Queridos amigos:
Me propongo hoy ocuparme del programa de las oposiciones a la Judicatura, pero antes de entrar en materia permitidme que primero hablemos algo acerca de Viena. Atended un momento, señores, y sabed que cu Viena se ha aprobado una nueva ley merced a la cual los jueces que tengan que dictar sentencia en las causas de atropellos de automóviles deberán estar en la obligación de saber conducir.
Yo no sé si os dais cuenta de la importancia de esta disposición, que a mi me parece el colmo de la sabiduría y de la previsión. De todos los miles de trucos que los hombres de leyes han inventado para complicar al resto de los hombres, este último es el que tiene más razón de ser. Vamos a desmenuzarlo concienzudamente, demostrando cómo va a influir poderosamente en el programa de oposiciones a la Judicatura. Y antes que eso estudiemos qué es la ley y cómo nace la ley. Incluso puede que le tomemos ley al tema. Sobre todo si yo logro hablar en plata. En plata de ley. Primera e importantísima cuestión que se presenta: ¿La ley es imprescindible?
O, dicho de otra manera: ¿Se puede vivir sin leyes?
Yo sólo veo una respuesta, y esta respuesta es espantosa: la ley no es imprescindible. Se puede vivir sin leyes. Lo que ha provocado hace siglos el nacimiento de las leyes fue el aburrimiento.
Retrocedamos al principio del mundo. Os suplico un poco de imaginación. Ya estamos en el principio del mundo. Ya estamos en el caos. Fuerzas terribles e imponderables lo conmueven todo.
Nada existe, pero existe todo en la nada (¡qué frase tan caótica!). Minerales, gases, materias inflamadas, fluidos, corrientes, vendavales, chispas, explosiones gigantescas; esto es el Universo. Esto es el caos. ¿Os formáis idea? Pero aun puedo dar una sensación más descriptiva del caos por medio de la palabra incongruente, he aquí por ejemplo, una descripción del caos: Bandonion esprocicmto gin-canto blumba en condifonterano de esprun de espun briviesco laba-ringologio un nocen guindas. ¿No os da esto idea exacta del caos? ¿Sí? Pues adelante. Pasan los siglos, se forman los sistemas solares, se forman los planetas. Surge el hombre. El hombre primitivo es más feo que peinarse con un rastrillo. Vive como una bestia; come los cocos con cáscara y los animales con piel. Se las tiene que ver con tipos de la categoría del diplodocus o del ictiosaurio, y para cazarlos les atiza en la cabeza con el tronco de una encina prehistórica. Es lo más bruto que os podéis imaginar. Y sentiría que molestase mi descripción del hombre primitivo, pues ya me doy cuenta de que descendéis de él; pero no olvidéis ni por un momento que también desciendo de él yo. Así es que la cosa nos alcanza por igual a todos.
Cuando el hombre primitivo lleva una temporada a estacazo limpio con la naturaleza surge la mujer. El hombre y la mujer comienzan la vida en común. Ella se mira el rostro en los arroyos; él sigue arrimándoles estacazos a los diplodocus y a los ictiosaurios. Un día sus quehaceres se invierten. Y al hombre se le ocurre mirarse el rostro en un arroyo. Y a la mujer se le ocurre coger una de las estacas y dejársela caer al hombre en la nuca. Es el origen del amor.
El hombre primitivo y la mujer primitiva ríen, gozan, sufren, comen, duermen, tienen hijos, etc., etc. O lo que es lo mismo, viven. Y veamos ahora, que ya hemos llegado al momento de la vida, cómo las leyes nacen del aburrimiento.
El hombre y la mujer subsisten una serie de años haciendo siempre las mismas cosas, cuando un día hacen, de pronto, una cosa nueva: bostezar. Pero a ese primer bostezo siguen tantos otros, que incluso llega un momento en que también se cansan de bostezar. ¿Qué ha ocurrido? Sencillamente, señores, que ha nacido el aburrimiento, monstruo más terrible que el propio diplodocus y que el propio ictiosaurio.
Y es en una tarde de aburrimiento, tumbado al sol tripa arriba, cuando el hombre observa cómo la mujer va y viene al arroyo donde se mira el rostro. Y el hombre piensa: Ya me estoy yo hartando de coqueterías, y se añade: ¡Esto se ha acabado!, y se levanta, coge del brazo a la mujer y la dice: Oye, prohibido en absoluto que te mires en el arroyo más que dos veces diarias.
Y ha nacido la primera ley: la ley del marido.
Otro día, un hombre primitivo se balancea en pleno aburrimiento, encaramado en la copa de un árbol; arranca una ramita, la chupa, se retuerce el dedo gordo del pie izquierdo, juega a ponerse bizco; en suma, hace lo posible por divertirse, sin lograrlo demasiado. Entonces se acuerda de pronto de que otro hombre primitivo amigo suyo tiene una estaca el doble de grande que la suya, y se baja del árbol, se mete en la cueva del amigo y se lleva la estaca a su propia cueva. El propietario pone el grito en el cielo al verse sin su estaca, cuenta el caso a otros hombres primitivos, tan primitivos como el ladrón y como él, y todos de acuerdo, deciden agarrar al que se ha llevado la estaca y rompérsela en las costillas.
¿Qué ha ocurrido?
Que acaban de nacer tres nuevas leyes: la ley de la propiedad, la ley de la represión y la ley de la fuerza.
Otro día, el objeto del robo no es una estaca, sino una mujer. El hombre despojado vuelve a llamar en su auxilio a las amistades, y el seductor es arrojado a un estanque de dolicosaurios, junto con la adúltera.
¿Y esto, qué es?
Que ha nacido otra ley: la ley que castiga el adulterio.
Otro hombre aburrido, más fuerte que los demás, cae en la manía de distraer su aburrimiento arrancándoles mechones de pelo a todos los semejantes más débiles que él que encuentra.
Por fin, estas pobres víctimas se hartan. Y se reúnen, y todos juntos se van a ver al ciudadano abusón, y le dicen: En lo sucesivo, ojo con tocar a ninguno de nosotros, porque si lo haces, vendrán los demás y te mascarán la nuez.
¿Qué ha sucedido?
Que ha nacido la ley de agrupaciones.
Ya se ha visto cómo han nacido las leyes. Pero sin el aburrimiento del abusón, y del seductor, y del ladrón, y del hombre que tomaba el sol boca arriba, ¿habrían nacido las leyes? No, seguramente.
Con lo que queda demostrado que las leyes han sido el fruto del aburrimiento.
Y ahora pasemos de un salto a la nueva ley implantada en Viena y sopesémosla.
