domingo, 11 de abril de 2021

SADE SECCIONAL DOLORES CERTAMEN DE POESIAS DE TEMAS GAUCHESCOS 2021

                                                                     BASES


1)      El “Certamen de poesías de temas gauchescos 2021” es abierto para poetas argentinos y de países limítrofes, con obras escritas en castellano y para participar no abonarán arancel.

2)      El género será gauchesco, sugiriéndose  los siguientes temas: El gaucho,  el caballo, el recado, el lazo, la yerra, la doma, las cuadreras, la taba, el rancho, el resero, la pulpería, el mate y toda manifestación que esté relacionada con la vida, las costumbres, las tareas y el paisaje del gaucho.

3)      Cada autor podrá participar con una o dos poesías (Con mismo seudónimo) que no hayan tenido premio ni mención en otro certamen. Sólo uno de los temas podrá ser premiado.

4)      La construcción estrófica será libre (Décimas, Octava, Sextilla, Cuarteta, etc.), con medida octosilábica y rima consonante o asonante, con una extensión mínima de 30 versos y máxima de 60.

5)      Los trabajos pueden enviarse vía Mail o Correo postal. En el primer caso a sadeseccionaldolores@yahoo.com.ar en dos archivos Word (no otros) adjuntos: uno con la obra firmada con seudónimo y otro con los datos del autor: Nombre y apellido, título y seudónimo del autor, domicilio, teléfono y correo electrónico. El plazo de admisión vencerá el 2 de agosto de 2021

6)      Los que envíen por correo postal deben hacerlo a SADE Dolores, Carranza 625 C.P. 7100 DOLORES, Prov. Bs. Aires Argentina. Los trabajos serán firmados con seudónimo, escritos a máquina o computadora sobre una faz del papel y presentados por triplicados. En un sobre cerrado, en cuyo frente figure el o los títulos y el seudónimo, se incluirán los mismos datos que se requieren para vía Mail. Se otorgarán tres premios consistentes en diplomas y, de acuerdo con el criterio del jurado, se otorgarán hasta dos premios más y las menciones que el mismo considere. El jurado tendrá en cuenta para dictaminar la originalidad del tema, uso del lenguaje, figuras literarias, respeto por la construcción en cada forma literaria (décima, cuarteta, octava, sextilla, etc.)  y la ortografía,  y se expedirá  el 11 de septiembre de 2021. El hecho de participar, implica aceptar las condiciones de estas Bases y todo asunto no previsto en las mismas, será resuelto por la institución organizadora  de acuerdo con el jurado. Se sugiere leer las bases completas.

7)      Ante cualquier duda sobre el contenido de estas bases, se puede requerir información al Mailsadeseccionaldolores@yahoo.com.ar



SADE DOLORES AGRADECERÁ LA DIFUSIÓN DE ESTAS BASES. MUCHAS GRACIAS

lunes, 25 de enero de 2021

Pedidos Por Gerardo Barbieri

Nada,

menos el tiempo acuñado en la luz.

 

Respiro de tu aliento.

 

He pasado por sombras

por alambrados

y guaridas…

 

"La paz en los canteros de un huerto

año tras año, azada en mano;

el mismo cielo

-tan cerca-.".

 

Llegué aquí por tus palabras

como siguiendo una pista de sonrisas

(una por día

una por metro)

como si fuese una marcha inventada

sólo por quién busca la vida.

 

Pero no olvido;

no me rindo:

pido a las nubes que interfieran antenas y pantallas

con sus relámpagos

-para que dejen de absorber nuestras ideas

nuestra esencia-

para seguir existiendo

a la par de animales, plantas y mares.

Actos Por Gerardo Barbieri

Hay aroma a selva

y pájaros frente a la puerta.

 

Es momento de florecer.

 

Es cuando la lluvia se acuesta en el rincón de las palabras

y no hay razones en el cuerpo

-sólo sabores

perfumes

sentidos…-.

 

Despertamos.

