jueves, 29 de diciembre de 2016

La lucha - Por Rafael Serrano Ruiz

Su llamada le turbó el espíritu.
Tanto aislamiento…
querer olvidarla,
suprimir su nefasta influencia…
y ahora…¡Nada!

En un instante, de nuevo en batalla…
y se escapan los suspiros,
y revive los recuerdos,
unos malos…
otros buenos.

Lucha perpetua entre
corazón y cerebro,
entre el es y el puede ser

donde el final es perder.

sábado, 24 de diciembre de 2016

Fabián Polosecki: "El otro lado de las cosas" - Por Héctor Fuentes

Era un día como tantos otros. Durante la mañana me esperaba el trajín de un trabajo nuevo. Lo había conseguido de casualidad, por meterme de puro caradura en una librería y preguntar si hacía falta alguien. A la semana me encontraba vendiendo textos escolares en un local ubicado en pleno centro platense. La gente se agolpaba y había que despachar con velocidad y solvencia a los clientes, como nos había recalcado el dueño.
Al regresar a mi casa encendí la tele. Empecé a buscar algo para mirar. Pasaba los canales y nada. Era imposible encontrar un programa interesante. Por aquel año 93, la Argentina había empezado a cambiar. Y la televisión era un fiel reflejo de esa nueva imagen.
Iba rotando los cinco canales una y otra vez, y nada. Decidí cenar y dejar el televisor prendido de fondo, para que hiciera un poco de ruido. No recuerdo porqué lo anclé en canal siete. Pero lo que sí recuerdo fue que al dar las diez de la noche, arrancó un programa nuevo llamado “El otro lado”. Acto seguido un pibe de pelo corto y campera de cuero, caminaba por la calle y se subía a un colectivo. Aparecía luego en una estación de trenes y prendía un cigarrillo. Una voz en off decía:
“Durante algunos años trabajé de periodista. Un día, no sé cómo, todos los jefes de redacción se dieron cuenta al mismo tiempo que podían arreglarse sin mí. Ahora escribo historietas absurdas sobre historias verdaderas. No me va mucho mejor, pero se conoce gente”.
Había en esas pocas palabras una sinceridad demoledora. Cuando el Maquinista de Ferrocarril empezó a contar su historia, el hechizo ya me había atrapado. Estaba solo y la luz del televisor cobraba una dimensión desconocida. Las preguntas y las respuestas se iban tejiendo magistralmente.
Los silencios, los gestos, el movimiento de las manos, la profundidad de las palabras, el respeto, la claridad de alguna sonrisa, todos esos elementos producían un encantamiento que yo nunca había visto en televisión.
Acostumbrado al vértigo insolente de la pantalla chica, en donde el chiste se construye a partir del infortunio ajeno, no podía creer lo que veía.
La cámara captaba la maravilla que se producía en algún giro inesperado de la conversación, y la disparaba como si fuese un destello. De pronto un pequeño detalle preguntado al pasar abría el corazón del entrevistado. Y de allí salía una jauría de perros, un instante de gloria, un llanto que rompía las palabras, un crujir de sueños perdidos, una encrucijada.
Fabián Polosecki, o simplemente “Polo”, sabía cómo encender esa chispa. Hay luces que sólo brillan cuando alguien sabe cómo reflejarlas.
Luego de dos temporadas de éxito, “El otro lado” pasó a llamarse “El visitante”. Aun hoy, veinte años después de su trágica muerte, sus seguidores esperamos que un buen día nos caiga de visita.

“Contate un Cuento IX” - Ganador de la Categoría C - Aquellas palabras - Por Juan Valentini, alumno de 6º año de la E.S.Nº 4

      El recuerdo es un paraíso al que todos pueden entrar pero pocos pueden disfrutar. El recuerdo es un laberinto de anécdotas, de emociones, de frustraciones, de miedos y de amores. El recuerdo, la característica más bella y enternecedora de la
vejez. La vejez… fuente inagotable de recuerdos inalterables y vivencias entrañables.

........

