sábado, 3 de diciembre de 2016

HOY PRESENTAMOS UN CURIOSO LIBRO DE LECTURA “CIELO SERENO” DE LUIS ARANA, EDITORIAL ESTRADA, Año 1947. Desde el prólogo, el autor define el propósito de éste, yendo a contramano de la nueva corriente “enciclopedista” en los libros escolares, que luego tuvo su mayor auge con el conocido “Manual del alumno Bonaerense” He aquí algunos retazos del mismo...

A los educadores:

Las   nuevas   orientaciones   impresas a las escuelas primarias han traído como consecuencia una renovación apresurada del material didáctico.
Un aspecto en el que la precipitación resulta grandemente nociva es la preparación de un libro de lectura. Adaptar un libro de lectura a un programa no significa desarrollar pedestremente los temas que éste indica. En lugar de esclavizarse dentro del estrecho esquema de un programa de asuntos o temas fijos, el autor de un texto debe inspirarse en dichos puntos o temas con el objeto de hacerlos servir para los fines especiales de la lectura, que son  como todos los aspectos estéticos de la educación  fines de primordial importancia.
Yo no compongo mis obras para los maestros que consideran el libro de lectura como una enciclopedia disimulada. Los nuevos programas tienen exigencias que hay que llenar  convengo ;y yo, atento como ninguno a la realidad presente de nuestra escuela, las he tenido en cuenta al escribir CIELO SERENO; pero de ahí a transformar el libro de lectura en un mero auxiliar en la tarea de impartir conocimientos media un abismo.
He tratado de satisfacer las exigencias del docente, obligado a encarar nuevas formas de trabajo escolar, pero no he hecho concesiones que pudiesen disminuir el decoro del auxiliar de una de las más delicadas actividades educativas.


Dos amores
Por Victorina Malharro


Guardo en mi alma de niña, 
como en urna de diamante, 
dos amores palpitantes 
de pureza sin igual:

uno que vive en mi pecho 
desde que vivo en el mundo; 
otro, no menos profundo, 
que la escuela hizo brotar.

Sobre todo, en cielo y tierra, 
te quiero a ti, madre mía, 
a ti, que eres mi alegría, 
mi dicha, mi luz, mi amor.

Después de ti...¡Oh patria amada!:
 tu amor en mi alma se expande. 
Y como mi alma es muy grande 
hay lugar para las dos.


Los pescadores

-¡Qué agradable la vida del pescador! ¡Qué lindo hacerse a la vela en las mañanas claras! ¡Y luego volver entonando canciones con la barca cargada de peces!
-¡Qué delicia pescar de noche, a la luz de la luna!. El vientecito del mar acaricia la cara. . .
-Dime, Juanito: ¿no has pensado nunca en los días de niebla, en las mañanas frías del invierno, en las noches tempestuosas, en el mar revuelto? ¿No has oído hablar de barcas de pescadores que han partido y no han vuelto nunca?
Juanito se quedó pensativo. Comprendió que no hay alimento, que no hay bien de Dios que se consiga cantando a la luz de la luna.


El labrador
Por CLODOMIRO DE CABOTEAU

Los campos esperan  tu mano
de rudo gañán forjador,
 y el sol que se eleva en el cielo
 llamándote está, labrador.

La tierra negruzca reclama
el  beso fecundo de amor:
abramos su seno cantando; 
ya es hora, feliz labrador.

Y con el arado 
el surco tracemos 
y en él la simiente 
dorada arrojemos.

Con la azada, al hombro 
marchemos así. .. 
que el campo se cubre 
de un verde matiz.




Los barrios industriales


- ¡Qué feos son los barrios de las fábricas! Las calles son angostas y sucias. Los paredones de las fábricas son tristes. El humo de las chimeneas ennegrece el aire. Yo prefiero los alrededores de las plazas. Allí las calles son anchas y bien pavimentadas. Las fachadas de las casas son hermosas. Hay negocios elegantes, con vistosas vitrinas.
-Es cierto que los barrios de los grandes talleres y fábricas no son hermosos, pero ellos dan vida a la ciudad. En los barrios industriales se elaboran los productos que se exponen en los escaparates elegantes del centro. ¿Qué diríamos de una casa con un comedor bien arreglado y sin cocina? Respetemos los barrios humildes, donde la industria del hombre elabora los mejores productos de la vida moderna.


