sábado, 5 de mayo de 2018

Las Enseñanzas para Kagemni (De un papiro egipcio del S, 2614 AC)

 - Si te sientas con una multitud, rechaza los panes que deseas.
- Es un momento pequeño el autocontrol, pero una bajeza es la glotonería.
- Se la señala con el dedo la taza de agua que apaga la sed y aquella que llena la boca con vegetales comestibles fortifica el corazón.
 -Lo que está bien suple a lo que es bueno y un poco de una cosa pequeña suple a lo abundante.
- Un hombre débil es aquel que codicia para su cuerpo, pues pasa el tiempo después de olvidar a quienes pasearon libremente el vientre por sus casas.
- Si te sientas junto a un glotón, deberás comer cuando su apetito febril pasó. Si bebes
con un borracho, deberás tomar cuando su deseo está satisfecho. No seas ávido
hacia la carne cerca de un codicioso.
- Toma cuando te den. No rehúses ello. Así que lo que calma es esto. En cuanto a aquel que carece de reproches por el alimento, no prevalece ninguna palabra contra él después de irritarse la cara contra el glotón.
- Quien le complace es quien es rudo hacia su madre. Sus servidores son todos.
- Haz que salga tu nombre mientras tu silencio está en tu boca.
- Cuando seas llamado, no engrandezcas tu corazón por tu poder en medio de los jóvenes tuyos. Guárdate de oponerte pues no se conoce lo que puede ocurrir y lo que hace dios cuando castiga.
  Entonces hizo el visir que se llamara a sus hijos después que hubiera conocido la conducta de la gente y que los comportamientos suyos provenían de ella. Al final les dijo: 'En cuanto a lo que está todo por escrito en el rollo de papiro oídlo del mismo modo que lo digo. No imitéis más que aquello que se ordena.
En consecuencia se colocaron sobre los vientres y a continuación estuvieron leyéndolo del mismo modo que estaba en el libro. En consecuencia fue hermosos en sus corazones más que todas las cosas que están en esta tierra entera. Por consiguiente vivieron de acuerdo a ello. Entonces la majestad del rey del Alto y Bajo Egipto Huni murió.
Luego se instaló la majestad del rey del Alto y Bajo Egipto Seneferu como un rey excelente en toda esta tierra. Entonces fue colocado Kagemni como supervisor de la ciudad y visir.
Significa que acabó.

JUICIOS POR CORTE DE TRENZAS-Por Juan Carlos Pirali. De su libro “Causas judiciales Historia de casos tratados en el Departamento Judicial de Dolores”

Una de las venganzas que solían utilizar los hombres despechados o difamados por una mujer en tiempos pasados, era cortarle las trenzas con su cuchillo, lo cual significaba una grave ofensa para la dama.
Uno de esos hechos ocurrió en el partido de Lobería en el año 1868, en el que intervino el Juez de Paz de ese pueblo D. Enrique Haymes, quien le tomó declaración al imputado al que remitió junto al sumario ante los Tribunales de Dolores.
En su actuación, el Juez de Paz de Lobería expresaba: "A 30 de septiembre de 1868, hice comparecer a mi presencia y ante los testigos con quienes actuó, a un hombre preso de resultas de este sumario, al cual exigí la promesa que hizo, de decir verdad de cuanto supiere y le fuere preguntado; y siéndole por su nombre, estado, edad, patria, vecindario, ejercicio y religión y si sabe o sospecha la causa de su prisión. Dijo: que se llama José Aguirre, de estado casado, de edad de veinticinco años, natural de Santiago, de ejercicio jornalero y de religión católica apostólica romana y que supone que su prisión nacerá de haberle pegado una cachetada y haberle cortado las trenzas a Doña Martina Benítez, el día 17 del corriente mes y que esto lo hizo porque dicha señora había dicho que su mujer era una puta: y porque él había dado fe de la persona de Doña Martina Benítez: Preguntado de qué manera perpetró este hecho, de qué medio se valió y de qué armas. Dijo: que el día arriba indicado estando en su casa por la mañana temprano, llegó el vecino Justo Palma y le dijo, que acababa de dejar en su casa a la individua Martina Benítez, que había ido a pedirle licencia para vivir en ella porque la habían echado de la casa donde paraba; y que por no darle licencia había ido a su casa evadiéndose de ese modo de ese compromiso; que después de un momento se retiró el mencionado Palma y el declarante lo siguió en su compaña con la intención formada de pedirle explicaciones a la mencionada individua, sobre lo que había hablado de su mujer, que antes de llegar a las casas, Palma se separó de él diciéndole que se iba a repuntar, y el declarante llegó entonces a la casa, se bajó del caballo y entró a la cocina donde encontró a Martina Benítez que conversaba con la dueña de casa doña Justa Palma; que en el momento de estar allí la referida Martina le dijo a un chico que allí estaba, que ensillara los caballos para ver si iban de una vez a lo de Don Zenón. Que habiendo obedecido el chico al rato volvió, diciendo que ya estaban los caballos ensillados, que entonces Martina se despidió de ellos y se retiró, quedándose el declarante conversando con Doña Justa; que al rato de esto salió, montó a caballo y como a distancia de tres cuadras de las casas los alcanzó y que siguiendo caminando le preguntó a Martina porqué había hablado mal de su mujer, a lo que respondió que ella no había hablado nada, que habiendo insistido por varias veces el declarante a que le contestase de un modo satisfactorio, y que habiéndose ella, obstinado a no contestarle nada, le pegó una cachetada, que siguieron caminando y que ella lloraba, que al poco andar se bajó del caballo el declarante, la agarró de una mano, la dio en tierra y le cortó las trenzas, valiéndose de su cuchillo, y que dejándola en ese estado montó en su caballo y se fue en dirección a un puesto del establecimiento del señor Cárdenas, denominado San Pedro, que allí se estuvo hasta la sobretarde de ese día, retirándose después para su casa, que habiendo echado la tropilla para agarrar un caballo y habiéndose disparado uno al campo, lo corrió y cuando volvió, vio que venían en dirección a él unos tres hombres, a su juicio una comisión, como que efectivamente lo era, y la que lo aprehendió y lo llevaron a lo del Alcalde, de donde salió al día siguiente para este Juzgado conducido con custodia y donde ha permanecido preso hasta el día de hoy.
 Habiéndole puesto de manifiesto el cuchillo y preguntándosele si lo conoce dijo, que es el suyo y el mismo que usó para cortarle las trenzas a Martina Benítez, con lo cual se suspendió esta declaración y leída que le fue dijo ser la misma que ha prestado y en la que se ratifica y firmó por él une de los testigos a su ruego por decir no saber hacerlo".
A ruego del declarante José Aguirre por no saber firmar y como testigo: Felipe Carrera Firman: Juan B. Couvinale (Testigo) y Enrique Haymes (Juez de Paz) Aguirre fue conducido ante el Juzgado en lo Criminal de Dolores y alojado en la cárcel de esa ciudad, donde permaneció hasta abril de 1869, en que el juez dispuso que fuera puesto en libertad.

