sábado, 10 de agosto de 2013

ACABAR CON EL TRABAJO Y FOMENTAR EL OSIO - Por César Bruto

"Siempre colocamos la regadera
lejos de los malvones".
Lupercio

A mí no me gusta meterme en vidas agenas y sienpre respeto las ideas de los otros, pero si usté un día llega al gobiernO yo le aconsejo que haga todo lo que pueda para acabar con el trabajo humano, ques una de las plagas y visios mas asquerosos y mortales que aplastan a la huma-nidá desde las oscuras noches de la prehistoria para no ir mas lejos. Cómo será de horrible ese visio, vea, que cuando alguien trabaja enseguida se conpara con animales, y a cada rato usté encuentra tipos que se quejan disiendo: "Estuve sinchando como un buey! " O se lamentan a gritos: " ¡Me hisieron tirar como un burrO! " O se desesperan esclamando: " ¡Estuve sudando como un caballO! " O sea que todas esas quejas demuestran quel trabajo no es un plaser, sino un castigo; y si el trabajo es un castigo, el trabajo no Ir puede gustar a nadies, salvo que sea un masorquistA. . . ¡Y si un tipo se masorquea, que se masorquee él solo, pero que no venga a haser nusorquismo con nosotros!
La rabia que da es que a todos nos enganiaron desde chicos disiéndonos quel trabajo es lindo, quel trabajo es alegre, quel trabajo da salú. . . ¡Y esa es una brutA mentira, porque casi sienpre .ilras del trabajo viene el cansansio, y atrás del  ansansio la debilidá, y atrás de la debilidá la talla denerjía, y cuando viene la falta denerjía se produse la desmoralisasion de la persona! ... Y no es que lo diga yo, que no soy nadies: si usté entra en una ofisina no ve mas que tipos llenos dr preocupasión y con el seño frunsido; y si entra en una fábrica verá que todos los obreros tienen la misma preocupación y el mismo frunsimiento en el mismo sitio. . .  ¡Y los patrones les gritan a los capatases, y los capatases les gritan a los obreros, y los obreros les gritan a los delegados de los sindicatos, y los delegados de los sindicatos  declaran  sendas  huelgas!    Lo cual quiere desir, a ojo de cubetero que las huelgas y las broncas vienen porque la jente trabaja. . . ¡y en canbio  si la jente  se  quedara en  su casa descansando se acabarían los problemas y todos estarían felises y contentos!
A lo mejor usté es un retrógrado mental y piensa para sus adentros que yo estoy equivocado, porque todos tenemos que trabajar para comer. . . ¡Y esa es otra idea falsa, apócrifa y mentirosa por donde la mire! Por lo pronto, no es sierto que sea necesario trabajar para comer, porque yo conosco miles de tipos que comen y no trabajan ¡y presisamente los que menos trabajan son los que mas comen! ... Y otro enfoque equivocado consiste en desir que usté para comer tiene que trabajar, o sea que es a la inversa: ¡por culpa del trabajo es que a usté le viene el hanbre! En canbio, si usté se queda quieto, su cuerpo no tiene desgaste; y si su cuerpo no tiene desgaste, su cuerpo no presisa calorías, y si su cuerpo no presisa calorías, su cuerpo no presisa comer; y si su cuerpo no presisa comer. . . ¿me quiere desir para qué tiene que sacrificarse trabajando?
