunca antes lo había hecho? Esta idea la tiene, como una de esas claves misteriosas que cree resultar transcendentales para el posterior transcurrir de su vida. De acuerdo, quería alejarse de la ciudad y pensar en su relación, y de paso descansar un poco de sus estudios, pero podía haber ido como otras veces a casa de sus tíos o cualquier otro tipo de decisión, pero no: decidió acompañar a su familia. Y allí estaba, en la playa. La luz del Mediterráneo contrastaba con la del foco que iluminaba por las noches sus libros llenos de llamadas y anotaciones. Al principio, el cambio de hábitos se le hace difícil. Dormir la noche, tomar el sol, hablar con las gentes, saludar a los vecinos, comer a sus horas. De pensar sobre Alicia, nada de nada, sólo con el hecho de encontrarse allí, frente a ese mar tan inmenso y verdoso, a ese sol tan brillante que le hace guiñar los ojos para poder ver mejor, son motivos suficientes para darle todo tipo de respuestas a sus preguntas, además, estas respuestas son ya conocidas por él incluso antes de salir de la ciudad, incluso antes de planteárselas. Cree que pensar con un poco de calma y distancia viene bien para darle la fuerza que necesita.

 

Las vacaciones han terminado, hace días en los cuales, sintiendo cierta culpabilidad, está ocultando su presencia en la ciudad a Alicia y sabe que no puede demorarlo más. Toma el teléfono en un estado mezcla de nervios y miedo a lo que está por llegar

 

 - ¡Hola! ¿Cómo estás?

- ¿Qué tal lo has pasado?

- Yo bien, he descansado mucho, sólo dormir y playa…. ¿Y tú? Se te nota muy alegre

- ¡Por supuesto que iré a verte!,

-  No, no pasa nada, ¿Por qué?

 

Quedó en ir a verla el día siguiente. Se encuentra preocupado, intranquilo, pero seguro.

 

Sólo recuerda la noche, una carretera oscura, solitaria, sus pasos resonando con eco entre tanta soledad, su mente en blanco, tener que frenarse para no echar a correr, y no es que huyese, no, simplemente quiere alejarse lo más rápidamente posible del dolor que está produciendo, porque sabe que Alicia le quiere, que la situación es injusta, pero en el amor no hay racionalidad, ni lógica, sólo intuición deseo y fantasía. Está siendo injusto con ella, pero consecuente con él mismo. Después de recorrer una distancia que le parece eterna, ve unas luces al final del camino, es la estación en la noche, un tren que llega y una profunda paz se instala en su corazón. Ha recuperado su libertad. De nuevo el destino, una bifurcación en el camino hacia no se sabe dónde. No hay razón o causa definida, no puede hablarse de normalidad o anormalidad, porque lo bueno hoy, puede ser malo mañana y lo que cree hoy doloroso, puede ser mañana pesadilla o felicidad ¿De qué depende? ¿De él? No, él continúa siendo ajeno a la causa, es mero instrumento, juguete del destino. Sus intuiciones están marcadas en alguna parte de su interior, como si también hubiera una ley genética que le obliga a hacer lo que hace, siempre envueltas en el sentimiento de lo mejor y la felicidad, pero ocultando quizás amarguras y remordimientos por lo que es o por lo que pasará. Alicia lo tenía todo, cultura estilo, belleza, alegría... Nadie podría pedir más ni física, ni intelectualmente, pero de pronto, una sinapsis en su cabeza, una unión entre dos neuronas hace desencadenar un proceso extraño, por el cual decide como si fuera un dios, que el amor que siente por ella tiene que desaparecer debido a su fragilidad y entorno ¡Qué culpa tiene Alicia de todo esto! Ella no es tampoco responsable, seguro que su razonamiento es posiblemente falso o al menos improbable, quizás este argumento esté destruyendo una vida de felicidad que podía haber tenido, pero eso nunca lo sabrá. Él está contento, liberado, feliz por haber realizado esa idea que salió de una conexión entre dos neuronas que quizás dejaron de existir segundos después, y la dulce Alicia sale de su vida, pero no del todo, de vez en cuando recuerda la escena del tren, y se siente reconfortado por la belleza del momento que sólo ella pudo darle.

sábado, 14 de noviembre de 2020

Contate un Cuento XIII Categoría E

 

Pesares

de Patricia Testore de Ciudad Autónoma de Bs.As.