Obligar a saber conducir automóviles a aquellos jueces que han de fallar en asuntos de atropellos de automóviles es el máximum de la sensatez.
Sólo sabiendo él mismo conducir a la perfección puede un juez dictaminar sobre si la culpa del atropello la tiene el chofer, el atropellado o el automóvil.
Porque hay choferes, preocupados por las pantorrillas de Celia Gámez, que al que se pone delante lo hacen migas; pero también hay transeúntes que cruzan la calle estudiando Álgebra y se meten materialmente bajo las ruedas, y también hay finalmente automóviles que hacen lo que se les da la gana.
Yo conduje una vez un automóvil, con el que no podía uno descuidarse un segundo, porque tenía la manía de tirar los puestos de periódicos. Y si veía una tienda de gramófonos se colaba por el escaparate. Y si nos cruzábamos con una camioneta se iba detrás de ella.
La mayor prueba de que existen autos con voluntad propia, que hacen lo que les da la gana, la tenéis en que el día en que uno conduce un auto por primera vez y se encuentra de frente con un árbol, ya se puede virar hacia los lados, que se chafa uno contra el árbol inexorablemente.
El juez que tenga que entender en asuntos de atropellos de automóvil debe saber conducirlo. Esto es indiscutible. En Viena tienen razón.
Pero... ¿sólo han de necesitar conducir los que entiendan en asuntos de atropellos de automóvil...? Yo haría extensivo el acuerdo a los restantes problemas jurídicos.
Para juzgar una cosa debe conocerse a fondo. Esto es tan ético, que parece mentira que no se haya caído en ello antes.
Y por eso mismo debe extenderse a lo demás. Y el que juzgue a un criminal debe saber matar con absoluta limpieza, y el que haya de verse en el trance de juzgar un adulterio tiene que haber sido adúltero, por lo menos, veintiocho veces.
Yo comprendo que esto es revolucionar demasiado. Pero no hay más remedio, señores radioyentes, no hay más remedio...
Hoy, tal como las cosas se hallan constituidas y organizadas, un ladrón se presenta ante el juez y puede meterle camelos impunemente.
- Señor juez: juro que soy inocente. Es verdad que yo entré en la casa a medianoche con una palanqueta, pero mi propósito no era más que abrir la puerta del cuarto de la criada, porque es de mi pueblo y estaba ya al caer, señor juez... Una vez dentro de lacasa, vi la caja de caudales abierta, y para que no la robasen la vacié yo, con el propósito de llevar el dinero al día siguiente... Sólo que, claro, luego me ha dado pereza llevarlo.
Esto puede decir un acusado de robo hoy día. Pero el día que los jueces que entiendan en estos asuntos estén entrenados en el asalto nocturno de domicilios, aquel día el ladrón no podrá meter semejantes camelos, porque el juez le gritará iracundo:
- ¡Mentira! Ha abierto usted la caja con el soplete oxhídrico.
- Pero, señor juez, que le juro que no...
Y el juez diría:
-¡Basta! ¿Me va a enseñar a mí cómo se hace eso? ¡Estoy harto de robar cajas de caudales con ese procedimiento!
Y el ladrón tendría que callar y aguantarse con la condena.
Y lo mismo en el crimen.
Hoy un criminal puede encerrarse en una negativa, afirmando que fue la víctima la que se dio el navajazo en un rapto de desesperación.
Pero con la aplicación de la ley de Viena no habría criminal que pudiera convencer de eso a ningún juez.
El juez se reiría moviendo la cabeza de un lado a otro.
-¡Sí, sí!... Mire, amigo, pasan de treinta las personas que he despachado yo. Y sé perfectamente que en esos casos de suicidio con arma blanca aparecen siempre, además de la herida mortal, una herida leve. Porque el suicida, con la mano debilitada por el instinto de conservación, se hiere primero superficialmente, y es luego haciendo acopio de energías desesperadas cuando se produce la herida de la que muere. Ande, ande, vaya a contarle esos cuentos chinos a quien no haya asesinado a nadie nunca. A mí no me la da.
Y el criminal no tendría salvación.
¿Y qué sentencias admirables no podría citar juzgando un caso de adulterio aquel juez que se la hubiese pegado cuarenta y siete veces a su señora? ¡Oh! No habría subterfugio, ni mentira, ni engaño, ni trampa, por hábil que fuese, en la que cayese ese juez.
Por todo eso, señores, venimos de la mano a la proposición con que he comenzado esta charla. Hay que aplicar en España in extenso esa nueva ley implantada en Viena.
Ya hay que reformar el programa de las oposiciones a la Judicatura.
En adelante, además de las materias doctas y prácticas que para esas oposiciones se exigen, tendrían que figurar en ellas materias nuevas. Por ejemplo:
Veintiocho temas de robos a mano armada.
Treinta temas de robo con escalo.
Cuarenta y cinco temas de asesinato en cuadrilla y doce de asesinato individual.
Veinte temas de adulterio reiterado.
Cuarenta temas de chantaje a sociedades constituidas.
Etcétera, etc.
Sin contar una extensa práctica que habría que demostrar en examen en todas esas materias.
Yo comprendo que esto complicaría mucho las oposiciones, pero la sociedad moderna requiere sacrificios cada vez más grandes.
¡Bienvenidos! Este blog de literatura está abierto a todo tipo de lectores. Quienes lo hacemos no tenemos otra motivación que el de compartir la lectura de las obras de escritores de todos los tiempos, así como también las de aquellos que se inician y también merecen difusión.
martes, 1 de mayo de 2018
sábado, 21 de abril de 2018
Mientras te miro - Por Rafael Serrano Ruiz
Sentimientos que renacen
esperando tu presencia.
!Verte!
Sentirte a mi lado.
Ver tu llegada luciendo esos aires
tan tuyos, tan propios, tan míos.
Mientras me hablas,
mientras te miro,
mil ideas pueblan mi mente…
quiero sentirme querido
¡Que culpa tengo yo de tal quimera¡
Lloro desesperado al no tenerte,
por no poder disfrutar de tu presencia,
por ese intenso dolor de lo imposible…
por tu falta de amor….
por no dejar de quererte.
Lloro porque el tiempo pasado
siga latente…
porque te sepa querer como mereces,
por tus cálidas manos en mi frente,
por tus besos de amor…
.
Un nuevo renacer
donde evitar los errores
de compartir el amor
que como un torrente,
destrozó nuestra vida
en el pasado …
y en el presente.
esperando tu presencia.
!Verte!
Sentirte a mi lado.
Ver tu llegada luciendo esos aires
tan tuyos, tan propios, tan míos.