Ademas ¿quiere que le diga otra cosa que a usté le va a poner los pelos de punta, si es que tiene pelos y sino pasiensia? ¡Todo el mundO se enloquese trabajando y produsiendo a rajasincha, y nadie ni nadies aprovecha lo que produse o sea que trabaja al cuete! . .. Dígame una cosa: cuando usté piensa en noruegA ¿qués lo primero que piensa de noruegA? Lo primero que le viene a la cabesa es el bacaladO, y lójicamente piensa que los noruegos se dan unos atracones de bacaladO hasta que se les sale por las orejas. . . ¡Pero no! El bacaladO noruego es para esportar al estrangero, y a los noruegos que los pescan no les queda ni la cola! Y el caviar ruso es tremendamente esquisito. . . ¡pero para que un ruso coma caviar presisa reseta médica! Y los quesos de holandA son fenómenos ¡pero los holandeses tienen que ir al puerto si quieren oler sus quesos cuando se los llevan a otros paises! Y el güiski escosés es recontrafamoso en todo el mundO ¡pero en escosiA toman berreta! y ademas los escoseS ni siquiera pueden esconder un frasco abajo de la ropa, porque los tipos usan polleras cortas, y usando polleras cortas es fásil que se les vean las botellas. . .
En serio se lo digo: todo el mundO produse cosas ricas, pero casi nadies las aprovecha: la langosta chilenA es una locura, pero el chileno sólo conose una langosta: la que vuela; y la naranja paraguayA es presiosa ¡pero hay paraguayos que a sus naranjas no les ven ni el onbligo! Y el brasiL manda cargamentos de fruta a todas partes ¡pero hay brasileros que no saben ni como se pela una banana! Y si un polaco quiere tomar vodkA tiene que ir a itaÜA, y si un italiano quiere tomar vino quianti tiene que irlo a pedir a suisA, y si un suiso quiere un reloj tiene que ir al japóN, y si un japonés quiere una radio japonesa tiene que venir a larjen-tina! . . .
Incluso, ¿quiere que le diga otra cosa? Hay gobernantes quen vez de invitar a la jente a que descanse y viba tranquila, los insitan a deslomarse trabajando con la ilusión de quel trabajador de haora vibe mejor quel trabajador de antes. . . ¡Y esa es otra mentira estruendosa, porque el honbre de haora en vez de trabajar menos trabaja mucho mas quel hombre de antes! Fíjese quel honbre antiguo trabajaba de sol a sol, o sea que cuando salía el sol el tipc cachaba la herramienta, y cuando se ponía el sol el tipo tiraba la herramienta y que trabage aureliO; pero un día el honbre pensó para sus adentros: " ¿Por qué tengo que trabajar de sol a sol, si yo puedo trabajar menos?" ¡Y tras cartón luchó y luchó hasta conseguir la jornada de 8 horas, o sea 48 horas semanales! Pero al poco tiempo se le volvió a frunsir el entresejo, y dijo: "¿Y por qué voy a trabajar el sábado todo el día? ¡O me dan sábado inglés, o no trabajo nada! "Ya fuersa dentusiasmo, dinamismo y tronpadas el honbre consiguió sábado inglés, 44 horas semanales, vacasiones pagas, aguinaldo, salario familiar obligatorio, jubilasión, descanso por maternidá. . . Bueno: no para él la maternidá sino para su seniora, naturalmente. . . ¿Y sabe usté cuál fue el resultado de todo esto? Vea, no le miento: uno de los linotipistas que conpuso este libro es amigo mío, vibe en mataderos, se levanta a las 6 de la maniana y trabaja hasta las 12 en una inprentA; después va a otro sitio y labura de 2 a 8 de la noche, y después de las 8 corre a laburar de mosO en un cafetín hasta la una de la maniana. . . Y todavía de yapa aprovecha los sábados, domingos y feriados para haser horas estras, o haser changas, o haser mudansas o haser lo que le cante la miseria. . . En una palabra: ¡aquel honbre de lantigüedá que trabajaba de sol a sol era un piola bárbaro conparado con el honbre de haora que trabaja de sol a sol y de luna a luna, y sienpre está buscando otro trabajo porque no le alcansa la guita! O sea que yo entonces pienso lo siguiente: si trabajando poco, la plata no alcansa, y trabajando mucho tanpoco alcansa la plata. . . ¡No trabagemos nada de nada, y por lo menos no nos cansamos, ni nos hasemos mala sangre, ni nos ronpemos la ropa!

