Vengo, esposa, cansado de mi diaria faena,
tiende pronto el mantel en la mesa de pino,
y mientras me sonríes, adereza la cena,
¡la jornada es muy larga, como es largo el camino!
Comeremos lo poco que aprontaron tus manos
con el ansia secreta de complacerme en todo,
mientras vas alegando que nos mantiene sanos,
como un gajo de guindas, el comer de este modo.
Tampoco te olvidaste de poner el florero,
como centro de mesa, con un ramo de rosas. . .
¡Ah, cómo me conoces y sabes que prefiero
un puñado de flores, a cualquier otras cosas!
Bendice con tus manos el pan de cada día,
y cenemos, cenemos mientras la noche avanza,
llenándonos el alma de una suave alegría,
precursora adorable de una nueva esperanza.
¡Oh, cuan grata es la cena que el trabajo procura,
y qué pan más sabroso el que está bien ganado,
y cuan buena es el agua y esta poca verdura
que en los gratos domingos uno mismo ha sembrado.
¡Bienvenidos! Este blog de literatura está abierto a todo tipo de lectores. Quienes lo hacemos no tenemos otra motivación que el de compartir la lectura de las obras de escritores de todos los tiempos, así como también las de aquellos que se inician y también merecen difusión.
sábado, 7 de noviembre de 2015
Abrir las ventanas - Por GUILLERMO JAIM ETCHEVERRY
Cuando llego a la habitación de un hotel, en cualquier lugar del mundo, me sorprende con reiterada frecuencia el hecho de encontrarla a oscuras. En vez de abrir las cortinas cerradas, mi acompañante enciende las luces y, con un indisimulable aire de satisfacción, deposita en mis manos el control remoto del televisor.
Mediante esa ceremonia parece querer introducirme al mundo, incorporarme a la realidad. No pocas veces, al quedarme solo y abrir de par en par esas ventanas clausuradas, me sorprende la sobrecogedora belleza de un paisaje natural o edificado por el hombre.
Esa experiencia es una metáfora de la tendencia actual a ignorar la realidad real, privilegiando la que muestran los televisores. De esa manera, evitamos la posibilidad de dejar vagar nuestra imaginación contemplando las imágenes de la realidad.
Hasta los niños están perdiendo la experiencia de mirar las casas cuando viajan en el asiento trasero del automóvil, inventando vidas a quienes las habitan. Ya muchos vehículos incorporan uno o más televisores portátiles en esos asientos, al igual que los taxis, donde no pueden ser apagados por el pasajero, presa cautiva de la publicidad. Quienes forman largas filas en las cajas de los supermercados, ven también amenizada su espera mediante estratégicos televisores. No sólo estamos perdiendo la privacidad en nuestras casas, sino que también se nos obstaculiza la experiencia enriquecedora de sentirnos seres privados en un ámbito público.
Es que vivimos atemorizados por la posibilidad de quedar aislados, de no compartir el mundo común, que parece circunscripto al que reflejan las pantallas. El joven autor estadounidense Jonathan Franzen, en su reciente libro de ensayos Cómo estar solo, señala el peligro de marginación que acecha a quien se niega a participar en los que denomina "rituales de la cultura de masas", como ver televisión o leer revistas de actualidad. Dice Franzen: "Sin embargo, hay que saber estar solo. Muchas veces apago la televisión porque, paradójicamente, en lugar de incorporarme, me hace sentir solo. En cambio, si leo un buen libro me siento acompañado, cerca de otra gente que siente y ve el mundo de manera parecida a mí".
El hecho de que la literatura esté amenazada por la cultura de masas, lo lleva a plantearse si verdaderamente nuestra vida es, en realidad, nuestra. Sostiene que de lo que se trata es de ser individuos con una identidad y con una historia propia, personal y no producida desde fuera. De allí que, dice, la literatura desempeñe como una función primordial en el conjunto cada vez más restringido de opciones de las que disponemos para construirnos como personas. Nos permite intentar no ser masa, sino individuos poseedores de una historia verdadera, auténtica, decidida por nosotros mismos.
