sábado, 16 de septiembre de 2017

EL CAMINANTE Y SU SOMBRA por Jorge A. Dágata

Al evocar la figura de Friedrich Nietzche (1844-1900) nos representamos una mirada de insana lucidez, o esos bigotes que no necesitaban caricaturista que los exagerara. Poniéndonos un poco más serios, lo imaginamos anunciando para todos y para nadie, nada menos, la muerte de Dios, la necesidad del advenimiento del Superhombre, o reciclando el mito del eterno retorno. 
Es probable que nuestros presupuestos culturales agreguen a la imagen una mano compasiva que desde muy alto le palmea la espalda y lo invita a mirar el futuro: Las dos guerras mundiales desencadenadas tras su deceso (un millón de muertos solamente en la jornada del Somme, seiscientos mil en Verdún, por citar unas minucias). Hiroshima. Los escarceos actuales entre el King Kong coreano y el orangután del norte americano, como quien dice mojadas de oreja con un tanteo a este misil o a aquella superbomba, para definir quién tiene al fin y al cabo más larga la razón. O la recurrencia histórica que Arnold Toynbee puso en su lugar, en su monumental Estudio de la Historia, sin desmerecer el mito. 
¡Ay de las ideas, tan resbaladizas! Siempre de la cabeza a las manos de la misma criatura humana, que ya quisiera superarse y de la que se espera no termine cayendo algún grado en la escala, para volver al simio que, Darwin dixit, supo ser cuando en su peluda inocencia sólo devoraba bananas.

LA PROPUESTA

Al lector que ya está decidiendo abandonarnos, ¡valor! En esta nota no dilucidaremos (no sabríamos hacerlo) si sus ideas son emancipadoras, subversivas, anarquistas, reaccionarias, elitistas, antisemitas, esteticistas, misóginas, irracionalistas… como han sido calificadas por unos y por otros. La propuesta de hoy es recorrer unas páginas del Nietzsche poético que creemos valen la pena, compartirlas con la sana intención de disfrutar de una buena lectura, en sintonía con la línea que esta sección sigue desde sus orígenes.
Están extraídas de “El caminante y su sombra”, uno de sus libros de aforismos más bellos y densos, escrito en tres meses de descanso en Saint Moritz, en 1877 (no hay acuerdo unánime en cuanto al año), inspirado en paseos por los bosques, al pie de los glaciares y en las orillas de los lagos. Un libro que manifiesta el Espíritu libre (freier Geist), publicado en 1879. Que a la sombra precisamente ha quedado de Zarathustra o El Anticristo, porque revela más expresionismo que ideología, aunque no carezca de ella. A juicio del que lea, ahí va:

EN LA NOCHE

En cuanto cae la noche, se altera nuestra percepción con respecto a las cosas más próximas. Ahí está el viento, que merodea como por caminos prohibidos, murmurando, como si buscase algo, enojado porque no lo encuentra.
 Ahí está la luz de las lámparas, de tétrico, rojizo brillo, titilando laxamente, resistiendo desganadamente a la noche, esclava impaciente del hombre que vela. Ahí está la respiración del durmiente, su lúgubre compás, al que una pena siempre recurrente parece silbar la melodía; no la oímos, pero cuando el pecho del durmiente se eleva, sentimos nuestro corazón acongojado, y cuando el aliento decrece y casi expira en un silencio de muerte, nos decimos: ”¡descansa un poco, pobre espíritu atormentado!”
A todo viviente, pues vive tan oprimido, le deseamos un eterno reposo; la noche nos persuade a la muerte. Si los hombres careciesen del sol y condujesen con el claro de luna y el aceite la lucha contra la noche, ¿qué filosofía les envolvería con sus velos? Más aún, se le advierte ya al modo de ser espiritual y anímico del hombre cómo está en conjunto entenebrecido por la mitad de oscuridad y carencia de sol que enluta la vida.

NO SENTIR CADENAS

Mientras no sentimos que dependemos de algo, nos tenemos por independientes: un razonamiento falso que muestra cuán orgulloso y ansioso de poder es el hombre. Pues admite aquí que bajo cualquier circunstancia debe advertir y reconocer, en cuanto la sufre, la dependencia, bajo el supuesto de que habitualmente vive en la independencia y, tan pronto la pierda excepcionalmente, notará un contraste del sentimiento.
Pero ¿y si fuera verdad lo contrario: que siempre vive en múltiple dependencia, pero se tiene por libre cuando por hábito prolongado ya no nota la opresión de la cadena? Sólo las cadenas nuevas le hacen sufrir: “libertad de la voluntad” no significa propiamente hablando nada más que no sentir nuevas cadenas.