Del libro: “Consejo para Futuros Gobernantes”, Ed. Centro editor de América Latina

Diferencia entre guerra y crimen

El general Lavalle, jefe de frontera, destacó un pelotón de soldados, al mando de un oficial, en persecución de una partida de indios.
El oficial le preguntó si sólo debía hacer prisioneros a sus perseguidos, o si, en todo caso, debía ultimarlos. Y Lavalle contestó con esta frase, bien suya, en que está como retratado:
- ¡Mátelos para tomarlos, pero no los tome para matarlos!

Santiago de Liniers, Conde de Buenos Aires. - Por Por Paul Groussac

“Con buena sombra y simpatía evidente por la protagonista, refiere el mayor Gillespie un episodio en que fueron testigos él y cinco o seis compañeros de armas, la noche misma de su entrada triunfal en la ciudad. Para rehacerse de tanta penuria reciente, habían ido a comer a la célebre fonda “Los tres reyes”, situada como todo el mundo sabe, en la calle de Santo Cristo, 25 de mayo. Tocóles sentarse en la misma mesa que algunos oficiales españoles y un señor Barreda, criollo letrado, que amablemente les servía de intérprete. Mezquina era la cena huevos y tocino-, como que los mercados no se abastecían desde la antevíspera; pero alegraba la vista una arrogante muchacha, hija del mesonero, que ayudaba al servicio. El excelente mayor, recién llegado del Cabo, con setenta días de travesía, observaba a la joven con vivísimo interés. No tardó en sospechar que algo muy grave pasaba en ella: su ceño airado, sus encendidas mejillas y ojos centellantes eran indicio de una tempestad interior. El narrador confiesa que se sentía desazonado de buena fe, ignorando sobre quién descargaría la tormenta. Al fin estalló. Cuadrándose de repente delante de los pobres milicianos, la hija de los Tres Reyes espetóles esta arenga desnuda de artificio: “Caballeros, debieran avisarnos de antemano que era su intención cobarde entregar a Buenos Aires; pues por mi vida que a saberlo nosotras, las mujeres, hubiéramos salido a la calle y echado a pedradas a esos ingleses…”

Episodio en la fonda de “Los tres reyes”, contado por  Gillespie

Se reverencia… pero no se cumple

Porque nuestra voluntad es que la nuestra justicia florezca, y aquella no sea contrariada, establecemos, que si en nuestras cartas mandáramos algunas cosas en prejuicio de partes, que sean contra ley o fuero o derecho, que la tal carta sea obedecida y no cumplida.

 (Citada por Zorraquín Becú en “El sistema político indiano”  Revista del Instituto del Derecho Nº 6  1954)

Fórmula de un requerimiento (cedulario de Diego de Encinas. Ed. Cultura hispánica, tomo 4 Pág. 226.

... (si se reconocieren vasallos de la Corona) sus Altezas y yo en su nombre, os recibirán con todo amor y caridad y os dejarán vuestras mujeres, hijos y haciendas libres sin servidumbre para que de ellas y de vosotros hagáis libremente todo lo que quisieren… y no os compelerán a que os volváis cristianos, salvo si vosotros hagáis libremente todo lo que quisieres convertir a nuestra santa Fe Católica, como lo han hecho casi todos los vecinos de las otras islas… Si no lo hicieres, o en ello pusiereis maliciosa dilación, certifico que con la ayuda de Dios yo entraré poderosamente contra vosotros… Y manera que yo pudiere y os sujetare al yugo y obediencia de la Iglesia y de sus Altezas y tomaré vuestras personas y de vuestras mujeres e hijos y los haré esclavos y como tales, los venderé y dispondré de ellos como su Alteza mandare y os tomare vuestros bienes y os haré todos los males y daños que pudiere como vasallos que
no obedecen ni quieren recibir a su señor y le resisten y contradicen…

