viernes, 6 de diciembre de 2019

Concurso Literario “Llegó la hora de escribir un cuento” VI Primer premio: La amistad más larga que el tiempo – Por Gastón Zarza


Como muchos ya saben esta historia va a empezar hace muchos años atrás. Cuando yo era chiquito y vine a la ciudad desde una granja con mi nueva familia, queme traían de acá para allá con muchas caricias y amor. Ellos me compraron un collar de mi color preferido que es el verde, ya que si me perdía en la ciudad sabrían que yo tenía dueño. Siempre peinaban mi pelo castaño, me sacaban a pasear en auto y también salíamos al parque. Como se deben dar cuenta yo no soy un ser humano aunque me llevo bien con ellos, soy un perro y las personas me dicen cachorro o por el nombre que me dieron mis dueños, Beethoven. Siempre que Branco trae amigos a casa le preguntan ¿No muerde? Y yo pienso ¡SOY UN PERRO NO UN LEÓN!. Y así es la rutina de todos los días que mi dueño trae un amigo a casa. Lo mejor es cuando viene María con su perrita, mi amiga Perla, que es la más linda del barrio para mí y encima su dueña siempre me alza y yo me pongo muy contento, pero lo peor es que siempre me baña ante de irse.
       Una vez yo y mi dueño íbamos a ir a la casa de uno de sus amigos y como siempre vamos a la tarde porque su mamá, lo hace bañar a Branco y después, le dice que me bañe a mí. Cuando terminamos salimos, siempre pasábamos corriendo por la calle sin mirar, entonces por hacer eso, casi nos choca un auto pero se desvió chocando contra el cordón. Yo salí corriendo del susto sin mirar para atrás, observé una casa con galería que tenía la puerta de entrada abierta y sin pensarlo dos segundos, fui y me escondí debajo de una planta, aturdido de  tantos ruidos de sirenas , bocina y gritos .Mientras pensaba en mi dueño me dormí.
Al otro día me desperté dentro de una casa y me rodeaban tres personas que murmuraban a mi lado. Decían: - tenemos que buscar a su dueño, porque debe tener uno ya que tiene un collar y además no vamos a poder tenerlo en el departamento-. Pero uno de ellos no se veía muy contento con esta propuesta de buscar a mis dueños. Él era el más pequeño de los tres y los padres le advirtieron que si me iba a cuidar hasta encontrar al dueño, tiene que ser a escondidas del guardia del alojamiento. El chico rápidamente le dijo que si y que se iba a encargar de que el guardia de seguridad no lo vea. Se fueron los tres y el chico luego volvió con alimento y leche pero yo ese día no comí, porque siempre estaba angustiado por lo de Branco, por no saber cómo estaba, hasta que con el tiempo se me fue pasando y comencé a comer y divertirme con el niño que me cuidaba. Él se llamaba Agustín, es muy bueno conmigo y me recuerda mucho a mi anterior amigo.
A los día siguientes, ellos como no sabían mi nombre me nominaron Matías, a mí me gustaba pero siempre que me nombraban yo no les hacía caso porque estaba acostumbrado a que me llamen Beethoven. Pasaron los meses y yo me iba adaptando a la nueva casa, nuevos dueños, nuevas reglas y nuevos amigos.
Agustín siempre que salíamos al parque se llevaba la pelota y jugaba solo, nunca buscaba amigos para jugar pero lo que me di cuenta es que era muy buen deportista y me propuse buscarle nuevas amistades, aunque él no quería salir mucho. Entonces yo aprovechaba siempre, las pocas veces que salíamos, y me acercaba a niños que me acariciaban y hacía que me siguieran hasta llegar con mi dueño, y él ni les hablaba. Pero intenté una vez más, luego salimos nuevamente y detrás de un muro escuché gritos de chicos jugando a la pelota y Agustín se detuvo con ganas de entrar pero luego su cara se entristeció y seguimos caminando.
Otra semana volvimos a pasar de nuevo por el frente del mismo muro y él me llevaba con una correa e inmediatamente forcé hacia dentro y logré que Agustín entre al club. Pero de pronto, una pelota vino rodando a sus pies, era de los chicos y mi dueño se las devolvió con una patada increíble, que dejó a los niños mirando con los ojos grandes, estupefactos y lo invitaron a jugar. Él se hizo muchos amigos por su gran habilidad.  Y yo siempre iba con él, fue así que una vez vi a Branco. No podía creerlo, mi cola se movía de felicidad, y de la emoción, cuando me di cuenta él ya se estaba yendo y pensé en seguirlo pero algo me detuvo, fue pensar en Agustín y me quedé, estuve toda la noche pensando en ambos.
Al otro día fuimos de nuevo a jugar al fútbol y estaba Branco hablando con otros chicos, al verme vino corriendo hacia mí; Me levantó, me abrazó y hasta una lágrima se le cayó. Cuando Agustín lo vio me arrancó de los brazos de él bruscamente diciéndole que me dejara. Branco sorprendido le contestó:- ¡No  es mío! Y se llama Beethoven-.  Y así fue la discusión por mí, yo angustiado al ver pelear a mi más grandes amigos, temía pensar que no se iba a poder arreglar más, pero no fue así.
 Luego de horas de discusión, su conversación fue cambiando y se dieron cuenta de que tenían mucho más en común que lo que tenían para pelear. Fue así que llegaron a un arreglo de compartir los días conmigo. La semana siguiente ya estaban jugando juntos y escuché que Branco le contó la historia de cuando me perdió y de cuánto me extrañó. Agustín se puso triste porque él le había dicho a sus padres que no quería buscar a los dueños ya que quería tener un buen amigo. Agustín me miró y se dirigió corriendo a darme el más lindo abrazo, a la vez dejándome ir con Branco pero igualmente nos veríamos todos los días en el club, en el parque, en la casa de Branco y en la suya.
Así que todos los días nos juntábamos, nos veíamos, jugábamos, corríamos, ellos conversaban y se hicieron muy buenos amigos, también crecimos.  Hoy les cuento que mi historia no termina acá, porque yo estoy aquí sentado a la par de mis dos mejores amigos, no somos los mismos pequeños pero sí somos los mismos amigos porque la amistad es más larga que el tiempo.

