lunes, 24 de junio de 2013

La enfermedad existencialista de Kafka Por María. V. Feito - Torrez

   En el ensayo “La esperanza y lo absurdo en la obra de Franz Kafka” (1), Albert Camus descubre varios aspectos de la obra de Kafka, contemplados bajo un nuevo punto de vista. Allí donde durante años la crítica había visto absurdo y onirismo, Camus ve una lógica: la del existencialismo. Bajo este nuevo sentido, Camus compara dos de las grandes obras maestras de Kafka: El Proceso (1925) y El Castillo (1926). Es de notar que ambas novelas son muy similares, pues, según los estrictos planes de Kafka, ambas obras tienen una densa simbología. (2). Dentro de esta simbología, se encuentran similitudes muy interesantes:
Ambos personajes (el Sr. K en el Proceso y el agrimensor K. en el Castillo) son despertados por una autoridad menor y difusa que les informa que “no están en regla” de acuerdo a cierta legislación.
Tanto en El Proceso como en El Castillo, el personaje K. Reconoce su culpa por no estar en regla, aunque al momento de reconocerla no entienda exactamente por qué. En ambas obras existe una estructura jerárquica, en la cual los personajes K. encuentran seres tan jerárquicamente superiores como inaccesibles (los señores del Castillo y los jueces). También se hallan seres jerárquicamente inferiores (o bajo poder de) K. Los seres jerárquicamente inferiores son enviados por alguna autoridad superior para vigilar de cerca de K. En ambas novelas son azotados.
La autoridad inmediatamente superior a K. (en El Proceso, el abogado, en El Castillo, el Alcalde) se encuentra enferma en cama, y una dama misteriosa con poder indefinido y características extrañas cuida de él. (En el caso del Proceso, Leni, la secretaria del abogado, tiene unidos dos dedos de la mano, mientras que en el Castillo, la secretaria del Alcalde tiene rasgos felinos).Tanto el Sr. K como el agrimensor K. mantienen relaciones tortuosas con mujeres cercanas al poder. (Leni, y Frieda, la ex amante de un señor del  Castillo, respectivamente). Estas son las semejanzas más significativas entre ambas novelas. Sin embargo, la mayor semejanza radica en que ambos personajes K. sostienen una permanente búsqueda por alcanzar algo que no logran alcanzar: llegar a una absolución definitiva o entrar al Castillo.
A pesar de las claras semejanzas entre los dos libros, una gran diferencia persiste: donde el Sr. K. termina sus días muerto degollado “como un perro”, el agrimensor K. termina su 'aventura' en una escena absolutamente cotidiana, donde la mesera le muestra su colección de vestidos. Camus explica esta diferencia del siguiente modo:

El Proceso plantea un problema que resuelve El Castillo en cierta medida. El primero describe, de acuerdo con un método casi científico y sin conclusión. El segundo,
 en cierta medida imagina un tratamiento. Pero el remedio que se propone en él no cura. Lo único que hace es que la enfermedad entre en la vida normal. Ayuda a aceptarla. (3)

Camus entiende que un individuo que busca una verdad y no la puede alcanzar tiene una enfermedad. En El Proceso, esta enfermedad se describe detalladamente, pero lleva a la tumba al personaje. En El Castillo, la enfermedad persiste, mas el personaje decide hacer de esta búsqueda parte cotidiana de su vida. Aprende a vivir con su enfermedad, que es, al fin y al cabo, lo único que puede hacer. Esto lo explica bien  Titorelli en su diálogo con el Sr. K.:
(Titorelli) Olvidé preguntarle qué forma de absolución usted prefiere. Se presentan tres posibilidades: la absolución real, la absolución aparente y la prórroga ilimitada. La absolución real es sin duda la mejor, pero no tengo la más mínima influencia en lo que a ella concierne. A mi criterio, no hay nadie que pueda dictaminar una absolución real. (…) La única diferencia entre la absolución aparente y la prórroga ilimitada consiste en  que la absolución aparente requiere un esfuerzo violento y momentáneo, mientras que la prórroga ilimitada hace necesario un pequeño esfuerzo crónico. Hablemos, en primer lugar, si le parece, de la absolución aparente. (…) una vez que esta se dicte, usted queda liberado, pero sólo en apariencia. Un buen día nadie lo espera- un juez cualquiera mira el acta de acusación, ve que no ha perdido rigor y ordena inmediatamente el arresto. (…)La prórroga ilimitada mantiene por tiempo indefinido al proceso en su primera fase. Para obtenerla, es necesario que el acusado y su auxiliar tengan un contacto constante con la justicia.(4)

