martes, 15 de febrero de 2022

Mundo Nuevo Por RAMON HECTOR LUNA

Quien iba a pensar que un día

Tendriamos que estar separados

De los afectos queridos

Por un tiempo inesperado.

 

Quien iba a decir que entonces

Nuestros hermanos un día

Partirían en silencio

Sin adios, ni despedida.

 

Quien iba a pensar que el mundo

Caería de rodillas

Ante una cruel acechanza

Con tenor de pesadilla.

 

Quien iba a decir que solo

Cuando el miedo se haga humano

Comprenderían los hombres

Que somos todos hermanos.

 

Quien iba a pensar siquiera

Que la palabra empatía

Pasaría a ser un lema

En la lucha por la vida.

 

Quien iba a decir que los muros

Del dinero y del poder

Caerían hecho añicos

Sin siquiera comprender.

 

Quien iba a pensar que la ciencia

Que a veces tiene otras metas

Tendría que multiplicarse

Para salvar al Planeta.

 

Quien iba a decir de pronto

Que cobraría su valor

La medicina y sus formas

En su incesante labor.

 

Quien iba a pensar, lo dudo

Que este tiempo nos uniera

En la lucha cuerpo a cuerpo

Contra un enemigo a tientas.

 

Quien iba a decir que cuando

El mundo estuviera a ciegas

Buscaríamos la guía

De nuestro Dios, en tinieblas.

 

Quien iba a pensar acaso

Que en ese presente oscuro

Iríamos sin saber,

Hacia la luz del futuro.

 

Quien iba a decir que cuando

Dios nos regalara tregua

Correríamos sin pausa

Hacia ese abrazo en espera.

 

Quien iba a pensar que un día

Volverían los encuentros

Con nuestros seres queridos

Como en los viejos momentos

Y entonces pedir al Cielo

Que renazca un Mundo Nuevo. 


Poesía ganadora en la categoría Adultos mayores, representando a la ciudad de Belén, en la ciudad de San Fernando del Valle de Catamarca. Juegos Evita Culturales 2021

jueves, 13 de enero de 2022

Mi banco Del libro de lectura «Rocío» de Julia M. Crespo, Edit. Kapelusz

 Banquito amigo:

Si tú pudieras

hablar conmigo,

¿qué me dirías?

¿Que año tras año

distintas manos

te han hecho daño?

¿Que estás cansado

de que te hiera

el cortaplumas

o la tijera

¿Que tienes manchas?

Banquito amigo:

por los que fueron

malos contigo,

seré más bueno!


P’algo juiste a l’escuela Por Arsenio Caviglia Sinclair

No te atribulés áura ni agachés la cabeza;

Es tarde; a la vergüenza,

Hay que tenerla en antes

De pialar cosas puercas.

 

Sé que la culpa es mía;

¿quién me mandó? ¡canejo!

Si yo era un gaucho crudo

Hecho a los tiempos viejos

Haserte a vos estruído?

¡Risién, risién colijo

Pa’ lo que me ha servido!

 

Aura que ya las tabas

Risongan si las muevo,

Aura que h’anochesido

Pa presipiar de nuevo…

¡m’himpotecaste tuito!

El campo y el rodeo!

¡suerte que ni pa lonjas

Te han de asetar mi cuero!

 

Mi has trampiao en le pago;

¡dispués que yo hise tanto!

Si dende gurisito,

Cuando t’enorquetabas

En el “sebruno patria”,

Enterrando la reja

(qu’entonse era a mansera)

L’esigía a la tierra

Tuito lo qu’eya diera;

Y a cada gota gruesa

Del sudor que me cáiba,

Viendoté tan gauchito

Pa mi mesmo pensaba:

“Sudá, sudá Evaristo”,

“que cuando el tiempo cuadre”,

“lo verás dotorsito”

“como quiere su madre”.

 

¡Dios la tenga en la gloria!