Concurso Literario “Llegó la hora de escribir un cuento” VI Primer premio: La Historia de Romeo y Julieta en el siglo XXI - Por Paloma Maldonado


En una mañana de primavera, casi 21 de septiembre del año 2000, ahí estaba yo sentado en un banco de la plaza bajo la cálida manta que ponía el sol esa mañana. ¡Aaa por cierto, me voy a presentar, me llamo Romeo!. Casi siempre, o mejor dicho pocas veces, iba a este lugar público después de la escuela ya que entro al colegio a las doce del mediodía y salgo a las cuatro de la tarde.
Todo comenzó un día muy lindo donde me encontré a una compañera de mi clase que se llama Julieta y esperé un tiempo para poder hablarle, hasta que llegó esa hora que nunca se borrará de mi mente mientras yo viva. Me acerqué muy nervioso, sentía que las piernas me temblaban y que en ese tramo de dirigirme a ella caminando me iba a desvanecer, los latidos de mi corazón se aceleraron, mi cabello comenzó a traspirar de los nervios que tenía. Hasta que ella me dijo:-  ¡Hola! ¿querés jugar?. Obviamente saben cuál fue mi respuesta.
Sin embargo al otro día  en la escuela, estaba sentado delante de toda la clase y comienzan a pasar el resto de mis compañeros, que se ubican en el fondo del salón, y no me saludan, sólo recibo miradas frías y escalofriantes. La causa de este odio hacia mí, deberá ser  porque hable con Julieta, la niña más bella de la escuela. Y ellos, en cambio, todavía no se animaron ni siquiera a mirarla a los ojos.
Ese mismo día en el recreo la volví a ver, con sus trenzas largas, ojos achinados, mejillas coloradas. Esta vez me animé a acercarme a ella sin que me temblaran las piernas y le pregunté si quería jugar en la plaza luego del colegio. Ella me respondió que sí, que me tenía que decir algo muy importante si o si esa tarde. No podía parar de pensar en que era eso que me tenía que decir. Estaba ansioso, miraba el reloj a cada rato, quería que sea ese momento de encontrarme con ella para saber.
Mi madre, es la más dulce de todas las madres. Ella siempre me dice que hay que ser buenas personas y no criticar a los demás sin conocerlos. Tenemos un merendero en el garaje de casa donde todos los días concurren chicos no sólo a tomar la leche, sino también a jugar, a mirar un rato tele. Yo al comienzo no entendía cómo no iban a poder tomar la leche en sus propias casas, cómo no van a tener un televisor.  Y mi madre me dijo muy sabiamente que: - Romeo,  no todos tenemos la misma vida, ni las mismas infancias, ni las mismas familias. Hay que entender a cada una de esas familias, darles apoyo, ayudarlos en lo que más podamos. Cuando seas grande lo vas a entender mejor.
A las 4:00 hs, a la salida de la escuela Graciela, mi mamá, vino apurada a buscarme. Sin embargo me apresuré a preguntarle antes de entrar al auto si podía ir a la plaza a jugar con Julieta. Ella siempre dice que sí pero esta vez la respuesta fue negativa. Eran meses de crisis decía mamá y más que nunca había que ayudar a los niños que lo necesitaban. Uno de ellos ese día había sido internado porque había sufrido un desmayo en la escuela y se debía a la falta de alimentación que carecía en su hogar. Fue entonces, que luego de la escuela nos dirigimos al nosocomio a visitarlo y hablar con la familia para darles el apoyo que necesitaban. Era la primera vez que no estaba en mi mente Julieta hasta que ¡Julieta, me olvidé de avisarle que no iba a jugar con ella a la plaza!.
