sábado, 7 de noviembre de 2015

EL AMABLE REGRESO Por Alfredo R. Bufano

Vengo, esposa, cansado de mi diaria faena,
tiende pronto el mantel en la mesa de pino,
y mientras me sonríes, adereza la cena,
¡la jornada es muy larga, como es largo el camino!

Comeremos lo poco que aprontaron tus manos
con el ansia secreta de complacerme en todo,
mientras vas alegando que nos mantiene sanos,
como un gajo de guindas, el comer de este modo.

Tampoco te olvidaste de poner el florero,
como centro de mesa, con un ramo de rosas. . .
¡Ah, cómo me conoces y sabes que prefiero
un puñado de flores, a cualquier otras cosas!

Bendice con tus manos el pan de cada día,
y cenemos, cenemos mientras la noche avanza,
llenándonos el alma de una suave alegría,
precursora adorable de una nueva esperanza.

¡Oh, cuan grata es la cena que el trabajo procura,
y qué pan más sabroso el que está bien ganado,
y cuan buena es el agua y esta poca verdura
que en los gratos domingos uno mismo ha sembrado.

Abrir las ventanas - Por GUILLERMO JAIM ETCHEVERRY

         Cuando llego a la habitación de un hotel, en cualquier lugar del mundo, me sorprende con reiterada frecuencia el hecho de encontrarla a oscuras. En vez de abrir las cortinas cerradas, mi acompañante enciende las luces y, con un indisimulable aire de satisfacción, deposita en mis manos el control remoto del televisor.
Mediante esa ceremonia parece querer introducirme al mundo, incorporarme a la realidad. No pocas veces, al quedarme solo y abrir de par en par esas ventanas clausuradas, me sorprende la sobrecogedora belleza de un paisaje natural o edificado por el hombre.
Esa experiencia es una metáfora de la tendencia actual a ignorar la realidad real, privilegiando la que muestran los televisores. De esa manera, evitamos la posibilidad de dejar vagar nuestra imaginación contemplando las imágenes de la realidad.
Hasta los niños están perdiendo la experiencia de mirar las casas cuando viajan en el asiento trasero del automóvil, inventando vidas a quienes las habitan. Ya muchos vehículos incorporan uno o más televisores portátiles en esos asientos, al igual que los taxis, donde no pueden ser apagados por el pasajero, presa cautiva de la publicidad. Quienes forman largas filas en las cajas de los supermercados, ven también amenizada su espera mediante estratégicos televisores. No sólo estamos perdiendo la privacidad en nuestras casas, sino que también se nos obstaculiza la experiencia enriquecedora de sentirnos seres privados en un ámbito público.
Es que vivimos atemorizados por la posibilidad de quedar aislados, de no compartir el mundo común, que parece circunscripto al que reflejan las pantallas. El joven autor estadounidense Jonathan Franzen, en su reciente libro de ensayos Cómo estar solo, señala el peligro de marginación que acecha a quien se niega a participar en los que denomina "rituales de la cultura de masas", como ver televisión o leer revistas de actualidad. Dice Franzen: "Sin embargo, hay que saber estar solo. Muchas veces apago la televisión porque, paradójicamente, en lugar de incorporarme, me hace sentir solo. En cambio, si leo un buen libro me siento acompañado, cerca de otra gente que siente y ve el mundo de manera parecida a mí".
El hecho de que la literatura esté amenazada por la cultura de masas, lo lleva a plantearse si verdaderamente nuestra vida es, en realidad, nuestra. Sostiene que de lo que se trata es de ser individuos con una identidad y con una historia propia, personal y no producida desde fuera. De allí que, dice, la literatura desempeñe como una función primordial en el conjunto cada vez más restringido de opciones de las que disponemos para construirnos como personas. Nos permite intentar no ser masa, sino individuos poseedores de una historia verdadera, auténtica, decidida por nosotros mismos.
Es que mediante la reflexión, el contacto directo con otras realidades humanas y del mundo, es posible resistirse a la manipulación por parte de sistemas basados en el estímulo de la pasividad -que en general sólo se interrumpe para poder consumir- y que adormecen la capacidad de juicio, adocenan el gusto e intentan homogeneizar las ideas.
La espontaneidad, la capacidad de comprender a los demás, de profundizar razones mediante el diálogo, pueden terminar por convertirse en lujos aristocráticos en una sociedad burocratizada que avanza hacia un modelo que preserva el diálogo para pocos, reservando para el resto sólo un voraz consumo de entretenimiento. Por eso, deberíamos intentar mirar más a nuestro alrededor, intercambiar ideas con quienes nos rodean.
De lo que se trata, en suma, es de abrir las ventanas.


