miércoles, 19 de octubre de 2022

CONCURSO LITERARIO NARRATIVO “CONTATE UN CUENTO XV” Declarado de Interés Educativo por el Ministerio de Educación de la Nación res 1275/se

Mención de honor Categoria D – Educación de Adultos

“El retrato” 

de Perla Susana Perez alumna de la EEPA 701 “Don José de la Cuadra” 

 

Les voy a contar una historia de 60 años atrás…mi familia estaba compuesta por mi papá, mi mamá, mi hermana mayor Ana María, mi hermano menor Ricardo y yo que soy,  la hermana del medio,  Susana.

Mi papá trabajaba en el ferrocarril arreglando las vías del tren y viajaban en zorras de San Agustín a Mechongue, desde que salía el sol hasta su puesta. Mi mamá era modista y le cocía a la famosa tienda Goyeneche.

Legó el día que tenía que concurrir a la escuela, entonces mi papá me llevó hasta la puerta de la escuela y comenzó la fantástica aventura. Entré a primer grado sabiendo escribir y leer muy poco. Yo jugaba a las cartas con mis hermanos y el juego se llama la escoba de quince y tenía noción de suma y resta como alguna picardía también, que exige el juego.

La primera semana en la escuela, todo iba bastante bien, no conocía a algunos de mis compañeros (en ese tiempo no había nivel inicial en mi pueblo), lo cual, eso me tuvo entretenida.

Pero al lunes siguiente estaba muy pero muy aburrida, no sabía qué hacer con tantas actividades propuestas por la seño: trazos rectos y verticales eran algunos de los ejercicios de escritura. Por eso me paraba y miraba lo que hacían lo demás y la señorita Eva de San Martín les mostraba como tenían que tomar el lápiz. Al parecer no estaba bien pararse y hablar ¿y qué hago entonces, seño?, le pregunté…”mira el pizarrón!-me pareció algo extrañísimo, si en el pizarrón no había nada que me interesara, así que miré más arriba del pizarrón y ahí el miedo me invadió, fue terrible, un anciano, medio desparramado, con los ojos cerrados y muy raros. No sé cómo, pero supe que estaba muerto. ¡La maestra se dio cuenta de mi miedo, me dijo…sí te volves a parar te mando con Sarmiento! Y señaló al señor del cuadro.

Empecé a temblar y me ocurrió algo horrible: me hice pis del terror que me provocó la posibilidad de tener que ir con él.

En el recreo me quedé en el aula, mirando la pared contraria del pizarrón.Estaba tan avergonzada que no sabía qué hacer porque no quería que nadie se diera cuenta de lo que me había ocurrido.

Mi papá justo había salido temprano de su trabajo y me fue a buscar. Vio que algo andaba mal, mi cara roja y las lágrimas que no se detenían se lo corroboraban.  De pronto vino un niño de primero y le gritó :¡ su hija se meo!!! Y mi papá me dijo: Vamos tu mamá nos espera con el mate cocido!

Llegué a casa y todavía lloraba. Mamá lo solucionó, me ayudó a bañarme, me dijo que no era nada, que me apresurara así no me perdía el nacimiento de los pollitos.

Al rato ya estaba jugando con mis hermanos en el patio, como si nada.

Solo pensaba que al lunes siguiente tenía que volver a ir a la escuela y tuve la idea de esconderme en un lugar secreto, bueno…no era tan secreto. Mi hermana esa mañana me buscó por todos lados y no me encontró. Cuando llegó mi hermano regresando de la escuela supo donde me escondía…en el altillo de la casa. Pero ya era tarde para ir a la escuela. 

Un poco por temor a que mi mamá se enojara por la travesura y otro por temor a que me obliguen a ir a la escuela, comencé a llorar y mi mamá se preocupó porque nunca estuve así, era la primera vez que me oía llorar así.

Empezó a preguntarme si era porque me había orinado y yo tenía miedo que se siguieran burlando mis compañeros o por algo más.

…y le dije que sí, había algo más, le tenía miedo al muerto ¿qué muerto? me preguntó mamá,…¡el de arriba del pizarrón!

Cuando regresó mi padre a la tardecita, se le contó todo lo ocurrido. Me propuso que al otro día me quedara en casa y que él iba ir a la escuela para ver el muerto que estaba arriba del pizarrón.

Esperó a la salida y le pidió a la directora hablar con la maestra sobre lo que me ocurría, entonces pidió entrar al aula y miró fijo el cuadro, era la foto de Sarmiento…pero quien sabe a quién se le ocurrió elegir esa foto, la última que le tomaron cuando ya había muerto.

Entendió todo, y junto a la directora, mi papá quitó el cuadro. Quedó la marca como testigo de que ahí hubo un retrato.

El miércoles regresé a clases, algunos niños se burlaban y me decían meona, pero yo los miré y me reí porque estaba aliviada, porque el señor del pizarrón ya no estaba.

Con el tiempo estudiamos la historia de Sarmiento y puedo decir que fue un hombre complejo, extravagante y muchos lo llamaron “el loco Sarmiento”. Y “loco”, no sé, quizás, pero tan cuerdo en ocasiones que solo los genios pueden hacer lo que logró.

Sin odios y sin amor, o más bien a veces con ambos a la vez.

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