viernes, 20 de marzo de 2020

“CONTATE UN CUENTO XII” - Mención de Honor Categoría B: Planta alta Por Valentina Cerono, alumna de Colegio Santa Rosa


Me levanté de la cama al sentir el viento frío en mi cara. La ventana estaba abierta pero podría jurar que la había cerrado la noche anterior.
Caminé hasta el baño y me lavé los dientes. Al poner el dentífrico se me cayó y ensucié toda la alfombra junto a la bañadera, no obstante, ni me molesté en limpiar. Prendí la ducha y me di un largo baño. Estaba muy cansada y quería volver a la cama,  sin embargo debía ir a trabajar.
Cuando terminé de secarme y vestirme, fui a la cocina a desayunar algo. Me serví un plato de cereales con leche y limpié un poco. Cuando estaba lavando los platos de la noche anterior, vi por el rabillo de mi ojo una sombra pasar por el ventanal detrás de mí. No le di mucha importancia, seguro había sido algún animal.
Para cuando culminé, el ventanal estaba abierto de  par en par y unas pisadas llenas de barro hacían camino a la planta alta de la casa. Estaba temblando y aterrorizada.
Subí con mucho cuidado   intentando hacer el menor ruido posible, pero con mis nervios parecía casi imposible.
Cuando llegué al pasillo de la planta alta, siguiendo las pisadas de barro, abrí la puerta con dificultad. Cuando por fin lo logré,  sentí una punzada en mi estómago. Cuando miré hacia donde sentía el dolor vi como la sangre goteaba del cuchillo. El hombre que me acababa de apuñalar simplemente se quedó parado, como una estatua. Caí al piso casi inmediatamente y cerré mis ojos con un dolor insoportable.
Y desperté.
                 Todo había sido un sueño.
                                                           Estaba cubierta en sudor y me dolía la cabeza.
Me refregué la cara y me senté en la cama sin notar que la ventana estaba abierta.
Me dirigí al baño y mientras me lavaba los dientes, vi una mancha de dentífrico en la alfombra. Un pensamiento ridículo me cruzó la cabeza, pero no le di importancia. Cuando estaba a punto de prender la ducha, me di cuenta que la bañadera estaba mojada aunque no me había bañado anoche. Decidí no bañarme, lo haría más tarde. Bajé hacia la cocina y busqué mi cereal,  ya no había más. Podía jurar que quedaba suficiente para una servida más. Me serví de otro cereal y para cuando dejé el plato para lavar vi que cada plato de anoche estaba limpio. Ahí me comencé a asustar mucho.
Para cuando vi la sombra detrás de mí, me puse más nerviosa. Desesperada intenté buscar un cuchillo; no había ninguno. Sentí un aire frío golpeando mi espalda. El ventanal estaba abierto y había pisadas dirigiéndose a la planta alta, al baño.
Cuando subí al baño y abrí la puerta, sentí que me ahorcaban. Me estaba asfixiando con una cuerda. Antes de que pudiera hacer algo, perdí el conocimiento.
Y desperté.
                Todo había sido un sueño.
                                                          Estaba cubierta en sudor   y me dolía la cabeza.
Esta vez estaba aterrada cuando vi la ventana abierta.


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