sábado, 11 de noviembre de 2017

DESTINO Por César Bruto

Bervo de 3 sílaba, indicativo de la suerte que tiene cada cual en su vida, o sea su destinO, y nadie ni nadies puede vibir sin tener un destinO que lo empuge, a meno que sea un tarado o que no tenga respeto por la jente ni un poco de bergüenza. Un perrO, por egenplo, con ser perrO y todo tiene su destinO, pudiendo ser mimado y bien comido con buenos patrones, o ser un perrO flaco de hambre, pulguientoso y acabar su carrera en la salA de los condenadoS de muertE de la perrera, adonde me contó mi tío aquileZ que lleban a esos pobres angelito y los hasen oler un humo venenoso que les perfora los 2 pulmón, dejándoselos como esas camisetas viejas llenas de augero que mi vieja guarda para coserlas una arriba de otra, hasiendo de 2 camiseta rota una sana. Yo mismo, aunque no paresca, tengo el destinO de haberme venido periodista, contra la boluntá de mi viejo, que ya desde chico quería más bien mandarme a que le ayude a mi padrino en la feria, lo cual, a la final me parese quera mejor, porque adentro de la feria, entre rifle y rafla uno se puede haser una buena diaria, endemientras quen el diariO siempre lo andan mandando de una parte a otra, escribir aserca de todos los trópicos, barrer la escalerA, salir de viagE o sea de que a la larga uno se cansa para que un buen senior leptor se dea el gusto de ler todo el esfuerzo ese gastando meno de 20 sentavo y todavía le queda despué el diario para enbolver algún paquete o benderlo a tanto el quilo, como hase mi vieja con los papel viejo, las botellas vacías, los trapos rotos y las latas de aseite, porque haora todo se conpra ques lo mismo y no como antes de la guerrA del 14 que cuenta mi viejo que la vida estaba barata y cualquier padre se podía dar el gusto de tener veinte o 30 hijos todos bien comidos y con un ofisio para trabajar de grandes y traer la plata en casa pero haora la jente no seanima a cargar con más de dos o 3 o sea que si tiene la mala suerte de que le salgan fiacunes o de mala cabesa la casa se viene al suelo y ya nadies la puede lebantar lo cual no pasaba teniendo muchos hijos, primero porque en la cantidá se gana siempre y segundo porque teniendo 30 hijos, por egenplo, no inportaba que cuatro o 5 salieran ladrones, dos o 3 criminales y seis o 7 favoritos de la milongA; con el resto siempre había para parar la olla y a la larga todo se arregla cuando hay buena voluntá y algún abogado amigo que des una mano cuando llega la ocasión.

¿Te acordás el día que dejaste de ser chiquito? Por Héctor Fuentes

Estábamos tomando sol en la pileta, y mi hijo Joaquín, de tan sólo cuatro años, me sorprendió con esta pregunta:
Papá: ¿vos te acordás el día que dejaste de ser chiquito? Me lo quedé mirando. Al instante sonreí. Me repuse en silencio mientras un sinnúmero de imágenes pasaban por mi mente. No recordaba cuál era el día que había dejado de ser chiquito, pero en cambio sí podía contarle lo que significó para mí alguna vez haber sido un niño.
Entonces le dije: Recuerdo que yo era chiquito cuando llegaba fin de año y mi viejo me regalaba el  “Patoruzú de oro”. Era pequeño cuando miraba por televisión "Los Tres Chiflados" y a "Hijitus", acompañado por una taza de mate cocido. Era un niño cuando mi tía me sorprendió una mañana regalándome una gomera. Cuando mi casa de Ensenada se atestaba de mosquitos y debíamos prender un espiral. Ese olor es mi infancia. Y esa casa creo que la encontré el otro día en un sueño. Era un simple pibe cuando daba la vida por un partido de fútbol. Cuando jugaba a la bolita a tres quemas. Cuando juntaba figuritas y cambiaba el álbum lleno por una pelota de cuero número cinco.
Cuando una vez me subí solo al tren que pasaba a tres cuadras de mi casa. Cuando fui por primera vez al cine a ver una película de Bruce Lee. Cuando sentía galopar la alegría en un caballito de madera.
Pero vos me habías preguntado qué día había dejado de ser chiquito. Entonces te miro y pienso: ¿Cuándo se deja de ser chiquito? ¿cuándo empezamos a mirar el noticiero? ¿Cuándo preguntamos qué cosa es la economía? ¿Cuándo renovamos el documento? ¿Cuándo nos quedamos solos y elegimos por primera vez una canción? ¿Cuándo por fin nos sale el nudo de la corbata?
Claro, vos te reís de todas estas cosas que te digo. Entonces te miro y pienso: ¿no será un sueño este juego que me propusiste, en el que yo te explico que día dejé de ser chico, y vos me regalas este inmenso privilegio de ser tu papá?

