viernes, 19 de noviembre de 2021

Concurso literario narrativo CONTATE UN CUENTO XIV - Cuentos participantes destacados Categoría B

 

LOS HERMANOS ENFRENTADOS

Baustista Avellaneda, alumno de la E.E.S. N° 10 de Balcarce –

 

Hace mucho tiempo atrás una guerra se libraba entre Japón y China. Los caballeros de China iban ganando y aunque sus rivales perdían no se rendían. El líder Hisasi combatía contra el líder chino que era su hermano Hisani. Éste pertenecía al ejército chino porque el pueblo japonés donde había nacido había sido atacado por soldados de China cuando él era un bebé. Sus padres habían muerto y los caballeros enemigos lo raptaron y entregaron al líder chino quien lo crió como a un hijo.

Casi veinte años después de ese episodio se encontraba peleando ferozmente contra su hermano.

La lucha se llevaba a cabo a caballo y a pie. El lugar elegido era un desierto enorme con pequeños montículos de roca desparramados por todos lados que escondían, en algunos sectores, las tiendas de campaña que habían armado cada uno de los ejércitos para atender a los heridos.

El primer día la lucha fue muy sangrienta pero los jefes de cada ejército no habían participado, se miraban de lejos.

Al tercer día, un mensajero llegó a las tiendas de campaña chinas con una carta proveniente del campo enemigo. El contenido de aquella carta dejó perplejo a Hisani quien enseguida quiso hablar con su padre, el antiguo líder de los caballeros. Organizó sus tropas, dejó a su mejor soldado a cargo y cabalgó por una noche y un día hasta que llegó junto a su padre. Una vez reunidos le exigió que le explicara si aquello que decía la carta era verdad o mentira. Su padre, entristecido, confesó que era verdad, Hisani era japonés y era muy probable que fuese hermano del líder del ejército contrario, Hisasi.

Hisani montó su caballo y regresó al campo de batalla, a su antiguo pueblo, a la tierra de su infancia. Una vez allí fue directamente hacia donde se encontraba el líder japonés. Ambos desenfundaron sus espadas y comenzaron una colosal batalla que duró tres días y tres noches. Después de tanto luchar, los líderes estaban exhaustos, apenas podían sostener sus espadas, ambos tenían heridas muy graves, Hisasi había perdido casi la totalidad del brazo derecho y a Hisani le había sucedido lo mismo con el izquierdo.  De repente, ambos hermanos bajaron sus espadas, se miraron largamente hasta que se unieron en un abrazo. Ese fue el inicio de un largo tiempo de paz entre ambos pueblos.

 

Concurso literario narrativo CONTATE UN CUENTO XIV - Cuentos participantes destacados Categoría B

 

La historia de amor

Selena Santibañez, alumna de CET N° 10  de Rio Colorado, Río Negro

 

Un día, hace no mucho tiempo, Amor despertó con mucha angustia, pues sentía una gran soledad en su corazón. 

-¿Qué hago?- se preguntó -¿Cómo la calmo?- agregó.  Entonces, como no hallaba la respuesta, salió a la calle e intentó hacer de todo para no tener que lidiar con ella. Pero no pudo, pues la soledad era demasiado fuerte.

Así pasaron los días hasta que conoció a Dolor que imaginó que sería su compañero de vida. Pero Dolor sólo mostró su mejor cara los primeros meses, en donde todo era de color rosa para ellos.

Después de unos meses, Dolor no resistió seguir con la farsa de su lado bueno y empezó a cortarle las alas a Amor. Dolor no quería que nadie lo viera, ni se le acercaran, Amor era solo para Dolor. Como Amor estaba tan ciego no quería darse cuenta de los que Dolor le estaba haciendo.

La familia de Amor empezó a preocuparse, pues éste, estaba raro, ya no salía, ya no comía, ya no brillaba como solía hacerlo. Amor ya no sintió amor en él. Pero no quería soltar a Dolor por miedo.

Cada vez que discutían, Dolor le pedía perdón a Amor y le prometía que iba a cambiar. Pero además le decía que Amor debía poner de su parte porque por su culpa, él no podía cambiar, él era el causante de su mal humor.  Y a causa de ello Amor lloraba por las noches pensando en qué podría cambiar para que Dolor no estuviera así.