Es que mediante la reflexión, el contacto directo con otras realidades humanas y del mundo, es posible resistirse a la manipulación por parte de sistemas basados en el estímulo de la pasividad -que en general sólo se interrumpe para poder consumir- y que adormecen la capacidad de juicio, adocenan el gusto e intentan homogeneizar las ideas.
La espontaneidad, la capacidad de comprender a los demás, de profundizar razones mediante el diálogo, pueden terminar por convertirse en lujos aristocráticos en una sociedad burocratizada que avanza hacia un modelo que preserva el diálogo para pocos, reservando para el resto sólo un voraz consumo de entretenimiento. Por eso, deberíamos intentar mirar más a nuestro alrededor, intercambiar ideas con quienes nos rodean.
De lo que se trata, en suma, es de abrir las ventanas.
Mediante esa ceremonia parece querer introducirme al mundo, incorporarme a la realidad. No pocas veces, al quedarme solo y abrir de par en par esas ventanas clausuradas, me sorprende la sobrecogedora belleza de un paisaje natural o edificado por el hombre.
Esa experiencia es una metáfora de la tendencia actual a ignorar la realidad real, privilegiando la que muestran los televisores. De esa manera, evitamos la posibilidad de dejar vagar nuestra imaginación contemplando las imágenes de la realidad.
Hasta los niños están perdiendo la experiencia de mirar las casas cuando viajan en el asiento trasero del automóvil, inventando vidas a quienes las habitan. Ya muchos vehículos incorporan uno o más televisores portátiles en esos asientos, al igual que los taxis, donde no pueden ser apagados por el pasajero, presa cautiva de la publicidad. Quienes forman largas filas en las cajas de los supermercados, ven también amenizada su espera mediante estratégicos televisores. No sólo estamos perdiendo la privacidad en nuestras casas, sino que también se nos obstaculiza la experiencia enriquecedora de sentirnos seres privados en un ámbito público.
Es que vivimos atemorizados por la posibilidad de quedar aislados, de no compartir el mundo común, que parece circunscripto al que reflejan las pantallas. El joven autor estadounidense Jonathan Franzen, en su reciente libro de ensayos Cómo estar solo, señala el peligro de marginación que acecha a quien se niega a participar en los que denomina "rituales de la cultura de masas", como ver televisión o leer revistas de actualidad. Dice Franzen: "Sin embargo, hay que saber estar solo. Muchas veces apago la televisión porque, paradójicamente, en lugar de incorporarme, me hace sentir solo. En cambio, si leo un buen libro me siento acompañado, cerca de otra gente que siente y ve el mundo de manera parecida a mí".
El hecho de que la literatura esté amenazada por la cultura de masas, lo lleva a plantearse si verdaderamente nuestra vida es, en realidad, nuestra. Sostiene que de lo que se trata es de ser individuos con una identidad y con una historia propia, personal y no producida desde fuera. De allí que, dice, la literatura desempeñe como una función primordial en el conjunto cada vez más restringido de opciones de las que disponemos para construirnos como personas. Nos permite intentar no ser masa, sino individuos poseedores de una historia verdadera, auténtica, decidida por nosotros mismos.
Es que mediante la reflexión, el contacto directo con otras realidades humanas y del mundo, es posible resistirse a la manipulación por parte de sistemas basados en el estímulo de la pasividad -que en general sólo se interrumpe para poder consumir- y que adormecen la capacidad de juicio, adocenan el gusto e intentan homogeneizar las ideas.
La espontaneidad, la capacidad de comprender a los demás, de profundizar razones mediante el diálogo, pueden terminar por convertirse en lujos aristocráticos en una sociedad burocratizada que avanza hacia un modelo que preserva el diálogo para pocos, reservando para el resto sólo un voraz consumo de entretenimiento. Por eso, deberíamos intentar mirar más a nuestro alrededor, intercambiar ideas con quienes nos rodean.
De lo que se trata, en suma, es de abrir las ventanas.