Po ella es lo que te digo,

Porque ni a su memoria

Rispetastes, ¡indino!

Y hasta la “sarca vieja”

Que l’ayudaba a criarte,

En tu angurria de plata

Entr’el lote tarjastes…

Y eso es lo que me quema;

Lo demás… no, ¡que diantre!

 

Y güeno, a lo hecho pecho,

Y escuchá pa qu’entiendas:

Tuavía no estoy jundido…,

Que hay dos varas ‘e tierra,

Ayá, en el camposanto…,

Ande descansa “eya”.

Si pa cubrir tus visios,

Sirve de algo esa tierra,

¡himpotecala m’hijo…;

P’algo juiste a l’escuela!


miércoles, 12 de enero de 2022

Desprendimientos Por Gerardo Barbieri

 DespreTu voz insiste, detrás de la conciencia,

negando el vacío

                           como arquitectura de la nada.

 

   Es momento de padecer

                     de sufrir el vértigo de la ausencia.

 

Tu voz llama

en huracanes de sílabas que remiten a deseos

                                                           a una cadena

                                                              de miles de te quiero…

 

En la playa, durante la bajamar,

                    espero que la luna ilumine ese rincón de vida

                                                               que un día, a propósito, olvidamos;

                     espero el resurgir de nuestras huellas

                                                       que la arena habrá de mostrar sólo para mí.

 

No hay espejos.

 

A tientas, enfrento las máscaras de antaño

                               los reflejos de la costumbre

   -y entonces puedo contemplar el ego de aquella figura

                                                                    la que dibujamos juntos

                                                                                                de a trazos-.

 

Tu alma gime

               con extravíos y arrebatos

                          del mismo modo que la mía.

 

Aún no puedo partir.ndimientos

viernes, 19 de noviembre de 2021

Concurso literario narrativo CONTATE UN CUENTO XIV - Cuentos participantes destacados Categoría D

 

El árbol de los pájaros

Margarita López, alumna de EPA 702 de Balcarce

 

       Era un día hermoso soleado como nunca antes, de esos que hacen dar las gracias por estar vivo. Y las dos amigas Marta y Haydeé decidieron caminar, charlar como siempre lo hacían. Al  pasar por una casa, vieron un árbol con muchos pájaros, llenos de nidos y vida por todos lados. Se asombraron muchísimo, el árbol era grande, inmenso, era el refugio de diferentes especies de aves con cantos y colores brillantes. Se miraron de manera cómplice y como eran muy curiosas, decidieron tocar timbre en aquella vieja casona e investigar el asunto. Así lo hicieron, pero nadie atendió, hasta que en la tercera vez salió Alicia, la dueña de la casa, una señora un tanto baja de estatura pero de voz muy profunda, que para su sorpresa las atendió muy amablemente. Luego de mirarlas directamente a sus ojos y observarlas, les preguntó qué deseaban. Las dos amigas, un poco arrepentidas, pero muy intrigadas todavía, les dijeron: _”Caminábamos por aquí. Otras veces cruzábamos en la calle anterior, pero ahora al pasar y mirar ¡estamos muy asombradas al ver tantos pájaros y tan diferentes en el árbol!, no entendemos cómo es posible esto..._” le plantearon bastante desconcertadas.

    Para su sorpresa la dueña las hizo entrar y pasar directamente al patio trasero de la casa y les mostró el árbol. Era un árbol inmenso, que cobijaba a multitud de especies. Ahora de cerca incluso, se veían aún más impactante e imponente, era un espectáculo increíble. Alicia, observando lo sorprendidas y absortas que estaban aquellas mujeres, decidió compartir su historia y comenzó a explicarles. Fue su papá quien lo había comprado y plantado con sus propias manos, allá por los tiempos en que la llanura era bien llana y sin ningún árbol. Como la mayoría de los inmigrantes, amaba la tierra y lo que esta producía. Esa semilla venía desde tierras lejanas, desde el otro lado del Océano, o quizás más...eso contaba su padre cuando era muy pequeña.

