Cuando las cosas vayan mal como a veces ocurrirá
Cuando el camino que recorres con dificultad parece todo cuesta arriba
Cuando los recursos son escasos, y las deudas altas
Y quieres sonreír pero tienes que suspirar
Cuando la inquietud te pesa.
Descansa si debes pero, ¡ no abandones!
La vida es extraña con sus vueltas,
como cada unos de nosotros a veces aprende.
Y más de un fracaso da la vuelta completa
Cuando podría haber ganado si hubiera insistido
No abandones aunque el ritmo parezca lento
Puede que tengas éxito con otro paso.
El éxito es fracaso vuelto del revés el matiz
de plata en la nube de la duda,
Y nunca puedes decir lo cerca que estás.
Puede que esté próximo cuando parece tan lejos.
Así es insiste en la lucha cuando más duramente seas golpeado
Es cuando las cosas parecen peores cuando no debes abandonar.
¡Bienvenidos! Este blog de literatura está abierto a todo tipo de lectores. Quienes lo hacemos no tenemos otra motivación que el de compartir la lectura de las obras de escritores de todos los tiempos, así como también las de aquellos que se inician y también merecen difusión.
sábado, 9 de agosto de 2014
Oh Capitán, mi capitán! - Por Walt Whitman
Oh Capitán, mi Capitán:
nuestro azaroso viaje ha terminado.
Al fin venció la nave y el premio fue ganado.
Ya el puerto se halla próximo,
ya se oye la campana
y ver se puede el pueblo que entre vítores,
con la mirada sigue la nao soberana.
Mas ¿no ves, corazón, oh corazón,
cómo los hilos rojos van rodando
sobre el puente en el cual mi Capitán
permanece extendido, helado y muerto?
Oh Capitán, mi Capitán:
levántate aguerrido y escucha cual te llaman
tropeles de campanas.
Por ti se izan banderas y los clarines claman.
Son para ti los ramos, las coronas, las cintas.
Por ti la multitud se arremolina,
por ti llora, por ti su alma llamea
y la mirada ansiosa, con verte, se recrea.
Oh Capitán, ¡mi Padre amado!
Voy mi brazo a poner sobre tu cuello.
Es sólo una ilusión que en este puente
te encuentres extendido, helado y muerto.
Mi padre no responde.
Sus labios no se mueven.
Está pálido, pálido. Casi sin pulso, inerte.
No puede ya animarle mi ansioso brazo fuerte.
Anclada está la nave: su ruta ha concluido.
Feliz entra en el puerto de vuelta de su viaje.
La nave ya ha vencido la furia del oleaje.
Oh playas, alegraos; sonad, claras campanas
en tanto que camino con paso triste, incierto,
por el puente do está mi Capitán
para siempre extendido, helado y muerto.
nuestro azaroso viaje ha terminado.
Al fin venció la nave y el premio fue ganado.
Ya el puerto se halla próximo,
ya se oye la campana
y ver se puede el pueblo que entre vítores,
con la mirada sigue la nao soberana.
Mas ¿no ves, corazón, oh corazón,
cómo los hilos rojos van rodando
sobre el puente en el cual mi Capitán
permanece extendido, helado y muerto?
Oh Capitán, mi Capitán:
levántate aguerrido y escucha cual te llaman
tropeles de campanas.
Por ti se izan banderas y los clarines claman.
Son para ti los ramos, las coronas, las cintas.
Por ti la multitud se arremolina,
por ti llora, por ti su alma llamea
y la mirada ansiosa, con verte, se recrea.
Oh Capitán, ¡mi Padre amado!
Voy mi brazo a poner sobre tu cuello.
Es sólo una ilusión que en este puente
te encuentres extendido, helado y muerto.
Mi padre no responde.
Sus labios no se mueven.
Está pálido, pálido. Casi sin pulso, inerte.
No puede ya animarle mi ansioso brazo fuerte.
Anclada está la nave: su ruta ha concluido.
Feliz entra en el puerto de vuelta de su viaje.
La nave ya ha vencido la furia del oleaje.
Oh playas, alegraos; sonad, claras campanas
en tanto que camino con paso triste, incierto,
por el puente do está mi Capitán
para siempre extendido, helado y muerto.
Sí, yo sé... Por Omar Khayyam
Sí, yo sé, mi persona toda es bella,
delicioso el perfume que ella exhala,
el rosa mío al de la rosa iguala,
mi línea al lado del ciprés, descuella.