Mientras me hablas,
mientras te miro,
mil ideas pueblan mi mente…
quiero sentirme querido
¡Que culpa tengo yo de tal quimera¡
Lloro desesperado al no tenerte,
por no poder disfrutar de tu presencia,
por ese intenso dolor de lo imposible…
por tu falta de amor….
por no dejar de quererte.
Lloro porque el tiempo pasado
siga latente…
porque te sepa querer como mereces,
por tus cálidas manos en mi frente,
por tus besos de amor…
.
Un nuevo renacer
donde evitar los errores
de compartir el amor
que como un torrente,
destrozó nuestra vida
en el pasado …
y en el presente.
Las cinco dificultades para decir la verdad Por Bertolt Brecht Berlín (Alemania), 1934. (Continuación)
III. El arte de hacer la verdad manejable como arma
La verdad debe decirse pensando en sus consecuencias sobre la conducta de los que la reciben. Hay verdades sin consecuencias prácticas. Por ejemplo, esa opinión tan extendida sobre la barbarie: el fascismo sería debido a una oleada de barbarie que se ha abatido sobre varios países, como una plaga natural.
Así, al lado y por encima del capitalismo y del socialismo habría nacido una tercera fuerza: el fascismo. Para mi, el fascismo es una fase histérica del capitalismo, y, por consiguiente, algo muy nuevo y muy viejo. En un país fascista el capitalismo existe solamente como fascismo. Combatirlo es combatir el capitalismo, y bajo su forma más cruda, más insolente, más opresiva, más engañosa. Entonces, ¿de qué sirve decir la verdad sobre el fascismo que se condena si no se dice nada contra el capitalismo que lo origina? Una verdad de este género no reporta ninguna utilidad práctica. Estar contra el fascismo sin estar contra el capitalismo, rebelarse contra la barbarie que nace de la barbarie, equivale a reclamar una parte del ternero y oponerse a sacrificarlo.
Los demócratas burgueses condenan con énfasis los métodos bárbaros de sus vecinos, y sus acusaciones impresionan tanto a sus auditorios que éstos olvidan que tales métodos se practican también en sus propios países. Ciertos países logran todavía conservar sus formas de propiedad gracias a medios menos violentos que otros. Sin embargo, los monopolios capitalistas originan por doquier condiciones bárbaras en las fábricas, en las minas y en los campos. Pero mientras que las democracias burguesas garantizan a los capitalistas, sin recurso a la violencia, la posesión de los medios de producción, la barbarie se reconoce en que los monopolios sólo pueden ser defendidos por la violencia declarada. Ciertos países no tienen necesidad, para mantener sus monopolios bárbaros, de destruir la legalidad instituida, ni su confort cultural (filosofía, arte, literatura); de ahí que acepten perfectamente oír a los exiliados alemanes estigmatizar su propio régimen por haber destruido esas comodidades. A sus ojos es un argumento suplementario en favor de la guerra.
¿Puede decirse que respetan la verdad los que gritan: «Guerra sin cuartel a Alemania, que es hoy la verdadera patria del «mal», la oficina del infierno, el trono del anticristo»? No. Los que así gritan son tontos, impotentes gentes peligrosas. Sus discursos tienden a la destrucción de un país, de un país entero con todos sus habitantes, pues los gases asfixiantes no perdonan a los inocentes. Los que ignoran la verdad se expresan de un modo superficial, general e impreciso. Peroran sobre el «alemán», estigmatizan el «mal», y sus auditorios se interrogan: ¿Debemos dejar de ser alemanes? ¿Bastará con que seamos buenos para que el infierno desaparezca? Cuando manejan sus tópicos sobre la barbarie salida de la barbarie resultan impotentes para suscitar la acción. En realidad no se dirigen a nadie. Para terminar con la barbarie se contentan con predicar la mejora de las costumbres mediante el desarrollo de la cultura. Eso equivale a limitarse a aislar algunos eslabones en la cadena de las causas y a considerar como potencias irremediables ciertas fuerzas determinantes, mientras que se dejan en la oscuridad las fuerzas que preparan las catástrofes. Un poco de luz y los verdaderos responsables de las catástrofes aparecen claramente: los hombres. Vivimos una época en que el destino del hombre es el hombre. El fascismo no es una plaga que tendría su origen en la «naturaleza» del hombre. Por lo demás, es un modo de presentar las catástrofes naturales que restituyen al hombre su dignidad porque se dirigen a su fuerza combativa.
El que quiera describir el fascismo y la guerra grandes desgracias, pero no calamidades «naturales» debe hablar un lenguaje práctico: mostrar que esas desgracias son un efecto de la lucha de clases; poseedores de medios de producción contra masas obreras. Para presentar verídicamente un estado de cosas nefasto, mostrad que tiene causas remediables. Cuando se sabe que la desgracia tiene un remedio, es posible combatirla.
IV. Cómo saber a quién confiar la verdad
Un hábito secular, propio del comercio de la cosa escrita, hace que el escritor no se ocupe de la difusión de sus obras. Se figura que su editor, u otro intermediario, las distribuye a todo el mundo. Y se dice: yo hablo, y los que quieren entenderme, me entienden. En la realidad, el escritor habla, y los que pueden pagar, le entienden. Sus palabras jamás llegan a todos, y los que las escuchan no quieren entenderlo todo. Sobre esto se ha dicho ya muchas cosas, pero no las suficientes.
Transformar la «acción de escribir a alguien» en «acto de escribir» es algo que me parece grave y nocivo. La verdad no puede ser simplemente escrita; hay que escribirla a alguien. A alguien que sepa utilizarla. Los escritores y los lectores descubren la verdad juntos. Para ser revelado, el bien sólo necesita ser bien escuchado, pero la verdad debe ser dicha con astucia y comprendida del mismo modo. Para nosotros, escritores, es importante saber a quién la decimos y quién nos la dice; a los que viven en condiciones intolerables debemos decirles la verdad sobre esas condiciones, y esa verdad debe venirnos de ellos. No nos
dirijamos solamente a las gentes de un solo sector: hay otros que evolucionan y se hacen susceptibles de entendernos. Hasta los verdugos son accesibles, con tal que comiencen a temer por sus vidas. Los campesinos de Baviera, que se oponían a todo cambio de régimen, se hicieron permeables a las ideas revolucionarias cuando vieron que sus hijos, al volver de una larga guerra, quedaban reducidos al paro forzoso.