Artículo extraído de la revista “La Nación”
jueves, 5 de noviembre de 2015
Contate un cuento VIII - Una corta y Triste Historia de Amor, Por Evelyn Ludmila
Su cigarrillo se había apagado en
el cenicero, tomó otro, se lo llevo a la boca y sus manos temblorosas y
arrugadas lo prendieron, le dio una bocanada y se levanto de su silla, él
retrato de su amada colgaba en la pared, él la descolgó y miro la foto, una
lagrima callo en el retrato, en ella se podía ver a una hermosa joven
sonriendo, aunque la foto era vieja y estaba manchada de humedad a simple vista
se podía ver que era una chica muy hermosa.
La vida de Juan dependía de las fotos de Elena, muerta hace veinte
años, aún cuando eran jóvenes y seguían soñando con estar juntos para la
eternidad, o hasta que la muerte los separe, él recordaba esa frase que había
escuchado del sacerdote cuando se caso con Elena, a veces pensaba que esa frase
era muy injusta.
Juan era un hombre alto de pelo
blanco, sus setenta y ocho años se reflejaban en su perfil completamente
arrugada y en sus manos demasiado temblorosas, aunque para ser sinceros Juan
envejeció un día después de la muerte de su amada, para él la vida había
acabado en ese mismo momento, y aun después de veinte años sentía que estaba
muerto.
Sus ojos se habían empapado en lagrimas, volvió a colgar el
retrato en la pared y se fue a su habitación, acomodo las sabanas y se acostó,
eran las siete de la tarde, un profundo cansancio lo invadía, tanto así que
durmió hasta las siete de la mañana. Era sábado, Juan odiaba los sábados, eran
los días en que llevaba a cenar a Elena y pasaban todo el día juntos. Aun un poco
dormido, pudo abrir los ojos, tenía la vista un poco borrosa, pero pudo ver que
las ventanas de su habitación que siempre estaban cerradas, ahora se
encontraban abiertas y podía sentir el sol contra su cara.
Distinguió la figura de una
persona parada al frente de su cama, por un momento se asusto, pero sintió el
olor de un perfume, un perfume muy especial para Juan, era el que usaba Elena,
se sentó sobre la cama sobresaltado, y ahí estaba ella, lo miraba fijamente
mientras sonreía. Juan estaba anestesiado y aun no se había dado cuenta de lo
que estaba pasando, ella llevaba un vestido blanco, podía ver parte de sus
piernas, la piel demasiado pálida y no se notaban las marcas rojas que le había
dejado esa extraña enfermedad, la misma que la mató y la alejo de su lado, -te
extrañe -¿Elena?-pregunto él
-Sí, soy yo, necesitaba
verte-dijo ella con una sonrisa -mi amor, mi vida-dijo el levantándose de la
cama apresuradamente, estaba parado frente a ella, su pelo era negro era largo
y le llegaba hasta la cintura Tocó su cara, por un momento se asustó de nuevo,
estaba demasiado fría, pero ella seguía sonriendo.
-Tenemos que hablar
-No sabes cuánto te extraño-dijo
él, mientras volvía a llorar
-Cambiate, te espero en la
sala-dijo ella, mientras su mano acariciaba el rostro de Juan- No llores por
favor, no vine hasta acá para que me extrañes aun mas, solo hablemos, ¿está
bien?-ella se alejo por el pasillo yendo hacia la sala.
Juan se vistió y en un instante
estaba con ella otra vez.
-Unos meses antes de mi muerte,
me prometiste que no ibas a fumar mas-le dijo ella como reclamándole, mirando
el cenicero lleno de cigarrillos apagados-siéntate-le dijo ella.
Juan se sentó, frente a ella, aun
no podía creer lo hermosa que estaba, no podía creer que estuviera allí, como
si el tiempo no hubiera pasado.
-No sabes cuánto te extraño, ya
no se qué hacer con el tiempo que me queda de vida, necesite volver a
tenerte-dijo al borde del llanto.
-Cálmate Juan, estoy aquí, se
perfectamente como me extrañas, ¿tu crees que no lo sé?, todos los días te veo
que tomas mi retrato y ves mi foto por horas, por eso decidí, que era el
momento de aparecer. El sufrimiento no es solo para las personas que se quedan
en la tierra, yo allí también te extraño, por eso vengo a visitarte.