 

… ¿cómo se hace?... ¿cómo es que se continua respirando?... ¿cómo es que el diafragma insiste en pulsar cuando el aire lacera dentro?... ¿cómo es que se sigue cuando el nudo estruja sin pausa la garganta, cuando incesantemente entrega dosis de asfixia sin pedir algo a cambio?... ¿cómo es que se sobrevive mínimamente al día sin el timbre de su voz, sin el llegar de sus pasos, sin el venir de su presencia, sin la fresca consolación de sus caricias que diluían con lacia paciencia el pavor sudado de mi frente, el que las noches y sus pesadillas aún hoy insisten en traerme?… ¿cómo es que se persevera en esta existencia que me recuerda a cada instante, y aun en los intersticios que los separan, el efluvio de su aliento envolviendo mi boca con la más soleada de las pasiones?... ¿cómo?... ¿cómo seguir así, sin ocupar perpetuamente en elli,  mi pensamiento, sin lograr ni un ínfimo tris que eluda siquiera algo de elli?… ¿podés decirme vos de ese cómo?... ¿de cómo olvidar lo que jamás olvidaré por haberlo creído tanto tiempo parte de mí, fracción de mí?… ¿de cómo olvidarla, de cómo ejecutar tamaña contradictoria acción?... ¿cómo, si cada rincón de esta casa sabe de elli?… ¿cómo, cuando la inercia hace doler cada célula, cuando la amargura todo lo impregna, cuando nos coopta la certeza de que algo bueno se acaba de extinguir en el orbe?… ¿y cómo hacés vos, para no sucumbir al tremendo vacío de no verla al despertar, para no desfallecer a la nostalgia sofocante de su voz montando el aire, para no suplicarle a los ecos que por una vez liberten la voz que de elli han ahorrado?... ¿y cómo podés vos no llorar hasta quedar desértica cuando sabes que no serán más tuyos sus besos, ni míos, y que sus labios vagarán por otras pieles, y reposarán en otras bocas, y que su corazón latirá al compás de otros corazones, que ni el tuyo ni el mío serán?… ¿cómo vas a hacer vos para no morir ahogada en angustia, cuando las hileras de atardeceres te traigan el omnipresente murmullo de su ausencia?… ¿cómo?... ¿cómo seguiremos caminando bajo lloviznas descaradas, si cada gota que peregrine desde tu frente a tu mejilla me li recordará?… ¿cómo, si mi cabello mojado no admitirá que vos li olvides?… ¿cómo serán los abrazos debajo de un cielo lloroso, cómo sin elli?... ¿cómo de pequeños, de vilmente menores, de insuficientes, de cínicamente partidos?… ¿es que vos me podes decir cómo haremos para seguir sólo dos con todo este demacrado espanto cada vez que li imaginemos feliz entre otras sonrisas, jugando al amor?... ¿cómo haremos, por favor decime, cuando tres nos prometimos tantas humedecidas felicidades, las que después se mezclaron y fueron una sola, una que sería eterna, pero que duró menos?… ¿cómo soportaremos nuestra existencia a cuestas, si a elli la encontraremos en todas las miradas, si cada esquina será una en la que tres esperamos, si cuando la luz se apague ducharemos con nuestras aguas y nuestras sales la almohada que ya no sostendrá su cabello?… ¿cómo se sobrevive a la partida de un amor?... ¿cuál anestesia se les suministra a los que quedan solos, y vencidos?... ¿cómo se tempera la mordida en las costillas del hombre y en las entrañas de la mujer cuando se les extirpa un tercio de sus vidas?... ¿qué mayúsculo sacrificio, cuál grandiosa ofrenda deberemos darles a los poderosos, sublimes, alados Dioses nuestros, para que en este aciago atardecer nos libren de esta bárbara amargura?... … … …