Otros casos similares

Otro caso de corte de trenza ocurrió en diciembre de 1877 en Balcarce, el que tuvo como protagonista a Cirilo Bargas, quien fue aprehendido por el alcalde Mauricio Roldan y entregado al comisario de ese partido, D. Paulino Amarante, con un informe que decía: ".. .por haberse trabado en lucha con malos fines con Cupertina Ávila y haberle cortado las trenzas con el cuchillo". En su declaración, Bargas expresó que sabía que había sido detenido por cortarle la cabellera a Cupertina, y que tenía relaciones secretas con ella en un puesto de la estancia San Simón.
El Juez de Paz de San José de Balcarce, D. Juan P. Amarante, remitió al Juez en lo Criminal de Dolores, Dr. Julián Aguirre, al procesado Bargas con sumario por atropello y corte de cabello a Cupertina Ávila.
El juez Aguirre resolvió sobreseer a Bargas el 16 de junio de 1878 y; ordenar la libertad del acusado, previa consulta de la Exma. Cámara. Ésta determinó que habiendo cumplido el reo 7 meses de prisión, se hallaba suficientemente compurgado el delito, no existiendo para dejar abierto el proceso.

En 1880

Esa práctica ofensiva para la mujer, se repitió en varias ocasiones y las causas llegaron a la justicia. Otro de esos casos ocurrió en 1880 en el partido de Balcarce, teniéndose conocimiento a raíz de una denuncia efectuada por Petrona Espinosa, ante el juez de paz de San José de Balcarce el 14 de abril del citado año.
La denunciante decía: "Hace como diez meses, mi amiga Dorotea Díaz llevó a mi hija Justa de 19 años de edad con objeto de un paseo. Ese paseo ha sido tan largo que desde entonces a la fecha ni noticias me ha dado de mi hija, a pesar de haber hecho varios viajes adonde ella se encuentra. En uno de esos viajes, habiéndole preguntado por qué no traía a mi hija, me contestó que la había dejado conchabada en la casa de Margarita Díaz. En ese estado me he visto en la necesidad de hacer un sacrificio y mandar un chasque al lugar donde se encuentra mi hija para saber algo de ella. A los tres días regresó el chasque, comunicándome que un tal Gabriel Díaz, sobrino de Dorotea, le había cortado las dos trenzas en un baile que tuvo lugar en la casa de Ángela Villalba, hija de Dorotea".
Al no tener novedades sobre ese hecho, Petrona Espinosa se dirigió el juez en lo Criminal de Dolores Julián Aguirre, diciéndole que su amiga Dorotea ha abusado de su confianza, reteniendo indebidamente a su hija, y dando lugar a que Gabriel Díaz cometiera el hecho criminal de cortarle las trenzas, pidiéndole que haga caer sobre él todo el peso de la ley.
El Dr. Aguirre solicitó información al respecto al juez de paz de Bal-carce, Francisco Rodríguez y éste, a su vez, envió oficios a los alcaldes del partido de Balcarce, para que informaran en la brevedad lo ocurrido, de acuerdo con la denuncia de Petrona Espinosa, y que dieran con el paradero de Justa Espinosa y Gabriel Díaz, pero todos los informes fueron negativos, ya que esas personas no se encontraban en el partido.
El juez de paz remitió las diligencias practicadas en su juzgado, al juez en lo Criminal de Dolores y éste ordenó el archivo de la causa hasta que aparecieran las personas buscadas.

martes, 1 de mayo de 2018

PROYECTO DE REFORMA DE OPOSICIONES A LA JUDICATURA - Por Jardiel Poncela, año 1943 (Y creían que era un invento de Borges!!)