-Extrañaba tu voz-dijo mirándola,
ella sonrió.
-¿Y Alma?, como esta mi
pequeña?-la mirada de Juan volvió a entristecer
-Ella ya no me habla, sólo me
llama de vez en cuando, casi nunca
-Es nuestra hija Juan, tú debes
llamarla también
-Ella ya es demasiado grande y
sabe lo que hace, si ella no me llama, es porque no quiere, ¿de qué tenemos que
hablar Elena?
-Esto es depende de ti, yo
aparecí porque creo que me extrañas demasiado, pero también es por otra cosa
-¿Cual?
-Primero llama a Alma, aclara las
cosas con ella, volveré a aparecer, pero será la ultima vez
-No, por favor, necesito que te
quedes conmigo-dijo el arrodillándose, en forma de súplica.
-Hay algo que debes hacer
primero, sabes lo que es -.
Minutos después Juan volvía a encontrarse solo, observo la
mesada y en ella había una tarjeta con el numero de su hija. Había entendido el
mensaje de Elena.
El domingo ceno junto a su hija
Alma, no se había sentido tan bien como esa noche, Alma le sonreía y ya no
había ningún tipo de rencor o enojo entre ellos.
-Si mamá nos viera, estaría
feliz-dijo Alma
-Descuida, seguro que lo
está-dijo Juan sonriéndole.
Cuando Alma se fue, Juan se sentó
en su viejo sillón, esperando a que Elena apareciera, pero esa noche no
apareció, ni el lunes, ni el martes, ni el miércoles. Pasaron los días, las
semanas, los años, y él siguió esperando a que ella apareciera, ahora la
extrañaba más que nunca, pero ya no estaba tan solo, pasaba mucho más tiempo
con su hija, pero los momentos que estaba en soledad esperaba, y seguía
esperando a Elena...nunca más apareció.
Juan se empezó a enfermar, ya era
demasiado viejo, terminaban sus ochenta y nueve años, el cigarrillo lo había
dejado hace tiempo, desde ese día que vio a Elena, había tirado todo los
paquetes de cigarrillos, realmente ya no le importaba morir, necesitaba estar
con Elena, y un recuerdo vago vino a su mente, recordó que el escondía un
revolver en el armario, era sólo para defensa propia, aunque nunca lo había
usado, se levantó como pudo con ayuda de su bastón, sus piernas también estaban
fallando. Fue a su habitación y revolvió el armario hasta encontrar el
revólver, Sin pensarlo lo puso en su sien, pero alguien lo detuvo. Unas manos frías se posaron en su hombro, él se dio la vuelta, ella otra vez, le seguía
sonriendo, eran las doce de la noche.
-Volviste-le dijo sonriendo.
-Volví, pero no me voy a quedar,
¿que estabas por hacer?
-Es que...ya no quiero vivir más,
creo que tuve suficiente, ¿porque tardaste en aparecer?
-Yo te dije que te volvería a
ver, pero sería la última vez, mi querido. Tardé porque necesitaba verte junto a
nuestra hija juntos y felices de nuevo, necesitaba que disfrutaras de ella, por
eso tardé. Deja ese revólver en su lugar, ya no lo necesitarás cariño.
Juan dejo el revólver en el
armario y volvió a mirarla otra vez
-Me queda poco tiempo, lo sé,
¿por qué no me dejas hacerlo?
-Ya no lo necesitaras cariño,
vendrás a pasear conmigo
-¿Que es lo que tratas de decir?
-Te vine a buscar mi amor-le dijo
ella sonriente, le ofreció su mano y él la tomó-¿nos vamos?
-Si, por favor
Elena lo llevo hacia su viejo
sillón, se sentaron uno al lado del otro, ella lo abrazó y el con sus últimas
fuerzas pasó sus brazos por la cintura de ella.
-Sólo cierra los ojos, estaremos
juntos en poco tiempo-dijo Elena
-Te amo-dijo él
-Yo también te amo, ahora sólo cierra
los ojos.