Artículo extraído de la revista “La Nación”

jueves, 5 de noviembre de 2015

Contate un cuento VIII - Una corta y Triste Historia de Amor, Por Evelyn Ludmila

Su cigarrillo se había apagado en el cenicero, tomó otro, se lo llevo a la boca y sus manos temblorosas y arrugadas lo prendieron, le dio una bocanada y se levanto de su silla, él retrato de su amada colgaba en la pared, él la descolgó y miro la foto, una lagrima callo en el retrato, en ella se podía ver a una hermosa joven sonriendo, aunque la foto era vieja y estaba manchada de humedad a simple vista se podía ver que era una chica muy hermosa.
 La vida de Juan dependía de las fotos de Elena, muerta hace veinte años, aún cuando eran jóvenes y seguían soñando con estar juntos para la eternidad, o hasta que la muerte los separe, él recordaba esa frase que había escuchado del sacerdote cuando se caso con Elena, a veces pensaba que esa frase era muy injusta.
Juan era un hombre alto de pelo blanco, sus setenta y ocho años se reflejaban en su perfil completamente arrugada y en sus manos demasiado temblorosas, aunque para ser sinceros Juan envejeció un día después de la muerte de su amada, para él la vida había acabado en ese mismo momento, y aun después de veinte años sentía que estaba muerto.
 Sus ojos se habían empapado en lagrimas, volvió a colgar el retrato en la pared y se fue a su habitación, acomodo las sabanas y se acostó, eran las siete de la tarde, un profundo cansancio lo invadía, tanto así que durmió hasta las siete de la mañana. Era sábado, Juan odiaba los sábados, eran los días en que llevaba a cenar a Elena y pasaban todo el día juntos. Aun un poco dormido, pudo abrir los ojos, tenía la vista un poco borrosa, pero pudo ver que las ventanas de su habitación que siempre estaban cerradas, ahora se encontraban abiertas y podía sentir el sol contra su cara.
Distinguió la figura de una persona parada al frente de su cama, por un momento se asusto, pero sintió el olor de un perfume, un perfume muy especial para Juan, era el que usaba Elena, se sentó sobre la cama sobresaltado, y ahí estaba ella, lo miraba fijamente mientras sonreía. Juan estaba anestesiado y aun no se había dado cuenta de lo que estaba pasando, ella llevaba un vestido blanco, podía ver parte de sus piernas, la piel demasiado pálida y no se notaban las marcas rojas que le había dejado esa extraña enfermedad, la misma que la mató y la alejo de su lado, -te extrañe -¿Elena?-pregunto él
-Sí, soy yo, necesitaba verte-dijo ella con una sonrisa -mi amor, mi vida-dijo el levantándose de la cama apresuradamente, estaba parado frente a ella, su pelo era negro era largo y le llegaba hasta la cintura Tocó su cara, por un momento se asustó de nuevo, estaba demasiado fría, pero ella seguía sonriendo.
-Tenemos que hablar
-No sabes cuánto te extraño-dijo él, mientras volvía a llorar
-Cambiate, te espero en la sala-dijo ella, mientras su mano acariciaba el rostro de Juan- No llores por favor, no vine hasta acá para que me extrañes aun mas, solo hablemos, ¿está bien?-ella se alejo por el pasillo yendo hacia la sala.
Juan se vistió y en un instante estaba con ella otra vez.
-Unos meses antes de mi muerte, me prometiste que no ibas a fumar mas-le dijo ella como reclamándole, mirando el cenicero lleno de cigarrillos apagados-siéntate-le dijo ella.
Juan se sentó, frente a ella, aun no podía creer lo hermosa que estaba, no podía creer que estuviera allí, como si el tiempo no hubiera pasado.
-No sabes cuánto te extraño, ya no se qué hacer con el tiempo que me queda de vida, necesite volver a tenerte-dijo al borde del llanto.