Al día siguiente, en la clase,  la directora entró al aula y nos comunicó que Julieta se había mudado a otro país. Todos nos quedamos sorprendidos, estupefactos por la noticia. Eso era lo que me quería decir ayer. Desconozco las causas que la llevaron a ella y a su familia a ir a vivir a otro lugar.
Veinte años después volví a mi Ciudad recibido de Médico, un día soleado como aquella vez que vi por primera vez a Julieta en esta plaza. Me senté en el banco de siempre, estaba igual que cuando iba a la primaria. Me acosté sobre él y comencé a pensar con los ojos cerrados en estas anécdotas, me sonreí de todo lo ocurrido. De repente la plaza se lleno de gente, todos hicieron un círculo enorme y comenzaron a aplaudir al ritmo de la música que comenzaba a sonar. Era una pareja de baile que había llegado de otro país y todos los fines de semana bailaban para el pueblo. Era una música agradable y pegadiza. Me quedé sentado mirando a los bailarines.
Al finalizar el show, la mujer se acerca hacia a mí y me pregunta muy humildemente mi nombre. Sorprendido por el atrevimiento le respondo “Romeo”. Me sonríe. En ese instante me di cuenta que era Julieta, mi amiga de la infancia. Después de una conversación allí, nos fuimos a una cafetería a seguir conversando de nuestra infancia y de cómo siguieron nuestras vidas.
Hoy estamos casados, con dos hijos maravillosos y seguiremos viviendo en este pueblo donde nos criamos y vivimos nuestra infancia juntos, en Balcarce.

jueves, 5 de diciembre de 2019

Concurso Literario “Llegó la hora de escribir un cuento” VI


La Escuela de Educación Primaria Nº 13 “ Independencia Nacional”  una vez más llevó a cabo el Concurso Literario “Llegó la hora de escribir un cuento”, en su sexta edición Se trata de un concurso que propone a los niños y niñas de sexto año de las escuelas primarias públicas y de gestión privada y con apertura a escuelas de Educación Especial la escritura de un cuento en donde puedan hacer volar toda su imaginación y poner en acción la creatividad que tienen para desarrollar.
Cabe mencionar que el jurado esta compuesto por  los escritores locales señores: Ariel Bibbó, Héctor Fuentes, Ezequiel Feito y la docente de Prácticas del Lenguaje Lidia Patricia Poza.
En esta oportunidad se presentaron 73 cuentos de diferentes escuelas, quedando preseleccionados 31 cuentos para que luego fueras analizadas por el  jurado.
La tarea de preselección estuvo a cargo de varias bibliotecarias de nuestra localidad: Alejandra De Luca, Mónica Sagastuy, María Claudia Forte, Marisol Flores, Gladys Barada y Lorena Vuotto.

Después de la etapa de valoración de las obras los resultados fueron:

PRIMER PREMIO: compartido por los alumnos Paloma Maldonado por “La Historia de Romeo y Julieta en el siglo XXI”  y Gastón Zarza por “La amistad más larga que el tiempo“, ambos alumnos de la escuela N°24

Los ganadores recibieron por premio un producto  electrónico, libros y diplomas.

PRIMERA MENCION DE HONOR para Lara  Bazán Gauna, alumna de la escuela N°47 por “La escalera mágica”

SEGUNDA MENCION DE HONOR para Ámbar Ollero, alumna de la escuela N°13, por “Carta en avioncito”.