REMORDIMIENTO

El remordimiento es, como la mordedura de un perro a una piedra, una estupidez.

A VISTA DE PÁJARO

De varios lados se precipitan aquí torrentes hacia una sima: su movimiento es tan impetuoso y arrastra consigo la mirada de tal modo, que las laderas peladas y boscosas de la montaña en torno no parecen descender, sino como huir hacia abajo.
Viendo el espectáculo uno se tensa angustiado, como si detrás de todo ello se ocultase algo hostil ante lo que todo debiera huir y contra lo que el abismo no ofreciera protección.
Esta región no puede pintarse, a menos que se la sobrevuele como un pájaro al aire libre. Por una vez la llamada perspectiva a vista de pájaro no es aquí un arbitrio artístico, sino la única posibilidad.

LA MEDIOCRIDAD COMO MÁSCARA

La mediocridad es la más afortunada de las máscaras que puede llevar el espíritu superior, porque no hace pensar a la mayoría, es decir, a los mediocres, en un enmascaramiento; y, sin embargo, por eso precisamente se la pone aquél, para no irritarlos y aun, no pocas veces, por compasión y bondad.

ET IN ARCADIA EGO

(“Yo también en Arcadia”. Lema de los Viajes Italianos, de Goethe).
Miré hacia abajo, por encima de olas de colinas, hacia un lago de color verde lechoso, por entre abetos y adustos pinos añosos: rocas de todas clases en torno de mí, el suelo cuajado de flores y hierbas. Un rebaño se movía, se desperezaba y pacía ante mí; vacas desperdigadas y grupos más allá, a la más intensa luz crepuscular, junto al pinar; otras más cerca, más oscuras; todo en calma y vespertina saciedad.
El reloj marcaba casi las cinco y media. El toro del rebaño se había metido en el arroyo blanco de espuma y seguía lentamente, resistiendo y cediendo, su impetuoso curso: tenía sin duda en ello una especie de formidable placer.
Dos criaturas trigueñas, de ascendencia bergamasca, eran los pastores; la muchacha vestida casi como un chico. A la izquierda barrancos y campos de nieve más allá de amplias franjas boscosas, a la derecha dos enormes picos helados, muy por encima de mí flotando en el velo de la bruma solar; todo grande, tranquilo y claro.
Toda esta belleza producía un estremecimiento y una adoración muda del momento de su revelación; involuntariamente, como si no hubiera nada más natural, se introducían unos héroes griegos en este mundo de pura luz intensa; como Poussin y su discípulo tenía uno que sentir: heroica e idílicamente a un tiempo. Y así han también vivido hombres singulares, así se han sentido permanentemente en el mundo y al mundo en sí, y entre ellos uno de los hombres más grandes, el inventor de una manera heroico-idílica de filosofar: Epicuro.

¡HOMBRE!

¡Qué es la vanidad del hombre más vanidoso frente a la vanidad que posee el más modesto en cuanto que se siente “hombre” en la naturaleza y el mundo!

sábado, 9 de septiembre de 2017

DE ADIVINOS, SUPERSTICIONES Y DEMÁS CONJUROS....

Es interesante el papel que ha tenido lo desconocido en la historia de la humanidad. La más de las veces, la incertidumbre humana buscó cierta seguridad y estabilidad mediante la superstición, la hechicería, la adivinación y toda clase de conjuros o rarezas que tenía a mano. Muchas decisiones políticas, económicas y sociales que marcaron el destino de millones de vidas se han tomado (y aún se toman) de esta manera. Y lo que es más, en pleno siglo 21, hoy en día, están resurgiendo con más fuerza que antes pero con distintos ropajes, aún bajo los más asépticos pseudo racionales y tecnológicos. Pase y vea. Lo de hoy es sólo una pequeña muestra extraída del libro “Historia de las creencias” de Fernando Nicolay, Editorial Americana, año 1947.