Hasta que un día Amor se cansó de no poder ver a su familia, de no salir con sus amigos, de no poder salir a la calle con la ropa que quería, de no poder maquillarse, en fin, se cansó se sentirse enjaulado. 

Entonces Amor fue a la casa de Dolor para hablar sobre lo que estaba sucediendo, pero como siempre Dolor intentó endulzarle el oído a Amor con promesas que no cumpliría.  Amor se puso firme y le dijo a Dolor que ya no podían seguir juntos porque se hacían daño y eso no era bueno para ninguno de los dos. Pero Dolor no aceptó esto, porque no podía soportar que Amor no estuviera más con él, pues estaba acostumbrado a tener lo que quería. Entonces Dolor enojado comenzó a insultar y golpear cosas y Amor corrió hacia su casa.

Todos los días Amor despertaba con el celular lleno de mensajes de Dolor. Como Amor no los contestaba, Dolor pasaba todos los días frente a su casa o por los lugares en donde se encontraba por lo que Amor comenzó a tener miedo y sentirse mal.

Cierta vez Dolor apareció furioso en la puerta de la casa de Amor exigiendo explicaciones. Amor que ya había pedido ayuda sobre esta situación echó a Dolor de su casa y le dijo que se dejara de molestar.

Con el tiempo Amor comprendió que si Dolor lo molestaba, no estaba solo, siempre había un amig@, psicolog@,  familiar, adult@ con quien contar,  pedirle ayuda, un consejo, un abrazo… Así aprendió a no dejarse manipular, porque eso no es amor, y que para prohibiciones estaban sus padres pero nunca Dolor.

 

Concurso literario narrativo CONTATE UN CUENTO XIV - Cuentos participantes destacados Categoría B

 

Evitable

Martina Bega Bibbo, alumna de la E.E.S. N° 3 “Carmelo Sánchez” –

 

Sentía las pequeñas gotas de lluvia empapar mi gabardina negra. Las molestas luces azules de la patrulla comenzaban a estresarme y apenas llevaba diez minutos en el barrio. Desde mi posición observaba el panorama, por un lado, un grupo de civiles estaba posicionado detrás de la cinta policial tratando de obtener un primer plano de lo que había sucedido dentro de la descuidada casa, mientras que dos reporteros no dejaban de incordiar con preguntas a los oficiales que estaban a nada de perder la paciencia.

Una conocida sombra se cernió a mi derecha.

—Teniente Cross.

El hombre ni siquiera se molestó  en responder, simplemente con una mirada hizo que lo siguiera. A pasos rápidos nos dirigimos hacia la casa, donde un grupo de oficiales entraban y salían. Fuera de la vivienda, una pequeña rubia,  Alice, nos estaba esperando con cara de pocos amigos.

—Buenas noches, Alice— pronunció.

—Ya estaba creyendo que no iba a venir, Teniente— bufó la rubia.

—Ese era el plan hasta que me llamaron.

Alice rodó los ojos, acostumbrada al humor de su jefe. Con una pequeña seña nos indicó que la siguiéramos al interior. El olor a podrido me golpeó, obligándome a reprimir una mueca. El lugar no era muy amplio, no hizo falta moverse mucho para encontrarse con la escena.

 —El propietario de la casa reportó que el inquilino llevaba tres meses sin pagar la renta, entonces pasó a ver qué estaba ocurriendo, y fue entonces cuando encontró el cuerpo— anunció Alice— El nombre de la víctima es Charles Adams, historial por robo y agresión agravada. Los vecinos dijeron que vivía con su hijo, pero cuando llegamos no estaba.

—Viendo como esta, no había que venir corriendo en plena noche— masculló el teniente.

—Parece que lleva aquí unas tres semanas— deduje— Sabremos más cuando llegué el forense.

—¿La cerradura fue forzada? — preguntó.

—No— confirmó Alice— La puerta tenía seguro por dentro, por lo que el asesino debió entrar y salir por la puerta trasera.

—¿Qué sabemos de su hijo? —

—No mucho, las evidencias lo culpan a él, hay rastros de sangre que coinciden con la suya, y un cuchillo, posiblemente, el arma del crimen— respondió la rubia haciendo una mueca— Yo necesito tomar aire, pero siéntanse como en casa, estaré afuera por si me necesitan.

