martes, 8 de diciembre de 2020

Caos – Por Rafael Serrano Ruiz

               El destino obliga a dar el primer paso. Es posible rebelarse o dejar hacer. Es un momento decisivo que tendrá consecuencias, pude hacer daño a unos y feliz a otros ¿Por qué? ¿Debemos dejarnos llevar?  ¿Permanecer impasibles? ¿No es eso renunciar a la vida? …

Encantadora, delgada, rubia, bien formada, ojos grises y nariz ligeramente tachada de pecas. Parece un ratoncito pidiendo amor: tierna y alegre al mismo tiempo, pero excesivamente delgada en comparación con el tamaño de su pecho. ¿Veinte años? Pudiera ser...

Hacía tiempo que había conocido a Alicia. Eran parte de una pandilla de jóvenes como muchas otras que se forman en la vida. Se atraían, siempre se estaban buscando dentro del grupo, pero no había más entre ellos. Poco a poco fue creciendo su camaradería hasta que un día, visitando unos amigos comunes en un pueblo cercano, después de la hora de la comida, se dirigen todos juntos a buscar el frescor junto al rio que pasa serpenteando cerca de la casa. Una vez allí, unos juegan cartas, otros vaguean bajo la sombra de los árboles o pasean por la orilla entre los juncos. Juan decide dar un paseo con Alicia. Llegan a un remanso un poco separado del resto de los amigos, y allí se sientan en la hierba y se ponen a charlar de todo y de nada: La dependencia sensitiva de las condiciones iniciales (el entorno) es consecuencia inevitable de cómo las vidas individuales se entrelazan con la general: En un momento dado sus miradas se cruzan, sus manos se juntan y caen en un abrazo mientras se besan con pasión. En pleno ardor, Juan con delicadeza se aparta un poco de ella. Alicia con la mirada brillante arranca unos juncos y entrelaza una pequeña corona que pone sobre su cabeza a modo de los santos. No hay palabras, ninguno de los dos dice nada y después de unos momentos, se levantan para reunirse con el resto de la pandilla mientras Alicia le mira con sus dulces ojos, mostrándole toda su ternura

 Cae la noche y toman el tren de vuelta a casa. Están solos en el departamento del vagón de aquel viejo y destartalado tren de cercanías. En el exterior, al mirar por la ventanilla, sólo se ve la oscuridad, tachonada por una sucesión esporádica de luces que pasan más o menos rápidas en función de la distancia y la velocidad del tren,  indicando que  allí hay unas casas donde se está desarrollando una sucesión de acontecimientos, los cuales pueden influir en el futuro de ellos mismos, puesto que no hay efecto que no sea producido por una causa, y nunca tendremos la certeza de cuándo un hecho es aislado realmente en sí mismo, o si está produciendo un encadenamiento de sucesos,  de los cuales, alguno de ellos, llegará a formar parte más o menos importante de nuestra existencia. Las pequeñas modificaciones que se producen en la capacidad humana, causan cambios a gran escala, pero si pudiéramos modificar el tiempo, se ignoraría cuales hubieran sido esas modificaciones y por tanto el comportamiento. Ello cambiaría el hecho de la persona, pero nunca se sabría si para bien o para mal. Alicia se pone de rodillas sobre el asiento mirando a través de la ventanilla, él posa su mano sobre la parte posterior de la pierna de ella y empieza a acariciarla, muy despacio, suavemente. Mientras lo hace, va aumentando su audacia, alargando el recorrido de su mano, escalando con la punta de los dedos en la suavidad de su piel. Ninguno de los dos dice absolutamente nada, solo se escucha el golpeteo de las ruedas del tren con las uniones de las vías y unos corazones acelerados, la rodilla..., el calor de los muslos, el contacto con la tela de la braguita...  Ella continúa mirando por la ventanilla o dice alguna frase nerviosa, con un cierto sentimiento de rubor referente al rápido pasar de las luces y sombras, dando, en cierta forma, una aceptación al hecho que se está produciendo. Los dedos de Juan pasan más allá de la tela, siente la suavidad del vello y guiado por una cierta humedad, se introduce entre los labios, acariciando lentamente... Juan nota su temblor, es un estremecimiento que casi le asusta. Pasa un tiempo que no pueden precisar, pero nadie habla.  ¿Por qué? ¿Por qué ninguno de los dos dice nada?  Un ¡Te deseo! ¡Te quiero! Ella, continúa con la mirada fija en el exterior, como si estuviera ajena a lo que está sucediendo. Después de un tiempo se da media vuelta, lo mira con ternura y continúa callada. Nuestra realidad es una mezcla de hechos que se producen en nuestro rededor, independiente de nosotros mismos. Somos actores que actuamos sin un papel definido, la casualidad o la causalidad

 

 Juan descuelga el teléfono. Es Alicia, se encuentra mal. Aparta los libros a un lado. Observa por la ventana. La noche es fría. El cielo está despejado. A pesar de la luz tenue que proyecta la ciudad sobre el firmamento, puede divisarse un cielo estrellado típico de un invierno seco. Se emboza todo lo que puede dentro de su abrigo y sale en su busca. Mientras está en camino, le vuelve la idea de la fragilidad de Alicia y en el ambiente tan triste que la rodea. Es verdaderamente sorprendente, como, viviendo en ese ambiente, Alicia puede tener un carácter tan abierto y alegre. Ella le está esperando en la puerta de su escuela, se siente mal, pero prefiere pasear un poco para ver si, con el frío de la noche, se le pasa la desagradable sensación que siente. Pasean un buen rato.  Ella sufre un ligero desvanecimiento, la toma en brazos, sintiendo sobre ambos la mirada llena de curiosidad de los transeúntes que se les cruzan en los pocos metros que quedan para llegar al portal de su vivienda y termina, no sin gran esfuerzo, introduciéndola en el interior de la casa. Esta situación no le ha gustado nada, se ha sentido un poco ridículo llevándola en brazos por la calle como a una desvalida, y el hecho, ha acentuado en su interior las dudas que siente sobre su relación. Hay algo que no marcha, no sabe lo que es, pero poco a poco se va abriendo una fosa más profunda entre los dos.