     Luis XI tuvo algún tiempo por astrólogo a Ángel Cattho, quien no se separaba de él, ni más ni menos que su médico, éste empleando medicamentos conocidos, y el otro "dirigiéndose a lo desconocido para prever las enfermedades o para conjurarlas". Conocida es la ingeniosa réplica de un émulo de Cattho, Galeotti, a quien el rey, encolerizado, le vituperaba el haberle anunciado que "todo iría bien en Perona", y que, temiendo por su vida no sin motivo, dijo a Luis XI: "Señor, acabo de leer en el cielo que moriré tres días antes que Vuestra Majestad".

     Existe en la Costa de los Esclavos una superstición original, la del dedo del pie fetiche.
Ypori, tercer genio protector del hombre, dice un misionero, ha fijado su residencia en los dedos de los pies... De todos los genios, este es el menos favorecido, porque son raros los sacrificios que se le ofrecen; sólo los consigue cuando el negro ha de emprender un gran viaje, en cual caso hace fetiche a su dedo del pie, con .un poco de sangre de gallina y de aceite, con lo que el genio de los caminos debe estar satisfecho y mostrarse propicio.


... La fecha fatídica más famosa es quizás la del año, mil. Los hombres, que ya esperaban el aniquilamiento del mundo, al acercarse el año terrible hubieron de creer tanto más en la proximidad de la catástrofe final, cuanto que los últimos tiempos del siglo X señaláronse por espantosos azotes, peste y hambre.
     La fe en aquella predicción era tan grande, que muchos documentos públicos de aquella época se motivaron con la siguiente fórmula: "Acercándose el fin del inundo, .."
La realidad de esta superstición ha sido discutida en un libro reciente, citándose, en efecto, una decisión del Concilio de Roma de 998 que imponía al rey Roberto una penitencia de siete años que, por consiguiente, no debía quedar cumplida hasta cinco años después del año mil; pero en esto no hay contradicción, pues si bien es indudable que la autoridad pontificia y las personas ilustradas de entonces no creían en la venida inmediata del Anticristo, en cambio al pueblo y al bajo clero impresionóles hondamente el texto del Apocalipsis que parecía anunciar para el año mil el fin del mundo.

     Refiere San Juan Crisóstomo. que en su tiempo, para imponer un nombre de fila a un recién casado, se encendían cirios a los cuales se designaba por santos del calendario y el cirio que ardía más tiempo, indicaba el protector que había de asegurar larga vida al niño.

     Más numerosas aún son las supersticiones relativas al matrimonio, de las cuales sólo enumeraremos las que eran tradicionales en nuestras antiguas provincias.
-¿Quería uno de los esposos asegurarse el afecto perseverante del otro? Pues no tenía que hacer otra cosa que darle a beber agua en la que hubiese estado en remojo durante un día un hueso sacado de la fosa de un -criminal... o ayunar seis viernes seguidos.

-Un matrimonio celebrado en miércoles debía, dar necesariamente malos resultados.

-Toda boda realizada en mayo traía como consecuencia la pobreza.

-¿Se celebraban dos casamientos en la misma iglesia y en un mismo día? Pues sólo podía ser dichoso el primero.

-Otro medio muy recomendado para garantizar la felicidad a la recién casada consistía en hacer que aplastara con el pie un huevo al entrar en el domicilio conyugal, o bien en arrojarle a él un puñado de trigo a la cabeza.

     El juego de la taba tiene un origen adivinatorio: la posición en que quedaban los huesecillos al caer separadamente o en grupo, dio origen a la astragalomancia. A menudo los huesecillos eran substituidos por dados.

     Decretábanse las leyes y resolvíanse los tratados de paz según fuesen el balido de un carnero o los movimientos de un cabrito: en una ocasión Aníbal apremió al rey Prusias para que librara combate contra los romanos, pero aquél se negó a ello diciendo que las víctimas se oponían, a lo que el cartaginés repuso: "¿De modo que preferís el consejo de un carnero al de un viejo general?"

    A  un   romano   que,  lleno de espanto, acudió a Catón para referirle que la noche antes unos ratones le habían roído los zapatos, dióle éste la siguiente respuesta: "Amigo mío, recobrad vuestro ánimo, que este accidente no tiene nada de espantoso. Lo que sí habría sido indudablemente un prodigio terrible es que los zapatos se hubiesen comido a los ratones".