Queridos amigos:
Me propongo hoy ocuparme del programa de las oposiciones a la Judicatura, pero antes de entrar en materia permitidme que primero hablemos algo acerca de Viena. Atended un momento, señores, y sabed que cu Viena se ha aprobado una nueva ley merced a la cual los jueces que tengan que dictar sentencia en las causas de atropellos de automóviles deberán estar en la obligación de saber conducir.
Yo no sé si os dais cuenta de la importancia de esta disposición, que a mi me parece el colmo de la sabiduría y de la previsión. De todos los miles de trucos que los hombres de leyes han inventado para complicar al resto de los hombres, este último es el que tiene más razón de ser. Vamos a desmenuzarlo concienzudamente, demostrando cómo va a influir poderosamente en el programa de oposiciones a la Judicatura. Y antes que eso estudiemos qué es la ley y cómo nace la ley. Incluso puede que le tomemos ley al tema. Sobre todo si yo logro hablar en plata. En plata de ley. Primera e importantísima cuestión que se presenta: ¿La ley es imprescindible?
O, dicho de otra manera: ¿Se puede vivir sin leyes?
Yo sólo veo una respuesta, y esta respuesta es espantosa: la ley no es imprescindible. Se puede vivir sin leyes. Lo que ha provocado hace siglos el nacimiento de las leyes fue el aburrimiento.
Retrocedamos al principio del mundo. Os suplico un poco de imaginación. Ya estamos en el principio del mundo. Ya estamos en el caos. Fuerzas terribles e imponderables lo conmueven todo.
Nada existe, pero existe todo en la nada (¡qué frase tan caótica!). Minerales, gases, materias inflamadas, fluidos, corrientes, vendavales, chispas, explosiones gigantescas; esto es el Universo. Esto es el caos. ¿Os formáis idea? Pero aun puedo dar una sensación más descriptiva del caos por medio de la palabra incongruente, he aquí por ejemplo, una descripción del caos: Bandonion esprocicmto gin-canto blumba en condifonterano de esprun de espun briviesco laba-ringologio un nocen guindas. ¿No os da esto idea exacta del caos? ¿Sí? Pues adelante. Pasan los siglos, se forman los sistemas solares, se forman los planetas. Surge el hombre. El hombre primitivo es más feo que peinarse con un rastrillo. Vive como una bestia; come los cocos con cáscara y los animales con piel. Se las tiene que ver con tipos de la categoría del diplodocus o del ictiosaurio, y para cazarlos les atiza en la cabeza con el tronco de una encina prehistórica. Es lo más bruto que os podéis imaginar. Y sentiría que molestase mi descripción del hombre primitivo, pues ya me doy cuenta de que descendéis de él; pero no olvidéis ni por un momento que también desciendo de él yo. Así es que la cosa nos alcanza por igual a todos.
Cuando el hombre primitivo lleva una temporada a estacazo limpio con la naturaleza surge la mujer. El hombre y la mujer comienzan la vida en común. Ella se mira el rostro en los arroyos; él sigue arrimándoles estacazos a los diplodocus y a los ictiosaurios. Un día sus quehaceres se invierten. Y al hombre se le ocurre mirarse el rostro en un arroyo. Y a la mujer se le ocurre coger una de las estacas y dejársela caer al hombre en la nuca. Es el origen del amor.
El hombre primitivo y la mujer primitiva ríen, gozan, sufren, comen, duermen, tienen hijos, etc., etc. O lo que es lo mismo, viven. Y veamos ahora, que ya hemos llegado al momento de la vida, cómo las leyes nacen del aburrimiento.
El hombre y la mujer subsisten una serie de años haciendo siempre las mismas cosas, cuando un día hacen, de pronto, una cosa nueva: bostezar. Pero a ese primer bostezo siguen tantos otros, que incluso llega un momento en que también se cansan de bostezar. ¿Qué ha ocurrido? Sencillamente, señores, que ha nacido el aburrimiento, monstruo más terrible que el propio diplodocus y que el propio ictiosaurio.
Y es en una tarde de aburrimiento, tumbado al sol tripa arriba, cuando el hombre observa cómo la mujer va y viene al arroyo donde se mira el rostro. Y el hombre piensa: Ya me estoy yo hartando de coqueterías, y se añade: ¡Esto se ha acabado!, y se levanta, coge del brazo a la mujer y la dice: Oye, prohibido en absoluto que te mires en el arroyo más que dos veces diarias.
Y ha nacido la primera ley: la ley del marido.
Otro día, un hombre primitivo se balancea en pleno aburrimiento, encaramado en la copa de un árbol; arranca una ramita, la chupa, se retuerce el dedo gordo del pie izquierdo, juega a ponerse bizco; en suma, hace lo posible por divertirse, sin lograrlo demasiado. Entonces se acuerda de pronto de que otro hombre primitivo amigo suyo tiene una estaca el doble de grande que la suya, y se baja del árbol, se mete en la cueva del amigo y se lleva la estaca a su propia cueva. El propietario pone el grito en el cielo al verse sin su estaca, cuenta el caso a otros hombres primitivos, tan primitivos como el ladrón y como él, y todos de acuerdo, deciden agarrar al que se ha llevado la estaca y rompérsela en las costillas.
¿Qué ha ocurrido?
Que acaban de nacer tres nuevas leyes: la ley de la propiedad, la ley de la represión y la ley de la fuerza.
Otro día, el objeto del robo no es una estaca, sino una mujer. El hombre despojado vuelve a llamar en su auxilio a las amistades, y el seductor es arrojado a un estanque de dolicosaurios, junto con la adúltera.
¿Y esto, qué es?
Que ha nacido otra ley: la ley que castiga el adulterio.
Otro hombre aburrido, más fuerte que los demás, cae en la manía de distraer su aburrimiento arrancándoles mechones de pelo a todos los semejantes más débiles que él que encuentra.