Son las 8:00 am, el despertador suena con ímpetu y determinación. Mi cuerpo, sacudido por el sonido taladrante que anuncia un nuevo día, se activa. Mi cabeza, no… Sigue adormecida, deseando que la palabra responsabilidad no existiera en el “diccionario de la vida”. Finalmente, abro mis ojos y veo el desértico techo de mi habitación. Contemplando el macizo cielo, lo recuerdo. A mi edad quizá me cuesta recordar “esos detalles”, pero el recuerdo está. Siempre que despierto está ahí y entonces lo revivo.
Tenía seis años cuando sucedió. Con mi madre fuimos a un parque,  en el cual me encantaba jugar. Era ella quien siempre me llevaba, hacía años que se había separado de mi padre, el había tenido una enfermedad y mi madre no lo había soportado. No lo conocía. Ella no hablaba, yo no preguntaba. Era uno de esos silencios familiares que nadie se atrevía a romper.
Se sentó en un banco y yo, luego de oír las incesantes reglas de cuidado, salí corriendo sintiéndome el niño más independiente del lugar. No recuerdo a qué jugué o con quién jugué, solo lo recuerdo a él. Entre idas y venidas mis ojos se cruzaron con aquel hombre sentado en el tronco de un árbol. Al acercarme  más, noté que tenía entre sus manos un bastón blanco. Automáticamente me di cuenta que un no vidente había captado mi moza atención. Como en todos los niños de mi edad, la curiosidad fue más grande que mi vergüenza. A pasos agigantados arribé para entablar una intrépida conversación con el  desconocido. Con la desenvoltura de un cronista y la inocencia de un niño le dije:
-¡Hola! Me llamo Benjamín… ¿Cómo te llamas?
El hombre alertado por sus oídos captó que un niño lo interrogaba. Se incorporó y mirando hacia la nada sonrió y dijo:
-Hola Benjamín,  me llamo Santiago… Lindo día ¿Verdad?
-Sí, hay sol y algunas nubes… ¿Cómo sabes que el día está lindo?
-Bueno… A veces podemos ver sin mirar, podemos sentir, oler, tocar o simplemente podemos escuchar.
Quedé absorto. Me senté frente a él y dejé que mi mentón reposara sobre mis manos mientras lo miraba fijamente…
-¿Y no es feo?
-¿Qué cosa?
-No poder ver nada…
-No, no es feo… Aprendes a usar tu cuerpo de otra manera, simplemente te acostumbras, para sobrevivir. Quizás es feo lo que otras personas pueden pensar o sentir de vos, porque no entienden que no ver no es un impedimento, sino que es una forma distinta de percibir todo.
-¿Qué personas piensan eso?
-Las que no comprenden que la superación es la clave del progreso…
-¿Quién dijo eso?
-No lo sé, pero el que lo dijo tenía razón.
No supe qué responder. El grifo de palabras que siempre me caracterizaba se había cerrado, no sabía qué decir. En un momento todo se congeló… Noté que un hilo de melancolía lo envolvía y que una lágrima recorría sin pudor su mejilla. Se refregó los ojos, sonrió y dijo:
-Pero soy feliz… Aprendí a serlo con lo que tengo y con lo que soy.
Le sonreí, no lo conocía pero me sentía feliz por él en ese momento.
-Me tengo que ir Santiago… Me gustó hablar con vos.
-Fue un placer conocerte mi amigo, y recordá siempre que la superación es la clave del progreso. No importa qué te digan o qué piensen de vos. Si vos queres, vos podés.

........

No recuerdo cómo continuó ese día, solo sé que al llegar a casa no podía sacármelo de la cabeza. No le había contado a mi madre, algo me decía que no era buena idea. Aun así cada momento de la conversación acosaba mi joven mente. Y la frase… la parte más sustancial del encuentro, había quedado grabada en mi memoria.
-¡Benjamín!, ¡Hijo!
El grito nominal de mi madre me electrizó y me puso de vuelta en órbita.
-¿Qué pasa mami?
-¿En qué pensás?
-En nada mami…
No me siguió preguntando… Sabía que algo me pasaba, pero no indagó. Me quedé mirándola, se la notaba molesta. Con inocencia pregunté:
-¿Qué te pasa mami?
-Hoy fui a dar el examen de manejo… ¡Fallé otra vez! Nunca voy a poder. ¡Nunca voy a poder!
Nunca voy a poder… ese enunciado recorrió mi mente como un relámpago y en un segundo lo recordé otra vez… sin poder contenerme dije:
-¡La superación es la clave del progreso!
El vaso que mi madre estaba lavando, danzó por los aires y se estrelló en el suelo, produciendo un estruendo ensordecedor. Su cuerpo se había petrificado, sus manos temblaban y una tímida lágrima se  atrevió a visitar sus ojos.
Mi cuerpo se conmovió y con expectativa pregunté:
-¿Qué pasó mamá?
Al parecer la pregunta hizo el efecto deseado y la trajo de vuelta.
-Na… Nad… Nada mi amor.
Más lágrimas, quizás inducidas por la primera, también se atrevieron a salir… entonces lo dijo:
-Eso… Lo solía decir tu padre.

