lunes, 4 de enero de 2016

Escuela Secundaria Nº 3 “Carmelo Sánchez” - Concurso literario “Contate un Cuento VIII” - Ganador de la Categoría D: Ernesto Bollini Ciudad Autónoma de Buenos Aires

El papelito

En el papelito en cuestión podía leerse una sola palabra, hiriente, pecaminosa, encuadrada, para colmo de males, entre signos de admiración y en letra de imprenta: “¡VAGINA!” Un celador demasiado celoso lo había hallado en el pasillo que da al aula de quinto B, y se lo había llevado a la carrera, untuoso y solícito, al mismísimo señor Rector. Con gesto ambiguo, entre ofendido y enojado, el señor Rector lo arrugó entre los dedos sudorosos y, a continuación, lo guardó en un bolsillo del saco.
    - Así que están excitados, los muchachos. Yo les voy a dar excitación- se dijo, rumiando una sonrisa malévola.- Aprenderán a respetar nuestra sagrada Institución, aunque sea a los golpes.
    Luego de tan sesuda reflexión, se apersonó al aula de quinto B Los alumnos, alborotados por la inminencia del viaje a Bariloche, tuvieron que hacer un esfuerzo para endurecer los rostros y ponerse de pie al contemplar su majestuoso ingreso.
    La profesora de Historia, situada a la sazón al frente de la clase, enrojeció un poco, tal vez consciente del barullo. Era, por supuesto, la más querida por todos. En su hora los chicos aprovechaban para organizar los detalles de la excursión pasándose uno a otro papelitos como los que en ese momento blandía en su mano el señor Rector. Los mensajes servían para discutir y acordar detalles nimios o importantes, según cómo se los mire: qué objetos personales habrían de llevar, quien compartiría habitación con quién, cuáles padres acompañarían al contingente, y temas por el estilo. Por eso, la sorpresa fue general cuando el señor Rector mostró el dorso de un trozo de hoja de carpeta marca Éxito, conocido por todos y más económico sin duda que el Rivadavia, y exclamó, con serena furia:
    - Señores, a causa de la vergüenza que significa para nuestro benemérito colegio la difusión de mensajes de la calaña del que porto ahora en mi mano, queda suspendido, sin fecha de realización, el viaje de egresados de quinto año B. Buenas tardes.
    El celador celoso, que lo acompañaba, fiel, cerró la puerta con estrépito, dejando en la atmósfera del aula una sensación de angustia y desconcierto que lo hubiera deleitado grandemente.
    Durante algunos minutos, el silencio fue general. Luego, cedió paso a la bronca y la locuacidad desbordada. Todos querían protestar. La profesora, asumiendo su rol natural de liderazgo, fue la primera en hablar.
    - Entiendo que las autoridades deberían clarificar un poco más la situación- dijo, con prudencia, para no aparecer abiertamente enfrentada a las autoridades.
    - ¡Es una medida tan arbitraria como injusta!- exclamó Leandro, el más dotado para la oratoria.- ¡Exigimos una explicación!
    - A mi me costó mucho reunir la plata.- Se lamentó Gina- Muchos de mis compañeros me ayudaron.... Y ahora... ¿me voy a quedar sin viajar?
    - ¿Y yo, que me había comprado los esquíes?¿Dónde me los meto ahora?- terció Gonzalo, generando una hilaridad momentánea que sirvió para aflojar un poco la angustia pero se disipó en el acto.
    En ese momento se dejó escuchar la palabra serena de la profesora:
    - Ustedes merecen hablar, sin duda. Les propongo formar una comisión que se presente a dialogar con el señor Rector. Se los está castigando sin que se conozcan con claridad los motivos.
    - ¡Grande, profe!- gritó Soledad.- ¡Yo quiero ir!
    - ¡Yo también!¡Y yo!- se dejaron oír muchas voces en tumultuosa sucesión.
    - Votemos- propuso sensatamente la profesora.
    - Eso- exclamó Juan- Voto secreto, universal y obligatorio. Ley Sáenz Peña,¿no profe?
    La profesora asintió con la cabeza, mientras dos gruesas lágrimas rodaban por sus mejillas.
    - Me escuchan- se dijo, emocionada.- Parece que boludean todo el tiempo, pero me escuchan....