 

En la renuncia a guardar silencio

en las huellas de aquel deseo

la mente y la carne

asombran

hasta la gloria y el encanto.

sábado, 9 de enero de 2021

RELATO DE UN MAYORAL Y HUEYA PA’ DOLORES Por Juan Carlos Pirali

 

Un tema para dos obras de diferentes autores


    Hay una canción del folklore sureño que presenta como autores a los señores Andino Álvarez y Alberto Merlo, titulada “Hueya pa’ Dolores”, en la misma se hace referencia a “Laguna de las yeguas en Miraflores” y “Barracas al Salado son treinta leguas”.

    Ese tema tiene similitud en los topónimos que nombran y la idea en general de los versos, con las décimas “Relato de un mayoral”, de Justo P. Sáenz (h), éste publicado en “La Prensa” el 10 de octubre de 1945. Al respecto, en Correo de lectores del diario porteño La Nación, del 31 de diciembre de 1969, el Sr. Juan José Márquez Urquiza, cita la siguiente décima de “Relato de un mayoral”:

 

“Las leguas que m’he tragau

con la galera de Vargas,

como que van treinta largas

de Barracas al Salau.

Y diez más desde el venau

que n’oes paso de los piores,

a la Posta ‘e Miraflores

en la laguna ‘e las yeguas,

total; cuarenta y seis leguas

hasta el pueblo de Dolores”.

 

    Márquez Urquiza intrigado por la similitud, recurrió a Sáenz para saber si los lugares citados  tenían existencia real o estaba en la imaginación del escritor. Ante lo cual recibió como respuesta que “esos topónimos figuran en antiguos mapas del siglo XIX del partido de Maipú y aún existen” y, habían sido tomados para su relato, Laguna de las Yeguas, que quedaba en el campo de D. Francisco Barrionuevo y  Miraflores, de la estancia que Francisco Ramos Mejía había recibido en merced del Gobierno por decreto del 9 de marzo de 1819. Ambos lugares en el partido de Maipú, y no figuraban en el itinerario que describía Sáenz en sus versos, además, el camino a recorrer por la galera comenzaba en Barracas (Hoy Avellaneda) con destino final en Dolores y, esos lugares estaban situados a 100 kilómetros aproximadamente al sudeste de esta ciudad, pero los usó por tratarse de consonantes para poder rimar los versos.

La  huella de Alvarez y Merlo dice en una parte:

“Laguna de las yeguas en Miraflores,

allá va la galera rumbo a Dolores”.

Esos términos fueron utilizados anteriormente por Sáenz, con lo cual, queda claro que el primero que trató ese tema fue el escritor y poeta Justo P. Sáenz (h).



                                          Justo P. Sáenz

PAISAJES DE MI PROVINCIA Por Juan Carlos Pirali

 

Productiva extensión amanecida

con albores de surcos y manceras,

prodigiosa provincia ¡Buenos Aires!

paraíso sublime de la tierra.

Dilatada llanura donde emergen

las turgencias grisáceas de la piedra,

y dorados trigales que presagian

el destino final sobre las mesas.

Las atlánticas sales acarician

el origen natal de las riberas,

y en maduros frutales ronda altiva

una oferta de miel en cada entrega.

En sus fértiles campos de labranzas

hay un sueño metido en cada melga,

y en alarde triunfante canta Ceres

por el premio ganado en las cosechas.

Mirasoles, flamencos, garzas, cisnes,

en espejos azules se reflejan,

donde cruza el venado cual pampero

con jactancia de libre en pampa abierta.

Un paisaje de ombúes y de talas;

eclosión forestal, verde presea.

Territorio preciado por su clima

dibujado con mágica acuarela.