Jueves 27 de septiembre de
2011
Realmente no me asusté cuando
vi a mi padre muerto, sabía que estaba enfermo y que ya era demasiado viejo.
Estallé en llanto cuando lo vi en el sillón sin vida, pálido y demasiado
arrugado, sabía que ya era su tiempo para irse, lo que no me había dado cuenta
era de su extraña posición, sentado de costado, sus brazos parecían que estaban
abrazando a alguien, pero lo que más llamo mi atención es que en sus labios
aparecía una sonrisa, como si ahora estuviera bien... al momento de enterrarlo,
lo enterré justo al lado de mi madre, sabía que estaría bien allí, con ella, le
tire una última flor al ataúd y me fui, subí al auto, el día estaba
completamente gris y ya empezaba a llover, el chofer no me hablaba, el auto estaba
en completo silencio, hasta la radio estaba apagada, sentí algo en mi interior,
no sé que fue, sólo me pedía que girase mi cabeza y que mirara hacia atrás así
lo hice...pude ver a mi madre y a mi padre parados frente a sus tumbas,
abrazados, me sonreían, les sonreí, levanté mi mano y los saludé, mientras el
auto se iba alejando me puse a pensar, tal vez la muerte no es tan mala como
pensamos, lo comprobé luego de ver a mis padres juntos nuevamente, y ver que
eran felices. Alma.
martes, 3 de noviembre de 2015
CONCURSO “UN REGALO TEATRAL” de la E.P. N°2 – Mejor representación “ De casa en casa” obra en un acto, por alumnos de la E.P. N° 13
Presentadores:
Fabián Bustamante- Martina Marioli- Valentina Echeverría Morán
Personajes:
Familia Quejas Llamarada
María Quejas de Llamarada (ama de casa), interpretada por
Morena Alvarez Bernal.
Pedro Augusto
Llamarada( mecánico y bombero), interpretado por Bruno Girotti.
Iñaki Llamarada (niño de 11), interpretado por Iñaki Russo.
María Paz Llamarada ( niña de 3 meses), interpretado por una
muñeca.
Dolores Alma Encarnación Quejas (abuela española), interpretada por Irina Barbé.
Mascota gato llamado Bigote, interpretado por un muñeco.
Familia Remanso Paciencia
Bety Remanso de Paciencia (ama de casa distraída), interpretada por Elena Marchetti.
Juan Paciencia (esposo, albañil), interpretado por Ramiro
Speranza.
Hijos los mellizos de 11 años: Mía Paciencia, interpretada por Luciana Smiraglia.
Matías Paciencia, interpretado por Gonzalo Amadeo.
Mascota perro Toby, interpretado por Máximo Oddo.
ACTO ÚNICO
La escena trascurre en un barrio como cualquier otro
donde recientemente se ha mudado la familia
de Juan Paciencia y cuya casa es
lindera a la de la familia Llamarada. Esta última formada por la señora que
tiene un carácter fuerte y es poco tolerante. En la casa de la familia
Llamarada. Es sábado y son las 9 de la mañana y María Quejas de Llamarada está
en el patio trasero tendiendo la ropa, mientras su hijo la acompaña
María Quejas:- (cantando,
mientras cuelga la ropa y le alcanza los broches su hijo) tengo que apurarme porque más tarde tenemos
que ir al supermercado y a la frutería
porque hoy tu papá quiere comer pollo al horno con papas (siente el olor a humo y se enoja) ah
no!!!!! Otra vez la vecina justo ahora está prendiendo fuego.(manos en la
cintura) Me lo hace a propósito , pero me va escuchar que se cree. Yo no sé
para qué se vinieron a vivir acá ( se seca las manos)
Iñaki:- pero mamá, ella no te hace nada .
María Quejas:- ¿Qué? Está
haciendo fuego , tu padre dice que con cualquier fuego se puede hacer un incendio ( el niño escucha llorar a su hermana
)
Iñaki:-ma, es…. María Paz! Me parece que se hizo….