El mensajero de San Martín  (cuento)


Desde Mendoza San Martín necesitaba enviar una carta al patriota chileno Manuel Rodríguez. Un muchacho de pocos años, llamado Miguel, fue encargado del mensaje.
Miguel era hijo de arrieros y conocía los caminos de la cordillera. Con una tropa de muías que se dirigía a Santiago el muchacho logró pasar a territorio chileno.
De  vuelta para Mendoza, Miguel  cabalgaba  sin apuro. La contestación de Rodríguez para San Martín la llevaba en el cinturón. Al  llegar  cerca  de  la cordillera pasó, sin darse cuenta, cerca de un campamento español. Fue detenido y llevado al despacho del general Ordóñez.
-¿Eres agente de San Martín?  preguntóle el jefe español. 
-No, señor.
- ¿No llevas ninguna carta? 
- No, señor. A  ver, regístrenlo.
Dos soldados avanzaron para registrarlo, pero Miguel, rápido como un tigre, sacó la carta del cinturón y la arrojó a las llamas de un gran brasero que allí había.
Ordóñez, furioso, gritóle: ¿Qué decía esa carta? No sé, señor. ¿Quién te la dio? 
- No puedo decirlo, señor. 
-¿Por qué?
- Porque he jurado mantener el secreto. Además yo no soy ningún traidor.
- Si me dices el nombre del que escribió la carta te dejaré en libertad.
- Le he dicho que no puedo, señor.
- Además te regalaré diez onzas de oro. ¿Comprendes?; diez onzas.
- He dicho que no lo diré.
- Entonces mandaré azotarte. Veremos si "cantas".
- No hablaré,  aunque me fusile.
El valor del muchacho impresionó al general español. Éste ordenó que lo encerraran en una choza.
Al hallarse solo Miguel empezó a pensar en la fuga. El heroico mensajero quería llegar a Mendoza a toda costa. El general San Martín esperaba la respuesta. De ella dependía el éxito de los planes del gran Capitán.
El día iba muriendo y las sombras comenzaban a invadir la  prisión  de nuestro héroe.  Extenuado por la fatiga, éste se adormeció.
A  eso  de  medianoche  Miguel se  despertó. En la oscuridad oyó una voz que le decía: Mendocino, mendocino;  ¿quieres escapar? Abrió bien los ojos y vio junto a él a un soldado-de  Ordóñez. Era un chileno que, obligado a servir en el ejército español, estaba esperando la ocasión para huir a Mendoza.
Sin hacer ruido los dos criollos llegaron hasta unos matorrales. Allí había caballos ensillados. El chileno ayudó a Miguel a montar y se dirigieron hacia un arroyo. Por allí no había centinelas. Se habían alejado unos doscientos metros cuando-oyeron voces de alarma. Todo el campamento se despertó. Empezaron a silbar las balas rozando las cabezas' de los dos criollos.
- Es mejor que nos separemos -dijo el chileno- . Si llegamos hasta los desfiladeros no nos encontrarán más.
- ¿Nos  veremos  en  Mendoza?
- Sí, muchacho. Buena suerte.
Como dos sombras se perdieron en la oscuridad de la noche.
Días más tarde San Martín vio llegar más muerto que vivo al heroico mensajero. No traía la caria que el jefe esperaba, pero pudo repetir de memoria las palabras de la hoja quemada en el campamento español.
Cuando el muchacho terminó el relato de sus aventuras, San Martín lo miró largamente. Luego se levantó y le dijo:
-Miguel: eres un soldado.
Al día siguiente llegaba al campamento de Plumerillo un hombre rotoso y hambriento. Preguntó si había llegado Miguel, el mensajero de San Martín.
Le dijeron que sí. Pidió que lo llamasen.
Cuando Miguel vio a aquel hombre no lo reconoció. Pero cuando oyó la voz lo abrazó fuerte, fuerte, gritando: ¡Viva el patriota chileno! ¡Viva mi salvador! Venga; lo llevaré al despacho del general.
Después de escuchar a Miguel y al chileno, San Martín dijo a este último:
-Muchas gracias, amigo; ¿qué recompensa desea por su acción heroica?
-General: la mayor recompensa para mí, sería servir en las filas libertadoras a las órdenes de San Martín.