     He aquí cómo se practicaba la Alectoromancia (Adivinación por medio de un gallo). Cuando se quería descubrir el nombre de un enemigo o de un culpable, se dibujaban en una superficie muy lisa tantas casillas como letras tiene el alfabeto y se colocaba cierta cantidad de granos de trigo en cada una de ellas, empezando por la A. Una vez distribuido el trigo en esta especie de tablero, de damas improvisado, se tomaba un gallo joven, enteramente blanco, se le cortaban las uñas y se le hacía tragar un pedacito de pergamino en el que se habían escrito algunas palabras cabalísticas. Hecho esto, se ponía en el suelo al animal, que picoteaba los granos, y a medida que éste iba comiendo se apartaban las letras correspondientes, juntándolas luego con la esperanza de encontrar el nombre que se deseaba conocer, o por lo menos alguna sílaba indicadora.

     En tiempo de Plinio y aun muchos siglos después pretendíase descubrir a los ladrones y a los asesinos por medio de la Axinomancia, o prueba del hacha y del mango: se arrojaba contra el tronco de un árbol un hacha que poco a poco se desprendía de la hendidura a causa del peso de su largo mango que formaba palanca; sucesivamente se pronunciaban los nombres de los individuos sobre quienes recaían sospechas y aquel a quien se nombraba en el momento en que el hacha caía al suelo era declarado culpable. ¡Horroriza pensar que ha habido quienes  han podido ser condenados sin más pruebas que estas!

     También se buscaba a los criminales por medio de las cebollas (cromyomancia): la víspera de Navidad se colocaban encima de un altar cierto número de bulbos, cada uno de los cuales llevaba el nombre de uno de los acusados, y el que germinaba primero revelaba el culpable. Esta forma de adivinación se empleaba asimismo para ayudar a la elección de un esposo.

Y aún hay mas:

- Colocar una espada desenvainada sobre el mástil de un buque para desviar la tempestad.
- Bailar en la iglesia en las fiestas de la Ascensión y de San Bartolomé, para curarse de la epilepsia.
- No comer cabezas de animales para no tener dolor de cabeza.
- Tocar con los dientes un diente de ahorcado o ponerse un pedazo de hierro en la boca cuando suenan las campanas del Sábado Santo, para curarse del dolor de muelas.
- Para no perder el cuchillo que se ha comprado, dar a un perro el primer pedazo de pan que con él se corte.                                                      
-El que, encontrándose sin  dinero, oye cantar el cuclillo, continuará todo el año sin recursos.
- Encontrar por la mañana una liebre o una vieja acarrea desgracia.
- Es preciso quemar los cabellos que nos cortan so pena de padecer de calvicie.
- Si se dan las gracias por la leche regalada, la vaca enfermará.
- ¿Llueve el día de la boda? La novia llorará a menudo.
- No se corten las uñas de los niños más que con los dientes, de lo contrario serán unos bribones.
- Si se puede hacer entrar a un recién nacido en la iglesia por una ventana, vivirá muchos años: este consejo sólo puede practicarse, como se ve, si la iglesia es un edificio miserable.
- En las memorias policíacas de Dutard, durante el ministerio de Garat, vemos que en París se vendían "cajas de grasa de ahorcado para curar los reumatismos".
- Si un perro pasa entre dos amigos, es señal de ruptura.
- El que come pan mordido por otro, no tardará en odiar a éste.

- Está libre de epilepsia el que lleve los nombres de los tres reyes magos: Gaspar, Melchor y Baltasar.

sábado, 2 de septiembre de 2017

ES COMO EL AGUA... Por Leopoldo de Luis

Es como el agua en gracias generosas
por el frescor humilde de la arena:
un albo deshojar de húmedas rosas,
líquido florecer que de amor suena.

Sencillamente fluyes, te derramas
en amorosa ofrenda por mi orilla.
De agua encendida o de fluyentes llamas
tocada dejas esta humana arcilla.

Como en la húmeda tierra tengo huellas:
sobre mí de tu paso transparente,
y brillantes guijarros, como estrellas,
iluminados bajo tu corriente.

Mira el agua. Contémplate. En el fondo
de mi alma, amor, lo mismo fluyes.
Miro el agua. Te miro. Y en el fondo
del tiempo, acaso, como el agua huyes.