María Quejas:- bueno,
andá a ver que yo voy a hablar
con la vecina, ¿qué se cree? (sale apurada, acomodándose los cabellos)
En la entrada de la casa vecina ,
llega María Quejas y toca timbre
varias veces, muy enojada , sale a atender un niño con aspecto desalineado
María Quejas:- decime querido,
¿está tu mamá? (mirándolo de arriba hacia abajo)
Matías :- sí, ya la llamo
Bety Remanso:- buen día ¿cómo le
va?
María Quejas: mirá querida, que es eso de prender fuego, no ves que
estoy tendiendo la ropa, además no es la primera vez.!!!! Y le puede hacer mal
a mi bebé.
Bety Remanso;-
(sorprendida, termina de comer la galletita)
es que estaba juntando unas cosas y las hojas de las plantas y las
quemé.
María Quejas:- ( con gesto de enojo) además contaminando el aire, yo te
aclaro que lo volvés a hacer y te De-nun-cio!!!! (haciendo un gesto con su
mano)
Bety Remanso:- pero María , así te llamás ¿no? Por
favor los chicos van a la misma escuela no te enojes. No lo voy a hacer otra
vez.
María Quejas:- eso espero (gira
para irse a su casa)
Juan Paciencia:-( llegando saluda a la vecina) ¿cómo anda doña?
María Quejas :-María , nada de
doña
En la casa de María, llega el
marido del taller y su hijo saca la bolsa de basura al cesto, pero el perro de la vecina salta juega con Iñaki y termina rompiendo la bolsa. El niño entra corriendo a la casa.
Iñaki:- Listo ya está la basura
afuera
María Quejas:- Bueno espero
que la vecina no la pinche o rompa (
mientras guarda una palangana y prepara
un pañal)
Pedro Augusto:- a ver María, dejá
de decir mentiras ella no tiene por qué romper te la bolsa, son ideas tuyas,
mirá que la verdad siempre triunfa
María Quejas:- bueh ya salió el
alma de bombero , siempre pensando bien de todos
Iñaki :-(jugando con la bebé) no
mamá, mirá que nosotros en la escuela en Consejo de Aula siempre hablamos de
que la verdad es la que nos debe
acompañar y que hay que ser solidarios, además la señorita Rocío.. ( lo
interrumpe la madre enojada)
María Quejas:-ah! sí ya estás
vos con eso de que opinar es bueno y
que hay que reflexionar , yo no sé para qué sirve eso del Consejo
Iñaki:- te explico? ( lo corta la
abuela)
Dolores Alma:- ( que miraba por
la ventana y ve la bolsa rota por el perro, entra rengueando) Marucha el perro
de la vecina se colgó del cesto y te
rompió la bolsa
María Quejas:- (gritando) ¿qué?
Marido e hijo: -( se miran,
agarran pala y escoba) dejá, vamos
nosotros. (limpian, mientras se escucha música muy fuerte en la casa de al lado
, son las mellizas que bailan y cantan)
Dolores Alma:- (escucha y simula
bailar) canciones eran las de mi pueblo
María Quejas : -se terminó me va
a escuchar!!! (sale enojada a la casa de la vecina y esposo e hijo por detrás ,
la bisabuela con la beba en brazos .Toca timbre y sale el esposo que estaba
prendiendo el fuego para hacer un asado)
Juan Paciencia:- ¿Qué pasa ahora? Mire que estoy preparando
el fuego para el asadito. Eh.
María Quejas: su mujer me tiene
harta ( ella se acerca a Bety que se
asoma y los maridos se miran )
Mellizos :- (mirando a Iñaki, le
entregan al gato que se pasó para el terreno) ¿qué te parece si a la tarde
vamos al parque y hacemos un picnic? ¿a
las cuatro?
Iñaki:- Dale! Yo llevo la gaseosa
Matías: ¿llevo la pelota? Y Mía
la torta.
Iñaki:- obvio, sos un genio!
Pedro: -(sujetando a la mujer)
vamos es una cosa sin importancia, le molestó la música
Juan Paciencia : bueno le voy a
decir a los chicos
María Quejas:- (se va
enojada) ella se puede caer acá mismo
que yo no la ayudo, te aviso
Iñaki:- mamá hay que ser
solidario
La familia llamarada va a su
casa Pedro va a ducharse , mientras en
la casa vecina una chispa cayó en el bidón de kerosén y explotó, todos gritan
Matías y Mía :- ¡Auxilio!
