LAS CANAS DE MI MADRE
(Viendo su retrato)
Imagen bella de mi madre amada,
en esta inmensidad dulce consuelo;
¡Cuán hermosa te encuentras colocada
en tu marco de rojo terciopelo!
Se reflejan de tu alma las virtudes
en las pupilas de tus tristes ojos;
y aire regio que impone multitudes
te dan de sus cabellos los manojos.
Esos lampos de plata cual auroras
de un despertar en época de invierno,
de tus viejos pesares son las horas,
de tu pasada vida el sello eterno.
Son ellos tus inmensas amarguras,
de un pasado feliz, recuerdo triste;
de aquel dolor sin fin son las torturas,
cuando a padre en mi niñez perdiste.
Ellos son tus cuidados y desvelos,
aquellas noches largas de agonía
en que, implorando a los sagrados cielos,
te encontraba la luz del mismo día.
Mientras que alegre, a tu sufrir ajeno,
de tus hondos pesares inocente
me dormía feliz sobre tu seno
al tierno arrullo de tu orar ferviente.
El valor ignoraba de esas canas,
de acerbo padecer emblema santo;
guedejas que la luz vieron tempranas,
¡pobres! nacidas del dolor y el llanto!
jSedosas, negras cabelleras, lejos!
¡Lejos dorados y esplendentes rizos!
¡No tenéis de estas hebras los reflejos!
¡No tenéis de esta nieve los hechizos!
¡Vosotras no sabéis qué es desventura,
de la vida ignoráis los desengaños;
si de escarcha os cubrís, vuestra blancura
tiene el tinte marchito de los años.
¡Oh canas de mi madre, venerables
¡Oh imagen que mis penas aminora!
a través de estos mares insondables
la ofrenda recibid del que os adora.