     Él siempre les relataba  que era una semilla muy especial, que con cuidados crecería pero sobre todo necesitaba mucho amor y cariño. De esa manera llegaría a ser un árbol muy distinguido y especial.   Sin embargo este dicho parecía no cumplirse, ya que  al principio era un arbolito común y corriente, con sus ramas pequeñas y frágiles, un tanto opaco.

     Fue entonces cuando sucedió el cambio. La propia Alicia recuerda, que de repente una mañana de un día soleado como hoy, sus ramas se hicieron fuertes, sus hojas cuantiosas y muy verdes. Después el tronco creció y creció, se hizo enorme y al mismo tiempo empezaron a venir pájaros de todos lados de diferentes especies. Lo que más llamaba la atención de las aves era el plumaje de  distintos colores junto con el canto tan alegre y variado. Bandadas y bandadas de aves asomaron por el horizonte, se acercaron y batieron sus alas multicolores hasta posarse en las ramas del robusto árbol. Y así fue como la semilla que su padre plantó se convirtió en un verde refugio para aquellos alegres animalitos.

      Entre palabras, cantos y bandadas, las tres señoras: Alicia, Haydeé y Martha, entretejieron anécdotas, recuerdos y carcajadas. Todos los días se reencontraban a la misma hora debajo de la sombra del gran árbol y volaban con su imaginación hasta lugares más lejanos que aquellas aves. Las personas que pasaban las miraban y escuchaban sus risas, pero no entendían nada. ¿Qué miraban en el horizonte, por qué reían o que las hacía señalar al mismo lugar? Sólo ellas lo sabían...cuando alguien pasaba por aquel sitio, nada más veía a tres señoras viejitas, con ropa desgastada, personajes y lugares imaginarios. Pero ellas no. Ellas creían y vivían la historia  que el papá de Alicia le contaba cuando era una niña, una y otra vez. El árbol era tan especial, abarrotado de aves y sus trinos alegres, como las personas que lo veían, pero sólo ellas lo sabían.

    Para las tres mujeres, ese asombroso árbol era tan real como el sol que las acariciaba o el aire suave de la brisa matinal. Los demás creían que estaban locas, que habían perdido el juicio; pero ellas, conocían la historia de Alicia. La del árbol de los pájaros, que como decía su papá: “_solo los corazones de personas bondadosas y verdaderamente humanas lo ven, lo viven” _

 

Concurso literario narrativo CONTATE UN CUENTO XIV - Cuentos participantes destacados Categoría D

 

La historia de Candela

Claudia Galassi, alumna de Cens 451 de Lobería ,

 

El día 8 de Agosto de 1972, nacía yo, Candela, tercera hija de un matrimonio que vivía en el campo.

Luego de cinco años nació una cuarta hija, la más mimosa y consentida, sus papas trabajaban en su campo y a su vez el papa hacia trabajos a sus vecinos.

Durante su infancia fueron a la escuela nro. 41. Allí hicieron el primario, pero por problemas económicos no pudieron hacer el secundario.

Luego de un tiempo, se fueron a vivir a la ciudad. Allí siendo todavía adolescente, Candela conoció a un chico con quien comenzó una relación. Al cabo de varios meses, muy pronto, quedó embarazada. Como sucedía en esa época y aun ocurre en muchas familias, Candela debió casarse y formar una familia, no había otra opción.

Su hijo fue un hermoso varoncito y pese a que su vida no resultaba de acuerdo a lo planeado, ese niño trajo felicidad, sin embargo al cabo de los meses el papá de ese bebe empezó con sus maltratos hacia Candela y su bebe, su propio hijo.

Los episodios de violencia iban aumentando: gritos, golpes, manipulaciones. Candela siguió creyendo que eso cambiaría algún día, había una esperanza de que todo cambié.

