sábado, 17 de mayo de 2014

Reposo - Por Francisco Isernia (1896-1946)

En el sillón antiguo de la sala
 se ha dormido la niña, placentera.
Por la ondulada y rubia cabellera
la luz del aire, tímida, resbala.

Fuera, una nube pálida recala.
Ya está la tarde tras de la vidriera.
La niña ha sonreído cual si viera
cómo el ángel del sueño pliega el ala.

Entre la blanca blusa desprendida
se siente el puro aliento de la vida
en el ritmo del seno casto y breve.

Y hay en su cara tal recogimiento,
que en el callado umbral del aposento
la tarde quiere entrar y no se atreve.

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