    Un aplauso generalizado aprobó la moción. Mientras el celador celoso espiaba por un ventanuco, la clase en pleno se movilizaba para elegir a sus delegados. Se repartieron los famosos papelitos, esta vez en blanco, para que cada alumno anotara el nombre de su candidato preferido. Germán se encargó de contar los votos, y así quedó conformado una delegación de tres: Gonzalo, Leandro y Soledad. Por un momento, la profesora pensó en aprovechar la situación para  conferenciar acerca del primer Triunvirato pero luego, considerándolo un exceso pedagógico, se llamó a silencio. Se decidió también rechazar el ofrecimiento de la profe, quien había pedido acompañarlos a toda costa, “como medida de protección y preservación de su fuente laboral”, según anunció pomposamente Graciela, la poetisa del grupo.
    Los alumnos decidieron entonces organizar un breve debate, donde se discutieron los argumentos que serían utilizados en la crucial reunión. Algunos propusieron la confección de un documento o declaración de principios, pero la mayoría rechazó la ponencia por considerar que le quitaría espontaneidad a la presentación. En un clima de tensa expectativa, el timbre que indicaba la finalización de la jornada se filtró entre las acaloradas palabras de los compañeros.     Todos acordaron que permanecerían reunidos en la puerta del aula hasta que acabara la reunión, como una manera de manifestar el apoyo general.
    Los tres delegados se peinaron como pudieron; circuló también el desodorante y cierta goma de mascar que mejora el aliento.
    Pero los acontecimientos viraron desfavorablemente: a los oídos del celador celoso llegaron las enérgicas voces de la discusión. Poner sobre aviso al señor Rector y aguardar, complacido, la citación a la profesora de Historia, fue un trámite de matemática brevedad. La docente, imposibilitada de negarse, se aprestó a concurrir al trascendente conclave, aconsejándole a los muchachos que aguardaran por novedades. El plenario montó guardia en la puerta del aula, mientras el colegio comenzaba a vaciarse por imperio de lo avanzado de la hora.
    - Quiero creer- comenzó diciendo la augusta autoridad- que no está usted incitando a la rebelión a esos jóvenes descarriados.
    - De ninguna manera- respondió con ligero temblor la profesora de Historia.- Los muchachos tan sólo quieren saber de qué delito se los acusa.
    El señor Rector extrajo el infame papelito y lo desplegó ante los ojos azorados de la mujer.
    -¿Y?¿Qué me dice ahora de sus “muchachos”? ¡En letra mayúscula! ¡Y de imprenta!
    La profesora reprimió una carcajada de alivio.
    - En fin, señor Rector, con todo respeto... Los chicos están en plena adolescencia, conociendo sus propios cuerpos y los ajenos, dándose permiso para pensar en el placer... Después de todo, se trata de una inquietud natural... No me parece tan grave. Una reprimenda será suficiente para ponerlos en caja. ¡No los prive del viaje más importante de sus vidas!
    - ¿De modo que no le parece tan grave?- explotó el señor Rector.-¿No le parece tan grave que un grupo de libertinos desbordados represente a nuestra institución en Bariloche, y que perpetre vaya uno a saber qué desmadres a vista y paciencia de la gente de bien? ¡Pues vaya sabiendo, señora profesora, que en este colegio no hay lugar para ideas estrafalarias, pecaminosas y disolventes! ¡Queda despedida! ¡Busque trabajo, si tal propósito “la conecta con el placer”, en unos de esos colegios modernosos que enseñan educación sexual con orgiásticas clases prácticas en las aulas! ¡Buenas tardes!
    La terrible parrafada fue coronada por un aplauso estertóreo de parte del celoso celador. La docente, humillada, comunicó escuetamente, al salir, la indignante decisión del rectorado a los alumnos, quienes, acusando la recepción del duro golpe, disolvieron filas mascullando su rabia y fantaseando venganzas varias que jamás serían concretadas. Fin de la historia para la profesora de Historia. Y para sus alumnos.
    Nota del autor: En cuanto al conflictivo papelito, nada se supo de su destino. Arrugado sobre el escritorio del señor Rector, acaso una corriente de aire lo haya arrojado al suelo, siendo luego barrido por un ordenanza. En dicho supuesto, ningún adulto logró jamás dilucidar su significado, ni entendió la felicidad que anónimamente manifestaba ante la evidencia de que, por fin, los chicos habían podido reunir el dinero necesario para que Gina viajara, para que se sumara a la excursión tan tristemente frustrada. Ninguno pudo participar de la alegría que, entre signos de admiración y letra mayúscula de imprenta, comunicaba al pueblo estudiantil la buena nueva: ¡VA GINA!

