martes, 18 de junio de 2013

JUEGOS PROHIBIDOS - Por Teresa Leonardi Herrán

En una tarde ancha jugábamos en la acera provinciana
Los adultos habían sepultado sus cuerpos en las casas
y éramos nuevamente una desordenada reyecía

Una niña arrojó el ojo de vidrio de la muñeca
No se lo vio caer y sospechamos de la vereda vecina
donde vivía la pared de hiedra negra

Un terrible miedo me lanzó en la búsqueda
pero sólo encontré el ojo de dios incrustado en un triángulo
tal como lo dibujábamos en la escuela

A mi merced estaba el ojo aterrador
que lo miraba todo
hasta el oculto placer por el que quedaríamos enanas
o nos crecería pelo sobre las palmas

Aquí les traigo un ojo más precioso grité casi acezante
pero nadie me oía
Concentrados en equívocos juegos
no me reconocieron

Era inútil que dijese mi nombre
o enseñase las trenzas que enroscaban mi cuello
Ni siquiera el niño que me mostró su extraño sexo
orinando en la noche
pudo saber quién era yo

Los adultos emergían de sus capullos como orugas oscuras
Todos tenían mucha tierra en los vestidos
Quise correr hacia mi madre pero ya era tarde
La orilla invisible me había atrapado para siempre

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