Tres relatos de Enrique Spinelli

Bingo

Nunca había entrado a un bingo. Me impresionó, me impresioné. Primera impresión: sentí que estaba en una película de ciencia ficción. En segundos pasé de un paisaje gris de zona estación de trenes a uno que estalla en colores y sonidos. Estalla y estalla continuamente. Es todo muy raro, toda la gente está conectada a una máquina de colores, tranquila, ida de si pero hacia dentro de la máquina. La sala está llena de tipos de seguridad que cuidan de ó a esta gente ¿?
Cada máquina tiene un cuerpo conectado, sospecho que esto debe ser una especie de terapia intensiva. Estas máquinas dan soporte de vida. Espero que no se corte la luz. Acá, como en los criaderos de gallinas, no es de día ni de noche. Siempre es buen momento para apostar aquí y para comer en el criadero aviar.
Recorro las salas, todas están llenas de gente conectadas a máquinas. Su actividad es apretar unos botones, para indicar que están vivos. Cada tanto alguno se distrae o se muere y suena una alarma. Estos eventos se festejan. Sigo recorriendo y veo más y más gente conectada a máquinas. La situación me angustia. Yo me siento cada vez peor, pero la gente conectada parece estar al menos estable. Estable puede ser mucho.
¿Quién  tiene razón? Yo me la doy de pensador, pero la angustia me achata el pecho. Esta gente tiki tiki el botoncito, pueden pasar días así… ¡Ma sí! me siento frente a una máquina. Saco toda la plata que tengo en el bolsillo y llamo a la piba que ayuda a los viejos conectados (debe ser enfermera): -Señorita, no sé como es, pero por favor cárgeme todo esto en esa máquina. Me apoltrono y empiezo a apretar botonitos, decidido a darme máquina hasta que viva, hasta que ame o hasta que muera.



Dietética

A unas cuadras de mi casa hay una dietética donde atiende una pelirroja que me ha enamorado. Para llegar a su negocio debo cruzar una avenida. La senda peatonal es muy cruel, mi pie no entra en el ancho de la línea y la distancia que las separa corresponde a un paso largo, que dificulta cualquier maniobra. Si piso cada línea, mi pie sobresale de lo blanco, toca algo de asfalto y llego al otro lado sin ninguna posibilidad.
La colorada me trata displicentemente. Compro arroz Yamani. Voy en puntitas de pie, la gente lo advierte, y la colorada no me da ni bola. Compro arvejas partidas. Si camino de costado, poniendo totalmente mi pisada sobre la senda, me miran aún más y claro… la piba me trata como a un extraño. Compro harina de mandioca. Con zapatos de taco alto, la pisada entra perfectamente, pero no son mis zapatos. Me trata peor que nunca. Preparo unos zapatos de salón a los cuales les saco los tacos. Entrené caminando ligeramente inclinado hacia adelante, pisando casi plano pero sin apoyar el talón y llego al otro lado sin pisar asfalto y sin ser observado. Al arribar al terreno divino todo cambia.
De pronto todos los locales, todas las casas, son dietéticas con la colorada esperándome sonriente en la puerta. No hay más personas que yo y muchas pelirrojas, cada una en su dietética. Así no. Regreso aturdido, caminando calles de dietéticas, cruzando en esquinas de dietéticas, mirándome en vidrieras de dietéticas. Llego a mi casa que ahora linda con una dietética atendida por la pelirroja que me sonríe y sonríe como una cajera china. Busco mis llaves; doy una última mirada a mi barrio de dietéticas y advierto que del otro lado, pegada a mi casa, entre todas las dietéticas, hay una verdulería que atiende una bella morocha. Entro a mi casa y cierro puertas y ventanas.


