lunes, 13 de enero de 2020

Concurso “Contate un cuento XII”- Mención de honor Categoria B: “En mi propio Calabozo” Por Génesis Alexandra Manzanilla Linares de Trujillo, Venezuela


¿Por qué será que la mayoría de los adultos no entienden a los adolescentes?, ¿será que se saltaron la adolescencia? o no fue tan difícil como la mía que “suelo ahogarme en una gota de agua” –dicho por mi madre.
¿Qué haces si de pronto apareces en un lugar oscuro, sin salida? me pregunté mientras trataba de hacer un ensayo de literatura.
De repente, me encuentro en una situación bastante abrumadora, por un lado tengo que terminar el ensayo y por el otro mis miedos no dejan expresarme, estaba tan concentrada en mis pensamientos que no me daba cuenta de lo que pasaba a mi alrededor.
Sentí un dedo frío en mi espalda, no había nadie en la sala de lectura así que giré lentamente y vi a un viejo libro con unos anteojos que le llegaban a la punta de la nariz, con unas letras envejecidas en su carátula, sorprendida porque nunca me imaginé que un libro tuviese vida leí en voz alta: “en mi propio calabozo”.
–Sí, soy yo, aunque me dicen Buch, contestó el libro.
Al oír eso quedé casi muda porque aparte de tener vida propia, el libro hablaba.
–¿Qué te sucede? ¿No habías visto a un libro hablar?, preguntó.
Titubeando dije: –No.
–Que poca imaginación tienes, si te das cuenta todo lo que ves, habla y tiene vida propia. ¿En serio eres una adolescente? –cuestionó.
Entonces dije con desanimo: –Eso parece.
Inmediatamente por la puerta que permanecía abierta entró una brisa fría y en eso todos los libros comenzaron a desaparecer, asustada le pregunté:
–¿Qué está pasando?
–Nada, respondió con seguridad.
En eso, unos pasos interrumpieron la conversación quedando todo en silencio, ¿De dónde vino eso? –insistí.
–De afuera, vamos a ver –contestó Buch.
–No, no quiero ir, tengo miedo –repliqué.
–¿Miedo de? –indagó con picardía
–Miedo del exterior, por eso estoy aquí, este es mi refugio –respondí.
–¿Crees que aquí estarás bien? –preguntó nuevamente Buch.
–No lo sé –contesté con inseguridad.
–Sal, la puerta siempre ha estado abierta –sugirió Buch.
–No, no puedo salir. Persistí.
Cada minuto que pasaba era un martirio para mí, las preguntas de Buch de verdad que eran un dolor de cabeza, él no se conformaba con mis respuestas, pensaba que había otra razón y estaba en lo cierto. Me paré y cambié de puesto, no quería escucharlo más, pero él insistía detrás de mí, cual niño pequeño, al alcanzarme se sentó a un lado, levantó la cabeza y preguntó:
–¿Cuál es tu problema?
–¿Puedes callarte? necesito terminar el ensayo –expresé molesta.
–¡Quiero ver! ¿Me dejas leer?
No le dije nada, solo le acerqué mi libreta para que leyera.
–¡Ay qué asco! ¿Este es tu ensayo? –preguntó disgustado
–Sí, ¿Por qué? ¿Algún problema?
–Bastantes, primero tienes varios problemas con los acentos y segundo no entiendo cuál es la temática. ¿Mezclaste chicha con limonada?
             –La temática es sobre la timidez –afirmé y él me interrumpió inmediatamente:
             –¡Ah! ya comprendo, lo que quieres decir es: “La timidez en la acentuación”, hubieses comenzado diciendo eso.
             –¿No entiendes nada verdad?  –reclamé.
             –Pues, si te soy sincero soy muy culto a diferencia de ti, puedo entender hasta el problema más grande de matemática, pero lo único que a mi cerebro se le dificulta comprender es tu extraña actitud, así que tú me dirás.
Me dio un poco de gracia su comentario, sin embargo le contesté diferente:
             –¿Qué quieres que te diga? ¿Que mi vida es un desastre? ¿Qué no sé cómo expresarme? ¿Qué pierdo tantas oportunidades por mis miedos y por pensar que los demás no me aceptarán? ¿Que de verdad esto es mi propio calabozo? ¡Vamos, dime! –aseguré aún más molesta.