TERCERA MENCIÓN DE HONOR para Ludmila Jiménez, alumna de la escuela N° 3 por “LUZ Y NICO En la ciudad perdida”

Las tres menciones recibieron como reconocimiento diplomas y libros.


MENCIONES ESPECIALES DEL JURADO

“EL DÍA QUE FRENI VIÓ VOLAR PAPAS”por ALONSO, Daniel; BELLO, Tomás;
CARO, Valentín; MONTES DE OCA, Sofía; PINILLA, Julieta; ROJAS, Rodrigo; SORIA, Ian .

“Las aventuras de Juan y Violeta” Por ARANDA, Damián; BARREIRO, Juan; GODOY, Yanina; LEGUIZAMÓN, Juan Martín; ROMERO, Thiago; GOROSTIZA, Gonzalo.

La ceremonia de premiación se llevó a cabo el martes 3 de diciembre a las 9 horas. Se inició con la presentación del jurado. Palabras de la directora Sra. Adriana Scchichitano. Canción a cargo de la alumna de segundo año Isabella Salas con acompañamiento de  su padre y de la profesora Ana Victoria Villavicencio.
Distinciones para el jurado. Distinciones para las maestras bibliotecarias que tuvieron a su cargo la tarea de preselección de los  cuentos. Distinciones para las escuelas participantes. Entrega de premios a los ganadores y menciones. Entrega de diplomas de participación. Representación de los cuentos ganadores. Palabras de miembros del jurado

sábado, 30 de noviembre de 2019

Cada vez... - Por Ezequiel Feito


I

Cada vez que discutes conmigo
remueves la húmeda y leprosa tierra del recuerdo
y desentierras el ansioso y nunca muerto cadáver
de nuestros errores.



II

Mientras él resucita, nosotros
vamos descomponiéndonos de a poco, juntos, en una sola carne.
Un dulce coro de gusanos va subiendo a nuestros labios
y nuestras palabras, y nuestros gestos,
van cubriendo nuestra tumba.



III

Amor, ¿hasta cuándo soportaremos esta carne enferma?
¿Hasta cuándo seguiremos llamando aquel cadáver?

IV

Mientras tanto,
no hay sol ni luna, y nuestro corazón se disuelve
en la húmeda tierra de la noche y el silencio.

sábado, 23 de noviembre de 2019

Amor a los libros - Por Valentina Galbán, alumna de 3° 2° de la E.E.S.N° 3 “Carmelo Sánchez”

       Hay ciertos amores inexplicables, seguramente conoces a alguno, generalmente este tipo de amor suele ser más dirigido hacia personas, sin embargo ¿Alguna vez te imaginaste amando un objeto tan común y corriente como un libro? Suena raro, pero te sorprendería saber la cantidad de cosas que pueden salir mediante las palabras, es sorprendente, la cantidad de alegría, tristeza, angustia y odio que atraviesa al lector mientras se interna en sus historias.
      ¡Cómo puede ser que leer pueda ocasionar varias reacciones! Tal parece ser el caso de aquellas personas que no se dan el lujo de disfrutar lo que un par de páginas pueden producir.
Esto va más allá “No juzgues un libro por su portada”, es directamente “No juzgues a una persona por leer”. Es una lástima, nunca voy a entender por qué últimamente la Juventud se priva del placer de leer mediante simples, sencillos y mediocres argumentos, tales como: la duración (generalmente influye más un libro largo que uno corto); el tema; la apariencia del mismo, de ahí la frase “No juzgues un libro por su portada”. O sino por una cuestión de moda, es decir, hoy en día según la federación de Gremios de Editores de España: “Sólo el 44,7% de chicas y chicos, entre 15 y 18 años, leen de manera habitual. El porcentaje de lectores entre los 10 y 14 años es del 70,8%”, y pueden ser razones realmente tontas, por ejemplo: si un adolescente se la pasa la mayoría del tiempo libre leyendo, es un “anti”, un aburrido, un traga o se le asignan otros apodos denigrantes para un ser humano. ¡Una lástima!
   Pero gustos son gustos, y nadie puede obligar a la otra persona a hacer algo o criticarlo por hacerlo, hay que respetar y ser respetado. Porque habla muy mal de alguien tratar mal a una persona por hacer algo tan lindo y común como leer. Si estás dentro de este porcentaje de personas que no se anima a disfrutar de este placer, déjame decirte algo: el no ya lo tenes, no creas que esto es una pérdida de tiempo, porque quizás sea uno de los errores que alguna vez vallas a cometer, esto recién lo vas a entender el día que estés leyendo y que sin querer y sin darte cuenta estés derramando una lágrima, riéndote o enojándote. Porque puede ser que leer hoy te parezca una tontería y que no lo entiendas, pero no podés entender algo hasta que lo vivas en “letras propias”.