… … … … ¡de esta bárbara amargura, en este aciago atardecer, líbrame Dios mío!… ¡consume ya la hiel que pervive adherida a mi garganta, que gotea sin descanso ni final sobre mis entrañas, carcomiéndolas, haciéndolas arder en el horno ácido de mis oscuridades pecadoras!… ¡ten piedad del yerro que la desesperación le dictó a mi oído, cuando me encontré aturdida, sin él, y extraviada deseé todo fin!… ¡acepta este arrepentimiento, esta limpia súplica de tu divino indulto, de tu postrera redención!… ¡olvida Dios mío, como logras Tú solamente hacerlo, la vileza de mi flaca tenacidad al no soportar su partida, al intentar cobardemente quitar de mí el soplo de vida que Tú, y sólo Tú, una vez me prestaste, y que sólo Tú fabricaste, y que solo Tú debes acallar!… ¡margina de mí, te ruego, este suplicio ponzoñoso que erra por mis venas y que incinera mi carne!… ¡expulsa ya, por compasión, los exóticos, heréticos, asquerosos delirios de esta agonía envenenada!... ¡destierra de mí, con tu amor, estas antinaturales alucinaciones de anatemas tercios que derruyen mi conciencia y ahogan en desasosiego estos instantes, que serán mis últimos!… ¡ve en mí más que el hoy, mi Dios, y no dejes de observar lo que por él di!… ¡ten en cuenta, Tú que sabes del hubiera, cómo habría sido mi terrenal vida junto a él, y cómo jamás me habría yo apartado de tu sendero!… ¡haz que penetre, mi único Dios, en cada una de mis células tu perdón, que sólo tuyo es!… ¡ten en cuenta, oh Dios mío, el desgarro del alma que su ausencia me propinó!… ¡puedas advertir suavemente, Dios único y cierto, que ya más no pude, y que la mordaz aflicción confundió mi voluntad!… ¡acógeme así, mi Dios fidedigno, y si es tu albedrío, en la más humilde habitación de tu reino, donde ya él mora y por mi aguarda!… ¡pero si Tú, Dios mío, así no lo arbitras, ya nomás le imploro a tu generosa clemencia que más que prontamente empuje mi vida hasta el final de este fiero túnel, de pared azabache y dolorosa, colmada de atroces desvaríos!… … …

… … … atroces desvaríos colman este fiero túnel de pared azabache y dolorosa… lobreguez cilíndrica, flagelante, que enreda trances con tiempos, que funda desolaciones, que concibe penas imposibles, acaso humanas por desesperadas, ciertamente humanas por suicidas… pero ya no importa demasiado, porque allá veo el color... allá adelante, en la luz al final del túnel… la forma inexacta que se va aproximando, detentando la vivacidad de una llaga… y entonces los suplicios van desintegrándose, así, como ahora, de a uno a la vez… y los pensamientos van confundiéndose, todos, se van reformando en uno, complejo y simple, único, como en los instantes previos a dormirme… y no, no es factible precisarlo, describir cómo es que va arribando el alivio… tal vez sedosamente, mas sólo se comprende en el cuerpo, en el mío, que va deslizándose hacia una paz aterciopelada… va ganando acceso a una luz de color imbatible, ignoto, a una cromaticidad de herida honda, equivalente a la de un atardecer final, cada instante más cercano, ahí, en el extremo benigno de la negrura… y la vista va acomodándose en esa dirección, y yo me voy donando a mí mismo, bien de a poco, lentamente… y en ángulos más bondadosos el final se va entregando con docilidad a una perspectiva visual más misericordiosa, y a cada pausa continua se va ofertando más, y a mí se me va olvidando lo oscuro, lo que aún duele, lo que dolió antes tanto, tanto y más... aquellos errores, una aflicción, las culpas, todas las omnipotentes impotencias apiladas… y ansío perdonar, ahora, porque ya no importa el daño soportado, porque ya no posee peso la razonabilidad de no hacerlo, y entonces la venganza va diluyéndose en el agua salada, soltándole de a uno sus átomos desganados… y el perdón se da, se emana sin más, y yo lo voy adjudicando en todas direcciones, hacia todo, hacia todos, también a los que me legaron su prejuicio, y me condenaron, y me aislaron, y me lapidaron… pero ahora voy llegando, y ya los pensamientos se tiñen del color del atardecer último, y yo me observo ir, y como en un sueño afable logro enfocarme a mí mismo, a un hipocampo hermafrodita que de un barro y de una costilla fue moldeado así, porque en su hocico alguien sopló del modo que lo hizo, y no de otro modo… yo lo veo irse, como a imagen y semejanza mía, o como a una memoria de hipocampo… la veo alejándose, paulatinamente, una memoria que va borrándose asintóticamente, muy de a poco, por siempre.

