miércoles, 3 de julio de 2013

EL INGENIO DE LOS ANTIGUOS- compiló: Jorge Dágata

Chuangtse regresó a casa de un paseo y sus discípulos vieron que tenía una expresión muy lúgubre. Le preguntaron qué le había sucedido y contó lo siguiente:

-Paseaba por el campo y encontré a una mujer sentada en el suelo. Tenía un abanico en la mano y abanicaba una sepultura recién abierta. Sentí curiosidad y pregunté a la mujer qué estaba haciendo. Y ella me contestó: ¨Prometí a mi marido no volverme a casar hasta que su sepultura estuviera seca. Pero ha llovido y está haciendo un tiempo abominable¨.

(Texto adaptado del libro de Chuangtse).

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