Conjunción de pecuaria, sol y agro,

vaticina futuros de grandeza,

y  sus playas, sus ríos y lagunas

alimentan las musas de poetas.

martes, 8 de diciembre de 2020

Caos – Por Rafael Serrano Ruiz

               El destino obliga a dar el primer paso. Es posible rebelarse o dejar hacer. Es un momento decisivo que tendrá consecuencias, pude hacer daño a unos y feliz a otros ¿Por qué? ¿Debemos dejarnos llevar?  ¿Permanecer impasibles? ¿No es eso renunciar a la vida? …

Encantadora, delgada, rubia, bien formada, ojos grises y nariz ligeramente tachada de pecas. Parece un ratoncito pidiendo amor: tierna y alegre al mismo tiempo, pero excesivamente delgada en comparación con el tamaño de su pecho. ¿Veinte años? Pudiera ser...

Hacía tiempo que había conocido a Alicia. Eran parte de una pandilla de jóvenes como muchas otras que se forman en la vida. Se atraían, siempre se estaban buscando dentro del grupo, pero no había más entre ellos. Poco a poco fue creciendo su camaradería hasta que un día, visitando unos amigos comunes en un pueblo cercano, después de la hora de la comida, se dirigen todos juntos a buscar el frescor junto al rio que pasa serpenteando cerca de la casa. Una vez allí, unos juegan cartas, otros vaguean bajo la sombra de los árboles o pasean por la orilla entre los juncos. Juan decide dar un paseo con Alicia. Llegan a un remanso un poco separado del resto de los amigos, y allí se sientan en la hierba y se ponen a charlar de todo y de nada: La dependencia sensitiva de las condiciones iniciales (el entorno) es consecuencia inevitable de cómo las vidas individuales se entrelazan con la general: En un momento dado sus miradas se cruzan, sus manos se juntan y caen en un abrazo mientras se besan con pasión. En pleno ardor, Juan con delicadeza se aparta un poco de ella. Alicia con la mirada brillante arranca unos juncos y entrelaza una pequeña corona que pone sobre su cabeza a modo de los santos. No hay palabras, ninguno de los dos dice nada y después de unos momentos, se levantan para reunirse con el resto de la pandilla mientras Alicia le mira con sus dulces ojos, mostrándole toda su ternura

 Cae la noche y toman el tren de vuelta a casa. Están solos en el departamento del vagón de aquel viejo y destartalado tren de cercanías. En el exterior, al mirar por la ventanilla, sólo se ve la oscuridad, tachonada por una sucesión esporádica de luces que pasan más o menos rápidas en función de la distancia y la velocidad del tren,  indicando que  allí hay unas casas donde se está desarrollando una sucesión de acontecimientos, los cuales pueden influir en el futuro de ellos mismos, puesto que no hay efecto que no sea producido por una causa, y nunca tendremos la certeza de cuándo un hecho es aislado realmente en sí mismo, o si está produciendo un encadenamiento de sucesos,  de los cuales, alguno de ellos, llegará a formar parte más o menos importante de nuestra existencia. Las pequeñas modificaciones que se producen en la capacidad humana, causan cambios a gran escala, pero si pudiéramos modificar el tiempo, se ignoraría cuales hubieran sido esas modificaciones y por tanto el comportamiento. Ello cambiaría el hecho de la persona, pero nunca se sabría si para bien o para mal. Alicia se pone de rodillas sobre el asiento mirando a través de la ventanilla, él posa su mano sobre la parte posterior de la pierna de ella y empieza a acariciarla, muy despacio, suavemente. Mientras lo hace, va aumentando su audacia, alargando el recorrido de su mano, escalando con la punta de los dedos en la suavidad de su piel. Ninguno de los dos dice absolutamente nada, solo se escucha el golpeteo de las ruedas del tren con las uniones de las vías y unos corazones acelerados, la rodilla..., el calor de los muslos, el contacto con la tela de la braguita...  Ella continúa mirando por la ventanilla o dice alguna frase nerviosa, con un cierto sentimiento de rubor referente al rápido pasar de las luces y sombras, dando, en cierta forma, una aceptación al hecho que se está produciendo. Los dedos de Juan pasan más allá de la tela, siente la suavidad del vello y guiado por una cierta humedad, se introduce entre los labios, acariciando lentamente... Juan nota su temblor, es un estremecimiento que casi le asusta. Pasa un tiempo que no pueden precisar, pero nadie habla.  ¿Por qué? ¿Por qué ninguno de los dos dice nada?  Un ¡Te deseo! ¡Te quiero! Ella, continúa con la mirada fija en el exterior, como si estuviera ajena a lo que está sucediendo. Después de un tiempo se da media vuelta, lo mira con ternura y continúa callada. Nuestra realidad es una mezcla de hechos que se producen en nuestro rededor, independiente de nosotros mismos. Somos actores que actuamos sin un papel definido, la casualidad o la causalidad