 

Contate un Cuento XIII Categoría E

 

Autorretrato de mujer frente al espejo

Blanca Estela Castro de México

He corrido las cortinas para mirar amanecer en el mar. La luz del sol potenciada con su propio reflejo sobre el agua azul llenaba todo el espacio de vida y alegría.

Respiro lentamente el aire fresco y me siento en el paraíso por unos minutos infinitos hasta que unos nudillos golpean la puerta apenas. He pedido un jugo a la habitación, la camarera ya está aquí.

Al volverme para abrir la puerta el enorme espejo que está sobre la pared me devuelve una imagen que se lleva mi alegría matutina. Mi cara que aún no ha pasado por el baño está fláccida y descolorida, mis ojos con ojeras han profundizado sus patas de gallo. Por mi frente cruzan dos surcos bastante visibles. Mi pelo quebrado y rebelde muestra más de cuatro canas perfectamente blancas en su oscura maraña.

Si bajo la mirada, casi sin querer, aparece una silueta desgarbada, desdibujada bajo un camisón blanco demasiado grande para ese cuerpo posando sobre un par de pantuflas ridículamente rosas a ras del piso.

Trato de montar una sonrisa para la camarera, saludo y doy las gracias como me han enseñado mientras deslizo unas monedas en las manos de la mujer que se marcha tan veloz como vino después de un breve: “No se moleste”.

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Esta noche saldremos a cenar a uno de los restaurantes cercanos al puerto. En esta ciudad son famosos los restaurantes de esa zona por sus comidas y por la cantidad de gente de todo el mundo que se puede encontrar por allí.

Es una noche especial, me he puesto un vestido negro largo y zapatos de tacón, ahora vengo frente al espejo para arreglarme el chal plateado sobre los hombros.

La luz de la araña de la habitación no es la mejor, pero para arreglarme el chal sirve perfectamente. No puedo evitar sonreír al mirarme al espejo, no parezco la mujer que hoy a la mañana miraba salir el sol. Este vestido y los zapatos con tacos altos me hacen ver elegante, con el chal cubriré la leve flaccidez de mis brazos. La peinadora hizo un buen trabajo con mi cabello, luce brillante y en su sitio, no veo ninguna cana. La maquilladora me ha colocado base y rouge, el labial es un rojo brillante, hasta tengo un toque sensual. Mis arrugas casi no se ven y mis ojos enmarcados por sombras mezcladas y rímel lucen hermosos, además tienen el brillo que da el disfrute de unas vacaciones tan soñadas como estas.

Basta de mirarse al espejo, tomo mi cartera y la llave para salir. En estos hoteles ni siquiera hay que apagar la luz. Soy haragana por nacimiento, me encantan las vacaciones.

 

 

Contate un Cuento XIII Categoría D

 

La vanidad

Lorena Erquiaga, alumna de CENS 451

 

En un tiempo lejano cuando se estaban formando los bosques de Bariloche, lugar este donde existían grandes volcanes, hacía mucho calor, abundaban las lluvias tropicales, era en ese momento cuando  la vida transcurría con tranquilidad y sin grandes cambios. Sobre todo porque no existían los hombres.

En lo profundo de esa tierra inexplorada, floreciente y en pleno apogeo existían dos personajes muy particulares: una araña y una mariposa.