Por fin, estas pobres víctimas se hartan. Y se reúnen, y todos juntos se van a ver al ciudadano abusón, y le dicen: En lo sucesivo, ojo con tocar a ninguno de nosotros, porque si lo haces, vendrán los demás y te mascarán la nuez.
¿Qué ha sucedido?
Que ha nacido la ley de agrupaciones.
Ya se ha visto cómo han nacido las leyes. Pero sin el aburrimiento del abusón, y del seductor, y del ladrón, y del hombre que tomaba el sol boca arriba, ¿habrían nacido las leyes? No, seguramente.
Con lo que queda demostrado que las leyes han sido el fruto del aburrimiento.
Y ahora pasemos de un salto a la nueva ley implantada en Viena y sopesémosla.
Obligar a saber conducir automóviles a aquellos jueces que han de fallar en asuntos de atropellos de automóviles es el máximum de la sensatez.
Sólo sabiendo él mismo conducir a la perfección puede un juez dictaminar sobre si la culpa del atropello la tiene el chofer, el atropellado o el automóvil.
Porque hay choferes, preocupados por las pantorrillas de Celia Gámez, que al que se pone delante lo hacen migas; pero también hay transeúntes que cruzan la calle estudiando Álgebra y se meten materialmente bajo las ruedas, y también hay finalmente automóviles que hacen lo que se les da la gana.
Yo conduje una vez un automóvil, con el que no podía uno descuidarse un segundo, porque tenía la manía de tirar los puestos de periódicos. Y si veía una tienda de gramófonos se colaba por el escaparate. Y si nos cruzábamos con una camioneta se iba detrás de ella.
La mayor prueba de que existen autos con voluntad propia, que hacen lo que les da la gana, la tenéis en que el día en que uno conduce un auto por primera vez y se encuentra de frente con un árbol, ya se puede virar hacia los lados, que se chafa uno contra el árbol inexorablemente.
El juez que tenga que entender en asuntos de atropellos de automóvil debe saber conducirlo. Esto es indiscutible. En Viena tienen razón.
Pero... ¿sólo han de necesitar conducir los que entiendan en asuntos de atropellos de automóvil...? Yo haría extensivo el acuerdo a los restantes problemas jurídicos.
Para juzgar una cosa debe conocerse a fondo. Esto es tan ético, que parece mentira que no se haya caído en ello antes.
Y por eso mismo debe extenderse a lo demás. Y el que juzgue a un criminal debe saber matar con absoluta limpieza, y el que haya de verse en el trance de juzgar un adulterio tiene que haber sido adúltero, por lo menos, veintiocho veces.
Yo comprendo que esto es revolucionar demasiado. Pero no hay más remedio, señores radioyentes, no hay más remedio...
Hoy, tal como las cosas se hallan constituidas y organizadas, un ladrón se presenta ante el juez y puede meterle camelos impunemente.
- Señor juez: juro que soy inocente. Es verdad que yo entré en la casa a medianoche con una palanqueta, pero mi propósito no era más que abrir la puerta del cuarto de la criada, porque es de mi pueblo y estaba ya al caer, señor juez... Una vez dentro de lacasa, vi la caja de caudales abierta, y para que no la robasen la vacié yo, con el propósito de llevar el dinero al día siguiente... Sólo que, claro, luego me ha dado pereza llevarlo.
Esto puede decir un acusado de robo hoy día. Pero el día que los jueces que entiendan en estos asuntos estén entrenados en el asalto nocturno de domicilios, aquel día el ladrón no podrá meter semejantes camelos, porque el juez le gritará iracundo:
- ¡Mentira! Ha abierto usted la caja con el soplete oxhídrico.
- Pero, señor juez, que le juro que no...
Y el juez diría:
-¡Basta! ¿Me va a enseñar a mí cómo se hace eso? ¡Estoy harto de robar cajas de caudales con ese procedimiento!
Y el ladrón tendría que callar y aguantarse con la condena.
Y lo mismo en el crimen.
Hoy un criminal puede encerrarse en una negativa, afirmando que fue la víctima la que se dio el navajazo en un rapto de desesperación.
Pero con la aplicación de la ley de Viena no habría criminal que pudiera convencer de eso a ningún juez.
El juez se reiría moviendo la cabeza de un lado a otro.
-¡Sí, sí!... Mire, amigo, pasan de treinta las personas que he despachado yo. Y sé perfectamente que en esos casos de suicidio con arma blanca aparecen siempre, además de la herida mortal, una herida leve. Porque el suicida, con la mano debilitada por el instinto de conservación, se hiere primero superficialmente, y es luego haciendo acopio de energías desesperadas cuando se produce la herida de la que muere. Ande, ande, vaya a contarle esos cuentos chinos a quien no haya asesinado a nadie nunca. A mí no me la da.
Y el criminal no tendría salvación.
¿Y qué sentencias admirables no podría citar juzgando un caso de adulterio aquel juez que se la hubiese pegado cuarenta y siete veces a su señora? ¡Oh! No habría subterfugio, ni mentira, ni engaño, ni trampa, por hábil que fuese, en la que cayese ese juez.
Por todo eso, señores, venimos de la mano a la proposición con que he comenzado esta charla. Hay que aplicar en España in extenso esa nueva ley implantada en Viena.
Ya hay que reformar el programa de las oposiciones a la Judicatura.
En adelante, además de las materias doctas y prácticas que para esas oposiciones se exigen, tendrían que figurar en ellas materias nuevas. Por ejemplo:
Veintiocho temas de robos a mano armada.
Treinta temas de robo con escalo.
Cuarenta y cinco temas de asesinato en cuadrilla y doce de asesinato individual.
Veinte temas de adulterio reiterado.
Cuarenta temas de chantaje a sociedades constituidas.
Etcétera, etc.
Sin contar una extensa práctica que habría que demostrar en examen en todas esas materias.
Yo comprendo que esto complicaría mucho las oposiciones, pero la sociedad moderna requiere sacrificios cada vez más grandes.