No esperé ninguna orden por parte de mi supervisor y con nada más que un asentimiento de cabeza, dirigí mis pasos hacia la cocina. Había algunas cosas fuera de lugar, rastros de sangre seca y un bate tirado detrás de la mesa. La sangre en el bate evidenciaban que lo habían usado violentamente contra alguien, pero no en Charles, ya que no tenía ningún golpe con esas características. No quedaba nada que no hubiera sido revisado ya, por lo que volví con el Teniente a la misma habitación del inició, donde se encontraba el cuerpo y unas cuantas botellas de alcohol vacías esparcidas por toda la habitación. A pesar del mal estado del cuerpo, era capaz de ver pequeños orificios por todo el abdomen de la víctima. Lo apuñalaron 17 veces.

—Teniente— lo llamé— Creo que tengo una idea de lo que pasó.

—¿De verdad? — respondió aburrido— Ilumíname, Mason, soy todo oídos.

—Todo comenzó en la cocina.

El teniente asintió— Hay evidencias de lucha, la cuestión es, qué sucedió exactamente.

—Deduzco que la víctima atacó a su agresor con el bate— expliqué— Luego, el atacante apuñaló a la víctima, pero por la cantidad de sangre en la cocina, no fueron más de dos veces, otorgándole a la víctima las fuerzas necesarias para huir a la sala.

—Trato de escapar de su agresor. Sí tiene sentido.

—El atacante lo siguió hasta aquí tomándolo por detrás y empujándolo al suelo para seguir arremetiendo contra él.

 —Tu teoría no es tan ridícula, pero no nos explica a dónde se fue su hijo.

—El bate debe de haberlo dañado de gravedad, por lo que no pudo haberse ido muy lejos.

El teniente Cross asintió. Luego de dar un último vistazo nos movimos hacia la salida, pues ya no nos quedaba nada por hacer ahí. Nos dirigimos hacia nuestros autos, despidiéndonos con un ligero asentimiento de cabeza.

Cinco días pasaron desde que habíamos estado en la casa. Mi rutina se había resumido a averiguar dónde se encontraba Clay Adams, el hijo de Charles. O por lo menos así lo era, hasta que el Teniente Cross dijo las dos palabras que tanto quería escuchar.

—Lo encontramos.

Podía ver a través del gran cristal de la sala de interrogatorios, como la expresión de mi jefe se tornaba más furiosa. Clay no respondía sus preguntas, pero no era capaz de disimular el nerviosismo en su rostro. Los minutos siguieron corriendo, hasta que mi jefe golpeó la mesa con las palmas de sus manos, saliendo hecho una furia de la habitación.

—Perdemos el tiempo interrogándolo, no le sacaremos nada.

—Podríamos forzarlo un poco— propuso Evan, uno de los agentes que estaba en la habitación— De todas formas, no saldrá de aquí.

—Solamente lo dañaríamos y aun así no dirá nada— respondí.

—Muy bien sabelotodo. Entonces, ¿qué hacemos?

—Quizás pueda interrogarlo.

El teniente se encogió de hombros sentándose en su silla.

—Adelante, el sospechoso es todo tuyo.

Antes de que Evan pudiera refutar, me adentre en la pequeña habitación. Clay no hizo el intento de levantar la mirada de sus manos cuando entre. Suspirando, me acerqué a la mesa y me senté en la silla frente a la suya, tomando el expediente que descansaba sobre la mesa. Fui capaz de distinguir golpes que ya estaban sanados, por todo su rostro y brazos. Lo que más captó mi atención, fueron unas pequeñas marcas de quemaduras en su muñeca derecha.

—Mi nombre es Mason— me presente— Cuéntame de ti, ¿Cuál es tu nombre?

Nada. Siguió mirando sus manos.

Abrí el expediente llegando al apartado de las fotos del cadáver de Charles. Los puse frente a él, para que enfocara su vista en las imágenes.

 —¿Lo reconoces? — inquirí— Lo apuñalaron 17 veces.

Volvió a ignorarme.

—Escucha, sé por todo lo que has pasado, pero tienes que ayudarme a entender qué pasó.

Silencio.

—Creo que no comprendes la situación. Asesinaste a un hombre. Ellos van a encerrarte si no empiezas a hablar— Seguí presionando.

—Me van a encerrar, ¿Verdad?

—Si no colaboras lo van a hacer— confirmé.

—No quiero que me lleven— susurró.

—Entonces confiesa.