TRABAJOS VIRILES DEL GAUCHO - Por Juan Carlos Dávalos

Examinemos los recursos con que cuenta el gaucho y las exigencias de su adaptación al ambiente. Para sus industrias viriles utiliza el único material de que dispone en abundancia: el cuero de vaca. Una herramienta sintética, el cuchillo, le basta para confeccionar sus numerosos pertrechos de jinete. El ensillado, que consta por lo menos de treinta piezas diferentes, es obra de su labor manual. De sus callosas manos salen, prolijamente sobadas y ensebadas, coyundas, maneas, lonjas, pencas, tientos, presillas y tor-sales destinados a las faenas agrícolas y al trabajo del monte. De sus toscas manos salen, elegantes guardamontes, coletos de becerro cosidos a lezna, retobos para el chambergo, guarda-calzones de cordobán para proteger la ropa, y de sus manos salen lazos para apresar el ganado en el corral y en la selva.
Del cuidado que el artífice pone en la confección de algunas de estas piezas depende con frecuencia su seguridad personal y a menudo su vida misma. Y ha de estar continuamente reponiendo las piezas que se acaban y componiendo las que se deterioran por el uso, tareas estas engorrosas y prolijas, que requieren tiempo, arte y paciencia.
La más concienzuda de las industrias gauchas es la fabricación del lazo. Los hay de dos tipos: el fuerte lazo del monte que mide por lo común nueve brazadas, y el otro más delgado o de corral, que suele alcanzar quince brazadas. Consta todo lazo de dos piezas sólidamente yapadas, la una larga, de cuatro tientos o ramales y la otra corta, de seis ramales, que es precisamente la yapa. El extremo correspondiente a la pieza larga termina en una presilla de botón tejida y se prende al asidero, en la cincha. El cabo opuesto acaba en una argolla de hierro por la que se escurre la armada: esta porción es la más fuerte para que resista a las tensiones más violentas, y es la más pesada, para que el lazo, al ser revoleado, tenga pulso y alcance. El buen lazo no debe ser tramposo como piola, sino armado y semirígido, como culebra. El buen lazo no proviene, por supuesto, de cualquier cuero ni se trenza en cualquier estación del año. Los mejores provienen de animales machos que tengan el pelaje castaño y las astas rubias. El cuero ha de estar libre de las desgarraduras epidérmicas que dejan las espinas y ha de ser de animal flaco, de vaca o de novillo y no de buey ni de toruno... Los animales gordos dan lazos copiosos, es decir, escamosos, y, por lo tanto, inservibles.
Elegido el cuero, se lo estaquea, se lo estira al máximum y si el tiempo está húmedo se lo remoja y se cortan los tientos. Aquí empieza la verdadera obra de arte: hay que sacar los tientos bien parejos, operación que exige cuidado y sumo tacto. Esta parte del trabajo suele estar a cargo de ancianos especialistas. En Pampa Grande (una estancia del doctor Indalecio GÓMEZ), famosa entre otros prestigios por sus magníficos lazos, el más hábil preparador de tientos era un gaucho ciego. Sólo él podía, tanteando con los dedos, corregir defectos que ni los ojos ni las manos de los jóvenes habían podido evitar.

sábado, 3 de agosto de 2013

Roberto Artl y sus “Aguafuertes porteñas”

Pintor de brocha gorda, peón en un horno de ladrillos, aprendiz de hojalatero, inventor frustrado… y escritor.  Uno de los referentes más importantes de la narrativa del siglo XX  en nuestro país, Rolberto Artl (1900-1942), era hijo de un prusiano y una italiana, creció en el barrio de Flores y ejerció el periodismo. Esto le permitió relacionarse con los círculos literarios de la época. Su primera novela fue “El juguete rabioso”. Se ha interpretado como la voz de los postergados por el sistema social vigente y el punto de partida de la novela argentina contemporánea. “Los siete locos” y “Los lanzallamas” confirmaron su talento como novelista, que luego desarrolló en muchas otras obras.
 Para el diario “El Mundo” fueron escritas sus Aguafuertes porteñas. Ellas funcionaron como un laboratorio en el que Arlt probó temas, situaciones y personajes que luego volcaría  en sus obras mayores. Se dio a conocer, además, a millares de lectores que lo seguirían acompañando. Las Aguafuertes fueron reunidas parcialmente  en un volumen,  de 1933. De esas páginas memorables, ofrecemos algunas hoy…



QUIERE SER USTED DIPUTADO?