La verdad tiene un tono. Nuestro deber es encontrarlo. Ordinariamente se adopta un tono suave y dolorido: «yo soy incapaz de hacer daño a una mosca». Esto tiene la virtud de hundir en la miseria a quien lo escucha. No trataremos como enemigos a quienes emplean este tono, pero no podrán ser nuestros compañeros de lucha. La verdad es de naturaleza guerrera, y no sólo es enemiga de la mentira, sino de los embusteros.
sábado, 14 de abril de 2018
Las cinco dificultades para decir la verdad Por Bertolt Brecht Berlín (Alemania), 1934. 2° Parte
II. La inteligencia necesaria para descubrir la verdad
Tampoco es fácil descubrir la verdad. Por lo menos la que es fecunda. Así, según opinión general, los grandes Estados caen uno tras otro en la barbarie extrema. Y una guerra intestina que se desarrolla implacablemente puede degenerar en cualquier momento en un conflicto generalizado que convertiría nuestro continente en un montón de ruinas. Evidentemente, se trata de verdades. No se puede negar que llueve hacia abajo: numerosos poetas escriben verdades de este género. Son como el pintor que cubría de frescos las paredes de un barco que se estaba hundiendo. El haber resuelto nuestra primera dificultad les procura una cierta dificultad de conciencia. Es cierto que no se dejan engañar por los poderosos, pero ¿escuchan los gritos de los torturados? No; pintan imágenes. Esta actitud absurda les sume en un profundo desconcierto, del que no dejan de sacar provecho; en su lugar otros buscarían las causas. No creáis que sea cosa
fácil distinguir sus verdades de las vulgaridades referentes a la lluvia; al principio parecen importantes, pues la operación artística consiste precisamente en dar importancia a algo. Pero mirad la cosa de cerca: os daréis cuenta que no dejan de decir: no se puede impedir que llueva hacia abajo.
También están los que por falta de conocimientos no llegan a la verdad. Y, sin embargo, distinguen las tareas urgentes y no temen a los poderosos ni a la miseria. Pero viven de antiguas supersticiones, de axiomas célebres a veces muy bellos. Para ellos el mundo es demasiado complicado: se contentan con conocer los hechos e ignorar las relaciones que existen entre ellos.
Me permito decir a todos los escritores de esta época confusa y rica en transformaciones que hay que conocer el materialismo dialéctico, la economía y la historia. Tales conocimientos se adquieren en los libros y en la práctica si no falta la necesaria aplicación. Es muy sencillo descubrir fragmentos de verdad, e incluso verdades enteras. El que busca necesita un método, pero se puede encontrar sin método, e incluso sin objeto que buscar. Sin embargo, ciertos procedimientos pueden dificultar la explicación de la verdad: los que la lean serán incapaces de transformar esa verdad en acción. Los escritores que se contentan con acumular pequeños hechos no sirven para hacer manejables las cosas de este mundo. Pues bien, la verdad no tiene otra ambición. Por consiguiente esos escritores no están a la altura de su misión.
“Contate un cuento X” Mención de honor Categoría C: “El día equivocado y el momentos menos indicado” Por Yamila Molina, Alumna de 6° año de la de E.S. N° 6
“Algo habrá hecho” esa frase tan ignorante usada en muchas oportunidades. “Algo habrá hecho”, lo primero que piensan o dice la mayoría de las personas cuando sucede algo así. “Algo habrá hecho”, la última palabra que logre' escuchar antes de que mis ojos se cerraran para siempre y pensándolo bien algo si hice, enamorarme de la persona incorrecta el día equivocado, en el momento menos indicado de mi vida. Pero no les quiero adelantar el final, mejor empiezo desde el comienzo de mi historia.
Un lluvioso y triste, 10 de noviembre, el cáncer se lleva a mi padre, un 10 de noviembre es el día en que mi vida se derrumba para nunca más volverse a acomodarse, ya que cada mes que pasa es peor que el anterior. Después de su pérdida mi madre entró en una profunda depresión y yo no estaba mejor que ella hasta dos años después, cuando los pedazos de mi mundo se empezaron a unir de nuevo después de que lo vi a él. Gabriel es de esas personas que conoces una vez en tu vida y no las vuelves a encontrar más. Pero no todo es como una quiere, desde hace tiempo que conozco a Gabriel y nunca me había detenido a mirarlo o nunca me había detenido a verlo de esa forma y eso que lo he visto todos los días durante tres años; en ese momento no supe cuál era la razón de por qué me gustaba, si fue porque él era más grande que yo, porque la escuela es el único lugar donde frecuento o porque es un imposible.
¡Sé lo que se están imaginando y les confirmo que sí! Estoy enamorada de un hombre mayor que yo, que no solamente es casado sino que también es mi profesor de Educación Física! Si lo que están pensando es que estoy loca, les confirmo que sí, pero si ustedes lo conocieran pensarían lo mismo que yo.
Los días seguían pasando y yo no me podía olvidar de Gabriel y cada vez más me iba interesando más en él y cada vez más fui buscando mil y una excusas para acercarme. A esa altura ya no me importaba nada
Pasaron algunos días y mi relación con Gabriel se fue haciendo más cercana y no solamente éramos alumna y profesor, sino que también éramos amigos Hasta que un día todo cambio y nuestro trato no fue solamente de profesor y alumna, sino que empezamos a tener una relación clandestina y secreta para todo el mundo, para mi mundo. Con idas y vueltas Gabriel y yo cumplimos un año de relación y por supuesto él tuvo que renunciar a la escuela y también divorciarse de su esposa.
En ese año que paso yo sentía que nuestra relación ya no era como al principio, ya no había de mi parte el amor que hubo al comienzo por muchas peleas que habíamos tenido y algunas escenas bastantes complicados, como por ejemplo de celos por mis amigas o por la ropa que usaba; además en ciertas peleas Gabriel se atrevió a agarrarme muy fuerte del brazo e intentarme golpear. Sin embargo yo no podía separarme de el después de todas las cosas que tuvo que renunciar por mí.
Obviamente en la escuela yo no era bien vista por salir con un ex profesor, pero por suerte estaba en la época de vacaciones de verano y a una semana de comenzar nuevamente las clases.
Mi mamá no lo tomó muy bien, pero con el tiempo tuvo que aceptarlo Por suerte su depresión ya se había ido.
Mi relación con Gabriel cada día iba peor, hasta ese día que fue empeorando cada vez más. Gabriel me había invitado a su casa en un campo, el último fin de semana antes de empezar mi último año en la secundaria, yo sentí que ya no podía ocultarle más lo que me estaba pasando. Pensaba esperar para decírselo el domingo antes de que me llevara para mi casa, pero decidí hablarlo ese mismo día. Lamentablemente y como yo pensé no lo tomó muy bien. Pero nunca había imaginado que Gabriel sería demasiado violento cuando se enojaba. Me agarró del brazo y me pegó una cachetada y yo no supe cómo reaccionar, hasta llegué a pensar que yo tenía la culpa por haberle pedido que nos separemos.