 Hay una convergencia en el modo como ocurren las cosas y pequeñas influencias arbitrarias se hinchan hasta tener grandes efectos demoledores.  Ese algo, se va definiendo, en una palabra, temor, miedo a su fragilidad, miedo al ambiente que encuentra en su entorno y miedo al saber que todo ese bagaje, tendrá que incorporarlo a su vida. No sólo une su vida a la de Alicia sino también, aunque no lo quiera, a su entorno, Es posible que estos argumentos sean demasiado irracionales; de todas formas, independientemente de los argumentos, hay algo que no encaja. Tenía que tomar una decisión antes de que fuera demasiado tarde, una decisión que le es muy dolorosa.

¿Por qué decidió ir precisamente de vacaciones con su familia aquel año cuando nunca antes lo había hecho? Esta idea la tiene, como una de esas claves misteriosas que cree resultar transcendentales para el posterior transcurrir de su vida. De acuerdo, quería alejarse de la ciudad y pensar en su relación, y de paso descansar un poco de sus estudios, pero podía haber ido como otras veces a casa de sus tíos o cualquier otro tipo de decisión, pero no: decidió acompañar a su familia. Y allí estaba, en la playa. La luz del Mediterráneo contrastaba con la del foco que iluminaba por las noches sus libros llenos de llamadas y anotaciones. Al principio, el cambio de hábitos se le hace difícil. Dormir la noche, tomar el sol, hablar con las gentes, saludar a los vecinos, comer a sus horas. De pensar sobre Alicia, nada de nada, sólo con el hecho de encontrarse allí, frente a ese mar tan inmenso y verdoso, a ese sol tan brillante que le hace guiñar los ojos para poder ver mejor, son motivos suficientes para darle todo tipo de respuestas a sus preguntas, además, estas respuestas son ya conocidas por él incluso antes de salir de la ciudad, incluso antes de planteárselas. Cree que pensar con un poco de calma y distancia viene bien para darle la fuerza que necesita.

 

Las vacaciones han terminado, hace días en los cuales, sintiendo cierta culpabilidad, está ocultando su presencia en la ciudad a Alicia y sabe que no puede demorarlo más. Toma el teléfono en un estado mezcla de nervios y miedo a lo que está por llegar

 

 - ¡Hola! ¿Cómo estás?

- ¿Qué tal lo has pasado?

- Yo bien, he descansado mucho, sólo dormir y playa…. ¿Y tú? Se te nota muy alegre

- ¡Por supuesto que iré a verte!,

-  No, no pasa nada, ¿Por qué?

 

Quedó en ir a verla el día siguiente. Se encuentra preocupado, intranquilo, pero seguro.

 

Sólo recuerda la noche, una carretera oscura, solitaria, sus pasos resonando con eco entre tanta soledad, su mente en blanco, tener que frenarse para no echar a correr, y no es que huyese, no, simplemente quiere alejarse lo más rápidamente posible del dolor que está produciendo, porque sabe que Alicia le quiere, que la situación es injusta, pero en el amor no hay racionalidad, ni lógica, sólo intuición deseo y fantasía. Está siendo injusto con ella, pero consecuente con él mismo. Después de recorrer una distancia que le parece eterna, ve unas luces al final del camino, es la estación en la noche, un tren que llega y una profunda paz se instala en su corazón. Ha recuperado su libertad. De nuevo el destino, una bifurcación en el camino hacia no se sabe dónde. No hay razón o causa definida, no puede hablarse de normalidad o anormalidad, porque lo bueno hoy, puede ser malo mañana y lo que cree hoy doloroso, puede ser mañana pesadilla o felicidad ¿De qué depende? ¿De él? No, él continúa siendo ajeno a la causa, es mero instrumento, juguete del destino. Sus intuiciones están marcadas en alguna parte de su interior, como si también hubiera una ley genética que le obliga a hacer lo que hace, siempre envueltas en el sentimiento de lo mejor y la felicidad, pero ocultando quizás amarguras y remordimientos por lo que es o por lo que pasará. Alicia lo tenía todo, cultura estilo, belleza, alegría... Nadie podría pedir más ni física, ni intelectualmente, pero de pronto, una sinapsis en su cabeza, una unión entre dos neuronas hace desencadenar un proceso extraño, por el cual decide como si fuera un dios, que el amor que siente por ella tiene que desaparecer debido a su fragilidad y entorno ¡Qué culpa tiene Alicia de todo esto! Ella no es tampoco responsable, seguro que su razonamiento es posiblemente falso o al menos improbable, quizás este argumento esté destruyendo una vida de felicidad que podía haber tenido, pero eso nunca lo sabrá. Él está contento, liberado, feliz por haber realizado esa idea que salió de una conexión entre dos neuronas que quizás dejaron de existir segundos después, y la dulce Alicia sale de su vida, pero no del todo, de vez en cuando recuerda la escena del tren, y se siente reconfortado por la belleza del momento que sólo ella pudo darle.