sábado, 21 de abril de 2018

Mientras te miro - Por Rafael Serrano Ruiz

Sentimientos que renacen
esperando tu presencia.
!Verte!
Sentirte a mi lado.
Ver tu llegada luciendo esos aires
tan tuyos, tan propios, tan míos.

Mientras me hablas,
mientras te miro,
mil ideas pueblan mi mente…
quiero sentirme querido

¡Que culpa tengo yo de tal quimera¡
Lloro desesperado al no tenerte,
por no poder disfrutar de tu presencia,
por ese intenso dolor de lo imposible…
por tu falta de amor….
por no dejar de quererte.

Lloro porque el tiempo pasado
siga latente…
porque te sepa querer como mereces,
por tus cálidas manos en mi frente,
por tus besos de amor…
.
Un nuevo renacer
donde evitar los errores
de compartir el amor
que como un torrente,
destrozó nuestra vida
en el pasado …
y en el presente.

Las cinco dificultades para decir la verdad Por Bertolt Brecht Berlín (Alemania), 1934. (Continuación)

III. El arte de hacer la verdad manejable como arma


La verdad debe decirse pensando en sus consecuencias sobre la conducta de los que la reciben. Hay verdades sin consecuencias prácticas. Por ejemplo, esa opinión tan extendida sobre la barbarie: el fascismo sería debido a una oleada de barbarie que se ha abatido sobre varios países, como una plaga natural.
Así, al lado y por encima del capitalismo y del socialismo habría nacido una tercera fuerza: el fascismo. Para mi, el fascismo es una fase histérica del capitalismo, y, por consiguiente, algo muy nuevo y muy viejo. En un país fascista el capitalismo existe solamente como fascismo. Combatirlo es combatir el capitalismo, y bajo su forma más cruda, más insolente, más opresiva, más engañosa. Entonces, ¿de qué sirve decir la verdad sobre el fascismo que se condena si no se dice nada contra el capitalismo que lo origina? Una verdad de este género no reporta ninguna utilidad práctica. Estar contra el fascismo sin estar contra el capitalismo, rebelarse contra la barbarie que nace de la barbarie, equivale a reclamar una parte del ternero y oponerse a sacrificarlo.
Los demócratas burgueses condenan con énfasis los métodos bárbaros de sus vecinos, y sus acusaciones impresionan tanto a sus auditorios que éstos olvidan que tales métodos se practican también en sus propios países. Ciertos países logran todavía conservar sus formas de propiedad gracias a medios menos violentos que otros. Sin embargo, los monopolios capitalistas originan por doquier condiciones bárbaras en las fábricas, en las minas y en los campos. Pero mientras que las democracias burguesas garantizan a los capitalistas, sin recurso a la violencia, la posesión de los medios de producción, la barbarie se reconoce en que los monopolios sólo pueden ser defendidos por la violencia declarada. Ciertos países no tienen necesidad, para mantener sus monopolios bárbaros, de destruir la legalidad instituida, ni su confort cultural (filosofía, arte, literatura); de ahí que acepten perfectamente oír a los exiliados alemanes estigmatizar su propio régimen por haber destruido esas comodidades. A sus ojos es un argumento suplementario en favor de la guerra.
¿Puede decirse que respetan la verdad los que gritan: «Guerra sin cuartel a Alemania, que es hoy la verdadera patria del «mal», la oficina del infierno, el trono del anticristo»? No. Los que así gritan son tontos, impotentes gentes peligrosas. Sus discursos tienden a la destrucción de un país, de un país entero con todos sus habitantes, pues los gases asfixiantes no perdonan a los inocentes. Los que ignoran la verdad se expresan de un modo superficial, general e impreciso. Peroran sobre el «alemán», estigmatizan el «mal», y sus auditorios se interrogan: ¿Debemos dejar de ser alemanes? ¿Bastará con que seamos buenos para que el infierno desaparezca? Cuando manejan sus tópicos sobre la barbarie salida de la barbarie resultan impotentes para suscitar la acción. En realidad no se dirigen a nadie. Para terminar con la barbarie se contentan con predicar la mejora de las costumbres mediante el desarrollo de la cultura. Eso equivale a limitarse a aislar algunos eslabones en la cadena de las causas y a considerar como potencias irremediables ciertas fuerzas determinantes, mientras que se dejan en la oscuridad las fuerzas que preparan las catástrofes. Un poco de luz y los verdaderos responsables de las catástrofes aparecen claramente: los hombres. Vivimos una época en que el destino del hombre es el hombre. El fascismo no es una plaga que tendría su origen en la «naturaleza» del hombre. Por lo demás, es un modo de presentar las catástrofes naturales que restituyen al hombre su dignidad porque se dirigen a su fuerza combativa.
El que quiera describir el fascismo y la guerra grandes desgracias, pero no calamidades «naturales» debe hablar un lenguaje práctico: mostrar que esas desgracias son un efecto de la lucha de clases; poseedores de medios de producción contra masas obreras. Para presentar verídicamente un estado de cosas nefasto, mostrad que tiene causas remediables. Cuando se sabe que la desgracia tiene un remedio, es posible combatirla.

IV. Cómo saber a quién confiar la verdad


Un hábito secular, propio del comercio de la cosa escrita, hace que el escritor no se ocupe de la difusión de sus obras. Se figura que su editor, u otro intermediario, las distribuye a todo el mundo. Y se dice: yo hablo, y los que quieren entenderme, me entienden. En la realidad, el escritor habla, y los que pueden pagar, le entienden. Sus palabras jamás llegan a todos, y los que las escuchan no quieren entenderlo todo. Sobre esto se ha dicho ya muchas cosas, pero no las suficientes.
Transformar la «acción de escribir a alguien» en «acto de escribir» es algo que me parece grave y nocivo. La verdad no puede ser simplemente escrita; hay que escribirla a alguien. A alguien que sepa utilizarla. Los escritores y los lectores descubren la verdad juntos. Para ser revelado, el bien sólo necesita ser bien escuchado, pero la verdad debe ser dicha con astucia y comprendida del mismo modo. Para nosotros, escritores, es importante saber a quién la decimos y quién nos la dice; a los que viven en condiciones intolerables debemos decirles la verdad sobre esas condiciones, y esa verdad debe venirnos de ellos. No nos
dirijamos solamente a las gentes de un solo sector: hay otros que evolucionan y se hacen susceptibles de entendernos. Hasta los verdugos son accesibles, con tal que comiencen a temer por sus vidas. Los campesinos de Baviera, que se oponían a todo cambio de régimen, se hicieron permeables a las ideas revolucionarias cuando vieron que sus hijos, al volver de una larga guerra, quedaban reducidos al paro forzoso.
La verdad tiene un tono. Nuestro deber es encontrarlo. Ordinariamente se adopta un tono suave y dolorido: «yo soy incapaz de hacer daño a una mosca». Esto tiene la virtud de hundir en la miseria a quien lo escucha. No trataremos como enemigos a quienes emplean este tono, pero no podrán ser nuestros compañeros de lucha. La verdad es de naturaleza guerrera, y no sólo es enemiga de la mentira, sino de los embusteros.

sábado, 14 de abril de 2018

Las cinco dificultades para decir la verdad Por Bertolt Brecht Berlín (Alemania), 1934. 2° Parte