 Pasaron los meses y llegó un segundo bebé, parecía que esos episodios iban a quedar en el olvido. Pero no fue así, una de las tantas noches en que Candela estaba con su bebé en brazos meciéndolo para que durmiera, llegó a su casa cansado del trabajo. En pocos segundos se  enfureció porque el niño no dejaba de llorar, quizás anticipaba que cada vez que su padre llegaba, el día se ponía gris.

Candela trató de calmar la situación, pero luego de recibir varios golpes no dudó y corrió con sus hijos a refugiarse a casa de un vecino, donde fue protegida.

Al día siguiente ella se fue a la casa de sus padres, donde recibió los cuidados necesarios.

Comenzó a trabajar para poder  darles una vida sin maltratos y  una buena educación a sus dos hijos.

Hoy después de veintinueve años pasados ella tiene un esposo, quien le ayudó a salir de esa situación. Hoy está con un buen compañero de vida y alguien que está en las buenas y en las malas, sin violencia.

A los cuarenta y nueve años Candela  está haciendo el secundario, sus hijos están grandes y le han dado nietos, su sueño se está cumpliendo gracias al gran apoyo de sus profesores y el de su familia y sus ganas de progresar.

Concurso literario narrativo CONTATE UN CUENTO XIV - Cuentos participantes destacados Categoría C

 

El sueño de Erina

Victor Ariel del Orbe Valdés, de México

 

Hemos viajado por casi tres horas, nuestro destino es un pueblo pesquero llamado Alpa. Dicen mis padres que es muy bonito, que hay una linda casa en una linda playa, lo único malo es que no hay internet, al parecer es un pueblo muy pequeño y olvidado, donde las maravillas del internet se han tardado en llegar. Sin embargo, creo que será interesante vivir un fin de semana sin redes sociales, sin teléfonos, sólo mi familia, la playa y yo. Además, no me puedo quejar del viaje, he visto paisajes muy lindos y la furgoneta en la que viajamos es realmente cómoda. Puedo ver cómo mi hermano Nicolás se divierte contando los carros rojos que pasan por la carretera, me gusta corregirlo, siempre pierde la cuenta cuando llega al carro número 49. Solamente tiene 6 años, no sabe contar más allá de ese número, cada vez que llega al número 49 comienza de nuevo su cuenta, 1,2,3... y yo le digo: “No, tienes que aprender a contar, después del 49 va el 50,51,52...” el sólo contesta: “está bien hermano, cuando llegue al 49 seguiré con 50”. Me gusta estar con Nicolás, él siempre me hace reír y aunque a veces sea molesto, él tiene un buen corazón, siempre está ahí para mí, para darme amor y jugar. Por otro lado, mis padres son personas que nos dejan ser libres, a veces podrán ser estrictos, pero siempre nos han dejado pensar y hacer lo que nos haga felices.

 A mi padre siempre le encanta poner su música cuando vamos de viaje, me agrada que siempre ponga las mismas 30 canciones durante todo el recorrido. Por otra parte, mi madre es tranquila, le gusta observar los paisajes como a mí, la única diferencia es que ella, usualmente, duerme durante los viajes de carretera, yo nunca lo hago.

Al llegar a Alpa me sorprendí, ¡realmente era un lugar muy bonito! Los árboles y el pasto eran de un tono verde muy vivo; las casas parecían ser todas iguales, blancas con detalles y tejados rojos y muy cerca del pueblo: ¡la playa! El mar espectacular; arena color miel y tan suave al pisarla. El mar color azul fuerte, la espuma que se acercaba a la arena era esponjosa. Al ver el lugar, quedé maravillado y la casa no me decepcionó, era parecida a las que había en el pueblo. La madera predominaba en su interior y las puertas eran enormes y de cristal para tener vista panorámica hacia el mar durante las 24 horas del día.

Había dos cuartos y un inconveniente, es que sólo había una cama por cuarto, como yo no quería dormir en la misma cama con Nicolas, decidí hacer del sillón que estaba cerca de esas hermosas puertas corredizas con vista a la playa, mi cama.