 

 Juan descuelga el teléfono. Es Alicia, se encuentra mal. Aparta los libros a un lado. Observa por la ventana. La noche es fría. El cielo está despejado. A pesar de la luz tenue que proyecta la ciudad sobre el firmamento, puede divisarse un cielo estrellado típico de un invierno seco. Se emboza todo lo que puede dentro de su abrigo y sale en su busca. Mientras está en camino, le vuelve la idea de la fragilidad de Alicia y en el ambiente tan triste que la rodea. Es verdaderamente sorprendente, como, viviendo en ese ambiente, Alicia puede tener un carácter tan abierto y alegre. Ella le está esperando en la puerta de su escuela, se siente mal, pero prefiere pasear un poco para ver si, con el frío de la noche, se le pasa la desagradable sensación que siente. Pasean un buen rato.  Ella sufre un ligero desvanecimiento, la toma en brazos, sintiendo sobre ambos la mirada llena de curiosidad de los transeúntes que se les cruzan en los pocos metros que quedan para llegar al portal de su vivienda y termina, no sin gran esfuerzo, introduciéndola en el interior de la casa. Esta situación no le ha gustado nada, se ha sentido un poco ridículo llevándola en brazos por la calle como a una desvalida, y el hecho, ha acentuado en su interior las dudas que siente sobre su relación. Hay algo que no marcha, no sabe lo que es, pero poco a poco se va abriendo una fosa más profunda entre los dos.

 Hay una convergencia en el modo como ocurren las cosas y pequeñas influencias arbitrarias se hinchan hasta tener grandes efectos demoledores.  Ese algo, se va definiendo, en una palabra, temor, miedo a su fragilidad, miedo al ambiente que encuentra en su entorno y miedo al saber que todo ese bagaje, tendrá que incorporarlo a su vida. No sólo une su vida a la de Alicia sino también, aunque no lo quiera, a su entorno, Es posible que estos argumentos sean demasiado irracionales; de todas formas, independientemente de los argumentos, hay algo que no encaja. Tenía que tomar una decisión antes de que fuera demasiado tarde, una decisión que le es muy dolorosa.

¿Por qué decidió ir precisamente de vacaciones con su familia aquel año cuando nunca antes lo había hecho? Esta idea la tiene, como una de esas claves misteriosas que cree resultar transcendentales para el posterior transcurrir de su vida. De acuerdo, quería alejarse de la ciudad y pensar en su relación, y de paso descansar un poco de sus estudios, pero podía haber ido como otras veces a casa de sus tíos o cualquier otro tipo de decisión, pero no: decidió acompañar a su familia. Y allí estaba, en la playa. La luz del Mediterráneo contrastaba con la del foco que iluminaba por las noches sus libros llenos de llamadas y anotaciones. Al principio, el cambio de hábitos se le hace difícil. Dormir la noche, tomar el sol, hablar con las gentes, saludar a los vecinos, comer a sus horas. De pensar sobre Alicia, nada de nada, sólo con el hecho de encontrarse allí, frente a ese mar tan inmenso y verdoso, a ese sol tan brillante que le hace guiñar los ojos para poder ver mejor, son motivos suficientes para darle todo tipo de respuestas a sus preguntas, además, estas respuestas son ya conocidas por él incluso antes de salir de la ciudad, incluso antes de planteárselas. Cree que pensar con un poco de calma y distancia viene bien para darle la fuerza que necesita.