Si usted quiere ser diputado, no hable en favor de las remolachas, del petróleo, del trigo, del impuesto a la renta; no hable de fidelidad a la Constitución, al país; no hable de defensa del obrero, del empleado y del niño. No; si usted quiere ser diputado, exclame por todas partes:
-Soy un ladrón, he robado... he robado todo lo que he podido y siempre.


ENTERNECIMIENTO

Así se expresa un aspirante a diputado en una novela de Octavio Mirbeau, El jardín de los suplicios.Y si usted es aspirante a candidato a diputado, siga el consejo. Exclamé por todas partes:
-He robado, he robado.

La gente se enternece frente a tanta sinceridad. Y ahora le explicaré. Todos los sinvergüenzas que aspiran a chuparle la sangre al país y a venderlo a empresas extranjeras, todos los sinvergüenzas del pasado, el presente y el futuro, tuvieron la mala costumbre de hablar a la gente de su honestidad. Ellos "eran honestos". "Ellos aspiraban a desempeñar una administración honesta." Hablaron tanto de honestidad, que no había pulgada cuadrada en el suelo donde se quisiera escupir, que no se escupiera de paso a la honestidad. Embaldosaron y empedraron a la ciudad de honestidad. La palabra honestidad ha estado y está en la boca de cualquier atorrante que se para en el primer guardacantón y exclama que "el país necesita gente honesta". No hay prontuariado con antecedentes de fiscal de mesa y de subsecretario de comité que no hable de "honradez". En definitiva, sobre el país se ha desatado tal catarata de honestidad, que ya no se encuentra un solo pillo auténtico. No hay malandrino que alardee de serlo. No hay ladrón que se enorgullezca de su profesión. Y la gente, el público, harto de macanas, no quiere saber nada de conferencias.