La noche cayó y al ser un pueblo donde la contaminación de luz no existía, el cielo impresionantemente estrellado se podía admirar sin problema. Sin embargo, yo estaba muy cansado por el largo viaje que hicimos, así que sólo dormí después de haber turisteado por el pueblo. La noche pasaba y el viento soplaba suavemente, el mar aventaba olas con una delicadeza extrema, el escenario era realmente reconfortante, hasta que empecé a escuchar unos cantos encantadores. Al principio no le tomé importancia, puesto que estaba más dormido que despierto, pero, mi paz terminó cuando me pregunté “¿Quién cantará tan lindo en la noche?” Después de eso, me desperté, miré el reloj y me pregunté en voz baja “¿Quién estará cantando en la playa a las 2 de la mañana?”

Sería buena idea salir a averiguarlo, puesto que me aterraba la imagen de encontrar algo que no tuviera explicación, pero mi curiosidad por saber quién era la persona con esa bella voz superaba mi miedo. Así que salí de la casa cuidadosamente, a unos 100 metros estaba ella: Era una niña muy bella, su cabello era corto y negro, delgada y de tez blanca; a unos 5 metros de donde ella estaba, le dije: ¡Hola!, enseguida se volteó y mi miedo desapareció poco a poco, pero mi cuerpo entró en shock, puesto a que era una niña muy hermosa, sus ojos azules, su nariz perfecta para su rostro, era muy bonita y su voz más encantadora. Ella me observó y me dijo tranquilamente: “No te asustes, no soy un fantasma, me gusta venir en las noches y ver el mar” Mi mente reaccionó y le pregunté por la razón de su canto, su respuesta me hizo sentir algo tonto, me dijo que le gustaba cantar. No supe qué decir, así que afirmé que me llamaba Sebastián y que ella tenía una linda voz. Se sonrojó y me contestó que se llamaba Erina. Preguntó si me gustaría caminar con ella por la orilla del mar.

Hablamos por unas horas, le conté que era un turista que se alojaba en una casa de playa, le conté acerca de la ciudad en la que vivía y como era vivir en una sociedad con internet: Erina estaba sorprendida, sabía que era la internet pero realmente, nunca había interactuado con las redes sociales. Decía que a ella le gustaría vivir en la ciudad algún día, quería ser una cantante famosa. En ese momento, se me salió algo un poco bobo, le dije; “Bueno, si te sirve, creo que ya tienes al fan número uno”. Ella se carcajeó y me lanzó una mirada tan linda y tierna que me estremeció, luego me preguntó: “¿bailas?” En automático, respondí: “Sí, pero te advierto que tengo dos pies izquierdos”. Ella se rio y dijo: “entonces relájate, yo te guiaré”. Bailamos por unos minutos, aunque yo sentí que lo hicimos por horas, mi corazón latía muy rápido y fuerte, sentía mucho calor.

Ella lo notó y me dijo: “cierra los ojos”, los cerré y solo sentí un beso en la boca. El beso que nunca olvidaré. Después, no pude abrir los ojos, era mucho por procesar. Cuando pude hacerlo, ella ya no estaba. Había desaparecido como una sirena en el mar. Me metí a la casa y me acosté, pensando en todo lo que había vivido. El amanecer se acercaba y cerré los ojos. Al despertar, vi a Nicolás, él me notó más feliz de lo normal y me preguntó si todo estaba bien.Respondí afirmativamente y le narré mi experiencia con la chica linda: Erina, la niña que cantaba hermoso y que de seguro le caería muy bien. Nicolás estaba muy emocionado, fue a contar todo a mis papás, yo estaba apenado, pero ellos se rieron y dijeron: “¡Qué bueno que ya te llegó tu amor de verano!” Al escuchar esas palabras me sentí muy avergonzado pero feliz de haber conocido a Erina, entonces decidí buscarla y hablar con ella de nuevo. Quería estar seguro de que Erina no hubiera sido un lindo sueño, así que, le dije a Nicolás que saldría en la noche a verla, que lo despertaría y así al día siguiente, estaría seguro de que no había sido un sueño lo que viví. Él accedió, pero me dijo que quería conocerla, le contesté que estaba bien, pero que después de conocerla tenía que irse para dejarme solo con ella, él entendió y pactamos el programa de esa gran noche.