II. La inteligencia necesaria para descubrir la verdad 

Tampoco es fácil descubrir la verdad. Por lo menos la que es fecunda. Así, según opinión general, los grandes Estados caen uno tras otro en la barbarie extrema. Y una guerra intestina que se desarrolla implacablemente puede degenerar en cualquier momento en un conflicto generalizado que convertiría nuestro continente en un montón de ruinas. Evidentemente, se trata de verdades. No se puede negar que llueve hacia abajo: numerosos poetas escriben verdades de este género. Son como el pintor que cubría de frescos las paredes de un barco que se estaba hundiendo. El haber resuelto nuestra primera dificultad les procura una cierta dificultad de conciencia. Es cierto que no se dejan engañar por los poderosos, pero ¿escuchan los gritos de los torturados? No; pintan imágenes. Esta actitud absurda les sume en un profundo desconcierto, del que no dejan de sacar provecho; en su lugar otros buscarían las causas. No creáis que sea cosa
fácil distinguir sus verdades de las vulgaridades referentes a la lluvia; al principio parecen importantes, pues la operación artística consiste precisamente en dar importancia a algo. Pero mirad la cosa de cerca: os daréis cuenta que no dejan de decir: no se puede impedir que llueva hacia abajo.
También están los que por falta de conocimientos no llegan a la verdad. Y, sin embargo, distinguen las tareas urgentes y no temen a los poderosos ni a la miseria. Pero viven de antiguas supersticiones, de axiomas célebres a veces muy bellos. Para ellos el mundo es demasiado complicado: se contentan con conocer los hechos e ignorar las relaciones que existen entre ellos.
Me permito decir a todos los escritores de esta época confusa y rica en transformaciones que hay que conocer el materialismo dialéctico, la economía y la historia. Tales conocimientos se adquieren en los libros y en la práctica si no falta la necesaria aplicación. Es muy sencillo descubrir fragmentos de verdad, e incluso verdades enteras. El que busca necesita un método, pero se puede encontrar sin método, e incluso sin objeto que buscar. Sin embargo, ciertos procedimientos pueden dificultar la explicación de la verdad: los que la lean serán incapaces de transformar esa verdad en acción. Los escritores que se contentan con acumular pequeños hechos no sirven para hacer manejables las cosas de este mundo. Pues bien, la verdad no tiene otra ambición. Por consiguiente esos escritores no están a la altura de su misión.

“Contate un cuento X” Mención de honor Categoría C: “El día equivocado y el momentos menos indicado” Por Yamila Molina, Alumna de 6° año de la de E.S. N° 6