sábado, 26 de noviembre de 2016

VOLVIO SOLA Por Magi Balsells Palau

       Joan, es un humilde pescador, no muy agraciado, hombre solitario, para el solo existe su barca y la pesca que es su sustento y mantenimiento diario, poca cosa necesita para vivir
Como cada día, al empezar a esconderse el sol en el horizonte, pone su barca en movimiento adentrándose en la cada ve más oscura aguas, hoy la luna esta escondida entre unos negros nubarrones, y el cielo amenaza tormenta, al fondo los rayos dan luces fantasmagóricas a las ondulaciones del mar.
Busca su lugar para realizar su tarea, pero ya esta ocupado, alguien acudió mas pronto y le quito su sitio preferido, de mal humor se adentra mucho mas en esta inmensa porción de agua, hasta encontrar un sitio adecuado. Mientras prepara sus redes, oye en el silencio solo quebrado por el murmullo de las olas, un canto de gran belleza, que hace que su pensamiento se sienta transportado a un idílico lugar.
Cada vez el hermoso canto, lo nota mas cerca, tanto es así que nota que una húmeda mano se posa encima de la suya, asustado la retira con premura , aun siendo hombre valeroso, ha sentido cierto miedo por el contacto Pero algo calma su desasosiego, es una dulce voz, que le esta embriagando los sentidos, se gira y allí esta la criatura mas hermosa que pueda un hombre soñar, con una sonrisa que ni los mismos Ángeles pueden imitar, le tiende sus brazos, no puede resistir la tentación y en ellos se acoge, que instante mas glorioso, el que nunca a tenido una mujer en su pecho Al momento todo se convierte en oscuridad, se siente arrastrado hacia el liquido elemento, cada vez se hunde mas en las profundidades marinas , no puede respirar , le falta el aire y su boca ansiosa se abre para engullir el agua del mar Se da cuenta que la persona tan bella que habían contemplado sus ojos se esta transformando en un ser espantoso y aun dentro de agua oye su siniestra risa , y sin fuerza para desligarse del fatal abrazo, nota que las pocas fuerzas que le quedaban van abandonándole, hasta que nada ve ni nada oye
Al día siguiente, vuelven las barcas, con sus redes llenas de pescado, los marineros están contento ha sido una buena pesca, pero hay una barca que muy lentamente arrastrada por la corriente matutina, va aproximándose a la orilla, nadie la gobierna, nadie la guía, nadie hay en su interior
Es la barca de Joan