Sueños con Katheryn 

El viejo Solís sostiene que somos el sueño de otro. Algunos son soñados por un dios, otros por una gorda tetona, o una viejita mala onda. Todo va en suerte. En Balcarce todos son soñados ahí mismo. Soñadores y soñados van cambiando para evitar el aburrimiento, que es la única muerte posible. Todos desean ser soñados por Alcoyana, quien inclusive despierto tiene sueños preciosos. El infierno es ser soñado por el usurero Juan T Garchau. Alcoyana dice que puede ser que seamos solo sueños, pero además soñamos (ver su Poema a Olga: "Soñé que estaba dormido, soñando contigo en un sueño…”)

En el barrio del Alas Balcarceñas, todos tenemos siempre el mismo sueño. Vamos caminando por la 20, todo está en gris menos Katheryn que tiene su vestido rojo.
Llegamos a su portal, nos saluda, nos da un beso, nos toma de la mano y nos lleva dentro de su casa, alcanzamos a ver la galería y puf, ahí todos nos despertamos. Todos tenemos el mismo sueño, pero todos soñamos cosas distintas. Cuando me despierto estoy convencido de que Katheryn me lleva para la quinta y me da unos besos entre los tomates. Elena afirma que es su hija, que se fue con un circo, que la lleva a la cocina a tomar unos mates. Pipo está seguro que es su mamá, que no conoció, que lo lleva al patio para ponerlo en una hamaca de mimbre. Soguita despierta siempre con una sonrisa; Katheryn lo lleva al fondo y le dice al oído el número que saldrá en la nocturna de Provincia. El número nunca sale, y Soguita sonríe porque tendrá que volver por otro…