-Cálmate Juan, estoy aquí, se perfectamente como me extrañas, ¿tu crees que no lo sé?, todos los días te veo que tomas mi retrato y ves mi foto por horas, por eso decidí, que era el momento de aparecer. El sufrimiento no es solo para las personas que se quedan en la tierra, yo allí también te extraño, por eso vengo a visitarte.
-Extrañaba tu voz-dijo mirándola, ella sonrió.
-¿Y Alma?, como esta mi pequeña?-la mirada de Juan volvió a entristecer
-Ella ya no me habla, sólo me llama de vez en cuando, casi nunca
-Es nuestra hija Juan, tú debes llamarla también
-Ella ya es demasiado grande y sabe lo que hace, si ella no me llama, es porque no quiere, ¿de qué tenemos que hablar Elena?
-Esto es depende de ti, yo aparecí porque creo que me extrañas demasiado, pero también es por otra cosa
-¿Cual?
-Primero llama a Alma, aclara las cosas con ella, volveré a aparecer, pero será la ultima vez
-No, por favor, necesito que te quedes conmigo-dijo el arrodillándose, en forma de súplica.
-Hay algo que debes hacer primero, sabes lo que es -. 
Minutos después Juan volvía a encontrarse solo, observo la mesada y en ella había una tarjeta con el numero de su hija. Había entendido el mensaje de Elena.
El domingo ceno junto a su hija Alma, no se había sentido tan bien como esa noche, Alma le sonreía y ya no había ningún tipo de rencor o enojo entre ellos.
-Si mamá nos viera, estaría feliz-dijo Alma
-Descuida, seguro que lo está-dijo Juan sonriéndole.
Cuando Alma se fue, Juan se sentó en su viejo sillón, esperando a que Elena apareciera, pero esa noche no apareció, ni el lunes, ni el martes, ni el miércoles. Pasaron los días, las semanas, los años, y él siguió esperando a que ella apareciera, ahora la extrañaba más que nunca, pero ya no estaba tan solo, pasaba mucho más tiempo con su hija, pero los momentos que estaba en soledad esperaba, y seguía esperando a Elena...nunca más apareció.
Juan se empezó a enfermar, ya era demasiado viejo, terminaban sus ochenta y nueve años, el cigarrillo lo había dejado hace tiempo, desde ese día que vio a Elena, había tirado todo los paquetes de cigarrillos, realmente ya no le importaba morir, necesitaba estar con Elena, y un recuerdo vago vino a su mente, recordó que el escondía un revolver en el armario, era sólo para defensa propia, aunque nunca lo había usado, se levantó como pudo con ayuda de su bastón, sus piernas también estaban fallando. Fue a su habitación y revolvió el armario hasta encontrar el revólver, Sin pensarlo lo puso en su sien, pero alguien lo detuvo. Unas manos frías se posaron en su hombro, él se dio la vuelta, ella otra vez, le seguía sonriendo, eran las doce de la noche.
-Volviste-le dijo sonriendo.
-Volví, pero no me voy a quedar, ¿que estabas por hacer?
-Es que...ya no quiero vivir más, creo que tuve suficiente, ¿porque tardaste en aparecer?
-Yo te dije que te volvería a ver, pero sería la última vez, mi querido. Tardé porque necesitaba verte junto a nuestra hija juntos y felices de nuevo, necesitaba que disfrutaras de ella, por eso tardé. Deja ese revólver en su lugar, ya no lo necesitarás cariño.
Juan dejo el revólver en el armario y volvió a mirarla otra vez
-Me queda poco tiempo, lo sé, ¿por qué no me dejas hacerlo?
-Ya no lo necesitaras cariño, vendrás a pasear conmigo
-¿Que es lo que tratas de decir?
-Te vine a buscar mi amor-le dijo ella sonriente, le ofreció su mano y él la tomó-¿nos vamos?
-Si, por favor
Elena lo llevo hacia su viejo sillón, se sentaron uno al lado del otro, ella lo abrazó y el con sus últimas fuerzas pasó sus brazos por la cintura de ella.
-Sólo cierra los ojos, estaremos juntos en poco tiempo-dijo Elena
-Te amo-dijo él
-Yo también te amo, ahora sólo cierra los ojos.

