sábado, 4 de junio de 2016

LOS TRES AMIGOS Por JUAN HÉRDER.

Tuvo un hombre tres amigos,    
Y no es gran cosa tener
Tres seres a quien hacer
De nuestra dicha testigos.

Yo no sé por qué razón
Mientras a los dos quería,
El tercero no tenía
Gran sitio en su corazón.

Pues fue acusado una vez
De un crimen: y aunque inocente,
Tuvo necesariamente
Que presentarse ante el juez.

No era bien, por vida mía,
Ir solo; así lo creyó
Y a sus amigos rogó
Que le hiciesen compañía.

El primero, con razones
De más o menos valer
Se excusó por no tener
En su casa desazones.

El segundo, al tribunal
Aunque reacio llegó;
Mas sin entrar se volvió,
Temeroso de algún mal.

El otro, que fue aquel día
Con el que menos contara,
Por ser su amistad muy rara
Y de poca simpatía,

Entró con él; y de un modo
Habló con tanta elocuencia,
Que el juez, viendo su inocencia,
Le absolvió al punto de todo.

Y no tan sólo perdón
Obtuvo, sino que el juez
Creyó que era aquella vez
Justicia un buen galardón.

Y así, juzgando en conciencia,
Galardonó al acusado:
Que el juez se siente obligado
Cuando es mayor la inocencia.

Tiene el hombre, a no dudar,
Tres amigos de interés:
¿Cómo se portan los tres
Cuando el hombre va a expilar?

El dinero es el primero
Que en el sepulcro le deja;
Porque allí no se maneja
El no ser con el dinero.

Los parientes en tropel
Le acompañan con dolor,
Hasta que el enterrador
Se enciende a solas con él.

El otro amigo, el que cuida
De su afecto en un mal paso,
Aquel de quien no hizo caso
En los trances de la vida,

Aquel que con consecuencia
No le causa nunca enojos
Y entorna al  morir sus ojos,
Es, una recta conciencia.

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