sábado, 12 de julio de 2014

POESÍAS SELECCIONADAS DEL LIBRO “JARDÍN DE VERSOS PARA UN NIÑO” DE ROBERT L. STEVENSON



MI SOMBRA

Mi sombra no es muy grande y va siempre conmigo,
pero qué hacer con ella, yo nunca lo he sabido.
Es idéntica a mí, mide lo mismo de alto,
y salta junto a mí cuando a la cama salto.
Lo más raro que tiene es que crece a su modo,
no como hacen los niños, que es siempre poco a poco;
porque a veces se estira cual si fuese de goma
y es tan pequeña a veces que se esfuma y se borra.
No tiene ni noción de cómo juega un niño,
y encuentra mil maneras de ponerme en ridículo.
Se nota que es cobarde por cómo se me pega,
pero yo hago igual que ella: ¡me pego a mi niñera!
Un día muy temprano, antes de verse el sol,
salí al jardín: brillaba rocío en cada flor;
pero mi sombra vaga, dormida y haragana,
no se vino conmigo y se quedó en la cama.


EJÉRCITOS EN EL FUEGO

Los faroles iluminan la calle;
Sombrías resuenan las pisadas
Y un triste crepúsculo desciende lentamente
Sobre los árboles y muros del jardín.
En la oscuridad que ahora cubre todo
Sólo el fuego ilumina la oscura habitación:
Lame los techos con vacilantes sombras
Y aviva los lomos de los libros.
Contemplo ejércitos que avanzan hacia murallas y torres
De ciudades que arden en ese fuego.
Mientras aún mis ojos están viéndolo,
Los ejércitos se borran, su orgullo perece.
Mas otra vez se aviva el fuego
La fantasmal ciudad arde de muevo
Y hacia rojizos valles
Los ejércitos fantasmales avanzan.
Engañosos rescoldos, decidme la verdad,
¿Hacia dónde caminan los ejércitos,
Y cuál es la ciudad en llamas
Que sobre vuestras cenizas se desmorona?


HORA DE LEVANTARSE

Hasta mi ventana salta el pajarillo
de plumas oscuras y pico amarillo.
Fija en mí sus ojos brillantes y exclama:
“¿No te da vergüenza seguir en la cama?”


EL PAÍS DE LA COLCHA

Cuando estaba enfermo y guardaba cama,
en dos almohadas grandes me apoyaba
y tenía a mano todos mis juguetes
para que estuviese contento y alegre.

Y pasaba a veces horas contemplando
a mis soldaditos de plomo marchando,
con sus uniformes de bellos colores,
por sábanas llenas de campos y montes;
  y a veces echaba a la mar mis barcos,
por entre las mantas subiendo y bajando;
o si no, sacaba mis casas y árboles
y por todas partes montaba ciudades.

Yo era aquel gigante enorme que estaba
sentado sobre una montaña de almohadas,
y que contemplaba desde el rompeolas
el apasionante mundo de la colcha.

No hay comentarios:

Publicar un comentario