             –Como que tenemos algo en común –expresó Buch
             –¿Qué? –Le grité.
             –El calabozo, –dijo riéndose. –Dentro de poco tiempo pasaré al olvido, sin embargo trato de no pensar en eso, es mejor disfrutar el momento y luego se verá. Pero ya, hablando en serio, has pensado ¿por qué te sientes así?, o mejor ¿sabes quién eres?
             –¿En serio pasarás al olvido? ¿Tan difícil es ser un libro? –averigué preocupada.
             –Más difícil es ser una persona que no sabe lo que quiere, tranquila, todo estará bien, pero hoy no estamos hablando de mí, sino de ti, de lo que ocurre por esa loca cabecita –indicó Buch.
Me encanta como es Buch, a pesar de ser un poco raro es alguien bastante motivador, es genial tener a alguien como él, ojala yo fuese así.
             –Entonces, ¿Me contarás o seguimos hablando sobre la timidez en la acentuación? –preguntó inquieto.
          –Mis amigos son los más extrovertidos que jamás hayan existido, en cada fiesta, reunión o conversación saben cómo desenvolverse, pero yo, soy lo opuesto a ellos, no puedo ni siquiera decir un “hola” a alguien, sin sentir las piernas temblorosas y una increíble sudoración, es fatal lo que me pasa, por eso prefiero permanecer sola en lugares tranquilos y silenciosos.
             –Entonces tú eres una persona introvertida, ya entendí. Siendo sincero no tengo experiencia en cuanto a reuniones y esas cosas, sólo presto mi servicio a lectores como tú que quieren olvidarse del mundo por unos segundos o que desean ser el personaje de algunas de mis historias, pero no será tan difícil vencer ese miedo si tienes a la persona adecuada, en este caso al libro adecuado, así que espera –comentó Buch moviéndose.
             –Es decir… ¿tú me ayudarás? –pregunté
             –No exactamente, pero sí tengo la solución a todos tus problemas, ya vuelvo, quédate aquí –ordenó y se fue Buch corriendo.
Buch había salido, mientras que yo continuaba el ensayo, en lo que escribía pensé ¿Será que los tímidos nunca dejarán de ser tímidos? ¿Qué tan difícil es el mundo exterior?, en eso apareció Buch con dos manzanas.
–Yo te ayudaré a vencer la timidez, así que prepárate, ¡ah, toma!, conseguí esto para ti –me dijo  dándome  la manzana y comenzando a comerse la suya –fui a buscar un viejo libro, pero parece que quedó en el olvido también. Bueno comencemos: tengo algunos tips que te podrán ayudar, claro no será fácil, pero tampoco imposible, todo es poco a poco. Tienes que tener en cuenta quién eres, tus cualidades, qué te hace ser especial, luego no seas tan dura contigo cuando te equivoques, es de todos hacerlo, se auténtica, muestra quién eres y de qué estas hecha, muévete, mira a la persona, acostúmbrate a hablar en público, no pienses en la aceptación social, siempre habrá alguien que te querrá tal como eres y lo más importante no tengas miedo, sé positiva y hazlo –aconsejó Buch.
Estaba a punto de decir algo cuando Buch se levantó y me invitó a que lo persiguiese, vi tonto el juego, pero luego de un rato, la sala de lectura silenciosa se volvió un cuarto lleno de risas y juegos. Me divertí mucho esa tarde, jugamos hasta que nos cansamos, hacía muchísimo tiempo que no me sentía así.
Al final Buch manifestó: –Es hora de que apliques todo a tu vida, seguro tendrás más ideas para tu ensayo así que. ¿Quieres salir?
–Claro, muchas gracias por todo. Ahora sí, quiero salir –le aseguré
Me levanté,  tomé mis cosas, despidiéndome me acerqué a la puerta, me detuve, eché una mirada hacia atrás, corrí, agarré a Buch y lo llevé conmigo, no quería que pasase al olvido, lo abrí para leer sus historias al ojear su primera página comenzaba así: “¿Por qué será que la mayoría de los adultos no entienden a los adolescentes?  ¿Será que se saltaron la adolescencia?”

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