Llegando a casa y sin haber hablado una palabra con él en el viaje, mi mamá vio el golpe en mi cara, que había tratado de tapar con maquillaje. Y gracias a ella pude comprender que yo no tenía la culpa y que no había excusa para que el me golpeara
Hablando más de dos horas con ella pude darme cuenta de que yo no estaba sola y que ella iba a estar conmigo, fuera la decisión que tomara: separarme y alejarme de él o separarme y denunciarlo por violencia. Pero decidí no hacer la denuncia por lástima o por pensar que eso había sido algo de momento y que él podía cambiar No obstante estaba segura que me separaría de él. Nuestra relación ya no podía seguir así.
Al otro día decidí llamar a Gabriel para que nos juntemos a hablar. El me propuso que vaya a su casa, pero mi mamá dijo que no, que fuese él para la mía; mi mamá se iría a la casa de mi tía para dejarnos hablar, Gabriel aceptó y quedó en ir en dos horas .
Yo no sabía cómo empezar la conversación por eso empezó a hablar él pidiéndome perdón por lo que había pasado, me dijo que me amaba y que no iba a volverá a pasar nunca más. Yo le dije que lo perdonaba y que no quería lastimarlo, pero que yo no podía y no quería seguir con él. Fue en ese momento cuando me agarró del brazo diciendo que yo no lo iba a dejar. Para mi suerte entró mi mamá y lo echó de mi casa amenazándolo con denunciarlo, no sé qué hubiese pasado si no llegaba. Con mucho miedo y preocupación me fui a dormir preparada para el otro día empezar la escuela. Esa noche me costó bastante poder dormir.
De camino a la escuela ese día sentí que un auto iba detrás de mi y con mucho miedo me di vuelta y sí, era Gabriel. Me pidió por favor si podía subir al auto para hablar con él y yo no pude decirle que no. Me pidió volvió a pedir perdón por lo que había pasado y quería ser mi amigos. Yo lo note de verdad arrepentido, por eso accedí a que tuviéramos una relación de amistad.
Mi primer día de escuela fue mejor de lo que pensé. Como era de esperar las noticias corrieron demasiado rápido y ya toda la escuela estaba enterada, pero por suerte nadie preguntó nada. Todo siguió igual, mis amigas iguales, las clases iguales, los profesores iguales excepto mis compañeros. Había llegado un chico nuevo a mi clase y como todos los asientos estaban ocupados tuvo que sentarse conmigo. Después de una hora sin hablarnos ni una palabra, nos presentamos. Y desde ese día Maximiliano y yo nos volvimos inseparables.
Los días y los meses pasaban y ya no quedaban rastros de Gabriel, ya habían pasado seis meses sin saber nada de él hasta ese día. Me levanté temprano como todos los días para ir a la escuela, desayuné con mi mamá, como todas las mañanas y me despedí de ella con un beso y un abrazo sin saber que ese sería la última vez que la volvería a ver.
Ese día yo salía de la escuela cerca de las 12 del mediodía como siempre Maximiliano me acompañaba hasta mi casa, pero tres cuadras antes de llegar apareció Gabriel, de la nada en un auto diferente al que tenía la última vez que lo había visto. Paró su auto al lado mío y me dijo que necesitaba hablar conmigo, yo me despedí de Maximiliano y subí a su auto. Todavía no encuentro la razón de por qué lo hice, pero muchos menos llegué a pensar que esa era la última vez que me iba a subir a su auto, la última vez que yo vería a Maximiliano y la última vez que yo vería y abrazaría a mi querida mamá. Estuvimos un largo rato hasta que me invitó a ir a tomar un café y hablar más tranquilos y yo accedí sin saber el destino que me iba a esperar.
Creo que no hace falta contar que pasó después porque ya lo saben …
Esta historia, además de concientizar a los jóvenes para que tengan mucho cuidado al elegir a una persona y que a la mínima acción de violencia, aunque sea verbal, sean valientes y hagan la denuncia a la policía, es también la manera que yo elegí de contar la historia de una chica que su único error fue enamorarse de la persona equivoca, el día equivocado y en el momento menos indicado de su vida.
Un lluvioso y triste, 10 de noviembre, el cáncer se lleva a mi padre, un 10 de noviembre es el día en que mi vida se derrumba para nunca más volverse a acomodarse, ya que cada mes que pasa es peor que el anterior. Después de su pérdida mi madre entró en una profunda depresión y yo no estaba mejor que ella hasta dos años después, cuando los pedazos de mi mundo se empezaron a unir de nuevo después de que lo vi a él. Gabriel es de esas personas que conoces una vez en tu vida y no las vuelves a encontrar más. Pero no todo es como una quiere, desde hace tiempo que conozco a Gabriel y nunca me había detenido a mirarlo o nunca me había detenido a verlo de esa forma y eso que lo he visto todos los días durante tres años; en ese momento no supe cuál era la razón de por qué me gustaba, si fue porque él era más grande que yo, porque la escuela es el único lugar donde frecuento o porque es un imposible.
¡Sé lo que se están imaginando y les confirmo que sí! Estoy enamorada de un hombre mayor que yo, que no solamente es casado sino que también es mi profesor de Educación Física! Si lo que están pensando es que estoy loca, les confirmo que sí, pero si ustedes lo conocieran pensarían lo mismo que yo.
Los días seguían pasando y yo no me podía olvidar de Gabriel y cada vez más me iba interesando más en él y cada vez más fui buscando mil y una excusas para acercarme. A esa altura ya no me importaba nada
Pasaron algunos días y mi relación con Gabriel se fue haciendo más cercana y no solamente éramos alumna y profesor, sino que también éramos amigos Hasta que un día todo cambio y nuestro trato no fue solamente de profesor y alumna, sino que empezamos a tener una relación clandestina y secreta para todo el mundo, para mi mundo. Con idas y vueltas Gabriel y yo cumplimos un año de relación y por supuesto él tuvo que renunciar a la escuela y también divorciarse de su esposa.
En ese año que paso yo sentía que nuestra relación ya no era como al principio, ya no había de mi parte el amor que hubo al comienzo por muchas peleas que habíamos tenido y algunas escenas bastantes complicados, como por ejemplo de celos por mis amigas o por la ropa que usaba; además en ciertas peleas Gabriel se atrevió a agarrarme muy fuerte del brazo e intentarme golpear. Sin embargo yo no podía separarme de el después de todas las cosas que tuvo que renunciar por mí.