La araña, que llevaba el nombre de Tita, era muy trabajadora, alegre porque cantaba todo el día, tenía en su cabecita un moño.Ella vivía entre los árboles de arrayanes y las rosas mosquetas, junto a una cascada de agua fresca y pura y  a los helechos grandes.Tejía todo el día con hilos de colores, mientras cantaba y conversaba con sus vecinos,  en una amistosa y armoniosa colonia de bichos.

La mariposa, se llamaba Tati, era muy mala, no le gustaba trabajar y hacía pelear a todos los bichitos y sobretodo presumía que era muy bonita, vestía unas botas negras y largas, usaba pestañas largas y una cabellera rubia con ondas.

La araña cansada de que la mariposa rompiera sus telas e hiciera pelear a todos decidió darle un escarmiento y  contó su idea al resto de los bichitos.

 

      -Hola Tati, te enteraste del gran concurso del bosque -dijo Tita como planteando una novedad importante

     -No ¿cuál? -sorprendida por la noticia

     -¡El de belleza!- respondió la araña

     -¿Enserio? Yo lo voy a ganar. ¡Soy la Mariposa más encantadora y bella del Bosque de Bariloche!!

Tita le explicó donde sería el concurso con lujo de detalles.

Tati sorprendida, con astucia y gran maldad, avisó a todas sus competidoras, que se realizaría de día, cerca de la cascada, cuando el sol estuviera en lo más alto del cielo.Pero en realidad el lugar a donde las envió a las restantes competidoras quedaba, en lo profundo del bosque y de noche.Mientras tanto Tita tejió una tela de araña muy bella, llena de colores y lentejuelas. El resto de los bichitos la esperaban escondidos entre las ramas, piedras, los arrayanes y las rosas mosquetas.

Cuando llegó Tati estaba el Gran Jurado que lo conformaba : el Sr Sapo, una verde Babosa, una esbelta Serpiente y una crítica Rata de bosque. Eran los más feos y asquerosos para la presumida Mariposa, que más de una  vez  se había burlado  de ellos.

El jurado la miraba con entusiasmo. Para Tati, sus competidoras eran feas, gordas, chuecas y desalineadas, pero lo que no sabía es que por dentro eran muy lindas y tenían un gran corazón.

Cuando le tocó el turno a Tati se quiso lucir, pero al ver aquella pasarela tan elegante y brillante la quiso destruir, se cayó, rompió todo y se quedó pegada en la gran tela de araña de Tati.

Todos se levantaron, la miraron y no dudaron en ayudarla a levantarse. Luego se retiraron  y nuestra mariposa engreída se quedó solita y  sola.

Para el resto había sido una gran fiesta de desfile y todos se fueron a festejar. Menos nuestra amiga Mariposa.

Después de un buen rato apareció en la celebración nuestra  Mariposa, sucia y desaliñada, pero con un gran gesto: pidió disculpas por las malas acciones cometidas y prometió que jamás lo volvería a hacer.

Contate un Cuento XIII Categoría D


 SÓLO UNA FOTO

Carla Das Neves, alumna de CENS 451

Fue  un atardecer de esos cinematográfico, en algún lugar de la costa Argentina; desde las blancas arenas se podía observar la quietud del mar, casi sin oleaje, sin movimiento ni brisa; sólo la espuma mojando mis  pies ,  daba cuenta del movimiento del agua.

Aquel ocaso era majestuoso, el cielo azul se tiñó de rojo y el sol de principio a fin se convirtió casi en el único protagonista, mientras el lente de mi cámara congelaba el movimiento de las gaviotas en pleno vuelo tras ese sonido tan especial que hacen las cámaras fotográficas.

Minutos antes pasó cerca mío, escuché que lo llamaron por su apodo, Guarro le decían, quizás por su forma burda de bromear, allí lo reconocí; personaje habitual del barrio, de personalidad serena, observador, muy sociable, aunque abstraído muchas veces en su placer por la tecnología; sin embargo, andaba siempre solo, solían decir en el pueblo que acostumbraba a tomarse muy al paso las cuestiones amorosas y su oralidad potenciaba y acrecentaba sus estadísticas de triunfo con las mujeres.