Jueves 27 de septiembre de 2011

Realmente no me asusté cuando vi a mi padre muerto, sabía que estaba enfermo y que ya era demasiado viejo. Estallé en llanto cuando lo vi en el sillón sin vida, pálido y demasiado arrugado, sabía que ya era su tiempo para irse, lo que no me había dado cuenta era de su extraña posición, sentado de costado, sus brazos parecían que estaban abrazando a alguien, pero lo que más llamo mi atención es que en sus labios aparecía una sonrisa, como si ahora estuviera bien... al momento de enterrarlo, lo enterré justo al lado de mi madre, sabía que estaría bien allí, con ella, le tire una última flor al ataúd y me fui, subí al auto, el día estaba completamente gris y ya empezaba a llover, el chofer no me hablaba, el auto estaba en completo silencio, hasta la radio estaba apagada, sentí algo en mi interior, no sé que fue, sólo me pedía que girase mi cabeza y que mirara hacia atrás así lo hice...pude ver a mi madre y a mi padre parados frente a sus tumbas, abrazados, me sonreían, les sonreí, levanté mi mano y los saludé, mientras el auto se iba alejando me puse a pensar, tal vez la muerte no es tan mala como pensamos, lo comprobé luego de ver a mis padres juntos nuevamente, y ver que eran felices. Alma.

martes, 3 de noviembre de 2015

CONCURSO “UN REGALO TEATRAL” de la E.P. N°2 – Mejor representación “ De casa en casa” obra en un acto, por alumnos de la E.P. N° 13

Presentadores:  Fabián Bustamante- Martina Marioli- Valentina Echeverría Morán

Personajes:
Familia Quejas Llamarada
María Quejas de Llamarada (ama de casa), interpretada por Morena Alvarez Bernal.
Pedro Augusto  Llamarada( mecánico y  bombero), interpretado por Bruno Girotti.
Iñaki  Llamarada  (niño de 11), interpretado por Iñaki Russo.
María Paz Llamarada ( niña de 3 meses), interpretado por una muñeca.
Dolores Alma Encarnación Quejas (abuela española), interpretada por Irina Barbé.
Mascota gato llamado Bigote, interpretado por un muñeco.

Familia Remanso Paciencia
Bety Remanso de Paciencia (ama de casa distraída), interpretada por Elena Marchetti.
Juan Paciencia (esposo, albañil), interpretado por Ramiro Speranza.
Hijos los mellizos de 11 años: Mía Paciencia, interpretada por  Luciana Smiraglia.
Matías Paciencia, interpretado por Gonzalo Amadeo.
Mascota perro Toby, interpretado por Máximo Oddo.

Participaron además en la escritura de la obra: Alí Adimari Diego, Concaro Juan Segundo, Fasciglione Román, Frutos Raúl Alberto, Ianni Tomás, Ijía Taja Máximo, Luna Bautista, Roncayoli Benjamín, Villar Scorziello Joaquín, Barrera Alfonsina, Cejas Valentina, Díaz Delfina, Di Cicco Antonella, García Valentina, Giménez Román Josefina, Iturburu Ludmila, Lobato Alfonsina, Pereyra Micaela.