jueves, 24 de diciembre de 2015

Concurso Literario de la EP N° 13 “Llegó la hora de escribir un cuento”. Mención: Joaquín Fuentes

    El grito

    El veintinueve de junio de dos mil quince, en una casa se escuchaba gritos, la gente del vecindario llamó a la policía. Los agentes empezaron a ver que la gente estaba muerta. El sospechoso no dejó rastros, sin ninguna duda esto era un enigma. Llamaron a un detective, hasta que en un momento aparece un niño , su mirada ya  lo decía todo, una mirada perdida en un vecindario perdido. La víctima vio todo.
    El detective interrogó al niño, pero el pequeño llamado  Juan  le contó al detective que si contaba algo de lo que había pasado, rápidamente lo matarían. Juan decía: - estoy perdido. No puedo confiar en nadie. Sé que debería confiar en usted, pero por lo que cuentan en este mundo no se puede confiar en nadie. Luego de las lágrimas de Juan , el detective dijo:-  te voy a poner un sobre nombre EL SUPER NIÑO rápidamente ambos se rieron.
    Un suspiro se escuchó entre esa mezcla de lágrimas y sonrisas, era un suspiro sufrido y desbastado por lo que pasó. El suspiro era de una chica escondida en el lugar, y cuando los vio les dijo:
    - Yo sé quién fue, fue… Un disparo cruzó toda una eternidad y mató a la única esperanza del Super Niño y el detective Jesús. Pero el detective había visto al sospechoso.
    El sospechoso tenía el pelo y la piel extremadamente blanca y vestía un pantalón blanco y una remera de polo con el escudo de Inglaterra. Jesús dijo: - Acá dejó un pelo. Vamos a ver de quién es.
    Rápidamente se fueron a la casa de Luciano Brum, en el barrio era más conocido como Lucho. Él mismo adivinaba con solo mostrar una cosa, de quien era esa pertenencia. Cuando llegaron Lucho dijo:
    - Este pelo es de Gastón, el que mata sin perdón - . Se rieron y luego fueron a la casa de Jesús. Cuando llegaron el detective sacó una hoja, un lápiz, y se la dio a Juan, el Super Niño. Luego Jesús dijo:
    - Pongamos los datos de Gastón aquí - . Pero antes de que Jesús diga la primera palabra, el Super Niño dibujó mágicamente un identikit del asesino. Entonces se lo fueron a mostrar al comisario Alberto. Y al unísono dijeron: - Este es el asesino -    . El comisario comentó:
    - Ahora reconozco esta cara. Tiene antecedentes, ya mató a miles de personas; dice que es un enviado del diablo.

Concurso Literario de la EP N° 13 “Llegó la hora de escribir un cuento”. Mención: Milagros González

Competencia de panaderos

       Nicolás era el único panadero del barrio. Todos los vecinos  siempre iban a comprarle porque él tenía el pan más rico.
      A la mañana siguiente mientras Nicolás estaba abriendo la panadería, vio que se estaba mudando alguien en frente. Era un chico llamado José que decía ser “ el nuevo panadero”.
        Nicolás no sabía que era un nuevo panadero hasta que notó que no le había ido nadie a comprar. También porque mientras él estaba  adentro de su panadería  escuchó unos aplausos y unas voces que decían “ Bienvenido José”.
      Nicolás salió afuera y le preguntó a un vecino, quien le dijo:  - Es el nuevo panadero que se mudó al barrio. Él sintió rabia porque hasta ajora él  era el único panadero.
      Al otro día Nicolás fue a abrir la panadería y vio que José estaba vendiendo un pan. Él , entonces haría un pan más rico y los vecinos volverían a comprarle y bajó los precios.
       Cuando José se enteró que Nicolás le estaba haciendo competencia, elaboró otro pan aún más rico y bajó más el precio.-
       Todos los días eran de competencia y cada vez  bajaban más los precios.
       Pero aunque para los vecinos eran  buenos los nuevos precios y el pan cada vez más rico, decidieron hacer algo.
       Entonces reunieron a Nicolás y a José para que se pongan de acuerdo y decidan quién sería el único panadero del barrio. Ninguno de ellos quería eliminar al otro. A José se le ocurrió compartir una panadería entre los dos y Nicolás aceptó.
      Al otro día, José vendió su panadería y mudó sus cosas a la de Nicolás. La única panadería del barrio fue “ NICOLÁS Y JOSÉ , LO MEJOR PARA USTED” y desde ese día ya no hubo más problemas.

Escuela Secundaria Nº 3 “Carmelo Sánchez” - Concurso literario “Contate un Cuento VIII” Mención de Honor de la Categoría B: Valentina Arislur alumna de 3º año de la E.S.Nº 3 “Carmelo Sánchez”