 

Las vacaciones han terminado, hace días en los cuales, sintiendo cierta culpabilidad, está ocultando su presencia en la ciudad a Alicia y sabe que no puede demorarlo más. Toma el teléfono en un estado mezcla de nervios y miedo a lo que está por llegar

 

 - ¡Hola! ¿Cómo estás?

- ¿Qué tal lo has pasado?

- Yo bien, he descansado mucho, sólo dormir y playa…. ¿Y tú? Se te nota muy alegre

- ¡Por supuesto que iré a verte!,

-  No, no pasa nada, ¿Por qué?

 

Quedó en ir a verla el día siguiente. Se encuentra preocupado, intranquilo, pero seguro.

 

Sólo recuerda la noche, una carretera oscura, solitaria, sus pasos resonando con eco entre tanta soledad, su mente en blanco, tener que frenarse para no echar a correr, y no es que huyese, no, simplemente quiere alejarse lo más rápidamente posible del dolor que está produciendo, porque sabe que Alicia le quiere, que la situación es injusta, pero en el amor no hay racionalidad, ni lógica, sólo intuición deseo y fantasía. Está siendo injusto con ella, pero consecuente con él mismo. Después de recorrer una distancia que le parece eterna, ve unas luces al final del camino, es la estación en la noche, un tren que llega y una profunda paz se instala en su corazón. Ha recuperado su libertad. De nuevo el destino, una bifurcación en el camino hacia no se sabe dónde. No hay razón o causa definida, no puede hablarse de normalidad o anormalidad, porque lo bueno hoy, puede ser malo mañana y lo que cree hoy doloroso, puede ser mañana pesadilla o felicidad ¿De qué depende? ¿De él? No, él continúa siendo ajeno a la causa, es mero instrumento, juguete del destino. Sus intuiciones están marcadas en alguna parte de su interior, como si también hubiera una ley genética que le obliga a hacer lo que hace, siempre envueltas en el sentimiento de lo mejor y la felicidad, pero ocultando quizás amarguras y remordimientos por lo que es o por lo que pasará. Alicia lo tenía todo, cultura estilo, belleza, alegría... Nadie podría pedir más ni física, ni intelectualmente, pero de pronto, una sinapsis en su cabeza, una unión entre dos neuronas hace desencadenar un proceso extraño, por el cual decide como si fuera un dios, que el amor que siente por ella tiene que desaparecer debido a su fragilidad y entorno ¡Qué culpa tiene Alicia de todo esto! Ella no es tampoco responsable, seguro que su razonamiento es posiblemente falso o al menos improbable, quizás este argumento esté destruyendo una vida de felicidad que podía haber tenido, pero eso nunca lo sabrá. Él está contento, liberado, feliz por haber realizado esa idea que salió de una conexión entre dos neuronas que quizás dejaron de existir segundos después, y la dulce Alicia sale de su vida, pero no del todo, de vez en cuando recuerda la escena del tren, y se siente reconfortado por la belleza del momento que sólo ella pudo darle.

sábado, 14 de noviembre de 2020

Contate un Cuento XIII Categoría E

 

Pesares

de Patricia Testore de Ciudad Autónoma de Bs.As.

 