Mas, con todo, esta incógnita me aterra:
¿Por qué mi alto Escultor me hizo de tierra?
delicioso el perfume que ella exhala,
el rosa mío al de la rosa iguala,
mi línea al lado del ciprés, descuella.
Mas, con todo, esta incógnita me aterra:
¿Por qué mi alto Escultor me hizo de tierra?
POETAS FUTUROS Por WALT WHITMAN
Poetas futuros, oradores, cantores, músicos futuros!
No me justificará este día ni responderá por mí,
Pero vosotros, de una generación nueva, pura, atlética,
continental, más grande que todas las generaciones
conocidas,
¡Despertad, pues tenéis que justificarme!
Yo no hago otra cosa que escribir una o dos palabras
indicativas para el porvenir;
No hago otra cosa que avanzar un instante, y luego me vuelvo
apresuradamente a las tinieblas.
Soy un hombre que, vagando a la ventura y sin detenerse,
os dirige una mirada casual y vuelve el rostro,
Dejando que vosotros lo analicéis y lo defináis,
Esperando de vosotros lo más importante.
No me justificará este día ni responderá por mí,
Pero vosotros, de una generación nueva, pura, atlética,
continental, más grande que todas las generaciones
conocidas,
¡Despertad, pues tenéis que justificarme!
Yo no hago otra cosa que escribir una o dos palabras
indicativas para el porvenir;
No hago otra cosa que avanzar un instante, y luego me vuelvo
apresuradamente a las tinieblas.
Soy un hombre que, vagando a la ventura y sin detenerse,
os dirige una mirada casual y vuelve el rostro,
Dejando que vosotros lo analicéis y lo defináis,
Esperando de vosotros lo más importante.
jueves, 7 de agosto de 2014
Lugares - Por María Neder
Aunque parezca romántico instantes perpetuos
se agrandan en una región de la memoria.
Son estallidos de un disparo
casi inadvertido que abandona en papel
aquel trazo del instinto y la coherencia.
Un aleph.
Una región en la piel
donde la palabra trébol queda a campo abierto,
lejanísima de todas las batallas,
la sostiene en el centro del ojo
cada vez que aparece el destello.
Lo inexorable es el aleph del otro,
como la distinción de los palos de la baraja,
la existencia cierta de la garra del ave de rapiña,
el sonido de los cuerpos en las calles,
la sucesión de bombardeos en el este,
y nuestra historia vivida al compás
de la historia del desvarío.
Viaje más viaje más viaje
para llegar a esta mesa de tréboles negros,
esta ciudad transexuada,
esta esquina final y subterránea.De “Heridas de Póker”, ediciones del Dock
Estampas - Por María Neder
Rotura de la madre.
Fiebre de la escritura anhelante de cauce
-agüita simple suave clara
salvaje.
Letras desarmadas agotadas por tanto simulacro
palabrean en detenida infancia,
en marmitas donde se cuecen los bocetos,
donde caemos como despatriados
y la reconstrucción de azares llega
en cada gajo, cada consonante
como varios silbidos sostenidos por la mano
las manos hacedoras de alimento.
Y la caída dulce en la cotidiana
fragmentación del sabor de lo nombrado.
Fragmentación en gajos y la mirada absorta
de la iguana temblorosa
incapaz de vuelo, incapaz de piano,
de acorde en mí,
solitaria hembra enhebrando alas.
De “Heridas de Póker”, ediciones del Dock
La voz impresa - Por María Neder
Y te pierdes madre en una voz grabada
en la piedra.
Diamantes tréboles piques y corazones,
la distinción de las heridas
-otra palabra oscura,
alargada, como las huellas de
cigarro en la madera.
Y la voz suena en los silencios del piano
y el piano responde en los silencios de la voz,
quemada en la última negrura,
pintada en el piso de parquet
la alargada herida del fuego del vicio
prohibido en Madrid, en París, en Buenos Aires,
y el vicio de oírte también.
Las jugadoras son raras solitarias
fuman tabaco, duermen de día,
no cocinan torrejas ni cazuelas.
Y ¿cómo vienes madre a aplaudir
como aplauden en el campo insistentes
ante la puerta del otro lado?
¿Cómo me pides que te abra
de este lado, si ando como gata
y un cigarro y otro?
El idéntico ahogo en el hueco
de una pisada en la nieve.
De “Heridas de Póker”, ediciones del Dock
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