sábado, 6 de octubre de 2018

Microrelato Por Mayte Sánchez Sempere

Lo que ha pasado con mi vecino es alucinante. Resulta que nos llegó por Whatsapp noticia de su asesinato: alguien había entrado en su casa a robar y le había matado. Imaginad nuestro espanto e indignación: podía habernos pasado a cualquiera.
Subimos la noticia al grupo de Facebook del barrio y el periódico digital de la asociación de vecinos no tardó en hacerse eco. El miedo y la indignación crecían, los "y la policía ¿qué hace?", "¿a qué esperan?", "nos tienen abandonados" corrían como la pólvora, porque, aunque no lo creais, nadie vino a investigar, nadie.
Como tampoco dieron la noticia en televisión, nos quedó meridianamente claro que nuestro barrio, un barrio obrero y poco bonito, no interesaba... claro, como aquí no viven futbolistas ni gente que sale en la tele...
Afortunadamente, tenemos las redes sociales. La noticia era tan espeluznante que pronto se hizo viral. Es que un hombre asesinado mientras preparaba una tortilla francesa por dos individuos de nacionalidad lentuana, torturado, con la misma cizalla con que abrieron la puerta, para que revelase la combinación de la pequeña caja de caudales que guardaba escondida en la arena del gato, es una noticia de alcance que no debería ocultarse por intereses espurios. Total, que gracias a nuestra generosidad, todo el mundo pudo informarse.
Y ahora va el imbécil de mi vecino y llama a la puerta y dice "oye, que no estoy muerto, que no sé de dónde habéis sacado eso que habéis puesto en la esquela del portal". Vamos a ver, caballero: está en internet, déjese de "maldito bulo" y de tonterías, usted está muerto y punto. De verdad, es que no puedo con esta gente…

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