… ¿cómo se hace?... ¿cómo es que se continua respirando?... ¿cómo es que el diafragma insiste en pulsar cuando el aire lacera dentro?... ¿cómo es que se sigue cuando el nudo estruja sin pausa la garganta, cuando incesantemente entrega dosis de asfixia sin pedir algo a cambio?... ¿cómo es que se sobrevive mínimamente al día sin el timbre de su voz, sin el llegar de sus pasos, sin el venir de su presencia, sin la fresca consolación de sus caricias que diluían con lacia paciencia el pavor sudado de mi frente, el que las noches y sus pesadillas aún hoy insisten en traerme?… ¿cómo es que se persevera en esta existencia que me recuerda a cada instante, y aun en los intersticios que los separan, el efluvio de su aliento envolviendo mi boca con la más soleada de las pasiones?... ¿cómo?... ¿cómo seguir así, sin ocupar perpetuamente en elli,  mi pensamiento, sin lograr ni un ínfimo tris que eluda siquiera algo de elli?… ¿podés decirme vos de ese cómo?... ¿de cómo olvidar lo que jamás olvidaré por haberlo creído tanto tiempo parte de mí, fracción de mí?… ¿de cómo olvidarla, de cómo ejecutar tamaña contradictoria acción?... ¿cómo, si cada rincón de esta casa sabe de elli?… ¿cómo, cuando la inercia hace doler cada célula, cuando la amargura todo lo impregna, cuando nos coopta la certeza de que algo bueno se acaba de extinguir en el orbe?… ¿y cómo hacés vos, para no sucumbir al tremendo vacío de no verla al despertar, para no desfallecer a la nostalgia sofocante de su voz montando el aire, para no suplicarle a los ecos que por una vez liberten la voz que de elli han ahorrado?... ¿y cómo podés vos no llorar hasta quedar desértica cuando sabes que no serán más tuyos sus besos, ni míos, y que sus labios vagarán por otras pieles, y reposarán en otras bocas, y que su corazón latirá al compás de otros corazones, que ni el tuyo ni el mío serán?… ¿cómo vas a hacer vos para no morir ahogada en angustia, cuando las hileras de atardeceres te traigan el omnipresente murmullo de su ausencia?… ¿cómo?... ¿cómo seguiremos caminando bajo lloviznas descaradas, si cada gota que peregrine desde tu frente a tu mejilla me li recordará?… ¿cómo, si mi cabello mojado no admitirá que vos li olvides?… ¿cómo serán los abrazos debajo de un cielo lloroso, cómo sin elli?... ¿cómo de pequeños, de vilmente menores, de insuficientes, de cínicamente partidos?… ¿es que vos me podes decir cómo haremos para seguir sólo dos con todo este demacrado espanto cada vez que li imaginemos feliz entre otras sonrisas, jugando al amor?... ¿cómo haremos, por favor decime, cuando tres nos prometimos tantas humedecidas felicidades, las que después se mezclaron y fueron una sola, una que sería eterna, pero que duró menos?… ¿cómo soportaremos nuestra existencia a cuestas, si a elli la encontraremos en todas las miradas, si cada esquina será una en la que tres esperamos, si cuando la luz se apague ducharemos con nuestras aguas y nuestras sales la almohada que ya no sostendrá su cabello?… ¿cómo se sobrevive a la partida de un amor?... ¿cuál anestesia se les suministra a los que quedan solos, y vencidos?... ¿cómo se tempera la mordida en las costillas del hombre y en las entrañas de la mujer cuando se les extirpa un tercio de sus vidas?... ¿qué mayúsculo sacrificio, cuál grandiosa ofrenda deberemos darles a los poderosos, sublimes, alados Dioses nuestros, para que en este aciago atardecer nos libren de esta bárbara amargura?... … … …