La enfermedad diagnosticada en El Proceso lleva a una despersonalización del individuo: el individuo es empujado, por las circunstancias que lo rodean, en sentido contrario al objetivo que desea. Lo alejan de la verdad. Se puede vivir con ello, o morir por ello, pero no solucionarlo. A los personajes K. se les recuerda constantemente que son “extranjeros” o “ajenos” a aquello que pretenden llegar. A uno se le niega algún conocimiento del sistema judicial, mientras que al otro se le recuerda constantemente que vino desde otra aldea para trabajar, de modo que su opinión no importa porque no está versado en las costumbres de la aldea donde se encuentra. Esta es una manera en que el medio actúa en contra de ellos.
Camus, en su obra literaria, replanteó la enfermedad de Kafka bajo una trama más moderna: ¿Qué pasaría si el enfermo se viese impedido de la verdad que anhela, no por acción del medio que lo rodea, no por las otras personas, sino por su propia elección? El resultado de este pensamiento es la novela “El Extranjero”, donde el personaje es extraño y extranjero a sí mismo.
Mucho se ha dicho acerca del curioso personaje en El Extranjero, incluyendo el hecho de que era egoísta. Pero para ser egoísta se necesita una intención voluntaria de que las situaciones se dirijan hacia el “yo”. Muy distinto a esto, ante las situaciones fuertes de la vida, tales como el amor, la religión, la muerte de su madre, su propio juicio, etc. Meursault simplemente actuaba con indiferencia, o como bien dice el poema de Baudelaire, “amando las nubes” (5). Esta no es una persona egoísta, es una persona enferma, sin futuro, sin ambición, sin querer llegar a una verdad. Sin querer trascender, que es el punto mismo del existencialismo. Una persona enferma con la misma enfermedad que el agrimensor K. o el Sr. K.; una enfermedad existencialista. Hasta el último momento se le ofreció la oportunidad de redimirse, pero él se negó, y murió ejecutado “como un perro”.
Camus llevó esta idea de la enfermedad autoinducida a toda una población cuando escribió La Peste. Este libro relata la historia de una comunidad muy particularidad a la que le toca convivir con la peste negra. Sin embargo, la certeza de que lo que afecta a la población es la peste bubónica no se encuentra sino hasta el primer tercio del libro. Esto es porque La Peste en realidad trata una realidad más profunda: toda la comunidad de Orán está apestada con la enfermedad de Kafka. Esta es la descripción que el narrador, el doctor Rieux, hace de la ciudad:

El modo más cómodo de conocer una ciudad es averiguar cómo se trabaja en ella, cómo se ama y cómo se muere. En nuestra ciudad, por efecto del clima, todo ellos se hace con el mismo aire frenético y ausente. Es decir que se aburre uno y se dedica a adquirir hábitos. (…) Esta ciudad, sin nada pintoresco, sin vegetación y sin alma, acaba por servir de reposo y al fin se adormece uno en ella. (6)
La entrada en escena de la peste negra en esta ciudad hizo que los habitantes se dieran cuenta de que vivían adormecidos, y a lo largo de los meses de cuarentena y a causa de los miles y miles de muertos, razonaran su enfermedad kafkiana. Así, el párroco Paneloux explicaba en sus sermones:

Y como las buenas mujeres que en las iglesias, en esos momentos, habiendo oído decir que los bubones que se forman son la vía natural por donde el cuerpo expulsa la infección, dice: “Dios mío, dadles bubones” (…)(7)

   La importancia central de La Peste reside en el hecho que Camus va todavía más allá de Kafka: no solamente apesta a toda una ciudad, sino que además busca una cura. No solamente una solución con la cual vivir, sino una cura real, una absolución definitiva. A los varios personajes que componen la ciudad se les pone a su alcance diversos medios en los cuales apoyarse para comenzar a curar: familia, amantes, oficios, religión, pasatiempos, etc. Sin embargo, de todos los personajes, sólo uno logra curarse. Este personaje es Tarrou, el amigo del Dr. Rieux.
Tarrou sostiene un largo diálogo con Rieux donde resume los cuatro libros (8).  Explica que él también estuvo enfermo:

Digamos para simplificar, Rieux, que yo padecía ya de la peste mucho antes de conocer esta actitud y esta epidemia. Basta con decir que soy como todo el mundo. Pero hay gentes que no lo saben, o que se encuentran bien en ese estado y hay gentes que lo saben y quieren salir de él. Siempre he querido salir.(…)

Y su cura:

 - He llegado al convencimiento de que todos vivimos en la peste y he perdido la paz. Ahora la busco, intentando comprenderlos a todos y no ser enemigo mortal de nadie. Sé únicamente que  hay que hacer todo lo que sea necesario para no ser un apestado y
que sólo eso puede hacernos esperar la paz o una buena muerte,   a falta de ello. Eso es lo único que puede aliviar a los hombres y si no salvarlos, por lo menos hacerles el menor mal posible y a veces incluso un poco de bien. (…) Así que afirmo que hay plagas y víctimas y nada más. (…) Claro que tiene que haber una tercera  categoría: la de los verdaderos médicos, pero de éstos no se encuentran muchos porque es muy difícil. Por eso decido ponerme del lado de las víctimas, para evitar estragos. Entre ellas, por lo menos, puedo ir viendo cómo se llega a la tercera categoría, es decir, a la paz. (…)  El doctor se enderezó un poco y preguntó a Tarrou si tenía Una idea de qué camino había que escoger para llegar a la paz.
- Sí, la simpatía (9).

Camus muestra los tres posibles desenlaces para la enfermedad, aquellos que explicaba Titorelli: la cura definitiva, la cura aparente, y la prórroga ilimitada. Ya he dicho que el único personaje que se cura definitivamente es Tarrou, pues es el único que conoce la cura. El resto de los ciudadanos logran una cura aparente. Pero Rieux sólo logra prorrogar su enfermedad. Considera que Tarrou no ha encontrado la esperanza, y por lo tanto no está seguro de si ha muerto en paz. Sabe también que ha sido despertado de su somnoliencia, pero no está seguro de cómo alcanzar la cura sugerida por Tarrou. Todo esto se hace evidente en lo que escribe al respecto de las otras personas:
 Oyendo los gritos de alegría que subían de la ciudad, Rieux tenía presente que la alegría está siempre amenazada. Pues él sabía que esta muchedumbre dichosa ignoraba lo que se puede leer en los libros, que el bacilo de la peste no muere ni desaparece jamás, que puede permanecer durante decenios dormido en los muebles, en la ropa, que espera pacientemente en las alcobas, en las bodegas, en las maletas, los pañuelos y los papeles, y que puede llegar un día en que la peste, para desgracia y enseñanza de los hombres, despierte  a sus ratas y las mande a morir en una ciudad dichosa. (10)

Tal como sucede con el juez que un día puede encontrar la causa, ver que no ha perdido rigor, y ordenar un nuevo arresto, la peste puede volver el día menos pensado.
Kafka planteó una enfermedad desde el punto de vista de su propia existencia. Sin embargo, a todos los humanos nos toca preocuparnos por alcanzar nuestra propia verdad para no perder la condición de humanos, para no permanecer dormidos. En la literatura que hemos analizado, se analiza este problema en detalle, desde el punto de vista de los autores. Pero queda resolver el problema desde nuestro propio punto de vista.

NOTAS
(1) Este ensayo es parte del libro El mito de Sísifo (1951)
(2) Tal vez una de las mejores explicaciones de por qué se le han atribuido tantos significados a los escritos de Kafka sea la de Camus: “Un símbolo supera siempre a quien lo emplea y le hace decir en realidad más de lo que cree expresar”. (De “La esperanza y el absurdo en la obra de Franz Kafka”, en El mito de Sísifo. Editorial Altaya. Barcelona (1994). Pág. 165)  
(3) De “La esperanza y lo absurdo en la obra de Franz Kafka”, en El mito de Sísifo, por Albert Camus. Editorial Altaya. Barcelona (1994). Pág. 172
(4) De El Proceso, por Franz Kafka. Editorial “El Ateneo”. Buenos Aires (1978). págs. 115-131.
(5)  La enfermedad descripta concuerda perfectamente con un poema de Baudelaire llamado “El extranjero”, cuyo último verso recita:
- ¿Pues qué es lo que amas, extraordinario extranjero?
- ¡Amo las nubes…, las nubes que pasan… allá lejos… las maravillosas nubes!
(Traducción por Nydia Lamarque. Editorial Aguilar. México (1961)
(6) De La Peste. Editorial Seix Barral. Buenos Aires (1985). Págs. 7 -10
(7) Idem.Pág. 172
(8)En si mismo, La Peste cita a El Proceso en una conversación que un personaje llamado Cottard sostiene con el doctor Rieux, donde le cuenta que habia leido un libro donde “se juzgaba a un pobre tipo sin que èl supiera quienes o porquè lo juzgaban”, y cita a El Extranjero en una conversación que este mismo Cottard sostiene con una mujer, que le cuenta sobre un juicio a un hombre que habìa matado a un àrabe en la costa.
(9) Idem. Págs. 187- 195
(10) Idem. Última página.

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