sábado, 6 de octubre de 2018

Sed de Dios Por Sergio Manejías


Mi alma, tiene sed de Dios, del Dios vivo.
SALMO 42.2

Está mi sed de Dios insatisfecha,
que en medida de sed más se agiganta.
Está entretejida y está hecha
de una ilusión muy delicada y santa.

Es sed que me apretuja la garganta
del espíritu. Sed que va derecha
al cielo. Sed que me levanta
y toda duda con valor apecha.

Es sed de Dios, intensa, y el poeta
sólo puede decir que su alma inquieta
ya no podrá tener gozo y solaz

hasta beber del agua de la Vida,
que en la gracia de Dios está escondida
en la sagrada fuente de su paz.

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