    Mi hermosa princesita

- Es que ellos no me entienden, no quiero casarme con alguien que no me comprende- su voz finalmente se quebró. Habían mantenido una larga conversación sin pelear, pero tras darse cuenta de que su madre nunca la entendería, rompió en llanto.
    -¡¿Cómo podrías saber si te entienden o no si solo hablas con ellos menos de cinco minutos?! ¡Eres una desagradecida! Tienes cientos de pretendientes que morirían por casarse contigo y tú solo los echas porque “no te comprenden”. Pones en juego el honor de la familia, imagina lo que dirían las condesas de la orden si se enteraran de que tú, la única princesa que aún no ha elegido pretendiente, se niega a hacerlo porque “no es comprendida”. Te recuerdo que esta orden lleva ochocientos años de perfecto registro y tú no serás la que lo descontrole todo. Nuestro código establece que…
     Charlene no podía escucharla más, sus oídos se habían cerrado al discurso de su madre. Sus ojos cegados en lágrimas tampoco le permitían verla. Se sentía perdida en un mundo al que no pertenecía.
    La Orden de Lituania estaba formada por los siete reinos que se encontraban en el país de Lituania, Europa. Había sido creada ochocientos años atrás por siete familias extranjeras que con suerte habían escapado de sus países y habían descubierto esa inexplorada tierra. Allí fueron creados los siete reinos y tras ser coronados los reyes crearon un código que establecía, entre otras cosas, que todos deberían tener un único heredero y este no podría casarse con otro heredero al trono, ya que la idea era no involucrar otros reinos y siempre ser los únicos siete propietarios de esa tierra. Así se hizo durante ochocientos años; cerca de los veinte años los príncipes y princesas de Lituania se casaban con hijos de duques, barones y condes, nunca con otros herederos al trono o campesinos y con la llegada de la primavera, se organizaba una gran boda donde se casaban y coronaban los siete nuevos monarcas.
    La puerta se cerró con un golpe seco y fuerte, y Charlene corrió hacia su habitación dejando un rastro de lágrimas provocadas por su madre. Se recostó en su cama y lloró durante más de media hora, preguntándose por qué tenía que casarse con alguien que ella no amara, por qué no se  casaban los otros seis herederos y ella lo haría luego, cuando por fin encontrara a esa persona que la amara y comprendiera.
     Se sentó en la cama y se secó los ojos con su pañuelo bordado y entonces lo vio. Vio ese sobre tan simple que varias veces había visto ya, con esa letra alargada que garabateaba su nombre. Fue hasta su escritorio donde reposaba el sobre, lo tomó y se sentó nuevamente en su cama para poder abrirlo. Adentro  contenía una carta perfectamente doblada con las palabras: Para mi hermosa princesita grabadas con tinta. La carta no era larga, pero Charlene acostumbraba leer esas cartas despacio para disfrutar cada palabra.
“Mi Hermosa Princesita:
                Nunca dejo de pensar en ti, ¿Cómo  puede tu madre no entender que tú no eres como las demás? Eres distinta, sencilla y hermosa, solo quieres amor y quien no te lo pueda dar, no te merece. Daría lo que no tengo por poder darte todo ese amor que anhelas.
Siempre tuyo,
                      Tu simple campesino.”
    Las lágrimas inundaron los ojos de Charlene, pero esta vez no eran lágrimas de enojo o tristeza, eran lágrimas de felicidad, de ternura, provocadas no por su madre sino por esa persona que en realidad la entendía, que la amaba, esa persona a la cual nunca conocería. Las peleas con su madre venían desde hacía algún tiempo ya, y ella le había contado todo a su Príncipe Oculto Releyó la carta más de diez veces y entonces se le ocurrió la idea que calmaría a su madre y que la ayudaría a solucionar el problema del matrimonio. Sin pensarlo dos veces salió de su habitación y fue al encuentro de su madre. La reina  Myriam estaba hablando con su marido, el rey Jhon, cuando su hija entró en la habitación. Antes de que sus padres pudieran decir algo, Charlene comenzó a hablar.
    - Quién de verdad me ame, me dará una estrella.- dijo la princesa dejando muy sorprendidos a sus padres.  Haré una proclama real diciendo que aquel que en verdad me ame, me dará una estrella. Todo el mundo lo interpretará de una forma distinta, pero solo aquel que me entienda me dará la estrella a la que yo me refiero y se convertirá en mi esposo. No revelaré a nadie qué es lo que quiero, ni siquiera a ustedes, para poder hacerlo justo y prometo que sin importar quién sea, aquel que me dé una estrella, será mi esposo.
    Los padres de la joven quedaron anonadados pero tras discutir un poco el tema accedieron, ya que parecía la única opción que quedaba para poder conseguir que su hija se casara. Y así se hizo. Se redactó una carta que decía justo lo que Charlene quería: una estrella. Vinieron los mismos pretendientes que antes y muchos más pero ninguno supo darle lo que ella deseaba. Le habían regalado telescopios para que pudiera ver las estrellas cuando quisiera, maquetas que representaban constelaciones hechas por los mejores arquitectos de toda Europa, joyas con diamantes tan brillantes como las estrellas verdaderas y muchos otros obsequios enormes y costosos dignos de una princesa.
    Los reyes estaban preocupados, nadie lograba complacer a su hija. ¿Podría ser que ella los hubiese engañado y no fuera a aceptar ningún regalo?
    Las puertas del vestíbulo se abrieron y dejaron pasar a un chico alto y rubio, un campesino con piel gastada por haber trabajado todo el día en la mina y de aspecto muy humilde y sencillo. La cara de la princesa se iluminó con la llegada de esta nueva persona. ¿Sería él? ¿Sería su Príncipe Oculto?
    El joven se presentó; su nombre era Joseph. Pidió a la princesa si podía salir al balcón con él para poder mostrarle algo. Charlene accedió; ya allí Joseph señaló al cielo y explicó: - En el cielo hay muchos tipos de estrellas: estrellas muy brillantes que solo duran pocos años, estrellas que cruzan el cielo en un viaje interminable y estrellas que siempre están ahí, en el mismo lugar, que nunca nos abandonan porque aunque no sean las que más brillen, podemos confiar en que siempre estarán ahí para nosotros. Así eres tú princesita, una estrella constante, en la que se puede confiar y que nunca nos abandonará cuando la necesitemos, no eres el centro de atención como las otras estrellas más brillantes, pero eres la más simple y bonita a la vista de los más sabios.
    Lo había encontrado. Estaba segura de que era él. Las caras de sus padres asombrados al ver como su hija miraba al campesino, estaban petrificadas esperando la reacción de la princesa.
    En ese momento los labios de Charlene se movieron
     - ¿Eres mi Príncipe Oculto?-.
    - No.- Dijo Joseph.  Soy solo tu simple campesino-.
     Los dos jóvenes se unieron en un abrazo que demostró todo el amor que la princesa nunca había tenido.
      La reina no iba a permitir que su hija se casara con un campesino, eso era aún peor que quedar soltera; dejar el reino en manos de ese muchacho era una ofensa a sus antepasados. Cuando estaba por reaccionar, su marido le impidió continuar, la miró con la misma cara que cuando se conocieron y ella lo entendió: lo que su hija sentía era amor verdadero y nadie se lo debía quitar, mucho menos su madre. Charlene por fin había conseguido lo que siempre había soñado.