COSAS QUE PASARON...(De la revista “Leoplán” del 18 de noviembre de 1963)

...entre un rey y un gobernador
El gobernador de Auvernia contestó de la siguiente manera a Carlos IX, cuando le mandó la orden que se refería a la matanza de San Bartolomé: "Me han traído una orden con el sello de Vuestra Majestad mandando dar muerte a todos los protestantes. El respeto que profeso a Vuestra Majestad me hace creerla falsa; pero si fuese verdadera, el respeto me mandaría no obedecer".

... en Francia
Ana de Montmorency, mientras rezaba el rosario, escuchaba a alguien que le contaba las atrocidades que cometían sus soldados, y entonces, entre dos Aves, se interrumpía para decir:
-Que se lo cuelgue. Que se lo ahorque.

....en España
Pocos años antes de su abdicación, Carlos V se vio aquejado de fuertes dolores de gota, y como cierta vez el conde de Burens lo viera cojear, le dijo:
- El imperio cojea.
- No son los pies los que gobiernan -le respondió el emperador-, sino la cabeza.

... en la China Imperial
Nanking, preocupadísimo por la conducta de sus soldados y generales que rao escatimaban asesinatos y que se regodeaban con las grandes matanzas, fingióse enfermo y se metió en cama. Mandó luego un emisario a los altos generales de su ejército, con un parte donde les decía: "Me hallo mal, muy mal, pero el remedio más seguro para curarme depende de vosotros. Juradme que no derramaréis la sangre de los ciudadanos". Los soldados prometieron y cumplieron la promesa; entonces el emperador curó de sus males.
El mismo emperador acostumbraba a decir: "No hay don más precioso que la vida de un hombre. La salud de un pueblo es la del imperio; por eso, para mejorar un imperio, nada hay tan provechoso como animar al pueblo, y para mejorarse a si mismo nada hay tan útil como reprimir las pasiones".

...con Napoleón
Le escribía Napoleón al duque de Berg, que se encontraba en España con sus tropas:
"Comportaos de tal modo que los españoles no puedan adivinar el partido que yo he de tomar; esto os será fácil porque yo mismo todavía no lo sé"

lunes, 18 de noviembre de 2019

“CONTATE UN CUENTO XII” Categoria E: adultos Ganador: “El guapo” de Alejandro Damian Lamela de Ciudad Autónoma de Buenos Aires

