sábado, 1 de diciembre de 2018

“Contate un Cuento XI” - Ganadora de la Categoría A (jóvenes de 12 y 13 años): LA CURIOSIDAD MATA por Lourdes Quiñones, alumna del Instituto Bg. Martín Rodríguez de Tandil

Todo pasó un 10 de Septiembre de 2017.
       Una persona se había suicidado en una peluquería, la cual le pertenecía a los padres de mi mejor amiga. Nunca le pregunté si sabía quién era la persona que se suicidó o si tenía alguna idea  del motivo por el cual lo había hecho, no porque no se me pasara por la cabeza, sino porque me resultaba difícil hablar sobre ello. Hoy tres semanas después del incidente, mi amiga me invitó a su casa, queda al lado de donde ocurrió la desgracia. Se rumorea que siempre a la noche, a la hora que se suicidó, se escuchan ruidos muy extraños.
       Mi intención es saber quién fue y por qué; es la oportunidad perfecta para saberlo, solo tengo que convencerla para que me deje dormir en su casa, aunque eso no debería ser un obstáculo, ya que siempre me invita, igual me aseguré de ello, la llamé y efectivamente me dijo que sí.
       Es hora de ir para allá, decidí agarrar una grabadora y una linterna, por  las duda; como dice el dicho: “Más vale prevenir que lamentar”. Al llegar percibí un ambiente tenso en el barrio; lo que me llamó la atención  es que el local estaba cerrado, porque los viernes siempre estaba abierto; pero como no había ido en tres semanas no le di mucha importancia. Antes de entrar encendí la grabadora y la metí en el bolsillo de mi pantalón. Cuando entré el ambiente estaba todavía más tenso. Me daba miedo sacar el tema, por como irían a reaccionar, esperé la cena y lo mencioné. Cuando empecé a hablar sobre ello, todos dejaron de comer y se me quedaron viendo en silencio durante algunos segundos, hasta que el padre dijo: “No es de tu incumbencia y no preguntes ni hables sobre eso, sólo lo que vas a saber es que era una persona muy importante para mí.”
        Me quedé muda por el tono en que me lo dijo. Al terminar las últimas palabras, vi como la madre lo miraba con cara de odio e ira. Después de eso, la cena prosiguió como si nada hubiera pasado, obviamente con un ambiente aún más tenso y en un  silencio sepulcral.
         Una vez en el cuarto alistándonos para dormir, luego de esa cena eterna, intenté una conversación para aliviar el ambiente, lo cual funcionó. Después de un par de minutos, le pregunté por qué sus padres habían reaccionado así y me dijo: “Raramente hablamos de eso, antes de que ocurriera esto estábamos todo bien, era la misma rutina de siempre, mi madre trabajando en el local, yo con el celu después de la escuela y mi padre volviendo super tarde del trabajo o al menos eso nos decía, cuando esto pasó, mis padres se distanciaron.” Tenía una idea de lo que podía haber pasar, igual no quería seguir indagando ya que mi amiga parecía algo conmocionada. Nos acostamos a dormir, después de dos horas, me acordé que tenía que ir a escuchar los ruidos extraños; me fijé la hora, al parecer la suerte estaba de mi lado, faltaba una hora, así que me dirigí a las escaleras pero algo me detuvo, era una luz que provenía del cuarto de los padres. Me acerqué para escuchar, al parecer el padre le estaba intentando explicar algo; decidí dejar la grabadora al lado del marco de la puerta, así luego lo escucharía y seguí mi camino. Bajé rápidamente las escaleras porque me di cuenta que perdí treinta minutos escuchando la conversación; al buscar las llaves no fue difícil encontrarlas porque siempre las ponían debajo de la alfombra de la entrada y me fui directo al local. Al intentar abrir, las llaves no funcionaban, lo cual complicó las cosas porque solo faltaban catorce minutos para las once; tenía que buscar una ruta alterna. Pero antes de hacerlo fui a la caja de fusibles para desactivar la energía por si había alguna alarma que yo no supiera. Una vez hecho esto busqué una ventana o puerta trasera por la cual entrar.  Y sí, había una puerta trasera que yo no conocía y lo más extraño era que estaba abierta, tal vez alguien había salido o entrado y no la cerró. Entré con muchísimo cuidado, no parecía que hubiera alguien, prendí la linterna, solo faltaba un minuto para las once, ya eran las once. No parecía escucharse ningún ruido, lo cual debo confesar que me decepcionó, investigué la zona por si había algo interesante aunque lo dudaba porque los policías habían registrado el lugar. Al dirigirme a la salida me choqué con un mueble que parecía estar escondido intencionalmente, estaba un poco gastado pero no demasiado, tenía cuatro patas y un cajón que abrí. Quería ver si había algo interesante pero solo contenía polvo. De repente un reflejo que al parecer venía de una ventana iluminó la parte de abajo del mueble, me fijé y había una carta pegada con cinta para que no se cayera. No la tuve que abrir porque ya lo estaba, empecé a leerla y decía:
   “Lo que hice tal vez los sorprendió pero no puedo seguir así con esta mentira, esta farza, te amo pero no puedo sabiendo que no le has dicho a tu esposa sobre nuestra relación.  Nunca pensé y quise que se enteraran así, pero tarde o temprano iban a saber que sos gay. Mi deseo era vivir los dos solos sin preocupaciones y sin mentiras pero nunca iba a pasar menos cuando me andaba buscando la policía por haber comprado y vendido droga, seguramente no lo sepas porque fue antes de conocerte. Lo que quiero que sepas es que eres el amor de mi vida y que esto no es tu culpa, es una decisión que yo tomé, le quiero pedir perdón a tu esposa, sé que está enojada pero no tiene derecho a estarlo porque también te fue infiel y yo no dije nada.”
          Me quedé en shock  y  ahora que me pongo a pensar  nunca supe el sexo de la persona que se había suicidado hasta ahora. De repente, sentí unas manos que me agarran por la espalda y me dan un golpe dejándome inconsciente. Luego de un rato, no sé si mucho tiempo, me desperté. Un poco aturdida por la forma en que me golpeó. No podía distinguir a la persona por la pésima iluminación pero cuando empezó a hablar la reconocí. Era ella, por el tono en que hablaba parecía estar enojada y sorprendida, tal vez porque no me esperaba encontrar aquí leyendo esa carta. Le pregunté por qué había hecho eso y sí era verdad lo que decía la carta, me contestó diciendo: “No en su mayoría.  Cuando me enteré de esa relación me quería vengar a pesar que estuviéramos por divorciarnos. Te preguntarás si lo de mi infidelidad es cierto y sí,  lo hice. No me importó que mi esposo lo leyera porque nos vamos a divorciar de todos modos. Ahora que lo sabes todo no te puedo dejar vivir.”
           Agarró un envase pequeño. Al principio no reconocí el contenido hasta que ví la etiqueta. Eran unas píldoras letales, mejor conocidas como las pastillas para suicidarse. Agarró una y la colocó en mi boca. Obviamente le costó porque yo no quería, pero al final lo consiguió.
           Nunca pensé que iba a morir así, por culpa de mi curiosidad. Lo que más me impresionó es quien lo hizo. No teníamos mucha confianza, pero igual la conocía desde los ocho años por ser la madre de mi mejor amiga. Ahora me pongo a pensar y digo: “¿Qué también conocemos a las personas que tenemos a nuestro alrededor? ¿Realmente son cómo pensamos?”

No hay comentarios:

Publicar un comentario