sábado, 19 de diciembre de 2015

Concurso Literario “Llegó la hora de escribir un cuento” Mención de honor: Brisa Newbery Issac

Un guardabosque enamorado  

Había una vez un guardabosque llamado Fernando, quien estaba muy enamorado de su vecina Romina. Ella era muy hermosa y cada vez que salía a regar sus flores, él la miraba desde su ventana admirando su belleza.
    Después de dos años, el guardabosques se animó y se acercó con la intención de expresarle todo su amor, pero sus nervios fueron mayores, no le salían las palabras, comenzó a tartamudear y de vergüenza salió corriendo.
    Llegó a su casa, se encerró en su dormitorio y comenzó a llorar de impotencia por no haber podido decirle todo lo que sentía.
Faltaban cuatro días para que en el pueblo se realice el tradicional “Festival de la Alegría”. En esta ocasión, todos los caballeros más ricos del lugar se acercaban a las damas para pedirle su mano, por el simple hecho de concretar matrimonio.
Romina solo pensaba que fuera Fernando quien la  invitara a ir al festival; pero llegó el día y no se lo veía  por ningún lado. Preocupada, fue hasta su casa para saber cómo se encontraba. Tocó su puerta y al abrirla quedó paralizado al ver a  su gran amor  frente a él. Sin perder tiempo, la hermosísima dama le pregunta; qué fue lo que te hice  que saliste corriendo y no te vi más en estos días?... Tomó coraje y le respondió: es que…… no sé cómo   decírtelo….es…queeeee…esss…queee …TE AMO. Pero sé que no tengo nada para ofrecerte, sólo mi maravilloso bosque. Romina comenzó a llorar y exclamó: no importa lo que tienes, yo también me enamoré y te quiero por lo que sos. Y así, los dos juntos y felices  fueron al festival de la alegría.
    Al día siguiente, Fernando le pregunta a su amada, - si me amas, ¿por qué esperaste tanto tiempo para hacérmelo saber? Porque antes te veía como un amigo y pensaba que para ser feliz tenía que casarme con un caballero, pero con el tiempo me di cuenta que lo que necesitaba era una persona que me saque una sonrisa y me demuestre su amor día a día con pequeños detalles, y eso lo lograste vos.
    Con lágrimas en sus ojos, Fernando le propuso casamiento, y por supuesto ella aceptó.
    Al fin se cumplió su sueño de amor. Se casaron, se mudaron al bosque, tuvieron dos hijos y fueron muy felices.

Escuela Secundaria Nº 3 “Carmelo Sánchez” - Concurso literario “Contate un Cuento VIII” - Mención de Honor de la Categoría A : Sol Melita alumna de 2º año E.S.Nº 3 “Carmelo Sánchez