¡Auxilio!, ¡Socorro, se quema todo, las bicis!
Juan Paciencia:-( con un balde)
le arroja agua
Bety Remanso:-¡se quema mi casa!
María Quejas:- (se ríe) ¡Ja,
Ja! Yo no la pienso ayudar.
Iñaki: pero mamá! Son los vecinos pobres, yo le aviso a papi
que llame a los bomberos.
Maria Quejas :- (se sienta y
reflexiona) Pedro tiene razón , hay que
ser solidario, ser humanos, la mentira tiene patas cortas y que la verdad siempre triunfa y en realidad
ella no me hizo nada a mí (se levanta y
con dos baldes sale corriendo con su
hijo y la abuela y entre todos apagan el incendio)
Bety Remanso: - gracias ,me
ayudaste (se abrazan todos felices)
María Quejas:- Sí me di cuenta
que el diálogo sirve y que dar una mano cuenta. No sé ¿qué podemos hacer
ahora?(llegan los bomberos y Pedro)
Juan Paciencia: - ¡Un asado para
todos, pero en tu casa!! (se abrazan y ríen)
FIN
sábado, 31 de octubre de 2015
Greguerías (selección) por Ramón Gómez de la Serna
- En la gruta bosteza la montaña.
- El beso es un paréntesis sin nada adentro.
- El viento se rasca la espalda en las esquinas.
- El libro es un pájaro con más de cien alas para volar
- Nadie ha dicho que las cosas viven: las cosas sueñan
- Lo peor de la ambición es que no sabe bien lo que quiere
- No hay nada más conmovedor que la risa de una mujer bella que ha llorado mucho
- El beso es un paréntesis sin nada adentro.
- El viento se rasca la espalda en las esquinas.
- El libro es un pájaro con más de cien alas para volar
- Nadie ha dicho que las cosas viven: las cosas sueñan
- Lo peor de la ambición es que no sabe bien lo que quiere
- No hay nada más conmovedor que la risa de una mujer bella que ha llorado mucho
CONCURSO “UN REGALO TEATRAL” de la E.P. N°2 Mención especial (guión): “Recordando al abuelo” de la E:P: N° 12
Nómina de personajes
Matías: Agustín Gáspari - Esperanza: Denisse Llamas - Paz: Virginia Ortigoza - Abuelo: Andrés Sosa - Samuel: Ulises Hoyos.
Nómina de integrantes que escribieron la obra
Gáspari Agustín - Hoyos Ulises - Molina Michael - Rivero Leonardo - Sosa Andrés - Chirizola Valentín - Esquivel Vanina - Llamas Dense - Ortigoza Virginia.
Primer acto
Esperanza está reunida en su habitación con Matías y Paz intentando pensar dónde podría estar su amigo Samuel que se fue de su casa al enterarse de la pérdida de su abuelo.
Esperanza:- Lo vamos a encontrar.
Paz:- ¿Dónde lo podríamos encontrar?
Matías:- ¿No habrá ido a la plaza?
Esperanza:- No, ya lo buscaron ahí.
Matías:- ¿Y en la casa del abuelo?
Paz:- No Mati, ya fue su mamá.
Esperanza:- Che ¿lo llamaron?
Paz:- Sí, ya lo llamamos pero no contestó.
Esperanza:- ¿Le mandaron whatsapp?
Matías:- Sí, pero le clavó el visto.
Esperanza:- Ya se, vamos a fijarnos si tiró algún estado en twiter.
Matías:- Esperen que lo abro.
Esperanza:- Espero que haya tirado un estado.
Matías:- Sí, puso: Acá, extrañando a mi abuelo.
Esperanza:- Ahora hay que buscar pistas.
Matías:- Hay un twiter. “Estoy cerca del lugar donde me llevaba mi abuelo”.
Paz:- ¿Y si le preguntamos a su mamá?