LA TRAGEDIA DE UN HOMBRE HONRADO

Todos los días asisto a la tragedia de un hombre honrado. Este hombre honrado tiene un café que bien puede estar evaluado en treinta mil pesos o algo más. Bueno: este hombre honrado tiene una esposa honrada.
A esta esposa honrada la ha colocado a cuidar la victrola. Dicho procedimiento le ahorra los ochenta pesos mensuales que tendría que pagarle a una victrolista. Mediante este sistema, mi hombre honrado economiza, al fin del año, la respetable suma de novecientos sesenta pesos sin contar los intereses capitalizados. Al cabo de diez años tendrá ahorrados...
Pero mi hombre honrado es celoso. ¡Vaya si he comprendido que es celoso! Levantando la guardia tras la caja, vigila, no sólo la consumición que hacen sus parroquianos, sino también las miradas de éstos para su mujer. Y sufre. Sufre honradamente. A veces se pone pálido, a veces le fulguran los ojos. ¿Por qué? Porque alguno se embota más de lo debido con las regordetas pantorrillas de su cónyuge. En estas circunstancias, el hombre honrado mira para arriba, para cerciorarse si su mujer corresponde a las inflamadas ojeadas del cliente, o si se entretiene en leer una revista. Sufre. Yo veo que sufre, que sufre honradamente; que sufre olvidando en ese instante que su mujer le aporta una economía diaria de dos pesos sesenta y cinco centavos; que su legitima esposa aporta a la caja de ahorros novecientos sesenta pesos anuales. Sí, sufre. Su honrado corazón de hombre prudente en lo que atañe al dinero, se conturba y olvida de los intereses cuando algún carnicero, o cuidador de ómnibus, estudia la anatomía topográfica de su también honrada cónyuge. Pero más sufre aún cuando, el que se deleita contemplando los encantos de su esposa, es algún mozalbete robusto, con bigotitos insolentes y espaldas lo suficientemente poderosas como para poder soportar cualquier trabajo extraordinario. Entonces mi hombre honrado mira desesperadamente para arriba. Los celos que los divinos griegos inmortalizaron, le desencuadernan la economía, le tiran abajo la quietud, le socavan la alegría de ahorrarse dos pesos sesenta y cinco centavos por día; y desesperado hace rechinar los dientes y mira a su cliente como si quisiera darle tremendos mordiscones en los riñones.
Yo comprendo, sin haber hablado una sola palabra con este hombre, el problema que está encarando su alma honrada. Lo comprendo, lo interpreto, lo "manyo". Este hombre se encuentra ante un dilema hamletiano, ante el problema de la burra Balaam, ante... ¡ante el horrible problema de ahorrarse ochenta mangos mensuales! Son ochenta pesos. ¿Saben ustedes los bultos, las canastas, las jornadas de dieciocho horas que éste trabajó para ganar ochenta pesos mensuales? No; nadie se lo imagina.
De allí que lo comprendo. Al mismo tiempo quiere a su mujer. ¡Cómo no la va a querer! Pero no puede menos de hacerla trabajar, como el famoso tacaño de Anatole France no pudo menos de cortarle unas rebarbas a las monedas de oro qué le ofrecía a la Virgen: seguía fiel a su costumbre.
Y ochenta pesos son ocho billetes de a diez pesos, dieciséis de a cinco y... dieciséis billetes de a cinco pesos, son plata... son plata...
Y la prueba de que nuestro hombre es honrado, es que sufre en cuanto empiezan a mirarle a la cónyuge. Sufre visiblemente. ¿Qué hacer? ¿Renunciar a los ochenta pesos, o resignarse a una posible desilusión conyugal?
Si este hombre no fuera honrado, no le importaría que le cortejaran a su propia esposa. Más aún, se dedicaría como el célebre señor Bergeret, a soportar estoicamente su desgracia.
No; mi cafetero no tiene pasta de marido extremadamente complaciente. En él todavía late el Cid, don Juan, Calderón de la Barca y toda la honra de la raza, mezclada a la terribilísima avaricia de la gente del terruño.
Son ochenta pesos mensuales. ¡Ochenta! Nadie renuncia a ochenta pesos mensuales porque sí. El ama a su mujer; pero su amor no es incompatible con los ochenta pesos.
También ama su frente limpia de todo adorno, y también ama su comercio, la economía bien organizada, la boleta de depósito en el banco, la libreta de cheques. ¡Cómo ama el dinero este hombre honradísimo, malditamente honrado!
A veces voy a su café y me quedo una hora, dos, tres. El cree que cuando le miro a la mujer estoy pensando en ella, y está equivocado. En quien pienso es en Lenin... en Stalin... en Trotzky... Pienso con una alegría profunda y endemoniada en la cara que este hombre pondría si mañana un régimen revolucionario le dijera:
-Todo su dinero es papel mojado.


LA INUTILIDAD DE LOS LIBROS

Me escribe un lector:
"Me interesaría muchísimo que Vd. escribiera algunas notas sobre los libros que deberían leer los jóvenes, para que aprendan y se formen un concepto claro, amplio, de la existencia (no exceptuando, claro está, la experiencia propia de la vida)".


NO LE PIDE NADA EL CUERPO...

No le pide nada a usted el cuerpo, querido lector. Pero, ¿en dónde vive? ¿Cree usted acaso, por un minuto, que los libros le enseñarán a formarse "un concepto claro y amplio de la existencia"? Está equivocado, amigo; equivocado hasta decir basta. Lo que hacen los libros es desgraciarlo al hombre, créalo. No conozco un solo hombre feliz que lea. Y tengo amigos de todas las edades. Todos los individuos de existencia más o menos complicada que he conocido habían leído. Leído, desgraciadamente, mucho.
Si hubiera un libro que enseñara, fíjese bien, si hubiera un libro que enseñara a formarse un concepto claro y amplio de la existencia, ese libro estaría en todas las manos, en todas las escuelas, en todas las universidades; no habría hogar que, en estante de honor, no tuviera ese libro que usted pide. ¿Se da cuenta?
No se ha dado usted cuenta todavía de que si la gente lee, es porque espera encontrar la verdad en los libros. Y lo más que puede encontrarse en un libro es la verdad del autor, no la verdad de todos los hombres. Y esa verdad es relativa... esa verdad es tan chiquita... que es necesario leer muchos libros para aprender a despreciarlos.