Obviamente en la escuela yo no era bien vista por salir con un ex profesor, pero por suerte estaba en la época de vacaciones de verano y a una semana de comenzar nuevamente las clases.
Mi mamá no lo tomó muy bien, pero con el tiempo tuvo que aceptarlo Por suerte su depresión ya se había ido.
Mi relación con Gabriel cada día iba peor, hasta ese día que fue empeorando cada vez más. Gabriel me había invitado a su casa en un campo, el último fin de semana antes de empezar mi último año en la secundaria, yo sentí que ya no podía ocultarle más lo que me estaba pasando. Pensaba esperar para decírselo el domingo antes de que me llevara para mi casa, pero decidí hablarlo ese mismo día. Lamentablemente y como yo pensé no lo tomó muy bien. Pero nunca había imaginado que Gabriel sería demasiado violento cuando se enojaba. Me agarró del brazo y me pegó una cachetada y yo no supe cómo reaccionar, hasta llegué a pensar que yo tenía la culpa por haberle pedido que nos separemos.
Llegando a casa y sin haber hablado una palabra con él en el viaje, mi mamá vio el golpe en mi cara, que había tratado de tapar con maquillaje. Y gracias a ella pude comprender que yo no tenía la culpa y que no había excusa para que el me golpeara
Hablando más de dos horas con ella pude darme cuenta de que yo no estaba sola y que ella iba a estar conmigo, fuera la decisión que tomara: separarme y alejarme de él o separarme y denunciarlo por violencia. Pero decidí no hacer la denuncia por lástima o por pensar que eso había sido algo de momento y que él podía cambiar No obstante estaba segura que me separaría de él. Nuestra relación ya no podía seguir así.
Al otro día decidí llamar a Gabriel para que nos juntemos a hablar. El me propuso que vaya a su casa, pero mi mamá dijo que no, que fuese él para la mía; mi mamá se iría a la casa de mi tía para dejarnos hablar, Gabriel aceptó y quedó en ir en dos horas .
Yo no sabía cómo empezar la conversación por eso empezó a hablar él pidiéndome perdón por lo que había pasado, me dijo que me amaba y que no iba a volverá a pasar nunca más. Yo le dije que lo perdonaba y que no quería lastimarlo, pero que yo no podía y no quería seguir con él. Fue en ese momento cuando me agarró del brazo diciendo que yo no lo iba a dejar. Para mi suerte entró mi mamá y lo echó de mi casa amenazándolo con denunciarlo, no sé qué hubiese pasado si no llegaba. Con mucho miedo y preocupación me fui a dormir preparada para el otro día empezar la escuela. Esa noche me costó bastante poder dormir.
De camino a la escuela ese día sentí que un auto iba detrás de mi y con mucho miedo me di vuelta y sí, era Gabriel. Me pidió por favor si podía subir al auto para hablar con él y yo no pude decirle que no. Me pidió volvió a pedir perdón por lo que había pasado y quería ser mi amigos. Yo lo note de verdad arrepentido, por eso accedí a que tuviéramos una relación de amistad.
Mi primer día de escuela fue mejor de lo que pensé. Como era de esperar las noticias corrieron demasiado rápido y ya toda la escuela estaba enterada, pero por suerte nadie preguntó nada. Todo siguió igual, mis amigas iguales, las clases iguales, los profesores iguales excepto mis compañeros. Había llegado un chico nuevo a mi clase y como todos los asientos estaban ocupados tuvo que sentarse conmigo. Después de una hora sin hablarnos ni una palabra, nos presentamos. Y desde ese día Maximiliano y yo nos volvimos inseparables.
Los días y los meses pasaban y ya no quedaban rastros de Gabriel, ya habían pasado seis meses sin saber nada de él hasta ese día. Me levanté temprano como todos los días para ir a la escuela, desayuné con mi mamá, como todas las mañanas y me despedí de ella con un beso y un abrazo sin saber que ese sería la última vez que la volvería a ver.
Ese día yo salía de la escuela cerca de las 12 del mediodía como siempre Maximiliano me acompañaba hasta mi casa, pero tres cuadras antes de llegar apareció Gabriel, de la nada en un auto diferente al que tenía la última vez que lo había visto. Paró su auto al lado mío y me dijo que necesitaba hablar conmigo, yo me despedí de Maximiliano y subí a su auto. Todavía no encuentro la razón de por qué lo hice, pero muchos menos llegué a pensar que esa era la última vez que me iba a subir a su auto, la última vez que yo vería a Maximiliano y la última vez que yo vería y abrazaría a mi querida mamá. Estuvimos un largo rato hasta que me invitó a ir a tomar un café y hablar más tranquilos y yo accedí sin saber el destino que me iba a esperar.
Creo que no hace falta contar que pasó después porque ya lo saben …
Esta historia, además de concientizar a los jóvenes para que tengan mucho cuidado al elegir a una persona y que a la mínima acción de violencia, aunque sea verbal, sean valientes y hagan la denuncia a la policía, es también la manera que yo elegí de contar la historia de una chica que su único error fue enamorarse de la persona equivoca, el día equivocado y en el momento menos indicado de su vida.
sábado, 7 de abril de 2018
LA POLÍTICA EN ESPAÑA Por Jardiel Poncela (Cualquier parecido con lo que sucede hoy en Argentina es pura casualidad. El artículo es de 1930 y se publicó en el libro”Exceso de equipaje”)
A ROBERTO FLY, en 47, Coward Road. EDIMBURGO (ESCOCIA).
Madrid, 3 de agosto de 1930.
Mi querido tío Robbie: No sé ya el tiempo que hace que te debo una carta hablándote de política. Pero encontrarás disculpable mi pereza en cuanto sepas que el calor se ha echado bruscamente encima y nos persigue como si quisiera cobrarnos una cuenta, matando todo intento de actividad.
Hasta hace poco disfrutamos una época de bochornos breves, de breves fríos, de lluvias y de temperatura revueltísima, y, coincidiendo con estos desórdenes atmosféricos, había gentes que esperaban que viniese la República. Pero, con inexplicable sorpresa por parte de ellos, lo que ha venido ha sido el verano. Confieso que no es igual; pero opino que resultará más beneficioso para la agricultura.
He aquí, pues, el verano, tío Robbie, un verano prematuro, según es lo clásico, pues en España ni las estaciones, ni los regímenes, ni los camareros llegan nunca a tiempo, sino que llegan demasiado pronto o demasiado tarde.