La oveja cien Por Ezequiel Feito

I

Hay una silla que nadie ocupa, un lugar pequeño,
un vacío de luz que nada vale.
Es el de la oveja cien, la sin nombre,
la que hoy es nunca y mañana nadie.

¿Por qué se ha ido? ¿No te importa?
Guarda eres de tu hermano, ¿no lo sabes?


                    II

¿Quiénes son las 99 satisfechas,
engordando con la ausencia de ese aire?
Sus vientres se llenan mientras tanto el mundo
va vaciándose.

  III

Tú eres esa oveja, búscala.
Su corazón y su muerte son tu parte.

Si, búscala como a tu vida;
sólo en ella te hallarás buscándote.

Pensamientos de Pascal (selección)

213
Entre nosotros, y el infierno o el cielo, sólo está la vida, que es la cosa más frágil del mundo.

426
Puesto que la verdadera naturaleza está perdida, todo se torna su naturaleza; del mismo modo, puesto que el verdadero bien está perdido, todo se torna su verdadero bien.

438
¿Si el hombre no está hecho para Dios, por qué sólo es feliz en Dios? ¿Si el hombre está hecho para Dios, porqué es tan contrario a Dios?

439
Naturaleza corrompida. - El hombre no obra por razón, la cual constituye su ser .

442
La verdadera naturaleza del hombre, su verdadero bien, y la verdadera virtud y la verdadera religión, son cosas cuyo conocimiento es inseparable.

456
¡Qué desarreglo del juicio, por el cual no hay nadie que no se sitúe por encima de todos los demás, y que no prefiera su propio bien a y la duración de su dicha y de su vida, a la
de todos los demás!

209
¿Eres menos esclavo, por más que tu dueño te ame y te halague? Tu suerte es grande, esclavo. Tu dueño te halaga; pronto te castigará.

462
La mayor parte de los hombres sitúa el bien en la fortuna y en los bienes de afuera, o por lo menos en la diversión. Los filósofos han mostrado la
vanidad de todo eso, y lo han colocado donde han podido.

469
Siento que puedo no haber sido, pues el yo consiste en mi pensamiento; por lo tanto, yo que pienso no habría sido si mi madre hubiera sido muerta antes que yo hubiese sido
animado; por lo tanto, yo no soy un ser necesario. Tampoco soy eterno ni infinito; pero me doy perfecta cuenta de que hay en la naturaleza un ser necesario, eterno e infinito.

472
La voluntad propia a nunca estará satisfecha, aun cuando tuviere poder de todo lo que quiere; pero estamos satisfechos desde el momento en que a ella renunciamos. Sin ella, no podemos estar descontentos; por ella, no podemos estar contentos.

198
La sensibilidad del hombre por las pequeñas cosas y la insensibilidad por las grandes cosas: señal de una extraña inversión

249
El supersticioso pone su esperanza en las formalidades,
pero el soberbio no quiere someterse a ellas.

253
Dos excesos: excluir la razón, no admitir más que la razón.

253
Dos excesos: excluir la razón, no admitir más que la razón.

257
Sólo hay tres clases de personas: los que sirven a Dios, habiéndolo encontrado; los que se afanan buscándolo, porque no lo han encontrado; los que viven sin buscarlo ni haberlo encontrado. Los primeros son razonables y felices, los últimos son locos y desdichados, los del medio son desdichados y razonables.

261
Quienes no aman la verdad toman el pretexto de la disputa, de la multitud de los que la niegan. Y por ello su error sólo proviene del hecho de que no aman la verdad o la caridad; y por ello no se han excusado de esto.

267
El último paso de la razón es reconocer que hay una infinidad de cosas que la superan; ella no es más que debilidad, si no alcanza a conocer esto..

265
La fe dice en verdad lo que los sentidos no dicen, pero no lo contrario de lo que ellos ven. Ella está por encima, y no en contra.