viernes, 10 de noviembre de 2017

La maldición de Horacio Galindes - Por Santino Cacace Segurola

Era 1794 en Buenos Aires; un carruaje iba a toda velocidad y dentro del carruaje iba Iván Galindes , un agricultor millonario y a su lado su desesperada esposa, Rosa Banderas, que estaba a punto de tener a su bebe. El carruaje se dirigía a la enfermería. De repente el carruaje paró; una rueda se había roto. La pareja se había angustiado y salieron del carruaje. De pronto una sombra salió de la oscuridad de la noche y preguntó:
- ¿Que pasa?-
Iván respondió, casi sin aire de la preocupación:
-  Mi esposa está a punto de tener a nuestro bebe.
El hombre reaccionó.
-  Soy doctor, subamos al carruaje.
Subieron al mismo y el doctor los ayudó con lo prometido. Salieron del carruaje, Iván le dio la mano al doctor y dijo:
- ¿Cómo podré agradecerle?
El doctor respondió:
 -Si... ¿como se llamara el niño?
Iván le contesto:
-Horacio-.
De repente un trueno sonó, voces se escucharon y una niebla rodeo al carruaje. El doctor se había convertido en una criatura con túnica, capucha sin mangas y solo se veían sus colmillos y tenía brazos largos y su piel era pálida, como la luna. Dijo:
 - Su hijo tendrá una buena vida pero a los 18 se verá igual que su alma. Pasaron meses y años y Horacio fue feliz con su familia y creció.
Era un 12de enero del año 1.812 y Horacio se debía ir a la facultad. Sus padres lo despidieron pero antes su padre le dijo medio preocupado:- No cometas ningún pecado-. Después de eso, Horacio zarpó a la universidad de Madrid, en España. Cuando bajó del barco, se dirigió a la casa que su padre le había comprado. La casa no era muy grande y tenía una cocina, una habitación, un comedor y un pequeño estudio pero tenía muebles y materiales de primera clase. A la noche Horacio se fue a dormir.
Al otro día fue a la facultad y en la mitad del camino conoció a Roger Stone quien le dijo:
-Hola, soy Roger, ¿y quien eres tú?-
Horacio respondió:
-Soy Horacio Galindes, ¿adónde te diriges?
Roger respondió:
-Al salón 2G...
- Ah, yo también- Respondió Horacio y lo invitó a tomar algo.
|            - Está bien-dijo Roger .
Pasaron las horas y se fueron a tomar algo. Salieron del bar y ahí había una chica hermosa que usaba un pequeño sombrero y un vestido turquesa y su pelo pelirrojo era, Horacio y Roger hicieron una carrera para ver quien la alcanzaba para hablarle primero, pero la chica se había ido. Cada uno se fue a su casa; Horacio se había quedado despierto en su estudio. Se oyó tocar la puerta, la abrió y un hombre viejo e indigente dijo temblando:
- ¿Me podría dar una moneda señor?
 Horacio, algo cansado dijo bruscamente:
 - ¡No!- y cerró la puerta.
En menos de un minuto empezó a sentir un dolor de tortura, se retorció, sus ojos se volvieron pequeños y su boca se transformó en una mueca cruel, toda su cara se había arrugado y sus manos obligatoriamente se metieron en sus bolsillos. Se vio en el espejo y salió corriendo desesperado, pensando que sólo era un sueño. Vio al hombre y dijo:
- Perdóneme señor, perdóneme le daré algo... emmmm.....tome esto-.
Le dio una bolsa de dinero y el hombre dijo:
 -¿Seguro? ¡Gracias!- y se fue feliz.
Horacio se miró en una vidriera y se vio como siempre, sintió que volvía a respirar. Al día siguiente Horacio seguía pensando que todo eso había sido un sueño, pero dejó de pensarlo en cuanto vio a la chica de la otra vez. Corrió hacia ella y le dijo, algo nervioso:
-Hola.
Ella respondió:
-Hola, soy Anabel, ¿y tú quién eres?-Dijo algo asustada.
El respondió:
- Perdón si te asusté, es que eres tan hermosa-
- Entonces salimos?- dijo ella.
Y Horacio le dijo felizmente:
-Si, claro, si... ¡iuju!. Nos encontraremos aquí mismo a las ocho- dijo Anabel. Eran las ocho y Horacio la estaba esperando desde las siete y media. De pronto Anabel llegó y el la llevo a cenar. La pasaron tan bien que su relación siguió por meses.
Horacio se había olvidado de lo que había pasado aquella noche, hasta que una vez el decidió proponerle matrimonio. En el restaurante Horacio se tropezó con un mozo, perdió la sortija y se enfureció, casi lo golpea pero sus ojos ardían, sentía todo el cuerpo quebrado y recordó lo de aquella noche, se disculpó y corrió alejándose del restaurante volviendo a la normalidad. Un poco más tarde, le pidió ayuda a Roger quien lo mandó al negocio de su abuelo " aparatejos mágicos". El abuelo de Roger era flaco y bajo, tenía el pelo parado y pequeños bigotes canos. Le dio una lista y dijo:
-Sigúelas si o si.
Horacio las siguió pero no por mucho tiempo. Paso un mes y Horacio estaba paseando por la plaza porque no tenía clases; seguía caminando y se tropezó con una chica. Se reincorporó y la ayudó a levantarse. Ella le dijo
- Horacio, ¿eres tú?
- ¡Marina!-dijo Horacio.
Marina era una amiga de Horacio cuando eran niños
-Jajaja...!!  Mira qué sorpresa, hace mucho que no te veía- dijo Horacio
- Tienes razón- dijo Marina.
- Y... ¿Tienes novio?- Pregunto Horacio
 - Si, -dijo ella.
- ¡Hey!, ¿quieres venir a cenar a mi casa? Estará mi novia. Ah! y trae a tu novio
-Está bien -dijo ella.
Pasaron las horas Horacio esperaba a Marina y su novio y también esperaba a Anabel; llegó Marina pero sin su novio y Horacio le dijo:
-¡Hola! ¿Dónde está tu novio?
Ella respondió:
- Está trabajando pero pronto volverá , y... ¿Dónde está tu novia?
- Está con unas amigas pero pronto volverá.
Marina sonrió y le dio un beso en la boca y Horacio se había quedado duro. De repente se escucha un pequeño suspiro con llanto. Horacio dio vuelta la cabeza para la derecha y era Anabel. Horacio iba hacia ella pero se detuvo; le había agarrado como un ataque al corazón, sentía que su cara se derretía y no se podía mover. Se estaba transformando pero esta vez era más horrible. Anabel corrió hacia la cocina Horacio la siguió con su horrible apariencia pero Anabel agarró un cuchillo y le dijo atemorizada teniendo el cuchillo con su temblorosa mano:
-No te acerques a mí
Horacio golpeó su mano para defenderse sin lastimar a Anabel pero no lo pudo hacer. La mano con la que Anabel tenía su cuchillo fue a su pecho. Horacio, mientras lloraba se transformaba aún peor que antes. Era casi un monstruo y sólo una persona presenció esa escena y fue Marina, la cual se lo dijo a la policía. La policía arrestó a Horacio y a la mañana lo ahorcarían.
Llegó la mañana y llevaban a Horacio aún con su horrible apariencia. A Horacio sólo se le oía murmurar. Estaba parado a punto de ser ahorcado y se le oyó decir:
- Lo siento por todos mis errores -y volvió a la normalidad.
Los policías quedaron tiesos de lo que habían visto, lo que a Horacio le dio la oportunidad de escapar. Afuera estaba Roger esperándolo en un carruaje y le dijo
- Sé cómo curar tu maldición...

sábado, 4 de noviembre de 2017

Algunas frases de Enrique Jardiel Poncela (1901-1952)

 - Cuando tiene que decidir el corazón es mejor que decida la cabeza.