Caminando entre las guerras

    Estaba por repetir.  Historia es horrible y en sexto grado peor.
    El profesor Lorenzini me dijo que para aprobar debería estudiar tres guerras a elección.  Yo elegí la Primera Guerra mundial, la Segunda y la Guerra de las Malvinas, y si aprobaba no iba a repetir de año. La prueba era en una semana. Como no tenía ningún libro que tuviera que ver con guerras, fui a buscar uno a la Biblioteca Clorindo Testa.
    Cuando entré, sentí el olor de los libros viejos de tapa dura llenos de polvo e historias que cualquier adulto con amor a las letras quisiera tragar hasta terminarlos.
     Me atendió Flora, la secretaria cincuentona con rostro de pasa de uva y anteojos de montura roja. Se parecía a una abuelita tierna que te dan galletitas recién hechas, pero no te dejes engañar por su cara, es muy mala cuando quiere.
    -Tercera vez en la semana que te veo por aquí, Samuel_-me dijo sin despegar su mirada de su revista “Caras” - ¿Qué te trae por aquí esta vez? Por lo que me han contado tus amigos, estás por repetir Historia.
    - Traidores  pensé-  Para aclarar las cosas, los que no desaprobaron, pasaron raspando; y los demás eran los preferidos o preferidas del Profesor, y podemos decir que no estaba entre ellos-  le dije mientras me cruzaba de brazos y ponía mala cara
    -Mm- fue su única respuesta- Pasillo tres a la derecha, encontrarás muchos libros que te servirán para tu prueba- dijo apuntando con su lapicera hacia el pasillo donde había un cartel que rezaba “Historia”.
    Busqué en la sección de“1900-1950” pero no encontré nada sobre la Primera o Segunda Guerra Mundial, tampoco halle material en el sector “1950-2000” sobre la Guerra de Malvinas. Ya me había dado por vencido hasta que divisé algo en la mesa de lectura. Demasiado pequeño para ser un libro viejo, demasiado grande y gastado para ser un libro nuevo. Un libro de color rojo carmesí descansaba sobre la mesa de lectura. En letras doradas y algo gastadas leí el título que decía:
     “Colección libros atrapantes de las Guerras del mundo
Libro 1: Primera y Segunda Guerra Mundial - Guerra de las Malvinas”
Autor Anónimo.
    ¡Qué suerte la mía!: justo cuando pensaba que tendría que inventar una excusa para decirle al Profesor que no había encontrado ningún libro y seguramente no me iba a creer, encontré este libro milagroso. Lo tomé y fui con aire triunfante a la recepción  para que Flora lo anotara en mi ficha.
    - ¿Te costó mucho encontrar uno verdad?- me dijo mientras leía ahora la revista “Gente”-  Esta semana salieron alrededor de veinte libros de Historia y Geografía entre otros.
    -Sí-contesté- qué suerte que encontré este en la mesa de lectura; alguien lo debió leer y lo dejó, este trae todos los temas que necesito- le dije mientras le entregaba el libro.
    - ¡Qué extraño…!- susurró mientras examinaba la portada- En mis veinte años de trabajo jamás había  visto este libro.
    -Tal vez te lo pasaste por alto… Si quieres revisarlo puedo pasar mañana.
    -No lo creo….Bah, no importa, ahora, vete y estudia para sacarte un buen diez, luego hablaremos sobre este libro- contestó con una sonrisa falsa.
    Este libro estaba perdiendo mi confianza.
    Cuando llegué a casa, ya era de noche; dejé el libro en el escritorio de mi cuarto  y fui a hacer la tarea de Historia y Matemática. Cuando terminé, ya había comido y no me quedaba mucho tiempo para estudiar porque mis padres volvían del trabajo en poco tiempo, ya que ellos no sabían que estaba por reprobar una materia. Tenía seis días para estudiar un libro que podría ser de cuatrocientas hojas o más…. ¡Cuánto optimismo!
    Fui a mi cuarto a leer el libro y estudiar. Mi cuarto tenía una cama que en un momento pudo ser blanca pero que ahora era beige, un escritorio con algunos libros e historietas, con un calendario, un reloj de pared y un televisor Ken Brown reposado en un rack negro con libros, hogar dulce hogar. Me senté en la silla que estaba al lado del escritorio, saqué el cuaderno de anotaciones y me puse los lentes de aumento de montura negra y abrí el libro. En el reverso de la hoja donde debería estar la fecha en la que se publicó y datos de la editorial, no había nada, estaba completamente en blanco. “Se tomaron muy  enserio lo del anónimo” pensé; miré la siguiente hoja y decía:
    “Prepárese para la mejor de sus aventuras
 Una vez leído el libro jamás será el mismo”
¡Como si los libros de Historia fuesen divertidos! Di vuelta la hoja para comenzar el resumen y…La hoja estaba en blanco.
    Sin entender lo que sucedía, comencé a pasar de hoja en hoja y lo comprobé. El libro estaba completamente en blanco. Enojado, entendí por qué Flora no lo conocía; me dije a mí mismo que al día siguiente lo devolvería  y buscaría la información por Internet, aunque el Profesor Lorenzini me pidió que estudiara con libros. Lo cerré y me fui a dormir poniendo la alarma a las nueve en punto.
    Me desperté a las 3:00 por una luz; un poco dormido y perdido me levanté y fui hacia el televisor para apagarlo. Una vez apagado pensé que la luz desaparecería,  pero continuó. Extrañado giré la cabeza y vi que provenía del escritorio, me acerqué y vi que la luz salía directamente del libro en blanco, lo abrí y la luz me cegó y me quedé viendo puntos blancos mientras pestañaba rápidamente para que desaparecieran. Cuando recuperé la vista, la primera hoja del libro, todavía iluminada empezó a escribir por sí sola en letra negra:
    Guerra de las Malvinas
    Comenzó el 2 de Abril de 1982 y finalizó el 14 de junio de ese mismo año, los soldados eran transportados en barcos y aviones hasta las islas. Dormían en  “pozos de zorro” que eran zanjas que se encontraban a 1,60 de profundidad y 2 de ancho, eso es lo que nos contó Samuel Salazar….
    ¿Pero qué? El libro se estaba escribiendo solo por arte de magia y sabía mi nombre, entonces vi que el reloj se detuvo y comenzó a ir marcha atrás como loco, el calendario empezó a pasar hojas: “2014, 2013, 2012, 2011, 2010, 2009, 2008, 2007, 2006, 2005, 2004, 2003, 2002, 2001, 2000…”No entendía cómo aparecían las otras partes del calendario, si comenzaba en 2010.Asustado quise dar un paso atrás para luego largarme…Pero no tuve ni tiempo de mover el pie antes de que me convirtiera en un haz de luz y el libro me engullera.
    Me desperté sobresaltado empapado de sudor y a oscuras en mi cuarto. Solo había sido una pesadilla, seguramente fue porque había visto una película de terror antes de dormir. Entonces reparé que no estaba sudando, sino que era agua que me congelaba cada centímetro del cuerpo y me ponía la piel de gallina como si me hubieran puesto un cubo de hielo detrás del cuello; también me fijé que el cuarto era demasiado pequeño, y para empeorar mis sospechas, escuché un bombardeo a lo lejos. Ese no era mi cuarto.