269
Sumisión y uso de la razón; en esto consiste el verdadero cristianismo.

273
Si todo se somete a la razón, nuestra religión no tendrá nada de misterioso o de sobrenatural. Si se conculcan los principios de la razón, nuestra religión será absurda y ridícula.

sábado, 26 de agosto de 2017

TENEMOS QUE UNIRNOS Siglo 20, problemático y febril Por Juan Parrotti (Extraído de la revista “Hortensia” de marzo de 1985

Buena la intención esa de que todos los argentinos nos unamos, abandonando rencores, enconos y toda clase de diferencias. Los estadistas más lúcidos han tratado siempre de unir a los habitantes del país que gobernaban. Oigo estadistas y estoy diciendo hombres de Estado, no digo políticos porque, generalmente, devienen en deplorables punteros de seccional. El infierno ha sido empedrado por los bien intencionados: suele contarse de aquel señor que, con la mejor buena intención transformó la empresa en cooperativa. Al día siguiente, nadie fue a trabajar porque todos eran patrones.
Trato de dispensarme y vuelvo a la intención de unirnos. Entonces me pregunto con quién debo iniciar la unidad. Con los vecinos que son buenas personas, viven de su trabajo y tienen grandes y hermosos planes para sus hijos. Hasta ahí estoy absolutamente de acuerdo. Trabajar con esa gente hasta puede llegar a mejorarme y quizá podamos hacer muchas cosas importantes, hombro a hombro.
¿O debo intentar la unidad con el dueño del supermercado que, dado que los clientes se atienden solos, ocupa sus empleados en la remarcación de precios, acaso para que no estén ociosos?
¿Con el pequeño ahorrista que intentando cubrirse de la inflación, la devaluación o las corridas de precios, pone sus pocos pesos en el circuito financiero? De acuerdo, unirse con un hombre con sentido de la previsión puede llegar a contagiarme y transformarme en un tipo más o menos sensato en el manejo del dinero.
Sin embargo, cuando nos conminan a unirnos y la conminación aclara que debe ser con todos los argentinos, caigo en un profundo pozo de dudas.
Y hay argentinos muy traviesos que consiguen un estupendo crédito para reactivar su empresa, invierten doce pesos argentinos en ella y el resto lo ponen en la patria. . . financiera. Con esos también debo unirme, en el caso, poco probable de que me acepten?
Cuarenta años atrás, Eduardo Mallea había descubierto que existían dos Argentinas: la visible y la invisible. La visible es la que tiene el poder. Digo poder y no digo gobierno, que es otra cosa.
Y la invisible la que forman las legiones de trabajadores que, acaso no sepan definir lo que es Patria, pero que la están construyendo todos los días de su vida.
Me parece que hacer una mezcla de esas dos Argentinas es algo peligroso, algo muy erizado de riesgos: focalizada la Situación desde una óptica optimista, podríamos pensar en la posibilidad de que la Argentina invisible contagiara a la Argentina visible, pero acontece que las posibilidades son parejas, y como anclamos de malas, quizás el contagio sea el no deseado.
Una mezcla parecida fue rechazada por Bernard Shaw. La hermosa vedette le había ofrecido unirse para engendrar un hijo que poseyera su belleza y el talento del dramaturgo.
El hombre lo pensó y en la medida en que lo iba pensando crecía su espanto. Finalmente le respondió: existe la posibilidad siniestra de que nuestro hijo herede mi belleza y su talento. Murió soltero, solitario.
Solitario, como andan muchos hombres que pertenecen a la Argentina invisible porque temen a las siniestras posibilidades. Todo esto para decir que eso de la unidad nacional es algo que debe especificarse con mucha claridad, como para que puedan entenderla los tipos como yo. De todos modos, insisto, la intención es buena, un poco ingenua, si usted quiere, pero nadie ha dicho que los ingenuos sean malos.

LA AUTOPSIA DE CRESO Por Leopoldo Marechal - Última Entrega

52.- Pero el marxismo trae a la vez un “sistema económico” de justicia en la distribución. Y es lo único de la doctrina que le duele a Creso, aunque para combatir a Marx, el Hombrecito Económico suele decir hipócritamente qué lo hace en defensa de la civilización occidental y “cristiana”, de la misma que traicionó él en sus esencias, vale decir en los principios del Evangelio. Ahora bien, la doctrina marxista, desde su aparición, se ha concretado en realizaciones “mínimas” y en realizaciones “máximas”: las primeras merced a una legislación socialista o socializante, pretenden “frenar” a Creso en sus desbordes, bien que sin eliminarlo de la función económica; las realizaciones “máximas”, aplicando el dogma en todo su rigor, “suprimen” totalmente a Creso del organismo social. Unas y otras producen un “avance del Estado” sobre la organización humana o un estatismo económico al que la prensa de Creso y sus redactores anatematizan como “dictatorial”. Velazco amigo, yo, que nunca me asusté de las palabras, no veo mal ninguno en que un Estado, celoso de la justicia distributiva, ejerza, por necesidad, funciones “supletorias” de las que se negó a cumplir el Hombrecito Económico en su apostasía social.