sábado, 17 de diciembre de 2016

“Llegó la hora de escribir un cuento” Edición 2016 - Primer premio: El Quinto Guardián, Por Lautaro Poza, alumno de la Ep Nº 13

     Hace mucho tiempo, existían en la Tierra monstruos y humanos, pero una vez esa unión entre estas especies se rompió. Fue así como llevaron a los monstruos a los subsuelos, debido a que cuatro de ellos poseían los elementos de la vida: tierra, aire, fuego y agua. Los humanos los veían como una amenaza, ya que con tanto poder podían hacer destrozos a su semejanza. Pero las cosas no parecían así, ellos vivían otra vida en los bosques, lagos y en las afueras de la ciudad; y decidieron dejar en paz a los humanos.
     Tiempo después, en un lugar muy remoto empezó a escucharse un rumor de que los que iban allí nunca volvían…y aquí entramos en la historia de Stuart, un niño al que le encanta vivir aventuras.
     -Bueno, ya es de noche, aquí descansaré. Espero que no haga tanto frío como en Alaska-dijo el niño.
     Luego de cenar porotos enlatados y al estar tan cansado se durmió, pero un sueño lo despertó repentinamente. En ese sueño, Stuart vio unas luces que lo guiaban hacia una cueva en donde se encontraban las esferas de poder,  que eran usadas por los guardianes para crear el planeta.
     Stuart decidió seguir ese camino hacia la cueva donde se encontró con esas esferas, las cuales eran custodiadas por los cuatro monstruos guardianes: Igneo, el guardián del fuego; Vianca,  guardiana del aire; Aquarella, guardiana del agua y Terrus, guardián de tierra.
     -Hola, ¿quiénes son ustedes?- preguntó temeroso Stuart.
     -Somos los guardianes de las esferas de poder con las que hemos creado este planeta- respondió Igneo.  ¿Y tú quién eres?- preguntó.
     -Me llamo Stuart y me encanta vivir aventuras nuevas- contestó el niño. -Y ustedes ¿qué hacen aquí abajo?-
     -Nos protegemos de los humanos. Ellos creen que somos una amenaza  pero en realidad evitamos que la Tierra se destruya- contestó Terrus.
     -Pero las esferas están perdiendo poder, se están apagando ya que hace mucho tiempo que no reciben la energía de la superficie terrestre- comentó Vianca.
     -¿Y no pueden volver?- preguntó el niño.
     -¡No! ¡Los humanos nos atacarán! No queremos que pase eso de nuevo- exclamó Igneo.
     -Creo que si hablan con ellos entrarán en razón- dijo Stuart.
     -Tal vez si tú hablas con ellos de lo que sucede y de que la Tierra se va a destruir lo van a entender- dijo Aquarella.
     -¡Por supuesto! Eso es lo que tengo que hacer. ¡Esa es mi misión, esa es mi aventura!
     Y así Stuart volvió para encontrase con los humanos. Apenas llegó se encontró con mucha gente que se había reunido en el centro de la ciudad protestando por los guardianes.
     -¡Escuchen, escuchen!- gritó el niño. Mi nombre es Stuart y vengo a hablar de lo que les está pasando a los guardianes. Sus esferas de poder se están apagando y si no hacemos algo nuestro planeta se destruirá-.
     -¡¿Cómo se destruirá?!- se escuchó.
     -Bueno, el agua inundará nuestras tierras, el fuego se propagará por los bosques y cultivos, soplaran vientos huracanados y la tierra se abrirá- contesto muy triste Stuart.
     -¿Y cómo podemos evitarlo? ¿Qué debemos hacer para que esto no ocurra?
     Entonces Stuart comenzó a explicarles que las esferas aumentarían su energía si se las traía a la superficie y que él no podía hacerlo, solo los monstruos guardianes. También les dijo que ellos no eran una amenaza, al contrario, ellos cuidan el planeta y hacen que todo funcione en equilibrio.
     Los humanos aceptaron que los monstruos regresen, Stuart corrió hacia la cueva a contarles a los guardianes lo que había decidido el pueblo.
     Y así fue como entre todos lograron que las esferas recuperaran su energía y mantuvieran el planeta a salvo.
     A partir de ese momento Stuart fue nombrado “El Guardián de la Vida”, en agradecimiento por reunir de nuevo a los monstruos y los humanos y que puedan vivir felices en la Tierra como un gran grupo.