         “Algo habrá hecho” esa frase tan ignorante usada en muchas oportunidades. “Algo habrá hecho”, lo primero que piensan o dice la mayoría de las personas cuando sucede algo así. “Algo habrá hecho”, la última palabra que logre' escuchar antes de que mis ojos se cerraran para siempre y pensándolo bien algo si hice, enamorarme de la persona incorrecta el día equivocado, en el momento menos indicado de mi vida. Pero no les quiero adelantar el final, mejor  empiezo desde el comienzo de mi historia.
   Un  lluvioso y triste, 10 de noviembre, el cáncer se lleva a mi padre, un 10 de noviembre es el día en que mi vida se derrumba para nunca más volverse a acomodarse, ya que cada mes que pasa es peor que el anterior. Después de su pérdida mi madre entró en una profunda depresión y yo no estaba mejor que ella hasta dos años después, cuando los pedazos de mi mundo se empezaron a unir  de nuevo después de que  lo vi a él. Gabriel es de esas personas que conoces una vez en tu vida y no las vuelves a encontrar más. Pero no todo es como una quiere, desde hace tiempo que conozco a Gabriel y nunca me había detenido a mirarlo o nunca me había detenido a verlo de esa forma y eso que lo he visto todos los días durante tres años;   en ese momento no supe cuál era la razón de por qué me gustaba, si fue porque él era más grande que yo, porque la escuela  es el único lugar donde frecuento o porque es un imposible.
¡Sé lo que se están imaginando y les confirmo que sí! Estoy enamorada de un hombre mayor que yo, que no solamente es casado sino que también es mi profesor de Educación Física! Si lo que están pensando es que estoy loca, les confirmo que sí, pero si ustedes lo conocieran pensarían lo mismo que yo.
 Los días seguían pasando y yo no me podía olvidar de Gabriel y cada vez más me iba interesando más en él y cada vez más fui buscando mil y una excusas para acercarme. A esa altura ya no me importaba nada
Pasaron algunos días y mi relación con  Gabriel se fue haciendo más cercana y no solamente éramos alumna y profesor, sino que también éramos amigos  Hasta que un día todo cambio y nuestro trato no fue solamente de profesor y alumna, sino que empezamos a tener una relación clandestina y secreta para todo el mundo, para mi mundo. Con idas y vueltas Gabriel y yo cumplimos un año de relación y por supuesto él tuvo que renunciar a la escuela y también divorciarse de su esposa.
En ese año que paso yo sentía que nuestra relación ya no era como al principio, ya no había de mi parte el amor que hubo al comienzo  por muchas peleas que habíamos tenido y algunas escenas bastantes complicados, como por ejemplo de celos por mis amigas o por la ropa que usaba; además en ciertas peleas Gabriel se atrevió a agarrarme muy fuerte del brazo e intentarme golpear. Sin embargo yo no podía separarme de el después de todas las cosas que tuvo que renunciar por mí.
  Obviamente en la escuela yo no era bien vista por salir con un ex profesor, pero por suerte estaba en la época de vacaciones de verano y a una semana de comenzar nuevamente las clases.
  Mi mamá no lo tomó muy bien, pero con el tiempo tuvo que aceptarlo Por suerte su depresión ya se había ido.
  Mi relación con Gabriel cada día iba peor, hasta ese día que fue empeorando cada vez más. Gabriel me había invitado a su casa en un campo, el último fin de semana antes de empezar mi último año en la secundaria, yo sentí que ya no podía ocultarle más lo que me estaba pasando. Pensaba esperar para decírselo el domingo antes de que me llevara para mi casa, pero decidí hablarlo ese mismo día. Lamentablemente y como yo pensé no lo tomó muy bien. Pero nunca había imaginado que Gabriel sería demasiado violento cuando se enojaba. Me agarró del brazo y me pegó una cachetada y yo no supe cómo reaccionar, hasta llegué a pensar que yo tenía la culpa por haberle pedido que  nos separemos.