Pan de la memoria Por Guillermo Pilia

He dejado a mis padres
en esa casa que fue alguna vez
del tamaño del mundo. Hay allí,
bajo esos zócalos, en cada grieta
de sus lajas, un tiempo en su sepulcro;
allí una hierba fina va creciendo
como la cabellera de los muertos.
Estos pocos recuerdos son mis únicas
certezas por ahora. Y la infancia
como una espina de naranjo verde
es una extensa mañana de lluvia;
es un agua metálica y humilde
que hervía en grandes ollas
y el perfume del apio y del arroz,
del perejil y la albahaca. Más tarde
yo iría a revolver en los roperos
sin saber que otras vidas más profundas
perduraban detrás de las maderas.
Acaso no existía diferencia
entre el sueño y la vigilia, entre un lado
y el otro del espejo, del armario
aquel en que un abuelo silencioso,
embutido entre los sacos decrépitos,
sonriente descansaba. No sabía
entonces lo que vive o sobrevive
debajo de las lajas y los zócalos,
ni el destino del pelo y de las uñas;
hoy hablo claro está de aquellos años
en los que nunca sentía el temor
de vivir con las sombras, tan distantes
de otros que llegarían a traer
gota a gota la piedad y la pena.
¿Por qué será que ahora
casi nunca se despierta feliz
quien soñó con sus muertos?
Sólo tras muchos viajes por mi sangre
volvería a esos cuartos para hurgar
entre los sueños y entre los roperos,
igual que cuando era aquella casa
del tamaño del mundo. Hoy comprendo
que todo ese mosaico de vivencias
tuvo encaje y sentido en aquel tiempo:
las perchas, las cigarras, las sombrillas,
las cuentas de un collar, las flores rojas
que veía al despertar de la siesta.
Y el olor de la harina humedecida
con que se amasa el pan de la memoria.

Más allá de las tierras del sueño Por Ezequiel Feito

Hay un momento, y sólo uno;
un instante, y sólo uno
donde la tierra que pisas se vuelve infinita
y descubres que es mentira el horizonte.

Y no sabes si estás en el cielo o en la tierra;
o si estás vivo o muerto.
Tu cuerpo se ha vuelto sólo un ojo
que escudriña la profundidad del espacio.
donde navegan tus pensamientos, como coloridas naves,
y el silencio y tú son uno
con la tierra y el cielo.

Hay un momento, y sólo uno...
¡Y has escapado bien del cazador, quienquiera que seas!
Has vuelto a la tierra. Tus pies
elevan nuevamente tu cuerpo y tu sombra
ha regresado y fielmente te acompaña,
mientras vuelve a nacer el universo.

Cuando llueve Por Victor Kartsch- Xavier Coderch

Cuando llueve,
las corolas se vuelven delicadas,
y las gotas cristal frágil,
en la rogatoria del tiempo.-
Cuando llueve,
tú te desperezas en mis brazos,
y añoras que los sueños vuelvan,
para que la noche sea intensa,
tan intensa como la hoguera,
que hiere la penumbra,
en esos chispazos de luz,
que se desvanece en la distancia.-
Cuando llueve,
tú encantas con la sonrisa delicada,
y la fragancia sutil,
que se filtra en la piel,
cuando me rozas apenas perceptible,
en el romance inmemorial,
que seduce y marca con misterios,
esos instantes,
que únicos se hacen pasión,
en el verso y en la melodía.-
Cuando llueve,
el amor se hace sinfonía,
se hace eco leve,
en el estallido de las gotas,
que besan el cristal,
en la frágil locura del amor.

Pasillos Por Egle Frattoni

Calles zigzagueantes
entre chapas y maderas
tan pequeñas
tan angostas
tan plenas de penurias.

Pies descalzos,
Intemporales,
sueños rotos en pasillos sin fin,
inalcanzables más allá del alambre tejido
que marca límites
entre el gourmet
y el choripán callejero.

Pasillo calle.
Pasillo zanja.
Pasillo espera.
Toda la villa en un pasillo.

Tan cerca de la hermosura Por Clotilde Román-España

Frente a frente, ante tus ojos,
tan bello mirar deslumbra
dejando fuga entre vidrios
de tu luz que me vislumbra.

Desde lejano universo
alado tu sol me alumbra
que entre ráfagas yo siento
mentida ilusión nocturna.

Paso en la noche mi tiempo
porque el amarte no hay duda
y en mi callejuela oscura
fulgor con ardor me turba.

¿Cómo se corta distancia
cuando corazón escucha,
cuando tan cerca del alma
tu dulce voz me retumba?

Que repitiendo cercano
mis ojos y voz te buscan
y entre marismas con luna
mi corazón se apresura.

¡Venid y rondar mi calle
que en negra y basta espesura
hasta hoy nadie me mantuvo
tan cerca de la hermosura!