“Llegó la hora de escribir un cuento” Edición 2016 - Primer premio: La ternura de la muerte - Por Lino Salvador Pollio, alumna de la EP Nº 24

        Todos sabían que la Muerte era una especie de “algo”, que con tocar con sus manos huesudas cualquier ser con vida, lo dejaba en el sueño eterno.
Y la Muerte sabía que todos decían eso…y también decían otras cosas,; le decían: “La Dama del eterno sueño helado”. Pero lo que no sabían era lo sola que se sentía…la tristeza que ahogaba su negro corazón al no poder abrazar a nadie…
Pero en fin, ese era su destino y no podía cambiarlo.
Un día, caminando por el bosque, encontró al pie de un árbol una cría de ciervo que parecía perdida.
-Ésta sebe ser mi víctima de hoy- pensó.
Pero cuando se acercó al animalito, éste la miró con infinita ternura y por primera vez algo como un escalofrío le corrió por la espalda a la Muerte. Entonces, la ciervita salió corriendo y ella la dejó que se fuera.
Así la ciervita fue creciendo y la Muerte siempre la vigilaba, como cuidándola de los peligros que se le acercaran. La ciervita sabía de esto y un día, tomó confianza y se le acercó. Volvió a mirarla con ojos tiernos y le lamió las manos.
En ese momento la  Muerte cerró los ojos porque sabía que si los abría encontraría muerta a su amiga. Pero para su alegría, cuando sintió que nuevamente lamían sus manos, abrió los ojos vacíos y la vio, hermosa, viva, bien viva…
Desde ese día no se separaban y la ciervita siempre la acompañaba en sus recorridos. Y así pasó el tiempo y casi sin que se dieran cuenta, la cierva se hizo vieja y llegó su momento, su final…
Las dos sabían que esa era la última vez que la Muerte tocaría a la cierva…entonces cuando se le acercó, la abrazó en un abrazo interminable, casi cálido y no frío como siempre era su toque. Y al fin la cierva murió y la Muerte se quedó sola y triste de nuevo.
Tiempo después, cuando la Muerte recorría los lugares donde había caminado con su amiga, sintió un ruido como de pasos. Enojada fue a ver qué animal se atrevía a andar por aquel lugar que sólo ellas dos recorrían y vio a su amiga cierva…mejor dicho al fantasma de su amiga que volvía para estar con ella.
Ahora sí…estarían juntas por siempre y volverían a recorrer los campos y los caminos. La Muerte ahora sabía lo que representaba la amistad y el amor y aunque su trabajo debía continuar, lo haría de una forma más amable, más tierna… ahora era feliz y nunca más la llamarían: ”La Dama del eterno sueño helado ”, ahora sería: “La Dama de la ternura eterna”

sábado, 10 de diciembre de 2016

“Contate un Cuento IX” Organizado por la E.S.Nº 3 “Carmelo Sánchez” y declarado de Interés Educativo por el Ministerio de Educación de la Nación bajo res. 1275.; De Interés Municipal y Cultural según decreto 1967.

Ganadora de la Categoria B: “El diario de ayer” Por Lucia Galantini alumna de 2º año del Instituto Parroquial San Andrés de Miramar