¡Si vieras! Ahora da gusto vivir en Madrid. La Naturaleza es una sinfonía de verdes brillantes. Los árboles se han vestido sus mejores hojas y las plantas se han vestido sus flores más fulgentes. En cuanto a las mujeres, en su afán de llevarle siempre a alguien la contraria, han hecho al revés que las plantas y los árboles. Quiero decir que se han desnudado todo lo posible. Y de esta suerte, nuestros gobernantes, que siempre han rendido culto fervoroso al eterno femenino, disponen de magnífica ocasión para proclamar por ejemplo en sus discursos que la mujer española es la más española de las mujeres. ¡Poderosa influencia la que la mujer ha ejercido siempre en la política de España! No olvidemos aquí la existencia de una Reina que se negó a mudarse de camisa hasta tanto que el caballo de Gonzalo de Córdoba no hollase las callejuelas de Granada, ni olvidemos a las patriotas que arrastraron cañones en Madrid, Zaragoza y Gerona. Un pie de nuestra política ha estado siempre apoyado en la mujer, y por eso, cuando las Cámaras funcionaban creando verdaderas tribus de macroglosos, todos los Presidentes del Congreso y del Senado que fueron se apresuraron siempre a enviar cajitas de caramelos a las damas que resplandecían en las tribunas. Esto quería decir dos cosas: que la política española trabajaba con el pensamiento puesto en la mujer y que al Congreso y al Senado se iba a chupar, y así, el que menos chupaba, chupaba caramelos.
Pero quizás he llegado demasiado lejos y ahora temo a la crítica de los patriotas.
Porque, políticamente, España es un pueblo patriota.
Acaso aquí no importe ese patriotismo que se basa en trabajar lo más posible cada uno cu su oficio, ese patriotismo propio de pueblos sin imaginación. El nuestro es un pueblo de una imaginación frondosísima, donde todo el mundo tiene una comedia escrita y un libro de sonetos compuesto, y por tanto, nuestro patriotismo debe de ser otro. Y lo es. Nuestro patriotismo es un patriotismo político.
Para que adviertas claro la diferencia, tío Robbie, te ilustraré con un ejemplo. En los pueblos donde el patriotismo se basa en el trabajo de todos los ciudadanos, cuando dos de éstos se encuentran en la calle se preguntan:
- ¿Qué tal te va? ¿Cómo marchan tus negocios?
Mientras que en los pueblos, como España, donde el patriotismo se apoya en el trabajo de los gobernantes, cuando dos ciudadanos se encuentran en la calle se preguntan:
- ¿Qué tal te va? ¿Qué hay de política?
La política lo ha absorbido todo, lo absorbe todo. Nadie piensa en esa tontería de engrandecer la nación por su esfuerzo personal; nadie cree la simpleza de que está en sus manos la salvación del país duplicando el trabajo en su oficio y procurando hacer cada vez mejor aquello a que se ha dedicado.
Aquí la salvación y el engrandecimiento se esperan de la política. Los patriotas españoles, como tienen mucho miedo al ridículo, no quieren ser actores, sino espectadores. No quieren actuar ellos, sino ver cómo actúan
Los demás. Todos creen en la bondad de lo que no tienen y unos ponen su fe en la República, otros en el comunismo, otros en un socialismo puro, otros en un absolutismo. Y cada mañana, mientras envían un recado a la oficina diciendo que no pueden ir por estar enfermos, los patriotas piensan, poniendo los ojos en blanco:
- ¡Hasta que no venga la República!
- ¡Hasta que no venga el comunismo!
- ¡Hasta que el socialismo no nos rija! Etcétera, etc.
Por la tarde, los patriotas van al café. Todos los cafés de España están abarrotados de patriotas. En los cafés es donde extienden sus viscosas alas los políticos españoles.
Llegan los patriotas, tutean al camarero, piden café y exigen que se lo echen rebosando. Comentan la temperatura y el clima y por fin se hacen unos a otros la pregunta asquerosa de siempre:
- Bueno, señores..., ¿qué hay de política?
Es el momento en que tras un breve debate se llega a la conclusión de que las personas que están al frente del Gobierno no saben dónde tienen la mano derecha. Da lo mismo que sea liberal, conservador, amarillo o rojo. ¿Rige el país en aquel momento? Pues es un grullo. Para corroborar esta opinión, se habla de políticos muertos a los que en vida y cuando estuvieron en el poder se les llamó grullos también e incluso se les asesinó en plena calle, y asimismo se saca a colación a los políticos contemporáneos que se hallan en el ostracismo. Uno de los patriotas lleva la voz cantante:
- García López... No hay más esperanza que García. López.
Y todos asienten:
- Eso, eso, García López.
Sin acordarse de las monstruosidades que, años atrás, cuando gobernaba García López, dijeron todos en otro café semejante de García López y de García Sánchez, su respetable padre.
Un día se grita:
- ¡Hay que pegar duro! ¡Esto no lo arregla más que el que pegue duro!
Y eso mismo se grita otro día, y otro y otro. Por fin alguien empieza a pegar duro. Y se oye gritar en los cafés:
- ¡Muy bien! ¡Así!
Pero a la semana justa ya no se grita, sino que se ruge bajando la voz:
- ¡Esto es una vergüenza! Los pueblos no se rigen con el látigo. ¿Y la libertad? ¿Y el derecho de gentes? ¡No tenemos pundonor tolerando semejante cosa...! ¿Qué hace el partido socialista? ¿Y ese partido socialista... ?
Un día, con motivo de una huelga general, algunos socialistas se lanzan a la calle. Suenan tiros. Crepitan las ametralladoras en los barrios populares.
Y se oye decir en los cales:
- Pero ¿usted cree que esto puede resistirse? ¡Andar a tiros por las calles! ¡Interrumpir la vida ciudadana...! Para venir al café he tenido que dar un rodeo enorme... ¿Qué es lo que quieren esos fantasmones de socialistas?
Pero a las cuarenta y ocho horas los socialistas se rinden al Gobierno.
Y aquella tarde se vuelve a gritar en los cafés:
- ¿Eh? ¿Qué decía yo? ¡Son unas liebres! Aquí no hay más salvación que el comunismo...
He aquí el módulo de la política española, tío Robbie, en lo que ¡afecta a la intervención de la opinión pública. Sinceramente, ¿qué remedio le ves tú a todo esto?
Edimburgo-Madrid.
-Querido sobrino: sólo veo un remedio: cerrar todos los cafés y abrir todas las cabezas. ROBBIE.
- Pero tu remedio es casi imposible, tío Robbie. A lo primero se opondrían los dueños de los cafés y a lo segundo los dueños de las cabezas. Seguiremos siempre así, ya lo verás. Es la raza.