  Llegando  a casa y sin haber hablado una palabra con él  en el viaje, mi mamá vio el golpe en mi cara, que había tratado de tapar con maquillaje. Y gracias a ella pude comprender que yo no tenía la culpa y que no había excusa para que el me golpeara
Hablando más de dos horas con ella pude darme cuenta de que yo no estaba sola y que ella iba a estar conmigo, fuera la decisión que tomara:  separarme y alejarme de él o  separarme y denunciarlo por violencia. Pero decidí no hacer la denuncia por lástima o por pensar que eso había sido algo de momento y que él podía cambiar No obstante estaba segura que me separaría de él. Nuestra relación ya no podía seguir así.
   Al otro día decidí llamar a Gabriel para que nos juntemos a hablar. El me propuso que vaya a su casa, pero mi mamá dijo que no, que fuese él para la mía; mi mamá se iría a la casa de mi tía para dejarnos hablar, Gabriel aceptó y quedó en ir en dos horas .
  Yo no sabía cómo empezar la conversación por eso empezó a hablar él pidiéndome perdón por lo que había pasado, me dijo que me amaba y que no iba a volverá a pasar nunca más. Yo le dije que lo perdonaba y que no quería lastimarlo, pero que yo no podía y no quería seguir con él. Fue en ese momento cuando me agarró del brazo diciendo que yo no lo iba a dejar. Para mi suerte entró mi mamá y lo echó de mi casa amenazándolo con denunciarlo, no sé  qué hubiese pasado si no llegaba. Con mucho miedo y preocupación me fui a dormir preparada para el otro día empezar la escuela. Esa noche me costó bastante poder dormir.
  De camino a la escuela ese día sentí que  un auto iba detrás de mi y con mucho miedo me di vuelta y sí, era Gabriel. Me pidió por favor si podía subir al auto para hablar con él y yo no pude decirle que no. Me pidió volvió a pedir perdón por lo que había pasado y quería ser mi amigos. Yo lo note de verdad arrepentido, por eso accedí a que tuviéramos una relación de amistad.
  Mi primer día de escuela fue mejor de lo que pensé. Como era de esperar las noticias corrieron demasiado rápido y ya toda la escuela estaba enterada, pero por suerte nadie preguntó nada. Todo siguió igual, mis amigas iguales, las clases iguales, los profesores iguales excepto mis compañeros. Había llegado un chico nuevo a mi clase y como todos los asientos estaban ocupados tuvo que sentarse conmigo. Después de una hora sin hablarnos ni una palabra, nos presentamos. Y desde ese día Maximiliano y yo nos volvimos inseparables.
   Los días y los meses pasaban y ya no quedaban rastros de Gabriel, ya habían pasado seis meses sin saber nada de él hasta ese día. Me levanté temprano como todos los días para ir a la escuela, desayuné con mi mamá, como todas las mañanas y me despedí de ella con un beso y un abrazo sin saber que ese sería la última vez que la volvería a ver.
Ese día yo salía de la escuela cerca de las 12 del mediodía como siempre Maximiliano me acompañaba hasta mi casa, pero tres cuadras antes de llegar  apareció Gabriel, de la nada en un auto diferente al que tenía la última vez que lo había visto. Paró su auto al lado mío y me dijo que necesitaba hablar conmigo, yo me despedí de Maximiliano y subí a su auto. Todavía no encuentro la razón de por qué lo hice, pero muchos menos llegué a pensar que esa era la última vez que  me iba a subir a su auto, la última vez que yo vería a Maximiliano y la última vez que yo vería y abrazaría a mi querida mamá. Estuvimos un largo rato hasta que me invitó a ir a tomar un café y hablar más tranquilos y yo accedí sin saber el destino que me iba a esperar.
Creo que no hace falta contar  que pasó después porque ya lo saben …
Esta historia, además de concientizar a los jóvenes para  que tengan mucho cuidado al elegir a una persona y que a la mínima acción de violencia, aunque sea verbal, sean valientes y hagan la denuncia a la policía, es también  la manera que yo elegí de contar la historia de una chica que su único error fue enamorarse de la persona equivoca, el día equivocado y en el momento menos indicado de su vida.