  La vida puede ser muy dura para esos que apenas nacen ya no le importan a nadie. Hay que ser muy guapo para bancarse esa realidad. Lo pensó una vez más mientras lo preparaban para el combate. Cuando uno no tiene nada (o casi) que perder, es más fácil soportar los golpes de la vida, y hacerse fuerte. La vida… eso es lo único que se tiene para perder. Así que hay que aferrarse a ella, con las uñas si es necesario, para que no se escape, la muy roñosa.
   Roña le estaba buscando ese hijo del mal que lo miraba al otro lado del patio, revoleando el cogote, entrando en calor para lo que vendría después. Se hacía el gallito, pavoneándose frente a la peonada, yendo de un lado al otro, como quien se cree mejor que cualquiera. Que siguiera así, dentro de un rato iban a jugar al gallito… y gallito ciego iba a quedar.
   Él no se pavoneaba. Él se erguía recto, fuerte, duro, como la vida. Él era El Guapo, y le hacía honor al nombre sin ningún changüí. Ya de muy chico había tenido que mostrar fortaleza, como el día en que surgió una disputa con uno de sus hermanos mayores que se hacía el vivo con su comida: se le plantó, lo fajó de lo lindo y el taimado terminó perdiendo un ojo, ante la vista impasible de su madre. Ahí fue cuando el patrón se dio cuenta que él tenía otras cosas para dar, que no era uno más. Ese mismo día se lo llevó, y lo empezó a preparar.
   Preparar para carnicerías como la que estaba a punto de empezar, en esos galpones perdidos en el medio de la provincia, en esas veladas nocturnas de combates ilegales cerca de los esteros, uno tras otro, tras otro, tras otro irían cayendo, hasta que sólo uno de los que peleaban se iría caminando sobre sus dos patas.
   Hasta ahora El Guapo siempre había salido caminado. Cuando la vida no te trata bien, o te hacés fuerte o le das de comer a la indiada. Tenés que demostrar que servís para algo más que el resto, que podés aportar otras cosas. Sangre, ferocidad, violencia, ira, muerte… él tenía mucho de todas. Lo dejó en claro cuando lo enfrentaron a otros más grandes y curtidos que él en los entrenamientos: siempre se los tenían que sacar antes de que les arrancara el cogote a los muy taimados. Se pensaban que porque era jovencito le iban a cortar las alas. ¡¡¡Pues no señor!!! Y se iban rotos, para que les emparcharan los agujeros por los que se les filtraba la vida a gotones.
   Agujeros. Buscó hacerle uno rápido a su rival de hoy, El Carnicero, pero no tuvo suerte, lo esquivó fácil y cuando se quiso acordar, él mismo estaba a la defensiva tratando de esquivar los golpes, moviéndose de un lado al otro, saltando y cambiando el paso para volverse imprevisible.
   Siempre funcionó eso: era veloz, era impetuoso, se los llevaba por delante a los que le ponían en los primeros combates, no le duraban nada, y muy de a poco fue saliendo de la inmundicia del fondo del rancho en el que jugaba de local, para ir visitando otras taperas donde reventarse la jeta con el matungo de turno, ese que siempre venía “invicto”, y se iba desplumado.
   Hoy chocaban dos invictos, el de larga data era él, el nuevito era el otro. Y mal que le pesara se estaba notando que la mano había cambiado. El muy maula era veloz y escurridizo: cada vez que El Guapo avanzaba, El Carnicero lo frenaba en seco con un cabezazo, y le llovían los golpes sin respiro.
   Siempre él había sido la sorpresa, como cuando fue de punto al festival ese en la Capital, a escondidas de la Ley, para variar. Se fue comiendo a los pebetes uno a uno, los dejó tirados a todos y si no ganó la final, fue porque llegaron los milicos y se llevaron a todos presos. Él y su entrenador corrieron y safaron de tener que abrir el pico y cotorrear en detalle sobre lo que hacían.
   El pico que le quería cerrar a El Carnicero se empezaba a ver borroso. Parecía que no, pero se fue dando cuenta de todos los golpes que había recibido por la sangre que iba salpicando la tierra. Los de afuera gritaban como condenados, ya se acercaba el final del combate: cuando los energúmenos se ponen así es porque ven que la sangre está hablando y que su ganancia o pérdida está a punto de aumentar. Y cuando se apuesta fuerte, se apuesta todo.
   Nadie apostaba más fuerte que él. Ya ahora, que tenía unos cuantos años de profesional en ese circuito mugroso de peleas clandestinas, sabía interpretar perfectamente cuando la mano venía dulce y hasta tenía tiempo de cacarear antes de liquidar la faena, lucirse un poco y subir el copete. Y cuando la mano venía torcida. Como hoy. Aunque se torcía siempre para el otro, y ahora se le estaba torciendo a él.
   Ya no veía. Capaz porque esa masa con sangre a sus patas era su ojo derecho, y el izquierdo no estaba mejor. El Carnicero lo estaba faenando de lo lindo. Pero él era Guapo, y se bancaba todas, hasta la derrota inminente. Juntó coraje, que de eso siempre tenía para dar, guardar y repartir. Se mandó para el frente con todo en un intento valiente enardeciendo a la negrada, que ya lo había visto pelear muchas veces, y esperaba esa corrida veloz del final para sorprender al otro y sacarle la victoria del buche. Pero se ve que El Carnicero también la esperaba, pegó un salto de la santa madre, le cayó encima del lomo y lo molió a golpes. El coraje, los huevos, las agallas habían quedado lejos a la distancia. Ahora reinaba el dolor y apestaba la muerte. En el charco de su sangre, respirando como podía, mientras las tripas se le escapaban, oyó que había nuevo campeón en la zona, y no era Guapo, era Carnicero. Y de yapa, escuchó:
   - ¡Qué malaria, don Tabaré! Le mataron al campeón, se le terminó la racha.
   - Y bueno, m`hijo, las rachas están para romperlas. Bastante me dio de comer el gallo éste. Y en un rato lo va a hacer una vez más. Se lo llevo a la patrona para el puchero… ja, ja, ja.
   La vida puede ser muy dura, para esos que apenas nacen ya no le importan a nadie. Hay que ser muy guapo para bancarse esa realidad.