ACTO ÚNICO

La escena trascurre en un barrio como cualquier otro donde recientemente se ha mudado la familia   de Juan Paciencia  y cuya casa es lindera a la de la familia Llamarada. Esta última formada por la señora que tiene un carácter fuerte y es poco tolerante. En la casa de la familia Llamarada. Es sábado y son las 9 de la mañana y María Quejas de Llamarada está en el patio trasero tendiendo la ropa, mientras su hijo  la acompaña



María Quejas:- (cantando, mientras cuelga la ropa y le alcanza los broches su hijo)   tengo que apurarme porque más tarde tenemos que ir al supermercado  y a la frutería porque hoy tu papá quiere comer pollo al horno con papas  (siente el olor a humo y se enoja) ah no!!!!! Otra vez la vecina justo ahora está prendiendo fuego.(manos en la cintura) Me lo hace a propósito , pero me va escuchar que se cree. Yo no sé para qué se vinieron a vivir acá ( se seca las manos)

Iñaki:- pero mamá,  ella no te hace nada .

María Quejas:- ¿Qué? Está haciendo fuego , tu padre dice que con cualquier fuego se puede hacer un  incendio ( el  niño escucha llorar a su hermana  )

Iñaki:-ma, es….      María Paz!  Me parece que se hizo….

María Quejas:-  bueno,  andá a ver que yo voy a  hablar con la vecina, ¿qué se cree? (sale apurada, acomodándose los cabellos)

En la entrada de la casa vecina , llega María Quejas   y toca timbre varias veces, muy enojada , sale a atender un niño con  aspecto desalineado

María Quejas:- decime querido, ¿está tu mamá? (mirándolo de arriba hacia abajo)

Matías :- sí, ya la llamo

Bety Remanso:- buen día ¿cómo le va?

María Quejas: mirá querida,  que es eso de prender fuego, no ves que estoy tendiendo la ropa, además no es la primera vez.!!!! Y le puede hacer mal a mi bebé.

 Bety  Remanso;- (sorprendida, termina de comer la galletita)  es que estaba juntando unas cosas y las hojas de las plantas y las quemé.

María Quejas:- ( con gesto  de enojo) además contaminando el aire, yo te aclaro que lo volvés a hacer y te De-nun-cio!!!! (haciendo un gesto con su mano)

Bety Remanso:-  pero María ,  así te llamás  ¿no? Por favor los chicos van a la misma escuela no te enojes. No lo voy a hacer otra vez.

María Quejas:- eso espero (gira para irse a su casa)

Juan Paciencia:-( llegando  saluda a la vecina) ¿cómo anda doña?

María Quejas :-María , nada de doña

  En la casa de María, llega  el marido del taller y su hijo saca la bolsa de basura al cesto,  pero el perro de la vecina salta  juega con Iñaki  y termina rompiendo la bolsa. El niño entra corriendo a la casa.

Iñaki:- Listo ya está la basura afuera

María Quejas:- Bueno espero que  la vecina no la pinche o rompa ( mientras  guarda una palangana y prepara un pañal)

Pedro Augusto:- a ver María, dejá de decir mentiras ella no tiene por qué romper te la bolsa, son ideas tuyas, mirá que la verdad siempre triunfa

María  Quejas:-  bueh ya salió el alma de bombero , siempre pensando bien de todos

Iñaki :-(jugando con la bebé) no mamá, mirá que nosotros en la escuela en Consejo de Aula siempre hablamos de que la verdad es la que nos debe  acompañar y que hay que ser solidarios, además la señorita Rocío.. ( lo interrumpe  la madre enojada)

María  Quejas:-ah! sí  ya estás vos con eso de  que opinar es bueno y que hay que reflexionar , yo no sé para qué sirve eso del Consejo

Iñaki:- te explico? ( lo corta la abuela)

Dolores Alma:- ( que miraba por la ventana y ve la bolsa rota por el perro, entra rengueando) Marucha el perro de la vecina se  colgó del cesto y te rompió la bolsa

María Quejas:-  (gritando) ¿qué?

Marido e hijo: -( se miran, agarran pala y escoba) dejá,  vamos nosotros. (limpian, mientras se escucha música muy fuerte en la casa de al lado , son las mellizas que bailan y cantan)  

Dolores Alma:- (escucha y simula bailar) canciones eran las de mi pueblo

María Quejas : -se terminó me va a escuchar!!! (sale enojada a la casa de la vecina y esposo e hijo por detrás , la bisabuela con la beba en brazos .Toca timbre y sale el esposo que estaba prendiendo el fuego para hacer un asado)

Juan Paciencia:-  ¿Qué pasa ahora? Mire que estoy preparando el fuego para el asadito. Eh.