LOS LIBROS Y LA VERDAD

Calcule usted que en Alemania se publican anualmente más o menos 10.000 libros, que abarcan todos los géneros de la especulación literaria; en París ocurre lo mismo; en Londres, ídem; en Nueva York, igual.
Piense esto:
Si cada libro contuviera una verdad, una sola verdad nueva en la superficie de la tierra, el grado de civilización moral que habrían alcanzado los hombres sería incalculable. ¿No es así? Ahora bien, piense usted que los hombres de esas naciones cultas, Alemania, Inglaterra, Francia, están actualmente discutiendo la reducción de armamentos (no confundir con supresión). Ahora bien, sea un momento sensato usted. ¿Para qué sirve esa cultura de diez mil libros por nación, volcada anualmente sobre la cabeza de los habitantes de esas tierras? ¿Para qué sirve esa cultura, si en el año 1930, después de una guerra catastrófica como la de 1914, se discute un problema que debía causar espanto?
¿Para qué han servido los libros, puede decirme usted? Yo, con toda sinceridad, le declaro que ignoro para qué sirven los libros. Que ignoro para qué sirve la obra de un señor Ricardo Rojas, de un señor Leopoldo Lugones, de un señor Capdevilla, para circunscribirme a este país.


EL ESCRITOR COMO OPERARIO.

Si usted conociera los entretelones de la literatura, se daría cuenta de que el escritor es un señor que tiene el oficio de escribir, como otro de fabricar casas. Nada más. Lo que lo diferencia del fabricante de casas, es que los libros no son tan útiles como las casas, y después... después que el fabricante de casas no es tan vanidoso como el escritor.
En nuestros tiempos, el escritor se cree el centro del mundo. Macanea a gusto. Engaña a la opinión pública, consciente o inconscientemente. No revisa sus opiniones. Cree que lo que escribió es verdad por el hecho de haberlo escrito él. El es el centro del mundo. La gente que hasta experimenta dificultades para escribirle a la familia, cree que la mentalidad del escritor es superior a la de sus semejantes y está equivocada respecto a los libros y respecto a los autores. Todos nosotros, los que escribimos y firmamos, lo hacemos para ganarnos el puchero. Nada más. Y para ganarnos el puchero no vacilamos a veces en afirmar que lo blanco es negro y viceversa. Y, además, hasta a veces nos permitimos el cinismo de reírnos y de creernos genios...


DESORIENTADORES

La mayoría de los que escribimos, lo que hacemos es desorientar a la opinión pública. La gente busca la verdad y nosotros les damos verdades equivocadas. Lo blanco por lo negro. Es doloroso confesarlo, pero es así. Hay que escribir. En Europa los autores tienen su público; a ese público le dan un libro por un año. ¿Usted puede creer, de buena fe, que en un año se escribe un libro que contenga verdades? No, señor. No es posible. Para escribir un libro por año hay que macanear. Dorar la píldora. Llenar páginas de frases.
Es el oficio, "el métier". La gente recibe la mercadería y cree que es materia prima, cuando apenas se trata de una falsificación burda de otras falsificaciones, que también se inspiraron en falsificaciones.


CONCEPTO CLARO

Si usted quiere formarse "un concepto claro" de la existencia, viva.
Piense. Obre. Sea sincero. No se engañe a sí mismo. Analice. Estúdiese. El día que se conozca a usted mismo perfectamente, acuérdese de lo que le digo: en ningún libro va a encontrar nada que lo sorprenda. Todo será viejo para usted. Usted leerá por curiosidad libros y libros y siempre llegará a esa fatal palabra terminal: "Pero sí esto lo había pensado yo, ya". Y ningún libro podrá enseñarle nada.
Salvo los que se han escrito sobre esta última guerra. Esos documentos trágicos vale la pena conocerlos. El resto es papel...