—Yo… No puedo— negó con la cabeza.

Debía seguir presionando si quería obtener información. Golpeé con mi puño la mesa y comencé.

—17 puñaladas, querías asegurarte de acabar con él, ¿Eh? ¿Sentiste ira? ¿Odio? — insistí— Estaba sangrando, suplicando por clemencia, ¡Pero tú lo apuñalaste una y otra vez!

—Por favor, déjame en paz…— suplicó

—Sé que tú lo mataste— lo ignoré— ¿Por qué no lo reconoces?

—Ya basta…

—Solo di “¡Yo lo maté!” ¿Tanto te cuentas decirlo?

—¡Basta!, ¡No más, no más!

—De acuerdo, de acuerdo…—lo tranquilicé— Ya verás que todo va a estar bien. Sabes algo, no digas nada, a fin de cuentas, no sé ni porqué me preocupo, no es mi asunto, porque al que están acusando no es a mí, ¿Verdad?

Silencio.

—Confiesa y te prometo que no dejaré que te hagan daño.

Estaba esperando que se quedara en silencio de nuevo, pero no fue así.

—Me torturaba todos los días… Yo hacía lo que me pedía, pero siempre había algo mal — confesó— Y ese día, tomó un bate y empezó a golpearme con él… Sentí miedo, miedo de morir. Así que, tomé el cuchillo y lo apuñalé en el estómago. Me sentí mejor.

Cuando enfrenté sus ojos con los míos los encontré llenos de lágrimas.

—Había mucha sangre…

Sus palabras seguían dando vueltas en mi cabeza. Mi mirada se encontró con la del teniente por unos pocos segundos, en los que entendí que ya no había nada más que hacer.

—He acabado.

Me levanté de mi asiento cuando los guardias entraron para llevárselo.

—¡Déjenme en paz! ¡No me toquen!

El semblante desdeñoso de Evan se hizo presente en el  cuarto.

—¿Van a sacarlo de una vez o seguirán ahí parados? — cuestionó.

Tuve que moverme hacía la izquierda cuando dos hombres tomaron a Clay de ambos brazos, para sacarlo a base de empujones del cuarto.

A pasos lentos me moví hacia la salida, sumergiéndome en la oscuridad del pasillo, observando la mirada apagada de mi supervisor. Sabía que no había nada más para hacer. Tal vez si alguien hubiera intervenido todo esto se podría haber evitado. Clay se libró de la jaula de violencia que su padre le había impuesto, a costa de entrar a una mucho peor. Aun estando muerto, Charles atormentará a Clay por el resto de su vida, pues las heridas siempre dejarán una marca de lo vivido, para recordarte que todo lo que pasó fue real.

 

 

Concurso literario narrativo CONTATE UN CUENTO XIV - Cuentos participantes destacados Categoría A

 

Mi Custodia

Cristal Azul Ahumada Pastor, alumna del Instituto Bg. Gral.Martín Rodríguez de Tandil

 

El año 2020 fue un año muy difícil para las familias de la Argentina. A decir verdad, para las del mundo entero. Yo quiero contarles la historia de Cindy, una joven adolescente de 12 años y su perra Custodia.

Su familia y ella vivían en una hermosa ciudad con sierras y un lago muy grande. A ella le encantaba salir a caminar o andar en bici por los paseos de su ciudad. Un día no pudo salir más.No solo se puso triste por no poder volver a estar en esos lugares sino que tampoco podía ver a sus amigos y amigas. Por su salud necesitaba ejercitarse.  Tenía varias metas por cumplir. Algunas algo duras, pero lo intentaba. Era muy importante para ella como para cualquier persona poder salir.

Sus días eran las tareas del Classroom, las charlas por WhatsApp con alguna maestra, nada de Zoom porque no le funcionaba, cantar, tocar la guitarra y bailar frente a la tele con videos de YouTube o Tiktok. A veces hacía video llamadas para jugar al Among us u otros juegos en el celu. Pero lo más importante era compartir su día con Custodia.

Custodia era su perra, su amiga. ¡Todoooo! Crecieron juntas. Era solo tres meses mayor. Así que desde siempre una respiraba al lado de la otra. La rutina que tenían era comer una al lado de la otra, salir a la plaza y antes de dormir mimosearse hasta que una de las dos se durmiera primero. Custodia sabía todo sobre ella y viceversa. Siempre la esperaba para salir, pero un día, tampoco eso pudieron hacer.