El día transcurría y lo único en lo que pesaba era en la noche, quería que ya fuera de noche, solo tenía dos días para ver a Erina, quería aprovechar el tiempo que me quedaba para estar con ella.

La noche llegó y esperé a que dieran la 1:50 am para despertar a Nico e ir  al reencuentro. Ambos salimos y esperamos, pasó media hora y Nico se puso a contar los cangrejos rojos que encontraba sobre la arena. Dieron las 2:30 y nosotros caminábamos por la orilla. Mi hermanito ya estaba cansado, de hecho ya había contado más de 60 animalitos. De repente, dijo: “Sebas, creo que Erina no existe ¿Y si solo estabas soñando?”. Yo también comenzaba a dudar, pero mi deseo por ver a Erina era muy grande así que lo mandé a la casa, le dije que me dejara solo, Nico no quiso, no quería dejarme solo, tenía miedo de que me pasara algo, él insistía en que volviéramos, ninguno quería ceder a sus deseos, así que empezamos a discutir, yo le dije que me dejará en paz, que se fuera a la casa, que yo volvería más tarde. Muy enojado y refunfuñando, se fue, solamente exclamó: “Deja ya de pensar en Erina, ella solo fue un sueño”.

Caminé por horas, dije su nombre un par de veces, pero al final lo único que vi fue a un hombre admirando el horizonte. Era un señor de tez morena, con una barba blanca, su aspecto era descuidado. Jamás olvidaré lo que me dijo. Me acerqué y le pregunté que si había visto a Erina, una niña de ojos azules, cabello negro, piel blanca. Volteó a verme y comenzó a reír, exclamó: “Muchacho en Alpa no hay ninguna chica con esas características, he vivido aquí por más de 20 años y nunca he visto a una niña así”. Me senté y dije: “¡Vaya, entonces al final sí fue un sueño, qué sueño tan lindo tuve, era una chica muy bella ¡”. El señor vio mi cara de decepción y me preguntó qué pasaba, intenté quitar esa cara y solo le contesté: “Nada, sólo que hace un día creí haber tenido un cita maravillosa con la persona que le describí y me siento algo tonto, porque fue un sueño, un sueño que desearía que fuera real”. Su respuesta me hizo sentir algo avergonzado, se rio de mí: “Niño, a veces las personas nos cegamos y luchamos por algo que es imposible de conseguir, eres muy joven, no te mortifiques, fue un sueño, los sueños son algo muy bonito, algo que nos impulsa a hacer grandes cosas, pero también son fugaces, muchas veces aprendes más de un sueño que de la realidad. Lo más importante de los sueños es que son eso, sueños, no le des más importancia a un sueño que a tu realidad. Muchacho, ve a dormir, te ves cansado, las 5 de la mañana no es la mejor hora para que alguien como tú esté por aquí”.

Emprendí marcha hacia la casa, recapacité y volví para preguntar al hombre su nombre y oficio. Me contestó que era un viejo al que le gusta levantarse a ver el amanecer. Eso fue lo último que escuché. Instante seguido desperté y me di cuenta de que solo había sido un sueño, sacudí la cabeza y murmuré: “Nunca es mucho tiempo para decir que no duermo durante los viajes en carretera”.

Enseguida vi a Nicolás y sentí alivio al ver que estaba contando 60 carros rojos.

Al final, los sueños son fugaces, pero nunca olvidaré el sueño de Erina, amé, reí, bailé, me enojé, me sentí triste; pero, aprendí y maduré.