- Por severo que sea un padre juzgando a su hijo, nunca es tan severo como un hijo juzgando a su padre.

- Los políticos son como los cines de barrio, primero te hacen entrar y después te cambian el programa.

- El que no se atreve a ser inteligente, se hace político.

- Realmente, sólo los padres dominan el arte de educar mal a los hijos.

- El hombre que se ríe de todo es que todo lo desprecia. -

- La mujer que se ríe de todo es que sabe que tiene una dentadura bonita.

- Historia es, desde luego exactamente lo que se escribió, pero ignoramos si es lo que sucedió.

- En la vida humana sólo unos pocos sueños se cumplen; la gran mayoría de los sueños se roncan.

- Hay dos maneras de conseguir la felicidad, una hacerse el idiota; otra serlo.

- La sinceridad es el pasaporte de la mala educación.

- Todos los hombres que no tienen nada importante que decir hablan a gritos.

- Dictadura: Sistema de gobierno en el que lo que no está prohibido es obligatorio.

- Viajar es imprescindible y la sed de viaje, un síntoma neto de inteligencia.

- La experiencia es una enfermedad que no se contagia.

- La medicina es el arte de acompañar al sepulcro con palabras griegas.

- La juventud es un defecto que se corrige con el tiempo.

- La verdad se parece mucho a la falta de imaginación.

- El pudor es un sólido que sólo se disuelve en alcohol o en dinero.

- Cuando el trabajo no constituye una diversión, hay que trabajar lo indecible para divertirse.

sábado, 28 de octubre de 2017

Para leer mientras sube el ascensor (Selección) Por Enrique Jardiel Poncela

Cigarro.- Tubito de papel, lleno de una sustancia indefinible, que sirve para destrozarse la laringe y para entablar conversación con los compañeros de viaje.

Mechero automático.- Mecanismo para quemarse las pestañas.

Mantecado.- Sustancia elaborada a base de huevo, que no tiene huevo nunca.

Reloj.- Aparato para comprobar que se llega tarde a las citas.

Peluquerías.- Establecimientos públicos donde dejamos el pelo, dando dinero encima.

Talento.- Cosa que todo el mundo elogia, pero poca gente paga.

Mula.- Mamífero que no escribe.

Escritor.- Mamífero que escribe y a quien nunca le contesta nadie.

Recordar.- Operación que, como la de pelar cebollas, siempre acaba haciéndonos llorar.

Bígamo.- Idiota elevado al cuadrado.

Esperanto.- Idioma universal que no conoce nadie en el Universo.

Veraneo.- Preocupación anual.

Mudanza.- Incendio sin llamas.

Vegetariano.- Hombre que no come carne delante de testigos.

Puños.- Trozos de tela destinados a limpiar las mesas.

Paraguas.- Artilugio destinado a echar el agua a la espalda.

Timbre.- Aparato que se coloca en las casas para diversión de los niños.

Abrigo de pieles.- Pretexto para que se siga matando zorros, martas y visones en Alaska.

Abrigo de pieles barato.- Pretexto para que se siga matando gatos en el resto del mundo.

Actor.- Ciudadano que cobra por repetir lo que han escrito otros, pero que nunca repite exactamente lo que está escrito.

Salida para caso de incendio.- Puerta donde, en caso de incendio, se encuentran apilados los cadáveres.

Novela de 300 páginas.- Ladrillo combustible.

Paso para peatones.- Sitio estratégico para atropellos.

Menú.- Lista de cosas indigeribles.

Puntos suspensivos.- Agarradero de los que no tienen nada que decir cuando escriben.

Escaparate.- Especie de vitrina que se coloca en la planta baja de las casas para que las mujeres se detengan ante ella a arreglarse el pelo y retocarse el vestido.