 María despertó como cualquier mañana normal, se sentó en la mesa con su café y el diario, ella no era de leer mucho el periódico, lo leía por arriba y sólo se centraba en alguna noticia que le llamará mucho la atención como la que encontró ese día: "Una señora de 42 años se suicidó el 6 de junio en Miramar " Le sorprendió aún más la nota porque la chica se llamaba igual que ella, pero María López era un nombre común, podía haber muchas, también tenía la misma edad y murió en la ciudad donde vivió casi toda su vida. A medida que avanzaba la lectura se asustaba más, hasta que vio la foto. Esa chica era ella. Lo primero que pensó fue ir a hacer una demanda al diario diciendo que se equivocaron y que debían sacar esa nota y así lo hizo. María fue a la sede del diario a quejarse, la atendió un señor mayor, con una barba negra y unos ojos azules como el mar
- ¿Qué se le ofrece? - preguntó el hombre con una voz ronca
- En la tercer página de su diario aparece una noticia la cual por razones obvias, es incorrecta.
- En la tercer página aparece una publicidad y el anuncio de la muerte de María López...
- Exactamente, yo soy María López, mire la foto y míreme, claramente no estoy muerta, aparte hoy es 5 de junio y aquí dice que murió el,  lo cual no tiene sentido - respondió ella frustrada
El sujeto miró la foto y luego volvió a verla a ella y le contestó
- Señora, usted no es María López ¿Cuál es su DNI?
- ¿Para qué?
- Para buscarla
 María le dijo su DNI y el señor  tecleó en su computadora y encontró su informe.
- Usted es Daiana Martínez, nació el 18 de febrero de 1974 en Miramar
 Ella se quedó confundida
- Los datos están bien pero no el nombre.
- Señora, estoy ocupado y con mucho trabajo, ya aclaré sus  dudas y le pido que por favor no moleste.
- ¡Pero qué no entiende! ¡Yo no soy Daiana!
- Señora ¿Usted quiere que llame a la policía? Yo sé que no, entonces por favor retírese
Ella empezó a alterarse más y más y comenzó a gritar y el señor marcó un número en el teléfono, se lo puso en la oreja y susurró algo que María no escuchó. Se dio cuenta del escándalo y creyó que el individuo había llamado a la policía, lo que hizo que se olvidara de su orgullo y saliera de ahí. Escuchó el sonido de una patrulla y sintió pánico al instante. Empezó a correr, tenía miedo de que piensen que ella estaba loca y la metieran en un manicomio. Se tomó un colectivo y se escapó a Miramar, llegó a la noche, hacía mucho frío, tenía esperanzas de que nadie la hubiera seguido y de que allí alguien la reconociera como María López y no con la supuesta identidad que le había dicho el hombre del diario. No tenía a donde ir, su familia había muerto y los pocos que quedaban estaban en otro país, empezó a caminar sin tener idea de a dónde iba,  pero de pronto escuchó unas sirenas de ambulancia, nuevamente empezó a correr mientras gritaba "No me van a atrapar ."No, otra vez no". "No volveré a ir a ese loquero" María llegó hasta un muelle peligroso que estaba cerrado por precaución, vio una camioneta blanca acercarse y un señor desde adentro del coche que le decía: "Señora venga, nosotros la vamos a llevar a un lugar seguro"
El mar estaba revuelto y chocaba contra el débil muelle, se escuchaba el crujido de la madera al romperse, pero aún así María no se movía. Eran las 00:10 y María insistía en quedarse, así que, los de la camioneta decidieron bajar, mala elección. Eran muchos, fueron al muelle, con esa tormenta y el mar picado se terminó de derrumbar. Algunos pudieron salvarse, pero María cayó entre las piedras y murió.

Ese mismo día, 6 de junio, se publicó en el diario la muerte de la chica. Por primera vez .

“Contate un Cuento IX” Organizado por la E.S.Nº 3 “Carmelo Sánchez” y declarado de Interés Educativo por el Ministerio de Educación de la Nación bajo res. 1275.; De Interés Municipal y Cultural según decreto 1967.

Ganadora de la Categoría A  - “La nota”
Por Valentina García alumna de 2º año de E.S.Nº 3 “Carmelo Sánchez”