María Quejas: su mujer me tiene harta ( ella se acerca a  Bety que se asoma y los maridos se miran )

Mellizos :- (mirando a Iñaki, le entregan al gato que se pasó para el terreno) ¿qué te parece si a la tarde vamos al  parque y hacemos un picnic? ¿a las cuatro?

Iñaki:- Dale! Yo llevo la gaseosa

Matías: ¿llevo la pelota? Y Mía la torta.

Iñaki:- obvio, sos un genio!

Pedro: -(sujetando a la mujer) vamos es una cosa sin importancia, le molestó la música

Juan Paciencia : bueno le voy a decir a los chicos

María Quejas:- (se va enojada)   ella se puede caer acá mismo que yo no la ayudo, te aviso

Iñaki:- mamá hay que ser solidario

La familia llamarada va a su casa  Pedro va a ducharse , mientras en la casa vecina una chispa cayó en el bidón de kerosén y explotó, todos gritan  

Matías y Mía :- ¡Auxilio! ¡Auxilio!, ¡Socorro, se quema todo, las bicis!

Juan Paciencia:-( con un balde) le arroja agua

Bety Remanso:-¡se quema mi casa!

María Quejas:- (se ríe) ¡Ja, Ja!  Yo no la pienso ayudar.

Iñaki: pero mamá!  Son los vecinos pobres, yo le aviso a papi que  llame a los bomberos.

Maria Quejas :- (se sienta y reflexiona)  Pedro tiene razón , hay que ser solidario, ser humanos, la mentira tiene patas cortas y  que la verdad siempre triunfa y en realidad ella no me hizo nada a mí (se levanta  y con dos baldes sale corriendo   con su hijo y la abuela y entre todos apagan el incendio)

Bety Remanso: - gracias ,me ayudaste (se abrazan todos felices)

María Quejas:- Sí me di cuenta que el diálogo sirve y que dar una mano cuenta. No sé ¿qué podemos hacer ahora?(llegan los bomberos y Pedro)

Juan Paciencia: - ¡Un asado para todos, pero en tu casa!! (se abrazan y ríen)

FIN
  

sábado, 31 de octubre de 2015

Greguerías (selección) por Ramón Gómez de la Serna

- En la gruta bosteza la montaña.

- El beso es un paréntesis sin nada adentro.

- El viento se rasca la espalda en las esquinas.

- El libro es un pájaro con más de cien alas para volar

- Nadie ha dicho que las cosas viven: las cosas sueñan

- Lo peor de la ambición es que no sabe bien lo que quiere

- No hay nada más conmovedor que la risa de una mujer bella que ha llorado mucho

CONCURSO “UN REGALO TEATRAL” de la E.P. N°2 Mención especial (guión): “Recordando al abuelo” de la E:P: N° 12

Nómina de personajes
Matías: Agustín Gáspari - Esperanza: Denisse Llamas - Paz: Virginia Ortigoza - Abuelo: Andrés Sosa - Samuel: Ulises Hoyos.

Nómina de integrantes que escribieron la obra
Gáspari Agustín - Hoyos Ulises - Molina Michael - Rivero Leonardo - Sosa Andrés - Chirizola Valentín - Esquivel Vanina - Llamas Dense - Ortigoza Virginia.





Primer acto

Esperanza está reunida en su habitación con Matías y Paz intentando pensar dónde podría estar su amigo Samuel que se fue de su casa al enterarse de la pérdida de su abuelo.

Matías:- Hay que buscar a Samuel.

Esperanza:- Lo vamos a encontrar.

Paz:- ¿Dónde lo podríamos encontrar?

Matías:- ¿No habrá ido a la plaza?

Esperanza:- No, ya lo buscaron ahí.

Matías:- ¿Y en la casa del abuelo?

Paz:- No Mati, ya fue su mamá.

Esperanza:- Che ¿lo llamaron?

