martes, 25 de junio de 2013

LOS BRAHMANES Y EL LEON Compilación: Jorge Dágata

En cierto pueblo había cuatro brahmanes que eran amigos. Tres habían alcanzado el confín de cuanto los hombres pueden saber, pero les faltaba cordura. el otro desdeñaba el saber; sólo tenía cordura.
Un día se reunieron.
-¿De qué sirven las prendas -dijeron- si no viajamos, si
 no logramos el favor de los reyes, si no ganamos
  dinero? Ante todo, viajaremos.
Pero cuando habían recorrido un trecho, dijo el mayor:
-Uno de nosotros, el cuarto, es un simple que no tiene
  más que cordura. Sin el saber, con mera cordura, nadie
 obtiene el favor de los reyes. Por consiguiente, no
 compartiremos con él nuestras ganancias. Que se
  vuelva a su casa.
El segundo dijo:
-Mi inteligente amigo, careces de sabiduría. Vuelve a tu
  casa.
El tercero dijo:
-Esta no es manera de proceder. Desde chicos hemos
  jugado juntos. Ven, mi noble amigo. Tú tendrás tu parte
  En nuestras ganancias.
Siguieron su camino y en un bosque hallaron los huesos de un león. Uno de ellos dijo:
-Buena ocasión para ejercitar nuestros conocimientos.
  Aquí hay un animal muerto; resucitémoslo.
El primero dijo:
-Sé componer el esqueleto.
El segundo dijo:
-Puedo suministrar la piel, la carne y la sangre.
El tercero dijo:
-Sé darle vida.
El primero compuso el esqueleto, el segundo suministró la piel, la carne y la sangre. El tercero se disponía a infundir la vida, cuando el hombre cuerdo observó:
-Es un león. Si lo resucitan, nos va a matar a todos.
-Eres muy simple -dijo el otro-. No seré yo el que frustre
  la labor de la sabiduría.
-En tal caso -respondió el hombre cuerdo- aguarda que
  me suba a este árbol.
Cuando lo hubo hecho, resucitaron al león; éste se levantó y mató a los tres. El hombre cuerdo esperó a que se alejara el león para bajar del árbol y volver a su casa.

(Texto extraído del Panchatantra, la colección más antigua de fábulas de la literatura sánscrita y está basada en colecciones de cuentos populares. El texto sánscrito original se ha perdido, pero del Panchatantra se hicieron muchas redacciones y refundiciones, además de traducciones a otras lenguas. El rey Alfonso X mandó traducir al castellano una versión árabe que, con el título de Calila e Dimna, se extendió por Europa).

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