miércoles, 3 de julio de 2013

Perro rengo - Ezequiel Feito

Lo miré mientras iba hacia la escuela
confundido en el asfalto.
Una mancha casi parda. Una cualquiera.
Era un pájaro caído. Uno de tantos.
Con pena me detuve, quizás maravillado.
No podía describirlo. Era un guiñapo.
Una masa que describe otro poeta
en otra calle, otro país, en otro asfalto.
Ante el sol, relucían como estrellas
las manchas que su sangre ha regalado
al olvido. Pensé en ellas,
en tomarlas y escribir un poema afortunado.
“Escrito con sangre de un ruiseñor”  diría
y otras idioteces de ese grado.
Apurado, me di vuelta hacia el colegio
Una cuadra me bastó para olvidarlo.

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