Concurso literario “Contate un Cuento VIII” Mención de Honor de la Categoría A Malena Bottega alumna de E.S. Nº 1 “Lucas Kraglievich”

Mi ángel de la guarda

    - Después de tanto insistir, te voy a contar la historia  de por qué elegimos tu nombre.
    -  ¡Por fin! Ya era hora, nadie me la quería contar.
    -  Todo empezó cuando tenía 12 años y estaba jugando con mi hermana Sol.     Ahora que lo pienso es irónico que se llamase Sol. Ella tenía tan sólo ocho años y se cayó a la piscina que teníamos en casa, no sabía nadar, pero yo sí. No pude salvarla, la dejé morir mirándola hipnotizada, parecía una estúpida, era una estúpida. Desde aquel entonces pasé a cargar con la culpa de que maté a mi hermana, la única que tenía. También fueron mis padres los que me culparon del accidente, los entiendo, debe ser difícil cargar con la mochila de que se les muriera una hija. De ahí pasé de tener una hermana a ser hija única y todos los errores de mis padres cayeron sobre mí, como también todas las exigencias. Mis padres pretendían que yo fuera perfecta, que yo no cometiera ningún tipo de error. Aunque  ya había nacido fallada.     Gracias a eso es que estoy indignada y enojada conmigo misma por no poder ser la chica que siempre quise ser.
    Fue tanta la depresión que me mareaba, me sentía mal, como ahogada; lloraba muy seguido, me desmayaba, entre otras cosas. Mis padres me llevaron a muchos tipos de doctores; a Mar del Plata, a Buenos Aires, a Azul, hasta llegaron a llevarme a Cuba, porque decían que ahí estaban los mejores médicos. Todos nos dijeron que lo que necesitaba era un control psicólogo, pero mis padres no querían llegar a ese punto, sostenían que los psicólogos eran para locos y que yo no tenía ningún tipo de genes de locura, porque ellos no lo eran. Sin embargo, después de unos meses, decidieron consultar con uno
    Por ese entonces, ya me notaba un poco rara, no tomaba ni una decisión por mi cuenta, no caminaba ni un paso sin preguntarle al de al lado si le iba a perjudicar ese paso. Empecé sentándome atrás del todo en la escuela; era la tímida, la que no se expresaba, la antisocial. Aunque yo tenía a Milagros, mi amiga,  mi confidente, con  quien éramos muy unidas, pienso que era casi un milagro que una chica como ella fuera mi mejor amiga.
    A los 14 años,  me diagnosticaron que tenía una enfermedad psicosomática, no entendí mucho en ese momento,  pero sé que era una enfermedad que se produce por causas de emociones vividas . Estaba deprimida por lo de Sol, porque sentía que mis padres no me querían, que me odiaban por lo que les hice. Yo sentía que los había defraudado desde el minuto cero en el que nací. Me sentía, por así decirlo, el fracaso en vida.
    Esa enfermedad no se iba absolutamente con nada más que  con tratamientos psicológicos, eso era otra decepción más para mis padres. No lograba entender cómo es que con todos los esfuerzos que yo hacía para que se sintieran orgullosos de mí, lo arruinaba todo y lograba que se sintieran decepcionados, aún más. Yo creía que la única que me entendía era Milagros, y le decía que ella me servía más que mi psicólogo.
    Milagros era una persona muy buena, tan santa; era mi único héroe en este caos, pero yo notaba que sus ojos nunca le brillaban del todo. Nunca le quise preguntar qué le pasaba, ya que una vez lo hice y casi se enoja conmigo.