53.- Según lo he demostrado, el marxismo, que se anunció como un “amanecer”, perfecciona y cierra la noche de Creso, aunque proponga un sistema distributivo de la riqueza que tampoco es original, ya que las primeras organizaciones cristianas “poseían en común todas las cosas” (Hechos de los Apóstoles, II, 44). Nos faltaría, pues , amigo Velazco, pronosticar la evolución futura de los problemas que suscitó y agudizó Creso durante su tiranía. Para lo cual nos basaremos en los tres datos que siguen: 1º) se da en las masas (y en el orden mundial) una “conciencia” de sus derechos a la vida, cada vez más clara y más perentoria. 2º) se une a esa conciencia una identificación muy precisa de los “factores responsables” que actúan con signo negativo en la organización social; y 3º) las estadísticas aseguran que a fin de siglo la población mundial se habrá duplicado vale decir que 3.000 millones más de hombres reclamarán su derecho a la existencia (o su “deber”, que será más drástico).

54.- Claro está que la magnitud de los problemas exigirá entonces la organización de Estados realistas cuya naturaleza implique: a) o la participación de un Creso “regenerado”, vale decir concientemente restituido a su virtud original, pero con riendas estatales que lo controlen; porque, librado a sí mismo, Creso puede volver a sus antiguas iniquidades, b) o la constitución mundial de Estados marxistas parecidos a los que ya tenemos, lo que significaría el triunfo universal del dogma, hipótesis nada segura, dado el carácter endeble y “mutilante del hombre” que presenta la doctrina c) o la adopción de la doctrina en su mero sistema productivo y distributivo de la riqueza, el cual, sobre la base de cualquier tradición religiosa o metafísica, bien puede florecer en comunismo cristianos, musulmanes, hindúes y chinos. Abona esta última posibilidad el hecho de que las cuatro clases sociales, al responder a cuatro funciones necesarias y a cuatro naturalezas de individuos, no dejan de manifestarse ni aun en los Estados comunistas de hoy. Sabemos que Tiresias, el hombre sacerdotal, existe y obra en ellos, aunque, merced al ateismo de la doctrina, lo haga en el “subsuelo” donde lo espiritual se refugia (ya lo dije) cuando el clima exterior se le hace adverso. Ayax al soldado integra los ejércitos rojos, en defensa y `expansión de la doctrina. También Creso aparece, muy bien disfrazado, en los directores oficiales de empresas comunistas y en sus Jefes de producción. En cuanto a Gutiérrez, está, como de costumbre, al servicio de todos, y como ayer, sin comerla ni beberla: su “dictadura” (la del proletariado) no salió de una mera enunciación “abstracta”, ya que, según era previsible, otras clases ejercen su “tutoría” y gobiernan por él.

55.- Para reconstruir el orden bastaría con que las tres clases primeras, corrigiendo sus “vicios” y recobrando sus “virtudes” actuaran otra vez en armonía y jerarquía. Parece fácil ¿no es verdad?, sobre todo cuando nos decimos que para ello bastaría con eliminar del orbe y en cada uno de nosotros la “mentalidad de Creso”, esa triste ponzoña degradante o ese pequeño demonio sin gracia que se deslizó en el mundo y que lo estrangula. ¿No es verdad que parece fácil? Un movimiento de reacción a “retropropulsión” (están de actualidad) a operarse no en el espacio físico, sino en el tiempo histórico, nos llevaría de nuevo al equilibrio, y por consiguiente al orden. Amigo Velazco, usted es un “vate”, como yo: ¿Nos atreveríamos a “vaticinar”? No lo hagamos. Porque las reacciones y “enderezamientos” de la historia vienen ordenados, más que por el hombre, por el adorable y a veces incomprensible Autor de la historia. Colaboremos, a tientas con el Autor. Y digamos en las buenas y en las malas: “Ut in omnibus glorificetur Deus”. Así concluye mi Autopsia de Creso: perdóneme usted el abuso de comillas y bastardillas que habrá notado y que responden a mi jamás tranquilo celo didáctico.”


Fin de “La Autopsia de Creso”