Anécdotas del Talmud (por el Rabino Salomón Yabra)

LA COMPRA DEL VIENTO

Uno de los pobladores contó al rabí Mendel que el dueño del lugar exigía el pago de los alquileres, pero él no tenía el dinero necesario. El rabí le aconsejó que comprara lo que se ofreciera, salvo objetos robados. El hombre fue a ver al propietario para preguntarle si tenía algo para vender. El noble se encontraba rodeado por una cantidad de amigos y, para divertirlos, propuso al judío que comprara el viento. Éste, obedeciendo el consejo del rabí, aceptó la oferta y solicitó al propietario de la población que redactara un contrato por diez años especificando que le vendía el viento por cien táleros anuales. Se firmó el contrato y el judío entregó una suma de dinero como adelanto. Había varios molinos de viento en las tierras que alquilaba el noble y cuando éstos comenzaron a funcionar el Iehudí mostró el contrato a cada molinero exigiendo que le pagaran por el uso del viento. Pronto estuvo en condiciones de pagar al noble su alquiler.


OBEDECER A LA MADRE

Un discípulo advirtió que su rabí estaba concentrado en un problema de interpretación de la Torá. El joven sabía por experiencia que esa concentración sería larga y regresó a su casa a comer. Cuando hubo comido, su madre le pidió que le hiciera un mandado, pero el muchacho se negó a demorarse, con el argumento de no perder la lección del rabí. No obstante al salir, el muchacho reflexionó: "¿Acaso el propósito de aprender no es el de realizar buenas obras?; Obedecer a mi madre es más importante que la prisa por mi lección”. Regresó e hizo el mandado para su madre. Luego se apresuró a ir de su rabí. Cuando éste lo vio exclamó: "Has de haber hecho una buena acción, pues en cuanto te vi se aclaró algo que me resultaba complicado interpretar.


UNA PLEGARIA LOGRADA A MEDIAS

La mujer de un rabí de Ropshitz dijo a su marido: - Tu plegaria fue larga hoy. ¿Conseguiste que los ricos sean más generosos en sus dones a los pobres?. El rabí contestó: - Logré la mitad de mi plegaria. Los pobres están dispuestos a aceptarlos.


EL AMOR AL PRÓJIMO

Se relata la historia del Rabí Sásov, quien dijo no haber comprendido realmente el significado del amor a un semejante hasta que lo aprendió de un borracho. Cierta vez, el Rabí pasó frente a una taberna, y escuchó un dialogo entre dos hombres ebrios. Uno le decía al otro cuánto lo amaba, pero éste se negaba que esto fuera así. “¡Iván!”, exclamó. “Créeme cuando te digo que te amo mas que a cualquier otra cosa en el mundo”. “No digas eso, Igor”, le respondió Iván. “En realidad no me amas”. Igor bebió un vaso de vodka de un trago. Las lágrimas le corrían por el rostro. “Te lo aseguro, Iván. Te amo de todo corazón”, sollozaba. Iván meneó la cabeza. “No, Igor. No creo que me ames. Si realmente me amas, dime cómo estoy sufriendo. Dime lo que me falta. Dime cuáles son mis necesidades”. El Rabí de Sásov se alejó. “Ahora sé, que a menos que sienta el dolor de otra persona a sazón de saber cuáles son sus prioridades insatisfechas, realmente no he logrado un sentimiento de amor por ella”. El amor al prójimo requiere de una profunda comprensión personal para lograr comprender cuales son las necesidades de cada quien.


LA ELEVACIÓN

El rabí Menahem Mendel  conocido como el “Tzemaj Tsedek” era destacado desde la niñez por su extraordinario coeficiente. Cierta vez su abuelo lo vio jugando con chicos de su edad quienes competían por llegar más alto a través de una escalera; todos subían apenas hasta la mitad y luego se caían. Sólo él pudo llegar hasta el final de la escalera. El abuelo, sorprendido, le preguntó como es que pudo lograrlo. El niño respondió: “Mis amigos, al subir miran hacia abajo, al darse cuenta lo lejos están del piso, se marean y caen. En cambio yo, miro solamente hacia arriba apreciando cuán alto está el cielo y cuán bajo estoy, entonces prosigo subiendo hasta llegar a lo más alto”. En ocasiones, se cree estar en un nivel muy elevado pensando en alguna acción buena efectuada, pero cuando se observa hacia lo superior, analizando lo que falta, se logra elevar mas aún en lo espiritual.