miércoles, 3 de julio de 2013

Pequeño diccionario de lugares comunes - “Manto de Estrellas y otros Mantos”

Estas tres palabras, repetidas hasta el hartazgo arcádico, fueron escritas aproximadamente entre los siglos IV a.C., por un ignoto escriba persa, que narró en los conocidos anales del rey Artajerjers III, la expulsión de lo que hoy sería su “ministro de economía” por haber escondido en la estantería de perfumes que estaba en el baño real, cierta cantidad de oro destinado a la compra de un Zigurat propio.
Según Rawilson, quien tradujo la tableta de arcilla correspondiente, cuando el funcionario imploró el perdón por parte del monarca, éste lacónicamente le dijo:
“No te preocupes. Pondré sobre ti, un manto de estrellas” Acto seguido, se lo llevaron campo afuera, donde lo desnudaron y estaquearon boca abajo toda la noche. Unos ciento veinticinco magos vestidos con su característico bonete y manto con estrellas bordadas, que casualmente pasaban por allí mandados por el rey,  aprovecharon la oportunidad que Baal les daba. Uno por uno, sin sacarse su manto, se colocaron sobre el infortunado ministro para infundirle ánimo. Vez tras vez repitieron la ceremonia dándole más y más ánimo hasta que despuntó el día. Al mes siguiente, el ex ministro, ya reconciliado con el monarca, ocupó la recientemente creada “Subsecretaría de la Mujer Persa”
Por último, y a raíz de este incidente, también se le anexaron los términos “Manto Blanco”, “Manto de Blancura” y “Manto de Piedad” para describir mejor la escena. Esta historia nos enseña que el uso de lo que se cree una bella y poética metáfora, no es más que algo prosaico y vulgar, por lo que recomendamos discontinuar para siempre su uso.

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