Tiempo después, ya con 16 años, me llegó una llamada, era de la madre de Milagros diciéndome que por favor fuera a su casa ya que mi amiga me necesitaba. En ese momento se me paró el corazón. En el camino casi me muero pensando que le podría haber ocurrido algo y  me imaginaba lo peor de lo peor. Cuando llegué, allí estaba Milagros. Acostada en la cama llorando. Fue en ese instante que me respondió aquella pregunta que en algún momento yo le había hecho. Me dijo que ella no era lo suficientemente feliz,  porque desde sus 13 años que le habían diagnosticaron cáncer de huesos. Éste surgió por una quebradura o fractura y era causado por un tejido anormal o algo así. Lo terrible era que Milagros se podía morir y si ella se moría se iba a ir una parte de mí con ella. También me dijo que yo debía ser fuerte, y que no me tenían que importar más las reacciones de mis padres, porque ellos no me entenderían nunca.  Me aconsejó que fuera feliz a mi manera y que siguiera mi vida, que no estuviera mal.  Todo eso era algo imposible para mí, yo sentía una gran angustia en el pecho, no quería que le sucediera nada malo, y mucho menos que muriera.
    Un par de días después, me volvió a llamar la mamá de Milagros, pero esta vez llorando, avisándome que ella había fallecido esa  misma mañana. Recuerdo que sentí que una parte de mí se había ido  con ella. Ya no me quedaban héroes en este caos, ya no tenía a mi confidente, ya no tenía con quien reírme. Pensé que ya no iba a tener esa luz que irradiaba ella cuando la veía, que volvía a estar sola como antes, que nadie me iba a entender como ella. Supe que ya no me quedaban razones para seguir viviendo. También, como para no perder la costumbre, me sentía culpable, porque yo sabía que se podía morir y no hice nada. Aunque en este caso yo sabía que no podría haber hecho absolutamente  nada.
    Luego de este lamentable episodio, mi enfermedad psicosomática aumento.Mi psicólogo les dijo a mis padres que era raro, rarísimo que una chica de 17 años sintiera deseos de morir (decepción número mil para mis padres). Les dijo que yo no sentía ninguna necesidad de vivir, que no tenía ganas de jugar, de tener algún novio, de tener un perro , de compartir, de nada. Que no tenía remedio mi enfermedad, que iba a estar deprimida de por vida,  sin ganas de vivir. En otras palabras, que yo estaba muriendo lentamente.
    El tiempo pasaba implacable y ya no comía, estaba más flaca de lo normal.     Mis padres me seguían llevando al psicólogo, yo ya no superaba ni un poquito mi depresión. Continuaba antisocial y  no tuve otra amiga.
    Comencé la facultad y a estudiar psicología para ver si me podía autoayudar. Pensé durante mucho tiempo lo que me había dicho Milagros, hasta que decidí utilizar todo el dinero que había ahorrado desde niña para comprarme mi propio departamento, obviamente que no era suficiente, entonces comencé a trabajar, para pagarlo y pagarme mis estudios.
    Esta decisión la había tomado para alejarme de aquellas personas que vendrían a ser mi familia, que sólo me hacían mal. No me sentía del todo bien, pero quería estar totalmente lejos de ellos.
    Cursando en la facultad, ya casi con 22 años, llegó mi salvavidas, Santiago, tu papá, quien me salvó de la enfermedad. La verdad es que yo nunca me hubiese fijado en él, sino hubiera insistido tanto para conocernos. Él estaba muy enamorado de mí y me enamoró a mí. Santiago es la persona más linda y buena del mundo, lo quiero y él me quiere bien. Desde aquel entonces es que somos inseparables. Él me hizo sentir casi una reina, me trataba como tal.
    Los psicólogos se asombraron de que se me hubiera ido la enfermedad psicosomática, no lo podían creer. Tampoco tenía una razón exacta, pero así sucedió, me curé del todo y desde ese entonces estoy bien.
    Con mis padres ya dejé de tratarme hace tiempo, logré escuchar y entender esas últimas sabias palabras de Milagros, mi ángel de la guarda, quien me cuida, esté donde esté. Ya no me siento sola, me siento acompañada por tu papá y varios amigos que he hecho. En aquel tiempo me sentía muy feliz, estaba muy bien.
    Después de casi tres años de novios, quedé embarazada de vos ,hija,  y como fuiste una nena y no un nene, te puse Milagros en honor a mi ángel de la guarda.
Y así fue, mi querida hija,  eso es todo lo que querías saber. Por lo tanto,  esa es la historia de tu nombre, la de “mi ángel de la guarda”.