Paz:- Sí, ya lo llamamos pero no contestó.

Esperanza:- ¿Le mandaron whatsapp?

Matías:- Sí, pero le clavó el visto.

Esperanza:- Ya se, vamos a fijarnos si tiró algún estado en twiter.

Matías:- Esperen que lo abro.

Esperanza:- Espero que haya tirado un estado.

Matías:- Sí, puso: Acá, extrañando a mi abuelo.

Esperanza:- Ahora hay que buscar pistas.

Matías:- Hay un twiter. “Estoy cerca del lugar donde me llevaba mi abuelo”.

Paz:- ¿Y si le preguntamos a su mamá?

Esperanza:- Yo la llamo (Esperanza marca y atiende el contestador)  Me salta el
                    contestador.

Paz:- Dejale un mensaje de voz.

Esperanza:- ¿Qué mensaje dejo?

Matías:- Decile a Manuela que nos llame.

Esperanza:- Hola Manuela, soy Esperanza. Estoy acá en casa con Mati y Paz.
                   Queríamos preguntarte dónde iba Samuel con tu papá, por algo que
                   leímos. Llamamos cuando escuches el mensaje por favor.




Segundo acto


Cancha de fútbol donde Samuel solía ir con su abuelo Juan los días domingos.

Esperanza:- ¡Yo sabía que te íbamos a encontrar!

Samuel:- ¿Cómo hicieron para saber dónde estaba?

Paz:- ¡Estábamos todos muy preocupados y te buscamos por todos lados!

Samuel:- Pero no me pasó nada. Yo estaba en un lugar seguro.

Matías, Paz y Esperanza: (a coro, enojados) - ¡Hubieras avisado!

Samuel:- Pero yo necesitaba estar solo. (agacha la cabeza)

Esperanza:- Está bien, pero te podríamos haber ayudado (abraza a Samuel)

Paz: - Tenemos que aprender que cuando perdemos a un ser querido hay que seguir
          adelante.

Esperanza: - El siempre va a vivir en tu corazón.

Matías:- Yo te voy a acompañar a la cancha los días que venías con tu abuelo Juan
               para recordar juntos los lindos momentos que vivieron juntos.

Samuel:- A esto no lo voy a poder superar. ¡Mi abuelo mi crió chicos! (hace gesto de
               negación con la cabeza)

Esperanza: - Todo lo que tu abuelo te enseñó y el amor que te dio va a estar
                   siempre en tu corazón.

Matías:- A donde vos vayas él siempre va a estar con vos (le da una palmada en la
               espalda)

Samuel:- ¿Me pueden dar un abrazo?

(Se abrazan los cuatro amigos y entra en la escena, con una pelota en la mano, el abuelo Juan. Lo saluda con la mano desde lejos.

Samuel le hace una sonrisa).

Matías:- ¿A quién saludás?

Samuel:- A nadie. Ustedes vayan que ahora los alcanzo.

Matías:- No te cuelgues.

Samuel:- Nooo. Ya voy.

Paz:- Bueno, bueno.

(Salen los tres amigos de escena. Samuel abraza a su abuelo. Se separan y se miran)

Abuelo:- Yo voy a estar siempre con vos.

(El abuelo le da una palmada y se va de escena. Samuel sonríe y sale en busca de sus amigos)



Telón

sábado, 24 de octubre de 2015

Poema Por FEDERICO PELTZER

Algunas veces
una mujer y un hombre
sus cuerpos que son ellos
tienen la desnudez del viento sobre el agua,
simplicidad de siembras,
complejidad de árboles y nubes.
Se enlazan, se entrelazan
como ramas ardidas en la sombra,
se siembran como granos elegidos.
se matan come ríos en el mar.
Entonces
todo parece fácil,
hasta bueno
y. van diciendo quienes tanto miran:
"El mundo es el espejo
de la mano de Dios".
Alguna vez nosotros
así damos las gracias y un espejo
guarda quizás .esa sombra, esa evidencia
irrepetible,
luz de luz que no vuelve
ni pasa,
el hoy de la verdad.

De "La Prensa" Buenos Aires, 1977.