Esperanza:- Yo la llamo (Esperanza marca y atiende el contestador) Me salta el
contestador.
Paz:- Dejale un mensaje de voz.
Esperanza:- ¿Qué mensaje dejo?
Matías:- Decile a Manuela que nos llame.
Esperanza:- Hola Manuela, soy Esperanza. Estoy acá en casa con Mati y Paz.
Queríamos preguntarte dónde iba Samuel con tu papá, por algo que
leímos. Llamamos cuando escuches el mensaje por favor.
Segundo acto
Cancha de fútbol donde Samuel solía ir con su abuelo Juan los días domingos.
Esperanza:- ¡Yo sabía que te íbamos a encontrar!
Samuel:- ¿Cómo hicieron para saber dónde estaba?
Paz:- ¡Estábamos todos muy preocupados y te buscamos por todos lados!
Samuel:- Pero no me pasó nada. Yo estaba en un lugar seguro.
Matías, Paz y Esperanza: (a coro, enojados) - ¡Hubieras avisado!
Samuel:- Pero yo necesitaba estar solo. (agacha la cabeza)
Esperanza:- Está bien, pero te podríamos haber ayudado (abraza a Samuel)
Paz: - Tenemos que aprender que cuando perdemos a un ser querido hay que seguir
adelante.
Esperanza: - El siempre va a vivir en tu corazón.
Matías:- Yo te voy a acompañar a la cancha los días que venías con tu abuelo Juan
para recordar juntos los lindos momentos que vivieron juntos.
Samuel:- A esto no lo voy a poder superar. ¡Mi abuelo mi crió chicos! (hace gesto de
negación con la cabeza)
Esperanza: - Todo lo que tu abuelo te enseñó y el amor que te dio va a estar
siempre en tu corazón.
Matías:- A donde vos vayas él siempre va a estar con vos (le da una palmada en la
espalda)
Samuel:- ¿Me pueden dar un abrazo?
(Se abrazan los cuatro amigos y entra en la escena, con una pelota en la mano, el abuelo Juan. Lo saluda con la mano desde lejos.
Samuel le hace una sonrisa).
Matías:- ¿A quién saludás?
Samuel:- A nadie. Ustedes vayan que ahora los alcanzo.
Matías:- No te cuelgues.
Samuel:- Nooo. Ya voy.
Paz:- Bueno, bueno.
(Salen los tres amigos de escena. Samuel abraza a su abuelo. Se separan y se miran)
Abuelo:- Yo voy a estar siempre con vos.
(El abuelo le da una palmada y se va de escena. Samuel sonríe y sale en busca de sus amigos)
Telón
sábado, 24 de octubre de 2015
Poema Por FEDERICO PELTZER
Algunas veces
una mujer y un hombre
sus cuerpos que son ellos
tienen la desnudez del viento sobre el agua,
simplicidad de siembras,
complejidad de árboles y nubes.
Se enlazan, se entrelazan
como ramas ardidas en la sombra,
se siembran como granos elegidos.
se matan come ríos en el mar.
Entonces
todo parece fácil,
hasta bueno
y. van diciendo quienes tanto miran:
"El mundo es el espejo
de la mano de Dios".
Alguna vez nosotros
así damos las gracias y un espejo
guarda quizás .esa sombra, esa evidencia
irrepetible,
luz de luz que no vuelve
ni pasa,
el hoy de la verdad.
una mujer y un hombre
sus cuerpos que son ellos
tienen la desnudez del viento sobre el agua,
simplicidad de siembras,
complejidad de árboles y nubes.
Se enlazan, se entrelazan
como ramas ardidas en la sombra,
se siembran como granos elegidos.
se matan come ríos en el mar.
Entonces
todo parece fácil,
hasta bueno
y. van diciendo quienes tanto miran:
"El mundo es el espejo
de la mano de Dios".
Alguna vez nosotros
así damos las gracias y un espejo
guarda quizás .esa sombra, esa evidencia
irrepetible,
luz de luz que no vuelve
ni pasa,
el hoy de la verdad.
De "La Prensa" Buenos Aires, 1977.
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