Custodia que siempre estaba bien se enfermó y por mucho que los veterinarios se preocuparon a la semana falleció. Cindy no podía dejar de llorar y sentía la necesidad de llamar a todo el mundo para contarle. Por primera vez Cindy no quería comer ni mirar su teléfono. Solo quería dormir. Como si el tiempo se parara. Custodia se había tomado el tiempo para despedirse. La miró intensamente a los ojos y cuando las miradas penetraron ella supo. Miró al cielo...como diciendo ya voy y buscó un lugar alejado de los ojos de su amada Cindy. Y así se fue.

 Cindy  enfermó por su gran tristeza. A los pocos días cuando su papá llegó de su trabajo le dio una gran sorpresa. En sus manos traía una cajita con un escrito que decía “Cuidame   mucho”. Cuando abrió la caja ¡no podía creer lo que veía! Había una cachorrita peluda como un osito, igual de hermosa que Custodia.

-Custodia... –dijo - ¡Mi Custu! Por horas la apretó. La miraba, acariciaba y lloraba de felicidad. Le dio de comer y al día siguiente junto a su mamá y su papá la llevaron al veterinario.

-¿Cómo se llama?- dijo el veterinario mientras anotaba los datos en su libreta.

- Custodia Segunda – respondió ella bien fuerte.

- Está muy sanita y ya tiene parte de las vacunas que necesita, dijo el veterinario mientras seguía anotando la fecha de la próxima visita. Después de varios consejos volvieron a casa. Todo iba bien en la casa de Cindy. Hasta tenía fecha para entrenamiento de perros al aire libre como estaba permitido en ese momento. Custodia crecía y las travesuras iban creciendo también. Las tristezas se habían pasado hasta que algo inesperado sucedió. Otra mala noticia. La abuela paterna de Cindy había fallecido.

Como vivía en el sur y en tiempos de pandemia... no pudo viajar la familia a despedirla. Todo fue más triste para la familia, en especial para el papá de Cindy que por falta de dinero no había podido viajar para visitarla cuando se podía viajar.

Y ahí estaba Custodia, como un ángel dando alegría solo con verla. Aunque era terrible con su necesidad de morder. Un día solo por aburrida, porque todos estaban tan mal por lo de la abuela, se masticó su cucha y cortó los cables de la camioneta del papá de Cindy.

Como hacía calor y la ansiedad crecía, Cindy le pidió a su mamá permiso para sacar a pasear a Custu y de pasada tomaría un helado. Después de un lindo paseo, era la hora del helado. Cuando llegó a la heladería y estaba por atarla en un poste, se soltó y corriendo como loquita entró  y se chocó con el balde de residuos que estaba repleto de mugre y todo el contenido se le cayó en la cabeza quedando toda pegoteada de helado y servilletas.

La señora de la heladería al ver semejante espectáculo las quiso echar, pero de repente apareció un señor encapuchado con una mochila negra que venía a robar todo el dinero del día.

- Dame todo el dinero – exigió de mal modo el hombre encapuchado.

La señora y Cindy se asustaron tanto que no se podían mover del piso. Parecían pegadas con el mejor pegamento. Mientras tanto Custodia, toda sucia, al ver una pelotita en la mochila del hombre...tomó distancia, corrió y se tiró encima de este dejándolo como muerto en el piso. La señora del local al ver esto, aprovechó para llamar a la policía. El comisario le dijo que iría lo más rápido posible.

El encapuchado, tirado en el piso con Custodia encima tratando de quitarle la pelotita , quiso empujarla, pero en vez de eso, la hizo enojar y Custodia llena de ira, le mordió una oreja. El hombre gritó con todas sus fuerzas. Y cuando pudo librarse de Custodia salió corriendo. Para su mala suerte la policía había llegado y lo pudieron atrapar.

La noticia salió en todos los diarios de la ciudad. La policía revisó las cámaras de seguridad del local y vieron lo que había sucedido. El intendente de la ciudad, al leer la nota que decía “El súper perro que detuvo a un ladrón” se asombró tanto que decidió otorgarle una medalla. El intendente y la policía se contactaron con Cindy para saber si Custodia podría formar parte del cuerpo policial. Su dueña dijo sí con orgullo.

Y así, fue como se convirtió en una verdadera custodia.