Sin embargo, aquella tarde, nadie imaginó predecir el vertiginoso cambio que su vida iba a asumir.

El campo visual de mi cámara era muy amplio e inquietos mis ojos, me hicieron girar mi posición y  desde lejos la vi antes que Guarro, su cabello negro, su mirada color cielo, labios perfectos y una silueta delicadamente femenina sumado a una sonrisa llena de gracia espontánea mientras caminaba. Se acercaba en nuestra dirección, su nombre era Rubí y aunque habitaban por casi las mismas calles nunca se había cruzado con Guarro; lo pude percibir cuando vi en la expresión de aquel rostro masculino, un primer plano de un momento único, Montesco, donde no había esa típica expresión de conquista cazadora ni estratégica, sólo el único deseo de cambiar todas sus expedientes amorosos por una sola y nueva oportunidad.

Absolutamente obnubilado no dejaba de mirarla. Ella apenas marcando sus pisadas en la arena y  avanzaba ingenuamente sin atinar a la realidad de lo que pasaba en la mirada de aquel hombre.

Guarro ,en su mente, seguramente, se soñó lejos, distinto a quien era y cómo se sentía, se vio así mismo ajeno al vacío de sus pasadas conquistas; un extraño escalofrío parecía que lo envolvía . A medida que Rubí acortaba la distancia,daba la impresión de que él podía hasta imaginar su risa y un sin fin de diálogos cargados de complicidad y sueños; coincidir quizás en el placer de las mismas canciones y un abanico de situaciones; en el interior de sus pensamientos, pensaba,  todo se multiplicarían  a cada paso y no podía contener tanta emoción y energía a la vez por insólito que pueda sonar en tan corto lapso del tiempo.

Dicen que las fotos cuentan historias y mi lente estaba atento a lo que estaba sucediendo en aquel momento.

De pronto Rubí pudo percibir la mirada de Guarro y creyó sentir o advertir lo que sucedía casi como un acontecimiento habitual en su vida por las reacciones que su presencia causaba ante el público masculino; sin embargo y aunque era ella una mujer sumamente sensible e inteligente y perceptiva, jamás me parece que sospechó lo que en verdad sucedió en el interior de aquel hombre.

Por un momento Guarro parecía que se sintió dispuesto a todo, desafiaba cuanto fuese necesario por tenerla a ella y dejar todo de lado. Daba la impresión que sólo deseaba quererla como se quiere cuando se entrega el corazón sin miedo a perder ya que la importancia no está en el riesgo sino en la entrega misma. Así imaginé su amor.

Ella pasó tan cerca de él, que hasta pudo observar en detalle la intensidad de sus pupilas atentas; también mi cámara lo vio, y vi además en la mirada de Rubí la certeza de haber cruzado sólo una historia más como tantas otras sin permitirse el momento único de sentir lo que en verdad sucedía frente a ella; quizás esto no necesariamente habría cambiado el resultado de la historia, pero al menos ella habría sabido con certeza lo que realmente sucedió en aquel atardecer.

Él solo la vio alejarse sin mirar atrás y con ella todas las seguridades y certezas que lo abrazaron por un momento. Fue sólo su imaginación porque la realidad te estaba demostrando la contundencia de lo inevitable.

Casi de manera inexplicable lo vi sentir el vacío de no tener lo que evidentemente nunca había tenido. La indiferencia de Rubí que jamás supo nada de lo que había sucedido en él, dejó en su cuerpo la extraña sensación del miedo, de volver a perderse en quien ya no deseaba ser. Su soledad poco a poco lo volvió a abrazar a medida que ella seguía alejándose.

De pronto, ya no podía pulsar los disparos de mi cámara, no tomé más fotos. Me impactaron esas miradas, ser testigo de aquellas historias y detenerme allí, mientras recordaba la letra de un español famoso: “y la vida siguió como siguen las cosas que no tienen mucho sentido”. La tarde si hizo noche y ya no había claridad en las pisadas.

En el barrio me conocen como el fotógrafo aunque algunos me dicen Cuentista y otros menos cercanos me llaman engañoso. Mis fotos solo cuentan