… … … … ¡de esta bárbara amargura, en este aciago atardecer, líbrame Dios mío!… ¡consume ya la hiel que pervive adherida a mi garganta, que gotea sin descanso ni final sobre mis entrañas, carcomiéndolas, haciéndolas arder en el horno ácido de mis oscuridades pecadoras!… ¡ten piedad del yerro que la desesperación le dictó a mi oído, cuando me encontré aturdida, sin él, y extraviada deseé todo fin!… ¡acepta este arrepentimiento, esta limpia súplica de tu divino indulto, de tu postrera redención!… ¡olvida Dios mío, como logras Tú solamente hacerlo, la vileza de mi flaca tenacidad al no soportar su partida, al intentar cobardemente quitar de mí el soplo de vida que Tú, y sólo Tú, una vez me prestaste, y que sólo Tú fabricaste, y que solo Tú debes acallar!… ¡margina de mí, te ruego, este suplicio ponzoñoso que erra por mis venas y que incinera mi carne!… ¡expulsa ya, por compasión, los exóticos, heréticos, asquerosos delirios de esta agonía envenenada!... ¡destierra de mí, con tu amor, estas antinaturales alucinaciones de anatemas tercios que derruyen mi conciencia y ahogan en desasosiego estos instantes, que serán mis últimos!… ¡ve en mí más que el hoy, mi Dios, y no dejes de observar lo que por él di!… ¡ten en cuenta, Tú que sabes del hubiera, cómo habría sido mi terrenal vida junto a él, y cómo jamás me habría yo apartado de tu sendero!… ¡haz que penetre, mi único Dios, en cada una de mis células tu perdón, que sólo tuyo es!… ¡ten en cuenta, oh Dios mío, el desgarro del alma que su ausencia me propinó!… ¡puedas advertir suavemente, Dios único y cierto, que ya más no pude, y que la mordaz aflicción confundió mi voluntad!… ¡acógeme así, mi Dios fidedigno, y si es tu albedrío, en la más humilde habitación de tu reino, donde ya él mora y por mi aguarda!… ¡pero si Tú, Dios mío, así no lo arbitras, ya nomás le imploro a tu generosa clemencia que más que prontamente empuje mi vida hasta el final de este fiero túnel, de pared azabache y dolorosa, colmada de atroces desvaríos!… … …

… … … atroces desvaríos colman este fiero túnel de pared azabache y dolorosa… lobreguez cilíndrica, flagelante, que enreda trances con tiempos, que funda desolaciones, que concibe penas imposibles, acaso humanas por desesperadas, ciertamente humanas por suicidas… pero ya no importa demasiado, porque allá veo el color... allá adelante, en la luz al final del túnel… la forma inexacta que se va aproximando, detentando la vivacidad de una llaga… y entonces los suplicios van desintegrándose, así, como ahora, de a uno a la vez… y los pensamientos van confundiéndose, todos, se van reformando en uno, complejo y simple, único, como en los instantes previos a dormirme… y no, no es factible precisarlo, describir cómo es que va arribando el alivio… tal vez sedosamente, mas sólo se comprende en el cuerpo, en el mío, que va deslizándose hacia una paz aterciopelada… va ganando acceso a una luz de color imbatible, ignoto, a una cromaticidad de herida honda, equivalente a la de un atardecer final, cada instante más cercano, ahí, en el extremo benigno de la negrura… y la vista va acomodándose en esa dirección, y yo me voy donando a mí mismo, bien de a poco, lentamente… y en ángulos más bondadosos el final se va entregando con docilidad a una perspectiva visual más misericordiosa, y a cada pausa continua se va ofertando más, y a mí se me va olvidando lo oscuro, lo que aún duele, lo que dolió antes tanto, tanto y más... aquellos errores, una aflicción, las culpas, todas las omnipotentes impotencias apiladas… y ansío perdonar, ahora, porque ya no importa el daño soportado, porque ya no posee peso la razonabilidad de no hacerlo, y entonces la venganza va diluyéndose en el agua salada, soltándole de a uno sus átomos desganados… y el perdón se da, se emana sin más, y yo lo voy adjudicando en todas direcciones, hacia todo, hacia todos, también a los que me legaron su prejuicio, y me condenaron, y me aislaron, y me lapidaron… pero ahora voy llegando, y ya los pensamientos se tiñen del color del atardecer último, y yo me observo ir, y como en un sueño afable logro enfocarme a mí mismo, a un hipocampo hermafrodita que de un barro y de una costilla fue moldeado así, porque en su hocico alguien sopló del modo que lo hizo, y no de otro modo… yo lo veo irse, como a imagen y semejanza mía, o como a una memoria de hipocampo… la veo alejándose, paulatinamente, una memoria que va borrándose asintóticamente, muy de a poco, por siempre.