Y ahí estábamos como siempre, comiendo en la mesa como si ninguno de nosotros nos conociéramos, igual que cuando estas en una fiesta con desconocidos. Mamá siempre terminaba primero. Papa comía como si no pasara nada, en realidad como si los problemas que estaban no estuvieran, no le importaba nada. No sé cómo mamá aún lo soportaba, porque aunque fuera un buen tipo ya no quería escuchar más sus peleas. Como si fuera poco, mi hermano de 14 años era el retrato de mi padre y yo igual a mi mamá. Le daba mucha importancia a todo, a mis cosas y a la de los demás. No solo pensaba en mí, como lo hacían mi papá y mi hermano.
Terminamos de comer, papá se fue a trabajar y mamá empezó con la limpieza, mi hermano se fue a la casa de un amigo y yo me quedé en casa, no tenía ganas de salir, menos con el frio que estaba haciendo.Se hicieron las 3:30 de la tarde y yo estaba en mi cuarto escuchando música mientras copiaba unos resúmenes del libro para la prueba de biología del lunes. Después de terminar todo, fui a comprar unas galletitas ya que eran las 4:30 de la tarde y me dio hambre. Cuando volví a casa mamá había dejado una nota en la mesa que decía: “Hija me fui a la casa de Gladis, vuelvo en un rato”.
Fui a la cocina, me preparé una chocolatada, agarré las galletitas y me regresé a mi cuarto. Después de un rato tome una siesta de una 1 hora. Cuando me desperté agarré la toalla y me fui a bañar. Me vestí, fui a la cocina, vi la hora y ya eran las 6:30 y estaba oscureciendo porque era invierno, así que probablemente ya tendría que llegar mamá. Se hicieron las 8 y todavía no había venido, así que me preocupé y decidí llamarla. Marqué el número, esperé, y me di cuenta que su celular sonaba en su habitación, así que no me quedó más remedio que esperarla. El tiempo pasaba y ella no aparecía, entonces decidí llamar a la casa de Gladis.
Llame dos veces y en ambas oportunidades me atendió la contestadora. Me estaba poniendo muy nerviosa. Respiré y volví a llamar. Al fin me respondió:
-¿Hola?
-Hola Gladis soy Romina
-Hola Romi! ¿Qué pasa?
-¿Mi mamá está ahí?
- No. Se fue hace  2 horas
-Ah ok, gracias igual
-¿Pasa algo?
-No nada…chau
Ya me empecé a preocupar y poner cada vez más nerviosa. Si ya se había ido de lo de Gladis y acá no llegaba, ¿dónde estaba? Papá no llegaba hasta las 12 ya que tenía que suplantar a un señor que había tenido un inconveniente. Y mi hermano se quedaba a dormir en la casa de su amigo. Así que yo estaría sola  hasta las doce. No sabía qué hacer, a quién recurrir o pedirle ayuda. Estaba entre quedarme en casa e irme a buscar a mama. Pero, si me quedaba sentada esperando a que algo pasara iba a ser totalmente inútil. Y si me iba ¿a dónde seria? Estaba en mi casa sin ni siquiera tener una idea donde podría estar. Así que lo primero que hice fue llamar a todos mis familiares con los que ella se trataba. Hasta con los que no. Y nadie la había visto.
Ya no me quedaban más ideas, así que empecé a revisar el celular de mi mamá. Tal vez allí obtendría una pista. Vi sus llamadas, mensajes, contactos y nada apareció. Era de noche y no podía hacer mucho, de día iba a ser más sencillo.
Me dormí sabiendo que mi papá no me iba a dirigir ni una sola palabra que tenga que ver con mi mamá porque poco le importaba. Me desperté muy temprano pero cansada. Había dormido muy poco ya que me despertaba  cada hora sobresaltada. Directamente me puse a pensar en que tenía que seguir con “la búsqueda”. Solo tenía algunas horas para buscar pistas  sola, ya que seguramente iban a empezar a preguntar por mamá y ya no lo iba a poder ocultar más su desaparición. Me levanté del banco, y fui a la esquina de la plaza mientras esperaba que el semáforo se pusiera en rojo. Crucé y fui preguntando en cada negocio si habían visto a mi mamá; les mostraba  una foto que tenía de ella en el celular. Pregunté y  pregunté. Me cansé de recorrer lugares, hasta que en un negocio me dijeron que la habían visto. Mi corazón empezó a latir muy rápido al escuchar esa respuesta, pero luego hubo algo que me dejó helada. Fue cuando el dueño del lugar me dijo: “Estuvo con vos anoche”. No le respondí y salí del lugar de  inmediato.
Estaba muy confundida. ¿Cómo que estuvo conmigo anoche? ¿Cómo es posible eso? ¿A caso me golpee la cabeza? ¿O acaso me estaba jugando una broma de mal gusto? Seguro este hombre estaba confundido. La última vez que estuve allí con mi madre fue hace 1 año.
Tomé el camino a casa, iba muy cansada y angustiada. Pensé que tal vez si me acostaba a dormir un rato  despertaría dándome cuenta de que todo era un sueño.
Cuando llegué a casa ya estaba papá. Me preguntó por qué estaba tan alterada y le expliqué. Me miró en forma extraña. Pensó que estaba bromeando. Y muy acongojado me dijo: ya lo superaras.

De pronto caí en la cruel realidad. La nota que había dejado mi madre era antigua. Y yo aún la conservaba. Estaba buscando a alguien que no existía. Mi madre había muerto hacía un año.