Un abrazo de tu sobrino. ENRIQUE.
sábado, 31 de marzo de 2018
Las cinco dificultades para decir la verdad Por Bertolt Brecht Berlín (Alemania), 1934. -1° parte.
El que quiera luchar hoy contra la mentira y la ignorancia y escribir la verdad tendrá que vencer por lo menos cinco dificultades. Tendrá que tener el valor de escribir la verdad aunque se la desfigure por doquier; la inteligencia necesaria para descubrirla; el arte de hacerla manejable como un arma; el discernimiento indispensable para difundirla. Tales dificultades son enormes para los que escriben bajo el fascismo, pero también para los exiliados y los expulsados, y para los que viven en las democracias burguesas.
Para mucha gente es evidente que el escritor debe escribir la verdad; es decir, no debe rechazarla ni ocultarla, ni deformarla. No debe doblegarse ante los poderosos; no debe engañar a los débiles. Pero es difícil resistir a los poderosos y muy provechoso engañar a los débiles. Incurrir en la desgracia ante los poderosos equivale a la renuncia, y renunciar al trabajo es renunciar al salario. Renunciar a la gloria de los poderosos significa frecuentemente renunciar a la gloria en general. Para todo ello se necesita mucho valor.
Cuando impera la represión más feroz gusta hablar de cosas grandes y nobles. Es entonces cuando se necesita valor para hablar de las cosas pequeñas y vulgares, como la alimentación y la vivienda de los obreros. Por doquier aparece la consigna: «No hay pasión más noble que el amor al sacrificio».
En lugar de entonar ditirambos sobre el campesino hay que hablar de máquinas y de abonos que facilitarían el trabajo que se ensalza. Cuando se clama por todas las antenas que el hombre inculto e ignorante es mejor que el hombre cultivado e instruido, hay que tener valor para plantearse el interrogante: ¿Mejor para quién? Cuando se habla de razas perfectas y razas imperfectas, el valor está en decir: ¿Es que el hambre, la ignorancia y la guerra no crean taras?
También se necesita valor para decir la verdad sobre sí mismo cuando se es un vencido. Muchos perseguidos pierden la facultad de reconocer sus errores, la persecución les parece la injusticia suprema; los verdugos persiguen, luego son malos; las víctimas se consideran perseguidas por su bondad. En realidad esa bondad ha sido vencida. Por consiguiente, era una bondad débil e impropia, una bondad incierta, pues no es justo pensar que la bondad implica la debilidad, como la lluvia la humedad. Decir que los buenos fueron vencidos no porque eran buenos sino porque eran débiles requiere cierto valor.
Escribir la verdad es luchar contra la mentira, pero la verdad no debe ser algo general, elevado y ambiguo, pues son estas las brechas por donde se desliza la mentira. El mentiroso se reconoce por su afición a las generalidades, como el hombre verídico por su vocación a las cosas prácticas, reales, tangibles. No se necesita un gran valor para deplorar en general la maldad del mundo y el triunfo de la brutalidad, ni para anunciar con estruendo el triunfo del espíritu en países donde éste es todavía concebible. Muchos se creen apuntados por cañones cuando solamente gemelos de teatro se orientan hacia ellos. Formulan reclamaciones generales en un mundo de amigos inofensivos y reclaman una justicia general por la que no han combatido nunca. También reclaman una libertad general: la de seguir percibiendo su parte habitual del botín. En síntesis sólo admiten una verdad: la que les suena bien. Pero si la verdad se presenta bajo una forma seca, en cifras y en hechos, y exige ser confirmada, ya no sabrán qué hacer. Tal verdad no les exalta. Del hombre veraz sólo tienen la apariencia. Su gran desgracia es que no conocen la verdad.
I. El valor de escribir la verdad
Para mucha gente es evidente que el escritor debe escribir la verdad; es decir, no debe rechazarla ni ocultarla, ni deformarla. No debe doblegarse ante los poderosos; no debe engañar a los débiles. Pero es difícil resistir a los poderosos y muy provechoso engañar a los débiles. Incurrir en la desgracia ante los poderosos equivale a la renuncia, y renunciar al trabajo es renunciar al salario. Renunciar a la gloria de los poderosos significa frecuentemente renunciar a la gloria en general. Para todo ello se necesita mucho valor.
Cuando impera la represión más feroz gusta hablar de cosas grandes y nobles. Es entonces cuando se necesita valor para hablar de las cosas pequeñas y vulgares, como la alimentación y la vivienda de los obreros. Por doquier aparece la consigna: «No hay pasión más noble que el amor al sacrificio».
En lugar de entonar ditirambos sobre el campesino hay que hablar de máquinas y de abonos que facilitarían el trabajo que se ensalza. Cuando se clama por todas las antenas que el hombre inculto e ignorante es mejor que el hombre cultivado e instruido, hay que tener valor para plantearse el interrogante: ¿Mejor para quién? Cuando se habla de razas perfectas y razas imperfectas, el valor está en decir: ¿Es que el hambre, la ignorancia y la guerra no crean taras?
También se necesita valor para decir la verdad sobre sí mismo cuando se es un vencido. Muchos perseguidos pierden la facultad de reconocer sus errores, la persecución les parece la injusticia suprema; los verdugos persiguen, luego son malos; las víctimas se consideran perseguidas por su bondad. En realidad esa bondad ha sido vencida. Por consiguiente, era una bondad débil e impropia, una bondad incierta, pues no es justo pensar que la bondad implica la debilidad, como la lluvia la humedad. Decir que los buenos fueron vencidos no porque eran buenos sino porque eran débiles requiere cierto valor.
Escribir la verdad es luchar contra la mentira, pero la verdad no debe ser algo general, elevado y ambiguo, pues son estas las brechas por donde se desliza la mentira. El mentiroso se reconoce por su afición a las generalidades, como el hombre verídico por su vocación a las cosas prácticas, reales, tangibles. No se necesita un gran valor para deplorar en general la maldad del mundo y el triunfo de la brutalidad, ni para anunciar con estruendo el triunfo del espíritu en países donde éste es todavía concebible. Muchos se creen apuntados por cañones cuando solamente gemelos de teatro se orientan hacia ellos. Formulan reclamaciones generales en un mundo de amigos inofensivos y reclaman una justicia general por la que no han combatido nunca. También reclaman una libertad general: la de seguir percibiendo su parte habitual del botín. En síntesis sólo admiten una verdad: la que les suena bien. Pero si la verdad se presenta bajo una forma seca, en cifras y en hechos, y exige ser confirmada, ya no sabrán qué hacer. Tal verdad no les exalta. Del hombre veraz sólo tienen la apariencia. Su gran desgracia es que no conocen la verdad.
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